*** Octubre 2017 ***

Nadie mejora8

¿Qué puede esperarse de la juventud cuando se la encarcela en un trabajo precarizado, mal remunerado, tensionante y poco placentero como el de un call center?

Andrés Binetti y Mariano Saba logran recrear un espacio con tales características que nos permiten sentir, por un rato, lo miserable que son las vidas de sus trabajadores. Para ello, la ironía cumple un papel fundamental para que la tragedia no sea tomada como tal. Así es como estamos en presencia de una tragicomedia. Quitándole el humor negro sería un verdadero drama, de esos en que el rostro se queda tieso y la mandíbula abierta, en que las lágrimas no paran de mojar la cara y el cuerpo por completo.

“Nadie mejora” (dirigida por Andrés Binetti) es el resumen de la pieza teatral y de su argumento. Estas dos palabras Nadie mejora10inquietan y deprimen, a la vez. Si nadie puede mejorar, ¿cómo es que la sociedad progresa? Ah, no. En realidad, los autores demuestran que no existe avance al haber lugares de este tipo. Lo lamentable es que un call center es un ejemplo puntual, conciso; pero existen millones de empleos en los cuales lejos de hacer sentir orgullosos a sus trabajadores, los deprimen… a veces llevándolos hasta al suicidio.

La puesta en escena es muy ágil y focaliza en aquellas situaciones relevantes, las cuales conducirán a los siguientes días.

De lunes a domingo, podremos ser testigos de despidos, maltratos, incoherencias, diversiones, desamores y otras cuestiones más relajantes como la presencia de la música.

Ellos no han elegido trabajar de telefonistas, atendiendo e intentando ayudar a personas que quieren quitarse la vida. No les quedó otra alternativa, evidentemente. Es entonces cuando se concentran y actúan, de cierta manera, Nadie mejora11hasta creer que es el mejor trabajo de sus vidas. Ellos les dan consejos y contención a suicidas. No son psicólogos ni médicos, sino simples humanos -con conflictos personales, muy inestables- en busca de solucionar problemas ajenos.

Todo marcha de forma tan rutinaria que cualquier inconveniente personal se convierte en protagonista. Desde una separación hasta el olvido de un cumpleaños. Pero, un día, uno de los llamados se vuelve más real de lo corriente y los invade hasta atosigarlos. Así, toman dimensión de verdad de lo que les toca hacer a diario. Asumen, internamente, que en ellos no está el cambio y, desde ese punto, coincido en que no mejoran a sus clientes.

Como decía recién, la música está presente y muy al estilo yanqui, los empleados buscan un espacio de recreación, tocando instrumentos y cantando temas populares como el carnavalito.

Todos los clichés de películas norteamericanas están presentes, no para homenajearlos sino para burlarse y resaltar lo ridículo que son las superficialidades. Lo morboso que es el sistema capitalista y el materialismo.

Nadie mejora4

Un Estado parece estar ausente, borrado del planeta. Como cayendo en un paracaídas, las personas se mueven -por inercia-, sin sentir que sus vidas no valen absolutamente nada. Sus puestos de trabajo no les pertenecen, son números y podrían ser suplantados al instante por cualquier otro empleado. Basta con aprenderse un speech protocolar e inmediatamente estarás adentro de una empresa que forma parte del demonio capitalista que se va devorando a todos, de a uno por vez, dejándolos vacíos, sin alma, sin deseos, solo con la inmensa sensación de que la muerte es la mejor solución.

“Nadie mejora” es un replanteo sobre la realidad argentina más que nada, partiendo de incertidumbres para terminar envueltos en verdades nostálgicas.

La escenografía -compuesta por escritorios, auriculares y teléfonos- demuestra quietud, estancamiento, frialdad; pero por momentos parece no todo estar perdido. Hasta que la cruda realidad nos recuerda que sí.

Nadie mejora15Una historia para reír, reflexionar, distenderse; llevándose la enseñanza más importante que es vivir. Como se quiera o pueda, pero vivir.

En mi mente se posó After hours (Película de Martín Scorsese), que representa la vida desvalorizada de un trabajador de oficina. Si bien las dos propuestas son muy diferentes, tienen ese vínculo de conexión laboral en que la rutina los aliena de tal forma que no pueden darse cuenta de que existe una vida exterior hermosa.

Es imposible dejar de lado a la delincuencia. En definitiva, esta obra es una ventana abierta a lo que ocurre a diario. No se trata del robo llevado a cabo por una persona estereotipada socialmente, sino de aquel individuo, bien vestido, que utiliza su inteligencia para darle a los demás lo que necesitan, cobrándoselo de alguna manera.

¿Vos qué hacés para mejorar?

Mariela Verónica Gagliardi

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