*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La escasez puede transformarse

Iván y los perros7

Con las manos cansadas, desgastadas y llenas de vergüenza, este niño de tan solo cuatro años deambula por las calles desoladas de Rusia durante el invierno. Durante dos inviernos. Buscando alimentos, amor, aceptación y, por sobre todo, amparo.

Durante los 90’ la pobreza invadía al país, impidiendo que las familias tengan lo necesario para subsistir. Varias de ellas empezar a hacer valer su instinto y se deshicieron de aquello que no les “aportaba”, sino todo lo contrario. Los perros fueron las primeras víctimas y, tras ellos, continuaron los pequeños.

“Iván y los perros” (escrita por Hattie Naylor, originalmente Ivan and the dogs, de Paul Dodson) es una conmovedora dramaturgia que está basada en la vida de Iván Mishukov. A lo largo de la historia ocurren diferentes puntos interesantes e impactantes, imposibles de ignorar.

Por un lado, se trata de un niño en busca de lo básico para no fallecer. Entre la nieve, la comida que va consiguiendo inconstantemente y los peligros de la calle; podemos trazar un paralelo con miles de menores que deben pasar por la misma situación a diario en Argentina y en otros países del mundo. Sucede que tenerlo enfrente provoca un sacudón, un tirón de orejas fuerte y un nivel de conciencia que no podrá rechazarse con la mirada.

Emiliano Dionisi interpretará a esta criatura, quien enternecerá a todo el público presente, produciéndole lágrimas difíciles de ocultar, y sollozos, durante la función. Esto se debe, sin lugar a dudas, a la veracidad del hecho y a la gran actuación desarrollada en escena. Con un pijama debajo de su ropa, se verá obligado a aprender los aspectos más miserables del universo.

Con respecto a la escenografía, ésta tiene un atractivo notable, además de cumplir con el propósito de hacer sentir en penumbras al pobre Iván. A medida que avanzan las proyecciones, el personaje se agobia, se estremece, intenta huir de la tristeza y superar -con su corta edad- todo el terror que pueda presentársele. Sin embargo, lo que menos se esboza en su rostro es desesperación. Chiquito, movedizo y ágil intenta solucionar cada problema en su momento. Son muchos, pero tiene la alegría de todo niño para sobreponerse.

Los perros llegan, comparten espacios públicos, se mueven en conjunto, atacan, se defienden entre ellos… viven.

Iván, solo y desamparado quiere estar a salvo. Quiere vivir. Es así como desarrolla al máximo su instinto de supervivencia uniéndose a ellos. Claro que los animales se reconocen entre ellos y saben quién es diferente. Iván aprende, a la perfección, los detalles de sus conductas, sonidos, maullidos, ladridos y movimientos como para mimetizarse y ser uno más.

Este es el aspecto más estremecedor para analizar: la humanidad. Una humanidad que no busca la solidaridad sino el exterminio, que indaga en los valores para después hacer primar el egoísmo.

Como si se tratara de especies antagónicas, hombres y perros garronean alimentos y pretenden adueñarse de un mundo que no es para unos u otros sino para ambos.

En cuanto a la dirección de la obra, Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy se desempeñan de un modo detallista y refinado, asistiendo sonora y visualmente a la pieza teatral. Así, las acciones del intérprete logran lucirse al máximo, demostrando cómo es posible aspirar a la unidad artística.

Corriendo, trepando, escondiéndose, deseando volver al hogar con su mamá, sin resentimientos, desprovisto de maldad. Solo y, a la vez, tan grato, continúa su andar como tantos otros niños del mundo. Este, en especial, tuvo la virtud de vivir aventuras inimaginables, sin odio, sin violencia. Un ejemplo para la humanidad que suele posicionar su mirada a un horizonte ficticio.

Iván y los perros es una verdad convertida en arte para que fluya, para repensar la historia del hombre desde sus orígenes, para despertar sin sobresaltos y valorar -en todo momento- el amor.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Escalera a la fama

Romeo y Julieta, una obra en construcción11

Dos actores son convocados para protagonizar la obra Romeo y Julieta. Pero sucede que el resto del elenco no podrá llegar a tiempo para la grabación y solo ellos tendrán que remontar el inconveniente.

De esta manera, los dos actores, representarán, formidablemente, las escenas más emblemáticas de la historia, utilizando los pocos objetos que a su alcance.

En medio de la gran desesperación e incertidumbre, Romeo y Julieta atravesará momentos trágicos, otros cómicos y otros tristes; predominando siempre la magia de la risa. Al sentir que están haciendo el ridículo y que todo está perdido; conseguirán una nueva versión del clásico de Shakespeare muy dinámico y entretenido.

Basándose en la frase de «el show debe continuar», ellos sienten que es un desastre lo que están llevando adelante a la vez que el director les da aliento diciéndoles cuán extraordinario está saliendo todo.

