*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La evocación permanente

Alma

Continuada a “La mujer puerca”, esperamos un ratito e ingresamos, nuevamente, a la sala de La Criba -una sala de casa antigua, con techos altos y puertas delgadas de madera-, para presenciar “Alma teatral” (escrita y protagonizada por Gabriela Izcovich).

Lía es la intérprete de este gran drama en que es posible replantearse la vida.

Dentro de una casa, decorada hasta con el más mínimo detalle, ella sonríe, se entristece y llora.

Sus relatos datan de veintiséis años atrás y, cada uno de sus recuerdos, la hacen transitar por diferentes aromas y texturas de una época inolvidable como mujer y persona. Nada menos que a su gran amor conoció. Su médico, Oscar Alma, el cual tiene un apellido que, a ella, le llamó siempre la atención. Este hombre le aconsejó que para curarse debería visitar el balneario Sofía, un lugar con tan solo quince habitantes. Lo curioso es que Sofía -la dueña del sitio-, le dijo en cierta ocasión que: “es muy buen augurio que un hombre tenga de apellido Alma”.

Mientras Lía narra su pasado, convirtiendo cada relato en un paisaje diferente; cocina una tarta de manzanas. Ella dice que le encanta cocinar y, al verla, uno puede darse cuenta de es su manera de canalizar sus angustias y penas. De mantenerse a salvo entre tanta melancolía y dolor, por lo mucho que extraña al padre de sus hijos.

La pobre mujer está practicamente sola y no parece interesarle hacer amistades o crear lazos nuevos, para no sufrir más. “Una relación, por una cosa u otra, trae dolor”.

Después de conocer su pasado y presente, Lía nos cuenta sobre su vinculación con el teatro. Afirma que no soportó ciertas cosas del ambiente, como la opinión de los críticos que son capaces de hundir a una obra cuando recién está asomándose a la superficie.
Este paralelismo entre ficción y realidad, también pudimos notarlo como un rasgo interesante en la obra Un tren llamado deseo que presentó junto a sus alumnos. Gabriela Izcovich es actriz y Lía lo fue. Quizás, Lía es parte de Gabriela, ese lado temeroso que flagela ante un intento. Pero, Gabriela supera las debilidades de la otra.

“Al abandonar el teatro, abandonó gran parte de su vida” – solía referirse Alma a su amada.

Armonía, respeto y silencio; son las tres palabras que más se repite para sí misma. Nos las repite a nosotros. Intenta convencernos sobre el significa que tienen. Ella parece mantener la calma y es que, otra alternativa no le queda. A su vez, dice que sus hijos la aceptan como es y ella a éstos. Y el silencio no parece aún llevarlo a la práctica. Tiene la necesidad, imperiosa, de hablar, de sentirse acompañada. Es un silencio obligado, en cierta forma, el que practica a diario.

El público es su lazo más estrecho, durante una hora, hasta que se disuelve; trayéndola al presente real en que está con ella misma.

Luego de revivir lo que sintió en su momento de enfermedad, en el instante en que se enamoró y cuando más sufrió; llega a la conclusión de que no precisa volver a las tablas y actuar de otra, ni disfrazarse. La verdadera obra de su vida es “la evocación permanente”. El poder traer al presente un recuerdo, un aroma, una sensación… y compartirla con extraños que son incapaces de meterle el dedo en la llaga, que son incapaces de juzgarla o de condenarla.

Lía es así, una mujer noble, apasionada por el arte culinario y la suma delicadeza que tiene hasta al pelar una manzana. Todo su dolor se convierte en una comida sabrosa que comparte, en esta oportunidad con los espectadores que, gustosos, deleitan y continúan oyendo cada palabra.

Como si fuera poco, canta sobre unas melodías que, según ella, merecían tener letras.

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

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Santificado sea tu nombre

La mujer puerca2

«La mujer puerca» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Lisandro Rodríguez), es una obra de teatro, unipersonal, que protagoniza la destacada actriz Valeria Lois. Esta pieza artística tuvo lugar en el Espacio Cultural Criba, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Como toda dramaturgia de Loza, contiene una primera parte más relajada que la segunda. Durante una extensa introducción a la vida de esta mujer, podremos conocer su intimidad, su pasado y todo lo que sufrió por no tener la fortaleza como para luchar contra un mundo dañino.

Ella cuenta anécdotas de su vida, todas relacionadas -de alguna manera- con la religión católica. Habiendo perdido a su madre al nacer y sin poder encontrar un modelo adulto a seguir, creció con ciertas falencias que la convirtieron en una persona bastante débil y difícil de engañar.

A pesar de haberle rezado siempre a Dios, a los santos y a la virgen; no se siente del todo santa.

Ella es bruta, simple y, sobre todo, de un inmenso corazón. Tiene ese don como para recordar lo bueno dentro de situaciones, realmente, espantosas. No siente rencor por nada, aunque sí siente que alguien importante en su vida la traicionó.

Cada acontecimiento que vivió, sintió que debía relacionarlo con señales que Dios le daba, pero, actualmente supo que no eran más que ilusiones sobre las que se apoyaba para no sufrir tanto.

“Peleo para estar despierta, durmiendo, también” – dice en un momento de la historia, haciendo alusión al tema de lo mucho que le costó, siempre, estar despierta sin esforzarse demasiado.

