*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Por el poder de los Dioses

Horus10

El teatro musical tiene un encanto muy especial, se trate de un clásico o producción propia. Esas melodías, esos cantos que se entrelazan con diálogos -como en la vida misma, como en la realidad, como si fuera más fácil de expresarse, vocalmente, que solo hablando-.

«Horus» (escrita por Cesáreo Alfonso García y Pablo Flores Torres, dirigida por éste último) demuestra que la mitología egipcia se puede transmitir y dar a conocer de una forma fenomenal, entretenida y muy suspicaz.

Teniendo como protagonistas a Marisa Provenzano (Isis) y a Horacio Vay (Thot), es imposible que los espectadores no disfruten.

Un elenco enorme convierte a Horus en una puesta en escena bien de oriente, con detalles finamente escogidos, interpretados, actuados y revelados durante la historia.

Una encantadora dramaturgia se puede presenciar a lo largo de casi dos horas de duración y, es increíble, cómo el resumen logra comprender a los principales dioses egipcios.

Están presentes Horus, Isis, Seth, Anubis y Thot, entre algunos de los más importantes aparecidos en escena.

Desgarradoramente, un niño debe separarse de su madre para que sus vidas no corran peligro. Este es el ícono más importante y trascendente del musical y, a partir del cual, este pequeño se irá convirtiendo en un excelente guerrero.

Horus era el Dios más antiguo con forma de halcón. Éste, tuvo el honor, la destreza y la valentía de luchar contra Seth -el gran enemigo de su padre (Osiris) y hermano de éste-, para recuperar su trono.

Mostrando las sanguinarias y macabras luchas de aquel entonces, quitándose los ojos y órganos del cuerpo; en esta historia se puede observar que no hacen falta armas de fuego para defender el propio pellejo ni el ajeno, que el saber artes marciales es condición sine qua non.

Una misma dinastía, que rivaliza por poder, por ocupar un trono, por quedarse con algo que no le pertenece. A cambio, la energía desmedida de uno sobre la humildad del otro. El deseo de acabar con su misma familia con tal de hacer prevalecer sus caprichos.

Horus protegía al Alto Egipto mientras Seth lo hacía con el Bajo Egipto. Pero, además de guerras, destierros y dolor; los romances no podían estar ausentes para traer un poco de amor y nostalgia a la pieza teatral.

Horus niño y Horus adulto, tienen dos interpretaciones reveladoras. Por un lado, la presencia de Kevin La Bella quien se luce como pequeño guerrero, muy firme en escena y logrando cautivar al público. Y, con respecto al adulto, Emilio Yapor, continúa con la excelencia anterior, dotando a su cuerpo de destreza física y vocal. Ambos, se encuentran en una escena que se presta para la reflexión, durante la cual el niño le recuerda quién es y cómo debe seguir su camino. Esos recuerdos, tan presentes, seguro permanecerán por siempre en quienes vean esta obra.

En el libro sagrado figura quién debe contraer matrimonio con quién, haciendo que quienes deseamos que estén juntos -por cuestión del destino- no lo estén; dándole paso a otros seres que no imaginamos terminarían juntos.

El ex mosquetero Pablo Torres, ideó un musical que merece ser conocido por todos los amantes de la mitología y, también, por todo seguidor de este género artístico. Su firmeza en las tablas le otorgan la varita mágica, aunque en este caso se trate de una espada.

La oscuridad llegó para quedarse y las velitas -que pueden verse en manos de las musas-, no podrán ser apagadas. El deseo de tener al sol no será tarea sencilla, aunque no imposible.

Thot será el encargado de plagar con sabiduría a Egipto, a sus dioses y a todo guerrero que pretenda adquirir estos conocimientos. Mujeres y hombres combatirán hasta el cansancio, enseñándose, unos a otros, todo lo indispensable como para no ser vencidos.

Decorará este gran despliegue una gran combinación de luces, que titilarán cuando la acción estalle o se posarán con el color indicado para enaltecer a quien tenga la palabra. Hathor (Eluney Zalazar) danzará, demostrando cuán bien lo hace y logrará encontrar el amor en el dios que ansíe como esposo.

Neftis (Penélope Bahl), diosa de la oscuridad intentará, por todos los medios, crear confusión entre los hombres para que no vean quién es en verdad, quién es su hijo Anubis (Facundo Miranda), quién es el padre de éste y a quién pretende exterminar.

Mientras tanto, hermanos, primos y ex parejas desatarán una batalla campal, contextualizados por faraones, mar y pirámides… Todos los personajes interactuarán entre sí, hasta que ocurra lo que el destino marque.

Horus

Mariela Verónica Gagliardi

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No te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido

El inspector1

El ucraniano, Nikolái Gógol, por el año 1834 escribe “El inspector del gobierno” -una obra que le daría la fama y por la que debería alejarse de su país-.

La corrupción es el tema principal que se trata en la dramaturgia y, a partir del cual, se puede notar en que se utiliza el dinero de un Estado. Antes y ahora, y en cualquier país del mundo; siempre va a existir corrupción. En esta ocasión,

Daniel Suárez Marzal adapta la historia original (dirigida por Roberto Aguirre y Omar Saravia) y la convierte en una pieza artística muy entretenida, con unas actuaciones asombrosas y muchas escenas de adrenalina.

Tomando parte del título original, este Inspector demuestra que quien se crea más vivo será sorprendido por alguien más sagaz.

El argumento gira en torno a la llegada de dicho inspector, el cual será anunciado por el correo. Sin constatar dato alguno, él (Alejandro Rattoni) y su asistente (Gabriel Dopchiz) llegarán a la mansión del Alcalde (Alejandro Zanga) y su familia. Allí, comerá como los dioses, descansará y, como si fuera poco, ganará varios billetes -aquellos que pretenderán comprar su silencio-. Este hábil mentiroso y fabulador, logrará llegar al corazón de la alcaldesa y su hija, diciéndoles tantas palabras bonitas como sean posibles.

