*** Junio 2017 ***

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El frío arco iris: pinceladas de arte

Vacaciones Timbre 4

Las vacaciones tanto de invierno como de verano permiten que las carteleras de teatro vibren de una manera diferente, dándole la oportunidad a grandes y chicos para que disfruten de sus amplias variedades.

En invierno, con el frío recalcitrante y esas lluvias que menguan por momentos y vuelven a pintar la ciudad de paragüitas; resulta ser el escenario perfecto para no quedarse en casa. Resulta verdaderamente imposible poder asistir a todas las obras que deseaba por eso es que tuve que escoger algunos lugares donde situarme algunas tardes. Timbre 4, sin lugar a dudas, fue mi refugio, en el que conocí algunos artistas, vibré con propuestas diferentes y pude observar la conducta de los más pequeños cuando son llevados (o lo piden) a disfrutar de un espectáculo de nivel. Porque eso es Timbre 4, un espacio en el que se puede ir sin titubear ni sentir que el dinero se malgastó o que el tiempo se perdió.

El primer hallazgo fue un concierto de música, titulado como ¿Por qué no te mandé al turno tarde?, a cargo del grupo Los Raviolis. Este ensamble hizo saltar, jugar, correr, bailar, cantar y reír a todas las familias presentes. Recorriendo un amplio espectro musical, el paseo que llevó casi una hora dejó sin energías a los pequeños que no se rendían ante ninguna propuesta.

Sin lugar a dudas que la canción Soy pelotita de ping pong fue una de las puestas más divertidas para observar desde lo más alto de la platea, viendo como los cuerpitos rebotaban sin cesar. Juegos para relacionarse con sus padres, para invitarlos a participar de una aventura audaz -demostrando cómo se puede compartir la risa con distintas generaciones-.

Pero, ¿cuál es el eje central de este infantil? Justamente, que los adultos puedan replantearse las decisiones que toman o tomaron como padres, y todas las peripecias que irán viviendo durante todo el periodo escolar.

Canciones acerca de los bomberos voluntarios -que invitan a jugar-, otras para saltar, aquellas que fusionan estilos más callejeros y otros ritmos como el rock, pop, cumbia y heavy metal, entre otros; para hacer mover a cuanto humano esté en la sala. La intención de Los Raviolis es que los adultos se desahoguen un poco, se tranquilicen y ¡sepan que no están solos! Padres que instruyen a otros padres, la ternura de hacer crecer una semillita, de cuidarla y protegerla; la diversión que puede tener escoger frases que rimen y aprender de absolutamente todo… como si no existiera un techo.

Bombero voluntario, Chapotear, ¿Por qué no te mandé al turno tarde?, Celular en la mano, Semillita, No me sale la tarea, Se explotó, Diente diente, Nelly the elephant; son algunas de las canciones que integraron este fantástico concierto que podría esbozarse como de adultos para adultos, mientras los niños disfrutan de su ¿destrucción?

Claro que continuando con la problemática entre padres e hijos, le tocó el turno después a La familia de la soga que, de una manera bastante peculiar, puede digitar el movimiento de cada uno de sus miembros. Porque si bien puede parecer simpática la unión que tienen y esos lazos tan pero tan estrechos; existen clanes que (metafóricamente) se retroalimentan de este modo enfermizo.

Esta familia no precisa de celulares ni de tecnología para estar al tanto de dónde está cada niño o adulto porque su “libertad” es bastante limitada. Unos pocos metros que pueden extenderse o estrecharse de acuerdo a la actividad que estén llevando adelante en ese instante. Nutriéndose en el lenguaje clownesco, los De la soga realmente fueron un encanto para la diversión de todos los espectadores y dejarán una gran enseñanza al respecto cuando ocurra el desenlace.

A la luna en un barquito, es un deleitoso espectáculo de títeres que fusiona este arte con el teatro, permitiendo que su protagonista nos invite a conocer un poquito más acerca del mundo marino, de sus paseos en busca de su compañera ideal, de sus aventuras y del encanto más valorado: el poder sorprenderse con la naturaleza.

Su intérprete (Matías López Barrios), de un modo especial y preciso consiguió nuestra atención y participación, a la vez que pudo sentirse más acompañado que al comienzo de su triste historia. Porque un verdadero marinero tiene que ser valiente y no temerle a ¿nada? Bueno, eso es lo que intentará demostrar desde lo más profundo de su ser. Cuando consiga llegar a su objetivo, un universo en miniatura le dará un tinte asombroso a las profundidades oceánicas, a su luna, a los peces y al brillo mágico de la vida.

