*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Entrevista a Laura Correa

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¿Cómo se gesta la propuesta de Parrandera´s?

Parrandera´s surge para un ciclo de teatro cumbiero. Me convoca Horacio Nin Uría a participar con la propuesta de escribir una escena de 15 minutos sobre el universo de la cumbia. Así fue que me senté a escribir, con una imagen clara en mi cabeza, que era una mujer de espaldas con los brazos elevados hacia arriba y una campera de flecos colgantes. Y, de ahí, se destapó todo este universo. Realizamos esa escena breve por dos años, en distintos espacios, hasta que me decidí y la hice obra larga. Y allí empezó el proceso de ensayos de lo que hoy es «Parrandera´s. Epifanía de un rapto».

¿Considerás que es indispensable tener a alguien a quien adorar?

Considero que siempre es bueno tener miras hacia donde aspirar, gente humana y real que admirar, creo que la adoración ciega, endiosando, puede ser bastante falible en su resultado, muy desilusionante. Pero yo tengo grandes artistas mitificados que son mi inspiración y tengo sus fotos dando vueltas por ahí como guardianes de mi inspiración. Tengo mis propios ritualcitos, con objetos e imágenes que tienen un valor para mí, y son mis espacios sagrados.

¿En qué te inspiraste para crear esta historia de suspenso?

El tema de la adoración estaba ya en mí, en otro material que había estado escribiendo, pero con más tinte social político, y cuando empecé a escribir esta obra sobre el universo de la cumbia, nuevamente el tema me surgió desde otro lado y todo se desarrolló muy genuinamente. Fue ir siguiendo a los personajes e ir entendiendo a dónde me iba llevando la trama. La historia me pedía empaparme de algunos materiales, y fui leyendo varias cosas sobre los cultos populares, sobre mitos y, fue ahí, que apareció muy fuertemente Helena de Troya como paralelismo y todo se terminó de acomodar en mi cabeza.

¿Puede el amor salvar a las almas perdidas?

Románticamente hablando podría decirte que sí, que el amor podría salvar todo, pero siendo un poco más errática podría decirte que hay almas que no quieren ser salvadas.

¿Cómo hubiera resultado la historia sin la intervención del hermano de Raquel?

No puedo imaginar la historia sin ese personaje, ya que es el que desata el conflicto central, y la obra se concibe alrededor de su llegada, y ese choque de mundos. Y de esa dualidad entre él y ella, y ellos y él.

No hay personajes buenos o malos.

No, definitivamente. Los personajes son humanos, tienen una historia detrás, tienen sus desilusiones vividas, sus marcas sociales, y justamente desde ahí se definen y desde ahí dialogan con sus imposibilidades y con sus virtudes.

Cuando el afuera es muy cruel, ¿mejor crear un universo paralelo?

Sí, yo creo que hay bellísimas historias sobre cómo en situaciones de opresión, ciertas personas han encontrado una vía para poder encontrar sentido a su existencia (como Ana Frank y su escritura). Aquí, los personajes crean culto, sus propias reglas y se crean, así, una pertenencia y una nueva identidad que el sistema capitalista les ha robado al dejarlos completamente desclasados, desamparados económicamente. Esa es la importancia de la cultura, justamente en una sociedad, a mi entender: suplir ese lugar de pertenencia, de comunión y sentido, más allá de todo. También se incluyen en esto las religiones.

¿Ser o pertenecer?

Me es difícil separarlas. Yo soy una persona muy social, adoro pertenecer a grupos, pero también creo que es importante poder ser más allá de eso. Quiero decir, poder trascender algunas pautas sociales y acomodarlas a antojo. A veces, por pertenecer las personas dejan de ser, y ese es el punto a tener en cuenta y cuestionarse siempre en la grupalidad. A mí me cuesta poder seguir una religión, un partido político, con un 100 por ciento de pertenencia si hay reglas que se imponen que no comparto. Por lo tanto, creo que hay que ser criterioso y no decir sí a todo por miedo a ser excluido.

¿Las luces obnubilan la oscuridad de los personajes?

Sí. En cierta forma, sí. Todo el brillo de sus vestuarios y toda la jocosidad de sus diálogos, tapan una gran oscuridad que llevan consigo, latente.

¿Hay algo de Gilda en Raquel?