Los diálogos justificarán ese universo femenino que tantas veces pretende oír frases dichas, compromisos supuestos y desenlaces evitados.

Por el gran sillón de época desfilarán las diferentes figuras del Gobierno, quienes estará ansiosas de conocer a este hombre que no será quienes supongan.

Mientras tanto, la música los hará bailar, haciendo primar el deseo de disfrutar cada momento -olvidándose de qué cargos ocupan y qué trabajo hacen-. Lo único que se verá es derroche de dinero y alegría, combinado con ganas de hacer lo indebido. Ocultándose de una figura que podría quitarles todo, se unirán para crear un plan.

Recién en 1835, Gógol logra estrenar su obra (después de haber sido censurado). Fue el zar Nicolás I quien autorizó su representación, la cual tuvo lugar en el Teatro Imperial de Moscú el 19 de abril de 1836.

En el epílogo de su libro escribe lo siguiente: no te irrite el espejo si es el jarro el que está torcido, dando evidencia de los pretextos que se buscan para tranquilidad propia.

Pero, ¿quién es el impostor? Iván Alejandrovic, un jugador que se quedó sin dinero y que, de casualidad, va a parar a la casa del Alcalde. De allí en más las situaciones disparatadas se apoderarán de la puesta en escena, convirtiendo la rigidez de las palabras en parafernalias humorísticas.

La ministra de salud, de educación, el juez y tantos otros ministros combinarán sus conocimientos con delirios para estafar a quien pretende fiscalizarlos.

Así como el autor de la obra no quedó satisfecho con la primera función que consideró muy sobreactuada, seguramente, estos hábiles cazadores tampoco terminarán felices con el desenlace.

Desde ya que merecen destacarse las actuaciones del Alcalde, su esposa (Celina Tellería) e hija Mashenka (Yili Di Lauro); quienes consiguen desenvolverse de forma extraordinaria entremezclando el género clown con el grotesco. También, existen otras interpretaciones muy bien logradas que hacen de la historia una entretenida denuncia.

El Alcalde bien podría ser Nicolás I, quien estuvo en su cargo durante treinta años. Parece algo inadmisible para nuestro países, aunque muchos, posiblemente, lo desearían.

Otros estilos de vida, otras épocas pero una misma historia que se impregna a lo largo de una dinastía.

La ambición y derroche pueden más que la nobleza y solidaridad. Una hija que pretende pasar por idiota cuando es más viva que su madre y un marido quizás engañado que solo quiere guardar las apariencias y nadar entre billetes.

¿Sobornar?

Eso y mucho más, pero que siga la fiesta…

ficha El inspector

Mariela Verónica Gagliardi

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Un ritual inesperado

Corazón de wasabi1

Hace dos años fui a ver “En otro vida fui Marlon Brando”, una obra que destacaba a personajes de William Shakespeare y en la que ocurrían otras acciones no esperadas por el espectador. Después de dicha pieza artística, Jorge Tomas doblega la apuesta y vuelve a escribir, protagonizar -esta vez- y dirigir una novedosa dramaturgia en la que, también, pasarán muchas cosas al mismo tiempo y la conclusión deberá ser sacada por cada persona -convirtiendo de este modo al espectador en activo-.

«Corazón de wasabi» es la historia de tres amigos que crecieron juntos, compartiendo charlas, noches sin dormir, música copada y varias cosas más. Esta propuesta, muy diferente a la citada anteriormente, muestra a Jorge Tomas muchísimo más consolidado como actor y escritor. Su mente cobró un vuelo tremendo en el que no parecen existir barreras ni límites.

Narrada y ambientada en aquellos años 90 en que la banda liderada por Axl Rose, se había instalado entre los adolescentes para fomentar una cultura pasional y llena de rock and roll. Con una escenografía muy estética, moderna y cuidada, se disfrutará de una conmovedora noche que podría ser como cualquier otra y que, por un motivo, no lo es.

En esta historia, los tres amigos en verdad son dos ya que uno de ellos ha muerto hace veinte años, motivo por el cual, religiosamente, se juntan una vez por año para homenajearlo, para sentirlo entre ellos, como uno más.

Como si se tratara de un ritual, “Corazón de wasabi” refleja aquella melancolía que se siente cuando se pierde a un gran amigo. Esa sensibilidad a flor de piel que jamás podrá sanarse. Quizás, esta obra sea una visión diferente a cómo sobrellevar tanto dolor. A asumir que las pérdidas no tienen por qué llorarse, sino que existe otro modo de recordar a quien ya no está con vida.

Son varias las situaciones, conformadas como escenas, que van transcurriendo; las cuales permiten que Humberto y Miguel vayan trazando un paralelo entre pasado y presente.

Podría tratarse de fuerzas sobrenaturales, de deseos insatisfechos, de las ganas por volver a esos años en que no existían las responsabilidades, o, quizás; de un gran delirio y nada más.

Como tradición, puede verse una planta en tonalidades verdes. Salvo que alguien conozca sobre esta especie, podría asociarse al título de la obra. Pero, buscando términos que asocien al wasabi con algo determinado o deseado, no pude hallarlo. Solo sus acepciones vinculadas a propiedades curativas, desinflamatorias y antiparasitarias. Luego de empaparme sobre el tema y ver diferentes fotografías asumo que el autor quiso vincular el delirio, la ironía y varios aspectos del género clownesco de la obra con alguna droga proveniente de dicha hierba.

