*** Noviembre 2019 ***

Entradas etiquetadas como ‘prostitución’

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Ya no más

Papi

Una obra de teatro que estará vigente, posiblemente, por mucho tiempo. Desgraciadamente por mucho tiempo. Hasta que la propia sociedad se de cuenta de sus consecuencias y del dolor que tiene un grupo vulnerable. Que lo transforme y nunca más lo acepte.

Papi es una obra de teatro escrita por Carlos Gorostiza en el año 1983, marcando una época pos militar con vestigios de la misma.

Papi no es la figura paternal -propiamente dicha- sino la de un hombre o mejor dicho varón que pretende ilusionar a una mujer, manipulándola a su antojo, maltratándola física y verbalmente hasta llegar a hacerla sentir culpable de todo lo que no hace o hace, de lo que dice y calla.

El año 83´, entonces, parece ser hoy mismo y es necesario (urgentemente) cambiar nuestra manera de concebir los vínculos. 

¿Quiénes son los cuatro personajes que pululan por esta gran historia dramática? Podría ser el gran enunciado que engloba sus sentires y deseos ocultos.

Una mujer-prostituta que vive en un barrio muy carenciado, dejando relucir sus propias penas, sus sueños de artista y la confianza que intenta depositar en el hombre que le “maneja la carrera”. Este hombre podría decir que genera impotencia, bronca y total compasión porque es el que tiene la vida más miserable. Al menos como mujer, así lo percibo y siento. Un pobre tipo, se podría afirmar; que teniendo familia no es feliz. Que maltratando se siente viril y poderoso y que mintiendo piensa que llegará a “algún lado”.

A esta dupla enfermiza y tóxica se suma otra dupla de hombres interesados en quizás ser “alguien”. 

Constantemente está en la superficie ese aire superador y patético como el de ser a costa o por encima de. Sin escrúpulos, pisando cabezas, utilizando la mentira para conseguir algo. Quizás ni siquiera es aquello que se quiere con el corazón sino algo vinculado a lo material y unido a lo tangible.

Papi es una obra de teatro que resulta brillante y que tiene que estar en la cartelera porteña y del país en general, mostrando un pensamiento conservador que lo único que logra es que no exista la transgresión. Transgredir no es malo ni negativo ni avasallante. Transgredir es superar las propias limitaciones y ella (la única figura femenina) lo conseguirá cuando crea en ella misma y deje de mirar a su lamentable entorno. 

Dentro de esta maravillosa pieza teatral no todo es drama sino que existen muchísimos momentos de risas y carcajadas en que se puede relajar el cuerpo y digerir la cruda realidad.

Cada nota que hago sobre obras en las que actúa Luciana Sosa, resalto su actuación y es que hace más de una década que la veo hacer diversos personajes y es un lujo notar su grandeza como artista. Es una de las mejores comediantes que tiene nuestro teatro argentino y quizás quienes se acerquen a verla en los espacios que está, puedan descubrirla o redescubrirla. Junto a ella, tres actores que, a la par, llevan adelante un texto disparatado, versátil, auténtico y muy profundo.

Papi es un grito a que los hombres nos valoren y a que nosotras lo hagamos también y en primer lugar.

Papi es un llamado de auxilio en nombre de esas mujeres que están obsoletas de herramientas para decir. ¡basta! ó ¡no! y que así sea.

No se puede convencer a un otro si no hay autoconvencimiento de lo que se dice. Entonces, los cuerpos, no son solo eso sino energía en movimiento que acepta o se rehúsa a seguir por un determinado camino.

Esta obra tiene momentos en que parece una clase de actuación, con técnicas muy útiles. En otros instantes, una enseñanza de valores y verdades que hay que romper y resignificar entre todos. Por último, un juego de niños en que se elige el mejor argumento de identidad. Quizás esto sea lo más valioso y lo que realmente nos sirva para perseguir nuestros sueños, sin lastimar a nadie.

¿Cuántos y cuántas pueden responder a la pregunta de origen?

¿Por qué nuestra sociedad suele contestar, usualmente, con una profesión u oficio?

Tal vez, cuando se responda con el nombre o la meta o aquello que tanto se desea; nuestra sociedad deje de ser violenta y se conduzca más hacia el camino del amor.

Autor: Carlos Gorostiza
Actúan: Luciano Bolletta, Damián Ermantraut, Daniel Petrecca y Luciana Sosa
Dirección: Ariel Basaldua
Funciones: Sábados, 21 hs
Espacio Tole Tole

Mariela Verónica Gagliardi

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La prostitución no es un trabajo

elena

Un escenario con diferentes objetos están allí presentes. Como si se tratara de una historia a punto de ser reconstruida. La luz se encargará de enfocar el recorrido que irá sugiriendo la actriz a lo largo de su versión sobre la vida de una mujer muy valiente.

