*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Lo que importa es lo que vende

Por la patria mi general

En abril del 2012, un autor olavarriense llamado Juan Pablo Goñi Capurro, estrena una obra realmente deliciosa. Y con este adjetivo me refiero a ella, habiéndola conocido casi tres años después en el Espacio Colette del Paseo La Plaza -un lugar en el que, por lo general, acuden otro tipo de propuestas teatrales-.

¿Qué ocurriría si la historia pasada pudiera corregirse para evitar y subsanar determinadas tragedias, conflictos y situaciones que aún en la actualidad siguen pasando factura?

¿Las malas decisiones podrían remendarse con una nueva oportunidad?

Un hombre instruido por Billiken, el Dr. Furtado (Alfonso Renna) decide viajar del futuro (presente) al pasado y enfrentarse a Don José de San Martín, quien aún no cruzó Los Andes. Así será como el lenguaje vulgar de nuestros tiempos colisionará contra el protocolar de este prócer.

El humor es la herramienta fundamental en la dramaturgia y que permite descontracturar al público un viernes a la noche en que las propuestas para reír desbordan pero las inteligentes escasean.

Por la patria mi general (escrita por Juan Pablo Goñi Capurro y dirigida por Lara Sedeño) es un reto al destino, una manera de justificar los actos y un modo de analizar cada objetivo -teniendo en cuenta lo ocurrido en cada uno de ellos a posteriori-. Esta obra, además, tiene la dirección impecable de Lara Sedeño que escoge hasta el mínimo detalle en que se apoyan las escenas, los decorados y los diálogos establecidos.

Durante la primera escena se puede disfrutar de una Remedios de Escalada (Stefanía Mosto) completamente diferente, una joven que se planta frente al mundo para discutirla posición humillante que cumple en el mismo.

Bordando la bandera, teniendo una bufanda, esperando que su marido -mucho más grande que ella- decida conseguir la independencia. Y ella se pregunta por qué elige cruzar por la cordillera y por qué él y no otro.

Respecto a los personajes éstos están caracterizados como muñecos, como las figuritas que se usaban para pegar en el cuaderno de clase. Estáticos, sin expresiones, como congelados en el tiempo.

Las Heras (Alfredo Deri) junto a San Martín (José Fernández); ilustrando los vaivenes de la historia anterior al Cruce. Ayudándole al hombre del futuro a corregir el discurso del Libertador para que se adecúe mejor a la actualidad.

Son muchos los adelantos que dicho precursor le menciona a los próceres y hay uno que resalta como notoriedad: se trata de la pastillita que le da felicidad a muchos hombres y él quiere la suya.

¿Por qué no cruzar por el océano?

Claro que la preocupación no será el barco en sí ni el viaje sino la contradicción que pudiera surgir entre el retrato con montañas y antes con los mares.

Serás lo que debas ser o no serás nada – se escucha decir en un momento de la obra histórica. Esta obra que viaja en el tiempo, que enfrenta ciertos hitos políticos con ironía y esa gracia que hacen foco en lo ridículo que puede resultar llevar adelante una batalla que está perdida de ante mano, o conformarse con una plaza que lleve su nombre (como el caso de Las Heras), o estrellarse ante la realidad vigente.

¿Todo por la patria o a pesar de ella?

Hoy en día a un hombre adulto le dirían pedófilo si se casara con una chica menor de edad. Pero claro, en esa época no exista dicha denominación y era frecuente que ocurrieran enlaces de este estilo.

También era común considerar que porque se trataba de la cordillera, hacía muchísimo frío. Este dato era totalmente falso ya que en el campamento del Plumerillo sufrieron muchísimo las altas temperaturas.

¿Todo por la patria? ¿Por qué tipo de patria, por una que nos represente o una que se copie?

Mientras tanto el General Las Heras está feliz porque descubrió su nueva sexualidad sin tener que fingir ser lo que no es.

¿No es tiempo de quitar las máscaras que ya quedaron como piezas de museos?

ficha Por la patria mi general

Mariela Verónica Gagliardi

 

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El legado de Bolívar

Robinson en la casa de Asterión1

Robinson en la casa de Asterión (escrita y dirigida por Carlos Arroyo) es una obra de teatro venezolana que tuvimos el lujo de presenciar en el teatro Andamio 90´. Esta puesta en escena al igual que muchas más, fueron incluidas en lo que se pasó a llamar el 1° Corredor Latinoamericano de Artes Escénicas (organizado por el Centro Cultural Kirchner y aprovechando a nuclear a diferentes festivales y movidas teatrales que se desarrollarán en el presente mes de octubre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en diferentes zonas del Gran Bs.As).

Así es como esta bellísima y dramática obra muestra a un hombre que soñaba con la libertad, con empapelar la ciudad y los pueblos con libros, con educación, con la necesidad imperiosa por implantar la semilla de la bondad y erradicar todo mal sentimiento. Este hombre es el escritor Tomás Jurado Zabala, quien visita a Asterión (el Minotauro) y consiguen establecer unos jugosos diálogos en que transitan por diferentes tipos de emociones.

Mientras unos sonidos devientos ilustran el principio de esta historia, la quietud no consiga primar los actos.

Simón Rodríguez (Aníbal Grunn), un educador muy famoso de Venezuela, nacido en el año 1769, es a quien encarna el escritor de la presente obra. Él nos habla de la soledad, de la necesidad que existan libros para liberar a América de la ignorancia, entre algunos de sus principios más conmovedores. Simón Rodríguez, durante su exilio recibió el apodo de Robinson (nombre que se utiliza para la presente dramaturgia).

A su vez, Asterión (Wilfredo Peraza), nacido en el mismo año pero antes de Cristo, en la Isla de Creta; sufrió mucho la soledad, fue un hombre de lealtad y su estilo de vida de aquel entonces lo hacía alimentarse de carne (sin importarle su procedencia).

Al tiempo que avanza la historia, los hombres no tienen más opción que aferrarse a quienes en verdad son, a tolerar lo intolerable y a seguir adelante con el propósito que más los caracteriza. Simón Rodríguez nos habla del poder que se vale de gente ignorante, de cómo los poderosos se aprovechan de los menos provistos de intelecto.