Durante la celebración ocurrirán tantas cosas que el espectador podrá posar su mirada en una situación u otra, a modo de paneo. Ni siquiera faltará la presencia de una tarotista que jugará con los destinos de estos amigos al igual que con todas las personas que vayan apareciendo en la casa. Como si las puertas se encontraran abiertas para cualquier desconocido, un repartidor de pizza se convertirá -por arte de magia- en un protagonista fundamental para que la velada cumpla con un ritual asombroso.

No solo estará presente la comedia como sitcome sino que las ocurrencias de Jorge Tomas dotarán a los diálogos de tantos oportunismos como sean posibles.

Unas bolsas de dormir los retrotraerán al pasado, las mujeres los invitarán a reflexionar y todo error cometido podrá ser olvidado con tal de enaltecer a quien ya no está.

Como una mirada, a los lejos y que -de a poco- se acerca, ambos disfrutarán de uno de los placeres más grandes de la vida llamado amistad.

Corazón de wasabi es un corazón tan noble que ni la vestimenta podrá modificar.

En cuanto el final se acerque desearemos que todo vuelva a empezar. Como antes, como ahora, como algún día en sus vidas que quieran compartir con nosotros.

ficha Corazón de wasabi

Mariela Verónica Gagliardi

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Su voz, su vida

Oye1

Francisco Pesqueira es uno de los poetas contemporáneos que logra encauzar sus conocimientos, homenajeando a grandes escritores como Federico García Lorca, a quien admira notablemente. Su nuevo espectáculo «Oye (los poetas… mi voz» lo coloca en un lugar diferente y distinguido.

En «Oye», Francisco no solo cita a Lorca sino a otros grandes como Antonio Gala, Marcos Ana, Mario Benedetti y Alfonisa Storni, entre algunos de los aparecidos en escena.

Con sus ojitos claros, recordando la infancia, aromas, impresiones y anécdotas; consigue transmitir no solo conocimientos teóricos sino poemas en forma de canciones, en su formato clásico y, se da el lujo de leer cartas escritas para algunos de sus escritores favoritos. Les responde a modo de cuestionamiento, los felicita, los enaltece.

«El cielo, en flor azul y niño, se admiraba. De un vuelo tan en flor que no se oía» (Volé contigo, Antonio Gala) fue la primera melodía que sonó al iniciarse la velada, una velada que tuvo más espectadoras que espectadores, las cuales formaron fila luego de terminada la función para obtener una fotografía junto a su artista favorito.

Nanas de la cebolla (Miguel Hernández) parece ser el pretexto de describir sentimientos, a partir del universo culinario, como si se tratara de una novela: “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea”.

Otro de los momentos más lindos y conmovedores de la noche fue cuando apareció la cita de Alfonsina Storni, su historia, sus padecimientos y el modo que tiene Pesqueira de respetarla: “Y una noche triste, cuando no me quieras, secaré los ojos y me iré a bogar por los mares negros que tiene la muerte, para nunca más”.

El recorrido poético continúa, con un repertorio escogido e ideado por el mismo autor, quien humildemente pareciera ser un embajador de textos evocados por otros, a los cuales les suma, ahora, su vocación.

Mi casa y mi corazón (Marcos Ana), Intentalo encontrar (Mayte Martín), Memento (García Lorca), De tiempos y océanos (Mario Benedetti), En paz (Amado Nervo) y Para cuando me vaya (Amaury Pérez); completan la línea argumental de este cálido show, el cual se conjuga con el lugar, un lugar como La botica del ángel que presenta a diferentes íconos del mundo artístico.

Como si se tratara de un climax creado a drede, que seguramente lo sea, la melancolía aumenta y por más que intentemos dibujar una sonrisa en nuestros rostros, las lágrimas no tardarán en caer del mismo.

Observé a mi alrededor y pude ver reflejado esto: sonidos de congoja, mezclas de emociones, recuerdos y una manera de enlazar nuestras vidas con estos versos tan bien escogidos.

Quien no sienta un nudo en la garganta y una presión en el pecho, al leer o escuchar esta frase, posiblemente no esté vivo: “Para cuando me vaya no habrá amanecido ni para el amor, ni para el olvido. Para cuando me vaya la vida nos premia, poniendo los sueños de penitencia”.

Pero, para los que sufrimos como parte de la vida, a lo largo de esta profunda presentación, Pesqueira tuvo preparado un broche de oro súper divertido y con el que tuvimos la oportunidad de cantar los estribillos.

Al ritmo de esa canción, que no tendría sentido que revele para que no pierda sentido, la noche cerró sus puertas para abrir otras más: las de aquellas reflexiones que tenemos que tener en la intimidad, sobre el amor, el dolor, la tristeza y las buenas elecciones.

El arrepentimiento no tiene lugar en esta puesta en escena, ¿acaso qué sentido tendría?

Oye fichaMariela Verónica Gagliardi

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Taquito militar

Cámara lenta14

Aún veo esos pies descalzos, cansados de tanta lucha, de tanto golpe, de tanto dolor. Aún veo esos pies deformados por el deporte y las ganas de ese boxeador por llevarse a cualquier oponente puesto para frenar su ira. Aún siento que un boxeador es el excelente reflejo de un cuerpo que se desgasta paulatinamente, dejando vestigios imposibles de subsanar con el tiempo.

Corría el año 1979 y aún la democracia no estaba en los planes concretos de la Argentina. La dictadura militar -ese regimiento estructurado, que pretendía silenciar las opiniones y voces diversas-, estaba, y faltaría un tiempo más para que Alfonsín recuperara los escombros esparcidos en el suelo.

«Cámara lenta» (escrita por Eduardo Tato Pavlovsky) es un drama que simboliza a esos cuerpos agotados de tanto entrenamiento. En esta oportunidad, Dagomar (Jorge Lorenzo), es el boxeador que se enfrenta a los puñetazos de un rival, de la misma manera que quienes tenían una ideología diferente a la vigente eran callados con disparos o represión -en el mejor de los casos-.

