*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para noviembre, 2015

Minientrada

Somos la sociedad pos Cromañón

foto charla

La ley nueva sobre Centros Culturales viene a quitar un gran peso de encima que se refiere al modo de conseguir la habilitación para apertura de un espacio. El gran cambio se basa en que, actualmente, desde que se inicia el trámite, ya se puede proceder a funcionar en la actividad.

Con una charla organizada por la Asociación Civil Abogados Culturales y, en conjunto con el Club Cultural Matienzo, se llevó a cabo una reunión en la que la información desfiló con muy buena vibra.

Claudio Gorenman (CCM) fue el encargado de esta mágica charla que tuvo muchas expectativas en las redes sociales y su convocatoria se hizo notar: “Dependiendo del rubro, voy a tener más o menos ventajas. En los Centros Culturales Clase A (hasta 150 espectadores) puedo destinar hasta un 30% del lugar a gastronomía -sin tramitar ningún permiso extra-. Para todo lo demás vamos a tener que tramitar algún tipo de habilitación complementaria como: café bar o cualquier otra.

Lo importante es saber que hasta 150 está perfecto y que sino habrá que consultar específicamente.

¿Por qué hacer esto si puedo hacer teatro independiente? Porque puedo hacer música, porque puedo hacer radio, porque soy un Centro Cultural. Porque tienen ventajas muy similares y a la larga es nuestra identidad.

El año que viene, con los amigos de MECA (Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos) intentaremos que los Centros Culturales puedan acceder a los subsidios de BAMÚSICA, para poder subsidiar la actividad musical de los cientos de centros culturales que hoy no reciben un peso. Así que se nos vienen muchos desafíos para el año que viene”.

Una charla muy interesante, disfrutando del calor al aire libre, en el playón de un estacionamiento en el que no paró de ingresar gente. Una charla sobre la que pudimos conocer los aspectos generales de la Ley 5240, qué consideraciones tener en cuenta, con cuánto dinero estimativamente se debe contar para los trámites administrativos iniciales, cómo se regula actualmente toda la problemática que pesa sobre estos lugares tan indispensables para una sociedad, sobre el amor al arte con todo el significado de la palabra arte y la pasión que tenemos cada una de las personas que, a diario, damos nuestro granito de arena para que los entes gubernamentales entiendan de una vez por todas que la Cultura no es una actividad complementaria de la humanidad sino la humanidad misma y que siempre que tengamos acceso a la misma vamos a ser una comunidad y no solo un grupo de individuos que deambulan por ahí.

La nueva ley aún no tiene número pero ya fue aprobada el 30 de Septiembre por el Gobierno de la Ciudad y a la brevedad se conocerá a través del boletín oficial tanto su número como cada uno de los artículos que la constituyen. Es imprescindible que todos conozcamos cada uno de sus ítems, que la hagamos valer, que la defendamos que continuemos, juntos, defendiendo lo que hacemos y las metas que perseguimos.

Con respecto a esta segunda ley,  comenta que había un truco referido a la “doble lectura” y la gran batalla que tuvieron que perseguir pidiendo ciertas modificaciones hasta minutos antes de que se aprobara para que no fuera en vano todo el trabajo. Los detalles están relacionados a la zonificación e impacto ambiental que resalta “es lo más complejo de todo”. La zonificación tiene que ver con la categoría de barrio, por ejemplo si es residencial o no. Además, hasta hace poco un centro cultural o teatro independiente tendía que ser inscripto con la categoría de industrial. A partir de esta nueva ley, ya no. Todo Centro Cultural, a partir de la nueva ley, puede ubicarse en cualquier zona de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (salvo algunas especificaciones muy puntuales). Respecto del certificado de impacto ambiental, se hace en el organismo correspondiente, luego de tener los planos firmados por un arquitecto. Para casi todas las categorías de centros culturales, este trámite ahora es mucho más simple y el certificado se obtiene por internet, en el momento (salvo ciertas categorías específicas).

En lo que respecta al estudio de impacto acústico, “hay que hacer mediciones, inscribirse en el registro de impactos contaminantes, dependiente de APRA (Agencia de Protección Ambiental)”. Si las mediciones llegaran a salir como que el lugar se excede, deberá hacer los ajustes correspondientes para disminuir el sonido.

También hay detalles sobre el plan de evacuación, que varía de acuerdo al espacio cultural y que debe establecerse desde el inicio de la actividad. El personal de Defensa Civil es el encargado de definir de qué manera se procederá ante una evacuación. Esto solo rige para los lugares de más de 150 personas. Los que cuenten con habilitaciones para menos personas, simplemente deberán contar con un plano dentro del que se podrá verificar la salida más próxima ante un caso de emergencia o incendio.

Así transcurrió la tarde, con información, aplausos y el compromiso de todos de sumarnos a la lucha de defender lo que es nuestro, lo que nos corresponde, lo que siempre llevaremos en el alma y nadie podrá arrebatarnos: la Cultura.

Una jornada muy especial por también coincidir causalmente con el Día Nacional del Teatro que nos envuelve en un molino de viento a favor siempre que brindemos por los logros y continuemos hacia adelante.

Mariela Verónica Gagliardi

 

Minientrada

Besos de amor

Yo no duermo la siesta2

Ese aroma a infancia y a niñez, con aires frescos y conflicto igualmente sin resolver, amores, sensaciones de agobio y placer, tensiones y la vitalidad de hacer remediando, luego, las consecuencias.

Yo no duermo la siesta (escrita y dirigida por Paula Marull) plantea diversos problemas que son ubicados, sin orden de prioridad, unificando criterios, espacios escénicos, momentos recurrentes y situaciones que se van de las manos sin poder arrepentirse.

