*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Que el Señor te ayude

El sepelio1

Una misa, a través de la radio, nos envuelve desde el comienzo. Causa gracia, atención y una invitación al mundo del Señor.

No acostumbro leer demasiado la sinopsis de una obra para no verme condicionada en la escritura. Creo, fervientemente, que quienes lo hacen pierden espontaneidad, sentimientos y creación en una propia conclusión.

Quise que «El sepelio» (escrita y dirigida por Heidi Steinhardt) me sorprenda por completo, y así lo hizo. Muy lejos de caer en la obviedad de la muerte, ella configuro unos diálogos fantásticos, llenos de comicidad, humor negro y alegría. Nadie, me incluyo, podía parar de reír y comentar con una palabra -a la persona que tenia al lado- lo que estaba viendo.

Todos, nos sentimos con ese placer único de ver en escena a grandes actores, acompañados por un dirección excelente. No siempre funciona que el creador de una pieza artística pueda dirigir tan bien su propia obra. En este caso Heidi logra el objetivo de mimetizar una historia profunda, sobre la que predomina el humor, pero también la tragedia.

Un escenario muy cargado, con detalles que fueron induciendo, de a poco, a lo fundamental del relato. Por un lado, una mesa que da cuenta de lo importante que es la religión para Zulema (Cristina Maresca). Al centro, una mesa con dulces para apaciguar la amargura de la vida. Hacia el otro lateral, un mueble que no se utilizará más que para sostén de otros objetos.

No hace falta, ni es necesario, que muera alguien para hablar sobre el tema. No hace falta enterrar a un difunto para que surjan determinadas conversaciones.

En esta oportunidad, una madre -ex maestra de colegio-, cita a sus tres hijos: Coyi (Diego Rinaldi), Pedro (Guido Silvestein) y Alfredo (Ariel Mele); para hablarles sobre una cuestión que la tiene preocupada. Pero, en torno a esto, ellos irán sacando de adentro suyo la bronca que tienen hacia ella, siendo que esta madre les dio todo a lo largo de la vida.

Tuve mucha bronca al sentir que no le valoraban nada a esta mujer tan luchadora, que tuvo que hacerse cargo, sola, de sus hijos pequeños. Ella es buena, al igual que sus hijos pero, a lo largo de los años han construido una relación sin respeto en la cual es válido decir lo que sea, aunque con esas palabras se lastime o hiera.

Producto de la necesidad o desesperación, y por comodidad; cada uno de ellos fomentó la dependencia sin evaluar, siquiera por un momento, cuánto los destruiría como familia. Ya son adultos y en vez de valorar a su mamá, la critican y no les interesa estar a su lado.

Ella, por otro lado, tampoco disfruta de sus hijos, a quienes considera fracasados por determinadas evocaciones que va haciendo a lo largo de la dramaturgia.

Este es el claro ejemplo de que se ríe para no llorar. Cuando me di cuenta de que estaba alegrándome, a carcajadas, tomé conciencia de la situación. Son cuatro personajes muy ciclotímicos, que están descriptos de forma exagerada y no tanto.

Un desayuno con una mesa llena de cosas ricas puede ser el plato principal a la angustia. Ninguno de los hombres se comportará como tal sino como niños que no han crecido ni madurado.

¿Puede ser el dinero lo único que los una? Ella no es rica, ni tiene demasiado pero la sola suposición de que es una persona grande, quizás, les dé la esperanza de quedarse con algo.

¿Existe la posibilidad de que sea ella la que trame un plan?

Durante el avance de la historia se oscilara entre estas dos cuestiones, lo que harán que la pieza teatral sea atrapante en todo momento.

Lo más evidente puede resultar menos real y viceversa.

Zulema es una mujer desesperada que antepondrá sus intereses ante todo. Tres hijos, supuestos herederos, que se confabularán en contra de su progenitora por no conseguir lo que desean.

¿Qué desean?

Sus rostros solo reflejan maldad, egoísmo, odio, pena y asco por los demás, resentimiento. Solo se unen para sentirse con más fuerzas y derribar al más débil. Lo que jamás se imaginan es que la persona más débil los necesita y que cualquier indicio que crean tener, los hará equivocarse.

Quizás nunca se enteren de la verdad pero, lo interesante, es ver el desenlace y ese teléfono que será el objeto fundamental para el mismo.

«El sepelio» los lleva de viaje a un territorio oscuro, gris, pesado y tenebroso, donde tendrán que enterrar el pasado para siempre o elegir con qué quedarse.

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Mariela Verónica Gagliardi

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«Dos vidas», un film de Georg Maas

dos vidasLa película “Dos vidas” (de Georg Mass) se desarrolla en Noruega y, permite conocer muchos detalles de un país degradado por la injusticia nazi, a la vez que combinarla con Agentes de  Inteligencia de Alemania Oriental que se inmiscuían en familias -haciéndose pasar por miembros reales-.

¿Cómo hace Katrine (Juliane Köhler) para transitar dos realidades tan diferentes?

Este film dramático está basado en la novela Eiszeiten de Hannelore Hippe. Podría tratarse de una familia problemática, sin embargo, los diálogos nos van dando, de a poco, indicios de lo que oculta la protagonista.

Cada paisaje de invierno, con nieve, lluvia, agua del mar que salpica los cuerpos de quienes se aproximan a las rocas a pensar; un paisaje que entristece y llena de melancolía a lo largo de toda la historia.

Ya de por sí una película post-bélica es fuerte y estigmatizante pero, el modo en que acontece cada escena sumado a los flashbacks -existentes en todo momento-. De este modo, presente y pasado se unen, se conocen, se reconocen, chocan, se aceptan o rechazan, se reiteran para convencer a Katrine, quien identifica a dos personajes fuertes al mismo tiempo -convenciendo sobre su ingenuidad-.