Pero el discurso del educador continúa clamando por la enseñanza, por la necesidad de que se le otorguen conocimientos a todos los hombres por igual, porque al menos tengan un oficio del cual valerse a diario. De los oficios de albañil, carpintero, herrero que son necesarios en una sociedad. También nos introduce en una temática muy interesante referida al rol de la mujer. Él no habla de nosotras como merecedoras de un lugar menor sino de la oportunidad que también deberíamos tener como para valernos de nosotras mismas sin que recaigamos en meras esposas.

Y los niños, claro que tendrán que ir aprendiendo pero siempre desde la razón. Para ello tenía el deseo de crear una República, una escuela republicana donde hospedar a estos chicos que serían el futuro.

La iluminación cumple un papel muy relevante ya que se encarga de acentuar las escenas más importantes y de crear suspenso mediante sus oscilaciones. Del vestuario qué podría decirse más que es ideal, vistiendo al personaje griego con un majestuoso traje y accesorios, y al educador de blanco como su pureza y convicciones.

Una verdadera historia que recorre el mundo con sus giras, enseñando, aprendiendo y con una humildad que es la encargada de dotar a estos artistas en verdaderos cautivadores de público.

De repente mis ojos no pueden disimular más y se ponen rojos, cargados de lágrimas. Asterión me comenta esto después de la función. Y es que ambos actores no solo están sobre su escena montada sino en la piel de cada ser que los observa detenidamente.

Cuando todo termina, el pasillo no queda vacío sino que dotado de magia, de revolución, de ganas de saber más sobre este elenco y, así, Wilfredo Peraza nos comenta una experiencia que vivieron con otra de sus obras meses atrás: El año pasado estuvimos en Grecia, nos invitó la Embajada de Venezuela en Grecia, (…) porque ellos hacen un encuentro cultural venezolano: llevan músicos, bailarines, pintores, entonces muestran el arte de Venezuela allá en Grecia (…) Ellos nos ayudaron a cambiar ciertas cosas para hacerlo más local para ellos. De esa manera los chistes que realizaban causaban mucha gracia en los espectadores.

ficha Robinson

Mariela Verónica Gagliardi

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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La muerte en serio es el olvido

Honorio1

Cuando una persona muere, por lo general, se la llora incansablemente, se la recuerda, se la piensa, se tienen sueños, se pide verla, tocarla… que todo vuelva a ser como antes del fallecimiento. Eso en nuestra cultura occidental, claro está.

Considero que a pocos se les ocurriría festejarle el cumpleaños, llevarle una torta y soplar las velitas junto a su tumba. Dicen que una persona muerta ya no cumple más. Pero, ¿quién lo dice? ¡Qué acostumbrados estamos a obedecer y seguir tradiciones que, tantas veces, no nos satisfacen en lo más mínimo sino todo lo contrario!

Una escenografía excelente y descriptiva consigue ubicarnos -aún antes de comenzada la historia-, en el universo que se desea detallar a continuación.

Honorio (obra de teatro escrita por Carolina André y Mario Sala) es interpretado por Mario Sala, murió hace veinte años y hoy cumpliría 60. Sus hijos, sobre todo su hija Julia (Victoria Raposo), organizan celebrárselo a la noche, en el cementerio. Una sola linterna llevaron y lo que podría ser un juego de niños se convierte en la búsqueda de sus rumbos.

¿Hay que respetar al muerto en el sentido de honrarlo sin tener en cuenta el tipo de persona que fue?

Julia lo recuerda como un padre ejemplar mientras sus hermanos no dicen lo mismo. Uno no lo conoció prácticamente -Manuel (Jonás Elfen)- y el más grande, Aldo (Carlos Cerletti) considera que está mejor bajo tierra.

Veinte años no es mucho como para que te hayan olvidado – menciona en el mundo del más allá un amigo de Honorio (Bruno Campos).

Porque la obra dramática tiene una puesta realmente notable y específica en la que es posible observar un espacio donde conviven los vivos, otro espacio en que los muertos también tienen voz y un tercer lugar en que se unen ambos mundos para dar cuenta de desenlaces impensados.

Aldo dice que lo lindo no te lo muestran y eso es injusto. Lo tétrico que puede resultar un cementerio, sus tumbas y la energía que se genera en torno a esto no trae lo bello de una persona. Eso hay que indagarlo. Eso es lo que él no consigue encontrar en su interior.

No quiero vivir más sola – afirma Julia y sus hermanos creen que se refiere a la soledad en cuanto física. Ella se pausó hace dos décadas y se olvidó de vivir, de salir adelante. Creyó que rendirle homenaje a su padre era lo que la iba a salvar pero lo único que consiguió fue mentirse a sí misma, decorando cada día con flores de colores bellísimos.

El humor y la nostalgia son los dos aspectos que más veces aparecen en la dramaturgia, los cuales conviven perfectamente para que la tensión esté presente sin esfumarse pero, también, la comicidad de ciertas cuestiones importantes de la historia y de estos familiares.

Se producen dos encuentros emotivos que marcarán un quiebre fundamental en la historia. A partir de aquí las cenizas absorberán al más vulnerable y dejará en evidencia quiénes siguen en pie para darse la oportunidad de vivir.

Reproches y más reproches vuelan por los aires: sos lo mismo pero muerto – le dice Julia a su padre muerto. Y sí, él es lo que ella recuerda solo que para no sufrir más lo ocultaba en un sitio recóndito que pensaba no abrir jamás.

Dios no fue justo con nosotros. Nos quedamos solos – menciona uno de los hermanos y ella agrega: estoy cansada, ya nada me alcanza.

Una obra realmente exquisita para concebir la muerte desde otro ángulo, para cuestionar el duelo, la forma de llevarlo adelante y todo ese universo negro que puede volverse de colores si lo deseamos.

¿Por qué deben recordarlo como una buena persona cuando ni siquiera los tenía en cuenta? ¿Por qué seguir mintiéndose cuando tienen la posibilidad de transitar los días sin esa bruma innecesaria?

Él ya no está y se preguntan por qué se fue tan joven. Si quizás la cobardía que lo caracterizaba le ocasionó una enfermedad irreversible como para no enfrentarse con la realidad que se le venía encima.

Honorio no tiene por qué hacerle honor a su nombre ni convertirse en el héroe que ni siquiera pudo ser en vida. ¿Por qué defender su persona cuando él no supo hacerlo?