Una familia es el foco dentro del que irán interactuando cada uno de los personajes principales y secundarios hasta conformar una unidad que se mueve como pieza de engranaje, que se desliza aceitada sin por eso tener que terminar con un tradicional feliz como se quisiera.

Existe un gran contenido simbólico en el que habitan estos hombres, mujeres y niñas. Tal es el caso de Aníbal (Marcelo Pozzi) que, sin lugar a dudas, es el que más llama la atención desde un principio por su dificultad para comunicarse y moverse. Igualmente, él hace hasta lo imposible para lograrlo aunque suele fracasar en el intento por culpa de quienes se burlan de sus problemas como modo de entretenimiento. Así, el bien y el mal toman protagonismo indefectiblemente al igual que lo correcto e incorrecto y varios de los antagonismos que desfilan por la dramaturgia.

El sometimiento es otro de los factores que existen en la historia y a través del que se obtienen determinados resultados, no siempre gratos.

Puede observarse una puesta en escena realmente atractiva, vistosa y que cumple a la perfección con la línea argumental, sin sobrecargar los espacios pero otorgándole a cada ambiente los detalles precisos para que sepamos en qué lugar de la casa se está en qué momento. El vestuario también es el ideal para cada personaje y la música que se apodera del corazón infantil que todos llevamos dentro.

Natalie (Micaela Vilanova) es la que más protagonismo tiene en Yo no duermo la siesta, no solo por su excelencia para interpretar a esta niña perversa e inocente a la vez, sino por el rol que ocupa en la historia. Ella es la encargada de transmitir el deber ser, la moral y, sin embargo, tener acciones opuestas a sus argumentaciones. Uno de los juegos que puede verse es un tratamiento para que su amiga espante a los mosquitos de su cuerpo. Así, cada una de las intervenciones de la pequeña será precisa, eficaz y dando a entender el sufrimiento por el que está viviendo y tuvo que crecer de repente.

El personaje antagónico de Natalie es la talentosa María Marull -quien interpreta a Doris-, una mucama que vive con esta familia y tiene la función de armonizar. Como si se tratara de un hada madrina que sonríe, sufre y llora en privado para después tener la fortaleza de dar lo mejor de sí. Cabe resaltar que Natalie no pertenece a dicha familia sino que es una vecina que, por diversos motivos, está con ésta momentáneamente.

Es verano, los insectos abundan, el clima agobia y las discusiones también. El ventilador no alcanza, los caprichos desbordan y todo explota de un momento a otro.

“Yo no duermo la siesta”, dice Natalie. Porque le hace mal y le da ganas de vomitar al despertarse. Afirma a su amiga Rita (Agustina Cabo) que cuando sea grande va a irse a vivir a una ciudad para evitar dormir de tarde. Esta última sin saber que hacer solo justifica que “Hay que decir las cosas para no enfermarse”.

Mientras Doris se acuesta e intenta no pensar, su mirada se entristece, lagrimea y silencia su padecimiento. Al mismo tiempo, puede verse a las niñas jugar en el living y resulta encantador vivenciar la niñez tan bien narrada. No parece ser una historia sobre la infancia escrita por adultos sino por una mujer observadora que se detuvo a reflexionar en el tiempo y captó la esencia justa de cada momento luego desarrollado por las pequeñas en escena.

Jugarán al videoclip, recorrerán la casa de un extremo a otro y harán cosas de toda niña traviesa. De eso también se trata. Mientras la madre de Rita (Sandra Grandinetti) está fuera del hogar, el descontrol se apodera de la atmósfera in crescendo.

Yo trato, trato, trato pero no te olvido. Yo lucho, lucho, lucho y no lo consigo (Contra la corriente – Karina) se escucha de repente y la cumbia sintetiza una de las líneas argumentales de la obra. Todo parece fusionarse en un punto y los pensamientos de Doris ser, de algún modo, los que transmite en ciertos momentos la pequeña Natalie.

“Hay que darse cuenta de las cosas”, dice Doris; y pretende solucionar como por arte de magia el caos de la casa.

Varios relatos que tienen una profundidad impecable, una sensación de que no todo lo malo es tan malo y que la alegría puede aparecer en determinadas situaciones para digerir los malos estragos.

La adultez recién aparece cuando el personaje interpretado por William Prociuk se hace presente, habiéndose anunciado con anticipación y también existirá un cierre prometedor que emocionará a todo aquel presente.

“No me da miedo ir, me da miedo llegar”, dice Natalie casi al producirse el desenlace de la historia. Una historia que emociona, angustia, que te traslada a un mundo de fantasía y realidad muy bien logrado, que otorga ese don para sentirse bien hasta en el peor momento, recordando quién es cada uno.

ficha Yo no duermo la siesta

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

Minientrada

Negar la realidad no la vuelve diferente

Tribus

Los argumentos sobre conflictos familiares suelen tener bastante protagonismo en las dramaturgias teatrales, así como la manera en que se resuelven dichos problemas en tono de comedia dramática.

En este caso, Tribus (escrita por Nina Raine y dirigida por Claudio Tolcachir) expone a una familia tradicional, pero con cuestiones pasadas que realmente no han quedado en el pasado. Como si hubieran pretendido olvidar las voces que pedían auxilio o las problemáticas de ciertos miembros de la familia o, aún más profundo, el poder de unos sobre otros, los mandatos que se repiten, se internalizan y continúan sin siquiera replantearse su eficacia.

Dentro de esta casa se pueden observar muchos libros y espacio para moverse, trasladarse y debatir acerca de quién es cada uno.

Tribus que admiran a oriente u occidente, que pretenden copiar culturas totalmente opuestas, y adaptar modelos a personas sin debatir acerca de su lugar en el mundo.

