*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La imposibilidad de decir te amo

Werther157

Jules Massenet (1842-1912) es un compositor francés muy distinguido, del Siglo XIX, pero que no contó en su momento -como solía ocurrir en aquella época- con la aprobación del público, a nivel masivo.

Sus piezas musicales denotan una sensibilidad extrema, que lo exhiben como una figura romántica de antes y de ahora.

En cuanto a sus óperas, algunas de las que ha escrito son: La coupe du roi de Thulé (1866), Le Grand-Tante (1867), Manon (1884), Le Cid (1885), Esclarmonde (1889), Werther (1892) y Thaïs (1894).

La presente pieza artística, que abre sus puertas en el Teatro Avenida, es Werther. Una historia que se basa en el amor, en el suicidio y en las familias conservadoras.

Inspirada en la novela epistolar de Johann Wolfgang von Goethe, titulada Los sufrimientos del joven Werther (basada en la desventura sufrida por el autor, cuando en 1772 conoció a Charlotte Buff, casada con un funcionario de apellido Kestner, y se enamoró de ella. Si bien al tiempo formó pareja con otra mujer, sus penas fueron puestas en páginas), permitió que Édouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann le otorguen un vuelo diferente (aunque conservando sus principios y esencia original) ya que cuando Massenet decidió sumergirse en las páginas de Goethe, habían transcurrido alrededor de cien años desde su escritura.

Este drama lírico en cuatro actos, describe una época en que la Iglesia, la sociedad burguesa y el amor imposible; se cruzaban para enfrentarse, diluirse y traicionarse. El romanticismo como camino, como ruta a seguir, a transitar en el 1800 trayendo al joven Werther para demostrar cómo la rigidez de las instituciones (Iglesia Católica, Familia) permitían el descontento de personas como él, no siempre hallando un final feliz.

¿Por qué es imprescindible la vida de este enamoradizo y utópico hombre?

Justamente porque sin llegar a ser un “rebelde” se deja guiar por su corazón, persiguiendo a Charlotte quien está por casarse con Albert, aún sin amarlo. Los matrimonios por conveniencia, las promesas, el sufrimiento y las condenas propias e impuestas, son algunos de los rasgos que delineaban la vida tradicional del romanticismo. Trasladado de Alemania a Francia, el escenario se vuelve aún más conmovedor, tierno y con la ilusión de que la tragedia no sea como la versión alemana. Si bien, sabemos que los dramas pincelados por franceses son indispensables al momento de narrar una pieza lírica.

No existen demasiadas vueltas en esta historia. El argumento gira entorno a este amor no correspondido socialmente (ya que ellos se aman) y a los mandatos familiares que se imponen sobre cualquier sentimiento noble.

La sencillez de la trama es lo que permite que disfrutemos de las voces tan bien proyectadas por sus protagonistas, por el coro de Buenos Aires Lírica y el acompañamiento imprescindible de la Orquesta (dirigida en esta oportunidad por Pedro Pablo Prudencio).

Como suelo decir, humildemente, ingresar a una ópera es sumergirse en un universo completo en que se fusionan, a la perfección, las artes escogidas para desplegar en escena. Por tres horas, el mundo externo para borrarse para darle lugar a un cuento en que el vestuario, la música, el canto y las actuaciones nos harán vivir un momento único.

En cuanto a la difusión de la obra de Goethe, los jóvenes europeos solían vestirse como el personaje, copiarlo (lamentablemente en cuanto a su última acción) y ser considerada por Napoleón Bonaparte como uno de los trabajos más importantes en el continente (de hecho solía llevar siempre una copia consigo).

Durante el Primer Acto, que tiene lugar en la casa del Burgomaestre (Cristian De Marco), quien comienza a deleitar con la introducción de la historia -la cual es cedidad después de la gran apertura a cargo de la orquesta-. Este Bajo realmente es excelente y su interpretación y vestuario lo convierten en verdadero anciano que le enseña a los niños unos villancicos para la Navidad que está pronta a llegar. La alegría de estos pequeños se reluce en sus rostros que alegran, una y otra vez, las situaciones dramáticas.

Mientras el Tenor que encarna a Werther (Gustavo López Manzitti) comienza a contar sus vivencias y augurios, deseamos que Charlotte le sea correspondida al menos un momento. No existen demasiadas palabras para describir a este artista que se lleva la ovación del público y la compasión por su nostalgia en carne viva. Una verdadera obra maestra se produce y las melodías ayudan a nuestra imaginación, a una imaginación que conoce cada situación venidera y que no puede hacer absolutamente nada para evitarla más que desearla.

Al ingresar Charlotte, se produce un quiebre importante entre las canciones navideñas y la melancolía de Werther. La mezzosoprano hace su aparición y la femineidad que la caracteriza, le permite desplegar desde su ternura absoluta hasta su vocalización que consigue crear diversos climax a lo largo de la dramaturgia.

También ingresan a la casa, Sophie, (la Soprano Laura Sangiorgio, quien generó momentos inolvidables y con una magia escénica increíble) y, al instante, el prometido de Charlotte, Albert, (el Barítono Norberto Marcos Barítono). Ya están todos los protagonistas juntos como para hacer rodar la historia. Una historia que tendrá un final diferente a la original escrita por Goethe y que, seguramente, le gustará más a los espectadores.

Un despliegue conmovedor, una puesta en escena a cargo de Crystal Manich, increíblemente pintada de diversos colores según la escena a desarrollarse (gracias a la iluminación de Rubén Conde y la escenografía de Noelía González Svoboda), el vestuario épico dotado hasta con el mínimo detalle (diseñado por Lucía Marmorek) y un grupo de talentosos cantantes que saben vocalizar no solo con sus cuerdas vocales sino con sus cuerpos, unos cuerpos que hablan, que silencian miedos, que callan verdades y que cuando llega el desenlace ya no pueden evitar.