Dramaturgia y dirección: Carolina André y Mario Sala. Elenco: Mario Sala, Carlos Cerletti, Victoria Raposo, Jonás Elfen, Bruno Campos. Funciones: lunes 21 hs. Teatro El Método Kairós.

Mariela Verónica Gagliardi

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El magnetismo de la vida

Dínamo

Dínamo (escrita y por Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti) es una obra de teatro en la que lo relevante no es el discurso sino la intencionalidad y actitud. Donde la acción vale más que la palabra y el pesado pesa más que el presente pero no que el futuro.

Sin haber leído absolutamente ninguna reseña sobre la dramaturgia y teniendo solo el conocimiento de la foto promocional que grafica una casa rodante; dejé que el factor sorpresa realmente cumpla con su magia. Así fue, así quise que sea y lo cierto es que tres mujeres que describen generaciones distintas y mundos opuestos, pueden plasmar cuan importante se vuelve la vida en materia de solidaridad.

Dínamo evoca sensaciones, nostalgias, olvidos, penas, corazones rotos y un aire pesado que consigue tomar un rumbo más fresco.

Al comenzar la historia se vino a mi mente la película Little Miss Sunshine (de Jonathan Dayton y Valerie Faris) en que una familia atraviesa momentos y situaciones lindas, conflictivas, angustiantes y cotidianas viajando en un motorhome. Si bien existen muchas diferencias entre la obra y el film, el lugar en que transcurren las acciones permite que los personajes deban afrontar todo de una u otra manera. La convivencia hace que los roces afloren aún más, que el conocimiento sea más real y que la vida sea vista de otro modo. Una casa rodante que sigue un recorrido y, en este caso, una casa rodante que está anclada en un sitio del que no se conocen sus alrededores.

La muerte está presente en ambas historias pero de distinta manera, para que los presentes puedan tomar conciencia de quiénes son, qué pretenden y a dónde van en verdad.

Comunicarse hablando el mismo idioma aunque sin entenderse por no querer esforzarse en lo más mínimo por ponerse en el lugar del otro. Cuántos vínculos se rompen por no hablar a tiempo o por no comunicar realmente lo que se siente y pretende.

En la presente pieza artística lo más conmovedor es que existe una convergencia de lenguas en que el sentido cobra un valor imprescindible y la gesticulización resulta ser el hilo conductor entre estas tres mujeres que tan poco tienen en común y, sin embargo, pueden comprender que pueden identificarse a través de la soledad y la falta de propósitos.

Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg -junto al músico guitarrista Joaquín Segade-; transitan unos días inolvidables. Podrían ser meses o años pero, al menos nosotros como espectadores, vemos que las jornadas empiezan y terminan como un cuento real y palpable.

Lo que una necesita a la otra le sobra, lo que una no comprende a la otra se le hace sencillo, lo que una no acepta la otra lo asimila a la perfección. Una le sirve de inspiración a la otra y este engranaje podría poner en marcha el vehículo a través de una canción rockera o una transmisión por internet.

Según el diccionario de la Real Academia Española, el término dínamo se refiere a una máquina destinada a transformar la energía mecánica en energía eléctrica, por inducción electromagnética, debida a la rotación de cuerpos conductores en un cuerpo magnético.

Una tía muy particular, que fue una pop star y pretende no olvidar su esencia, recibe a una sobrina también atípica que tiene unos cuantos problemas pasados por resolver. A su vez, una mujer de otro continente y que habla otro idioma incomprensible para ellas, se integra a su modo. Como si se tratara de una hoguera en la que deben ser quemados los conflictos no resueltos, ellas los encienden cada vez más, los reviven y en un momento deben decidir si avanzar hacia un futuro diferente y más agradable o regocijarse en el dolor y la pérdida.

El guitarrista toca melodías sinsentido hasta hallar aquella que contextualizará la trama de Dínamo. De un ruido, consigue componer la banda sonora para estas mujeres sufridas aunque no entregadas al abismo. Realmente la fusión entre música e historia le da un plus a la obra al igual que la adrenalina representada en los cuerpos que se mueven al compás de los sonidos. No existe coreografía en sentido de baile pero sí una performance como la interpretada por Ransenberg en el vehículo, a través del mobiliario y mientras juega a aparecer por donde se le antoje para no ser percibida.

La alucinación se torna realidad y lo no tenido en cuenta, propósito. ¿Ver vivos a los muertos o confundir la vida con la muerte?

Una de ellas precisa saber la verdad de lo ocurrido cuando era niña. La no certeza de un hecho no le permite ser ni respirar su propio aire. Su nueva familia encontrada, le dirá algo determinado y -sin importar su veracidad- ella se siente plena. Otra de ellas añorará lo que no pudo tener y la otra vivirá como adolescente en medio del caos y la incertidumbre.

La tía se pregunta: «¿Y ahora qué? ¿Estoy, no estoy?« Parece no ser tan trascendente su cuestionamiento. Al fin de cuentas importa más qué quieren que sus cuestionamientos filosóficos.

Nutrirse del grupo que formar de casualidad o tal vez con la causa de sentirse parte de un mundo que las dejó al margen.

Dramaturgia y dirección: Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti. Elenco: Marta Lubos, Daniela Pal y Paula Ransenberg. Guitarrista: Joaquín Segade. Teatro Timbre 4. Funciones: viernes y sábados 21 y 23 hs.Fotografía crédito: Sebastián Arpesella.

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Fraude o defraude? Síganme hermanas y hermanos

La crueldad de los animales1

Raúl Ricardo Alfonsín fue el primer presidente electo democráticamente después de varias sucesiones de gobiernos de facto en el país que seguían debilitando a nuestra sociedad, a nuestra economía y a nuestra política. Cuando todo parecía convertirse, de a poco, en una estabilidad constituida por derechos y el fin de las masacres a quienes opinaban diferente; nuestro presidente fue invitado a retirarse del cargo. En su lugar vino él: un hombre de pequeña estatura que prometió el oro y el moro, que supo decir las palabras que el pueblo quería escuchar y, apoyándose en un discurso “perfecto”, ganó las elecciones. Así, Carlos Saúl Menem, asumió como presidente de los argentinos, vendiendo nuestras tierras al mejor postor, olvidándose de cuál era su rol (de administrador) y arruinando a una sociedad que no había podido tener tregua tras tanto sufrimiento.

