*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Ni San Cayetano se salva

El pan de la locura12

Es uno de los rubros que más se ve en un barrio, en un pueblo y en una ciudad. De diversos estilos y categorías, permitiendo que los clientes disfruten de ese aroma tan característico. Pero, ¿qué pasa cuando el negocio no está en condiciones, bajo ningún punto de vista y da lo mismo satisfacer que perjudicar?

La obra de teatro El pan de la locura (escrita por Carlos Gorostiza en 1958), muestra muy al estilo del autor cómo se puede atravesar una crisis. En principio parece ser algo cotidiano, la rutina que pesa, que abruma, que aburre; aunque luego se conocerá el real motivo de esta panadería, la ambición y ceguera de su dueño, el dolor por ocultar los sentimientos y una enorme cantidad de ejemplos que pueden notarse gracias a las caracterizaciones de sus personajes.

Mientras el pan es amasado por un inmigrante italiano que entretiene con sus agradables anécdotas, sus compañeros intentan jugar como niños -olvidándose del lugar en que trabajan-.

Justamente, la abstracción, es lo que los mantiene a salvo, permitiéndoles sonreír aunque solo sea por unos instantes.

La actuación de Matías Montaldo se disfruta desde que aparece en escena hasta que todo concluye. Emociona tanto su rol como profesionalismo, realizando uno de los personajes más difíciles de lograr e interpretándolo en todo momento sin perder rasgos durante el desarrollo.

Del resto del elenco también pueden destacarse unos más que otros (como ocurre con Soledad Andrián, Marcelo Ferreyra y José Manuel Mancera pero, tal vez, se trate de un gusto personal según los estereotipos creados.

En cuanto al eje central de la historia, se trata de una noticia que provoca la ira del más poderoso y la libertad del resto. Es gracias a un nuevo empleado que se conoce sobre una enfermedad que está alcanzando cada vez a más personas pero que se ignora su origen, entre otras cosas.

La locura es temida, desplazada, tapada e inclusive ultrajada por los más conflictivos. Una harina contaminada que no producirá malestar sino demencia, dolor físico y la muerte.

Son varios los pretextos que van surgiendo a lo largo de la dramaturgia y es muy interesante la complicidad que se produce entre una y otra persona.

Idefectiblemente, no pude dejar de acordarme de El puente y unir conceptos fundamentales entre ambas historias. Es increíble y estremecedor cómo la quietud puede ser corrompida por la voz externa. Cómo se le da entidad a cualquiera, cómo es necesario creer en algo o en alguien para sentir seguridad de algún modo.

Es esto lo que ocurre en El pan de la locura: la rutina los mantiene como rebaños sin que puedan cuestionar al sistema. Sin embargo, el padecimiento ajeno va creando conciencia en ellos y despiertan, de a poco, de esa quietud inmensa en que permanecían.

Ellos, son tildados como sujetos no pensantes, ignorando que en verdad tienen demasiado para decir y que cuando eso ocurra podrá ser demasiado tarde para quien los subestimó.

Con respecto a la escenografía y puesta en escena, realmente, logran recrear el espacio físico como una panadería de verdad. Utilizan mercadería real, utensilios y determinados objetos que están relacionados con el rubro. Sin lugar a dudas, la harina, es el elemento que nos permite sumergirnos en esta comedia dramática en la cual es imposible sentirse ajeno. Por el lado del vestuario, es el tradicional blanco del rubro, utilizando, además, ropa de calle normal en ciertos momentos de la historia.

La luz, tenue, más bien sepia, logra trasladarnos a esos años en que la Argentina intentaba conseguir una estabilidad política y económica, sin conseguirlo demasiado.

Todos tenemos cosas para replantearnos día tras día, pero ellos tiene al menos una oportunidad para cambiar sus rumbos, para desvincularse de un engranaje que en nada los beneficiaba y para poder ser parte de un nuevo modelo impulsado por ellos mismos.

Fueron muchos los cuerpos que cayeron tras el envenenamiento en Francia. Quizás por su lejanía costaba creer que en este barrio porteño ocurriera algo semejante. Ni la corrupción ni el egoísmo ni la burocracia pudieron salirse con la suya.

Tras los enmascarados estaba oculta la miseria, tan perversa como cierta y tan real como inesperada.