Dirección musical: Pedro-Pablo Prudencio. Puesta en escena: Crystal Manich. Diseño de escenografía: Noelia González Svoboda. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Dirección de coro: Juan Casasbellas. Dirección de coro de niños Petites Coeurs: Rosana Bravo. Funciones: 31 de julio, 2 6 y 8 de agosto.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vivan las diferencias

Los fabulosos Buu

El mundo color de rosa y el mundo de la oscuridad, se enfrentan como fieles enemigos. Todo lo mágico, lo delicado y “perfecto” aparecen en uno de los personajes, mientras el resto se encuentra en las penumbras más tenebrosas.

Una familia, de apellido Buu, protagoniza esta entretenida historia que lleva el título de Los fabulosos Buu (con idea de Barby Ostrovsky, escrita por Gastón Marioni, dirigida por Rubén Viani y con música de Hernán Matorra), en que todo lo que se creía de una manera se da vuelta. Sí, como el mundo del revés.

Cada teoría esbozada se cuestiona para, luego, analizarla y cambiarla. No existe lo correcto o incorrecto, el bien o el mal. Solo los supuestos cobran protagonismo para replicar diferentes pareceres.

¿Quién no ha visto Los locos Adams sin sentir fascinación por los personajes, por su estilo de vida y, seguramente, creyó que la locura era otra cosa? Los Buu (Silvana Tomé, Alfredo Allende y Meme Mateo) son adorables, atípicos y convierten lo espantoso en divino.

Hoy me levanté con el pie derecho – menciona la madre de Mía al comenzar su día. Y todos los parámetros y supuestos se tiran a la papelera de reciclaje.

Mal día, se dice al hablar por teléfono, y las carcajadas surgen sin parar hasta el final.

Cada frase y cada estructura se convierten en lo opuesto, valiéndose de la originalidad y creatividad.

¿Cómo podría ser que un monstruo no asuste y una cara bonita sí?

Hay gustos para todos y elecciones para todos.

Los fabulosos Buu es una pieza artística que tiene el honor de contar con una dramaturgia excelente, que despierta a aquellas mentes cerradas y a los corazones estructurados, haciéndoles conocer que no solo existe un mundo posible sino al menos dos y que se puede ignorar uno pero no invalidarlo. Como herramienta fundamental de esta comedia se encuentra la música, a cargo de Hernán Matorra, que le otorga dinamismo y acción a la trama; al igual que la dirección impecable y precisa de Rubén Viani.

Esta familia, compuesta por un matrimonio y su hija, vive feliz hasta que ésta última descubre que existe otra realidad posible y con la que se quiere vincular. Así, comienzan los conflictos que irán, de a poco, solucionándose.

Ante lo desconocido es común que exista una especie de miedo o temor. Sería como conocer a una sociedad con costumbres y valores opuestos a los nuestros, o con diferentes concepciones sobre la vida o el universo.

Luna (Sofía Pachano) es la niña bien, delicada, vestida con colores femeninos y dotada de una gracia absoluta para lo artístico. Frente a ella, su nueva compañera de colegio, Mía (Meme Mateo), quien contrasta y es capaz de mostrar cómo ser una monstrua puede llegar a ser lo más lindo y actractivo en cuanto a belleza.

Villa Espanto vs. Bella Vista, dos ciudades con particularidades que se enfrentan y unen para nutrirse y aprehenderse.

Toda certeza es esparcida para crear, en conjunto, un nuevo lugar donde pueden convivir los lindos, los feos, los aceptados, los rechazados, los que afinan y los que desafinan. Hay pocas cosas que no se pueden cambiar y esta es una de las enseñanzas en las que se apoya la dramaturgia.

A Mía le atrae lo desconocido y, como toda niña, no tendrá temor en andar por el camino prohibido y descubrir, por sus propios medios, si su familia es un ejemplo a copiar o si prefiere otro distinto.

El encargado de resaltar los valores de ambas compañeras de curso será el profesor de arte (Sebastián Pajoni), un docente, también, no convencional, que logra maravillarse ante la vida y enseñando aquello que no está en los libros sino en lo cotidiano.

Como si fuera una poción mágica, este grupo de talentosos, viene a ocupar el escenario desde un lugar diferente en que lo normal asusta y lo anormal atrae.

Muchas veces pienso que tenemos una sociedad bastante dormida y que, si todos, hiciéramos arte, el mundo estaría pintado de colores, como un arco iris. Como eso no ocurre, el resultado es una sociedad que juzga al que se sale de los estereotipos de belleza, de moda, de normalidad…

Entre coreografías, cantos y diálogos, Los fabulosos Buu consigue lucirse y permitir que quienes no sean convencionales tengan su espacio para sentir comodidad y relajarse -al menos durante una hora-.

Qué lindo y cuán gratificante sería para nuestra cultura el poder dar sin esperar recibir, y el hacer sin pretender.

Como copias idénticas, todos y todas quieren parecerse -de pies a cabeza- y no ser señalados con el dedo. Quizás, el primer cambio para ser como los Buu se base en no esperar la aprobación ajena sino en tener confianza en cada paso que demos. Solo así se podría esperar una integración del resto, de esa masa que se cree intocable y que tiene mucho caminar por aprender de familias como esta. Un maquillaje asombroso, una careta o una pluma en la cabeza. ¿Qué importa lo que se luzca?

Casi todo puede adquirirse, solo es cuestión de soltar y soltarse.

Elenco: Sofia Pachano, Silvana Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende, Sebastian Pajoni. Música: Hernán Matorra. Idea y coreografía: Barby Ostrovsky . Dramaturgia: Gastón Marioni. Dirección general: Rubén Viani. Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444 – C.A.B.A.).. Funciones de martes a domingos, 16 hs y 18 hs.