Al conocer la verdad, no soporté los primeros planos sin soltar lágrimas de dolor hacia una familia y un país que padeció tanto dolor -a la vez que tuvo gran parte de la culpa en formas de proceder y colaborar con Alemania en una de las peores masacres sufridas a nivel mundial-.

Considero que tiene dos grandes fuertes el hilo conductor: uno es la historia romántica desarrollada a nivel pareja y familia y, el otro, el contexto pos guerra, pos Muro de Berlín. Es excelente cómo, en el momento preciso, aparecen esas imágenes trágicas, tremendamente duras, sin compasión; para, luego, mostrar la otra versión, totalmente opuesta y triste.

Cada uno de los personajes principales está humanizado y lo que quiero decir con esto es que no exageran sus pasiones ni demencias. Tienen su lado oscuro como brillante y, realmente, cuesta no tener piedad teniendo conocimiento del profundo dolor por el que atravesaron algunos de ellos.

No es tan fácil odiar al culpable ni amarlo. Está ahí para ser condenado y lo cierto es que su castigo le llega de la manera más insólita. Teniendo en cuenta el desenlace de Dos vidas, se puede confirmar que no hace falta que exista una venganza planificada sino que el destino obra por sí solo.

Mientras los paneos recorren una parte indispensable de la historia, los rostros son capturados para ver cada detalle de sufrimiento. Solamente los paisajes grises consiguen ser tomados panorámicamente como una postal que marcará el dolor para siempre.

En general, las películas basadas en el nazismo, recurren a escenas violentas, a campos de concentración, a la sangre, a armas de fuego.

Georg Maas supo cómo lograr estremecer y sentir la violencia física y psicológica, de una manera menos vulgar. Se siente cada una de las palabras y versiones desarrolladas durante una hora y media de película, un tiempo que sirve para incluir lo más trascendente sin alargar situaciones para llenar espacios.

Por otro lado, el thriller psicológico se hace presente, interviniendo en nuestros cerebros y corazones, despellejándonos hasta dejarnos desnudos, sin defensas ni propósitos posibles de respirar.

Ninguno de los personajes es feliz. Ni siquiera un bebé alegra un hogar cuando todo está destruido por doquier.

Fue una época dura y conmovedora, para no olvidar y aprender.

Un orfanato que hospedó a bebés que tenían padres, un lugar que se adueñó sueños y esperanzas, las cuales se fueron, de a poco, derrumbando.

No existe lugar en el mundo donde el robo de bebés sea bien visto. No solo es ilegal sino atroz apropiarse de una vida, indefensa, ajena, imposibilitándoles a sus familias verlos crecer, cuidarlos, amarlos.

Tiene tanto esta historia de la Argentina y no porque hayan tomado un hecho histórico de nuestro país, sino porque pido permiso para tomar fragmentos que podrían transcurrir cuando nuestra sociedad decidía hablar y, a cambio de eso, era mutilada.

Maas realza cada sensación y le da la posibilidad al espectador de pensar, analizar y debatir. No durante el film sino a lo largo de la vida.

Cuando se encuentra lo que se quiere, puede ser demasiado tarde. La realidad no podrá ocultarse para siempre y perder será lo que posiblemente ocurra.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Danzas combinadas y sensibilidad extrema

ballet wainrot1

El tango en todo su esplendor, de la ribera rioplatense, nuestro y de quien se lo quiera apropiar, de quien se sienta orgulloso de este estilo de música tan terrestre, melancólico y portador de tantas sensaciones únicas, al mismo tiempo. Nuestro tango le da la oportunidad, al Ballet contemporáneo del Teatro San Martin -a través de «Las cuatro estaciones porteñas»-, de mostrar otra vertiente de una de las danzas que más nos identifica como sociedad.

Si Vivaldi hizo posible que los bailarines protagonicen sus partituras, Astor Piazzola,  también. La gran y notable diferencia es que Las cuatro estaciones de Vivaldi fueron escritas en conjunto, mientras las de Piazzolla, no. Si bien las últimas se tomaron su tiempo para salir a la luz en forma completa, el autor no solía tocar las cuatro canciones juntas, sino de manera separada.

Mauricio Wainrot (actual director del ballet), vuelve a estrenar dos pequeñas puestas en escena, las cuales nos remontan a diferentes países, momentos y siglos pero que tienen en común la violencia vigente de aquel entonces.

En plena dictadura militar, el gran compositor argentino, escribe esta música tan desgarradora, pegadiza e imposible de no recordar. Pero, Wainrot recién en el año 97 monta por primera vez la pieza teatral. Hoy, regresa a la cartelera porteña Estaciones porteñas y, durante media hora, se podrá ver cómo un grupo de bailarines logran crear escenas diferentes, grupales, de a pares, de hombres por un lado y mujeres por el otro; destacando a ciertas figuras por sobre las demás, esbozando sonrisas de alegría por semejante oportunidad.

En lo particular, considero a Piazzolla un músico bastante reiterativo, sin desmerecer sus melodías. Lo cierto es que al oír un fragmento de alguna de sus canciones y ese tradicional bandoneón, ya sabemos que se trata de él y si bien es algo positivo poder reconocer a un autor, también se tornan reincidentes los acordes conseguidos. Por ello, me parece muy valioso poder disfrutar de la combinación de su música con un ballet profesional, recopilando nuevas vibraciones en el cuerpo.

Al mencionar que Piazzolla es el anti-tango podría ganarme cientos de enemigos pero, la verdad es que quien disfrute de bailar en una milonga, no podrá hacerlo demasiado de sus canciones. Danzar tango y ver tango, en este caso no van de la mano.

