*** Julio 2017 ***

El pan de la locura12

Es uno de los rubros que más se ve en un barrio, en un pueblo y en una ciudad. De diversos estilos y categorías, permitiendo que los clientes disfruten de ese aroma tan característico. Pero, ¿qué pasa cuando el negocio no está en condiciones, bajo ningún punto de vista y da lo mismo satisfacer que perjudicar?

La obra de teatro El pan de la locura (escrita por Carlos Gorostiza en 1958), muestra muy al estilo del autor cómo se puede atravesar una crisis. En principio parece ser algo cotidiano, la rutina que pesa, que abruma, que aburre; aunque luego se conocerá el real motivo de esta panadería, la ambición y ceguera de su dueño, el dolor por ocultar los sentimientos y una enorme cantidad de ejemplos que pueden notarse gracias a las caracterizaciones de sus personajes.

Mientras el pan es amasado por un inmigrante italiano que entretiene con sus agradables anécdotas, sus compañeros intentan jugar como niños -olvidándose del lugar en que trabajan-.

Justamente, la abstracción, es lo que los mantiene a salvo, permitiéndoles sonreír aunque solo sea por unos instantes.

La actuación de Matías Montaldo se disfruta desde que aparece en escena hasta que todo concluye. Emociona tanto su rol como profesionalismo, realizando uno de los personajes más difíciles de lograr e interpretándolo en todo momento sin perder rasgos durante el desarrollo.

Del resto del elenco también pueden destacarse unos más que otros (como ocurre con Soledad Andrián, Marcelo Ferreyra y José Manuel Mancera pero, tal vez, se trate de un gusto personal según los estereotipos creados.

En cuanto al eje central de la historia, se trata de una noticia que provoca la ira del más poderoso y la libertad del resto. Es gracias a un nuevo empleado que se conoce sobre una enfermedad que está alcanzando cada vez a más personas pero que se ignora su origen, entre otras cosas.

La locura es temida, desplazada, tapada e inclusive ultrajada por los más conflictivos. Una harina contaminada que no producirá malestar sino demencia, dolor físico y la muerte.

Son varios los pretextos que van surgiendo a lo largo de la dramaturgia y es muy interesante la complicidad que se produce entre una y otra persona.

Idefectiblemente, no pude dejar de acordarme de El puente y unir conceptos fundamentales entre ambas historias. Es increíble y estremecedor cómo la quietud puede ser corrompida por la voz externa. Cómo se le da entidad a cualquiera, cómo es necesario creer en algo o en alguien para sentir seguridad de algún modo.

Es esto lo que ocurre en El pan de la locura: la rutina los mantiene como rebaños sin que puedan cuestionar al sistema. Sin embargo, el padecimiento ajeno va creando conciencia en ellos y despiertan, de a poco, de esa quietud inmensa en que permanecían.

Ellos, son tildados como sujetos no pensantes, ignorando que en verdad tienen demasiado para decir y que cuando eso ocurra podrá ser demasiado tarde para quien los subestimó.

Con respecto a la escenografía y puesta en escena, realmente, logran recrear el espacio físico como una panadería de verdad. Utilizan mercadería real, utensilios y determinados objetos que están relacionados con el rubro. Sin lugar a dudas, la harina, es el elemento que nos permite sumergirnos en esta comedia dramática en la cual es imposible sentirse ajeno. Por el lado del vestuario, es el tradicional blanco del rubro, utilizando, además, ropa de calle normal en ciertos momentos de la historia.

La luz, tenue, más bien sepia, logra trasladarnos a esos años en que la Argentina intentaba conseguir una estabilidad política y económica, sin conseguirlo demasiado.

Todos tenemos cosas para replantearnos día tras día, pero ellos tiene al menos una oportunidad para cambiar sus rumbos, para desvincularse de un engranaje que en nada los beneficiaba y para poder ser parte de un nuevo modelo impulsado por ellos mismos.

Fueron muchos los cuerpos que cayeron tras el envenenamiento en Francia. Quizás por su lejanía costaba creer que en este barrio porteño ocurriera algo semejante. Ni la corrupción ni el egoísmo ni la burocracia pudieron salirse con la suya.

Tras los enmascarados estaba oculta la miseria, tan perversa como cierta y tan real como inesperada.

El pan de la locura ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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