Para completar cada una de las disciplinas escénicas, la obra de danza Soñar no cuesta nada, dejó en evidencia el talento de Claudio Hochman que con los artistas presentes consiguió convertir un mundo paralelo con el real. Así fue como los sueños, de distinta índole, jugaron, se unieron y distanciaron, se complementaron y/o fragmentaron, hasta hacernos entender que la imaginación es la principal protagonista en la vida de todo niño o adulto. Este espectáculo es increíble y consigue despertar todos los sentidos, aunque no considero que sea para un público muy pequeño por la cantidad de recursos que utiliza.

Valiéndose del color blanco para los vestuarios y la sencilla escenografía, es posible que un personaje se entrometa en el sueño de otro, juegue y despierte hasta hacernos confundir deleitosamente. Un juego dentro de otro, un paso de baile que es secundado por otro y la música -en vivo- que sonará a cada momento que se precise.

Como un círculo perfecto, esta aventura invernal culminó de la misma manera que empezó: con otro recital de música y esta vez de la mano de Lalá y el Toque toque con su nueva performance Muevequetemueve.

Esta agrupación que conocí hace unos cinco años atrás y que cada vez está más consolidada, con nuevas ocurrencias y un gran director musical: Osvaldo Belmonte (quien, además, es el tecladista de la orquesta).

Desde ya que la solidez que tiene cada uno de sus integrantes, junto a la originalidad y talento; permiten despertar, cada vez más, el interés de sus seguidores -entre los que hay muchísimos grandes-.

¡Qué importante se vuelve el darle a los niños productos de calidad, sin subestimar sus edades!

Y Lalá (Karina Antonelli) es el claro ejemplo de cómo conseguirlo.

Con una impronta fundamentalmente basada en la reflexión, en la enseñanza, en la diversión, en el arte, y en colocar cada sabiduría sobre notas musicales que harán aún más llevadera la cuestión.

Desde la primera vez que vi a esta fenómena agrupación en la sala de NoAvestruz, el recorrido se volvió más interesante, más sólido, emblemático, nutriéndose de instrumentos que no abundan en orquestas para jóvenes y que son tan placenteras para los oídos humanos.

El barco y el barquito, Canción marinera, No se vaya a confundir, Horizonte, Tómelo como lo tómelo, Exagerado José, Peces en el aire, Reggae de Chaplín, Tarantela de corazón, Cara de amore, Vals de cuando, Mal ô mains, O laláque lelé, Sanará, Candombe, y, Esmeralda ráscame la espalda; son las canciones que componen el nuevo disco y que vale la pena adquirir.

Oscilando entre vals, chacarera, tango, melódico, y otros ritmos; es posible colorear no solo las proyecciones visuales que puede observarse durante cada tema, sino el alma, la suspicacia y el amor por lo que se hace.

Haciendo trencitos, permitiendo participar a su público, interactuando como corresponde a los espectáculos para niños y soltando la imaginación. Integrando a la amiga tana que llegará para darle frescura a su performance y permitiendo que la tarde se tiña de arco iris.

Una inmensa felicidad que exista tanto arte en la Ciudad de Buenos Aires y que pueda rodar por diferentes territorios en busca de esperanzas.

Los Raviolis y Lalá, sin lugar a dudas, que existen como cable a tierra, como lenguajes comunes y de reflexión en un punto, de hallazgos, de maneras de ver y sentir la vida al igual que de un universo sensible compuesto por las criaturas que lo habitan.

Ficha Vacaciones Timbre 4

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Saltando más que nunca

Adriana7

Los niños no deberían conocer de problemas legales ni de cuestiones internas entre autores, intérpretes, etcétera. Pero, lo cierto es que hace varios años que la conductora infantil Adriana, no puede cantar la canción del Sapo Pepe. Sí, aquella que convirtió al anfibio verde en protagonista de fiestas, cumpleaños y celebraciones de los más chiquitos. Ese sapo que era un sapo y que la conductora, con su calidez y don de artista tocó con la varita mágica.