Lo que más llama la atención es la ceguera y sordera para asimilar lo que le ocurre al “otro”, la necesidad y simpleza con que la mayoría prosigue su rutina evadiendo el dolor ajeno.

Podrá hablarse mucho de integración, de discapacidades, de capacidades diferentes y de inclusión; olvidando que cada uno es diferente y cada uno tiene propósitos determinados, siendo en general el más frecuente: la felicidad.

Disimular un problema no lo hace disolver, sino que en algún momento se convierte en un fantasma demasiado poderoso como para combatirlo sin secuelas. Un joven que es sordo y que es tratado como si no lo fuera es la mayor evidencia de la problemática que sufre esta familia, de todo lo que pretenden esconder sin importar cuan sometida se pueda sentir la víctima.

La frase tan famosa que dice “hicimos lo mejor” se torna fundamental para el argumento de la obra, y el roce entre uno y otro resulta ser el modo que encuentran de que todo explote y pueda tomar el rumbo más adecuado y sano.

En verdad, existe un desgaste de hace tiempo al que se someten, incansablemente, sin siempre darse cuenta de ello. El factor que hace detonar la situación reinante es la aparición de un tercero que inculcara otra mirada respecto de la vida.

Tribus, clanes, estilos, formas, similitudes, modelos a seguir; terminan siendo sinónimos en algún punto.

El elenco es muy bueno y talentoso, consiguiendo interpretar personajes encantadores con los que podremos identificarnos como público. En cuanto al argumento, no resulta novedoso aunque si se vuelve atractivo el recurso del lenguaje sordomudo que va ganando territorio en la historia. Cuando esto ocurre, cada persona y situación se va acomodando sin tener que discutir demasiado -con en ciertas oportunidades- pero si buscando explicaciones y respuestas para saber que hicieron mal.

Respecto de la palabra, esta se vuelve obsoleta y demuestra que para comunicarse, simplemente, hay que tener ganas de abrirse, de conocer, de aceptar y no siempre contrariar egoístamente.

Como quien aprende de pequeño a hablar, a establecer vínculos, a perseguir sus sueños y a luchar por lo que se quiere; así es la pieza artística. Un espacio por el que desfilan resentimientos, encuentros y desencuentros, rencores, broncas, culpas no sanadas, rutinas escalofriantes y la oportunidad de cambiar cuando se tiene un rumbo.

Mientras se desarrolla la obra, el recuento de votos se está realizando entre los dos candidatos a Presidente de la Nación. Dos tribus se enfrentarán, dos ideologías completamente diferentes se harán sonar y cada segmento apoyara a quien más lo represente. Como una familia de millones de habitantes que nacen, mueren, renacen y se diluyen, como la ambición que no siempre triunfa. Porque ganar no siempre significa tener la razón y el triunfo quizás venga tanto en la dramaturgia como en el resultado electoral, de las convicciones, de la fuerza que tiene cada individuo y la perseverancia -desde el amor- para alcanzar objetivos que puedan hacer evolucionar y no aniquilar por “perder”.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Imprevisiblemente poética

Constanza muere

Hay títulos que sintetizan el argumento, otros que sugieren ideas, algunos caprichosos y solo pocos que permiten hacernos volar antes de tiempo.

Constanza muere (escrita y dirigida por Ariel Farace) forma parte del último tipo y tiene la particularidad de atraer al público, función tras función.

Sabemos que Constanza (Analía Couceyro) muere y, sin embargo, somos conscientes de que el argumento es mucho más que un fallecimiento. Que el folleto dice: Es difícil dejarlo todo, y resulta angustiante imaginarlo.

Una puesta en escena excelente que compone la casa de esta mujer con tantas cosas por decir. Un recorrido por el que se pueden ver todo tipo de objetos, aparatos y accesorios acumulados a lo largo de los años. ¿Acumular para qué?

Constanza es visitada por la muerte (Matías Vértiz) y alguien más que bien podría ser ella de más joven (Florencia Sgandurra). Es entonces cuando los sonidos y acciones guturales se combinan para el desenlace final. Para una muerte convincente y lenta en la que se pueda observar cada detalle corporal.

Y una vez muerta -o habiendo al menos intentado morir- se reúne con ellos y surge un realismo mágico muy atractivo. Disfrutar de una merienda, de un té calentito, de unas macitas y del placer que encierra algo tan tradicional, del poder compartir recuerdos y volver a vivirlos.

Ella está en todo, como toda persona mayor que suele no descuidar el orden ni las plantas ni su memoria ancestral. Entonces cuenta anécdotas de pequeña como una de sus once años en que jugaba a morir.

¿Se pueden ensayar formas de muerte?

¿Se puede preparar una persona para ese momento sin saber cuándo le va a tocar?

Como escenas que se suceden unas a otras éstas son separadas por una luz sepia. No son muchos los colores que aparecen en las vestimentas ya que los diálogos y discursos poéticos ilustran demasiado.

Todo, todo, todo, todo repite la protagonista; y, tiempo después lo hace con nada, nada, nada, nada. Estas dos palabras opuestas -pero complementarias- evocan un universo paralelo en el que es posible la convivencia de antagonismos. Como parte de la contrariedad de la vida, de sus pasos, del olvido y el recuerdo.

Zapatillas de baile que solo darán un impulso y no serán jamás usadas, posturas copiadas de una parca un tanto particular, conversaciones sensatas, sentidas y conmovedoras.

Ver a quien fallece no resulta del todo ameno, pero en esta historia se puede disfrutar el desenlace gracias a la presencia del séptimo arte artesanalmente. No precisa de una pantalla audiovisual ni de aparatos electrónicos, sino que con detalles específicos Ariel Farace consigue fusionar cine con teatro. La guadaña pasa a reemplazar a una cámara filmadora y con las sombras y luces conseguir el efecto deseado.

