*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Una espera desafiante

Fotografía: Carlos Furman.

Fotografía: Carlos Furman.

Ficha Vigilia de nocheSe dice que cuando uno espera, desespera. Y, cuando se espera en grupo y ese grupo está integrado por personas no compatibles todo puede tornarse caótico y exasperante.

En Vigilia de noche (escrita por Lars Norén, con traducción de Francisco J. Uriz y con versión y dirección de Daniel Veronese) puede notarse cómo dos matrimonios tienen que pasar una velada juntos por necesidad y compasión, como si se tratara de una obligación imposible de quitar del camino.

A partir de un hecho puntual como es la muerte de un familiar, dos hermanos se reencuentran después de muchísimo tiempo y así surgen todos los problemas y conflictos del pasado (trasladados a un presente muy poco prometedor). Sus mujeres no se quedan atrás y si bien no compiten entre ellas, tienen bastante para decir y gritar entre las cuatro paredes para que se haga justicia y de lugar a sus sentimientos tan poco valorizados.

Pareciera ser que el resentimiento está inmiscuido entre las cenizas y que no podrá soslayarse tan fácilmente. Quizás la única esperanza sea que digan lo que les pasa, que se expongan ante los demás y puedan emitir con palabras quiénes son. Porque este es uno de los puntos que más se resaltan durante la dramaturgia: los matrimonios parecieran están conformados por dos personas que prácticamente no se conocen por más que el tiempo debería demostrar lo contrario.

El statu-quo está en manos de los hombres con su machismo predominante y la necesidad de marcar territorio como si fuesen animales que necesitan delimitar el espacio que ocupan. Mientras tanto, las mujeres son mostradas como bienes-objetos que ocupan el lugar de acompañantes y que no deberían tener voz ni voto. Son esposas al fin, presas de dos hombres que son más parecidos de lo que muestran ser en un principio de la obra. Dos seres obsesivos (cada uno a su manera) que impiden la fluidez y espontaneidad ajena.

Vigilia de noche es una pieza artística que alcanza la excelencia, con cuatro interpretaciones perfectas que se lucen a lo largo de la historia dramática, dentro de la que surgen algunos momentos humorísticos que permiten relajar a los espectadores para que luego el remate sea prometedor.

Existen escenas cargadas de sensualidad, erotismo y violencia verbal en las que es posible comprender la magnitud de esta familia que no solo está separada por la distancia geográfica sino por las limitaciones mentales de las que se atan con nudos imposibles de quitar.

Esta obra es un claro ejemplo sobre tapar el sol con una mano y sobre las barreras emocionales que no permiten avanzar sin destruir a los demás, a quienes se supone que aman sin poder demostrárselo.

Cuatro seres que quieren disimular el dolor que sienten y, sin embargo, continúan dentro de un círculo vicioso que nada positivo les aporta.

La violencia de género, instaurada como un cuadro de antaño, juntando polvo y sin lograr acabar. Un living que aloja y sostiene a las dos parejas desparejas a quienes ya no se toleran y no tienen el valor para tomar otro rumbo que los favorezca.

Pareciera ser que el camino escogido es el de poner en práctica todo lo absorbido hasta el momento sin mediar las consecuencias, ignorando que el mal no se termina con odio sino con un giro rotundo en la conducta y accionar. Pero para eso el psiquiatra podría dar cátedra y el ejemplo, un ejemplo que calumnia y angustia, que sofoca a la víctima y no la deja ser.

¿Por qué el maltrato, por qué su validez?

Horas que transcurren, una tras otra, desnudando a las personalidades más temidas. Víctimas, victimarios y la enfermedad de continuar cuando ya no es sano, cuando ya no existe el amor y cuando la locura ingresa sin pedir permiso convirtiendo a quien -menos se esperaría- en otra persona, quizás, capaz de combatir los días y el futuro en otra etapa, en un rumbo -al menos- direccionado por sí misma.

Pilar Gamboa demuestra, una vez más, que su talento es infinito, siendo sensualidad, mujer pasional, fiera y defendiéndose de todo lo que surja como por arte del mismo arte.

Un libro y dirección increíblemente detallistas que logran abrazar a los actores para que se luzcan como lo hacen.

Mariela Verónica Gagliardi

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Trazando el plano de tu vida

Un espacio amplio, de color blanco, con plásticos en los pisos, conforman una puesta en escena fría, distante y que crea el interrogante de a dónde apuntará la obra.