Por tal motivo, Adriana consiguió dotar a un nuevo animalito, que tiene las mismas características que el original, y bautizarlo como Poing Poing. De hecho, este nombre le da la característica de saltarín y, todos, realmente todos, relacionamos a ambos personajes con Pepe. Si bien Pepe fue privado de su libertad escénica -junto a la carismática Adriana-, su reemplazo no se nota entre niños y adultos.

Un Teatro Astral, lleno totalmente, hospeda a muchísimas familias que están felices de llevar a los chiquitos como excuso para presenciar este espectáculo. Es un show de colores, con muchos personajes atractivos y simpáticos que irán preparando el cumpleaños del Sapo Poing Poing. Timoteo, Lolo, Michu, Pimpón, Armando, Cholito, Lulú y Pepa serán los encargados de homenajear a su amigo y, hasta que llegue ese momento tan ansiado, nos irán divirtiendo con diversas canciones y coreografías.

Entre cumbias y diversos ritmos musicales, cada personaje tendrá su momento para darse a conocer, lo que permite aunar al público (consiguiendo nuevos seguidores y pintándoles sonrisas a los mismos de siempre).

¿Los adultos? Sí, realmente fascinados, moviéndose y cantando todos los estribillos. Participando en todo cuanto Adriana proponía. Es que cuando un show está bien hecho, con mucho amor y dedicación, sucede esto. Máxima felicidad de todos, y mientras estoy en el palco observo a una pareja de abuelitos que junto a su nieta, están contentos, admirando todo.

Lugar para el que miro, encuentro acción y clima festivo.

Entre tantas gamas de colores, formas, escenografías y estilos rítmicos, todo se desarrolla placenteramente.

Mientras tanto, envidias infundadas y mercenarias pretenden apropiarse del fruto de trabajo de esta educadora que no solo hace pasar un grato momento sino enseñar valores, tantas veces olvidados o perdidos en nuestra sociedad.

Las cartas documentos, los reclamos y todo daño a la imagen de Adriana, jamás podrán quitarle su lugar. Sabemos que la justicia no siempre es justa, pero quién más que los chicos para defender a la indiscutible madre de Pepe.

Mientras su papá, toca una canción en el teclado, ella lo acompaña cantándola y la celebración de Poing Poing no tarda en llegar.

Una verdadera fiesta que alegra a todos los corazones.

El sapo de los chicos salta en su lugar,

salta hacia delante,

salta para atrás.

Salta de costado,

para los dos lados,

este baile sí te va a gustar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una medida contra el narcotráfico

Anna20

Las drogas son, sin lugar a dudas, portadoras de uno de los negocios más grandes del mundo: el narcotráfico. Este negocio que recluta, actualmente, alrededor de 50 mil menores de edad en México, que los obliga a dejar la infancia, repentinamente, para convertirse en adultos, en sicarios, en vigiladores, en cárteles y, lo más penoso, en criminales.

Al igual que ocurre en nuestro país, los menores son inimputables y, por ello, los “salvadores” en cierta forma del universo delectivo. Estos niños que tienen 17 años los más grandes, y que llevan a cabo operativos inentendibles para su corta edad, que su grado alto de analfabetismo es manipulado por los superiores para hacerles hacer cosas que, quizás, si fueran concientes y contaran con las herramientas necesarias para analizar, no harían.

Dentro de este panorama -que ocurre no solo en el país mexicano sino en otros territorios de latinoamérica- surge la obra Anna (escrita, protagonizada y dirigida por Tania Mayrén), con una puesta en escena sencilla y contundente a la vez. La actriz interpreta a una joven que, junto a una cámara filmadora, recorre kilómetros y kilómetros en busca de su hermano menor. Esta búsqueda nos llega al alma de una manera tan cruda como real, permitiendo que conozcamos una historia ficcionada pero repetida diariamente en diferentes hogares.

Un día como cualquier otro, el adolescente desaparece de su casa y, sin imaginarlo, es secuestrado por una banda de narcotraficantes. Anna solamente cuenta con una foto de él que irá mostrando a cuanto desconocido se cruce para aunar fuerzas y seguir adelante. Ella, en algún lugar de su corazón, sabe que probablemente nunca vuelva a reunirse con él, pero la esperanza es lo último que abandona.

Como un camino sinuoso y empantanado, Anna atravesará momentos trágicos, delicados y desesperantes. Se quedará sin dinero, sin el poco que tenía, pero dormirá en las calles, dejará de comer y respirará para ganar aliento y continuar.