Como si su peso le pesara más de lo normal y siendo una mujer joven; parece haberse convertido en anciana y no tener más fuerzas para seguir adelante.

Hubiera deseado tener un milagro del Señor, sentirse especial. Pero, esto no pudo pasarle. Parece que Dios elige a quién dañar y a quién abrazar. Resulta sumamente desgarrador el planteo que ella le hace a éste, despojándolo de todo sentimiento noble.

Ya adentrada la obra, el guión toma otro curso y ella cuenta sobre su padecimiento, sobre lo que la hizo y hace sentir sucia. Resulta ser que su tía le puso de sobrenombre puerca, por cómo hablaba y por las cosas que decía. Estando limpia por fuera, igualmente, sentía que su cuerpo no lo estaba, sino todo lo contrario.

Lo irónico es que decide abandonar un poco la religión para conocer el mundo de la prostitución y ver si en ese ambiente logra purificarse, de algún modo. Claro que le sucede lo contrario ya que es denigrada, golpeada y siente que ya no puede estar más así. En cuanto logra escapar, vuelve a caer en la trampa y, su debilidad llega a su máxima expresión. Su vida no vale, su cuerpo es un cuerpo y el alma deambula como desorbitado.

Refiriéndose a la prostitución y relacionándola con una prueba a sortear para convertirse en santa, dice: “para elevarse primero hay que hundirse”.

Existen ciertos rasgos de sátira durante la obra, así como humor y un gran predominio de drama. Entre estos tres aspectos que se van mezclando, no hay posibilidad de distraerse ni sentir cada sensación actualizada por él.

Mantener una charla hipotética con Dios es lo que se representa imaginariamente en su mente. Nosotros somos sus testigos y la contenemos ante cada momento recordado.

En cuanto a la escenografía, está compuesta por una mesa y su silla, muy precarias ambas y, sobre la mesa, algunos eobjetos: una crema hinds, una estatuitlla de Jesús, una jarra de aluminio. Un detalle importante es el techo interno de la habitación, dotado de muchas bombitas de luz, una al lado de la otra.

“A veces uno con los ojos del alma puede ver cualquier cosa” – afirma después de una larga secuencia de desahogo. Con esta frase quiere decir que no es necesario conocer a Dios en cuerpo, como le ha ocurrido a gente de su entorno sino que la mirada interna de cada persona es capaz de imaginar lo que necesite.

La mujer puerca no es puerca, es honesta, transparente, sencilla, sensible, pero sin la fortaleza para imponerse ante el dolor. No puede decir basta. Se siente en falta, se hecha la culpa sobre la muerte de su madre, inventa teorías ilógicas para encontrar justificación a lo injustificable.

¿Por qué se condena más de lo que ya fue condenada?

Mientras se suaviza las manos con esta crema tan conocida por las mujeres, vestida de rosa y con una sonrisa enorme; desea verlo. Y lo desea tanto que, finalmente, se produce el milagro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Viviendo a través de la danza

Danza UNSAM60

El Grupo de Danza UNSAM, presentó varias puestas escénicas, durante las cuales fuimos espectadores de cuatro coregrafías con una impronta y estilo increíbles, dentro del marco del Festival Cervantino de Azul.

Pudimos ver: Pulsos (Música: John Adams, Coreografía: los intérpretes con la coordinación de Oscar Araiz), Tango (Coreografía: Ana Itelman, Música: ástor Piazzolla), Adagietto (Música: Gustav Mahler, Coreografía: Oscar Araiz) y Noche de ronda (Música: boleros tradicionales interpretados por Elvira Ríos, Coreografía: Oscar Araiz).

Cabe resaltar el alto nivel profesional y artístico por parte de los bailarines, quienes no solo danzaron sino que actuaron cada situación y escena, planteada por los coreógrafos del ballet, quienes propusieron una fusión entre el baile, el teatro y el cine; pocas veces visto.

No alcanzan las palabras para definir la enorme cantidad de sensaciones que produce vivenciar estos cuadros artísticos ni la increíble emoción que da saber que son argentinos.

Sentada en el primer palco, tuve la oportunidad de observar cada movimiento, cada desplazamiento, secuencia coreográfica, los códigos establecidos por los bailarines, el modo en que se unían y separaban y, la manera en que se coordinaban para reproducir cuatro historias diferentes.

Sabemos, con certeza, que el ballet clásico tiene a un público erudito -por lo general- como seguidor fiel. En cambio, Oscar Araiz, plantea una fusión de ritmos, estilos y artes; que permiten la inclusión, inclusive, hasta de los no amantes del ballet.

Ser espectador de tremenda exposición, ya de por sí da satisfacción.

Durante la primera puesta, se pudo observar a la danza contemporánea en todo su esplendor, mezclada con folklore, donde los pasos criollos se esbozaban y entrelazaban con movimientos corporales tan naturales como reales. Esos cuerpos de plastilina, despertaron la aprobación de toda la sala del Teatro Español.

Luego, un bailarín, representó un tango, tambíen, fusionando esta danza de la ribera con la contemporánea. Su sombrero le tapaba el rostro, a la vez que sus pies se movían, marcando ochos y mostrando una verdadera danza tradicional.

Tuvimos un pequeño intervalo, hasta que continuaron las otras dos coreografías, las cuales marcaron un antes y un después en la propuesta.