A su vez, las melodías suenan a cargo de una intérprete-actriz que consigue ambientar las escenas sin pronunciar palabra alguna, pero formando parte de todos los rituales necesarios para que la nueva muerta se sienta a gusto.

Como quien está leyendo un libro habitualmente y, de repente, siento cambios en su cuerpo imposibles de evitar. Como quien pensara toda su vida en ese día oscuro o como quien pretendiera continuar haciendo lo mismo que cuando respiraba. Y, de alguna manera, ¿cómo saber que la muerte no es una continuación de la vida? ¿Cómo comprender lo que se puede sentir segundos antes del adiós definitivo?

Quizás, después de todo, no sea demasiado malo y la oscuridad exista más en vida que fuera de la misma.

Una anciana que habla con un tono de voz impostado y que, recién llegando al final, va entremezclando su propia voz -como si su juventud y adultez se enfrentaran al igual que la figura de la pianista a quien contempla de una manera muy especial-.

Constanza muere es una obra para sentir con el corazón abierto y los sentidos a flor de piel. En definitiva, las interpretaciones en los textos de Farace pueden ser infinitas, motivo por el cual es tan valiosa su escritura y modo de percibir la vida.

ficha Constanza muere

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Documentar la trata para erradicarla

Susana Trimarco

Hay cosas que no deberían existir y, sin embargo, existen. Situaciones que las mujeres jamás tendríamos que vivir y, sin embargo, suceden. Momentos en que la razón  debería predominar y, sin embargo, se desplaza a un lado –olvidando las consecuencias o gravedades de sus actos-.

Cuerpo a cuerpo (serie documental de y dirigida por Mathieu Orcel) es una co-producción argentino y francesa que constará de trece capítulos y que logrará llevar adelante una realidad no ficcionada. Nada de recrear el dolor, porque el dolor existe, ni de escribir monólogos sufridos porque sus víctimas y testigos ya hablan por sí solos. Ni de contextualizar con paisajes bonitos cuando las paredes frías y oscuras son las únicas que saben las verdades.

El 3 de abril del año 2002, María de los Ángeles fue al médico en Tucumán donde residía y hasta la actualidad nunca volvió a su casa. Desde ese día, no hubo descanso para sus padres que la rastrearon incansablemente. Su padre falleció de tanto dolor y su mamá sigue en pie con una fortaleza impresionante. Si bien ya fueron condenadas a 25 años de prisión once de los trece culpables, la sentencia no fue sencilla, el caso pretendía ser cerrado sin culpables y lo que debería haberse hecho en 2 años tardó 10.

Qué decir y reconstruir cuando la realidad es cruda pero no inamovible, cuando existen corazones nobles que resisten y se ocupan de lo que quienes deberían están ocupados por dirigir uno de los negocios más grandes y crueles como lo es la trata de personas. Cuando Susana Trimarco y su nieta, buscan y ansían ver a Marita Verón. Porque estamos en democracia y estas locuras tramadas por psicópatas no deberían existir, en vez de condenarse (si llegara a ocurrir) cuando ya es tarde, cuando las mujeres son cosificadas, violadas, prostituidas, amenazadas, cuando se les realizan cambios de identidades para llevárselas del país y, otras tantas, asesinadas.

Cuando no deberían existir estos casos de mujeres ligadas a la privación ilegítima de la libertad.

Hoy estamos presentes en la Avant Premier de esta serie porque resulta fundamental el apoyo y compromiso.

Cuerpo a cuerpo proyecta en una pantalla gigante su primer capítulo de casi una hora de duración, a Susana Trimarco, a todas las víctimas que se animaron a hablar y contar sus padecimientos, a la lucha arraigada en el corazón de una madre que no pierde las esperanzas y que la busca a diario por diferentes territorios, a su fundación, a su historia fortalecida por una hija ausente y desaparecida hace tantos años, a las imágenes de alta definición con un sonido increíble, a la selección de lo que corresponde mostrar y lo que no aporta, al cuidado que tuvo el equipo por acariciar los testimonios en vez de garronearlos y a algo fundamental como fue el modo de narrar sin crear sensacionalismo y sin pensar en vender sino en transmitir.

Porque es momento de que como sociedad digamos: ¡Basta! Y tomemos real consciencia de que le puede ocurrir (nos pueda ocurrir) a cualquiera.

Porque las cárceles tienen que ser ocupadas por los culpables y no por los que no tienen dinero para fianzas, porque la mafia conformada por la justicia, las fuerzas policiales y ciertos matones no es apta para una civilización que quiere ser feliz y libre.

¡¡Sin clientes no hay trata!!

ficha Cuerpo a cuerpo

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Webber´s night

Andrew Lloyd Webber1

Sin lugar a dudas que existen varios compositores y creadores de musicales y comedias musicales en el mundo que deleitan con su pasión por el canto. Estados Unidos e Inglaterra son las cunas de los musicales más famosos y el homenajeado en esta pieza artística es el genial y talentosos Andrew Lloyd Webber, quien creó The Phantom of the Opera, Evita, Song and dance, Cats, Love never dies, The vaults of heaven, Aspects of love y Starlight express, entre algunos de los más conocidos y que tendrán ocasión a lo largo de la presente velada teatral.

Un elenco de artistas con vestuarios realmente de gala, sorprenderán con sus voces y harán que Velma Café se convierta en un escenario digno de ser recorrido con aplausos.