Utilizando la imaginación e invitando a los niños a jugar con ella, podremos descubrir que ciertos objetos impensados sirven para situarnos en tiempo y espacio sin precisar grandes lujos.

El famoso balcón ahora será representado por dos escaleras y, los amados, se mirarán a los ojos prometiéndose lo más profundo. Se respetarán los lineamentos principales de la historia que masivamente se conoce y la palabra veneno deambulará por la sala como si se tratara de una poción difícil de ignorar.

Un gran desenvolvimiento corporal y destrezas físicas se ven en escena, intentando ocultar la vergüenza ajena tras desplazamientos rítmicos.

Pata de ganso, un lugar muy familiar, llenó su sala y, entre todos, logramos darle aliento a esta versión de Romeo y Julieta. Prescindir de un escenario al igual que de objetos tradicionales para montar una obra épica es la solución para, muchas veces, crear productos artísticos diferentes y romper con los clásicos que se repiten sin, en general, cambiar o adaptar relatos a estos tiempos modernos en que es preciso facilitar el lenguaje y códigos para que un público más heterogéneo logre comprender las tragedias románticas de fines del 1500.

Sábanas, escobas, escaleras, telas pintadas e inclusive el sol y la luna que giraban para marcar el paso de las horas. Una función plagada de risas con tanta espontaneidad como empatía con los espectadores, consiguió marcar una huella entre grandes y chicos.

De este modo, el Festival Shakespeare le dio un lugarcito a Mónica Spada y Pablo Di Felice, quien dice no haber triunfado en Clave de sol, pero asume que en algún momento lo hará.

Quizás sea ahora, en vivo, junto a los niños, a su voz cautivante y a la de su compañera. Pasos firmes, luz, cámara y acción para que hagan magia con lo poco que encontraron detrás de bambalinas.

 Mariela Verónica Gagliardi

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Fragildad en estado de inmersión

El hombre lobo11

Con un disparo en la pierna es juzgado, aborrecido, temido y maldecido. Él, que solo pretende encontrar a su gato, es invitado a pasar y, de ahí en adelante, podrá conocerse la verdad del feroz hombre. Ese hombre que en las noches de luna llena logra burlarse del resto, mostrando colmillos y posturas grotescas, totalmente diferentes a las de un humano.

Esta historia, basada en la leyenda del lobison, seguramente, tiene la rigurosidad que muy pocos dramaturgos logran. Ese virtuosismo en las frases como para centrar al espectador en un tema y, luego, cambiar rotundamente, el desenlace.

Eduardo Rovner consigue que tres amigos se junten una noche en la casa de uno de ellos para explorar varios universos posibles e imposibles. Si bien la temática es la que hace referencia al título de la obra, en ésta se consiguen analizar otros subtemas mucho más profundos que la metamorfosis de un hombre mordido por la bestia.

Se cuestiona si un cazador puede no sentir culpa al matar y es que lo que se intenta es concientizar sobre un asesinato. Quien quita la vida para comer posiblemente no tenga cargo de conciencia, pero quien sienta placer al aniquilar un ser vivo, seguramente sí sienta que llevó a cabo un crimen.

Son sumamente interesantes los diálogos que giran en torno a esto y vale la pena ir más allá con el corazón y con la mente para iniciar un camino personal más coherente y real.

Y si no existiera la culpa, estos cazadores ni siquiera hablarían de dejar la caza. Posiblemente, siguieran con su rutina que tanto los fervoriza y llena de adrenalina. Por datos que nos van proporcionando, se trata de un conjunto de sensaciones diferentes que los impulsan a apretar ese gatillo disparando sin parar; no pensando en los latidos puestos en pausa para siempre.

El universo Rovner sí o sí entretiene, relaja y, más tarde, clava el anzuelo en el punto débil que tenemos como sociedad.

Entre anécdotas, historias y chistes de distinta índole; los amigos reciben a una mujer que los seduce con sus bailes como un ritual de luna llena. Y aquí surge otro punto importante que se refiere a ella. A simple vista solo es una mujer de la noche, aunque todo lo que compartirá con sus amantes será la puerta a lo que ellos intentan descubrir.

Aniquilar vidas ajenas por cobardía, por necedad o, peor aún, por temor a no revelar la propia identidad. El miedo a ser juzgado como poco valiente por otros hombres es lo que acobarda mayormente a estos mortales que frenan solo para apropiarse de dichas vidas ajenas.

Ladrones de verdades tapadas con cualquier manto encontrado, balas de plata que pretenden atravesar de un solo tiro, voces y pasos sospechados. Todo pasa esa noche y solo nosotros como público podremos conocer la verdad absoluta. Este es el principal hallazgo a lo largo de la dramaturgia: el conocimiento que se escatima a los demás personajes y que se comparte con los espectadores por no quedar otra alternativa posible.

Cada planta que va creciendo oculta más espacios vacíos en que podría esconderse el hombre lobo. Este “monstruo” que intentará vengarse de quien le disparó un mes atrás.