Una pareja, vestida en tonos celestes, enamorada, buscaba un camino a seguir. Estos intérpretes románticos, dejaron una huella de amor que fue muy aplaudida por el público. Y es que, evidentemente, el ballet brinda esa sonrisa cálida. Un bailarín, se lucía, mientras le daba la posibilidad a su compañera de lucirse también. Realizaron diferentes figuras en el aire, en el piso y uniéndose hasta conformar un solo cuerpo.

Por último, Noche de ronda, demostró la grandeza de Araiz para montar una escenografía súper original -sin desmerecer a las anteriores- sintiéndonos inmersos en una película en blanco y negro, antigua, de los años 30’, y con un aire de glamour. Durante las escenas, pudimos ver distintos tipos de rondas, incluyendo a la ironía como un condimento esencial para demostrar cómo sufrir por amor es bastante masoquista. Utilizando ciertos movimientos para hacer notar este mensaje, uno podrá reír y emocionarse según su conexión establecida con el argumento.

Todas las coreografías son tienen este tinte que las distingue de otras propuestas coreográficas. Sin tratarse de un teatro musical, estrictamente hablando, mantienen sus danzas con grandes interpretaciones.

Es imposible escapar de esta vorágine artística en que podemos, como espectadores, viajar por diferentes aromas, culturas étnicas, perfiles artísticos y un compromiso abrasador del grupo.

Ellos ahí, parados, acostados, haciendo movimientos precisos, iguales al resto, diferentes al resto, destacándose, amalgamándose, siendo un equipo y también bailarines individuales.

Protagonistas o grupo de baile. Ellos son lo que el coreógrafo establece, determina y define. Cuerpos esbeltos que, con sutileza, narran historias cotidianas, dentro de las que podemos sentirnos identificados.

Hay dos posibilidades de vivenciar a estos artistas: contemplándolos y admirándolos, o, permitiéndonos ser libres, recorriendo -junto a ellos- cada paisaje y universo descripto y desarrollado, a lo largo del baile, por estos danzadores de realidades ficcionadas.

Sin lugar a dudas, este espectáculo, fue uno de los más homenajeados durante el Festival y, seguramente, será recordado por todos cada vez que surja el tema danza o veamos otra puesta en escena relacionada con el baile.

Mariela Verónica Gagliardi

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El pez por la boca muere

Sancho en la ínsula19

La adaptación de Alejandro Casona sobre el Don Quijote (escrito por Miguel de Cervantes Saavedra) resulta exquisita. Su título es Sancho Panza en la ínsula.
Dentro del marco del Festival Cervantino de Azul, tuvo lugar esta versión (del Grupo de Teatro Boliburg) nombrada como Sancho en la ínsula.

Don Quijote le había prometido a su escudero, Sancho Panza, el puesto de Gobernador. El primero sentía que su gran amigo, merecía al igual que él, tener el poder.

Durante la dramaturgia se pueden concebir diferentes situaciones en las que la manipulación está presente, pretendiendo burlarse de la ingenuidad de Sancho. De esto, el humilde hombre jamás se da cuenta, haciendo primar en todo momento el bien, despojado de todo sentimiento relacionado al rencor u odio.

De hecho, este nuevo «gobernador» le dice a su pueblo de la ínsula Barataria: «mientras dormimos, todos somos iguales: los ricos y los pobres, los mayores y los menores. Y después de muertos, el labrador y el obispo caben en un palmo de tierra».

La sensibilidad de Sancho, idealmente, hace cambiar de opinión a varios de los que quisieron tenderle la trampa para sentirse más poderosos. Y es que todo girará en torno a lo que uno puede lograr con ayuda de su séquito. Milagrosamente, el Gobernador, no precisa de coartadas para combatir el mal, ya que sus principios inculcados por su familia, le permiten mostrarse como es -utilizando un refrán diferente para cada ocasión-, sin tener que fingir ser alguien que no es para aparentar más sabiduría o liderazgo.

Son reiterados los momentos de risas que provocan los actores ante el carismático Sancho Panza con cada una de sus ocurrencias benévolas, como la de querer comer abundante.

Todo se va desarrollando según el plan establecido, hasta que un cronista dice: «Por burla se le ha nombrado; pero bien pudiera ser que, si sigue como hasta aquí, las bromas se vuelvan veras y salgan burlados los burladores».

Así es como dentro de las escenas más graciosas se encuentran las establecidas entre Sancho y el Mayordomo.

Una obra interpretada muy deleitosamente por sus actores, a sala llena, y permitiendo que el gran Cervantes se luzca, una vez más.

La iluminación blanca y el vestuario bien épico, permiten que esta pieza teatral se destaque de principio a fin.

Qué más quisiera un hombre como él que haber ocupado un trono que anheló, asumiendo que lejos está de sus valores como persona. Que prefiere hacer el bien sin tener que ser culpado por cosas que no cometió o, privado, inclusive, del derecho de comer cuando sus tripas no dan más.

No quiso sentenciar a ningún hombre cuando así no lo consideraba y esta confabulación preparada por este grupo de sirvientes, termina a favor de Sancho Panza, quien no devela el misterio por no saber que se trata del mismo, pero sí regresa a su lugar, con su gente y cada convicción reinante en su corazón.