Diferentes tonalidades vocales, estilos, expresiones y formas se conjugarán de un modo diferente y heterogéneo. Así será como Los musicales de Andrew Lloyd Webber (musical dirigido por Matías Ibarra) podrán ser apreciados, conocidos y puestos al alcance de toda persona amante de este género y, claro está, del compositor.

El 22 de marzo de 1948 nace este genio en Inglaterra y cada una de sus composiciones le fueron otorgando drama a las hisotorias montadas, magia, vuelo y mucho vigor a cada uno de los relatos. Nacido en una familia de músicos, a los 9 años escribió su primera composición y ya en 1967 escribe, junto a Timothy Rice, la obra Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat, en 1971 le toca el turno a Jesus Christ Superstar, a Evita en 1976, Cats en 1981, cinco años después The Phantom of the Ópera, y continúa el listado.

Observando a mi alrededor pude encontrar a un público muy cálido que apreciaba a este grupo de cantantes y, también, a quienes no estuvieron del todo conformes con la puesta en escena. Sucede que siempre que se realice un homenaje a alguien tan conocido (al igual que ocurre con obras de teatro pertenecientes a autores clásicos) se puede discrepar mucho en cuanto a si se respetó o no su estética, si le otorgaron algún sello propio y tantas otras cuestiones que podrían analizarse de acuerdo a la apreciación de cada espectador y su contexto.

En lo particular puedo esbozar una alegría enorme al notar cómo se creaba una energía que envolvía al elenco, que los dotaba de esa calidez para unirse y cantar.

Todo fue prolijo a nivel estético y las sonrisas reinaron en cada uno de los cuadros presentados del universo Webber.

En cuanto al acompañamiento musical brindado por el pianista Mauricio Griotti, se pudo sentir una linda atmósfera que combinaba sonidos y voces.

Manteniendo el idioma original de cada una de las canciones, quien sea fanático de los musicales londinenses podrá suspirar de alegría y no sufrir por malos doblajes, pero quien no comprenda perfectamente el inglés ni la esencia de las letras podrá suspirar por la energía transmitida por sus artistas. Dos formas de disfrutar, de sentir y de abrazar los musicales.

ficha Webber

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

Idénticos III en Teatro x la Identidad

teatro x la identidad

Teatro x la identidad cumple 15 años y lo celebra con una nueva edición, como cada ciclo anual, con muchísimas propuestas y sedes que se suman (como el Centro Cultural Kirchner). Actores, autores y directores con el apoyo de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Desde el 16 de noviembre que el teatro comenzó a rodar para que, de manera gratuita, todos puedan disfrutar y apoyar a esta causa tan noble como es la búsqueda de los nietos desaparecidos.

La obra escogida de la programación fue Idénticos III, dentro de la que se pudieron ver doce monólogos escritos por doce autores y dirigidos también por doce directores.

Mariano Mazzei abrió la noche con F5 (autor: Lucas Lagré y dirección Emiliano Dionisi), un monólogo en el que un hombre acaba de separarse y sufre muchísimo. Aprovechando que le entró un virus a la computadora, se comunica con su ex y le pide asesoramiento. Si bien existen algunos gags humorísticos, predomina la angustia y profundidad de un relato excelentemente bien interpretado, como es característico en Mazzei.

El cabello por el suelo (autora: Andrea Garrote, director: Mariana Chaud), interpretado por Andrea Garrote, parte de un corte de pelo que la define y le configura una nueva identidad en su adolescencia. Hay cosas que no existen en el mundo de las palabras – menciona. Otro de los factores que la definen es un encuentro casual que tiene en un bar con un hombre, el cual le muestra una fotografía con una amiga de él muy parecida a ella. Esta situación le aclara cuestiones que nunca había podido entender y que por ello veía presencias en su cuarto a menudo.

Mi China (autor: Juan Carrasco, director: Becky Garello) fue una simpática puesta como intérprete a Marcelo Mellingo. Consiguiendo una inmediata identificación con el público, logró contar su relación utópica con una empleada de supermercado chino a quien confundió con japonesa. Él relata cómo se enamoró de Li mientras la veía cortar fiambres, hasta que un día fue con sus “tropas de élite”para conquistarla pero, por confundir su nacionalidad, no logró su cometido.

Despedida (autor: Mariano Saba, director: Ignacio Apolo) me atrevo a afirmar, fehacientemente, que fue el mejor monólogo de toda la velada, con un texto increíble, dinámico, entusiasta y una actriz como lo es María José Gabin impecable. Un verdadero equipo que supo elegir a la artista indicada para desarrollar a una directora de colegio muy bien personificada, con el estereotipo más común que se puede conocer en las escuelas.

Sus palabras como directora, en un acto de fin de año, súper tradicional pero en el que ocurren algunas vicisitudes como retos en público, apretones a los señores padres, resentimiento transformado en sonrisas irónicas. De repente, su discurso se mezcla con una introspección hacia su vida, hacia el camino tan distinto que tenía soñado para ella y que, bueno, le “tocó” otro. Los he parido – menciona. Y realiza un recorrido por los años, con su voz chillona, diciendo que las criaturas son delincuentes de un año y pico. La particularidad de esta escena fue que mágicamente parecían aparecer cada uno de los personajes citado por la dramaturgia. Un verdadero monólogo con todos los condimentos que debería tener cada pieza para brillar.

Continuó un monólogo de humor, interpretado por la actriz Alejandra Flechner, titulado El amor en tiempos de whatsapp (autora: Macarena Trigo, directora: Mónica Cabrera). Este discurso comienza con unas palabras tajantes sobre qué es estar enamorado. Así, le habla a un hombre al que le dice que no es muy enamoradizo sino que es un idiota. Con un sable muestra formas de artes marciales comparadas con las búsquedas de su vida.