Este thriller considero que es más psicológico que convencional, permitiendo que la pieza teatral sea lleva adelante con un ritmo firme pero pausado, el cual da la oportunidad de que puedan elaborarse tantas teorías como se quieran hasta encontrar la preferida, aquella que encaje a la perfección con el desenlace de la historia.

Los simbolismos son imprescindibles en El hombre lobo -que necesita disfrazarse con un pelaje más grueso y, así, ocultar su fragilidad- utilizando diversos recursos para justificar el aniquilamiento.

Por último, la figura femenina es usada como objeto sexual, pretendiendo que su esencia sea dejada de lado en cada movimiento de su cuerpo. Ella es quien marca el recorrido del relato a pesar de hacerse énfasis en el género masculino.

Cada detalle visual y sonoro serán los protagonistas, más allá del texto que pretende llevarnos por un camino caprichoso e inteligente.

Cuántos hombres lobos andarán merodeando por ahí, pretendiendo ser confundidos con arbustos o animales voraces, intentando ser absorbidos por bosques inmensos para evitar asumir dolores impostergables.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Objeto de caprichos ajenos

Casandra iluminada4

Los mitos y leyendas son apasionantes y permiten que quien no conocía sobre una historia, pueda inmiscuirse de a poquito. Escuchando o leyendo, vamos recreando ese mágico universo sobre un hito real o ficticio.

En esta oportunidad, Casandra es la elegida para narrar sus propias vicisitudes, karmas, fatalidades y desilusiones, desde su propia voz, intentando desahogarse de algún modo.

Noemí Frenkel, escribe y protagoniza este unipersonal con un tema emblemático y vigente como lo es la violencia de género.

Es que aún la sociedad no logra entender qué es la violencia, siquiera, como para asumir que las mujeres somos más maltratadas que los hombres y que, además, existen diferentes tipos de agresiones para llevar adelante.

Esta versión de Casandra (titulada Casandra iluminada), además de contar a grandes rasgos el contexto de su vida y entorno, se centra en lo que siente. Desde su humilde posición, habiendo sido manipulada por varios hombres que pretendían diferentes cosas de ella; decide romper el silencio. Decide hablar para que no se repitan sus calamidades, para que la violencia se erradique -ya que de nada sirve-.

Vestida de blanco, como símbolo de pureza, con una muñequita igual a ella, se mueve, se desplaza. De repente, cae, exterioriza su sentir, se toma el tiempo que precise para -desde ahí- continuar su relato.

Los sonidos y la iluminación cambian, constantemente, para que la artista pueda focalizar en un tema u otro. Así es como se vuelven imprescindibles y, juntos, transitan momentos tristes y desesperanzadores.

Apolo es quien tortura a Casandra, maldiciéndola de tal manera que le quita poder a su don. Sin que nadie crea en sus predicciones, ella se sumerge en un mar de lágrimas -el mismo que la acompaña en una de las últimas escenas de la obra-. Esas aguas calmas y turbias, celestes como el cielo y frías como el desarraigo.

Casandra, abusada por su padre (el Rey Príamo) cuando, seguramente, ni se sabía el significado real de la palabra. Casandra que por no amar a quien la amaba fue maldecida. Casandra que fue entregada por su propio padre como trofeo a Agamenón. Casandra que, hoy, tiene la oportunidad de decir qué sintió antes de perder la vida o de quitársela.

No solo la dramaturgia es excelente sino el desenvolvimiento de su cuerpo en escena, teniendo un dominio total de cada extremidad y de su respiración. Podríamos no mirarla con los ojos para comprobar que en ningún momento exige a su respiración algo de aire para continuar. Sus posturas son perfectas y el entrenamiento que hace función tras función la dotará de avidez y militancia. Esta lucha que día tras día se lleva a tantas mujeres inocentes incapaces, a veces, de defenderse.

Esta combatiente, encerrada en un espacio que podrá ser abierto o cerrado según el momento a narrar; le permite a Frenkel doblegarse a su criterio. Parece no tener inconvenientes para tomar la forma que quiera, posicionar la mirada en un punto fijo, ser niña y adulta a la vez. Tomar conciencia de que su fin está por llegar y que ni siquiera haber predicho el sentido del viento o la misma Guerra de Troya, la eximieron de tanto dolor.

Sumisión, obediencia y maltrato fueron los sentimientos que invadieron a lo largo de su existencia a la desdichada princesa, quien con su hermosura despertó la ira de más de un hombre, despojándolos de sus pasiones y extirpándole verdades anticipadas.

Desprovista de esa fortaleza y suspicacia como para escudarse ante cualquier agravio, siente que ni siquiera sirve para cortarse tan bien la lengua y, así, quitarse el habla: (…) creí que iba a hacerlo tan bien tan bien que iba a estar liberada de hablar por el resto de mi asquerosa vida… qué fea palabra ¿no? ¿Asquerosa vida? (…).