Mariela Verónica Gagliardi

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Camino a la gloria

Eso que vos y yo llamamos plenitud

Lo que no se dice, no existe. Lo que se tapa, se esfuma. Lo que existe, perdura en la memoria, en ese inconsciente que se ama y odia en determinados momentos de la vida.

Nadie sabe cuándo le llegará el día ni qué sentirá en esa intrigante situación en que la muerte se avecina. Siempre de negro, buscando a su próxima víctima, se unen en un camino que desorienta a los que quedan de este lado.

Existen tantas historias, cuentos, narraciones, poesías, poemas, ensayos, crónicas y demás escritos acerca de la parca que la originalidad se deja a un lado. Es entonces cuando los personajes tienen que convencer al lector, a su público, de sorprender dejando una huella eficaz para diferenciarse de los demás relatos.

La intriga que gira entorno a la muerte provoca pánico en algunos y deseos en otros. A veces se conjugan y otras se aniquilan.

Eso que vos y yo llamamos plenitud (escrita y dirigida por Mauro Molina) atraviesa ese sendero de luz y oscuridad para hacernos entender -con palabras y sensaciones- que nada es tan bueno ni tan malo como parece.

Protagonizada por la talentosísima María Viau -quien interpreta a una mujer que se encuentra en coma hace cinco años- y un gran elenco, esta obra de teatro dramática toca los puntos necesarios para despertarnos a todos: a quienes estamos despiertos de verdad y a quienes duermen de reojo.

La ambientación de hospital está lograda perfectamente, tanto por la parte de mobiliario y ornamentación, como por el médico y enfermera que “cuidan” a la padeciente. En verdad no sé si tildarla de padeciente porque sufre -porque de hecho no sufre físicamente- o porque nadie tiene la valentía para desconectarla y dejarla ir -para que no sufra, ahora sí, la rutina ridícula de conversaciones entre estos profesionales de la salud que bien podrían ser cocineros o vigiladores de un zoológico.

Ella, ahí, tendida en la cama con los ojos cerrados, consiguiendo la pesadez y liviandad de un cuerpo extenuado y sin vitalidad. Claro que su ritmo cardíaco se acelera al escuchar las palabras de su marido (Javier Pedersoli), quien la visita cada vez menos y quien tiene para darle algunas noticias. Cuando eso ocurre, ella parece sumergirse en un mundo metafórico y subrealista en el que se convierte en su heroína favorita, consiguiendo todo lo que se propone.

Justamente, la dramaturgia establece los códigos necesarios para comprender cuándo se narra un universo real o ficticio, hasta que confluyen y disuelven.

Valiéndose de proyecciones visuales, encargadas de detallar cómo era la vida de esta pareja, quién era cada uno y qué lugares ocupaban; para, luego, retomar el presente que tanto duele y aqueja.

Eso que vos y yo llamamos plenitud, también, hace su bajada de línea en cuanto a la eutanasia. No la menciona como tal, pero sí recrea un universo poético y explícito en que el cuerpo de ella llora a gritos por esa liberación. Ella no esta muerta, pero no despierta. No está viva aunque su corazón late a diario.

Todo en nuestra sociedad, con el peso que aún conserva la Iglesia, se vuelve tremendo y siempre la palabra asesinato prevalece a toda argumentación lógica. La moral, como si una religión pudiera dar cátedra de esto, pareciera ser la respuesta a toda hipótesis. Entonces, pregunto al universo entero: ¿por qué nadie titubea, en general, cuando tiene que darle la inyección a su “mascota” para evitarle más sufrimiento en vida? ¿porque es un ser inferior o porque no se tiene culpa al decidir sobre un animal?

Una persona se siente plena, todos de hecho nos sentimos plenos, cuando somos felices. ¿Y cómo puede ser feliz una persona que está en posición horizontal sin moverse en absoluto, sin mirar el sol, sin compartir una charla o nadar en el mar?

Cada quien tendrá más o menos motivación en su vida pero, nadie, puede negar esto.

Una rata (Mauricio Borzone), como simbolismo de tantas cosas que se le podrían atribuir, es su compañía, es a quien llama en sueños y despierta sin poder hacerlo vocalmente.

Un médico (Gabriel Yamil) y una enfermera (Valeria Tercia) que son tan bien estereotipados que creo que cualquiera de nosotros preferiría auto exterminarse antes que subsistir al lado de ellos. Y un marido culposo que acciona de un modo tal que puede ser juzgado, condenado o querido. En realidad, las tres cosas. De hecho la Iglesia menciona hasta que la muerte los separe.

¿Una persona en coma está viva o muerta?

¿Un bebé es bebé cuando nace o cuando se produce la fecundación?

La moralidad de una institución que ha intervenido en dictaduras militares y que ha visto derramar demasiada sangre, no debería poder tener la última palabra. Nuestro país ya no es creyente. Precisa creer en algo o en alguien. Quizás si existieran nuevas políticas en manos de políticos comprometidos y no culposos, estos temas tan importantes e imprescindibles podrían encauzarse bien y resolverse. ¿Por qué otro puede definir nuestros días y nosotros mismos esperar un milagro cuando, quizás, nunca ocurra?

¿El milagro sería despertar y continuar como el día del accidente?

¿El tiempo acaso se congeló para esperar ese milagro tan deseado?

Desconectame – se escucha decir una y otra vez. Desconectame…

Dramaturgia, puesta en escena y dirección: Mauro Molina. Elenco: María Viau, Javier Pedersoli, Valeria Tercia, Gabriel Yamil y Mauricio Borzone. Funciones: Jueves 21:30 hs. El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Existe un mundo sin wifi

Desenchufados

Es cierto que los tiempos cambian, pero, no necesariamente el pasado fue mejor. Los años hacen que, a la distancia, lo de antes se convierta en un ilusionismo en que lo malo desaparece y le da lugar a lo bueno. Como si el paso del tiempo se esfumara y disolviera aquellos pesares o disgustos.