Asustar, atemorizar, desvalorizar a quien siente que con su cuerpo no puede enfrentar todo el mal surgido. Golpear hasta el hartazgo, hasta que la sangre se convierta en un líquido difícil de distinguir. Hasta que su sequedad sea como la saliva que se evapora en este luchador empedernido.

Christian Forteza, el director de la presente dramaturgia, eligió narrar los hechos sin escenografía. Simplemente con una silla. Fiel al teatro clásico, todo el mérito se encuentra en el texto y en las interpretaciones que surgen desgarradoramente.

«Como si durante un tiempo nosotros hubiéramos ralentizado todo nuestro intelecto, nuestra capacidad de discernir, la interiorización de la violencia se hizo obvia, la represión no era afuera sino que ya se transformaba en adentro. Hemos tenido que disimular o crear personajes para sobrevivir, y después nos hemos convertido a veces en los personajes, como si un actor se convirtiera después en un personaje que representó en teatro. Pienso que esto nos ha ralentizado en algún nivel y todavía no sabemos bien cuáles han sido los efectos».

Esas palabras, extraídas del libreto original de Cámara lenta, sintetizan la idea principal de la obra. Una obra que puede tener múltiples lecturas, como suele ocurrir con los escritores que se abocan a temáticas socio-políticas.

Aún siento las pisadas firmes en el asfalto, a pesar de que no existieron durante la presente dramaturgia.

Sin mencionar el contexto histórico, mi mente se posó, repentinamente, en la descripta anteriormente. Imaginé los uniformes camuflados, la furia por no poder dominar con inteligencia los deseos de una sociedad que tenía otros sueños. Que, en verdad, tenía sueños y pretendía vivir según sus ideales.

Por otro lado, está presente la mirada autoritaria que se posa en Amílcar (Raúl Mereñuk), el entrenador de Dagomar. Si bien fue quien lo hizo famoso, quien le hizo ganar dinero y gracias a quien está “vivo”; aquel se benefició de todo. No existe bondad de uno sobre el otro sino total interés y, quizás, algo de pena por abandonarlo.

Las extremidades de este ex boxeador están entumecidas, no le permiten moverse por sus propios medios. Está exhausto, acabado. Aún respira, pero no logra que nada lo cautive. Él ha muerto como todos los idealistas de la época, una época que pintó de negro el cielo azul de la patria.

Esta obra, escrita durante los años que estuvo exiliado Pavlovsky en Madrid, goza de una riqueza extrema. Por un lado, de palabras que retrataban una realidad real. Y, por el otro lado, de la incertidumbre que se tenía aquella época.

«Cuando me vinieron a buscar y tuve que abandonar todo, el manuscrito de Cámara lenta fue una de las primeras cosas en las que pensé. (…) El tiempo que se perdía en Buenos Aires durante la dictadura era terrible: los llamados, el miedo, los acontecimientos que te dislocaban, las inseguridades de la incertidumbre futura, uno nunca sabía lo que podía pasar al día siguiente».

Los flashbacks permiten que los espectadores comprendan el pasado y presente de la pieza artística, así como la posibilidad de que los tres personajes destaquen unas temáticas por sobre otras.

Es ella, Rosa (Lorena Penón), quien con su suavidad y delicadeza le da una impronta sensible a la obra. Es ella la encargada de abrazar a estos hombres tan rígidos sin haberlo elegido siquiera.

La Rosa de antes, la amiga de ambos, la que acariciaba a uno, siendo observado por el otro. La mujer que no tendría que desnudarse sino solo mostrar sus pies, esas extremidades tan imprescindibles como para que un cuerpo esté en posición vertical, para que se sostenga, para que no dependa de nada ni de nadie. Ella, con pies perfectos como su aroma, como puede ser la fragancia de una de las flores más lindas, aquella que perfume tantas escenas sumergidas en olores nauseabundos.

Como la caída propia, vista y sentida lentamente. Como la muerte no repentina sino dolorosa, que se mimetiza con el exterior.

Como personajes y personas que pierden el sentido de la orientación. Que no encuentran su rumbo ni estabilidad. ¿Quiénes eran, quiénes son?

Si pudieran acelerar el paso del tiempo, seguramente, lo harían para solo seguir rememorando las peleas en el ring, los aplausos y cada billete que volaba por los aires recordando que nada es gratuito en la vida.

ficha Cámara lentaMariela Verónica Gagliardi

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Hacer para ser

Perdoname por ayer1

La soledad y el miedo son dos sensaciones tan peligrosas como la manipulación. Hay quienes consideran que saben amar aunque nunca estuvieron consigo mismos como para afirmarlo.

En esta puesta en escena, tiempo y espacio cobran un valor fundamental en que no se precisa más que de objetos ornamentales y diferentes melodías para contextualizar.

La agilidad , ese tiempo que corre velozmente sin siquiera darnos tiempo para pensar, para sacar alguna idea propia, para canalizar, para concluir, para asimilar lo que vemos y oímos… esa rapidez y fugacidad, están ausentes en esta nueva obra de la Compañía Vísperas (dirigida por Lucas Palacios) llamada “Perdoname por ayer”.

Gracias a dicha ausencia, esta pieza teatral puede sentirse momento a momento e indefectiblemente provocarnos angustia y alegría. Dos sentimientos que podrían llegar a ser antagónicos pero, sin embargo, son tan reales como cualquier dicotomía humana.