Los 30 minutos son suficientes para comprender el camino recorrido por estos intérpretes que se esmeran en transmitir su alegría y movimientos. Me resulta difícil sentir que un ballet se mueve al compás del 2×4, aunque Ástor Piazzolla les calza perfecto para girar, moverse lentamente, parar,  mirarse y enlazar lo clásico con lo contemporáneo.

Al finalizar esta primera parte del programa, comenzó una dramatización de teatro-danza titulada Anne Frank (la misma fue anne frank1estrenada en 1982). Ya con solo observar el vestuario, la escenografía y música; logré emocionarme y angustiarme tanto, que disfruté completamente de la velada.

Una Ana Frank, tan virtuosa, delicada, única; reproduciendo una de las peores tragedias contra los judíos. Una niña que anotaba cada situación, mal momento y pequeña felicidad en su cuaderno. Ese cuaderno que se convirtió, con el paso del tiempo, en un documento histórico, tan valioso, sentimental y agradable a los ojos. Esos ojos que se llenan de sangre al comprender cada una de las persecuciones que sufrió una de las tantas familias, solo porque un insano, demente y perverso hombre así lo quiso.

En este caso, los 45 minutos transcurrieron tan rápido como sus vidas en esta tierra.

Cabe mencionar que esta obra se estrenó en 1984, ya recuperada la Democracia en Argentina el año anterior pero, aun padeciendo, los infortunios y muertes inocentes.

Me parece excelente la puesta en escena así como cada sonido reproducido para marcar una pisada militar, un bastonazo, un cuerpo muerto desvaneciéndose, el atosigamiento de los nazis y el poder impuesto, marchando en busca de más víctimas.

Sentí muy espontáneo cada cuadro de baile surgido en la historia, sin producir una imposición forzada entre una y otra disciplina.

Es, realmente, una combinación exquisita, la conseguida por Wainrot, dentro de la que puede verse a un elenco de gran nivel, actuando -sin exageraciones- la persecución nazi.

Siempre se trata de una ideología que intenta predominar por sobre otras, de fuerzas que abaten a otros humanos que no son iguales, de los más débiles mentales que aniquilan a los más fuertes en pensamiento.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La oportunidad de vivir con la esperanza de morir

Tiernas criaturas16

“Tiernas criaturas” (de Gonzalo Senestrari, dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y Gonzalo Senestrari), es una obra de teatro del género comedia dramática, dentro de la que se pueden vivenciar distintas sensaciones y momentos para reflexionar. Un ex matrimonio convive en la misma casa, en determinado momento los hijos de ambos también y la pareja hombre del padre, también. Lo que parece complicado en estos términos, no lo es.

Ya forma parte de la vida contemporánea, la diversidad en los géneros, en las elecciones y en los gustos. Sucede que los conflictos no se centran en esto sino en el autoconocimiento, en la búsqueda interior y en el camino elegido para recorrer y transitar.

Todos los artistas brindan su potencial característico en escena y logran conmovernos. Por otro lado, el lugar en que se desarrolla toda la historia es una casa como cualquier otra y la única habitación que vemos es un dormitorio. Allí ocurrirá cada momento destacado de la dramaturgia, cada encuentro y desencuentro, cada alegría y tristeza.

Lo más interesante es el modo de narrar, el cual se va construyendo de a poco, sin atosigarnos con emociones. Por un lado, existen las sustancias “prohibidas”, mostradas -no para cancherear sino- para expresarse, alucinar, encontrar un cable a tierra, huir de momentos que no logran atravesar, sea por dolor o cobardía. De esta manera, cada vez que aparezca una escena de esta índole, los cuerpos comenzarán a desplegarse, a sentir, a reconocerse -como flotando en el aire, sin tenerle temor a nada ni nadie-. Un punto a resaltar es el de la música, al compás de los movimientos y viceversa, resultando muy agradable a la vista y audición, tal representación.

Por otro lado, existirán momentos súper agradables, amenos y cómicos; descontracturantes de la tensión que reinará en la morada. Cinco criaturas, adultas y jóvenes, en busca de algo especial que ni siquiera conocen. Ellos se observarán con un dejo de melancolía, sin dejar de lado los problemas familiares que no son, al fin y al cabo, tan graves.

Un abrazo a tiempo, una sonrisa como apoyo y las palabras precisas en el momento justo; conseguirán el milagro de darle una caricia a aquel que lo necesita.

¿Quién dijo que mentir, siempre está mal?

Si es para hacer feliz a alguien que está demasiado golpeado por su pasado, ¿es incorrecto?

No te mates de nuevo, no te mates otra vez – se escuchará durante la obra. Ese mecanismo que utiliza uno de los personajes para desaparecer cuando está en aprietos, llegará a su fin cuando otro muera. Sus dedos se juntarán para conformar un revólver y quedar tirado en la cama. Luego, alguien lo despertará o resucitará. Aunque, cuando se cansen de verlo reproducir siempre la misma secuencia, intervendrán para ayudarlo a sanar.

Claro que al encontrar lo que vino a buscar a la casa de su padre, se encontrará con que eso era una excusa. Al llegar al desenlace se podrá comprender que el amor es lo único importante y lo que los salva de cualquier tragedia, desazón y depresión a lo largo de los días.

Siempre, antes y después, cada uno elegirá su camino que podrá ser solo o acompañado -de acuerdo a la progresión que alcancen-.

Tiernas criaturas te enfrenta con el dolor de la muerte, pero también de la vida. Quien muere, quizás pretendía seguir vivo y quien vive, tal vez, pretendía fallecer. Las contradicciones del ser humano estarán presentes así como la oportunidad, única, de encontrar un motivo para existir.