Menem, con el correr del tiempo, se convirtió en mala palabra. Su nombre era yeta. Su presidencia nefasta y su demagogia el comienzo de una era que aún en nuestra actualidad no logra revertirse.

La crueldad de los animales (escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Guillermo Cacace) es un recorrido por esta época tan siniestra y macabra en que se utilizó a millones de personas para un plan que se revirtió sobre la marcha.

Esta puesta en escena realmente audaz, con un elenco talentosísimo y una dirección impecable; logra describir los años noventa sin siquiera mencionarlos, sin utilizar la tradicional bajada de línea ni siquiera para contextualizar. En vez, se juega completamente valiendo y apoyándose de y en la danza, la música, los efectos sonoros y la actuación.

Un escenario desprovisto de objetos y accesorios, en el que solo puede observarse césped artificial, verde brillante y sillas -una para cada artista-. A la vez que varios reflectores sirven para acentuar un discurso o protagonista. Dichas luces no permanecen estáticas sino que son movidas por los dos apuntadores quienes, además, forman parte de la historia dramática que se representa a lo largo de una hora.

En la sutileza del vestuario pueden vislumbrarse las diferencias en cuanto a estratos sociales, al abuso de unos hacia otros y al “olvido” de quienes son los verdaderos dueños de las tierras: los aborígenes que se leen más de lo que se ayudan.

A lo largo de siete escenas es como el público deberá imaginar la estética y ambientación de todo lo que sea mencionado como descriptivo, para luego observar la acción en vivo y en directo -nutriéndose lo dicho con lo interpretado-.

Lisandro ingresa y entre pasos de flamenco logra romper el hielo de esta dramaturgia que intriga completamente: “Si no sos fuerte se sufre mucho”, le dice su madre. Y sus ojos, llenos de lágrimas, miran a un punto en el horizonte mientras sus brazos y piernas recorren un espacio preciso. Pareciera querer avanzar sin trasladarse en el espacio. Está absorto, perplejo, sufriendo en carne propia.

De repente, el absurdo se hace presente con Manuel quien con tono irónico pretende llevar adelante su estrategia de conformar a un hombre que perdió casi todo en su vida. Aquí es cuando se comprende el principio del fin, uno de los conflictos territoriales que no consiguen hallar soluciones eficaces para los pueblos originarios.

Un sobre abierto desata varias situaciones desagradables que desembocan en violencia. En diferentes tipos de violencia que ejemplifican diversas formas de poder y lo que éste implica.

Después de representarse diversas escenas con situaciones familiares, sacando a la luz problemas pendientes de resolver y conflictos importantes o banales; se da a conocer otra cuestión realmente imprescindible en materia nacional: las tierras.

El sarcasmo es el que permite que por momentos sonriamos en medio de tanta tragedia lingüística y real.

Un sonido de interferancia aparece y desaparece por momentos -marcando tensión y suspenso-, al igual que los ladridos de una perra que se van extinguiendo como las conversaciones, como las soluciones, como el mal clima del país. Todo es política y no porque se cite a un político sino porque las transacciones, los intercambios, las relaciones humanas, entre otras; giran en torno a la política, a decir o hacer algo esperando o pretendiendo un fin determinado.

Chiquito es el diferente, el olvidado, el dejado a un lado y el que se pretende ocultar o que pase más desapercibido aún. Su vida, su deseo, sus necesidades nadie las atiende. Él es un aborigen, un hombre con familia, un ser que no daña a nadie pero pretende ser respetado. Él no usa un abrigo de piel, no mata para lucir, no aparenta lo que no es.

Los viajes a Miami se suceden mientras otros se quedan ansiando poder llevarse un bocado de pan a la boca, sufriendo el derroche de las clases más altas -y de las que no tanto- que disfrutan un paseo de virtualidad derrotada luego.

“Es mi tierra Manuel” – acota Chiquito. Él no quiere una casa lujosa ni más cómoda, quiere quedarse en su hogar a orillas del río Paraná. Son sus raíces las cuales no quiere que se le amputen.

Pero, la única que lo entiende es la abuela de la familia aristocrática: “el nombre y la tierra es lo único que tenemos”.

Las palabras son dichas, las broncas brotan de cada uno de los presentes y hay quien no quiere estar más así ni ahí.

¿Cómo salvarse de una situación tan discrepante, que amenaza a todos por igual aunque de distinta manera?

Manuel Dorrego fue fusilado al igual que tantos hombres inocentes que perecieron en la lucha de existir. Siempre gana el más fuerte, el que tiene más apoyo, no el que tiene la razón.

Los pedidos continúan, el hombre moreno quiere que su lugar sea respetado, no quiere que un temporal lo extermine ni una construcción edilicia le ataje el sol.

Sangre que viene y va, animales feroces que se atacan o que atacan simplemente. Larvas que están por convertirse en algún organismo animal más desarrollado, larvas que son malignas, organismos que se trepan por los cuerpos, que se inmiscuyen en éstos hasta pudrirlos. Larvas que convierten a humanos en parásitos.

La crueldad de los animales es un panorama sobre una época nefasta que no terminó, que sigue su curso hasta que los derechos de los mortales sean respetados y ningún vivo pueda sobrevivir por sobre otro.

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández. Elenco: Héctor Bordoni, Ana María Castel, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Iván Moschner, Denisse Van der Ploeg, Nacho Vavassori y Sebastián Villacorta. Funciones: viernes y sábados 19 hs, domingos 18:30 hs. Teatro Cervantes. Dirección: Guillermo Cacace.

Mariela Verónica Gagliardi

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Viviendo al límite: un drama montado como teatro

Foto Victoria

Lo que comienza como una comedia risueña se convierte en drama y luego en policial. A lo largo de dos extensas horas, se podrá ser testigo de un film que experimenta con el talento, con la posibilidad de demostrar cómo la cámara captura diferentes situaciones, sensaciones y escenas con un rodaje en tiempo real.

Durante la primera parte del film Victoria (dirigido por Sebastian Schipper) puede verse a la protagonista madrilense en un boliche, sola, pretendiendo ser parte de un lugar tan ajeno a ella: Berlín. Allí vive hace tres meses y aún no tiene amigos ni conocidos, pero su simpatía le permite hablar en inglés y darse a entender, cautivando a varios jóvenes que la siguen en manada.

