*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘títeres de mesa’

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El triunfo como identidad

Óscar1El deporte no podía estar ausente dentro de las diferentes secciones del 9no Festival de títeres para adultos. En general, el mismo, es menospreciado hasta el punto de ser considerado algo de menos nivel que la literatura, el arte, la danza, entre algunos de los más vistos.

Pero, el deporte -y más específicamente, el fútbol- forma parte del espectáculo. No es simplemente una pelota blanca y negra perseguida por veintidós jugadores. El fútbol es un evento que permite compartir sensaciones, pasiones, idolatrías, amor y odio, placer y un modo de canalizar energías.

Óscar (de y dirigida por Miguel ángel Vigna) es una obra de títeres de mesa -con música en vivo- en la que un arquero es la figura principal. La sala del Celcit, nuevamente, fue el escenario para que este personaje deportivo pueda lucirse. Él formó parte de uno esos equipos que marcaron historia. Es reconocido, pero su vida actual se encuentra en decaimiento. Como todo ídolo, tuvo su momento de popularidad para, luego, caer en una adicción que lo ayude a sentir que el tiempo no pasó.

La bebida alcohólica pasar a ser su aliada en este camino y la única que lo acompaña en sus momentos de soledad. Es así como, en un principio, podemos ver los momentos de gloria de Óscar y, con el paso del tiempo, la noche que lo embriaga hasta quitarle el control de su propia vida.

Esas charlas tan reales, a pesar de ser representadas por títeres, dotan a la obra de una profundidad inmensa. De la cima al subsulo, pasando desapercibido por todos menos por el dueño de un bar que lo sigue admirando e inclusive le pide poder patear un penal, mientras un borracho se duerme sobre la mesa olvidándose donde está.

Polémicas, recuerdos, añorando épocas pasadas en que se supone todo era mejor. Y, en verdad, siempre, en el presente suponemos que lo anterior fue mejor por el simple hecho de que ya olvidamos lo más importante y quedó la esencia. Por eso, este arquero tan carismático nos invita a replantearnos muchas cosas.

Mientras la bandera gigante en la tribuna reaviva al ídolo olvidado, una bandera es movida en escena por uno de los titiriteros y la sensación de estadio se recrea a la perfección. Estamos vivenciando un partido hasta que lo peor ocurre, una noticia inesperada o que, al menos, nadie quisiera asumir. La medalla, los triunfos, su sonrisa y cada anécdota lo imprimirán en pósters.

Como si se tratara de un documental autobiográfico, el artista está vivo aunque sus mejores momentos ya no. Narra y se emborracha, como queriendo no avanzar hacia un futuro tan poco prometedor. Así es la vida, con sus ciclos, con sus momentos buenos y malos, solo que quienes conocieron la gloria no podrán asumirlo. Solo la música podrá ir componiendo aquellas melodías que él indicaba en sus instantes de lucidez, intentando dirigir la canción que lo represente. Nada de eso fue posible. Las botellas vacías se lo impidieron y su cuerpo sin camiseta fue como un alma perdida.

Óscar ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Un mundo de sensaciones

Varieté1

Al ir a una varieté, sabemos que será imposible pasarla mal y aburrirnos. El abanico de estilos artísticos estará frente a nosotros y la decepción, en general, no tendrá lugar.

El 9no Festival de títeres para adultos, continúa con su programación y, después de haber visto todas las propuestas de días anteriores, mi corazón late ante esta Varieté titiritera -la cual será a la gorra y permitirá el ingreso de todos los fanáticos, seguidores y personas que no tienen la posibilidad de pagar una entrada con precio fijo-.

A las 21 horas, la cola comenzaba a formarse, los artistas a llegar, los vecinos a preguntar por el espectáculo y, las puertas de Pan y Arte a abrirse de a poco. Una noche maravillosa y fresquita, nos tocó esta vez como contexto. Quisiera decirles, para los que no pudieron venir, que la sala estuvo invadida de sonrisas tanto de adultos -en su mayoría- como de niños. Nuevamente parecía ser la apertura de aquel miércoles 19 de noviembre en que no cabía ni un alfiler más como espectador.