Sin dudas que uno de los monólogos que más emocionó fue El hombre de mediana edad (autora: Jimena Aguilar, director: Claudio Martínez Bel) interpretado por Marcelo Mazzarello nos pasea por un interesante texto vinculado a lo que siente un hombre a lo largo de los días con su nombre, apellido y demás factores. Se podría cuestionar si es imprescindible llevar un nombre o saber quién se es en verdad. Entonces, como un juego impactante él cambia su nombre según el día, el apellido también y cada vez que despierta habla un idioma distinto. Astuguider es el apellido que más le gusta, aunque lo que más lo conmueve es el significado poético que le encontró a la vida, al modo en que recita versos sobre paisajes en los que logra identificarse por completo.

Cuando le tocó el turno al gran Osqui Guzmán con Tambor (autora: Lucía Laragione, directora: Leticia González de Lellis), el espacio escénico se transformó energéticamente. Y es que se trataba de los pueblos originarios, de los africanos que piden por la libertad. Mientras, Osqui, utiliza la percusión para decir que “Después retumbaron otros tambores”. Como si los pedidos de esta comunidad tuvieran el eco necesario para hacerse oír.

“Nosotros, los negros, estamos resonando” – dice en otro momento del discurso. También se encarga de mencionar a distintas personas desaparecidas que nunca serán buscadas. Un relato que utilizó muchas metáforas y sonidos de percusión para ejemplificar lo que sienten aquellos olvidados.

El piano seguía interpretando melodías clásicas de la mano de Martín Pavlovsky, quien homenajeó con su música a una etapa oscura que todos desearíamos borrar de la historia pero que, sin embargo, no es ni será posible ya que está de por medio la vida de miles de jóvenes reprimidos por los armados.

En cuanto llega El origen (autora: Carol Inturias, director: Mauricio Kartún) con la presencia de Lorena Vega, nuevamente los pueblos originarios son citados desde varias aristas. Lo cómico, lo irónico y lo vulgar se fusionan como varios mosaicos que pretenden formar un gran paisaje. Lorena le habla, sentada en un banco alto, a un pibe. No podría mencionarse como hombre ya que sus vocablos demuestran lo molesta que está con él. “Para saber a dónde vas, tenés que saber de dónde venís”. Y aquí ocurre otra cuestión: nuevamente los años más tenebrosos de la Argentina.

Ella se tilda de negra y justifica que existieron grandes personalidades a las que se mencionó con dicho apodo: Mercedes Sosa y Alberto Olmedo son algunos de los citados por su grandeza.

Continúa hablando y refiriéndose a ella misma como negra pero también resentida. Cuestiona el día de la raza al que se modificó con un título muchísimo más largo: Día de la diversidad…

Las resistentes (autor: Nelson Mallach, director: Raúl Mereñuk) trae a Marta Bianchi, una mujer pobre que vive junto a su gran amiga Elsa. Ambas le deben poner el pecho a la vida, cazar gatos para sobrevivir y hacer determinadas cosas que las herirán en lo más profundo.

Con un palo de amasar como arma de defensa, ella no perecerá nunca y cuidará a su amiga -quien cayó en manos de la prostitución y que, igualmente, dejará a un lado sus prejuicios para ayudarla-.

El debut (autor: Gabriel Graves, director: Mauricio Kartún) interpretado por Manuel Vicente, compara un ring de boxeo con la guerra.

Con un monólogo cargado de ironía, este hombre entrena a un boxeador a quien le da consejos, diciéndole, que es un artista, que cuando le pegan un golpe cae como artista.

“Hay que saber perder con arte” – le dice en un momento al joven, a quien compara con Firpo, y pretende transmitirle toda la confianza necesaria como para que no se rinda. Luego menciona que siempre hay que estar de un lado o del otro: del que gane o del que pierda, pero siempre tomar partido.

La violencia de género, los maltratos, las violaciones y todo el terror que sufrieron y sufren muchísimas mujeres es representado por María Fiorentino en Se los dejo pasar (autora: érica Carrasco, director: Manuel Vicente).

Una enfermera que cumple su turno como empleada, que hace lo que le ordenan y, sin embargo, no puede dejar de tener angustia por la sangre que ve derramarse. Como si se tratara de una indagatoria, ella deberá responder todo lo que se le pregunte. Ella no se siente parte del sistema para el cual colaboró, ya que menciona que la contrataron por su discreción.

Pero su calidad de mujer la hace involucrarse, emocionalmente, con el caso de una joven embarazada a punto de morir: “Tenía un sufrimiento que no le llegaba la voz”.

Y, llegando a su fin, el último monólogo llamado Vuelta (autor: Mariano Saba, director: Uriel Guastavino) estuvo a cargo de Osvaldo Santoro. Un hombre que recuerda a su abuelo, haciendo sonar una cajita de música.

Los relatos de su infancia cobran vida en su memoria, en su rostro, en su sonrisa. Rememora la primera vez que sacó la sortija andando en calesita y la personalidad vibrante de su abuelo cuando cantaba (…) “Viva la Internacional!”.

Músico: Martín Pavlovsky

Selección de textos: Mauricio Kartún

Dirección: Daniel Veronese

Mariela Verónica Gagliardi

 

Minientrada

Los vientos de la desgracia

juan moreira

Ya de por sí su nombre pisa fuerte, tiene vigor y un encanto específico. ¿A quién no le hubiera gustado conocerlo y charlar un rato con él? Saber de sus convicciones, de su lucha, de nunca bajar los brazos, del miedo que no formaba parte de su vida y de sus propósitos.

Juan Moreira (versión y dirección de Claudio Gallardou que se basa en la original de José Podestá) es un drama en un acto y nueve cuadros que ilustra una época muy trágica de la historia argentina: el enfrentamiento ente gauchos y soldados.