Quienes nacimos antes podremos hacer un balance, en cuanto a entretenimientos, que las generaciones de ahora no podrán.

Recuerdo que en mi niñez si me nombran el juego de la payana, me sonaba a retrógrado y aburrido. Al igual que a un chico contemporáneo si se le menciona cuán divertido puede resultar jugar a la pelota en la vereda irá corriendo con su videojuego último modelo.

Lo que en su momento fue furor (recuerdo la mascota tamagochi a la que había que atender como si fuera un bebé) ya no lo es. Las comunicaciones se enfriaron en líneas generales, hablar por teléfono fijo casi no se estila y verse, es a través de una pantalla de videocámara.

Esta era en que la tecnología ha hecho sus avances, la especie humana dejó de comportarse como tal, para asemejarse más a un aparato.

¿Cuántos niños, hoy en día, redactan cartas y las envían por correo?

No soy tan antigua y, sin embargo, la Times New Roman es conocida y adoptada por todos, sin existir diferencias en cuanto a caligrafía. ¿Cartas de amor?

Si hasta las escuelas incorporaron, de a poco, la computación para no dejar a nadie al margen, permitiendo escribir en computadoras portátiles.

Todo en su justa medida. Una cosa es incluir y otra diferente provocar adicción o trastornos de dependencia.

Wifi Fest, La fiesta desenchufada (de la Compañía Desenchufados) es una suerte de cable a tierra, una mirada introspectiva y un tirón de orejas para los adultos presentes que -muchas veces- prefieren darles una tablet a sus hijos para sacárselos de encima.

A partir de un corte de luz, un grupo de amigos tiene que rebuscárselas para divertirse, prescindiendo de internet. Recordando que existen los libros de papel, se leen unos a otros diferentes historias, inventan personajes y convierten una tarde en pura música.

Además de ser una obra muy entretenida y llena de color, los artistas apoyan sus destrezas en la percusión -utilizando objetos reciclables como tachos de residuos, bidones de agua, ollas y coladores, entre algunos de los que aparecen en escena-.

Valiéndose de la imaginación, un ruido lo convierten en sonido y, de a poco, los juegos se van desarrollando hasta llamar la atención de todos los espectadores.

El único aspecto que quisiera subrayar es que no se canta en vivo, lo cual es notorio porque sí hablan durante las escenas y existe una gran diferencia vocal entre sonidos grabados e interpretados en el momento. Existen, de hecho, varios elencos que, por diversas razones, eligen hacer playback.

Dejando de lado esto, considero que es una propuesta que le enseña a toda la familia cómo entretenerse ante situaciones inesperadas, permitiendo disfrutar sin depender de la tecnología.

Agradables melodías acompañan el desarrollo de esta dramaturgia que hace participar al público en un momento determinado, siguiendo las instrucciones del grupo.

Marta Mediavilla es quien más sobresale en esta fiesta con una sonrisa contagiosa. Su carisma es inigualable y su arte se evidencia hasta en el modo de tomar los palillos de percusión.

El estallido final se da con la aparición de las boleadoras que se lucen con algunas figuras sencillas pero que provocan impacto visual.

Wifi Fest es una alternativa al zonambulismo cibernético y un aprendizaje musical económico. Ahora muchos niños irán corriendo a agarrar las ollas de la cocina o el cesto de basura sin pedir permiso. Todo en su justo equilibrio y, ¡las Essen no las toquen!

Guión y dirección artística: Ariadna Faerstein, Flor Yadid. Composición musical: Lucas Fridman. Elenco: Gastón Urbano, Marta Mediavilla, Martin Goldber, Brico Spoliansky, Melina Peregal, Tini Santamaria, Nacho Zabala.

Mariela Verónica Gagliardi

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Saltando más que nunca

Adriana7

Los niños no deberían conocer de problemas legales ni de cuestiones internas entre autores, intérpretes, etcétera. Pero, lo cierto es que hace varios años que la conductora infantil Adriana, no puede cantar la canción del Sapo Pepe. Sí, aquella que convirtió al anfibio verde en protagonista de fiestas, cumpleaños y celebraciones de los más chiquitos. Ese sapo que era un sapo y que la conductora, con su calidez y don de artista tocó con la varita mágica.

Por tal motivo, Adriana consiguió dotar a un nuevo animalito, que tiene las mismas características que el original, y bautizarlo como Poing Poing. De hecho, este nombre le da la característica de saltarín y, todos, realmente todos, relacionamos a ambos personajes con Pepe. Si bien Pepe fue privado de su libertad escénica -junto a la carismática Adriana-, su reemplazo no se nota entre niños y adultos.

Un Teatro Astral, lleno totalmente, hospeda a muchísimas familias que están felices de llevar a los chiquitos como excuso para presenciar este espectáculo. Es un show de colores, con muchos personajes atractivos y simpáticos que irán preparando el cumpleaños del Sapo Poing Poing. Timoteo, Lolo, Michu, Pimpón, Armando, Cholito, Lulú y Pepa serán los encargados de homenajear a su amigo y, hasta que llegue ese momento tan ansiado, nos irán divirtiendo con diversas canciones y coreografías.

Entre cumbias y diversos ritmos musicales, cada personaje tendrá su momento para darse a conocer, lo que permite aunar al público (consiguiendo nuevos seguidores y pintándoles sonrisas a los mismos de siempre).