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Mariela Verónica Gagliardi

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Ni San Cayetano se salva

El pan de la locura12

Es uno de los rubros que más se ve en un barrio, en un pueblo y en una ciudad. De diversos estilos y categorías, permitiendo que los clientes disfruten de ese aroma tan característico. Pero, ¿qué pasa cuando el negocio no está en condiciones, bajo ningún punto de vista y da lo mismo satisfacer que perjudicar?

La obra de teatro El pan de la locura (escrita por Carlos Gorostiza en 1958), muestra muy al estilo del autor cómo se puede atravesar una crisis. En principio parece ser algo cotidiano, la rutina que pesa, que abruma, que aburre; aunque luego se conocerá el real motivo de esta panadería, la ambición y ceguera de su dueño, el dolor por ocultar los sentimientos y una enorme cantidad de ejemplos que pueden notarse gracias a las caracterizaciones de sus personajes.

Mientras el pan es amasado por un inmigrante italiano que entretiene con sus agradables anécdotas, sus compañeros intentan jugar como niños -olvidándose del lugar en que trabajan-.

Justamente, la abstracción, es lo que los mantiene a salvo, permitiéndoles sonreír aunque solo sea por unos instantes.

La actuación de Matías Montaldo se disfruta desde que aparece en escena hasta que todo concluye. Emociona tanto su rol como profesionalismo, realizando uno de los personajes más difíciles de lograr e interpretándolo en todo momento sin perder rasgos durante el desarrollo.

Del resto del elenco también pueden destacarse unos más que otros (como ocurre con Soledad Andrián, Marcelo Ferreyra y José Manuel Mancera pero, tal vez, se trate de un gusto personal según los estereotipos creados.

En cuanto al eje central de la historia, se trata de una noticia que provoca la ira del más poderoso y la libertad del resto. Es gracias a un nuevo empleado que se conoce sobre una enfermedad que está alcanzando cada vez a más personas pero que se ignora su origen, entre otras cosas.

La locura es temida, desplazada, tapada e inclusive ultrajada por los más conflictivos. Una harina contaminada que no producirá malestar sino demencia, dolor físico y la muerte.

Son varios los pretextos que van surgiendo a lo largo de la dramaturgia y es muy interesante la complicidad que se produce entre una y otra persona.

Idefectiblemente, no pude dejar de acordarme de El puente y unir conceptos fundamentales entre ambas historias. Es increíble y estremecedor cómo la quietud puede ser corrompida por la voz externa. Cómo se le da entidad a cualquiera, cómo es necesario creer en algo o en alguien para sentir seguridad de algún modo.

Es esto lo que ocurre en El pan de la locura: la rutina los mantiene como rebaños sin que puedan cuestionar al sistema. Sin embargo, el padecimiento ajeno va creando conciencia en ellos y despiertan, de a poco, de esa quietud inmensa en que permanecían.

Ellos, son tildados como sujetos no pensantes, ignorando que en verdad tienen demasiado para decir y que cuando eso ocurra podrá ser demasiado tarde para quien los subestimó.

Con respecto a la escenografía y puesta en escena, realmente, logran recrear el espacio físico como una panadería de verdad. Utilizan mercadería real, utensilios y determinados objetos que están relacionados con el rubro. Sin lugar a dudas, la harina, es el elemento que nos permite sumergirnos en esta comedia dramática en la cual es imposible sentirse ajeno. Por el lado del vestuario, es el tradicional blanco del rubro, utilizando, además, ropa de calle normal en ciertos momentos de la historia.

La luz, tenue, más bien sepia, logra trasladarnos a esos años en que la Argentina intentaba conseguir una estabilidad política y económica, sin conseguirlo demasiado.

Todos tenemos cosas para replantearnos día tras día, pero ellos tiene al menos una oportunidad para cambiar sus rumbos, para desvincularse de un engranaje que en nada los beneficiaba y para poder ser parte de un nuevo modelo impulsado por ellos mismos.

Fueron muchos los cuerpos que cayeron tras el envenenamiento en Francia. Quizás por su lejanía costaba creer que en este barrio porteño ocurriera algo semejante. Ni la corrupción ni el egoísmo ni la burocracia pudieron salirse con la suya.

Tras los enmascarados estaba oculta la miseria, tan perversa como cierta y tan real como inesperada.

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Mariela Verónica Gagliardi

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¿Cuán creativo puede ser un niño?

Locas canciones7

María Elena Walsh, fue y será la autora para niños más importante. Desde el contenido de sus canciones hasta su intentiva, la posicionaron en el lugar que se merecía. Habiendo tenido que exiliarse del país, durante una de las dictaduras militares, su originalidad y valentía le dieron el don de propagar su voz por todo el mundo; depositando su ideología una y otra vez.

Muchas de sus canciones se continúan escuchando en diferentes espacios -públicos y privados-, analizando cada letra y apropiándose el argumento.