Claramente sí. Aunque no sea una decisión premeditada, pero mientras íbamos haciendo la obra, y mientras yo la iba escribiendo, haber vivido el fenómeno Gilda me hacía poder sustentar la historia verídicamente, digamos. Saber qué cultos populares de esa magnitud existen. Helena se esfuerza por ser Raquel, por pertenecer a ese mundo de la cumbia, pero ya su cuerpo cuenta otra cosa. A Gilda le había pasado un poco eso también.

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Un impulso al cambio desde lo más profundo

Presidio3

Ficha PresidioEs difícil decir que Presidio sea una obra de teatro o una performance o teatro físico; porque es eso pero muchísimo más. Es la posibilidad de sentir a flor de piel y, mejor dicho, en carne viva. La movilización interna me conmovió de pies a cabeza, me sacudió como se hace con una bolsa de boxeo y salí volando metafóricamente. Para escribir la nota tenía las palabras pero desordenadas. Y tuve que dejar aquietar las aguas. Quizás para quien no sufrió, sea una simple tarea de concentración y nada más. Pero, para quienes tenemos una estrecha unión con el argumento de Presidio, esto se vuelva un poco más complejo.

Esta propuesta nos ubica en un espacio cerrado, delimitado, cercado físicamente y en dentro del que ocurren infinidad de escenas que narran situaciones de la vida real. Y no significa que los espectadores tienen que ser seres que atravesaron traumas, sino que tienen que estar comprometidos con el dolor ajeno, con los vacíos enajenados, con el abandono, con la opresión, con el abuso, con.

No es una muestra de pintura donde se observa algo bonito sino una expresión artística completamente. Porque son cuerpos entrenados para transmitir lo que sus palabras callan, y porque cuando los labios se mueven es para decir lo que sus cuerpos, agotados, ya están cansados de emitir. Porque las frases reiterativas se entremezclan desde lo más bajito hasta estallar en lo más alto de una cúspide, allá a lo lejos. Porque por más que uno se esmere en interpretar lo escuchado, no siempre se podrá y ese es la primera herramienta a tener en cuenta. No tratar de comprender con los oídos sino con el cuerpo.

Cuando las extremidades se gastan, los cuerpos se desvanecen hasta volver a erguirse y tomar las fuerzas necesarias para caminar, correr, danzar o morir.

Lo que está bien o está mal no parece ser juzgado sino mostrado. De ahí que el público se encargue de sacar sus propias conclusiones.

Iluminación, música, objetos y voces se coordinan desde lo más íntimo hasta lo más profundo. Es perfecto lo que ocurre aunque no lo que sucede. De repente podrá notarse la figura de un padre que se va, que no está presente. Y esta desgarradora escena desde su ausencia hasta su retorno no es posible digerir fácilmente. Al menos no para quienes hayamos sido abandonados, para quienes sintamos que ese lugar en la mesa nunca más será ocupado.

Escenas de sexo implícito podrán verse al igual que otras muy fuertes en las que el sentido no es erotizar sino expresar lo que, con palabras, queda pequeño. Un abuso dicho no es igual a mostrado en acción. Y ese es el foco de Presidio (escrita y dirigida por Lucio Bazzalo), un cuadrado del que surgen, como fotografías continuadas, un montón de situaciones para contemplar detalladamente. Los excelentes actores serán los encargados de montar cada escena, encarnando varios personajes a lo largo de la puesta..

Sin embargo, cabe preguntarles por qué están presos si no se ven barrotes, ni cadenas ni una obstrucción a su libertad. Y es que de eso se tratan las micro historias, de la psicología de cada persona que está privada de su completa libertad hasta que decida hacerse cargo de su pasado, de su realidad y de su vida para elegir cambiarla por completo. Al menos, modificar lo que ya ocurrió y que está ocupando un lugar traumático sin tener un verdadero sentido. Como si la respiración se les cortara al rememorar lo que otros hicieron y ya no fuese posible construir algo bonito. Presidio, por ello, demuestra que sí es sensato tener esta terapia de shock para reciclar y avanzar en pos de mostrar un libertinaje despojado de traumas: en el que los cuerpos vibren, amen y odien solo cuando así lo sientan. No cuando una fuerza opresora los obligue ni cuando el más poderoso los haga ver un mundo oscuro y lleno de maldad.

Presidio es un torbellino de ideas para procesar en la intimidad, para meditar sobre sí mismo y no para dar la vuelta de página para evadir el sufrimiento.