Posiblemente, todos alguna vez, hayan asistido a un museo por motus propio o por una excursión organizada en el colegio. Esas paredes rígidas son portadoras y sostenes de algo que desea ser exhibido. El blanco es un color que provoca más amplitud y, a la vez, descansa la vista para poner en primer plano al objeto deseado.

«Museo» (escrita y dirigida por Piel de lava y Laura Fernández por Grupo Piel de lava) recurre al lenguaje estricto para poder desarrollar cuestiones de arte y sensaciones personas e íntimas.

Un grupo de cuatro amigas: Francisca (Elisa Carricajo), Flavia (Valeria Correa), Elena (Pilar Gamboa) y Rita (Laura Paredes); emprenden el proyecto de abrir, justamente, un museo de arte contemporáneo. Ponen manos a la obra y, una vez que el lugar está terminado, surgen los conflictos que hasta el momento habían sido silenciados.

En una noche que el alcohol hace de protagonista, las botellas deambulan de mano en mano para introducir el efecto de desenmascarar a cada una de ellas frente a las otras.

La hipocresía las mantuvo unidas mientras les sirvió pero ya no pueden silenciarse más.

Esta obra podría dividirse en dos partes: una vinculada al museo, a la distribución del espacio y a todo lo relacionado a ello y, una segunda, vinculada a lo puramente emocional.

Como si fueran una cebolla, se van limpiando las culpas, expresándose y, quitando, capa por capa.

Como las máscaras que portan en cierto momento de la historia o, el intercambio que realizan entre ellas para expresarse mejor sin ataduras.

Mezclando un léxico de artes visuales, arquitectura y teatro; realizan un recorrido por estas tres disciplinas durante gran parte de la obra. Pero, se puede respirar un aire de discordia y es ahí donde queremos -como espectadores- detenernos: en la intimidad de estas cuatro mujeres -tan dispares como diferentes, tan opuestas como parecidas-.

Confieso que me quedé con ganas de más, de conocer sus detalles cotidianos y no quedarme con la mera impresión de la reunión que nos muestran. También, tomar la decisión de la duración de un relato o escena producen un efecto u otro.

En determinado momento de «Museo», las actrices, se ponen unas caretas con sus propios rostros.

Más allá de las risas surgidas en ellas y en nosotros, la angustia y conmoción se hacen presentes para, justamente, citar al drama.

Es sensacional que una pueda representar la vida de la otra en ausencia de ésta. Quizás la cobardía las invade tanto como para fingir una amistad que solamente les sirvió para llevar a cabo un proyecto profesional.

De cualquier modo, la dramaturgia es efectiva ya que nos permite participar, intelectualmente, buscando muy adentro nuestro parámetros y estructuras rígidas que nos impide ser quienes somos.

Lo conservador es puesto como rival de la libertad. Este es el principal fundamento de «Museo». Un espejo gigante que muestra un solo rostro femenino. Una unión tan fuerte que logra amalgamar a las amigas para convertirlas en una sola, para que los cuatro pensamientos sean uno; olvidando que en algún momento la verdad y realidad iban y tenían que salir a la luz.

Cuando todo lo oculto se devela, las miserias humanas son dichas de las peores maneras y las perspectivas son citadas nuevamente -para escoger la arista y posición más favorable-.

Una oficina, una silla, un espacio geográfico, físico.

Qué lugar ocupas en tu propia vida? Qué lugar ocupa el resto, qué condicionamientos o cadenas te pones para protegerte sin darte cuenta que te alejás de tu propósito?

Ficha artístico-técnica:
Autor: Piel de lava y Laura Fernández por Grupo Piel de lava
Ciudad: Buenos Aires
Elenco Piel de Lava: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa Y Laura Paredes. Plano: Santiago Pérez Leloutre «El almuerzo del obrero» Mondongo «Un cuerpo solo» y fotografía: Sebastian Arpesella
Realización de maqueta y asistencia escenográfica: José Escobar
Investigación teórica y colaboración artística: Fernanda Alarcón
Gráfica: MINOco Identidad visual.
Vestuario: Flora Caligiuri / Carolina Sosa Loyola
Diseño Sonoro y Composición Musical: Gabriel Chwojnik
Luz: Matías Sendón
Espacio: Alicia Leloutre
Producción General: Mariana Mitre
Asistencia de Dirección: Camila Palacios
Dramaturgia y Dirección: Piel de Lava y Laura Fernández
Género: Comedia dramática
Duración: 75 mimnutos
Dirigida: público adulto

Mariela Verónica Gagliardi