*** Agosto 2017 ***

el huérfano feliz1

Nunca estuve como espectadora en un escenario ni imaginé que se podría brindar una función de esa manera.

Una conferencia le da la posibilidad a Antonio Leiva de contarnos al oído toda su vida, su felicidad y sus pesares.

Parece ser demasiado lo que transito hasta ahora y su cuerpo esta realmente cansado, agotado. Él es hijo de padres judíos y el agobio es imposible de contar cuando no se pertenece a una familia de esta colectividad.

Pero, Leiva, intenta hacer al comienzo un juego de palabras y de filosofar acerca del término madre.

Su modo de hablar y reflexionar lo convierten en uno de esos actores de antes, donde cada ademán y gesto le dan ese valor agregado a una obra, donde la mirada no es solo un par de ojos observando a un lado u otro.

Una historia autobiográfica puede ser interesante según de quien se trate y de eso no hay duda. Antonio Leiva tiene una manera de narrar atractiva y conmovedora, produciendo un círculo íntimo aun sin conocernos. Hasta el más mínimo detalle es importante para evocar su pasado, un pasado en el que sus padres -muy al estilo freudeano- son los culpables de su infelicidad al igual que los motivadores del desarrollo de su vocación -sin siquiera éstos proponérselo-.

Por otro lado, el contexto político le otorga también otro interés a este casi unipersonal en el que un memory couch () le da el pie a Leiva para que prosiga con uno u otro tema.

De pequeño su mamá le había hecho un disfraz para hacerlo participar en un concurso. Al ganar, Evita le entregó de premio una bicicleta. Cualquier niño hubiera estado feliz, él sin embargo no ya que era rodado 26 y tendrían que pasar muchos años para que la use.

Leiva no pretende impresionarnos sino contar su vida, eligiendo la niñez como lo más relevante para transmitir.

Hay que matar a la madre, dice en un momento, pero no es ningún asesino ni loco. Solo intenta hacer referencia a la teoría de Freud sobre el complejo de Edipo.

Todo parece tan retrógrado y sin embargo el psicoanálisis sigue consiguiendo victimas que dependan de un profesional en vez de sus padres.

Él, huérfano, quiere mostrarse feliz. Seguro lo es por momentos, al igual que todos. Él necesita dar a conocer su condición pero su padre parece haber sido solo un nombre.

Huérfano en vida y muerte. No es el único ni será el único. Leiva es todo lo que quiere y de nada se arrepiente. Él mismo fue escogiendo aquello que le daba placer. El arte lo formó y convirtió en lo que es y esta puesta en escena, con un espacio poco cargado de objetos, con lo justo y necesario, debería llenarse de un público comprometido y sensible.

Qué importa el qué dirán ni los patriarcados! Uno intenta convencerse y mostrar rebeldía ante una sociedad que siempre fue conservadora, que en todo momento señaló al que tenía padres separados o era adoptado. No hace falta negar esta realidad.

Este artista no solo es un ejemplo de vida sino de posibilidad de cambios, de renovación. El demuestra cómo se puede convertir un pasado muy fuerte y doloroso en enseñanzas y experiencias. El resentimiento como tal, anclado no debería formar parte de un ser humano.

Y volviendo a las anécdotas, son muchas y variadas. Recomiendo que formen parte de esta conferencia abierta donde se irán colmados de amor. Eso es: verdadero amor por lo que se hace. La única sugerencia que con humildad quiero hacer es que todo el escenario sea suyo y nosotros vayamos a las butacas, solo así cada uno estará en el lugar que le corresponde.

Mariela Verónica Gagliardi

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Comentarios en: "Una historia de vida" (1)

  1. Javier Peñoñori dijo:

    Recrea y trabaja con su propia historia. Transforma éste evento tributando a su madre a quien homenajea; una mujer argentina de la década del 50, militante peronista.
    Se recuerda el bombardeo de la oligarquía contra el pueblo argentino y el gobierno en un 16 junio de 1955, con 364 personas y más de 700 heridos, en Plaza de Mayo siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina.
    Llevando con humor, interactúa con el público cercano y contagiándonos en esta obra emotiva y de calidad. Muy bueno, Antonio.

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