Cuando llega al Mayordomo la carta en la que se lo amenaza a Sancho para que abandone su puesto, él afirma: «Digo, señores, que si así es el oficio de gobernar, no es el hijo de mi madre el que nació para esto. (Comienza a despojarse de sus insignias.) Si he de mandar ejércitos y velar sobre las armas, y sentenciar pleitos a todas horas para que la una parte se vaya contenta y la otra me saque el pellejo, y vivir con el temor de que me maten enemigos a los que nunca ofendí, y no comer ni beber vino como manda ese médico verdugo…. si todo eso es gobernar, quédense aquí mis llaves y mis galas, y tómelas el que quiera. A mi trabajo y a mi tierra me vuelvo; que más quiero vivir entre mantas que no morir entre holandas. Devuélvanme mi pollino, mi único amigo fiel,  del que no pienso volver a separarme más. Y si algo merezco por lo que hice, sólo pido a vuestras mercedes que me den medio pan y medio queso, que yo comeré de camino a la sombra de una encina mejor que comí en palacio entre manteles brocados. (Al público.) Y a vosotros, ciudadanos de esta ínsula Barataria, adiós. Si no os hice mucho bien, tampoco quise haceros mal. Nadie murmure de mí, que fui gobernador y salgo con las manos limpias. Desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano. Adiós, señores».

Mariela Verónica Gagliardi

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Esencialmente tangueros

La Chicana12

Farandulero, fue el primer tango grabado por el grupo y escrito por el propio director musical del mismo, allá por los noventa.

Dolores Solá y Acho Estol, fundan en el año 95 el grupo La Chicana. Una banda de tango que es diferente a las demás pertenecientes a dicho género. La actual formación está integrada por: guitarra (Acho Estol), violín (Ostriz Rodríguez), bandoneón (Patricio Bonfiglio), percusión (Agustín Barbieri), contrabajo (Patricio Cotella) y voz (Dolores Solá).

La Chicana, con más de diez años de trayectoria, se presentó en el Teatro Español durante el Festival Cervantino de Azul; convirtiendo una noche normal en pura adrenalina y pasión.

Para esos tiempos, incursioné en el mundo arrabalero, transitando por diversas milongas, profesores y estilos de baile. Era una época que aún se mostraba bastante conservadora, sobre todo por parte de los más grandes. Por eso, puedo confirmar que es un hallazgo esta agrupación que rescata la esencia más profunda del ambiente tanguero, esos suburbios en que se escuchaba y danzaba, el contexto más próximo y los mensajes que brindaba cada una de sus letras.

Da orgullo saber que el tango tiene más vuelo que el tradicional, que no solo puede fusionarse con el techno para lograr cautivar públicos, sino que la originalidad de estos artistas permite que vivenciemos y sintamos que no todo está perdido. Que, todavía, existe el amor al arte, el amor hacia otras culturas, la aceptación del diferente, la alegría como motor de búsqueda y la infancia como salvavidas a cualquier frustración.

“Revolución o picnic” fue la canción que abrió este recital tan especial que, además es el título de su último disco. Mi mejor amigo me entregó al enemigo, dice uno de los versos del tema y, nada, más cercano a la realidad. Puede aplicarse esta frase a una persona cercana e inclusive a un gobierno o nación.

La diversidad y tintes que encuentra La Chicana, es realmente increíble. Todo tiene al tango como base, aunque sea sonando por lo bajo, pero le permite sumar cumbia, vals, tango convencional, folklore: Porque estoy vivo como el pobre inmigrante, en un mundo alejado del sol (“Yo, marioneta”, de Acho Estol); Tango mío (Cátulo Castillo – Aníbal Troilo) es esa canción que termina emocionando más que el resto a Dolores, recordando su niñez, junto a una casa que le daba esa calidez tan necesaria en la vida; Sueño de morocha en conventillo (Acho Estol); Fuegos artificiales (Eduardo Arolas – Roberto Firpo); “Fetiches” (Acho Estol) y Viralata (también compuesta por La Chicana), entre algunas de las que sonaron durante el recital.

Además de un espíritu muy particular, estos tangueros demuestran su sensibilidad y solidaridad al cantar una canción tradicional gitana, llamada Enderlezi, la cual es cantada en su idioma original (nombre derivado de un festival que realizan los romaníes para esperar la primavera). Este es uno de los momentos más lindos durante la velada ya que ingresamos a un mundo de sensaciones diferentes. La cantante nos cuenta una pequeña anécdota referida al mundo gitano. Cuando ella era chica e iba con su madre a hacer las compras, si se portaba mal, ésta la amenazaba diciéndole que la raptarían los gitanos. Si bien le daba miedo, también le intriga lo que podría suceder si eso ocurría de verdad. Pasado el tiempo, nunca le pasó, pero ella quiso transmitir una realidad, que en la actualidad, sigue pasándole a esta comunidad: la discriminación por parte de muchos sectores sociales.

Y, como plantea ella: ¿a quién no le gustaría vivir como nómade?

Todo sigue tan pegadizo como innovador hasta que sus creadores, se juntan como dúo, con una preciosa intimidad en la que interpretaron temas propios: “Una rosa y un farol” y “Puro cuento”.

Los últimos temas tuvieron la misma garra que todos los compartidos durante el recital. Un recital que nunca tuvo altibajos, manteniendo un éxtasis que brota desde nuestras raíces, para convertirlas en producciones musicales distintas, poco habituales y cargadas de un rigor totalmente pasional.