Existe un solo espacio escénico que no es el ideal para el desarrollo de una historia de amor, aunque tampoco se trata exclusivamente de un romance casual, sino del amor por alguien. Entonces, una sala de espera, del sector tan escalofriante de terapia intensiva, es el lugar en que Emilia (Mariana Mayoraz) y Pedro (Luis Lusardi) se conocerán. De ese encuentro, se irán produciendo diferentes situaciones y charlas que los convertirán en personas diferentes a las que eran en un comienzo.

El padre de Emilia internado hace tiempo y sin mejorías notables. Pedro, viniendo a una ciudad que no conoce y pretendiendo entablar conversación con todo aquel que se le cruce en el camino. La incomodidad de preguntar lo que no es “correcto” y “oportuno”, la certeza de que la hipocresía del silencio es la mejor herramienta para velar a un enfermo en vida.

Hablar, incansablemente, pretender ser sin dejar ser, es lo que acontece durante casi toda la obra. Pedro desea contar su vida, saber sobre la vida de ella, entrometerse, opinar, para luego pedir perdón.

Así es como el tiempo transcurre y, a diario, Emilia debe aguantar la intromisión de un ser extraño que pretende no serlo.

Dos almas distintas que no están unidas por el deseo sino por el pretexto de un espacio en común y la necesidad de develar ciertos momentos del pasado.

Cuántas solitarios habrá en el mundo, anhelando formar parte de la vida de otros -aunque sea forzándolo-. Cuántas personas se resistirán a la pérdida de seres queridos que se encuentran a merced de un equipo de médicos que los mantienen respirando artificialmente.

Esta dramaturgia explora por sensaciones frías y cálidas, al mismo tiempo, dándole esperanza a quien la precisa en esas situaciones de agonía y tristeza.

Permanecer a la espera, aguardando un mensaje deseado, envejecer siendo joven, dejar que los minutos se conviertan en años y que nada más importe que la espera; hasta que la llegada de un “otro” convierte lo estático en movimiento.

La llegada de la navidad trae esa magia que logra convertir al hospital en un cuento de hadas en que la imaginación se apodera de la palabra y de los actos.

En cuanto a la palabra más utilizada, notablemente, es: perdoname. Si bien, todos sabemos su significado más convencional, existe una acepción que hace referencia a interrumpir el discurso de otra persona y tomar la palabra. Esto es lo más recurrente y lo que exaspera a la dama, quien no encuentra discurso para hacerle notar su ira.

Lo protocolar y el deber ser, consiguen impregnarse en esta dramaturgia que oscila entre una comedia dramática y el humor negro.

Hablar sin respirar, sin darle espacio a otro que opine, ese egoísmo por comunicar sin un fin determinado, ese deseo por acaparar porque sí; son algunas de las cuestiones a analizar en los monólogos de Pedro -un hombre como tantos otros, con sentimientos puros y nobles-.

Una vez que lograron recrear su escena ideal, el hechizo se evapora y el perdón se extingue sin conseguir un propósito.

ficha Perdoname por ayer

Mariela Verónica Gagliardi

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Pintando una realidad soñada

Tosca1

17 de junio de 1800, Roma (Italia).

Napoleón Bonaparte está luchando contra el Austria y su triunfo es tergiversado (erróneamente), motivo por el cual los romanos creen que ha sido derrotado en vez de haber vencido. Tiempo después se conoce la verdadera historia.

En 1800, invade Italia, a pesar del patrullaje austríaco, el Gran San Bernardo y ocupa Milán. Gana la batalla de Marengo y expulsa a los austríacos de Italia.

Dentro de este contexto político en el que primaba el poder del más poderoso por encima de cualquier acto humanitario y de una religión católica que, si bien predominaba, iba perdiendo peso por culpa de Napoleón (quien invadía incansablemente el imperio romano), Giacomo Puccini junto a Luigi Illica y Giuseppe Giacosa (basados en la novela original de Victorien Sardou) delinean una de las óperas más importantes y trascendentes tanto de dicho país, como del teatro musical y del mundo: «Tosca» (dirigida musicalmente por Javier Logioia Orbe).

La estructura de la ópera está dividida en tres actos que, excelentemente, ambientados, caracterizados e interpretados; nos sumergen tanto en el Siglo XIX como en la intimidad de una pareja que, pretende ser, el puntapié inicial para desarrollar simbolismos relevantes de aquel entonces. Tan reales como insospechados, tan justificados como irascibles.

Dentro de la Iglesia Sant´ Andrea della Valle, se refugia César Angelotti -ex cónsul de la República Romana-, quien desea escapar con la ayuda de su hermana la Marquesa Attavanti, la cual le facilita una llave para lograr su cometido. Ya desde el comienzo, la acción se apodera de la historia, otorgando una adrenalina difícil de frenar.

Angelotti, tiene la suerte de contar con su amigo Mario Cavaradossi (interpretado por el tenor Enrique Folger), un gran pintor en ascenso, que lo ayuda y alimenta, arriesgando su propia vida.

A partir de aquí, todas las desgracias, malos entendidos, ocultamientos, hipocresías, celosos, egoísmos y maldades se desatan como piezas de dominó sin importar quién precisa ayuda, quien está en peligro ni quien es el causante de tanto horror.

Floria Tosca, cantante lírica, (interpretada por la soprano Mónica Ferracani) es la amante del artista y en ella se pueden ver reflejados tantos sentimientos antagónicos, difíciles de convivir en un solo cuerpo. Si bien lo ama, se debate entre sus propios deseos y el peligro que conlleva tomar determinadas decisiones que no podrá volver hacia atrás. Es ella quien toma la determinación del destino de Mario, a quien llama con sus cantos y de quien pretende total atención y admiración. Sus celos no solo son enfermizos sino imposibles de cambiar. Ya es así su personalidad, tal cual lo indica su nombre el cual es atriubuido a la grosería y poca sabiduría.

Dios y la Iglesia no merecen el respeto de estos hombres que son capaces de hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya.