Este gran unitario es un mensaje explícito a toda la sociedad, al mundo entero, es un grito desgarrador en el que se pide paz, serenidad y una mente fría. Amor, unión y conciencia. Conciencia para respetar a los niños, a su infancia, a las familias que menos dinero tienen y que por eso se convierten, muchas veces, en vulnerables y en focos para que hagan con ellas cualquier cosa.

Pero Anna no solo tendrá como objetivo encontrar a su hermano sino narrar una biografía llena de personajes que irá conociendo a lo largo de esta travesía, personas que le irán aportando fe y dolor, cosas buenas y cosas malas para convertirla en una mujer cada vez más íntegra y bondadosa.

Ella sola, en el espacio escénico del Teatro Corrientes Azul, hará las voces de cada personaje, haciendo que la dramaturgia cobre un valor cada más alto. Convirtiendo a Tania en la portadora de un mensaje difícil de pronunciar y no sentir miedo. Sin trastabillar en ningún momento, con una prolijidad extenuante y una mirada profunda; convence con sus argumentos, con cada palabra, con cada mirada y esa valija llena de nostalgia.

Atravesando también temas como la prostitución y la trata de blanca -solo como una ráfaga- Anna se convierte en una pieza teatral que debe ser vista. Y lo digo como obligación hacia la moral de cada uno. Desde su país ha llegado a la Argentina para decir lo que siente, cómo se vive, cuáles son sus preocupaciones y compartir con nosotros su talento actoral. El drama real y el ficticio, nos abrazan y los escalofríos nos escoltan imperiosamente.

Mientras mis lágrimas se apoderan de todo mi cuerpo no paro de reflexionar sobre la temática, una temática que no siempre se tiene presente pero en cuanto alguien la menciona es imposible no comprometerse.

Vino a ofrecer su obra unipersonal y -convertida en una andrajosa, con botas de lluvia, ropa así nomás y un bolso de tela-; se llevó aliados pero aliados en este caso para una buena causa, aliados informados que solo desean convertirse en parte de una búsqueda mundial: el hallazgo de cada niño perdido que está muy lejos de su familia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Semillas para el amor

En una granja, todos viven felices y contentos. Como en los cuentos, donde solo hay alegría. Es un mundo color de rosa donde no existen las desgracias.

Daisy (Candelí Redín), una de las niñas del lugar, va todos los días a comprar naranjas cerca de la casa de Jack (Nehuén Marco Rojas). De esa manera él conoce la conoce y, entre ellos, surge un amor muy genuino y verdadero. Otras parejas, también se enamoran y sus miradas reflejan romance.

Todos bailan y entonan distintas canciones donde nos demuestran cuán bien están y cómo van sucediendo cosas en el camino.

Pero “Jack y las semillas mágicas”, es una comedia musical donde también habrá maldad. Hasta que la armonía los vuelva a reinar.

Sucede que un día, Daisy es raptada por unos gigantes. Nadie ve nada ni a nadie hasta que se enteran de la noticia y es demasiado tarde. Estas personas tienen sentimientos duros  y solo piensan en el dinero. Pero, ¿dónde habitan? Lógicamente, en otro mundo, que es inalcanzable para Jack y los suyos. Pero, ¿dónde queda? Eso es lo que tendrán que descubrir.

Así se dan cuenta de que existen dos universos paralelos: el de ellos – donde los habitantes son muy unidos pero pobres – y el de los otros – en el cual hay riquezas materiales robadas y tienen el corazón vacío de amor.

Y, ¿qué hara Jack para recuperar a su amada? ¿Podrá hallar rastros de su compañera?

Su vida, seguirá sin altibajos pero muy pegado a su Madre (Ángeles López Bustos) quien lo asfixia y lo trata como a un pequeño. La única compañía que tienen es la de una gallina y una vaca (Flora).

La voz de Candelí Redín es suave, sutil, tranquila y entona cada estrofa delicadamente. Nehuén Marco Rojas, vocaliza como un hombrecito, respondiendo a los planteos de su amada.

Por otro lado, Ángeles López Bustos, nos abraza con sus cantos, proyectando cada nota y mezclando su personaje de madre campestre y bruta con matices de la chilindrina, lo cual queda bastante cómico y burlesco.