Tarde o temprano, estos sensibles personajes, se irán; dejándonos solos, con nuestras almas y desprovistos de fórmulas para hallar lo que anhelamos.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Yo me bajo del barco antes que se hunda

Almas ardientes2

Santiago Loza convoca a nueve actrices para las cuales escribe, especialmente, sus relatos. Cada una de ellas se diferencia de la otra con respecto a la personalidad pero, las une, la soberbia, el glamour y la misma clase social.

Este dramaturgo no necesita demostrar que sus guiones son interesantes y atrapantes ya que cada historia narrada por él, se convierte en éxito. Estoy convencida de que su humildad como persona e inteligencia lo dotan de esa sensibilidad tan profunda como para que capte hasta el más mínimo detalle de un dedo lastimado, sangrando.

Sus relatos son sonoros, sin escuchar voces o palabras. Cautivan, estremecen y enloquecen a cualquier persona. Y no me refiero a la locura extremista que permite desvariar sino a la creatividad que nace de la mente y el corazón, logrando un paraíso en el que convergen sensaciones tan distintas unas de otras.

Los primeros datos de “Almas ardientes” son físicos. Se recurre al dolor, entendido y vinculado a lo que se siente según lo que se ve, a lo científico y pragmático. Luego, una vez que se entiende el concepto y metáfora, se transpola a lo que no se puede comprobar de ninguna manera. Un corazón llora sin lagrimas liquidas, aunque su mal funcionamiento es producto de malos estragos.

“Almas ardientes” es el resultado de dos talentosos como Loza y Alejandro Tantanian que deciden contar -a través de distintos recursos como: videos, música en vivo y teatro tradicional- la crisis del 2001 en Argentina. Habrá opiniones encontradas, diversas, similares, iguales y durante la historia podremos observar monólogos, diálogos cotidianos entre estas nueve amigas, conocer sus vidas superficiales y banales; hasta descubrir que todo lo que hacen y dicen es para no sufrir ni tener conciencia de la realidad.

A través del alma se puede ver quien es quien, conocer sus pasiones, tristezas y demás emociones. Cada personaje estará muy bien caracterizado y al tratarse de artistas conocidas, cada espectador tendrá la posibilidad de sentirse reflejado o encontrar alguna coincidencia con al menos una frase que emitan.

Pensar que el 2001 quedo tan atrás y tan cerca a la vez. Al recordar los sucesos puedo notar cómo se ven plasmados en esta obra, de una manera respetuosa y punzante a la vez. Me parece formidable el manejo de los tiempos, que de a poco, suman detalles, días, años de esa época pasada, que continua pisando el presente.

Al igual que en «Mau mau», la clase alta observa -por encima del hombro de los más pobres-, los acontecimientos, enfrentamientos, conflictos y tragos amargos. Es esta aristocracia berreta la que en los peores momentos sale a nadar, se anota en un curso de literatura para escribir su mirada “tan revolucionaria”, maneja la opinión pública y lleva el control de todo. Hasta que sucede el famoso corralito que tira por la borda cualquier pensamiento rígido y tradicional, permitiendo que la clase media común tome las riendas del descontrol.

Es posible dividir a la obra en dos: una primera parte en la que la comedia toma protagonismo, se torna todo cómico y risueño, disfrutando de la ficción; para luego ingresar de lleno en la segunda parte en la que el drama toma preponderancia.

Aun escucho los cacerolazos de diciembre, aunque durante esta historia no se le presta demasiada atención a las quejas sino a lo que significa la misma, ya que estas mujeres sienten incomodidad día tras día y les molesta esa sensación en el cuerpo. Las asfixia diría. No están acostumbradas a pasarla mal sino a tener problemas íntimos que saben contemplar de alguna forma. Esta dosis de realidad vino concentrada y el taller literario, liderado por una de ellas a la fuerza, no les serviría para distraerse sino todo lo contrario.

La Argentina, su país, su sociedad, todo lo que significa un Estado; les dará un mensaje que tendrán que comprender. Vulgarmente diría: nadie tiene la vaca atada. Dentro del contexto y la debacle no puedo pronunciar frases eruditas porque brota en mi la bronca y la desidia. ¿Cómo imaginar un futuro cuando todo se iba disgregando rápidamente? ¿Cómo pensar en siquiera un mañana, si nos estábamos hundiendo?

Hay que hablar en plural, sentirse parte -por más diferencias que existan entre una persona y otra-, entre una clase y otra.

Qué decir de Eugenia Alonso interpretando a una mina careta, incrédula y hasta de plástico. Ella corre, toma sol, seduce, ignora, actúa como sabe y convence con sus discursos a cualquier humano. Podría llegar a decir la ridiculez más grande que se la creeríamos. Y de Gaby Ferrero, intentando huir de sus angustias y citando al Asia como pedido de calma -a la vez que la música evoca esos sonidos tan tenues orientales-.

Y ya que menciono lo superficial, también debo remitirme a los pobres que casi siempre pagan las consecuencias de las malas decisiones tomadas por un gobierno. Para esto, Paula Kohan, canta en dos oportunidades de la dramaturgia: primero mencionando la cantidad de cosas que se podían adquirir, materialmente, en un negocio antes de la caída de De La Rúa y, luego, un paisaje descripto por los matices de su voz, provocando tanta melancolía como angustia. Una cumbia que refleja a la clase más baja y, después, un canto lírico que se corresponde con los más ricos.

Si bien, de a poco, cada una de ellas, retrata su vida y lo que rescatan de la misma; es María Onetto la que produce el quiebre del relato cuando rompe en llanto, sus lágrimas le recorren la cara y ya no existe un retorno a la risa. Ella que desde hacía rato venía pronunciando su descontento con el taller literario, con que no tenía sentido que formen parte del mismo y se negaba a continuar yendo a los encuentros.