Un grupo de artistas que tiene la sensibilidad, inclusive, de incluir a los perros de la calle, a los viralatas (como se les dice en Brasil); merece seguir teniendo el éxito que consigue a diario.

Mariela Verónica Gagliardi

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Los deseos, a veces, se cumplen

Un tren llamado deseo16

Todos recordarán el clásico de Tennessee Williams titulado «Un tranvía llamado deseo», en que Blanche Du Bois interpreta a una mujer de la alta sociedad. Sin embargo, esta obra dirigida por Gabriela Izcovich, solamente toma a la protagonista para comenzar a narrar una historia sumamente diferente a la original.

No suele ocurrir que la escenografía de una obra sea perfecta e ideal, sin tener que recurrir al armado de la misma. Una estación de tren, que aún funciona como tal, con un servicio por día y varias formaciones cargueras; hacen activar sus vapores con el sonido tradicional que da llegada o partida de un ferrocarril.

Blanche, simplemente, empieza a actuar con su personaje original. Sin embargo, a medida que pasan los minutos, los pasajeros comienzan a llegar al andén del que llegaría en algún momento la formación.

Estos actores, realizaron la obra a partir de una improvisación llevada a cabo durante el seminario tomado con Izcovich. Justamente, se huele ese aroma a historia construida según lineamientos establecidos por el grupo y el típico aire relajado de improvisación.

Fue increíble ver cómo la estación de Azul se iba llenando de espectadores, teniendo que agregarse sillas por doquier e inclusive ciertas personas más audaces se sentaron en los andenes de enfrente para ver la dramaturgia cual escenario.

La historia no es una historia con principio y fin. Es una sucesión de historias que se van entrelazando, inteligentemente, entre sí; convirtiendo «Un tren llamado deseo» en una de las obras más aplaudidas en lo que va del Festival Cervantino de Azul.

Se pudo ver cómo una señora que había sido abandonada por su marido, lo esperaba. También, el reencuentro entre un padre y su hija; una historia de amor que parecía no tener un desenlace feliz; una mujer ebria que dice verdades a todos; una gitana que adivina la suerte de los que se atreven a preguntarle; entre algunas de las acontecidas.

Ni siquiera la música le falta a esta gran historia, la cual toma al tango como género preferido y le permite a uno de los actores lucirse con la guitarra.

No solo los diálogos son interesantes, sino que provocan la risa constante del público hasta terminar en carcajadas. También, cabe resaltar el modo en que se construyen conversaciones hilando letras de tangos para decir lo justo y preciso.

Como si fuera poco, una espectacular luna llena está allí arriba, generando un clima más romántico aún.

Cada intérprete tiene su momento para lucirse y es genial que un grupo tan heterogéneo en cuanto a edades, pueda conseguir armar un producto artístico de este nivel, siendo que la directora no estuvo durante unos meses en Azul como para guiarlos en persona. De esta manera, se demuestra cómo cuando hay ganas, talento y vocación; es posible lograr hasta la concreción de un sueño.

El tren nunca llega pero le trae suerte a la pareja de enamorados que nunca se imaginó poder terminar así. Todo dependía de ellos, sin embargo, no siempre ocurre lo que es obvio que ocurra.

Quizás hubiera sido más sencillo que hagan una versión basada fielmente en la pieza artística de Williams, sin embargo, estos artistas tomaron su seminario y crearon su propia dramaturgia, la cual merece ser vista por los amantes del teatro, a la vez que por toda la familia.

Se me viene a la cabeza Woody Allen, en cuanto al modo de narrar una historia. En cuanto a la manera en que se van entrelazando los personajes -que en un comienzo están totalmente desvinculados y, luego, tienen un trasfondo en común o inclusive se conocen del pasado-. La originalidad, despierta al público y los aplausos se convierten en canción.

La melancolía está flotando, constantemente, para que alguien o varios se la apropien. Ese dejo de tristeza los acompaña a todos como base, pero, de alguna manera una espectadora que termina siendo actriz, convierte el desenlace en algo totalmente inesperado.

¿Una realidad ficticia montada como obra para luego ser boicoteada?

Si bien sabemos que estamos en presencia de una ficción, las historias, supuestamente, eran reales. Aunque, todo se disuelve para demostrar cómo ser buen actor es manipular verdades o mentiras y cuando el público las compra, tergiversarlas para su propio antojo.

Un tren llamado deseo ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Cuando se pierde la esperanza

Despojos3

En el Teatro Español de Azul, dentro del marco del Festival Cervantino, se presentó una obra de creación colectiva llamada Despojos (dirigida por Juan Etcheverry). La misma cuenta varios temas interesantes, ubicados en cierta época que nos marcó a todos los argentinos: la pos dictadura militar y principios de la democracia.

Si bien no es la intención del argumento, hablar de los gobiernos de facto, resulta imposible no citar algunos de sus aspectos como ser el contexto, que permita entender y reflexionar sobre la historia que se plantea en el escenario.

Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), despojar significa: Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerle de ello con violencia.

Puede afirmarse que a lo largo de la obra que tiene dos horas de duración, aproximadamente, se confirma que la violencia (psicológica sobre todo) es utilizada como herramienta para quitarle a unos pobres seres humanos, lo poco que tienen, haciéndolos sentir menos que la miseria. Algo tan desolador como el sentirse nada y que, encima, los que manejan el poder, les saquen el alma.

