*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Ni muerto, en paz

La tragedia de Ricardo III1

La tragedia de Ricardo III (The life and death of kink Richard III, escrita por William Shakespeare y dirigida por Jorge Eines) plantea ciertos conflictos de dos épocas diferentes y permite que consigamos aunarlas con nuestra actualidad mundial.

Porque Eines compara y asemeja a Hitler y su nazismo con Ricardo III y su despotismo. Claro que existió un verdadero Rey que viviía en la Torre de Londres donde se ejecutaron y encerraron a muchas personas. Este punto transcurre exactamente igual en la historia inglesa y en la dramaturgia.

La Segunda Guerra Mundial (Siglo XX) expone a Adolf Hitler con su plan macabro de crear muchos campos de concentración y eliminar a quienes no fueran como su capricho lo deseara. Dicho espacio físico aparece representado al fondo del escenario y resulta tanto conmovedor como interesante notar el desenvolvimiento de hombres y mujeres que continuaban con sus rutinas diarias de lavar, coser, remendar… hasta que la muerte les llegue.

Cerca de un millón de judíos fueron asesinados en Auschwitz -el campo de concentración más grande, monstruoso y el que reclutaba a más personas de la colectividad-. No solo fue una guerra contra los judíos sino contra todo no incluido dentro de la raza aria: 74.000 polacos, 21.000 romaníes (gitanos), 15.000 prisioneros de guerra soviéticos y alrededor de 10.000 ciudadanos de otras nacionalidades fueron exterminados del mapa para siempre.

El Tercer Reich (en Inglaterra, la equivalencia se denominó Lager) fue orgullo de los nazis y padecimiento del resto de los mortales que temblaron ante el famoso brazo estirado, tan rectamente como su regimen descomunal.

Pero, en la presente puesta en escena, se produce un alivio al comprender que no solo se menciona la crueldad histórica de Hitler y Ricardo III sino que se trata de un montaje que tendrá que llevarse a cabo para no perecer en el intento. Sí, un grupo de actores irán interpretando a los personajes centrales de la obra shakesperiana para salvarse y sobrevivir.

¿Quién fue Ricardo III?

Duque de Gloster que tuvo mala fama, no solo por su forma de proceder sino por la cantidad de asesinatos que tiene en su historial. A pesar de ello, también se lo recuerda como un hombre (con esto no me refiero a humano, sino simplemente por su condición masculina) que se enamoró -sin juzgar si realmente fue amor o manipulación-.

De lo que no se podría estar de acuerdo es del destino de su cuerpo fallecido, el cual se enterró más de cinco siglos después y no en el año 1485 en que perdió la vida durante la batalla de Bosworth Field (Inglaterra).

Se lo recuerda, entre otras cosas, por su frase célebre: “Mi reino por un caballo”. Dicha frase no es más que una súplica que tiene su origen en cómo se preparó a su animal para la batalla. Resulta ser que un herrero estuvo encargado de hacerle las cuatro herraduras al caballo pero, al llegar a la última, la confeccionó sin demasiada perfección ya que se había quedado sin clavos; motivo por el cual durante la riña el pobre animal perdió el equilibro, cayendo y tirando sin querer a Ricardo III. Esa jornada fue definitiva y si el herrero se hubiera comprometido con su trabajo, probablemente el reino hubiera seguido en pie, victorioso.

La historia de Shakespeare es totalmente dramática y atrapante hasta el final.

Jorge de Clarence (hermano de Ricardo que lo precede como heredero al trono), tuvo cuatro hijos: Ana, Margarita, Eduardo y Ricardo. Ana es seducida por Ricardo III -quien le dice que mató a su marido -y su propio hermano- (Eduardo IV) por culpa de su belleza-. Cabe aclarar que también había asesinado a su suegro (Enrique VI). Esta relación enfermiza que pretende tener Ricardo con Ana, a quien humilla y trata bien cuando se le antoja, luego se consolida. La escupida de ella contra él, revela la repugnancia que le tiene pero la necesidad de poder que pretende.