Como símbolo de belleza, Santiago Gamardo, se luce como ángel, como masajista y en ningún momento esboza palabra alguna. No es alguien sino un objeto que da placer. Él es el primero en aparecer en escena, desplazar los fondos decorados y pinturas, ocupando el lugar que las damas pretenden. Lo irónico es que no saben su manera de pensar. Quizás si la supieran, perdería el lugar “privilegiado” que ocupa en la vida de cada una de ellas.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Uruguay y Argentina, juntos para crear

Alejandro Balbis40

La música uruguaya tiene un ingrediente de alegría, que le permite a todo nuestro cuerpo sentir adrenalina. Específicamente, la murga, le da la posibilidad a los cantores de transmitir con palabras aquellos versos que, por más que no rimen, son agradables de escuchar.

El objetivo no es una rítmica perfecta ni colocar la voz de una determinada manera, sino desahogarse. Seria algo así como que digan lo que les pasa, el momento en el que están y lo que pretenden, cantándolo.

Resulta imposible no tener ganas de bailar, de saltar y de mover el esqueleto. Pero, cuando Alejandro Balbis, junto a su banda, aparecen, el tiempo se detiene y todas las cámaras fotográficas se desesperan por captarlo. En no es un cantante egocéntrico ni fanfarrón. Balbis es un alma inspirada que ayuda y sana.

La Sala Siranush le abre las puertas para que presente su nueva discografía titulada «Sin remitente», junto al grupo Los caballeros de peluca; sin olvidarse de cómo surgió, de dónde vino y sonando -en todo momento- a murga. Balbis dirigió Acontramano y Falta y resto, participó en discos y recitales de las bandas: Vela Puerca y Bersuit Vergarabat, entre algunas de las más conocidas.

En cuanto a las canciones, tocaron varias del disco anterior (El gran pez, 2009) como: La correntada, Lo que espero de ti, El lugar, Quién, Fiera enjaulada, Gran pez y Nebulosamente. En cuanto al nuevo material (Sin remitente, 2013) sonaron: Por la ventana, Domingo, Boedo en mí, Claroscuro, Madrugué, Cantores callejeros, Sin remitente, entre otras. Existieron los bises, junto a las palmas y alegría contagiada entre todos.

Al finalizar el recital, una chica me comento que una vez fue a uno de sus shows y se sentía mal. ¿Saben que hizo él? Le acaricio el pelo un largo rato. Y no estoy mencionando que el músico haya estado de levante. Alejandro es humano en su integridad y nos valora como publico, nos da una terapia curativa donde los valores resultan ser los protagonistas.

Todos los discos nuevos se agotaron en el stand del hall central. Así, la felicidad del equipo se traducía en una sonrisa inmensa, colmada de agradecimiento. Su humildad no podía imaginar que a principio de mes la gente destinara su poco dinero en un disco. Pero, cuando hay amor hacia un artista, los ahorros existen y, también, la posibilidad de elegir tener canciones que curen a este mundo tan deteriorado en vez de gastarlo en objetos que perecerán en instantes.

Este concierto forma parte del Ciclo Agadu 2014 – Autores del Uruguay en Buenos Aires, el cual realiza un recorrido por los diferentes músicos de tal país y finaliza en el mes de octubre.

Hubiera querido que el escenario dejara de existir para darle lugar a la murga de la gente, que no paraba de danzar. Por los comentarios y efusividad, el público no era improvisado sino fiel conocedor del artista y cada una de sus canciones.

Argentina y Uruguay, unidos por la música y por ese amor mutuo.

La profundidad de las letras te hace viajar por distintos paisajes a los que no se puede llegar caminando ni en un medio de transporte, sino viviendo.

Las experiencias de Balbis están descriptas en cada pentagrama, siendo posibles gracias a los músicos que acompañan y demuestran su talento y vocación en la ejecución de sus instrumentos. Vamos a bailar – se escuchaba en la sala.

Hay que replantearse la existencia para salir conmovido y lleno de amor. Las letras nos ayudan, nos dan ese empujoncito para que nos animemos.

El ahí arriba, caminando de un extremo al otro, aliándose con sus compañeros de ruta y colmándonos de enseñanzas.

Sin remitente apunta a los mensajes anónimos, a los decires compartidos con todos. A esos coros de la ribera, que se escuchan al unísono, que tienen distintas voces pero se conforman como unidad, como propósito.

«Ahora puedo llorar, ahora puedo reír y aprender de la vida que uno marchita antes de morir» – se escucha como estribillo de una de las canciones y lo guardo en mi corazón para aplicarlo cada vez que sea necesario.

Alegría, satisfacción y pasión por la murga; demostrando que es posible hacer sin tener que demostrar. Eso es Alejandro Balbis y su grupo, conformado por músicos uruguayos y argentinos.

Mariela Verónica Gagliardi

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Cada arista define una realidad

La mirada oculta flyer

Cada vez que uno ingresa a la galería de arte Rolf Art, aparece un mundo de imágenes que hablan por sí solas, dando la cantidad de mensajes que estemos preparados para captar.

En esta oportunidad, una muestra titulada como La mirada oculta (con la curaduría de María Carolina Baulo), invita al espectador a descubrir dónde está puesta la observación y, a partir de allí, transitar un camino creativo.

Seis artistas tuvieron su lugar en la exposición que marcó diferencias entre uno y otro, repartiendo las miradas entre una u otra pantalla.