Todas las escenas tienen lugar en un pisquiátrico, dentro del cual conviven personas de diferentes sexos, edades y estratos sociales. Entre ellos, cabe resaltar, que no existen inconvenientes sino que prevalece la solidaridad. Aunque, la dueña del lugar y el médico, son quienes manejan toda la medicación de los internos y sus tratamientos. Como si fuera poco, utilizan la esperanza de estos enfermos para aprovecharse y robarles. Claro que estos robos no se manejan como hurtos sino quitándoles, previamente, la vida.

Nada más tenebroso que recordar la masacre provocada por la dictadura de Videla y verla plasmada en el aire de la dramaturgia, en ciertos diálogos y en la manipulación que hacen los que tienen el poder. Éstos no debieran considerarse poseedores de tal, sin embargo, en vez de cuidar a los enfermos, los van empeorando día a día.

Un lugar donde la calidez humana se esfumó para hacer prevalecer la rigidez, el formar fila, el obedecer y no tener derecho a que opinen nada. Absolutamente nada. Por suerte, entre los propios internos, sí van conversando sobre sus preocupaciones y uno se convierte en sostén del otro.

Al ser una creación colectiva, existen muchas escenas donde todos los actores logran lucirse y demostrar su amor por el teatro, un arte que permite expresar hasta lo más “prohibido”, usando diferentes lenguajes para transmitir.

Despojados de su fe, caminan como zombies, hablando pero sin saber qué decir. No tienen escapatoria ya que sueñan con que algún familiar los venga a buscar, cosa que nunca ocurrirá. Es totalmente triste el panorama y la relación con un centro clandestino se pone de manifiesto sin siquiera mencionarlo. Ellos, ahí presos, involucionando, quedándose despojados de todo y sintiendo que sus vidas no valen nada.

En cuanto a la historia, puntualmente, se puede conocer una antigua historia de amor, una actual historia de amor, lucha de intereses constantes, egoísmo, manipulación y la vida que transita entre todos muy rutinariamente. Resulta ser que el más subestimado y considerado un objeto sexual, termina siendo el portavoz de la verdad y, el único, que se anima a revelarle a la policía sobre el último asesinato llevado a cabo en la institución.

¿Por qué estas personas deben ser vigiladas y castigadas?

¿Qué hicieron como para que sus vidas tomen ese rumbo?

Como si estuvieran presos de su libertad y de todo lo demás, cada uno respirará porque es algo inconciente de hacer. El resto lo harán para no ser castigados. Lo más humillante de todo es que se trata de un lugar privado por el que pagan mucho dinero para estar allí. Pagan para ser sancionados o alguien lo hace por ellos. No tienen ya la certeza de por qué están en este lugar. Solo desfilan por las diferentes habitaciones, consumen lo que les dan e inclusive sienten que los tratan bien.

El dinero no es lo único que buscan estos manipuladores del poder, sino, justamente, la sensación de hacer con los demás lo que quieren. Ellos deberían estar en tratamiento pisquiátrico o presos. Tanta maldad junta resulta angustiante, pero, los tintes de humor están presentes en Despojos, lo cual pone la historia en un lugar un poco más relajado. Las situaciones graciosas se vinculan a un humor ácido que intenta rozar el humor negro.

Solo la risa surge y se torna agradable cuando la tensión está a punto de llegar a su máxima expresión. De esta manera, Despojos se convierte en una tragicomedia que se puede disfrutar en familia, aunque no la considero apta para niños.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a José Bendersky

Hace 8 años que la Ciudad de Azul viene llevando a cabo un Festival. El mismo, incluye a diferentes disciplinas artísticas y, el despliegue, pinta de alegría cervantina a todos los vecinos presentes.

Para adentrarnos un poco más en los detalles del Festival Cervantino de Azul, estuve conversando con su Coordinador, José Bendersky, quien detalló varios puntos importantes a tener en cuenta y conocer.

Azul tiene el orgullo de ser considerada ciudad cervantina en Buenos Aires. ¿Qué sentís al formar parte?

Desde luego que es altamente gratificante formar parte de un proyecto en el cual gran parte de la sociedad está involucrada. Más allá de las distinciones que la ciudad o el proyecto cervantino en particular pudieran obtener, creo que lo más importante es su capacidad para aunar voluntades en torno a un proyecto común, cosa nada habitual en nuestros días.

Pocos festivales duran tantos días. ¿Cómo fueron uniéndose hasta organizarse?

Ningún festival con las características del nuestro puede sostenerse sin la participación activa de los vecinos, instituciones y colectivos culturales de la ciudad. La cobertura de las más de 100 actividades que propone el evento hace imprescindible el compromiso de todos y ese es otro de los puntos fuertes que tenemos, ya que la gente se apropia del festival, se siente parte y eso permite que podamos brindar un buen soporte desde la organización, aunque esto no implica, desde luego, que en algunos casos puntuales se produzcan errores que debemos corregir.

¿La diversidad de disciplinas que integran al Festival Cervantino, permiten captar un mayor caudal de público?

En realidad el festival se pensó primero desde la inclusión de los vecinos y no tanto desde la captación de público. Es decir, proponemos tantas disciplinas como una forma de que todos puedan participar como protagonistas. Con el tiempo vamos viendo que esa propuesta también se va traduciendo en una mayor afluencia de público a los distintos eventos, por lo que la ecuación tiende a cerrar de la mejor manera.