Son muchísimos los personajes de esta tragedia pero lo sorprendente es que queda en el imaginario social esa sensación de súplica por la paz, más allá de frases o diálogos instaurados deleitosamente en los manuscritos ingleses. Un elenco de actores muy bien seleccionados, dentro de los que resaltan Natalia Villena y Alejandro Cop, logrando transitar por un sinfín de emociones, consiguiendo plasmar sus ademanes y diversas expresiones imprescindibles para las artes escénicas.

Autor: William Shakespeare. Elenco: Alejandro Cop, Annemarie Castillón, Denise Yañez, Ernesto Rowe, Florencia Limonoff, Hilario Quinteros, Juan Kiss, Natalia Villena. Director: Jorge Eines. Teatro El Tinglado. Funciones: domingos 17.30 hs.

Mariela Verónica Gagliardi

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Puedo sonreír y asesinar mientras sonrío

Sweet William4

Michael Pennington es un actor inglés que interpretó varios roles shakesperianos, decidiéndose a crear su propio unipersonal titulado “Sweet William”. En el marco del V Festival de Shakespeare Buenos Aires, el artista estuvo presente dando charlas sobre el escritor y, también, sobre su vida.

Es sumamente atrapante, sepas o no el idioma, cómo los relatos entre ambos se van entrelazando hasta que llega un momento en que tenés que preguntarte de quién se trata en ese entonces. Desde ya que sus pasados familiares no tienen semejanzas pero sí el amor por la literatura, el teatro y el deseo por narrar.

Cada cual con su lenguaje transmitió una atmósfera diferente y similar a la vez. En esta oportunidad, la Usina en el barrio de La Boca, abrió sus puertas para que disfrutemos de Pennington a través de su representación.

Solo, sin escenografía, simplemente con una silla logró conmover, anhelar, soñar despierto y atravesar esas fronteras que suponemos existen en la vida.

Una primera parte se basó en los primeros años de vida de Shakespeare donde contó que su infancia no fue del todo feliz, que dejó el colegio y desapareció hasta que se casó. Que no se sabe por qué contrajo matrimonio ya que su mujer había quedado embarazada, pero no existe información fehaciente que diga si estaba enamorado o no.

Desde ya que no es lo mismo escuchar hablar a un actor en castellano que en inglés porque para comprenderlo, en vivo, habría que tener un nivel excelente. Ese fue el único aspecto negativo en cuanto al unipersonal, sobre todo teniendo en cuenta la extensión de alrededor de dos horas, motivo por el cual tuvimos que escuchar la traducción a través de unos auriculares.

Claro que lo que importa, más allá de lo que dice es el cómo, las herramientas que utiliza y despliega para unir dos épocas completamente diferentes, para hacernos sentir que los reinados y monarquías siguen vigentes, y para que, realmente, deseemos con el corazón seguir consumiendo Shakespeare para siempre.

Al avanzar el relato, Michael hace una diferenciación entre tipos de actores estando de gira, con muchos tintes de humor y esa sonrisa de placer por poder representar no a uno sino a muchos de los personajes de sus libros.

En cuanto sigue mechando su historia de vida con la de Shakespeare, llega el momento de transitar por diferentes obras del autor, las que, posiblemente, pudieron ser concebidas gracias a lugar solitario en que vivía el autor. Macbeth, La comedia de las equivocaciones, Rey Lear, Ricardo III, Sueño de una noche de verano, Hamlet, entre algunas de las obras citadas por Pennington a lo largo del unipersonal. De ellas decide tomar ciertos fragmentos e interpretarlos en el espacio escénico.

¿Qué hubiera dicho Shakespeare si hubiera escrito en época de un mundial? – cuestiona el actor en un momento de la obra. Dejándonos perplejos y continuando con otra temática, es tarea para resolver en casa, pensando en tantos factores como sean posibles.