Muchos diálogos, palabras comunes en Alemania del Este, códigos, aventuras. De hecho, el cumpleaños de Fuss, un muchacho que aparece junto a sus amigos (Boxer, Sonne y Blinker) en la vía pública, será otro de los focos de atención en esta introducción al código lingüístico establecido por Schipper, dentro del cual podrá disfrutarse de la verdadera acción sin descanso ni tregua.

Luego, la música narra las acciones, silenciando a la palabra que tan presente estuvo durante casi media hora de película.

Al quedarse a solas, Victoria (Laia Costa) y uno de los chicos del grupo, comienza a producirse un nuevo rumbo en la historia. Los matices, la seducción en cada mirada, sin que pase absolutamente algo entre ellos. Ella no puede creer que sea alemán pero Sonne hace la salvedad de que los berlineses son multiculturales.

Una película que no pretende resaltar maquillajes impostados ni paisajes atractivos sino una sociedad con estilos de vida diferentes a los de España. Con una joven que desde su interior pretende comunicarse en inglés con cuanta persona se cruza sin interesarle impactar bien sino con la frescura que la caracteriza.

Las interpretaciones artísticas son excelentes permitiendo que el espectador disfrute de un cine de muy alto nivel donde no solo los primeros planos muestran detalles preciosos sino que éstos cautivan desde la naturalidad de una mirada, desde el desgaste de un cuerpo a lo largo de una noche sin pegar un ojo, desde la palidez del rostro bebiendo alcohol y recorriendo la ciudad en bicicleta como niños.

Uno de los momentos más emotivos se produce cuando Victoria toca el piano. Los valses de Mefisto (Franz Liszt) suenan y sus manos recorren los pentagramas en su memoria, sorprendiendo con una sonrisa a su nuevo amigo. Después de gracias y bromas para romper el hielo entre ambos y acercarse aún más, él menciona que sabe tocar dicho instrumento pero lo que jamás imaginó fue que ella en verdad lo sabe interpretar y muy profesionalmente.

Ella no juzga, no reprocha. Es un alma libre de prejuicios.

Pero el guión nos va llevando hacia el género policial donde lo cursi queda congelado por completo para darle espacio al mundo gangster, a la delincuencia y a los asaltos a mano armada.

En cuanto a los paneos, éstos están presentes en todo momento ya que las situaciones se dan por lo general en lugares específicos y es ahí cuando la cámara captura la acción desarrollada. Y, con respecto, los travelling acompañan los pasos, corridas y desplazamientos de los jóvenes por los diferentes lugares que recorren (escaleras, calles, veredas) al igual que los que se llevan a cabo sobre autos.

Los primerísimos primeros planos justifican la adrenalina recorrida en los cuerpos de estos personajes quienes, además, conmueven con sus movimientos precisos y cada una de las acciones desarrolladas de principio a fin.

Sebastián Schipper despliega su magia para dirigir y consigue emocionar plenamente. Mientras tanto, este grupo consolidado rueda como la cinta. Es momento de comprender que la música cumple un papel protagónico al igual que la trama. La sonorización no acompaña ni ilustra ni decora: aparece en el momento adecuado, narra cuando la voz no alcanza o cuando ésta se apaga. Angustia, desespera y nos permite conocer la vida de esta chica que se convierte en la heroína perfecta.

La vida y la muerte parecen enfrentarse y el único antídoto para sobrevivir será tomar rápidas decisiones que no siempre serán las correctas o bondadosas. Un puñal al corazón cuando de niños se trata y el ocupar aquel lugar que jamás se hubiera imaginado son algunas cuestiones que surgen, haciendo sentir que incluso el más vulnerable puede convertirse en jefe de la pandilla para ser temido por el resto.

Victoria es un canto a la vida, a la justicia por mano propia y a la devolución de favores que a veces es preferible olvidar.

Una neblina estampada en la gorra de Victoria es uno de los finales a esta gran historia que mantiene atónito a cualquier mortal. Haze. Como forma de sintetizar la cuasi total oscuridad en que giró este film que merece todo tipo de destaque, además de los premios que obtuvo y, seguramente, seguirá obteniendo.

Ficha Artística

Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Max Mauff, Burak Yigit, Nadja Laura Mijthab

Ficha Técnica

Director: Sebastian Schipper
Guionista: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz
Productores: Catherine Baikousis, Christiane Dressler, Jan Dressler, Anatol Nitschke, Sebastian Schipper
Música: Nils Frahm
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Montaje: Olivia Neergaard-Holm

Datos Técnicos

Drama – Crimen
Alemania
Año: 2015

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Que no decaiga

Partir de hoy1

Hay dos cosas que me atrevo a afirmar: los payasos suelen ser melancólicos y siempre existe algo que se quiera decir y no se sepa cómo.

Con una escenografía circense en tonalidades grises y rojas, con los tradicionales banderines colgando y varios objetos significativos para utilizar en la narración; él nos recibe. Nos abre sus puertas para que descubramos lo que siente y lo que calla.

Pablo Bontá es su nombre y recuerda su debut como actor, inmerso en nervios y olvidos de palabras, sin saber cómo recobrar la memoria y la tranquilidad para dar un buen espectáculo. Pero su sonrisa todo lo salva, los famosos trucos de animador caminando por la cuerda floja hasta saber que su vida interior también importa.

Una sombra marca el comienzo de Partir de hoy (escrita por Walter Rosenzwit y Pablo Bonta; dirigida por Walter Rosenzwit) hasta que el silencio se apodera de los espectadores: la inspiración tarda en llegar. Y la valentía también, agrego. Puede tardar una vida entera pero es necesaria para seguir adelante y quitarse esa mochila tan pero tan pesada que dificulta el caminar.

La música y los efectos especiales están coordinados con las acciones del clown, el cual va llevando su relato intimista a un lugar precioso en que rememora ciertos lugares, en que evoca lo más importante de su niñez.

Estoy más abandonado que Iglesia sin cura – decía su padre, a quien recuerda y cita durante varios momentos de su monólogo que no pretende ser un sinfín de palabras sino un modo de compartir con nosotros la nostalgia.

Las décadas del 60´ y 70´ desfilan por el escenario pero no para hablar de política sino de un cumpleaños en 1975, de vacaciones familiares y del olvido. Unas diapositivas ilustran este recorrido en que el artista se vuelve espectador de sí misma, se emociona, sonríe y acota.