¿Los adultos? Sí, realmente fascinados, moviéndose y cantando todos los estribillos. Participando en todo cuanto Adriana proponía. Es que cuando un show está bien hecho, con mucho amor y dedicación, sucede esto. Máxima felicidad de todos, y mientras estoy en el palco observo a una pareja de abuelitos que junto a su nieta, están contentos, admirando todo.

Lugar para el que miro, encuentro acción y clima festivo.

Entre tantas gamas de colores, formas, escenografías y estilos rítmicos, todo se desarrolla placenteramente.

Mientras tanto, envidias infundadas y mercenarias pretenden apropiarse del fruto de trabajo de esta educadora que no solo hace pasar un grato momento sino enseñar valores, tantas veces olvidados o perdidos en nuestra sociedad.

Las cartas documentos, los reclamos y todo daño a la imagen de Adriana, jamás podrán quitarle su lugar. Sabemos que la justicia no siempre es justa, pero quién más que los chicos para defender a la indiscutible madre de Pepe.

Mientras su papá, toca una canción en el teclado, ella lo acompaña cantándola y la celebración de Poing Poing no tarda en llegar.

Una verdadera fiesta que alegra a todos los corazones.

El sapo de los chicos salta en su lugar,

salta hacia delante,

salta para atrás.

Salta de costado,

para los dos lados,

este baile sí te va a gustar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Latina hasta en el alma

Como tu vida, también la mía

Una actriz llamada Frida León Beraud nos invita a pasar a la sala del Teatro Moscú, como si fuera su casa. Con una sonrisa, nos pregunta si tuvimos que viajar mucho para llegar, qué transporte utilizamos, etcétera.

Como tu vida, también la mía (escrita y protagonizada Frida León Beraud, y dirigida por Francisco Lumerman) es un recorrido por la vida de ella, un unipersonal que necesita serlo para mostrar y dar a conocer quién es Frida, cómo fue su transición hasta convertirse en actriz y cómo encontró su lugar en el mundo de alguna manera.

Su vida intenta ser un reflejo de la nuestro, invitándonos -como al inicio de la obra- a un espacio en el que tiene todo para que nos sintamos identificados.

Ella no habla solamente sino que utiliza música, títeres, videos y dibujos para que entendamos su vida, su universo personal y, la necesidad que tiene por atravesar diferentes lugares llevando su historia.

Un árbol genealógico es representado, imaginariamente, y cada uno de los miembros familiares descriptos. ¿Por qué interesa tanto una vida ajena?

Es el modo en que se representa cada partecita, cada momento importante, cada meta cumplida y cada recuerdo de la niñez guardado en el corazón. Este conjunto de vivencias todos las tenemos. Quizás similares, quizás opuestas, quizás diferentes… pero existen en cada humano y es ello lo que permite que querramos presenciar esta puesta en escena que tiene en su piso un mapa con un trazado, con líneas que envuelven a Frida en su propio mundo -el cual ya no precisa de divisiones geográficas-.

Con sus rulos despeinados, atados, prolijos o desprolijos; está parada, está en movimiento, está. Su presencia alegra y conmueve. No se puede explicar la sonrisa que, a todos, nos surge espontáneamente sin pensarla siquiera.

Un libro en movimiento, me recuerda a mi infancia. Me quedo en las anécdotas y siento que soy egoísta por pensar en mí en vez de en ella. Luego, me doy cuenta de que eso es Como tu vida, también la mía: identificación, proyección, enlaces.

De repente, la tía Doris se hace presente en un títere de mano muy bien confeccionado e interpretado. Los diálogos entre ella y su sobrina van atravesando diferentes momentos cotidianos y sus aventuras, las voces nos ubican en tiempo y espacio, no siendo indispensable nada más.

Frida, como directora de su propia obra, decide en qué momento subir la música, cuando silenciar el espacio, cómo hacer que quede todo improvisado sin ser demasiado así. Esta puesta es responsabilidad de Lumerman que hace que su figura no quede en el centro de acción, que la actriz se luzca, que todo parezca fabricado en el momento y la emoción aflore de nuestros poros. Es que cuando algo es real o lo parece, no existe el pensar cómo recibirá el público la propuesta. La propuesta abraza las butacas, con un manto de arte en el que todo se vuelve sentimiento-.

Suiza y Argentina parecen estar unidas por las diferencias. La prolijidad y la estructura parecen “enfrentarse” a nuestro país que por momentos debería tener un horizonte más fijo. Sin embargo, allá y acá el teatro es un puente por el que atravesar la vida, un modo de comunicación, una aventura, excusa y propósito para contar la niñez, para sonreír por cosas que ya no causan gracia y para intentar recuperar la alegría por lo más pequeño.

Eso es esta dramaturgia: una aventura por la vida, por espacios tapados por el polvo de los años, un intento por recuperar el tiempo perdido y la calidez de una mujer que da ese aliento en que se siente que nada está perdido. Que siempre hay fuerzas para seguir, proyectos por los que soñar y causas por las que luchar.

Como tu vida, también la mía tuvo que adaptarse a todo tipo de público para presentarse en el festival Theatre Shpektakel de Zurich y así quedó este formato adorado por grandes y chicos, por diferentes clases sociales que buscan su lugar en el mundo. En aquel mundo que gira, que Mafalda observa con tanto detenimiento y que todos los que ya fuimos pequeños anhelamos sea parte de nuestro diario de vida.