Seis cortos, con distinta duración, pretendieron imponer una ideología bien marcada, sin lugar para el vuelo o delirio. Baulo agrupó dicho material en dos sectores: en uno estaban los tres relacionados con lo sentimental, puramente y, del otro lado, el resto de los cortos más relacionados con el cine.

Narcisa Hirsch, proyectó El aleph, un video centrado en el tiempo, utilizando un reloj de agujas para marcarlo. Imágenes de cuerpos desnudos, una niña, un bebé con su mamá y, el aleph, como centro de su discurso. Frases y palabras rodean este universo, el inconcebible universo.

Marcelo Brodsky, por su lado, con Río, usó como protagonista a las aguas que llevan y traen -constantemente-. Esos sonidos y efectos relacionados, marcan continuidad, repetición.

Gabriel Valansi, partió de una ópera -interpretada por una cantante lírica- que dura unos instantes hasta que se repite la secuencia. Por otro lado, unos ojos son enfocados hasta que el lente los desenfoca. También, realiza el mismo juego con una ecografía, que empieza a notarse como tal, comenzando por unos pixeles. Todas las escenas se centran en el origen y desarrollo basta llegar al objetivo. Por último, otro de los momentos para resaltar es en el que puede observarse un videojuego que cumple la función de localizar una persona.

Silvia Rivas, expuso lo estático (ejemplificado por fotos) como opuesto al movimiento (mar). Las fotos, provenientes de diferentes sectores sociales, lugares, espacios; y el agua como factor purificador, renovador.

Javier Olivera, llevó a cabo un material, realmente, hermoso. Durante una clase de danza, en una sale de ensayo, un grupo de chicas adolescentes gira y realiza movimientos precisos. Mientras tanto, alguien, observa a través de una ventana, a lo lejos. Existe una interesante fusión de imágenes, acompañadas de música chill out. Las miradas de las bailarinas se centran en un punto y gira, a la vez que un ser, desde afuera, fija la suya para no moverla de allí.

Alejandro Thornton, por último, puso el acento y énfasis en lo que ve una niña en medio de la naturaleza. A su vez, ella es observada por alguien que no tenemos la oportunidad de ver y, a partir de ahí, su ojo es enfocado cada vez más de cerca. Es increíble el detalle de un órgano tan delicado. Una vez que observa y es observada, mantiene un diálogo con ella misma. Nunca sabremos qué piensa o pretende. Es tan sólo una nena, inmersa en el campo; intentando equilibrarse entre la tecnología y la naturaleza. Mientras los sonidos de ambas ambientan las escenas, el tiempo transcurre.

La muestra vale la pena recorrerla detenidamente. Hay parámetros en común y diferentes aristas para hablar de una misma temática. Ninguno de los artistas tiene la razón ni la verdad, solo el público podrá sentir más afinidad por uno u otro, al mismo tiempo que identificar su vida o sentir que la mejor opción es dejarse invadir por sensaciones completamente diferentes.

El reloj marca movimiento que jamás podrá ser detenido para pensar. La vorágine actual nos hará formar parte, aún sin quererlo, de la frivolidad más gigante con tal de pertenecer.

La muestra puede visitarse desde el 4 de septiembre hasta el 30 de octubre.

Rolf Art (Dr. Gervasio Posadas 1583 PB A – C.A.B.A.).

Abierto de lunes a viernes de 11 a 20 hs.

Entrada libre y gratuita.

Mariela Verónica Gagliardi

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Poder decir adiós, es crecer

La realidad3

¿Cómo se puede hacer para sentir y pensar como otra persona, simulando ser ella pero continuando siendo, al mismo tiempo, quien se es?

¿Existe manera de parar el tiempo o de retroceder o de considerar que la oscuridad es luz detenida?

De repente se escucha una música -que se repite durante unos minutos- de la India, la cual le permite a Andrómeda meditar. En una escalera caracol, ella espera el comienzo de la función de “La realidad” (escrita y dirigida por Denise Despeyroux), una obra muy profunda que llega hasta el alma.

Cuando se habla de realidad, se toma contacto con la tierra, con lo verdadero, con lo que es, y no con lo que debería ser.

Dos hermanas gemelas (Andrómeda y Luz) son totalmente opuestas en sus formas de ser, en sus estilos de vida y en la concepción de la misma. La primera en la Argentina y la segunda en la India, se comunican por internet, se ven por cámara y llegan a lo más inverosímil como puede ser que una suplante a la otra para siempre. Un día Luz le cuenta a su hermana que esta por morir y esa declaración produce que el tiempo deje de correr, que se detenga y todo se vuelva triste y tenebroso. Sin embargo, Andrómeda no puede entender como morirá si se ve y escucha tan bien.

Este tema se vuelve central para ambas y es realmente conmovedor y noble como una le muestra a la otra su parecer, su manera de pensar y analizan, juntas, cada frase, autor y singularidad que se les ocurra por sus mentes inteligentes.

Sucede que Luz siempre fue la más mimada por sus padres y se supone la preferida de ellos, entonces no quisiera provocarle un sufrimiento a su mama cuando ya no esté presente. Este planteo y proposición a su hermana se convierten en una propuesta difícil de desarrollar ya que Andrómeda no quiere ni puede concebir la muerte de su otra parte.

La mentalidad occidental se opone y enfrenta a la oriental y, juntas, convierten lo imposible en real.

A través de una pantalla gigante vemos a Luz, con una templanza pocas veces vista, serena, conforme y relatando su camino cotidiano, de ayuda al prójimo y el rito en el que tuvo que participar para descubrir su enfermedad. Aquí es donde nosotros, como espectadores, nos paralizamos al igual que Andrómeda, sin poder hallar una respuesta científica al tema.