Con breves presentaciones pero más extensas que las de la presentación (además de contar con sketchs protagonizados por la carismática Carolina Erlich, donde la carcajada fue incesante por su desquiciado personaje), pudimos disfrutar de cuatro elencos muy diferentes. En primera instancia pudimos ver “Así es Mimí” (escrita, interpretada y dirigida por Vanina Gomez Zequeira), un performance en que la artista lució a su estética dama -la cual se debatía entre un sombrero u otro, escogiendo el adecuado ante una cita con su amado-. La voz depositada en el títere le dio una impronta súper femenina, estereotipando las típicas acciones que tenemos casi todas las mujeres ante el llamado de quien nos gusta y, todo lo sucesivo hasta la hora en que se producirá el acontecimiento. El vestido antiguo, con mucha cola, le permitió danzar diferentes canciones de acuerdo al sombrero que se iba probando -el cual estaba relacionado con la melodía reproducida-. Desde ya que la dulzura se impregnó en esa pequeña casa de muñeca con tocador, baúl e inclusive espejo.

Después de esta muestra continuó la noche con “Historia de amor en Humahuaca” (de Pandilla Varilla, interpretada por: Alfonso Álvarez y Magdalena Gamboa, dirigida por ésta última), una dramaturgia que combinó títeres con sombras. Diferentes filminas que daban cuenta de la ubicación geográfica e información de la obra, nos fueron contando detalles de un romance en el norte argentino. Como objetos se utilizaron globos, demostrando que no siempre hay que contar con demasiados recursos para poner manos a la obra. Los simpáticos personajes se fueron desarrollando, utilizando lenguaje adulto, ciertos códigos íntimos y, las sombras, para llevar adelante cada acontecimiento surgido.

Pero, cuando llegó el tercer número, las palmas parecieron sonar más y el ánimo festivo, contagiare por completo. Era el turno de Aquinomas (Uruguay), una puesta novedosa que tuvo como intérpretes a Tamara Couto y Rodrigo Abelenda (dirigidos por Rodrigo Abelenda y Adrián Giovinatti). Este dúo sorprendió y deleitó a todos. Se trató de dos objetos naranja fluorescentes (brillando en la oscuridad) que se fueron amalgamando, separando, uniendo y combinando -sincronizadamente- al compás de la música que sonaba. De repente se pudo notar la semejanza con el tradicional videojuego   , un niño recreado a la perfección que bailaba YMCA, un cuerpo amorfo montado sobre otro y todo tipo de transformación mostrada por estos titiriteros que nos dejó boquiabiertos y repletos de felicidad.

Por último, Guillermo Aguilar presentó su teatro de sombras llamado “Nada más asombroso”, utilizando sus manos y una cámara para reflejar diferentes formas, cantantes, animales y aves que se fueron desplazando por una tela blanca convertida en escenario. La unión de canciones le permitió al intérprete poder tener el timing de cada secuencia e hilar cada fragmento con el siguiente.

En cuanto a historias podría decirse que las dos primeras cumplieron con un hilo conductor, sin por esto desmerecer a las otras. Como sucedió en la apertura del festival, en este caso la conducción del espectáculo estuvo a cargo de Eli Valdez y, la programación a cargo de Carmen Kohan -quien días atrás nos impresionó con Secuencias de un anonimato-.

Fue una velada en que todos celebramos, aplaudimos y repetimos canciones infantiles como niños adultos.

Quién dijo que los grandes no tenemos lugar en el mundo de los títeres?

Por suerte, en esta edición del festival se está demostrando cómo se revierte la teoría y cómo, de a poco, quienes nunca incursionaron en este ambiente, ahora se están animando a hacerlo.

Sensaciones y más sensaciones nos invaden el corazón y cada día es una nueva aventura para vivenciar.

Varieté titiritera fichaMariela Verónica Gagliardi

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