Ficha artístico-técnica
Idea, actuación y textos: Frida León Beraud. Dalang Puppencompany (Suiza), Dirección: Francisco Lumerman. Dramaturgia y traducción al alemán: Trix Bühler – Música: Simon Hostettler. Vídeo: Pablo Rodríguez Pandolfi – Folioscópio y dibujos: Basil Vogt – Diseño de luces: Ricardo Sica. Producción en Buenos Aires: Felicitas Luna. Asistencia técnica y de dirección: Ignacio Gracia. Vestuario: Fabiana Berghole. Producción en Suiza: Cristina Achermann

Mariela Verónica Gagliardi

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Los ochenta del musical

Sr. Imaginación

Hay espectáculos para niños que, muchas veces, pretenden replicar ciertos programas televisivos o películas de Disney, montando obras de bajo presupuesto y, dejando relucir que no se puede aspirar a aquello que no se tiene con qué. Y haciendo hincapié en este cuestión, no me refiero solamente a un tema económico sino al despliegue y creatividad que debe tener una obra para lo más chiquitos, a quienes se sigue subestimando.

Estas vacaciones de invierno, las princesas volvieron a escena y, por suerte, varios productores y directores apostaron por explorar diferentes historias que despierten en los niños la curiosidad y las ganas por encontrarse a sí mismos en momentos de aburrimiento total.

Sr. Imaginación (escrita y dirigida por Pablo Gorlero) es una excelente propuesta para compartir en familia. Y, por qué digo esto. Porque es uno de los periodistas de teatro que más conoce de musicales y que consiguió armar su propio espectáculo rescatando las canciones que escuchábamos -nosotros los adultos- de pequeños.

Así, María Elena Walsh, Gabi, Fofó y Miliki, Pipo Pescador, Julieta Magaña, el Topo Gigio, Enrique y Ana, Flavia Palmiero, Cantaniño, entre algunos de los que suenan en escena; permitirán que la cultura no se ahogue en aguas turbias y comerciales.

Elis (Elis García), Magalí (Magalí Sánchez Alleno) y Florencia (Florencia Benítez) son hermanas y tienen dos problemas: uno es que se tienen que mudar y, la otra, que al crecer olvidar ciertas cosas importantes.

Los recuerdos no tardarán en llegar y cada juguete, objeto y canción las trasladarán a aquellos años en que la magia se apoderaba de sus risas. Para ello una voz del más allá (Sr. Imaginación) las guiará por un sendero de luz en el que deberán confiar en sí mismas para encontrar su corazoncito infantil, aquel que las hará saltar nuevamente a la soga, al elástico, encontrar un cassette, la pepona gigante y llegar a la conclusión de que en verdad la música es la única encargada de despertarles esa melancolía por el pasado en que fueron tan felices y puedan recuperar lo que creían olvidado.

Durante el recorrido por este mundo mágico y asombro también tendrán la oportunidad de conocer a un superhéroe que es más bien un antihéroe, aunque luce como el primero con su capa. Él es Pablo Graib, quien se unirá a las tres jóvenes para entonar los versos más bonitos de la infancia. Quizás, los niños de ahora no tengan la posibilidad de conocerlos en su totalidad (eso dependerá de sus padres y entorno), entonces esta obra cobra, aún, más importancia ya que les permite escuchar una música que en los 80´ y 90´ desfilaba por todos los hogares, siendo la protagonista de nuestros primeros pasos en la vida.

Canciones para dormir, para saltar, para conocerse, para ser feliz. Canciones para todo y todos. Canciones populares y creadas para artistas de verdad que buscaban quedar en el imaginario social y colectivo. Canciones que buscaban unirnos y enseñarnos dónde se encontraba la felicidad. Canciones sin insultos ni degradaciones, ni bajezas.

Toda la historia sigue su recorrido hacia el pasado, enamorándose, conociéndose, jugando y representando situaciones hasta que aparece Aberdinangus (Facundo Magrane), un peculiar y encantador personaje que les recuerda un aspecto importante de la vida: el de no discrminar al diferente.

Juntos, con un vestuario lleno de colores -estilo vintage-, con una puesta en escena también en diferentes tonalidades y una iluminación que, en conjunto, cumple un papel fundamental en la obra; se consigue un producto novedoso, atractivo y en el que los artistas incluyen a los niños, haciéndolos partícipes del espectáculo. ¡Y qué importante que es esto! Que bailen juntos, que se conozcan, que bajen del escenario para cortar, al menos por un momento, la distancia que los separa.

Los cinco actores del musical tienen realmente destreza para las tres disciplinas y esto tiene un valor agregado. Cantan en vivo, bailan en vivo y actúan en vivo. Así debe ser una comedia musical que pretende ser mencionada como tal.

Gorlero merece una felicitación por llevar al Teatro Astral este colectivo de melodías que todo adulto de al menos treinta años conoce y desea, al menos durante una tarde, revivir.

Mariela Verónica Gagliardi

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Lo que no se dice no existe

La dificultad

El estilo de escritura de Patricia Suárez tiene algo especial. Es su manera de describir situaciones y lugares de tal forma que el suspenso se apodera de la trama, dándole rienda suelta.

En este caso, el desafío es doblemente interesante ya que Gustavo Pardi se suma como director de la obra La dificultad.

Tal como su nombre lo indica, la historia está referida a dificultades, a obstáculos, a silencios y a secretos de una familia. La dramaturgia de Patricia Suárez está basada en la familia Sassia y, a partir de ésta, se va gestando un universo ficcionado.

Se puede ver a tres hermanos (interpretados por Guillermo Tassara, Josefina Vitón y Hernán Vázquez) que se juntan para hablar del pasado y presente. Estos actores consiguen encarnar a tres individuos muy bien caracterizados, sólidos y con detalles que conservan durante toda la historia dramática.

Una ambientación de los años cincuenta, da lugar al desarrollo de diversos acontecimientos que irán ocurriendo y entrelazándose entre sí, hasta hacernos comprender que todo, absolutamente todo en sus vidas, es una dificultad.

Los pajaritos enjaulados representan al encierro de esta familia acomodada -que vive en una zona campestre- y que se expresa con un lenguaje de la época.

