*** Noviembre 2017 ***

Fotografía: Carlos Furman.

Fotografía: Carlos Furman.

Ficha Vigilia de nocheSe dice que cuando uno espera, desespera. Y, cuando se espera en grupo y ese grupo está integrado por personas no compatibles todo puede tornarse caótico y exasperante.

En Vigilia de noche (escrita por Lars Norén, con traducción de Francisco J. Uriz y con versión y dirección de Daniel Veronese) puede notarse cómo dos matrimonios tienen que pasar una velada juntos por necesidad y compasión, como si se tratara de una obligación imposible de quitar del camino.

A partir de un hecho puntual como es la muerte de un familiar, dos hermanos se reencuentran después de muchísimo tiempo y así surgen todos los problemas y conflictos del pasado (trasladados a un presente muy poco prometedor). Sus mujeres no se quedan atrás y si bien no compiten entre ellas, tienen bastante para decir y gritar entre las cuatro paredes para que se haga justicia y de lugar a sus sentimientos tan poco valorizados.

Pareciera ser que el resentimiento está inmiscuido entre las cenizas y que no podrá soslayarse tan fácilmente. Quizás la única esperanza sea que digan lo que les pasa, que se expongan ante los demás y puedan emitir con palabras quiénes son. Porque este es uno de los puntos que más se resaltan durante la dramaturgia: los matrimonios parecieran están conformados por dos personas que prácticamente no se conocen por más que el tiempo debería demostrar lo contrario.

El statu-quo está en manos de los hombres con su machismo predominante y la necesidad de marcar territorio como si fuesen animales que necesitan delimitar el espacio que ocupan. Mientras tanto, las mujeres son mostradas como bienes-objetos que ocupan el lugar de acompañantes y que no deberían tener voz ni voto. Son esposas al fin, presas de dos hombres que son más parecidos de lo que muestran ser en un principio de la obra. Dos seres obsesivos (cada uno a su manera) que impiden la fluidez y espontaneidad ajena.

Vigilia de noche es una pieza artística que alcanza la excelencia, con cuatro interpretaciones perfectas que se lucen a lo largo de la historia dramática, dentro de la que surgen algunos momentos humorísticos que permiten relajar a los espectadores para que luego el remate sea prometedor.

Existen escenas cargadas de sensualidad, erotismo y violencia verbal en las que es posible comprender la magnitud de esta familia que no solo está separada por la distancia geográfica sino por las limitaciones mentales de las que se atan con nudos imposibles de quitar.

Esta obra es un claro ejemplo sobre tapar el sol con una mano y sobre las barreras emocionales que no permiten avanzar sin destruir a los demás, a quienes se supone que aman sin poder demostrárselo.

Cuatro seres que quieren disimular el dolor que sienten y, sin embargo, continúan dentro de un círculo vicioso que nada positivo les aporta.

La violencia de género, instaurada como un cuadro de antaño, juntando polvo y sin lograr acabar. Un living que aloja y sostiene a las dos parejas desparejas a quienes ya no se toleran y no tienen el valor para tomar otro rumbo que los favorezca.

Pareciera ser que el camino escogido es el de poner en práctica todo lo absorbido hasta el momento sin mediar las consecuencias, ignorando que el mal no se termina con odio sino con un giro rotundo en la conducta y accionar. Pero para eso el psiquiatra podría dar cátedra y el ejemplo, un ejemplo que calumnia y angustia, que sofoca a la víctima y no la deja ser.

¿Por qué el maltrato, por qué su validez?

Horas que transcurren, una tras otra, desnudando a las personalidades más temidas. Víctimas, victimarios y la enfermedad de continuar cuando ya no es sano, cuando ya no existe el amor y cuando la locura ingresa sin pedir permiso convirtiendo a quien -menos se esperaría- en otra persona, quizás, capaz de combatir los días y el futuro en otra etapa, en un rumbo -al menos- direccionado por sí misma.

Pilar Gamboa demuestra, una vez más, que su talento es infinito, siendo sensualidad, mujer pasional, fiera y defendiéndose de todo lo que surja como por arte del mismo arte.

Un libro y dirección increíblemente detallistas que logran abrazar a los actores para que se luzcan como lo hacen.

Mariela Verónica Gagliardi

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