Al comenzar la obra, Juan Moreira (interpretado por Alberto Ajaka) dice quién es, por qué y su legado. Una vez terminado su relato, no tiene más tiempo que para escapar y escabullirse donde pueda. El Alcalde Don Francisco menciona que “Si los gauchos son gauchos salvajes, ¿qué será de nosotros por Dios?”

La escenografía bien campestre, va modificándose y detallando -cada lugar recorrido por Moreira y sus persecutores-, con diferentes estilos que permiten otorgarle también un tinte contemporáneo.

En cuanto a la música, surgen diferentes ritmos como: milonga y zamba, fusionándose con el drama y los momentos de comicidad en que –como espectadores- nos relajamos un poco la tensión imperante.

Los payadores interactúan con los personajes y le otorgan a la pieza artística un vuelo más alto, al igual que el pianista que va sentenciando los pasos hacia la mortalidad del gaucho.

Su amigo Julián (y padrino de su hija) intenta convencerlo de que cambie de opinión pero Moreira es un hombre cerrado, rudo y que irá por lo que juró. No hay que olvidarse que, como tantas tragedias, la presencia de su esposa Vicenta es por la que se desata la ira del famoso sargento Chirino. Una fiesta de cumpleaños no comunicada y llegada a oídos de este oficial que se toma demasiadas atribuciones.

Una pulpería será uno de los espacios en que se desarrollará la historia dramática, intercalándose con paisajes y otros lugares en que ocurrirá la acción.

Es digno de destacar no solo la parte actoral, de dramaturgia y dirección sino el sonido que nos permitirá ingresar en un universo desde los primeros minutos de la obra. Resulta más pasional y un plus -la música en vivo-, la percusión que va acentuando la tensión y las pausas marcando el suspenso de lo que estará por venir.

En cuanto al vestuario, está muy bien caracterizado tanto para los personajes femeninos como para los masculinos, se percibe cómodo y le permite a cada personaje desplazarse, correr y danzar perfectamente.

“El engaño quema las entrañas del hombre”, dice el Tata (abuelo de Vicenta). A lo que, más tarde, el héroe gaucho agrega: “Yo no nací Juan Moreira, yo no nací peleador, me han hecho pelear los hombres pa´ defender mi honor”.

Cuando Moreira mata a uno de los hombres y huye, rápidamente, el alcalde toma prisionera a su esposa y pretende denigrarla y violarla (hecho que por suerte no llega a consumar). Allí está él, batiéndolo a duelo, defendiendo a su mujer, a todo lo que considere que debe cuidar con uñas y dientes.

El malambo muestra la guapeza de los bailarines, sus dotes para la danza, esa esencia originaria que pisa en el lugar preciso. Algunos se lucen más que otros, al igual que las parejas que desfilan por el escenario, que se dicen versos recitados y se seducen con las miradas.

Esta pieza teatral realiza un gran despliegue escénico en que es posible disfrutar del teatro en vivo, deseando que gane Moreira, sabiendo que eso no ocurre, sufriendo con cada tropiezo y pidiéndole a la vida que las cosas pudieran ser diferentes.

“Como mi alma tiene alas, a mí me gusta volar”.

ficha Juan Moreira

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

La increíble manera de contar historias

Historias para no salir de casa1

No siempre es posible salir a la vida de una forma espontánea o, al menos, siendo valorado o apreciado por el entorno. Existe un cautiverio auto impuesto por miedos, temores o la falta de valor para afrontar situaciones.

De más está decir que no hay que ser un súperhéroe para moverse rutinariamente, aunque muchos puedan sentirse desplazados por no tener personalidades interesantes.

En lo personal, me atraen mucho las pequeñas historias al modo de microrrelatos. Como si una obra durara de una manera diferente al tiempo narrado por las agujas de un reloj o de ese tic tac insoportablemente tedioso.

La dramaturgia titulada como Historias para no salir de casa incluye tres historias simultaneas (dirigidas por tres artistas diferentes) que se vinculan con un personaje determinado -el cual está ausente pero vivo-.

Si bien el título podría interpretarse y relacionarse con relatos que impiden cruzar la puerta de calle, el sentido no es tal sino la oportunidad de crear desde el encierro. Un encierro que no tiene por qué ser tal pero que, de alguna forma, es lo más cómodo para algunos de los personajes.

Como si se tratara de un triángulo, cada vértice está ocupado por una familia distinta que tiene problemas puntuales, temas sin resolver y un gran desconcierto por la vida. Se puede ver a dos hermanas adolescentes desconsoladas por su madre ausente quien las desplaza sin ninguna culpa; una madre grande con su hijo sin más problema que el de no hacer nada, dejando que el tiempo transcurra sin remedio; y un matrimonio joven con intereses opuestos y sin demasiado futuro junto.

Al observar la puesta en escena, resalta la simultaneidad. Esto quiere decir que mientras las luces iluminan un sector, las demás historias no se oscurecen sino que continúan interpretándose corporalmente. Así, el espectador, tiene la posibilidad de construir su propia historia recorriendo aquellos momentos que más le impacten.

El encierro y las cuatro paredes les sirven de protección, claro que una protección o seguridad falsa pero convertida por los temores como la única posibilidad de no sufrir más de la cuenta.

Si la madre dejara de recibir las fabulas de su hizo, si las hermanas dejaran de enfrentarse por pensar diferente y si la pareja respetara lo que el otro quiere; las tres historias tomarían otros rumbos. El camino del afuera en que tendrían que cruzarse con el linyera que miran, en todo momento, por la ventana. Aquel hombre juzgado, representado en sus imaginaciones como un ser configurado fantasiosamente y como, en definitiva, el único que evidentemente vive como se le antoja.