María Elena es nuestra y basta con oír un verso para recordar el título de la poesía o poema, para desear que continúe por siempre la melodía.

«Locas canciones» es un musical (escrito y dirigido por Hector Presa) que transita por algunos de los trabajos más interesantes de la autora argentina, otorgándole el plus de cuestionar varios de los aspectos concernientes a éstos.

Una reunión con María Elena les permite a tres niños descubrir un nuevo mundo en el que predomina la creatividad personal, sin fronteras ni lineamientos que determinen lo que está bien o mal. Mientras exista una aproximación a la rima, pueden inventar lo primero que se les cruce por la cabeza.

(…) Contemos un cuento, uno, dos, y tres, que acabe al principio y empiece después (…). Este verso que pertenece a Canción de títeres fue difundida, al igual que Manuelita, en el año 1962. Durante plena dictadura militar, Walsh supo, cautelosamente, escribir mensajes entre líneas para que la voz del pueblo jamás sea silenciada. Títeres los muñecos que transmiten palabras de otros, gobiernos de facto que pretendían, con la fuerza, desfigurar al país. Buscando y deseando que todo termine de una vez para reescribir la historia soñada por la mayoría.

(…) Me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres (…).

Sin duda que Canción de tomar el té es una de las más celebradas y aplaudidas por los pequeños ya que dentro de la misma ellos, también, pueden recrear ese contexto y jugar con sus amigos. Además, son varias las películas infantiles que tienen personajes a vajilla de la cocina entre sus predilectos, lo cual permite que la identificación y el simbolismo trasciendan espontáneamente.

Haciendo una lectura más adulta, las costumbres inglesas podrían estar siendo juzgadas por María Elena, al igual que ciertas ridiculeces que son tildadas así con ejemplos durante la canción. Lo que está bien y lo que está mal. La ironía como primer recurso para demostrar qué innecesario resulta copiar a otras culturas en lugar de evolucionar con la propia.

Entre coreografías entretenidas, un vestuario muy colorido al igual que vistoso y nuevas versiones -sobre los clásicos de la autora- surge una pieza teatral magnífica que permite a los espectadores disfrutar del aire fresco del jardín en el Teatro Larreta. La mirada de un niño se cruza con la de un grande para imaginar universos similares, opuestos o paralelos. De lo único que podemos estar seguros todos los admiradores de María Elena Walsh es que su gran capacidad para crear le dieron la oportunidad de vivir en un mundo diferente, por momentos, al real que se debatía entre uniformados e insensatos, entre perseguidores de un sillón y provocadores. Gracias a ella todos pudimos ser más felices y transmitir, siempre, un lindo mensaje.

Estos personajes de la obra musical intentan no preguntar demasiado, sin conformarse por ello, e inventar respuestas propias.

¿Quién dijo que acaso un adulto tenga la razón?

La verdad está en cada corazón que late y resuena en busca de certezas, las cuales -se evidencia- no existen; son inventos para los más dubitativos que no pueden seguir respirando si se les quita el manual de rigidez social.

Locas canciones merece un aplauso tras otro. No sólo por la temática central sino por enseñar sin limitar, sin condicionar e invitando al auto-aprendizaje.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Que dure lo que tenga que durar

Los últimos cinco años1

Existe una afirmación que gira en torno a que el amor dura para siempre, pero dicha frase es una de las utopías más grandes del universo. Así se trate de semanas, meses o años; nadie podría asegurar cuándo dos corazones dejarán de latir al unísono.

James Robert Brown utilizó su propio divorcio para crear un musical romántico, y dramático a la vez, llamado «The last new years». Esta puesta en escena muy sencilla, tiene su gran apoyo en una orquesta en vivo (dirigida por Hernán Matorra), mientras dos cantantes se lucen en la historia. Tanto en teatros como próximamente en el cine, el desenlace amoroso es uno de los temas más recurrentes a la hora de escribir dramaturgias.

Como si se tratara de una sola gran canción, «Los últimos cinco años» (dirigida por Juan Álvarez Prado) integra anécdotas, momentos lindos, otros tristes y todo aquello por lo que atraviesa un matrimonio a lo largo de una relación.

El Teatro Metropolitan oficia de loft para que Jamie Wellerstein (Germán Tripel), un novelista en ascenso, y Cathy Hiatt (Luna Pérez Lenning), se deshaoguen como mejor les parezca.

Formamos parte de una cultura que consume muchísimos productos norteamericanos y, si bien, tiene varios puntos a favor; las traducciones, el estilo y la fidelidad en cuanto a todo el argumento no les permite a los actores relajarse del todo para componer a estos personajes con un tinte más argentino. Y al referirme a esto no estoy haciendo hincapié en que sea un error respetar fielmente un guión, sino de utilizar ciertas palabras que lograrían un mayor acercamiento entre elenco y público.

Habiendo leído o no sobre el musical, se puede observar a Cathy y Jamie en extremos opuestos del escenario. Dicho espacio es su propia casa y, por otros momentos, se convierte en lugar de trabajo, living, oficina, carretera, entre algunos de los originados.