Y David Maximiliano Basualdo, si bien parece ser un personaje secundario, no lo es en absoluto. Está encargado de separar varios de los sketch de la obra y de acariciarnos con su voz, la cual está llena de potencial.

Por suerte, Jack, nunca abandonó la idea de encontrarla. Sabe que Daisy fue secuestrada por esos monstruos pero su corazón sigue latiendo por ella.

Como en todo, siempre existe un aprovechamiento por parte de los que “tienen la verdad” y logran convencer a los vulnerables. En este caso un Gitano (David Maximiliano Basualdo) se presenta junto a un grupo de adivinos que, a través de la bola de cristal, lograrán convencer a Jack de vender a Flora – quien los acompaña a él y a su madre desde que éste era pequeño.

Y, ¿cómo logra convencer el Gitano a este chico apenado? Dándole unas semillas mágicas.

Después de acceder con tristeza, a la venta de la vaca, consigue unas macetas donde planta esas semillas tan especiales. Sin fe, cabisbajo, deprimido, se da cuenta de que si no confía no obtendrá ningún milagro.

Es así como decide creer en la magia y al otro día, cuando se levanta, ve un hermoso y enorme árbol verde. Siento muy adentro suyo, que debe escalarlo para encontrar a Daisy. Tiene temor de hacerlo pero con valentía, logra llegar a la copa del mismo. Cuando, de repente, ve a una niña a la cual le dice a quién está buscando. Pero no hace falta que siga recorriendo más camino, porque es ella. Sí! Jack la ha encontrado y están dichosos de estar juntos nuevamente.

Allí, en ese mundo paralelo, ella le cuenta que uno de los gigantes la convirtió en su sirvienta y que toda la riqueza que tienen es por habérsela robado a los pobres campesinos. Jack, estalla en furia y quiere recuperar el oro profanado. Pero Daisy le hace entender que no hay dinero que compre la felicidad.

Aunque antes de regresar, ocurre otra desgracia: Jack es atado y metido en una olla enorme, para ser cocinado por esos seres odiosos.

Y ahora, ¿cómo podrá ser feliz esta joven pareja?

Daisy, ¿estará segura del amor que siente por él? ¿Logrará, ahora ella, salvar a su amado?

Esta historia, tan bien contada, nos atrapa desde un primer momento, nos hace encariñar con cada uno de los personajes y nos hace pegar cada una de las melodías narradoras.

Si sos niño o adulto, la vas a disfrutar por igual, porque un producto cuando está bien hecho es imposible que no compre a su público. En este caso, se trata de una obra artesanal, construida parte por parte hasta conformar un todo plagado de dulzura.

Cuerpo de baile:

Bruno Muñoz, Cecilia Axt, Juanfe Castro, Melisa Bres, Luciana Russo y Pablo Nuñez.

Equipo creativo:

Dirección general: Federico Herrera

Coreografía: Pablo Nuñez.

Música original: Ignacio Sánchez

Arreglos musicales: Gustavo Michalik

Coach vocal: Alejandro Aldonza

Escenografía: Andrea Magnetti – Federico Herrera

Asistente de escenario: Joaquín Duhalde Longhi

Stage manager: Rodrigo Barrios

Utilería: Federico Herrera

Realización de escenografía: El Taller de Mane

Realización Gallo/Gallina: Julia Boselli

Vestuario: Rodrigo Barrios

Corrección de estilo: María Paula Méndez

Libro y letras: Federico Herrera

Prensa: Ayni Comunicación

Diseño gráfico: Agustina Costante

Teatro El Cubo.

Las funciones son los sábados a las 16 hs.

Localidades: desde $50

Mariela Verónica Gagliardi

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UNA SALIDA ORIGINAL

El jueves 19, estuvimos en “El viaje a la isla del coco”, en el teatro El Tinglado (Mario Bravo 948 – C.A.B.A). 

Relatos de ultramar, palmeras, bellos paisajes descriptos y una odisea, nos sumergieron en las profundidas más recónditas.

Pero lo que todos quieren saber es sobre los títeres, seguramente. Ellos son super originales, de distintos tamaños y divertidos. ¿Qué nos tienen preparado?

