*** Septiembre 2019 ***

La noche del ángel1

La noche del ángel es una obra de teatro que nos abre una ventana a la verdad. Federico Luppi interpreta a un padre-actor o mejor dicho a un actor-padre, que en su momento fue exitoso artísticamente y el tiempo se paró para él en aquel entonces.

El papel que lo llevó a la fama, fue el de Ricardo III y para marcar su orgullo, durante toda la historia, mantiene una corona en su cabeza.

“Todo actor tiene que estudiar a Freud”, esboza en un momento del relato y esto da pie a que conozcamos a Ana, su hija (Susana Hornos).

Así como él vive inmerso en su personaje ficticio, ella también reacciona de un modo similar, demostrando toda su trayectoria como psicóloga, pero no abriendo el corazón ante su padre. La relación entre ellos es fría y distante -sentimentalmente hablando-, no logran entenderse el uno al otro y tampoco hacen el intento como para lograrlo.

Durante la mitad de la obra, podemos ver cómo transcurre la relación familiar, qué cosas se reprochan y por qué. Hay varios temores, vergüenzas y resentimientos entre ellos que no saben cómo abordar.

Ana dice: “En la vida lo que cuenta es la vulgar realidad”. Y esta frase se refiere específicamente a lo que le sucedió en su pasado.

En un momento crucial del relato, conocemos uno de los hechos más importantes: ella fue abusada por su padre. Sí, ese padre que actúa en ficción y realidad de superado, de que nada lo influye. Ese padre que nunca se hizo cargo de darle amor a su hija, de pequeña, y que lo único que hace es obstruirle su camino sin ser leal con ella.La noche del ángel2

Sin embargo, Ana, tampoco se aleja de su progenitor, a pesar de lo ocurrido tiempo atrás y, así, podemos entender por qué ella eligió su profesión. Su talento estaba vinculado al teatro, pero su rumbo cambió la dirección al realizar unos talleres dentro de un manicomio. Es asombroso conocer su herida a flor de piel y cómo le transmite a su papá lo dolida que está.

Ella, le reprocha a su padre el abandono y la ausencia que sintió luego de enamorarse de él. Esta relación tan difícil y estresante hace que ella diga que: “va a ser como el recuerdo de una vieja enfermedad infantil”. Esa enfermedad llamada abuso y que por más estudios que alcance en su materia, no podrá sanar jamás.

Pero este padre, que tan “claras” tiene las ideas, está tildado en el tiempo y duro con sus emociones. Ni amigos ha podido tener en la etapa que actuaba ya que consideraba y considera que las personas eran más mediocres que él.

Esa mediocridad que tanto le molesta es la que lo distingue como humano. La proyección que hace en los demás, es la que lo refleja como ser.

Ana, en cambio, pretendía ser actriz porque se sentía contagiada por su padre, pero después se dio cuenta de la irrealidad en la que él vivía. Claro que él, por otro lado, se autoproclama coherente y cabría preguntarle qué es la coherencia para él. Quizás sienta que ser serio y degenerado se unen como dos rectas en el tiempo y espacio.

Ella, ya no sabe qué hacer para que su papá sienta lo que ella siente y la respete -ya no solamente como hija sino como persona-. Decide contarle cómo se dio cuenta que quería ser psicóloga. Comenzó diciéndole sobre los ensayos que llevaban a cabo dentro de un manicomio y la interaccion con los internos. Pero las interrupciones del “gran hombre” se hacían notar minuto a minuto. No había frase que pudiese terminar, sin una pausa puesta por su progenitor.

Aunque hubo un quiebre muy grande en la vida de Ana y esto se debió a la sonrisa de Paulina –una chica que estaba en la institución donde ella trabajaba-. Esa sonrisa, le bastó -a ciencia cierta- para verse reflejada y para tomar las riendas; las cuales la convertirían en una profesional de la salud mental.

Y ya que mencionamos a la psicología, llegó el momento de presentar a un paciente muy especial que tiene (Nehuen Zapata), el cual pretende ser el único atendido por ella. Pero una noche, desaparece de su casa, provocando un dolor enorme en el corazón de Ana. Este chico, tiene una única compañía real, que va con él a todos lados y protege: su marioneta -llamada Pierrot-, la cual construyó con sus propias manos y de la cual está orgulloso.

La noche del ángel

Los padres lo miraban al adolescente pero no lo veían. Le pegaban y lo humillaban psicológicamente. Él sintiéndose tan solo, decide ir a visitar a sus padres biológicos, pero lo que luego sucede cambiará la historia para siempre.

Este angelito que se pierde durante la noche, una noche que transcurre lentamente, que no tiene sonidos más que los del suspenso, el dolor y la compasión ajena.

Ninguno de los protagonistas se hace cargo de sus culpas, sino que optan por depositarlas en un “otro”. Quizás de esa manera puedan evitar el sufrimiento, al nivel más alto. Es inevitable que sientan pena por sí mismos, pero es más simple demostrar que su ego es enorme y que lo que le pasa al de al lado es peor aún.

Lo más atrapante de la obra es el juego de escenas conjugadas entre padre e hija, sumado al rol del niño-fantasma. Los diálogos entre ellos, en diferentes situaciones y tiempos espaciales, nos hacen descubrir una forma de narrar muy interesante y sobre la cual no se puede quitar la atención.

Las actuaciones son muy seguras por parte de los artistas y logran comunicarle a su público lo que van viviendo sobre el escenario y todas las emociones que van fluyendo desde su interior.

La dirección de Federico Luppi ya es garantía de un éxito, como lo fue la función de prensa a sala llena. Como un libro que recién comenzamos a leer, no sabemos cuál es el nudo de la narración hasta contemplar cada detalle hasta practicamente el desenlace de la misma.

La noche del ángel, te hace plantear que la vida no es eterna y que las cosas por resolver no hay que dejarlas para mañana. Quien lo hace, puede terminar muerto.

Los fantasmas son meras expresiones o siluetas que significan aquello a lo que le tememos, o nuestras cuentas pendientes. Quien se hace portador de uno de ellos y cree poder deambular sin consecuencias, nada pierde… ya que no pertenece más al mundo de los terrestres.

Pero quien se comunica con fantasmas, podría estar a punto de perderse a sí mismo. Tal vez muriéndose su alma, lo cual conllevaría a la inexistencia de su psiquis.

¿Qué podrías aprender de un fantasma? ¿Qué podría enseñarte él?

¿Existen reproches después de la muerte? ¿Existe manera de sanar una herida?

Ficha técnica la noche del ángel

Mariela Verónica Gagliardi

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