Uno de los momentos más cruciales se produce cuando menciona el lugar que tenían los teatros en la época de Shakespeare, a qué altura estaban y el menosprecio que sentían los poderosos por éstos: los teatros eran puestos al mismo nivel de un burdel, de hecho se trataba de los mismos dueños. También, nos explica que los autores eran peor pagos que los actores. Seguramente, habrá sido el único momento en que un actor ganó bien, agrega Pennington.

Respecto a los niños, dice que no suelen tener suerte en las historias de Shakespeare, aunque el resto de los personajes tienen la oportunidad, a través de monólogos, de esbozar sus pensamientos. Dice que el que recita el soliloquio, nunca miente en las obras de Shakespeare.

«El amor me abandonó desde el seno de mi madre , logra erigirse como una de las frases más emblemáticas de Shakespeare y habría que cuestionarle si ese abandono y esa soledad también existieron en su vida, si además de trasladar la política a sus libros, se atrevió a caracterizar personajes desolados y tristes que de cualquier manera pretendían sentir algo de amor, aunque sea por un instante.

 Mariela Verónica Gagliardi

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Los fantasmas creen ayudarte a vivir

La noche del ángel1

La noche del ángel es una obra de teatro que nos abre una ventana a la verdad. Federico Luppi interpreta a un padre-actor o mejor dicho a un actor-padre, que en su momento fue exitoso artísticamente y el tiempo se paró para él en aquel entonces.

El papel que lo llevó a la fama, fue el de Ricardo III y para marcar su orgullo, durante toda la historia, mantiene una corona en su cabeza.

“Todo actor tiene que estudiar a Freud”, esboza en un momento del relato y esto da pie a que conozcamos a Ana, su hija (Susana Hornos).

Así como él vive inmerso en su personaje ficticio, ella también reacciona de un modo similar, demostrando toda su trayectoria como psicóloga, pero no abriendo el corazón ante su padre. La relación entre ellos es fría y distante -sentimentalmente hablando-, no logran entenderse el uno al otro y tampoco hacen el intento como para lograrlo.

Durante la mitad de la obra, podemos ver cómo transcurre la relación familiar, qué cosas se reprochan y por qué. Hay varios temores, vergüenzas y resentimientos entre ellos que no saben cómo abordar.

Ana dice: “En la vida lo que cuenta es la vulgar realidad”. Y esta frase se refiere específicamente a lo que le sucedió en su pasado.

En un momento crucial del relato, conocemos uno de los hechos más importantes: ella fue abusada por su padre. Sí, ese padre que actúa en ficción y realidad de superado, de que nada lo influye. Ese padre que nunca se hizo cargo de darle amor a su hija, de pequeña, y que lo único que hace es obstruirle su camino sin ser leal con ella.La noche del ángel2

Sin embargo, Ana, tampoco se aleja de su progenitor, a pesar de lo ocurrido tiempo atrás y, así, podemos entender por qué ella eligió su profesión. Su talento estaba vinculado al teatro, pero su rumbo cambió la dirección al realizar unos talleres dentro de un manicomio. Es asombroso conocer su herida a flor de piel y cómo le transmite a su papá lo dolida que está.

Ella, le reprocha a su padre el abandono y la ausencia que sintió luego de enamorarse de él. Esta relación tan difícil y estresante hace que ella diga que: “va a ser como el recuerdo de una vieja enfermedad infantil”. Esa enfermedad llamada abuso y que por más estudios que alcance en su materia, no podrá sanar jamás.

Pero este padre, que tan “claras” tiene las ideas, está tildado en el tiempo y duro con sus emociones. Ni amigos ha podido tener en la etapa que actuaba ya que consideraba y considera que las personas eran más mediocres que él.

Esa mediocridad que tanto le molesta es la que lo distingue como humano. La proyección que hace en los demás, es la que lo refleja como ser.