La mismísima María Magdalena, pincelada por esos trazos de pasión que siente el pintor por una mujer tan distinta a su amada, debatiéndose entre el deseo y el amor. Sin poder explicar una sensación tan bonita a su celosa mujer que intenta conquistar y convencer a todo momento: “Quale occhio al mondo può star di paro all’ardente occhio tuo nero? È qui che l’esser mio s’affissa intero. Occhio all’amor soave, all’ira fiero! Qual altro al mondo può star di paro all’occhio tuo nero!… (¿Qué ojos pueden compararse a tus ardientes ojos negros? Es en ellos donde mi ser se mira. ¡Ojos de tierno amor, de ira fieros…! ¿Qué ojos pueden compararse a tus ojos negros…?)”.

En un segundo acto, es el Palazzo Farnese aquel lugar que será testigo de las atrocidades llevadas a cabo por los protagonistas reales y ficticios de la dramaturgia.

El Barón Scarpia, jefe de la policía, está enamorado de Tosca, aunque sabe que su amor no es correspondido ni mucho menos. Este temerario hombre pretende convencerla, utilizando a Mario como anzuelo -haciéndole pensar que lo liberará a cambio de tenerla en sus brazos-. Ilusa y soñadora, cae en su trampa más mortal que ninguna y antes de acceder a su propuesta le hace firmar el salvoconducto en el que, supuestamente, debe figurar su promesa de liberarlo.

Este segundo acto se ve plagado no solamente de torturas físicas sino psicológicas, además de traiciones innegables. Pensar en el otro o por el otro podría ser un lema a seguir durante las escenas de esta intrincada historia. Mario siente la traición de Floria y, posiblemente, ésta reciba lo que se merece -si bien él no es culpable de la elección de su amada “heroína”-.

El nivel de esta versión es sumamente alto, permitiendo que tanto la Orquesta de Buenos Aires Lírica, su coro como los protagonistas de la puesta en escena se vean tan reales como la tragedia desplegada a lo largo de casi tres horas.

Esas tonalidades vocales que suenan al unísono, que tienen sus espacios de solos y que precisan de las melodías para conformarse como una pieza artística tan elevada como el Ángel y el Cristo que pueden disfrutarse en las composiciones escénicas, como los colores que van marcando el paso del tiempo y que exaltan -junto a la iluminación- aquello que merece la atención de los espectadores.

Cabe resaltar que la figura de Tosca, a pesar de ser la protagonista de la ópera, no se erige como tal. Lo más relevante es lo que ocurre a nivel territorial en aquel 17 de junio , una jornada plagada de tantas atrocidades, engaños y mala fe; difíciles de pasar por alto. Tosca es una figura femenina que existe para disimular la guerra entre religión y usurpación, entre el poder de la policía y el de Dios, entre las pinceladas que pretenden dibujar bellezas estáticas y cambiar la realidad triste y tirante que les toca vivir.

Como desenlace, el Castel Sant´Angelo abre sus puertas para, en tonos rojizos y de anochecer, dar pie al tercer y último acto. Un acto en que toda la angustia de Tosca por lo acontecido se disuelve cuando se quita la vida antes que entregarse a los brazos de aquel tirano: O Mario… morto… tu.. così… Finire così!! Così?… povera Floria tua! (¡Oh Mario!¿Muerto? ¿Tú…? ¿Así? ¿Terminar así…? ¿Tu pobre Floria!)”.

ficha Tosca

 

Mariela Verónica Gagliardi

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Volando con D´Arienzo

El aeroplano

El gran escritor, actor y director, Carlos Gorostiza; tiene una cantidad de obras en su historial. Una de ellas, que data de 1990 se titula “Aeroplanos” y, en esta oportunidad, Damián Canduci ha hecho una adaptación que rescata la esencia de la original pero que se denomina “El aeroplano”.

La dramaturgia pertenece al género de comedia y pretende revalorizar aquello que se suele dejar de lado. Habitualmente, la aparición de una enfermedad es lo que hace activar una atmósfera de alegría -la que tantas veces permanece debajo de una alfombra-.

Dos ancianos: Cristo (Luis Canduci) y Paco (Raúl Toriggia) que se debaten entre la vida y la muerte, deciden emprender un viaje (mental) a través de la música -en este caso del vals El Aeroplano, de Juan D´Arienzo-.

Con una propuesta íntima, cálida y de una duración ideal; podemos deleitarnos con diálogos convencionales y, muchas veces, olvidados.

Teniendo conocimiento de ambas obras (la original y esta adaptación), puedo esbozar algunas ideas fundamentales que hacen a la creación original de cada una. En principio, El Aeroplano se apoya, estrictamente, en la melancolía, en el pasado que supuestamente fue mejor, en vivenciar lo más solido y confidencial que aún estos amigos no se han dicho. La obra se compone de una sola escena que muestra un día completo entre ambos, una jornada realmente extenuante, colmada de entusiasmo, de palabras duras y otras bonitas, de bromas, de chistes y de una realidad que pretenden cambiar estando unidos para siempre.

Cada tanto sonará el teléfono, aquel que les recordará que existe un mundo exterior integrado por responsabilidades y duros problemas por resolver.

Damián, consiguió hacer un recorte conmovedor de esta historia en que el café es tomado como bebida social, los caramelitos como endulzantes y un tocadiscos como principal instrumento musical de la casa. Una casa que sirve de hospedaje, de consuelo, portador de tantos recuerdos, trofeos, cuadros y aromas de antes.

Cristo y Paco fueron futbolistas, uno mejor que el otro, uno con diferentes intereses que el otro. Sin embargo, aquello que los unió y une fue el amor por la música, esa nostalgia que transmite el tango, esa melancolía, esa lágrima a punto de explotar en la mejilla.