Si dejáramos de lado, por un instante, la trama del musical, estaríamos en presencia de dos historias paralelas que no se cruzan sino hasta avanzada la dramaturgia. Se puede comprender este romance gracias a determinada información, bien específica, sin la cual no se entendería.

Pero, más adentrado el relato puede justificarse por qué tal desconexión es así: ella narra momentos de su carrera como actriz, las frustraciones que no le permitían triunfar y, puede vislumbrarse, que dicha mala suerte por llamarla de algún modo fue uno los motivos por los cuales su relación no prosperó.

Por el lado de él, la sonrisa y felicidad lo impulsaron a la fama y a encontrar el amor en otras cosas y personas.

No es de sorprender que ante desequilibrios o problemas personales, se afecte a la persona que está a nuestro lado. Esta es mi teoría y lo que mis sentidos pudieron observar.

Las canciones van y vienen, mezclando pasado y presente constantemente. Juntos o separados, ellos resumen sus momentos más importantes (positivos y negativos), intentando continuar de la mejor manera posible.

No quieren relegar su deseo de sentir esa sensación en el organismo que solo puede producirla el hecho de que alguien les guste. Estar enamorado se vuelve el tema más trascendente de «Los últimos cinco años» y las consecuencias de no estarlo produce lo que algunos podrían interpretar como lo más relevante: la ruptura.

Reminiscencias de algo que duró lo que tuvo que durar y una mirada profunda sobre lo que significa ser feliz sin sentirse fracasado.

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Mariela Verónica Gagliardi

Los últimos cinco años
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Las estrellas celosas los mirarán pasar

La novia de Gardel10

(…) Me falta algo y ese algo sos vos, queridita Isabel. Pero no importa: pronto llegaré y será para no separarme más (…).

Solo un enamorado puede dar su corazón, extrañar, anhelar estar junto a ella y prometerle un futuro. Quién podría afirmar que si no hubiera existido el accidente sus vidas permanecerían juntas. Todo es tan incierto, incluso hasta su fecha de nacimiento, cada una de sus amantes y cuál era su verdad. No la que los medios transmitían sino la suya, aquella que le brotaba desde lo más profundo de su ser y que solamente él podría esclarecer.

Un corazón puede ser muy grande o muy pequeño. Puede alojar a un solo amor o a varios a la vez.

Carlos Romualdo Gardés, más conocido como Carlos Gardel y apodado el Zorzal o el morocho del Abasto; eligió la segunda opción. En realidad, los artistas, solían tener amoríos por doquier sin por ello dejar de amar a una en especial.

“La novia de Gardel” (escrita por Ana María Cores, Marisé Monteiro y Pablo Mascareño; dirigida por Valeria Ambrosio) retrata a una italiana que migró a Buenos Aires y, allí, conoció a su cantor, aquel que la embelesó por completo.

Con una escenografía muy bonita, proyecciones audiovisuales y detalles ornamentales; la historia avanza y retroce como lo precise.

Si bien el musical muestra a la joven (Ana María Cores) como una muchacha sumisa e idealista, existen rumores que cuentan otras versiones totalmente diferentes.

De cualquier modo, esta puesta en escena tiene como propósito homenajear a Gardel -quien murió hace ochenta años-, haciendo sonar aquellos tangos más conocidos, popularmente hablando, y que le valieron la fama. Algunos de ellos son: «El día que me quieras», «El corso», «Volver», «Milonga sentimental» y «La canción de Buenos Aires».

Más allá del dúo vocal, considero que es digna de destacar la elección de canciones que, en conjunto, se encargan de narrar el romanticismo de Carlos Gardel, sus viajes, cada gira, la fama, la desolación y el desarraigo constante que sufría. De esta manera existen dos posibilidades al interpretar la obra: una sonora y, la otra, dialogada. Creo que si se quitaran las conversaciones, el sentido de la historia se comprendería a la perfección; pero, de eliminarse las canciones ya la esencia de Gardel moriría junto a él.

Con respecto a la relación entre él y su amada, ella se llamaba Isabel del Valle. La diferencia de edad era notoria entre ambos ya que con tan solo catorce años se había enamorado del codiciado tanguero quien la doblaba en edad. Este aspecto no se ve reflejado en la obra ya que ocurre lo opuesto: ella es más grande que él.

Como una pieza de baile perfecta, comienza y termina con la misma escena, aquella que sacudió y sacudirá durante la función a todos -tan desgarradora como fugaz-.

La juventud lo marcó, lo proveyó de tanto entusiasmo que le permitió soñar y avanzar. Habiendo sorteado todo tipo de obstáculos, se encaminó a cuanta gira se le presentó, siéndole fiel a su corazón aunque no a su biología.

Su destino lo enfrentó, dejando atónita a su principal mujer, con quien deseaba casarse algún día.