Ana, en cambio, pretendía ser actriz porque se sentía contagiada por su padre, pero después se dio cuenta de la irrealidad en la que él vivía. Claro que él, por otro lado, se autoproclama coherente y cabría preguntarle qué es la coherencia para él. Quizás sienta que ser serio y degenerado se unen como dos rectas en el tiempo y espacio.

Ella, ya no sabe qué hacer para que su papá sienta lo que ella siente y la respete -ya no solamente como hija sino como persona-. Decide contarle cómo se dio cuenta que quería ser psicóloga. Comenzó diciéndole sobre los ensayos que llevaban a cabo dentro de un manicomio y la interaccion con los internos. Pero las interrupciones del «gran hombre» se hacían notar minuto a minuto. No había frase que pudiese terminar, sin una pausa puesta por su progenitor.

Aunque hubo un quiebre muy grande en la vida de Ana y esto se debió a la sonrisa de Paulina –una chica que estaba en la institución donde ella trabajaba-. Esa sonrisa, le bastó -a ciencia cierta- para verse reflejada y para tomar las riendas; las cuales la convertirían en una profesional de la salud mental.

Y ya que mencionamos a la psicología, llegó el momento de presentar a un paciente muy especial que tiene (Nehuen Zapata), el cual pretende ser el único atendido por ella. Pero una noche, desaparece de su casa, provocando un dolor enorme en el corazón de Ana. Este chico, tiene una única compañía real, que va con él a todos lados y protege: su marioneta -llamada Pierrot-, la cual construyó con sus propias manos y de la cual está orgulloso.

La noche del ángel

Los padres lo miraban al adolescente pero no lo veían. Le pegaban y lo humillaban psicológicamente. Él sintiéndose tan solo, decide ir a visitar a sus padres biológicos, pero lo que luego sucede cambiará la historia para siempre.

Este angelito que se pierde durante la noche, una noche que transcurre lentamente, que no tiene sonidos más que los del suspenso, el dolor y la compasión ajena.

Ninguno de los protagonistas se hace cargo de sus culpas, sino que optan por depositarlas en un “otro”. Quizás de esa manera puedan evitar el sufrimiento, al nivel más alto. Es inevitable que sientan pena por sí mismos, pero es más simple demostrar que su ego es enorme y que lo que le pasa al de al lado es peor aún.

Lo más atrapante de la obra es el juego de escenas conjugadas entre padre e hija, sumado al rol del niño-fantasma. Los diálogos entre ellos, en diferentes situaciones y tiempos espaciales, nos hacen descubrir una forma de narrar muy interesante y sobre la cual no se puede quitar la atención.

Las actuaciones son muy seguras por parte de los artistas y logran comunicarle a su público lo que van viviendo sobre el escenario y todas las emociones que van fluyendo desde su interior.

La dirección de Federico Luppi ya es garantía de un éxito, como lo fue la función de prensa a sala llena. Como un libro que recién comenzamos a leer, no sabemos cuál es el nudo de la narración hasta contemplar cada detalle hasta practicamente el desenlace de la misma.

La noche del ángel, te hace plantear que la vida no es eterna y que las cosas por resolver no hay que dejarlas para mañana. Quien lo hace, puede terminar muerto.

Los fantasmas son meras expresiones o siluetas que significan aquello a lo que le tememos, o nuestras cuentas pendientes. Quien se hace portador de uno de ellos y cree poder deambular sin consecuencias, nada pierde… ya que no pertenece más al mundo de los terrestres.

Pero quien se comunica con fantasmas, podría estar a punto de perderse a sí mismo. Tal vez muriéndose su alma, lo cual conllevaría a la inexistencia de su psiquis.

¿Qué podrías aprender de un fantasma? ¿Qué podría enseñarte él?

¿Existen reproches después de la muerte? ¿Existe manera de sanar una herida?

Ficha técnica la noche del ángel

Mariela Verónica Gagliardi