Perdido o temiendo perderse, temiendo ser olvidado o guardado en la caja de recuerdos. Y a esto se suma el factor tiempo. Se dice que el tiempo es tirano que no alcanza para nada y Pablo menciona que antes era diferente, que antes de pequeño viajaba una hora con su mamá a la Plaza del Congreso para darle de comer a las palomas durante horas. Este es uno de los tantos ejemplos que recorta de su pasado y pega en su recorrido. Quizás, actualmente, no sea como antaño pero, seguramente, deben existir padres que lleven a sus hijos a lugares lejanos para darles el gusto. No todo lo pasado es mejor que lo presente, aunque en la voz de él sí lo es y sí es verdad que inmerso en dictaduras militares todo acto de dulzura era contado con las manos.

Con máscara el personaje y sin máscara el hombre que se despoja de todo lo tangible para que solo sus expresiones narren. Aunque un hecho en especial es el que marca su dolor, aquel que nunca pudo revelarle a su hijo y que ya es tiempo que sepa.

Todo deja en el espacio escénico: su vergüeza, sus ilusiones, sus miedos, sus recuerdos, sus debilidades, sus sueños, su amor. Nadie lo juzgará, solo tendrá nuestro abrazo alrededor de su cuerpo abatido. Un cuerpo que cae y se reanima como el ave fenix. Que pasa del llanto a la risa pretendiendo hacernos pasar un grato momento de felicidad.

Para reír es necesario también sufrir. Sino cómo se siente una sonrisa. Cómo se puede valorar lo bello cuando no se supo sobre fealdad.

Pablo Bontá o Pablo Bont, como quiera ser llamado es un artista completo, que nos enseña cómo montar un espectáculo teniendo en cuenta varias herramientas y estilos de discursos que permitirán el aplauso real. Porque él está vivo al igual que su corazón que no se queja sino que sigue soñando con un mundo mejor.

Dramaturgia: Walter Rosenzwit con la colaboración de Pablo Bontá. Intérprete: Pablo Bontá. Direccion: Walter Rosenzwit. Funciones: jueves 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Luna, dime dónde está mi amor

Rusalka1

Músico y compositor checo de una importante trayectoria artística.Nacido en 1841, después de más de tres décadas estrena Cantata Hymnus (Los herederos de la Montaña Blanca), entre 1892 y 1895 fue el Director del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, en 1901 Director del Conservatorio de Praga

Sus obras están integradas por sinfonías, partituras para piano y las óperas. Entre estas últimas se pueden mencionar: Vanda (1875), Dimitri (1882), El jacobino (1887), El diablo y Catalina (1888), Rusalka (1901) y Armida (1902). Además de una lista larga de composiciones, poemas, música de cámara, entre otras.

Recibió la mención de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Praga.

Antonín Dvořák es el culpable de que los espectadores nos fascinemos con cada una de sus creaciones y su estilo musical tan particular.

Surgido de la orquesta del Teatro Provisional de Praga, a cargo de Richard Wagner, su viola se distinguió por sobre las demás. Transcurrido el tiempo, logró encontrar su propio sello, despegándose de las figuras de Wagner, Shubert, Brahms y Beethoven.

Rusalka se estrenó en 1901 (pocos años antes de su muerte) en Praga y fue el resultado de un maravilloso encuentro entre Jaroslav Kvapil (1868-1950) y Antonín Dvořák (1841-1904), quienes estaban buscando llevar a cabo una ópera y aún no se conocían ni se imaginarían el éxito que tendrían. Así, surgió Rusalka, inspirándose en cuatro poemas de Kvapil, de fines del Siglo XIX: El duende de las aguas Op. 107, La bruja del mediodía Op. 108, La rueca de oro Op. 109 y La Paloma del bosque Op. 110.

Durante el Primer Acto se puede presenciar al Duende del Agua -encarnado por el Barítono Bajo Homero Pérez Miranda- que deleita realmente de principio a fin; y a su hija Rusalka (ninfa de las aguas) -quien quisiera abandonar las profundidades-. Esta tierna criatura es interpretada por la soprano Daniela Tabernig quien durante más de tres horas mantiene su caudal de voz intacta, proyectando un romanticismo aventurero inigualable.

Ella se enamoró de un humano y desea tener una vida en la tierra: Luna, detente un momento y dime dónde está mi amor (…) Búscalo por el vasto mundo y dile que lo espero aquí.

Pero, para llevar a cabo su meta tendrá que reunirse con Ježibaba (Elisabeth Canis) que es una hechicera quien le dice en qué consistirá el conjuro: para amar y ser amada, para besar y ser besada. La poción que le da Jezibaba entonces le quita todo lo que la joven ninfa tiene, incluso hasta su voz, a cambio de que ella viva junto a un hombre y sienta lo que todo mortal siente. Cabe resaltar también a dicha Mezzosoprano que cautiva con su canto al igual que el resto de los protagonistas.

Después de unas palabras mágicas, la hermosa criatura hace su sueño realidad, aunque hay cosas que se van aconteciendo que no son tal cuales imaginó.

El hechizo está hecho y a ella se acerca él: un humano que, además, es príncipe (Eric Herrero Vodník). Él tuvo que atravesar rocas y espinas, atraído por Rusalka: ¡Oh ninfa, ven conmigo!

Mientras tanto, las hermanas de ella se dan cuenta de que desapareció y, desesperadas, la llaman y buscan. Dicho Tenor, recorre las aguas, las tierras, el mundo de las hadas y de los humanos de un momento a otro preteniendo hallar a su amada.

Al comenzar el Segundo Acto, todo se transforma. Los sirviente del príncipe están en el palacio y hablan de él y éste sigue en una nube, enamorado: ¿Por qué cuando estoy en tus brazos estremezco de angustia?

Pero el príncipe no es soltero del todo, tiene una amante (la soprano Marina Silva) que lo pretende y quiere quedarse con él. Esta situación será bastante tensa ya que Rusalka está sin voz como causa de la magia, motivo por el cual no tiene oportunidad de hablar ni defenderse ni demostrar quién es en verdad.

El padre de Rusalka dice que se trata de una desgracia: aunque fueses cien veces humana seguirás atada por ancestrales cadenas (…) Embrujada por el resplandor del mundo.