Resultan muy interesantes los intercambios entre una psicóloga y su hermana, desafiándose, intentando encontrar respuestas en el planteo de la otra; hasta que logran comprender que cada persona tiene su manera de ser, de vivir y de sentirse plena.

Una le escribe cartas a los muertos mientras la otra se va despidiendo, de a poco, de la vida. Un pasado infantil es recordado a la vez que el presente les recuerda que es momento de decir adiós y respetar la decisión tomada.

Andrómeda es el nombre de una constelación, entonces, ¿cómo no pudo sentirse amada por su familia?

Luz es el todo, lo brillante, la palabra justa y precisa.

Ellas no compiten, solo rememoran, se enseñan e intentan ver con los ojos de la otra, sintiendo con el corazón de la otra. Como un juego, se conectan por el ciberespacio y toda la nostalgia junta las invadirá por completo, convirtiéndolas en personas firmes, decididas e idealistas.

¿Se está preparado para decir adiós? ¿No existe alguna oportunidad para revertir el presente y cambiarlo por lo que se quiera?

La más conformista seguirá en este mundo mientras la otra partirá, abandonando la tierra que tanto le enseñó. Quizás, por eso, ya sea momento de volar hacia otra realidad paralela.

Andrómeda querrá escapar y encontrar la salida a una situación que la angustia; pero la distancia geográfica e ideológica se lo impedirá.

Fernanda Orazi se desenvuelve tan plenamente en el escenario que logra convencernos de cada uno de sus relatos y diálogos. Es ella misma quien interpreta a dos personajes y sincroniza los tiempos entre uno y otro. Sabemos que es una, pero desdoblada en dos, con vestimenta distinta, con voz diferente y hasta un modo de hablar particular.

Salgo invadida de muchas sensaciones, de enseñanzas pocas veces vistas en el teatro y con un nudo en la garganta que me impide respirar bien. Estoy constelando quizás. ¿Quién dijo que la realidad ficcionada no sea realidad al fin?

La realidad ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Elijo cantar como un pájaro

El ave1

Según el diccionario, la definición de ave es: Animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos alas aptas por lo común para el vuelo. Mientras que humano significa: Ser animado racional, varón o mujer.

¡Qué estructurados que somos los terrestres! Un animal con alas siente cosas y un humano es un ser racional. Piensa nada más. Pensar sin que el corazón medie. Acá está el verdadero problema del hombre.

Linda Peretz es la creadora de «El ave», un espectáculo musical protagonizado por Joaquín Soffredini, donde puede también dirigir al artista.

El ave no es una obra de teatro, a pesar de que se erige como tal. Joaquín despliega sus alas, transitando por muchísimas sensaciones y situaciones, a través de distintos géneros musicales. Como valor agregado, sonorizan el show una flauta traversa (Julián Vat), un piano (Demián Sielecki) y un cello (María Eugenia Castro); los cuales logran representar a los grandes clásicos como: Handel, Bizet, Mozart, Verdi, entre otros.

Acostumbrada a las propuestas del Maipo Kabaret, me sorprendió esta puesta en escena, totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados como espectadores. Con vestuarios confeccionados por Verónica De Lacanal, que le otorgan al cantante un esplendor divino. Él es un ángel que nace, transita la vida y celebra cada momento. No precisa de texto ni guiones ya que las propias canciones se encargan de narrar una historia mágica, donde prevalece el amor y el romanticismo.

Todas las melodías son famosas, lo cual permite que relajemos nuestra mente sin precisar comprender o traducir sus poesías. Podría existir un subtitulado para todo el espectáculo –como ocurre en una ópera- pero nos estaríamos perdiendo de la esencia de “El ave”, de sus movimientos de manos, de sus dedos que se conforman como alas, combinando el color blanco de la vestimenta con la pureza de su alma.

Este joven nos invita a un espacio tranquilo, lleno de paz, donde reina la alegría y donde existe solución para todo. No es habitual sentirse inmerso de tranquilidad durante un espectáculo, pero Linda Peretz encontró la fórmula precisa como para que sintamos. Es como un placer de los Dioses no tener que prestar atención a un guión, no escuchar micrófonos desafinados ni intentos de lograr algo que no se puede. Un lunes, un comienzo de semana y un hombre versátil, que sabe cantar, interpretar y colocar su voz más aguda o grave, según lo requiera la canción y elección escogida.

De repente, empecé a observar al público presente. Un público mayor, que disfrutaba de la música clásica y cerraba sus ojos. Ninguno de nosotros estaba sentado en una silla, sino que logramos viajar al paraíso, abrazados por él. Su pelo, su rostro, su modo de caminar y de moverse transmiten calma, serenidad y amor.

En cuanto al repertorio, interpretó: Nacimiento (Julián Vat), Il dolce suono (Gaetano Donizzetti), Una furtiva lágrima (Gaetano Donizzetti), Lascia ch’io pianga (Georg Friedrich Handel), Entreacte (Georges Bizet), Pur ti miro (Claudio Monteverdi), La reina de la noche (Wolfgang Amadeus Mozart), Renacimiento (Julián Vat), Alabama song (Kurt Weill / Bertolt Bretch), Habanera (Georges Bizet), Duo lakme (Leo Delibes), Voi che sapete (Wolfgang Amadeus Mozart), Concierto nº 3 en re menor (Wolfgang Amadeus Mozart), Mon coeur s’ouvre a ta voix (Camille Saint Saens), El oboe de Gabriel (Ennio Morricone), Va pensiero (Giuseppe Verdi) y Brindis de la alegría (Giuseppe Verdi). Durante, aproximadamente, una hora, los músicos recorrieron estilos y autores diversos, siendo dirigidos por el flautista Julián Vat -quien estaba en trance durante la función, vibrando cada palpitar-.