Después de viajar por diferentes pueblos y ciudades del Interior de Argentina, tenemos la posibilidad de conocer un poco más sobre la historia de Elena Moncada. Su historia, desde ya que no es linda, no genera risas ni placer atravesarla. Todo lo contrario.

Gracias a la dramaturgia excelente, escrita por Mariel Rosciano (quien también la interpreta) se hace muy llevadera la función.

Pero sufrí, padecí, lloré en silencio, me estremecí, me mareé, sentí más fragilidad, quise pararme y gritar: ¡córtenla! ¡paren de una vez con este negocio infame en el que unos ganes y otras pierden demasiado!

Sin embargo, todo sigue ocurriendo. Y, posiblemente, siga todo de mal en peor porque cuando no existen políticas de Estado que ayuden a las trabajadoras sexuales a tener otra vida, a tener su vida; el infierno las seguirá acompañando.

Porque mientras los políticos, ciertas instituciones y los medios masivos de comunicación sigan repitiendo que la prostitución es un trabajo: las arenas movedizas se chuparán la sangre de estas mujeres que necesitan dinero para sobrevivir.

Porque cuando no se tiene una profesión, un oficio, un entorno lleno de amor y contención, se puede caer en la prostitución, se puede ser vulnerable y quedar atrapada y sin salida en una trata de blanca. Porque la trata de blanca es uno de los negocios que deja más dinero en el mundo y las víctimas quedan con muchos traumas psicológicos, sintiendo que su fuerza de trabajo es el propio cuerpo. Porque cuando no se sabe cómo seguir adelante, estas cosas ocurren y nadie podrá insultar a estas mujeres que dudo que “elijan” desgastarse (en todo sentido) para cobrar unos pesos, arriesgando tantas veces sus vidas.

Tantas veces engañadas, atraídas por un aviso, o, simplemente, porque no les queda otra: salen a probar. Pero, luego, no saben que esa puerta que podría llegar a estar sin llave, no es más la salida a una peor desgracia que la vigente. Cortadas, aniquiladas, despojadas de sus sentimientos, congeladas hasta el cansancio. Siguen. Por miedo, siguen. Por falta de una verdadera salida, siguen. Y el caso de Elena es uno entre miles. Y en esta oportunidad, la sala del teatro no está completa. Hay desinterés por parte de la sociedad. Hay una necesidad por taparse los ojos con un dedo y creer que no pasa absolutamente nada. Que las putas son putas por elección y que cobran por su trabajo.

En esta puesta en escena (por si tenías alguna duda) se demuestra que nada de eso es cierto. Que las ganancias son mínimas, que se reparten entre muchas personas, que para tener algún ahorro hay que trabajar sin descanso y que los cuerpos no dan abasto.

La desvalorización social, asumo que será sentida de igual manera por estas mujeres que son privadas de una vida digna, que son desposeídas de un corazón que lata por cosas bonitas y tiradas a lugares rotativos, a negocios clandestinos y a tantos sitios conocidos por todos y no denunciados por quienes en verdad podrían hacer algo al respecto.

Mientras las distintas escenas del unipersonal se suceden unas a otras, pienso por qué la sala esta casi vacía. Me duele como mujer, me duele hasta las tripas. Porque esta obra no es una obra más ni pretende ganar dinero sino crear consciencia, abrir ojos, ayudar a quienes estén pasando por esto y unirnos de verdad para juntos luchar por ellas.

Luego de la función, pudimos escuchar a Maximiliano Ferraro (diputado de C.A.B.A por el partido Coalición Cívica), quien nos detalló la ordenanza 33.266 que hace mención a la eliminación de la figura de alternadoras (coperas) en los bares con el fin de evitar la trata de personas. Esta ley fue aprobada el año pasado y estaría entrando en vigencia este año.

Vestida, despojada de ropas, lastimada, exluída, golpeada, sin poder crecer junto a sus hijos, regenteada por su propio marido, desposeída del sueño de ser libre, de hacer con sus días lo que se le antoje, de gira por plazas ofreciéndose, sin poder escapar, sin poder elegir, anhelando ver a sus hijos. Soñando con una navidad en familia.

Por más cursi que pueda sonar: el amor es imprescindible en la vida de todo ser humano. Sin él, la desgracia se avecina, se esparce, nos domina y nos extingue.

Ellas nos necesitan, por más que no las oigamos. Gritan sin que las escuchemos. Gritan a través de un personaje de ficción que es real. Ellas necesitan ser consideradas mujeres y no cuerpos explotados hasta el hartazgo.

Ellas son cada una de nosotras y mientras se siga durmiendo, su sufrimiento letal aumentará, su privación de la libertad crecerá y llegará aquel momento en que nadie las recordará.

