*** Septiembre 2017 ***

Óscar1El deporte no podía estar ausente dentro de las diferentes secciones del 9no Festival de títeres para adultos. En general, el mismo, es menospreciado hasta el punto de ser considerado algo de menos nivel que la literatura, el arte, la danza, entre algunos de los más vistos.

Pero, el deporte -y más específicamente, el fútbol- forma parte del espectáculo. No es simplemente una pelota blanca y negra perseguida por veintidós jugadores. El fútbol es un evento que permite compartir sensaciones, pasiones, idolatrías, amor y odio, placer y un modo de canalizar energías.

Óscar (de y dirigida por Miguel ángel Vigna) es una obra de títeres de mesa -con música en vivo- en la que un arquero es la figura principal. La sala del Celcit, nuevamente, fue el escenario para que este personaje deportivo pueda lucirse. Él formó parte de uno esos equipos que marcaron historia. Es reconocido, pero su vida actual se encuentra en decaimiento. Como todo ídolo, tuvo su momento de popularidad para, luego, caer en una adicción que lo ayude a sentir que el tiempo no pasó.

La bebida alcohólica pasar a ser su aliada en este camino y la única que lo acompaña en sus momentos de soledad. Es así como, en un principio, podemos ver los momentos de gloria de Óscar y, con el paso del tiempo, la noche que lo embriaga hasta quitarle el control de su propia vida.

Esas charlas tan reales, a pesar de ser representadas por títeres, dotan a la obra de una profundidad inmensa. De la cima al subsulo, pasando desapercibido por todos menos por el dueño de un bar que lo sigue admirando e inclusive le pide poder patear un penal, mientras un borracho se duerme sobre la mesa olvidándose donde está.

Polémicas, recuerdos, añorando épocas pasadas en que se supone todo era mejor. Y, en verdad, siempre, en el presente suponemos que lo anterior fue mejor por el simple hecho de que ya olvidamos lo más importante y quedó la esencia. Por eso, este arquero tan carismático nos invita a replantearnos muchas cosas.

Mientras la bandera gigante en la tribuna reaviva al ídolo olvidado, una bandera es movida en escena por uno de los titiriteros y la sensación de estadio se recrea a la perfección. Estamos vivenciando un partido hasta que lo peor ocurre, una noticia inesperada o que, al menos, nadie quisiera asumir. La medalla, los triunfos, su sonrisa y cada anécdota lo imprimirán en pósters.

Como si se tratara de un documental autobiográfico, el artista está vivo aunque sus mejores momentos ya no. Narra y se emborracha, como queriendo no avanzar hacia un futuro tan poco prometedor. Así es la vida, con sus ciclos, con sus momentos buenos y malos, solo que quienes conocieron la gloria no podrán asumirlo. Solo la música podrá ir componiendo aquellas melodías que él indicaba en sus instantes de lucidez, intentando dirigir la canción que lo represente. Nada de eso fue posible. Las botellas vacías se lo impidieron y su cuerpo sin camiseta fue como un alma perdida.

Óscar ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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