¿Cuántos meses les lleva preparar cada edición?

La planificación es anual. Ya en enero empezamos a pensar en el lema para el siguiente festival, la identidad visual, a convocar a los distintos curadores… También es momento de analizar las críticas que recibió la edición anterior y a planificar la mejor manera de mejorar en esos aspectos.

¿Cuáles considerás que son los valores fundamentales que colaboran a que el festival siga existiendo después de tantos años?

Creo que se resume en el lema del festival: Soy Quijote. Me parece que es una frase muy potente que invita a involucrarse, a ser parte de algo colectivo, y que desafía nuestras propias limitaciones, además de apelar a los valores quijotescos que todos de alguna manera u otra tenemos en gran consideración.

¿Existen voluntarios o colaboradores durante cada festival?

Hay que considerar que de las más de 100 propuestas que se presentaron en esta edición, aproximadamente 70 correspondieron a instituciones o artistas locales. Esto implica que cerca de 1000 vecinos de la ciudad estuvieron trabajando en torno del festival durante todo el año de manera desinteresada y apasionada.

Además de esta cifra impresionante de colaboradores, cada año el festival convoca a un grupo de voluntarios para colaborar en la asistencia de los espectadores, oficiar de guías, repartir programas o información turística. Este año contamos con un grupo de 20 entusiastas que realizaron una labor estupenda durante todo el evento.

¿Piensan agregar algo novedoso a la próxima edición?

Tenemos pensado realizar alguna acción fuerte en Buenos Aires a modo de promoción y seguir investigando las posibilidades de intervenciones urbanas en la ciudad.

¿Cada año se fijan objetivos diferentes? ¿Cuáles fueron los de esta vez?

Este año trabajamos en pos de una mayor difusión regional y de la integración con grupos y artistas de la región. También apuntamos a lograr un mayor protagonismo de los adolescentes de nuestra ciudad, que participan activamente como espectadores pero queremos que también se animen a estar del otro lado.

Teniendo en cuenta el lugar que ocupa el teatro dentro del Festival Cervantino, ¿considerás oportuno que participen más obras de lugares aledaños a Azul?

Por supuesto. En cada convocatoria abierta que hacemos intentamos integrar lo más posible a la región. Algunas veces los distintos curadores eligen propuestas de otras latitudes, pero la intención siempre está presente.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un cuerpo que canta

Abi Gonzalez13

Como azuleño no cabe más que orgullo por el festival.

Se refiere al Festival Cervantino, que se está llevando a cabo desde el 31 de octubre y hasta el 9 de noviembre, por octavo año consecutivo.

El folklore brota de nuestras raíces como el tango. Se inmiscuye por cada uno de nuestros huesos, músculos, arterias y venas; hasta llegar al corazón. Ahí late, quedando ciertas melodías más recordadas que otras.

Abi González es un joven de Azul que va recorriendo, hace años, un camino diferente. No alternativo, sino complementario, basándose en el folklore tradicional pero, utilizando, nuevos aportes musicales que dotan a este género de una forma muy particular, permitiendo que no solo los seguidores de este ritmo se sientan identificados, sino los más jóvenes.

Con una buena voz, aunque haciendo primar lo instrumental, él y su grupo atraviesan letras de amor, donde éste provoca distintas sensaciones según el autor e inclusive el arreglo realizado por el músico y guitarrista Alejandro Starosielski.

Una cosa que llama poderosamente la atención es Abi. Él no canta solamente sino que se va transformando en la aventura propuesta por cada canción. Su cuerpo, evidentemente, le dice a su voz lo que debe emitir y cómo hacerlo. No existe la magia en esto: es talento y vocación por algo… amor.

Manuel Tejón fue uno de los compositores elegidos para abrir el recital, con Remolinos , una canción que hace referencia al viento. También se pudieron escuchar: Agüita demorada (Pepe Nuñez), la cual hace mención a su amada diciendo Segurito que llegues de madrugada, despeinada y gritona, mujer amada; Pasado mañana, es una chacarera trunca que habla de lo sentimental: Siempre llevaré mis recuerdos.

Pero, sin lugar a dudas, Milonga triste (Homero Manzi, Sebastián Piana) produjo un antes y un después en el espectáculo. La realidad es que toda la puesta en escena iba hacia un horizonte donde la percusión, el viento y las cuerdas se aliaban para pintar paisajes y sentimientos tan profundos como reales: Volví por caminos blancos, volví sin poder llegar. Grité con mi grito largo, canté sin saber cantar. La composición actoral que desenvolvió Abi, se pudo vibrar. No eran solo palabras y frases reiteradas sino un hombre desgarrado, transmitiendo cada uno de sus pesares.

El resto del repertorio fue muy agradable y el patio de   se llenó de gente que recordaba y sentía, durante una tarde fresquita, en la que la buena energía y sonrisas permanecieron.

Chayita del vidalero (Ramón Navarro), Zamba del arribeño (Néstor Soria, Juan Falú) -con arreglos de Alejandro Starosielski-, Chacarera de un triste (Los Chalchaleros) -cantada por Abi con acompañamiento de percusión-, Me lo ha dicho (bailecito) y Milonga en tiempo; entre otras de las que sonaron.