El pan de la locura ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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LUCHAR POR LA FELICIDAD

El escenario, compuesto por varios ambientes bien identificados, nos van trasladando, junto con el paso de la historia. Las luces y música van marcando cada escena, cada pausa, cada silencio, cada monólogo y cada arrepentimiento personal.

En Ella se va, Juliana Yaconis, interpreta a una ama de casa triste, que tiene melancolía por bellos recuerdos del pasado pero, angustia, impotencia y bronca, por su presente. Así, los sinsabores se van apoderando de ella por completo. La actuación de Juliana, va tomando fuerza con el transcurso de sus relatos y de la obra misma. Sorprende cómo el estado anímico de su personaje, logra conmover al público.

¿Por qué ve todo tan oscuro en su vida?

Su matrimonio de 10 años, está deteriorado por completo. No hay amor, no tienen hijos, ella no puede ver a su familia ni trabajar de su profesión de Historiadora. Hasta que en un momento toda su vida gira 360°.

¿Pero quién le impide que su vida sea diferente? Su esposo (Fernando Álvarez), un médico, que está ausente casi todo el día.

Ellos se conocieron en una charla sobre Don Juan, en la cual el pretendía adquirir conocimientos para conquistar a las mujeres. Efectivamente, lo logró y pudieron vivir un romance color de rosa. Aunque solo fueron felices al principio ya que su caracter tenebroso fue in crescendo.

Por otro lado, la actitud de burlón y soberbio que personifica, produce odio, lo cual significa que realmente logra el papel que encarna.

¿Y ella no puede separarse? Aún no tiene la valentía para hacerlo, no sabe en quién apoyarse ni cómo salir de esa espantosa casa donde no hace más que sufrir y llorar.

Ella, no recibe golpes físicos de su marido sino daños psicológicos. Él, la invalida como persona, obligándola a no juntarse con sus parientes, impidiéndole que se desarrolle laboralmente en su campo, criticándole la ropa que usa y tratándola de prostituta.

¿Cómo es esta mujer tan indefensa? Es suave, delicada, refinada, correcta, educada, ubicada y solo pretende que la respeten como ser humano.

Una vez que ella logra conseguir un empleo en una editorial, su ego va fortaleciéndose y el camino se va despejando lentamente.

A partir de un hecho trascendental, la pobre mujer, decide acercarse a la oficina que se dedica a la defensa contra la violencia de género, para presentar cargos contra su marido. La asistente social (Soledad Andrian) que la recibe, no tiene templanza ni buenos modos hacia ella. Sabe que la mujer está firme en su decisión y que no tiene deseo alguno de seguir al lado de ese hombre violento.

Pero, ¿le importa a alguien que haya recibido insultos, desprecios y gritos durante una década? ¿Le importa a alguien que ella tenga secuelas en su corazón?

Cabe resaltar, que en la función éramos 99% mujeres y si nos hubieran dejado intervenir, sin duda, le hubiéramos pedido nosotras mismas que la ayude, sin ponerle trabas en el camino.

Pero, ¿cómo hace la víctima en este caso para sentirse apoyada y apuntalada por algún organismo competente? ¿No es acaso violencia lo que recibe nuestra protagonista?

¿Logrará irse de su casa, abandonar a su esposo y recomponer su vida?

¿Qué rol cumplen las Instituciones a la hora de ayudar a las víctimas?

La protagonista de esta vida tan triste, asume internamente, que deberá tener mucho coraje para enfrentarse a estos organismos, tan ancestrales y, también, al hombre que tuvo al lado durante tanto tiempo.

Todo cambia, cuando una noche ella llega unos minutos «tarde» a su casa, decide no hacerle más la comida ni servirle como mucama. Estos cambios tan abruptos, ¿qué repercusión tendrán en él?

¿Cómo logrará escapar de ese martirio?

¿Cómo conseguirá los golpes físicos que necesita para que su causa empiece su curso en la Justicia?

Ella se va, no sabemos a dónde, no sabemos cómo, solo sabemos que se necesita a ella misma.

Actores:

Juliana Yaconis (esposa).

Soledad Andrian (asistente social).

Fernando Álvarez (esposo).

Prensa: AGW Prensa + Difusión

Adaptación: Fernando Álvarez y Claudio Garofalo
Música original: Claudio Garófalo
Dirección: Claudio Garófalo.

Sábados a las 22.30 hs.
En Corrientes Azul – Corrientes 5965.

Mariela Verónica Gagliardi