Pero si la palabra se silenciara, la incertidumbre cubriría esos espacios -cubiertos con información irrelevante-. Nuestra cultura es tan opuesta a la oriental, tan apoyada en la dialéctica, en la filosofía, en buscar justificaciones como si todo tuviera que tener un por qué.

Cabría preguntarles a estos seis personajes por qué no pueden dejar de hablar y de comunicarse así, por qué no optan por otro tipo de lenguaje o método.

La madre necesita un mundo mágico para sentir que su vida vale, el esposo precisa vincularse con el linyera para construir su propio mundo interno y no evolucionar, y la hermana más chica necesita una sometida para aumentar su autoestima inexistente.

Y todo finaliza cuando el hombre en cuestión determina su importancia en la vida de estos seres tan particulares y poco conectados con sí mismos.

ficha Historias para no salir de casa

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Siga el baile

Marathon1

Dos países que poco tienen en común y que, sin embargo, se unen bajo la pluma de Ricardo Monti para narrar las desgracias de los años 30 en que la humanidad pretendía sobrevivir ante diferentes tipos de conflictos. En lo que respecta a Estados Unidos, la crisis de Wall Street provoca la denominada Gran Depresión y, en lo que se refiere a nuestro país, el Golpe de Estado liderado por Félix Uriburu quien derroca al presidente, radical y democrático, Hipólito Yrigoyen.

Marathon (dirigida por Anahí Gadda), reúne a un grupo de estudiantes de escuelas públicas de Buenos Aires y convierte esta historia en una muestra en que los adolescentes pueden meterse en la piel de diferentes estilos de personajes –algunos más comprometidos que otros- y hacer relucir la oportunidad de actuar.

Cuán importante se vuelve para los chicos el tener la posibilidad de hacer arte. Y, en este caso, Gadda les vuelca su talento y profesionalismo para que el recorrido realizado por esta pieza teatral dramática siga retumbando en el inconsciente colectivo.

Con respecto a la escenografía, realmente, cuida hasta el más mínimo detalle, utilizando el reciclaje como recurso para la estética de lo que se luce. Así se puede por ejemplo ver un ventilador de techo inutilizado y puesto como adorno, banderines de colores que cuelgan desde lo alto, un tocadiscos, engranajes luciendo sin su función. Hacia ambos extremos pueden contemplarse estas ornamentaciones que guardan extrema relación con el argumento.

Si bien la obra fue escrita sobre 1930, se publicó en 1980 –año en que imperaba la dictadura militar-. Momentos de plena angustia, desolación y temor que son trasladados como un campo de concentración a una pista de baile cercada de la cual no pueden salir. Y no es que no puedan saltar y correr sino que las amenazas realizadas por el presentador del certamen (infinito) son tan firmes como la palabra de un hombre autoritario ya que produce miedo con el porte, con la percusión y cada paso de su irónica existencia.

Una maratón planteada como fortín, como espacio de expresión y resistencia, con ambivalencias tan grandes como toda contradicción del hombre. Un espacio en el que cada pareja podrá sabotear lo que más le duela o incomode. Tragedias que podrían evitarse con la unión y la valentía pero que aún no se sabe el cómo.

La cultura aparece, surge y renace en la voz de una mujer que interpreta bellísimas canciones con su guitarra criolla, acompañada por su pareja que recita poemas. Esta pareja es la única que representa una luz en el cambio, que se libera de los sentimientos hirientes y expresa con tiernas melodías de esperanza.

La flor más linda del barrio, a su paso iban brotando, requiebros, palabras hondas, que del pecho varonil, salieron aquel abril – canta la artista con su instrumento, acompañada por el poeta.

Mientras las discusiones y los trapitos al sol se desnudan a toda hora, los cuerpos están flagelados, devastados, ansiando descansar un rato, dormir lo que precisen. Pero son privados de su necesidad. Quien abandone el lugar no se irá flameante sino que podría suceder lo peor.

Ellos no habrán imaginado siquiera que un concurso de baile se convertiría en esta tortura. Ni las borracheras les harán sentir alivio, sino que delirarán cada vez más.

Una de las canciones más atractivas es una que menciona un ritual africano llamado Mamá Chola. Durante este mambo, cada uno de los actores aprovecha para presentarse por su nombre y danzar sin una coreografía impuesta sino dejando que sus cuerpos hablen y pidan. Es sumamente interesante esta representación y cada una de las festivas que oscila entre represión y tristeza. De esta manera se puede respirar y sentir ese aire rejuvenecedor.

De repente se escuchan las plegarias desesperadas: “¡Agua, por favor!”, “¡Corro por el campo descalza!”, “¡Me estoy secando!”. Se continúan una tras otra, como los movimientos corporales que corren en el mismo lugar intentando llegar a un lugar en el que sentirse a salvo. Las gotas de sudor los recorren por completo, algunos callan para siempre mientras otros se imponen con la palabra. Hasta que irrumpen dos hermanos a último momento y pagan para ser incluidos en el concurso. Un concurso  del que en ningún momento se menciona cuál será su premio, si existirá o si es una burla del que maneja la batuta para quedarse con el “premio mayor”.

Una música talentosa, una comediante que dará que hablar en el futuro y un presentador que tiene el papel más comprometido de la obra con un extenso libreto que consigue interpretar de forma óptima.

Marathon o Maratón, significa carrera. Pero, ¿a dónde ir cuando no existe un destino prometedor? Como corriendo en el lugar o rotando, así prosigue todo hasta que la luz se apaga.

ficha Marathon

Mariela Verónica Gagliardi