Por eso aplaudo de pie a Mariel Rosciano que, además de ser una excelente actriz, está comprometida con la causa, milita, da su vida por los derechos de la mujer y camina el mismo camino de las víctimas.

Funciones: martes de marzo, 21.15 hs.

Teatro La Comedia (C.A.B.A.).

Mariela Verónica Gagliardi

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Esclavas blancas

La Varsovia1

A fines de 1930, la capital de Polonia se constituía como la ciudad más grande del país. Su grandeza abarcaba a 350.000 judíos que se caracterizaban por su despliegue cultural e inteligencia. Después de Nueva York, venía Varsovia, ocupando el segundo puesto en cuanto a demografía de dicha religión. Lamentablemente, tres años después la población se redujo a un tercio.

Llegando a la siguiente década, los nazis comenzarían una de las masacres más tenebrosas de la historia mundial: el ghetto. Cuando las tropas alemanas ingresaron a Varsovia, no solo terminó la cultura sino gran parte de esta sociedad judía que el único pecado que cometió fue ser judía según los ojos nazis.

Esta es una historia, de género dramático, que une a dos mujeres muy diferentes entre sí, que están viajando de Varsovia (Polonia) a Buenos Aires (Argentina). Durante el viaje surgirán demasiados conflictos que la serenidad de las aguas no podrán menguar.

La Varsovia” (escrita por Patricia Suárez y dirigida por Liliana Adi) une dos épocas tan distintas como similares.

Ambientada en los años 30’, todo lo que sucede no pierde vigencia.

Como tema más a flor de piel y polémico, se ubica el de la prostitución. Pero, en un comienzo parece tratarse de una simple rivalidad femenina, en que un hombre es el centro de disputa. Aunque en cuanto la obra sigue su curso y la música decora las escenas, Mignón (Silvana Rosón) y Hanna (Lena Simón) se cuentan las costillas. Una adulta y, la otra, muy joven, hablan de dicho hombre que no es ni más ni menos que un cliente.

¿Puede existir amor en una relación en que el cuerpo es tomado como objeto y por el cual se paga para obtener placer?

Esta es la historia que, de manera bidimensional, muestra a una Mignón rígida, fría y dura; que, simplemente, traslada a Hanna hacia los brazos de ese hombre.

Todos, desde el público, maldecimos las conductas y dichos de la primera que se regodea de la fragilidad de la segunda.

Y, por qué hablo de bidimensionalidad. Justamente, porque la dramaturgia no transcurre solo en la proa del barco sino que vivenciamos –gracias a la iluminación y melodías- momentos en que las damas bailan, en que se conocen con otras personas y en que las figuras se fusionan con sus sombras para justificar que, ambas, son seres tan oscuros y tenebrosos como manipulables.

Una excelente escenografía, súper artesanal –constituida por maderas superpuestas-, un vestuario blanco y delicado, un texto deleitoso y atrapante, al que se le une la dirección precisa y fina de su directora; permiten que “La Varsovia” sea una propuesta justiciera y artística de alto vuelo.

Varsovia, la ciudad más grande de Polonia, que comenzó con la trata de blanca (denominadas en Europa como esclavas blancas) incluso antes del Siglo XX y, antes de recibir esta denominación moderna. Es durante la primera oleada inmigratoria de Europa a Argentina que se encontrarían los primeros movimientos que involucrarían a tantas víctimas engañadas y cegadas, llevadas a América para un mejor porvenir.

Mignón, del mismo modo, seduce con palabras a Hanna –creyendo en su ingenuidad-; hasta que el discurso de Hanna deja en evidencia el poder con que se hilvanaban las peores desventuras.

Raquel Liberman, fue una valiente mujer que tuvo las agallas para denunciar en 1926 a la Sociedad de Socorros Mutuos (bajo la que se escondía la organización Zwi Migdal), insistiendo varias veces con información precisa como la que se refiere a dicha agrupación con el nombre de Varsovia.

Nuestra querida Ciudad Porteña, 5 de enero de 1875, sanciona la primera ley referida al ejercicio legal de la prostitución, bajo la que solo se controlaría médicamente la salud de estas mujeres.

Recién adentrada la década del 30´, década en que se desarrolla la presente obra, se decreta la ley 12.331, gracias a la cual se cerrarían los prostíbulos existentes en capital federal y prohibiría la actividad en todo el país.

Casi un siglo después, no se consigue, realmente terminar con este negocio tan macabro que día tras día sigue cobrándose las vidas de mujeres que, en su mayoría, son engañadas con palabras prometedoras. Estas mujeres de antes y de ahora, son mujeres y merecen ser consideradas como tales.

ficha La Varsovia

Mariela Verónica Gagliardi

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