Un casamiento también será uno de los tantos conflictos de la presente historia y la ninfa le cantará unos versos desesperados: él ya no recuerda a su Rusalka de cabellos largos.

Pero el factor suerte también se hace presente y cuando la joven siente que todo es en vano, el curso del agua cambia su rumbo.

Uno de los planteos que Rusalka se hace es realmente sentido y profundo, marcando un antes y un después en la dramaturgia: no me está permitido vivir ni morir. Y con esto apunta al mundo de las aguas y al mundo humano. Ella prefiere sufrir y que no sea todo color de rosa como cada uno de sus días en las profundidades del mar.

Aunque el verdadero desenlace se produce al llegar el Tercer y último acto de la ópera. Aquí, todos sus deseos de estar dispuesta a pasar mal además de bien, se los replantéa, dándose cuenta que su vida de antes en un punto era más sana y feliz. Se siente condenada por el amor y está muy angustiada -sin saber qué tiene sentido que haga-.

Se vuelve a reunir con la hechicera y ésta le promete que volverá a ser la ninfa de siempre, sin explicarle qué consecuencias traerá aparejada esta modificación.

El príncipe, aquel que la amó, que la rechazó, que no la reconoció y el que dudó de su amor; está enfermo. Muy enfermo como consecuencia del hechizo. Así, en esa condición, reconoce estar buscándola hace tiempo. Pero Rusalka no se conforma y le pregunta por qué su boca le mintió y por qué la engañó con otra mujer.

Ella se ha convertido en una terrestre común y corriente y para recuperar su anterior vida, su familia y ser libre deberá cometer un crimen.

Una majestuosa puesta en escena, con el lujo de los músicos que conforman la orquesta, el coro y el despliegue que significa preparar una ópera. Rusalka cumplió con cada uno de los detalles, tanto en el vestuario como en escenográfico para que cada ambientación sea identificada por el espectador, consiguiendo que el cuento de hadas atraviese la línea delgada entre tablas y espectador. Una historia para comparar con otras, para diferenciar, para recordar y transmitir.

Música: Antonín Dvořák. Libreto: Jaroslav Kvapil. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena: Mercedes Marmorek. Diseño de escenografía: Luciana Fornasari. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux. Coreografía: Ignacio González Cano. Dirección del coro: Juan Casasbellas. Reparto: Rusalka (Daniela Tabernig), Príncipe (Eric Herrero Vodník), Duende del Agua (Homero Pérez Miranda), Ježibaba y Bruja (Elisabeth Canis), Princesa Extranjera (Marina Silva), Guardabosques (Mirko Tomas), Mozo de cocina (Cecilia Pastawski), Primera Ninfa del Bosque (Oriana Favaro), Segunda Ninfa del Bosque (Rocío Giordano), Tercera Ninfa del Bosque (Vanina Guilledo), Cazador (Sergio Vittadini), Ninfa del Bosque (Andrea Grassi), Ninfas del Agua, Invitados (Juan Manuel Firmani, Arturo Gutierrez, Romina Miguel, Jimena Hoeffner, Nuria Hortiguera, Érica Flores, Florencia Segura).

Coro Buenos Aires Lírica: Sopranos María Ximena Farías, Constanza Panozzo, Elisa Calvo, Jorgelina Manauta, Gabriela Fernández Bisso, Natalia Albero, Diana Gómez, María Fernanda Doldán Paula Do Souto. Mezzosopranos Patricia Salanueva, Marta Pereyra, Guadalupe Maiorino, Cristina Wasylyk, Marcela Marina, Elsa Aliboni, Maisa Videla. Tenores Martín Benítez, Javier Suárez, Leonardo Bosco, Sergio Vittadini, Christian Taleb, Juan José Ávalos, Pablo Daverio. Bajos y barítonos Jorge Blanco, Cristian Duggan, Carlos Trujillo, Ladislao Hanczyk, Pablo Paccazochi, Emiliano Rodríguez, Luis Loaiza, Juan Feico.

Orquesta: Violines I Oleg Pishenin (concertino, 2, 4, 8/10), Cristina Tartza (concertino, 10/10), Amarilis Rutkauskas, Gemma Scaglia, Leonardo Descalzo, Mabel Serrano, Florencia Argañaraz, María Elena Aguirre, Rafael Cabella. Violines II Sandra Valdovinos, Aida Simonian, Mariano Calut, Gabriel Pinette, Teresa Castillo, Federico Lennon Violas Ricardo Lanfiuti, Mario Fiocca, Jorge Sandrini, Cristina Tonelli, Julia Grimoldi. Violoncellos Carlos Nozzi, Marisa Pucci, Lidia Martin, Hermann Schreiner. Contrabajos Mariano Slaby, Pastor Mora, Matías Cadoni. Flauta I Damián Romagnolli. Flauta II / Flautín Joaquín Belluca. Oboe I Gerardo Bondi. Oboe II / Corno Inglés Raquel Dottori. Clarinetes Amalia Del Giudice, Edvjord Ngieliu Fagotes Gabriel La Rocca, Daniel Piazza Cornos Martcho Mavrov, Carlos Hussaín, Enrique Faure, Margarette Mengel. Trompetas Dante Vargas, Leandro Melluso. Trombones Hugo Gervini, Manuel Campos, Guillermo Mengel. Timbal Arturo Vergara. Percusión Francisco Vergara, Cristian Ibáñez. Arpa Sarah Stern.

Funciones Viernes 2, jueves 8 y sábado 10 de octubre a las 20 hs. Domingo 4 de octubre a las 18 hs. Teatro Avenida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Provocar el efecto deseado

Svaboda

(…) si uno se pone a cantar
un nochero lo acampaña
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba (…)

Svaboda (escrita por Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole; dirigida por Bernardo Cappa; dirigida por Bernardo Cappa) nos ubica en un pueblo del interior en que conviven un matrimonio con varios problemas. Uno de ellos es la mala relación que tienen y, el más reciente, el que está relacionado con un accidente entre una vaca y un camión de la ciudad.

A partir de este hecho es que las conversaciones irán despojándose de todo resentimiento y las verdades saldrán a la luz.