En cuanto a la pieza artística original, tiene la particularidad de contener más humor gracias a las charlas telefónicas que entablan los personajes y los chistes que surgen a colación de éstas. Dichas menciones no están presentes en El aeroplano, aunque sí existen algunas conversaciones que sirven para comprender mejor la vida de estos hombres solitarios y unidos.

Otra diferencia notoria entre ambas puestas en escena es la que se refiere a la ambientación: originalmente, como Paco vive con Fito (su nieto) que es una estrella del rock, los instrumentos de él se contraponen a la estética del abuelo, consiguiendo que ambas generaciones se fusionen a la perfección. Pero, en esta versión, todas las pertenencias de Fito están ausentes. Esta decisión estética produce sensaciones diversas. Por un lado, tenemos esta relacion tan estrecha entre abuelo y nieto, además de la añoranza de su juventud. Y, por el otro lado, contamos solo con la esencia humana, con ese egoísmo que pretende dejar de serlo para darle lugar a lo verdaderamente importante.

Cristo, paradójicamente, nunca pisó un aeropuerto y todos sus viajes fueron a través de la imaginación. Aquella que pudo lograr gracias a las diminutas estampillas de todo el mundo. Paco, un hombre viajado, sí ha conocido lugares físicamente. Dos modos de trascender, de conocer, de aunarse como una sola persona. De elegir por sobre lo que sus familias pretenden. Dos ancianos que quieren vivir por sus propios medios, sin ser vigilados ni hostigados.

El aeroplano emociona hasta lo más profunda, produciendo una ternura suave, como una caricia al alma que se consigue con las melodías de Vayone, una artista que canta sobre el amor, sutilmente, y que deja espacio protagónico a estos viajeros emotivos.

ficha El aeroplano

Mariela Verónica Gagliardi

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Diferentes miradas sobre una realidad difícil de concebir

Trunco28

No todo es lo que parece y todo parece lo que es. No todo lo que brilla es oro ni lo que se supone es de una manera termina siéndolo.

Una música circense nos adentra en “Trunco” (escrita y dirigida por Maxi Sarramone) es una obra de teatro que pertenece al género absurdo y no tiene ningún problema de llevar al máximo esta expresión. Tal es así que, a lo largo de la dramaturgia, se pueden conocer tres estilos de vida completamente diferentes y sacar conclusiones apresuradas si se quiere.

Como un juego tremendo de personalidades, estarán aquellos que disfrutarán de analizar lingüísticamente cada concepto y quienes pierdan los estribos frente a esto.

La escena transcurre en la ruta 135, una ruta en que tres pequeños grupos -compuesto por dos personas cada uno- intercambiarán pareceres de la vida, deseos, necesidades y acciones reveladoras.

Carpa de colores no hay pero se pueden entender la métafora del dueño del circo (Esteban Fiocca), la cual no se menciona con palabras pero sí con la actitud del empleador, quien parece ignorar que existen personas con ganas de trabajar y con alguna posibilidad de hacer algo.

Lele (Leticia Torres) y Mimí (María Viau), son dos mujeres que precisan lo más básico como comida y que son felices a su modo; un matrimonio no tradicional -compuesto por Poco (Nicolás Silbert) y Lucy (David Páez)- y con resentimientos de antaño; y una relación entre padre-hija (Esteban Fiocca y Rocío Orlandino) que necesita un cambio urgente.

Este es el panorama y desarrollo de esta pieza teatral tan bien concebida, excelentemente interpretada por sus artistas y con un aroma a libertad tan grande como un campo en medio de la nada misma.

Con respecto al vestuario, cada clase social exhibe su atuendo característico y el que más resalta es de estas trabajadoras que lucen tela de arpillera, bolsas de residuos y esponjas de virulana.

Masticar una banana puede ser un postre o la comida del día para estas mujeres buscavidas que harán todo hasta llegar a su cometido. El tema es que quizás no sepan cuál es dicho objetivo y se enreden en palabras y expresiones sonoramente correctas. Ellas vendrían a ejemplificar a ese sector más humilde que la precariedad, más humilde que un ruido de estómago a punto del desmayo, más pobre que la necedad y la falta de oportunidad para trabajar. Claro que quien sí tiene la posibilidad de darles una mano, no tiene la intención de hacerlo. Él está para juzgar y encasillar, de eso se trata su paso por la vida. Muy bien vestido pero tan egoístamente parado, se creerá el ombligo del mundo y aquel faro que debe ser observado antes que nada.

Por último, el matrimonio integrado por dos hombres, demuestra lo poco que pueden conocerse dos personas, hasta el punto de ignorar su sexualidad o ambición.

Algo trunco se refiere a aquello incompleto y eso es lo que se simboliza con cada dúo: lo mutilado que queda un ser ante la falta del otro. Cabe aclarar que esta sobreexageración dramática es tomada como tal en la obra pero, existe, en la realidad de nuestra sociedad. ¿Quién no ha sentido la muerte llegar ante la falta de un ser amado? ¿Quién no ha amenazado con sentirse desorientado ante el abandono de éste?

Trunca la vida, el mundo e inclusive el universo por negarle a ciertas personas la claridad para descubrir de que se trata ser y transitar. Aferrarse hasta el punto de convertirse en alguien diferente y, por ello, creerse enamorado. Todas las exposiciones verbalizadas son y existen realmente. Para nuestra risa o asombro, estas seis personas son reflejo de otras. Eso provoca carcajadas o la necesidad de explorarse a uno mismo.