Una historia fascinante. Varias de las escenas transcurren en una escuela y las protagonistas son dos maestras: Clara Chardin y Guadalupe Lombardozzi. Ambas son las encargadas de desarrollar sus papeles como docentes y, además, de darles vida a los personajes, quienes llevarán adelante un romance. A su vez, una pareja de ancianos es clave en este relato. La anciana está a punto de ser internada en un geriátrico, pero descubre que su rumbo puede cambiar y, junto a su nieta, emprenderán un viaje.

Los espectadores, en su mayoría niños, por supuesto, parecían jugar a las estatuas, boquiabiertos y espectantes a lo largo de la hora que duró la travesía.

Los mayores, rieron junto a ellos y todos disfrutamos de la magia de esta narración que nos depositó en hermosas descripciones.

Las funciones en vacaciones de invierno son de miércoles a sábados a las 17 hs. Las localidades cuestan $50.

Espectáculo para mayores de 4 años.

Duración: 50 minutos.

Idea original y Producción general: Compañía La Zopenca
Dramaturgia: Natalia Bindenmaister
Actrices / Titiriteras: Clara Chardin, Guadalupe Lombardozzi
Música original: Esteban Rosenszain
Diseño de títeres, vestuario y escenografía: Azul Borenstein
Realización de títeres y objetos: Lucía Lossada
Realización de mecanismos: Alejandra Castillo
Realización de escenografía: Marcelo Díaz
Realización de vestuario: Inés Robotti
Diseño web y gráfico: Mercedes Creus
Prensa: Ayni Comunicación
Puesta en escena y Coordinación general: Guadalupe Lombardozzi
Dirección: Javier Swedzky y Natalia Bindenmaister

Mariela Verónica Gagliardi

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DIVERTIRSE APRENDIENDO

El martes 17 de julio, se estrenó “Danza a upa”, en el Teatro del Ángel (Mario Bravo 1239 – C.A.B.A). Esta obra es pura y exclusivamente para los más pequeños (bebés de 8 meses a niños de 3 años), aunque si los más grandes desean ir les aseguro que no se van a arrepentir.

Es una puesta en escena a cargo de la bailarina, coreógrafa y diseñadora Marisa Quintela – quien estudió en Holanda. Dicha propuesta, se hizo en conjunto con Proyecto Upa, que buscaba hacía un año hacer una obra, que se distinguiera a las demás y con la incorporación de Marisa, en el verano, se pudo concretar. Ella misma nos confesó que su profesora y directora del EDDC (European Dance Development Centre) en dicho país, le decía: “tenés que dedicarte a hacer espectáculos infantiles”. Marisa, se lo planteó a sí misma, ya que no era el rubro al que se dedicaba. Pero después de un tiempo, sintió que debía hacer un espectáculo para los más pequeños en el cual, a través de la danza, puedan vivenciar esta hermosa disciplina junto a una rutina distinta a las demás: la coreoformografía.

¿Qué significa coreoformografía? Marisa nos cuenta que “las coreografías parten de la manipulación física /espacial de los objetos, que a la vez sirven de escenografía y vestuario y son parte del legado que me dejo la experiencia con la creadora argentina Flora Martínez”.

El ballet suele ser asociado a lo estructural, rígido y difícil. Pero, en “Danza a upa” se mezcla el baile contemporáneo y se cuenta una historia de amor entre Tut, una libélula super simpática y alegre que conoce a Andrés, un escarabajo dulce y protector. Entre los dos, logran impresionar a los chiquitos, quienes no dejan de prestar atención en ningún momento. Las formas, los colores, la dinámica y su trama, nos dejan una marca en el corazón llamada: amor.

Es, realmente, un placer saber que los bebés y niños pueden alegrarse con espectáculos sanos y realizados por profesionales que se esmeran en que todo salga perfecto.

Los lunes, miércoles, viernes y domingos podés adquirir tus entradas a $40 y conocer este mundo de fantasía. Los menores de un año pagan $10.

Ficha técnico artística

Dirección, coreografía y puesta: Marisa Quintela.

Diseño y realización de objetos, vestuario e iluminación: Marisa Quintela.

Música: Jorge Soldera.

Elenco: Jésica Josiowicz y Santiago Vercelli Sacaba.

Idea original: Gabriela Hillar.

Estreno 17 de Julio a las 15:00hs en el Teatro Taller del Ángel.

Otras fechas a las 15:00hs: 19,21,23,25,27 y 29 de Julio.

Duración: 35 minutos.

Mariela Verónica Gagliardi

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