Irónicamente, Svaboda (Svoboda en ucraniano) significa libertad y es el nombre de un partido político de ultra derecha en dicho país. ¿Cómo se rompen las barreras entre lo censurado y lo deseado? Un autoritarismo político que se implanta y se desdibuja hasta, absurdamente, mostrar cuán inútil resulta prohibir.

Un abogado (Osvaldo) llega a este rancho humilde y precario, para pedirles llegar a un acuerdo y no ir a juicio con su cliente. Pero, el idioma ruso mediante y la “ignorancia” que menciona el letrado, impiden que los tres puedan entenderse correctamente.

Por la radio se escucha un gol de Kempes y Liev le dice contento a Osvaldo que se trata de Argentina. Es, justamente, esta empatía que surge entre ambos la que les permite, luego, conseguir un diálogo más ameno con Abdoquia.

Cada uno de ellos busca algo determinado aunque todo gira alrededor de la libertad. Lo que para uno es liberarse para el otro es seguir prisionero en su propio hogar, incómodo e infeliz. Solo será cuestión de animarse y dejar atrás el presente para apostar a un futuro incierto. De por sí, considero que todo lo venidero es un interrogante sin demasiadas certezas reales.

Viejo aire, ¿qué te han hecho? – dice Osvaldo. Un aire brumoso, metafóricamente hablando, es el que se posa sobre esta familia con una pesadez que obstruye sus sentidos.

Tan fácil puede resultar a veces ser feliz, sobre todo si se trata de compartir lo mismo que se siente.

Observar por la ventana la vida pasar, la naturaleza estática, las nubes y sus formas y ombú en medio de la nada.

Un escrito que volará por el piso junto a otros croquis realizados de una manera muy carismática en que quedará clara la visión del matrimonio, sobre todo la de Abdoquia.

Tres personajes que se muestran incómodos y con ganas de imponer su visión, justificando cuando lo crean conveniente.

Mientras las tareas cotidianas llaman a la puerta, es el momento de conseguir alimentos para la mesa -los que obtendrán con sus propias manos-. ¿Puede considerarse valiente aquel que mata para comer o el que se retira a tiempo de un caos familiar? La sangre como simbolismo de toda tragedia, que recorre la piel, las ropas y la fragilidad de estos tres humanos que se debaten entre lo que corresponde y lo que no. Entre lo correcto e indebido, entre lo permitido y lo prohibido. Como la ley, como lo que se supone que está bien hacer ya que, caso contrario, tendrá una sanción.

El matrimonio conversa en su idioma, y el abogado observa y escucha. Después, los dos hombres hablan y la mujer mira desde una ventana. Luego el abogado y ella conversan y se miran mientras su marido decide qué decisión tomar. Siempre uno de los tres se convierte en observador pasivo, lo cual le otorga a la dramaturgia más tensión e intriga.

¿Dónde estará escondido ese papel? ¿Estará escondido o inmerso en el desorden de la casa?

Cada quien pretende salirse con la suya para salir “victorioso” de la situación y lo que puede darse por sentado posiblemente no sea lo lógico o supuesto. Svaboda es una historia que parte de lo pequeño y se hace gigante. Que finaliza pero bien podría seguir como la serie Bonanza, durante temporadas que ilustran las aventuras de una familia en el oeste estadounidense.

En esta ocasión, esta pequeña familia sin hijos solo precisa acceder a cosas que podría tomar del otro. No necesariamente del otro miembro familiar pero sí, retroalimentarse como triángulo con la llegada del letrado que implanta su deseo por favorecer a los desfavorecidos -o sea a ellos- y terminar de una vez por todas con la situación tirante.

Dominante o dominado, una fiera sobre un ratoncito o un ratoncito que se hace cada vez más pequeño para resurgir como un gigante entre la desesperación y el astío del campo. Entre un alambrado roto por el que una vaca corrió tras el camión para demostrar cómo un animal puede ser más que cualquier transporte que se pasea por zonas agrícolas.

La huella del hombre pisa fuerte, invade sin que se la llame y hunde a sus propietarios.

El hombre de familia que no quiere ocupar ese lugar, que se siente ajeno a éste y que se inmola ante cualquier situación ríspida con su mujer, la cual parece llevar los pantalones para justificar, al menos, su carácter podrido y su alma agresiva.

¿Ser violento es tener carácter o todo lo contrario?

Una estética pobre, humilde, abandonada, que muestra una mesa de madre con dos sillas de diferente estilo, otra mesa con una radio y un aljibe. Tienen lo básico en cuestión de lo material, pero ellos necesitan un cambio urgente para empezar a vivir de verdad.

Ella se sienta siempre en el mismo lugar, junto al alambrado que está ausente visualmente pero que podemos imaginarlo. Mira a través de él y espera que se produzca ese cambio. Es para lo que nunca va a venir – dice su marido al abogado.

Aunque ella sigue llorando como cada vez que mira la fotografía de una esquina. Seguramente una esquina significativa en Rusia. Su Rusia, su lugar, su hogar.

El tiempo sigue transcurriendo, el sol se esconde de una vez y el mate con budín hace su aparición para distenderlos un poco, para que el alimento horneado por sus propias manos les pinte una sonrisa de satisfacción. Así se produce, como la templanza que tienen en sus rostros por momentos, la cual se modifica, al instante, para recordarse sus propósitos.

La comicidad está presente a lo largo de toda la obra, una obra realmente excelente que enaltece la escritura de Cappa, pintando un paisaje perdido como si se tratara de un cuadro en la pared.

A la vez que la ira, la furia y el rencor se imprimen en sus corazones, salen a la luz, se esconden y caminan velozmente por sus mentes… hasta recordarles que tienen que elegir sin pensar demasiado.

Unas tiernas melodías de violín dibujan un retrato perfecto, ideal, de novela romántica. Absurdamente, quizás. Idealmente para que el desenlace sea el más propicio para que la zamba dibuje su coreografía.

Y si la vaca hablara, ¿a quién le daría la razón, qué estrategia llevaría a cabo, qué acorde danzaría?

Dramaturgia: Bernardo Cappa con la colaboración de Pablo Chao, Aníbal Gulluni, Gabriel Guz y Laura Nevole. Elenco: Pablo Chao, Aníbal Gulluni y Laura Nevole. Dirección: Bernardo Cappa. Funciones: domingos 20 hs. Teatro del Pueblo.

Mariela Verónica Gagliardi