Podría tratarse de un piquete revolucionario, aunque la historia demuestra que es una causalidad que seres tan distintos se crucen y puedan dialogar. Parece ser una acción muy pretendida o poco conceptualizada en estos tiempos. Mientras tanto, las decisiones tirantes se llevan a cabo (como la venta que hace Poco de todo), las amenazas parecen estar al acecho y las respuestas encontrar su espacio para asumir verdades no aclararadas en su momento. Los antagonismos se acercan, se fusionan y se afianzan tan inverosímil como ilógicamente.

Somos seres incompletos y, por más cambio que hagamos, siempre lo seremos.

Mirar la vida con otros ojos y tratar de ver con los de otros, sería la clave para que el mundo se vuelve un poquito menos miserable.

Trunco ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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3er Festival Nacional de Teatro Luján 2015

festival luján

 

Toda la información del festival
las obras que estuvieron
la que ganó
y entrevista a la productora general

coordinador festival luján_000007

El 18 de abril comenzó la tercera edición del Festival Nacional de Teatro en Luján (Buenos Aires). Durante una semana se pudieron palpitar, vicenciar y conocer diferentes estilos de dramaturgias. Tanto niños como adultos caminaron hasta el Teatro Municipal y fueron sacando sus entradas para no quedarse sin butaca.
Un sábado fue ideal para darle largada a esta convocatoria en que los vecinos se acercaron y reunieron, en que surgieron esas típicas charlas de barrio, en que la tercera edad fue la más participativa y que demostró que haga frio o calor, no hay excusas para apreciar las artes escénicas.
La noche empezó con un discurso a cargo de Leandro Suárez (Coordinador general del festival) quien dijo unas palabras sobre el mismo: «es organizado por organización civil Interactuando Compañía Teatral y la Asociación de Amigos del Teatro Municipal Trinidad Guevara.

En el mes de enero se lanzó la convocatoria para participar del certamen, la cual cerró con un total de 106 inscriptos de todo el país. Para nuestra sorpresa llegaron postulaciones desde Chile, Colombia, España, Siberia y la Federación Rusa.
Luego de un arduo proceso de curación fueron trece las obras seleccionadas, provenientes de: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Morón, La Matanza, Pilar, Carlos Casares, San Nicolás de los Arroyos, Córdoba y Misiones».
Tanto El petiso orejudo como Yuna Riglos Artista, ganadores de la primera y segunda edición respectivamente; participaron del Festival pero sin ingresar en la competencia. Ya, durante minutos previos a que empiece este acto de apertura, los espectadores comentaban entre ellos, y a mí también, que iban a acudir a ambas obras. Mencionaban su excelencia y que no se las perderían.
Roberto Castro (Presidente), Marcia Lo Feudo (actriz, escritora y dramaturga), Darío Alice (actor y docente), Pablo Saez (titiritero, actor, autor y docente) y Darío Scarnatto (actor, director y dramaturgo).
El Festival de Luján es autogestionado y, también, recibe el apoyo de diferentes empresas que año a año confían y se suman a la propuesta artística.
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje que se le rindió a la actriz Norma Nápoli, quien falleció hace unos meses pero que todos los presentes parecieron abrazarla eternamente. Sus dos hijas subieron al escenario para decir unas palabras, las cuales decoraron la belleza del video en que pudimos verla actuar a ella, a la gran Norma con sus diferentes personajes.

director teatro festival luján_000012Santiago Rosso (Director del Teatro) mencionó: me parecía que sea el festival el primer evento de esta temporada donde abrimos las puertas después de una intensa refacción. Y, además, me parece que este homenaje a la querida Norma agranda todo el trabajo, un trabajo realizado por todos. Creo que, este festival, cuales decoraron la belleza del video en que pudimos verla actuar a ella, a la gran Norma con sus diferentes personajes.
Santiago Rosso (Director del Teatro) mencionó: «me parecía que sea el festival el primer evento de esta temporada donde abrimos las puertas después de una intensa refacción. Y, además, me parece que este homenaje a la querida Norma agranda todo el trabajo, un trabajo realizado por todos. Creo que, este festival, tiene que continuar por mucho tiempo, porque nos hace muy bien a los lujanenses y, al mismo tiempo, abrimos las puertas a posibilidades artísticas de gente de todo el país».

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Rosana y Laura, hijas de Norma, dijeron unas palabras conmovedoras: «El teatro es poesía que se levanta del hilo y se hace humano (Federico García Lorca)».
«Como hijas de una mujer que amó actuar, que fue inmensamente feliz sobre este escenario, que sentía este teatro su casa. Y, de su mano, recorrimos cuando éramos niñas de diez años. Pasó tiempo». Las obras que estuvieron a lo largo de la semana fueron: «Yuna Riglos Artista”, “La última alegria”, “Rotos de amor”, “La planta de Bartolo”, “Diario de una orientadora de sala”, “Arritmia”,
“Todo hecho”, “Torómbolo, desventuras deportivas”, “Con la tinta entre los dientes”, “El diablo pellizca”, “La maldición del cura”, “Las Garibaldi 2”, “Oavatoc Thánatos”, “Jettatore”, “Supongamos” y “El petiso orejudo”.
El premio mayor se lo llevó “Oavatoc Thánatos”, considerada como la mejor obra del Festival. También, «El diablo pellizca» y «Todo hecho» tuvieron sus menciones distinguidas en cuanto a actuaciones.

mejor obra

La historia tiene dos líneas argumentales: una tiene que ver con el crecimiento de tres personajes desde que empiezan a estudiar actuación hasta que se convierten en artistas profesionales. Y, la otra, tiene que ver con el discurso de cada uno de ellos.
Este trabajo fue producto de la tesis de estudio de estos actores en Córdoba.
El absurdo tiene su protagonismo durante la dramaturgia, convirtiendo la pieza artística en una tragicomedia.
Sufrir es una de las acciones que encarnan estos personajes-humanos, intentando vencer la frustración para lograr sus objetivos.

Mariela Verónica Gagliardi