Cada hermano tiene un rasgo particular, un modo de expresarse, de vestir; aunque la oscuridad y el dolor los une completamente. Ellos están ahí, hablando, mientras el tiempo pasa, mientras sus padres están -aunque en ningún momento los vemos-, y mientras los obstáculos no dejan fluir las energías.

Todo el aire que se respira es denso, pesado y dificulta el desarrollo de sus personalidades, las cuales están estancadas hace tiempo. Como si fueran niños en cuerpos de adultos, imposibilitados de ver la realidad y lo que sucede. Existe un secreto que se nos cuenta solo en parte y, eso, es lo que más atrapa, además del modo en que dialogan.

Una madre enferma, atada en su propio cuarto. Su marido anciano, al igual que ella, pero que no sufre de nada. Un matrimonio que desearíamos ver y que diga algo, al menos una palabra. Pero esto no ocurrirá ya que la familia Sassia no se daba a conocer, por lo tanto, esta historia es solo un fragmento de lo oculto.

La tartamudez los une a dos de ellos, como si se tratara de un mal diabólico sin cura alguna. Una risa, desenfrenada, caracteriza al otro, y, así, los tres son mostrados como discapacitados sociales.

Costumbres muy conservadores, fuera de las cuales todo es mal visto, tildado de rebeldía y considerado como mal hábito. Un pasado que trae a colación todo lo incorrecto, lo triste y la dependencia.

Una casa que absorbe a sus integrantes sin dejarlos libres para que busquen su camino. Una bruma pesada que los obliga a quedar paralizados, esperando el peor desenlace que ni siquiera saben cómo será.

“La dificultad” permite que nuestra imaginación vuele del mismo modo que al leer un libro. Podrían haber develado el misterio o armado la trama de tal forma que no tengamos que suponer lo que no se ve o no se narra. Sin embargo, tanto la autora como el director, mantienen el suspenso y así consiguen asombrarnos.

Una madre muda, por no poder expresarse seguramente como quisiera, y privada de su libertad. Un pueblo situado en la provincia de Santa Fe que aloja a estos personajes que, por momentos, parecieran enloquecer o perder la cordura. Como si ya todo estuviera perdido y no supieran qué hacer para traer un viento de cambio favorable.

Con respecto a la puesta en escena, Pardi consigue un ritmo lento y preciso, como la historia en sí; que junto a la iluminación le otorgan tensión e intriga, constantemente. A su vez, la sala 3 del Teatro La Comedia es el lugar ideal para ambientar la morada de esta familia, con sus puertas antiguas y cada detalle que pareciera ideado especialmente para esta dramaturgia.

Cuando termina la función, me acerco al director y lo felicito por todo. Él, humildemente como siempre, me dice: con actores así es fácil. Y, agrego: esta historia sin un buen director se cae.

Esta es la dificultad de la presente pieza artística: su redundancia, sus matices, su modo de explicar y de argumentar. La rutina de los personajes, de cómo le hablan a quien sabe no responderá por diversos factores, y la necesidad de proyectar sus disgustos o miserias en un otro. Inclusive hasta en un pajarito.

La libertad puede llegar, podría. Solo es cuestión de tiempo y de valentía.

Funciones: jueves 21 hs. Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

El silencio como trama sonora

Humanidad

Principios del Siglo XIX y principios del Siglo XXI, son épocas realmente distantes y, sin embargo, con varios aspectos en común.

Por un lado, Charles Chaplin, por el 1910 comenzó a filmar su personaje de vagabundo en el cine mudo. Dicho vagabundo no era un personaje de la ficción sino un hombre que precisaba describir la realidad en que vivía, resaltando conflictos de la sociedad tanto inglesa como estadounidense. Llegada la Primera Guerra Mundial, el mundo sigue resquebrajándose y, si bien actualmente no podemos decir que estemos en guerra propiamente dicha; sí existen muchísimos temas que enfrentan a la sociedad. La intolerancia ha llegado a su punto cúlmine.

Por otro lado, tenemos a Jorge Costa quien interpreta desde el año 2009 a este personaje de Chaplin, manteniendo los aspectos más trascendentes de su estilo y obra.

Humanidad (escrita, protagonizada y dirigida por Jorge Costa) es el título de esta dramaturgia que se revuelca en las miserias más gigantes del hombre citadino. Para ello se vale de una escenografía compuesta por productos de consumo masivo (y de primeras marcas), bolsas de residuos, ciertos objetos que servirán para describir situaciones de tensión y un vestuario sumamente coherente con lo que se pretende narrar.

Existen muchas cuestiones a resaltar en esta obra y comenzaré por su nombre. Humanidad se divide en dos, al igual que nuestra sociedad argentina. De un lado están los humanos, con valores, códigos y que sienten amor por un semejante -pertenezca este a su familia o no-; y, del otro lado, se encuentran los desposeídos de corazón y sentimientos, aquellos que pretenden discriminar a quien no es exactamente igual.

Humanidad es un grito al cielo y a la vida, que pide por los que menos tienen, por aquellas almas que comen las sobras de quienes tienen y derrochan. Es un pedido, no de caridad, sino de conciencia, de entender que mientras uno consume de más, hay otro que ni siquiera tendrá un pedazo de pan duro.

El lenguaje corporal tanto de Jorge Costa como de Julia Muzio, es sensible, perfecto, conmovedor y profundo. Con o sin máscaras, ellos interpretan a dos personajes que viven en la calle y que tienen búsquedas diferentes. Ella, busca a su hijo y, él, busca respuestas, busca trabajo, busca algo. Ambas búsquedas se unen y confluyen, espontáneamente, haciendo coincidir sus sentimientos.

Una música muy amena, que le otorga agilidad a la pieza artística en todo momento, irá cambiando sus melodías, haciendo pausas y continuando por el sendero escogido por este Chaplin que tiene que poner orden en el mundo capitalista para que las cosas sean un poquito más justas.