La voz de Gardel (interpretada por Mariano Depiaggi), su voz con esa tonalidad casi imposible de imitar no puede vibrarse en escena y es que las copias no sirven de mucho. Mariano logra capturar su imagen, modismos y esa frescura que lo hizo brillar por siempre. Esto es más interesante que encontrar a un cuasi Zorzal.

Ese zorzalito a quien Isabel hablaba día y noche, a quien le cuestionaba, junto a quien lloraba y de quien aprendía a cantar los más bellos versos.

El Teatro Regio le permitió a la historia del tango, vivenciar momentos de la intimidad de esta pareja. No interesa qué fue verdad y qué mentira. No nos corresponde juzgar si se trató de amor por conveniencia, si fue una pantalla o si realmente se amaban con locura.

Mientras Isabel cose y plancha, los años 30’ parecen establecerse en escena, desde la vestimenta hasta el léxico utilizado. Desde los movimientos de sus cuerpos hasta las palabras esbozadas por sus bocas.

Volver es lo que no pudo y quizás fue lo único que salvó a su mujer del escándalo público, de las conjeturas, de las charlas sobre infidelidad. Tal vez, las palabras y los versos fueron el romance idílico entre ellos. Cada carta y documento podrán hablar a favor o en contra de ella, ensalzando siempre la figura de uno de los más grandes y venerados del reino arrabalero.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Degustar la vida

Yo me lo guiso, yo me lo como3

Mi pelo ya no sólo es rojizo sino que tiene un aroma a ajillo. Pasaron minutos y sigue impregnado. No es como la sensación de un perfume o shampú artificial sino que te traslada, obligatoriamente, a un lugar.

Generalmente, durante la infancia nos empapamos de aromas y sonidos que, más tarde, nos retrotraerán al pasado, a un momento preciado en que fuimos muy felices, a esos años en que conocimos la libertad, a épocas donde sólo importaba ser sin siquiera simular.

La obra de teatro «Yo me lo guiso, yo me lo como» (ideada y protagonizada por Carmen Mesa, con dramaturgia de Erika Halvorsen y dirigida por Gina Piccirilli) es por su excelencia una de las mejores piezas artísticas de la actualidad. Dentro de la misma se confluyen varios géneros y estilos que logran mostrar la simpleza de una bailarina española que se atrevió a soñar despierta.

No existe una historia a contar sino fragmentos de su vida que enaltecen a la dramaturgia y la dotan de una sensibilidad que eriza la piel hasta lagrimear.

Las niñas bonitas no pagan dinero, canta sonriendo a la vez; sumergiéndose a lo largo de la función en su niñez e indispensablemente teniendo al público como partícipe de cada uno de sus logros y frustraciones.

Para completar la puesta en escena, dos músicos acompañan a la bailaora y los detalles de cada mueble, artefacto y accesorio, nos llevan de viaje a la cocina de Carmen, esa habitación tan temida por algunos y tan adorada por otros. Así es como la sala dos del Teatro La Comedia se convierte en anfitriona para recibir a cada uno de sus invitados. Eso somos todos: invitados.

Ella dora los ajos, combina fragancias y condimentos para que la receta de su madre sea conocida por nosotros. Claro que la idea de la obra no es que aprendamos a cocinar sino que entendamos lo esencial que resulta tener raíces y un pasado que nos habite.

Y en un momento de la obra se refiere a esta temática, explicando qué significa el flamenco, esta danza tan terrestre, lo cual no es mera casualidad. Los pies en contacto con la tierra, al ras de ésta, enredándose hasta sentir lo maravilloso que es bailar alrededor de una cacerola en que se cuecen alimentos. Los que serán nuestra comida, esa que nos deleitará de principio a fin.

Nutrirnos de lo que elegimos, dejando de lado aquello que no nos interesa en lo más mínimo. Amar la vida y depositar cada gramo de energía en buscar el tesoro de la felicidad, sin la cual una oruga puede ser concebida como la criatura más espantosa o, creer que puede convertirse en la mariposa que recorrerá los cielos más esperanzadores.

Carmen Mesa elige sus anécdotas como si fueran recetas perfectas y las combina con su especialidad que, metafóricamente, es su modo de narrar. La facilidad de transmitir hechos con una suspicacia tan real como encantadora, utilizando palabras sencillas y otras específicas españolas.

Una vez más, la autora se luce utilizando el recurso biográfico, aquel que permite que el público se identifique con la historia, con la protagonista, con los sabores, con una tierra tan lejana pero cercana a la vez. Los pasos de flamenco recorren la cocina mientras las papilas gustativas y todos los sentidos pretenden atravesar el escenario. Una vez que el relato produce un quiebre, el rumbo del mismo cambia y es allí cuando tenemos que reconocer los puntos más nostálgicos en nuestro ser, los que otorgarán el placer máximo de degustar nuestro propio plato principal, nuestra propia experiencia y nuestro propio camino.