Carolina Bejar, como invitada, interpretó algunas de las canciones junto al artista y, también, se lució como solista.

El renacimiento abrió sus puertas para impresionarnos como una película de época.

Es bonito, a veces, estar en un show distinguido, donde prevalece la perfección, la sutileza, el esplendor, la educación, los buenos modales y saber que todos disfrutamos de eso.

Reiteradamente se escuchan comentarios de lo segmentaria que es la música clásica y la ópera. No creo que el estilo segmente o discrimine sino que salvo determinados medios, estamos invadidos por combinaciones de melodías groseras, chabacanas y que repiten lo ya descubierto miles de años atrás.

Quien no disfrute de lo clásico está en todo su derecho pero adoro poder estar, compartir, vivenciar un momento tan único e íntimo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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El vacío pos soledad

Soledad para cuatro11

Corría el año 1971 y los gobiernos de facto se sucedían unos a otros. Lanusse, en esta ocasión, con su uniforme, intentaba representar poder y abolición de ideales y sueños. Los movimientos sociales querían salir a la luz, mientras la economía se hundía cada vez más. Dentro de este panorama, Ricardo Halac, escribe su primera obra de teatro llamada “Soledad para cuatro”.

En esta oportunidad el dramaturgo eligió a Patricio López para que dirija esta nueva puesta en escena.

Pasaron cuarenta y tres años desde aquel entonces en que la pluma de Halac narraba circunstancias y vicisitudes de la adolescencia, teniendo en cuenta la política existente y la destrucción de valores humanos.

Pero, ¿por qué soledad y no vacío?

Cuatro jóvenes -dos chicas y dos chicos- se encuentran en la casa de uno de ellos para hacer la típica cita de parejas. Ellos no se conocen entre sí y es una especie de cita a ciegas que les permite sacar a la luz sus heridas y descontentos.

Durante el encuentro ocurrirán diferentes situaciones que demostrarán la tristeza de cada personaje, tanto de los adolescentes como de la pareja de adultos. Ninguno de ellos es feliz ni lleva la vida que quiere. Solo existen, sobreviven simulando vivir. Por eso, en cuanto se reúnen, el dolor es mostrado agresivamente, el amor fugazmente y el poco compromiso tenazmente. No es casual que la situación vigente del país los hiciera actuar y ser así. En pleno crecimiento, reciben censura, no conocen lo que es la democracia y, de ese modo, suponen sin decirlo, que la manera es imponer.

Imponer sexo, imponer ideologías, imponer una forma de vida, juzgar el comportamiento de otro y creerse iluminado por actuar a lo “macho”.

Casualmente, aunque no creo en las casualidades, hoy que se estrena esta pieza teatral, la situación de Argentina no es la óptima. En los setenta se impedía el retorno del peronismo y, ahora, se intenta por todos los medios de obstaculizar el buen funcionamiento del gobierno nacional. Hoy, que se estrena la puesta llevada a cabo por Patricio López, diferentes gremios, están de paro -entre ellos varios medios de transporte, por más que no lo aclaren eficazmente-. Pero, el paro contra este Estado no nos impidió llegar al Teatro, apoyar al elenco y demostrar que el arte es el único cable a tierra que en momentos de desesperanzas, nos une como pueblo.

En cuanto a la escenografía, no pude parar de observar la radio capilla ubicada a la izquierda y, en el otro extremo, un tocadiscos que reproducía la música de fines de los sesenta -con variantes lentas y otras más movidas-. Decoraban el living de la casa unas sillas grandes negras y un mueble que sostenía un teléfono y diferentes bebidas alcohólicas.

Me llamó la atención el estilo de sillas ya que en esa época se usaban de otro estilo, por ejemplo de madera, generalmente. Adentrada la historia comprendí que la violencia les permitiría descargarse con ellas y cada objeto rodar por doquier.

La soledad no es física solamente sino interna. Esa desazón, penuria, sabor amargo y preocupación por todo los invade a cada uno de estos jóvenes, a la vez que la madre del protagonista se refugia en el alcohol para, también, seguir rodando por inercia en este mundo.

Todos los sentimientos desatados durante la obra son extremistas y en cuestión de minutos pasan de uno a otro sin piedad. El egoísmo, el recrudecimiento de la realidad, las penas, la desvalorización personal y el desencanto por la vida; los muestran como reflejo de la sociedad de aquel entonces.

¿La soledad no permite que se sumen más integrantes?

Es la bebida que puede compartirse con cualquier partenaire de baile, uniéndolos en una ronda desprovista de piedad, lágrimas y fuga de razonamiento.

Resulta curioso cómo las mujeres de esta historia son más fuertes que los hombres, a pesar de las descripciones que las muestran frágiles. A la vez que los segundos necesitarían una brújula para reencontrarse consigo mismos. Éstos actúan de la manera opuesta a como son, buscando amor en los brazos equivocados, mientras las mujeres hacen su camino, llano pero camino al fin.

Una invitación a la reflexión, a quiénes son en verdad, qué buscan, qué pretenden y cómo conseguirlo. El maltrato reina, supervisa, se lleva a cabo, destroza corazones y todo continúa. Cada estereotipo refleja un propósito que avanza sin culpas, sin remordimientos.

¿Cómo apartarse y pensar libremente si su entorno social solo quiere sangre?

¿Existe modo de combatir la violencia física y verbal?

Actualmente, sufrimos una invasión de información que desborda y confunde hasta al más erudito. Entonces, ¿cuántos años más tendrán que pasar hasta que nos demos cuenta que sobre la queja no es posible construir sino destruir, que la violencia genera más violencia y que, ahora, que estamos en democracia no tenemos que permitir que nadie nos silencie?

Soledad para cuatro ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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