En el universo de este personaje, tan encantador, la justicia se compone de humildad y buenos sentimientos. Y, en el universo de las marcas, todo es poder, todo es tener sin saber para qué.

Así, se enfrentan, nuevamente, dos paradigmas que confunden a sus habitantes. Por un lado, la sociedad de consumo que expone en sus góndolas lo que se tiene que adquirir (sin cuestionarse por qué ni para qué) y, por el otro, los residuos que dejan aquellos que pueden comprar todo lo que se les muestra.

Pareciera ser que siempre será así: comer la basura de los ricos, nutrirse de tóxicos que éstos dejan. Y, ¿por qué? La limosna adquirida no es la deseada. Este no es el camino. Una enfermedad que aqueja y precisa dinero para ser curada. ¿Y los hospitales públicos? Al extremo, se muestra cómo cierran sus puertas a los pobres y las mantienen abiertas para los ostentosos. La alfombra roja es puesta a éstos últimos, sin importar que una anciana fallezca o deba sufrir a más no poder.

El poder está en la figura de un policía, en el tapado de piel de una mujer de la alta sociedad, en el cariño de un abrazo contenedor y en la posibilidad de cambiar.

Humanidad atociga con imágenes, con videos en blanco y negro, con el cuerpo de una vedette que seduce y corrompe; y con todo lo que se conoce y no se consigue desplazar.

¿Ser humano es sinónimo de humanidad?

De repente, un globo gigante, color celeste intenso, aparece en escena. Es una esfera, es nuestro mundo en manos de este vagabundo desplazado, marginado y que, sin embargo, logra poseerlo, introducirse en él y caminarlo a su gusto.

Las funciones son los domingos 19 hs en Pan y Arte.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

La ternura de crear

Cinco pal peso

Se dice que el que busca encuentra, y si hay algo que me caracteriza es la investigación e indagación acerca de un tema en particular.

A lo largo del 11° Festival de Teatro de Rafaela, acudí a todas las funciones en la carpa de circo que tuvieron lugar a las 15 horas. Realmente, todas las tardes fueron soleadas, los niños comían pochoclos, estaban felices y, los adultos, también.

Siempre, cuando asisto a espectáculos para pequeños voy abierta a conocer un nuevo mundo, creado especialmente para ellos. Como una puerta mágica, aparecen personajes que pueden ser payasos, malabaristas, trapecistas y acróbatas, entre otros. Pero, lo que muchas veces no existe es un lenguaje acorde a los niños, invadiendo su espacio con malas palabras, términos chabacanes y violencia verbal; quizás para congraciar con el público adulto.

De todas formas, mi búsqueda finalizó en el día de hoy y Cinco pal peso (de Circo El Conventillo) es la propuesta infantil más representativa de todo el festival siendo, además, la única que narra una historia -con principio, nudo y desenlace-, con personajes que viven en un conventillo de La Boca, que interactúan entre sí y que se lucen esplendidamente.

Este elenco tiene lo necesario como para brillar, sin encender antorchas que puedan peligrar a los espectadores, ni insultos o términos despectivos. Solo demostrando sus habilidades, su calidad como artistas y la ternura que les permitió pintar sonrisas durante la función que más espectadores tuvo en la carpa.

Cinco pal peso narra las vicisitudes entre varios inquilinos que apenas ganan dinero y que nunca llegan a pagar su alquiler. La dueña del conventillo es una anciana no demasiado antipática que intenta cobrarles en todo momento. Pero, ¿qué hacer cuando no se tiene con qué?

Esta historia es para grandes y chicos, una puesta en escena muy colorida en que los tangos desfilarán sonoramente, hasta que una pareja de bailarinas rompa con el esquema tradicional y alcancen la cima -trepando por unas telas que las exhibirán con muchísima gracia y técnica-.

También tendrá lugar un boxeador yanqui -que hará su performance en una hamaca-, y la participación que nos dejo boquiabiertos a todos de una bailarina que fusionará sus movimientos gitanos con la tela. Lo asombroso es que ella no solo trepa y cae, sino que se desplaza. Como si consiguiera -y de hecho lo hace- bailar sobre la altura y contagiando ese profesionalismo sobre todo en las niñas que no dejaban de admirarse con su presencia y de comentarles a sus mamás sobre este número.

Mirando a mi alrededor, pude notar que había más mujeres que hombres casualmente. Y no es de extrañarse ya que tuvo lugar el partido entre Atlético de Rafaela y River, dejando las calles totalmente desiertas.

La elegancia, suavidad y unión de este grupo de circo consigue transmitir un encanto diferente, la esperanza de que aún existen propuestas de calidad en este género y que puedan educar a los más pequeños sin tener que hacer alusiones a cosas grotescas o a menospreciar la sexualidad de una mujer para erigirse como hombres.

En un barrio bien arrabalero está Palmito, que vendría a ser el más carismático de todos, quien utiliza su sonrisa para salirse con la suya y hacer reír a cada rato. Un plomero que en realidad no lo es pero que debe convertirse en tal porque así lo quiso quien lo confundió, y una serie de enredos totalmente ocurrentes y divertidos como para pasar una tarde genial. Y una ama de casa que desfilará con sus tacos rojos, una y otra vez, hasta alcanzar la altura y hablar desde allí.

Como anecdótico, no pude dejar de mirar a un perro que se adueñó del escenario y precisaba compañía, moviendo la cola de alegría. Los perros en esta Ciudad tienen muchísima personalidad y considero que no se sienten para nada mascotas. Así lo demostró este can que se compró al público y que, tal vez, podría ser invitado a participar espontáneamente, sin caer en la humillación de algunos circos que aún los siguen viendo como seres inferiores.

Mariela Verónica Gagliardi