Yo me lo guiso, yo me lo como ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La corona menos deseada

La noche en que Fortimbrás se emborrachó1

Al ingresar al Teatro Sarmiento se puede notar cómo una arquitectura con profundidad de campo y perspectiva, nos permite viajar hacia varios siglos atrás. Una escenografía en tonos grises, con luces tenues que acompañan la fría noche en que transcurre la historia, una tragicomedia en que se conjugan el drama, la comicidad, el absurdo y todo el despliegue que corresponde a una verdadera puesta en escena antigua.

Agustín Alezzo es el responsable de la puesta en escena y dirección de esta obra y a él debemos agradecerle por todo lo que puede apreciarse durante la función, deleitándonos con las caracterizaciones de los personajes y riéndonos de un Rey que permanece en su trono aún muerto, despertando la intriga de su figura y de las escenas que lo incluirán como objeto que debe estar rigurosamente donde está.

Estaremos en presencia de dos textos similares y opuestos, en algunos puntos, entre sí. Como si se tratara de un ring de titanes, Shakespeare y Glowacki se disputan erigirse como mejores literatos. Un inglés y un polaco que no se conocieron por haber nacido en distintos momentos de la historia pero que, en el caso del segundo, tiene la ventaja de conocer todas las obras del primero como para hacer lo que quiera con ellas.

En esta ocasión, Glowacki, toma a la novela de Hamlet como puntapié para narrar una dramaturgia realmente diferente en que se mezclan distintos géneros y estilos artísticos.

Por un lado, Fortimbrás (sobrino del rey de Noruega e hijo del rey Fortimbrás, que murió durante una batalla contra el rey Hamlet) deberá hacerse conocer por el pueblo noruego sin que por ello sea asociado con su padre ni juzgado por acciones o pensamientos que no le corresponden. Las asociaciones o encasillamientos no tienen lugar en esta versión recreada por el polaco, donde priman las genialidades y el modo de juzgar el statu-quo y todas las herencias que giran en torno a la corona.

Justamente, la original dramaturgia titulada “La noche en que Fortimbrás se emborrachó” (originalmente “Fortinbras gets drunk”, escrita por Janusz Glowacki) enfrenta a Hamlet (Dinamarca) con Fortimbrás (Noruega), un enfrentamiento que no es casual sino que está fundamentado entre dos países limitados por una estrecha frontera.

En la historia de Hamlet, éste lucha contra Fortimbrás (ambos padres), disputándose los territorios y quedando en evidencia sus propósitos. Hamlet es quien gana y, luego, muere sin saberse el motivo de su deceso. Este misterio es el hilo conductor y lo que mueve a toda la historia épica por parte de un bando y del otro.

La ironía presente en los diálogos y las ejecuciones de aquel entonces confirman que las cabezas decapitadas están guardadas como muestras de poder, un poder sin inteligencia y del cual Fortimbrás (hijo) ni siquiera pretende formar parte. Él mismo se ríe de su vida, del descontrol y de las tradiciones monárquicas a las que no les encuentra sentido.

El fantasma del fallecido Rey Hamlet, se supone aparece y es tema de preocupación y delirios por parte de sus familiares y conocidos. De hecho, el espíritu le informa a su hijo quién y cómo lo han asesinado.

Con respecto a la versión de Fortinbras gets drunk, los noruegos envían a Dinamarca un fantasma del rey Hamlet que es en verdad un espía encubierto, es así como nadie sospecha de Fortimbrás por su gran adicción a las bebidas alcohólicas.

Si bien, es de temer una posible invasión por parte de Fortimbrás, este muchacho se sumerge en el alcohol y las mujeres, descontrolándose como un adolescente. Esto se puede observar en tan solo unos minutos en que se desploma en la cama sin fuerzas para luchar, absorbido por sus deseos involuntarios.

En esta oportunidad, la mirada es puesta del lado noruego y varias cuestiones del relato son modificadas por Glowacki. Una de ellas es la que se refiere al sucesor del trono en dicho país. En Hamlet (de Shakespeare) se puede ver casi llegando al final, que éste antes de morir pide que lo ocupe Fortimbrás; mientras que en la presente historia ocurre a la inversa.

Son muchos los interrogantes, la ausencia o falta de identidad y los propósitos personales que tanto Fortimbrás como Hamlet pretenden llevar a cabo. Esto puede relacionarse con la Noche de 400 años, que se basó en la unión, casi obligatoria, que tuvo que llevar adelante Noruega -por su debilidad como país- con Dinamarca desde fines del siglo XIV, motivo por el cual ni todas las bebidas del mundo podrían ahogar las penas sufridas por este reino, aunque no hayan tenido la figura de un Rey (al fallecer Hamlet) que tome las riendas, e intentando manejarse de manera absolutista para exterminar a cualquier costo a quienes sí se suponía eran hostiles y capaces de tener el mando.

La noche en que Fortimbrás se emborrachó fichaMariela Verónica Gagliardi

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