Resulta interesante y conmovedor, ver que siguen existiendo jóvenes artistas amantes del cancionero popular, que no solo repiten lo ya hecho sino que toman prestadas canciones para hacerlas suyas, con su propio estilo e interpretación.

Como si fuera un viajero del tiempo, Abi transita y vive. Sus experiencias son volcadas en la música y dice que, ya pronto, comenzarán a grabar su primer disco. Están felices por este gran paso en sus carrera, pero, me atrevo a afirmar que la unión colectiva los condujo a este premio.

Mientras tocan una canción, sus miradas se cruzan, se conectan y, de allí, surge una nueva propuesta. Sería como una libre interpretación de un guión ya establecido. Ellos tienen pautas, las respetan pero se rebelan para fomentar un quiebre. Lo inventado, inventado está. Lo innovador o experimental es una nueva veta que no pretende desvalorizar sino llamar la atención para que los espectadores se sientan parte e incluidos en una travesía por donde lo rígido ya no tiene sentido de ser.

Yo me hago con tus misterio, hacete con mi cantar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Eternamente viva

Electric mamma3

Perder a una madre debe ser terrible, pero, en esta obra se apela a la ciencia ficción para no llorarla tanto. Para sentir su compañía, inclusive, ya muerta.

“Electric mamma” (escrita y dirigida por Mónica Cabrera), es una historia tan real como ficticia a la vez. Por un lado, el recuerdo de una persona querida y detestada,  sumado a la necesidad de hacer todo tipo de rituales para sentir su aroma y presencia.

Durante el transcurso de la obra puede notarse el importante papel que tiene la música. Lejos de adornar, simplemente, cumple la función de marcar momentos relevantes, el paso de una escena a otra y, la posibilidad, de distinguir la realidad real de la ficción.

En un living con un cómodo sofá, con varios teléfonos, un tocadiscos y demás objetos -que se utilizarán en su momento- dos hermanos traerán al mundo de los vivos la esencia de quien los tuvo y crió. No vamos a tener la posibilidad, como espectadores, de conocerla por su discurso sino por lo que sus hijos deciden contar sobre ella.

Como el aroma del café, dice en un momento la hija. Es algo que no se puede explicar.

El lado más oscura de esta madre la convertirá en una persona odiada a la que, mínimamente, bronca se le podrá tener. Pero, a no olvidar, que su pérdida también provoca todo tipo de sensaciones, hasta irracionales. Ella era la que comandaba todo, la que tenía el consejo justo, la palabra cruda y la certeza de que todo lo que decía era correcto. Su vanidad y egocentrismo la ubicaron en un lugar difícil de olvidar.

Durante los paseos por el túnel del pasado, ella aparecerá. Su presencia permitirá recrear momentos graciosos, adorables y, otros no tanto. Igualmente, todos, conformarán el imaginario de esta familia que está destrozada por no tenerla consigo.

Los relatos con máscaras le darán a la historia una impronta diferente que los dotará con una varita. Al existir un vaivén, constante, entre el tiempo pasado y el presente, jamás podrá caer el ritmo de la dramaturgia sino todo lo contrario.

Estos juegos con accesorios -no vistos a menudo en el teatro-, permitirán que todos nos riamos para, luego, emocionarnos hasta las lágrimas. Considero que este es, justamente, el principal rasgo que resalta en Electric mamma: la excelente composición de atmósferas que crean climax muy bien distinguidos unos de otros.

Dicha obra puede ser vista por un público erudito y por uno no entendido. Así, la apertura del guión, da la posibilidad de llegar a todos, brindando la oportunidad de que cada quien tome el mensaje o moraleja que más se adecue a su persona.

Otro punto a resaltar es la fusión interesante lograda entre ellos, como personas, y las sombras en las paredes, creando figuras e inclusive diálogos entre la madre y su hijo, representados por la hermana.

Las historias con conflictos familiares son recurrentes hace décadas y es por eso que esta madre no parece ser un drama tradicional sino la consecuencia de dos hermanos que no fueron ni son felices y que, por ende, le echan la culpa a la pobre mujer.

Juzgarla no me parece lo más atinado ya que ha sido abandonada por su marido. Aunque, justificar sus actos -si es que realmente fueron tal como se narran-, tampoco lo considero atinado.

Nadie nace madre sino que cada una se va haciendo camino al andar. Esta madre tana, con un corazón gigante, tuvo la humildad de no preocupar a sus hijos demasiado; así como el egoísmo de inventar para llamar la atención.

Como el yin y yang, la mamma fue buena y mala. Alegre y triste. Dedicada y desconsiderada. Cariñosa y desalmada. Divertida y grandiosa.

Mientras la abogada se mantiene fiel a su estructura rígida, el hermano inventa su nueva vida y esconde lo que no le sirve. Las luces cambian sus colores, según el momento descripto, y, cada monólogo, tiene una tesitura diferente. En cuanto la realidad los aclama, ellos hablan en serio. Pero, en cuanto su corazón late más fuerte, vuelven al pasado. Hasta que encuentran la manera feliz de sobrevivir, que es al lado de cada una de sus vivencias ocurrentes. Así, esta familia continúa transitando y dando las mínimas explicaciones a una sociedad que siempre pide y pide más. Que se entromete en temas delicados y en la intimidad más profunda.

Electric mamma ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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