*** Octubre 2017 ***

Plantas de interior

PH: Manuel Archain

Ficha Plantas de interiorPlantas de interior (escrita por Sol Rodríguez Seoane y dirigida por Miguel Israilevich) es un bello e interesante recorrido por una familia diferente, que se compone por lazos sanguíneos, vecinales y desconocidos.

En el Teatro Porteño tuve la oportunidad de presenciar esta historia en que existe más de un camino a seguir. Por un lado, nos encontramos con el amor de una pareja joven que no tiene muy definido lo que siente e indaga por norte y sur, también la vida de una madre que busca su propia sexualidad, la de un vecino con un problema grave de salud y un intruso que aparece y reaparece, constantemente, de la casa y de las vidas de estas personas. Como si fuera poco, una mujer totalmente extrovertida y súper inteligente será que quiebre el relato en todo momento.

Plantas de interior es un rayito de sol dentro de la completa oscuridad, el deseo de cada uno de los personajes por descubrirse y la certeza de que solo se puede ser cuando se empieza a no pretender de los demás.

Seguramente que quienes vean esta puesta en escena saldrán transformados. Habrá al menos un factor o circunstancia que los deje pensando en su presente, pasado o futuro. O tal vez, en los tres tiempos juntos.

Se pueden apreciar muchas cuestiones de la obra como: el texto, las interpretaciones y por sobre todo la audacia de Guido Gastaldi por llevar adelante una performance tan difícil pero bien lograda (tanto corporal como vocalmente). Sus ojos nos llenan de esperanza, de placer, de ganas, de sentir que nada está perdido mientras existan seres tan brillantes.

Ni su padecimiento ni su corta vida podrán darlo por vencido. Y esto es lo que más se valora. Es un grito de fe, una enseñanza a quienes tienen la oportunidad de tener salud, a todo aquel que utilice la queja como camino en vez de la sabiduría como evolución.

Miguel Israilevich junta y une a estos talentosos del teatro en una casa que está rodeada por vegetación, por un piano y un par de muebles perdidos por doquier. El resto será pura imaginación y un viaje hacia el más allá. Un piano que espera ser tocado, un girasol que aguarda su plenitud, una canción que sintetiza los mejores momentos transcurridos, la oportunidad de aprender de quien menos se lo espera, la paciencia por empezar en el preciso instante en que todo esté en condiciones y las malas actitudes que siempre existirán de parte de aquellos seres que aún no son felices como quisieran.

Personas que se asemejan tanto a las plantas por su quietud temporal y por la respiración constante.

Verdes, de colores, y con pocas exigencias. Macetas que podrían colocarse sobre sus rostros para ocultar tanto dolor o la audacia de regar el jardín interno para construir un nuevo panorama.

Lo curioso en cuanto a los lazos entre estos personajes es que ninguno se fomenta asfixiantemente. Son vínculos tan suaves como una hoja pero, tan exasperantes, como una espina de rosa. De hecho las rosas pertenecen al mundo exterior, aquel mundo que no es demasiado visitado por algunos y luego fomentado por otros.

Todo lo que parezca ser y seguir de una manera, cambiará por completo de un momento a otro. Mientras tanto, el futuro será del más valiente y el pasado de todos aquellos que se detengan en el camino a lamentarse por lo no obtenido en un principio.

Todos los estereotipos más comunes aparecerán en escena, para luego ser cortados con la misma tijera que podría emparejarse un arbusto.

Mariela Verónica Gagliardi

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