Desde que presencié esta propuesta puedo decir que soy más feliz que antes y que me siento modificada por completo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La ausente alegría de vivir

Iracunda tristeza10

Existen historias que indagan en lo más oscuro del ser humano, que se empeñan por escarbar bien profundo hasta destrozar a sus supervivientes. Esta es una de ellas y por eso es que resulta difícil deglutir mientras se la presencia.

Iracunda tristeza (escrita por Gilda Bona y dirigida por Silvia Hilario) presenta un texto lineal, con reiteraciones, con la intencionalidad de victimizar a sus protagonistas y colocarlos en ese lugar del que jamás podrán salir. Dos seres abandonados, relegados por sí mismos, conformistas y patéticos. Uno podría aprender del otro, sin embargo, los traumas presentes y pasados los hacen cometer los mismos errores, llorar sin demasiada angustia y soñar con masticar alimentos de otros hogares.

Mientras una mucama realiza los quehaceres domésticos, le trasladará a su amo absolutamente toda su tristeza y quién es en verdad. Claro que existe tanta oscuridad en el relato que quien más deprimido parecía, termina siendo el más astuto.Y se me viene a la mente la tolerancia. Aquella palabra tan excluida y difícil de poner en práctica. Porque Iracunda tristeza debería ser una ventana para observarnos, para sentir melancolía en un día de otoño y no el temor a la soledad o a lo que no resultó. No existe un final feliz ni una vuelta de tuerca. Es lo que es y nada más.

Como esos viejitos que observan la vida pasar y la gente caminar. Como si sus vidas se hubiesen extinguido sin asumir que les queda más por atravesar y disfrutar.

Esta puesta en escena, esos discos de Pat Boone reproducidos, esos libros investigados y esa máquina de escribir; seguramente seguirán activos. Nunca se sabrá por cuánto porque en esta vida certezas son las que faltan.

Al tiempo que el enojo crece y se apaga, la crítica resucita para hablar mal del de al lado, para tildar a los judíos de avaros. Nada nuevo. Siempre es mejor juzgar que pedir. Aunque la peor avaricia de esta mujer es su manera de ser, tan deplorable y esquizofrénica. Tan apesadumbrada y extinguida. Una muerta en vida.

Ella está contratada para cuidar pero precisa cuidados de todo tipo. Llama la atención su rigidez ya que no da el ejemplo en nada. Tiende la cama en la cual se desvanece y camina taciturna como suplicando cariño, aquel que tal vez nunca tuvo.

Me gustó mucho la escenografía, ese ventanal que permite ver el efecto de lluvia incesante y todo el mobiliario para adentrarnos en el hogar de este escritor en ruina.

Las interpretaciones de Gabriel Nicola y Marta Pomponio son bastante naturales y resulta muy agradable el desempeño del actor, quien consigue transmitir su sentir en todo momento, sin pretender ser otro, sino desnudándose hasta su punto más vulnerable.

Cuando el espiral sigue girando es momento de que la catarsis frene y tome otro rumbo o que la historia concluya. Un fin para un nuevo comienzo que podría ser el del título del libro que está por escribirse o tal vez la promesa de, que jamás llegará.

No hay demasiado para analizar ya que todo está expuesto en unos diálogos que se repiten constantemente. Muchos de nosotros podrán atar cabos y pensar en situaciones de la vida real o en personas que actúen de este modo ante determinadas circunstancias. Pase lo que pase la lluvia no cesará y quizás el mayor consuelo sea visualizar a alguien que esté más atravesado por la fatiga de vivir en el cuerpo equivocado.

Desgarradoras frases que pretenden expresar en palabras todos sus tormentos. Como si el mundo pudiera dejar de girar para que el primer infeliz se baje.

Mariela Verónica Gagliardi

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La cultura nos pertenece

La furia patria1

Ficha La furia patriaA veces quisiera decir tantas cosas pero prefiero callar. No por cobardía sino porque ya se ha dicho todo lo que siento y acotar más significaría reiterar.

Estamos en tiempos difíciles, turbios diría. Duros, muy duros y terribles, donde algunos parecen entender y otros vivir en Disney. Yo ya no entiendo nada. Ya no sé qué tormenta podrá venir mañana y por eso prefiero refugiarme en el arte que es la única esperanza y salvación que tenemos los artistas para permanecer ilesos a tanta crueldad.

Encontrar obras de teatro como “La furia patria” (escrita por el dramaturgo Andrés Binetti y dirigida por Mauro Molina) es hallar la cura momentánea para la angustia, es poder emocionarnos por actuaciones de tanta calidad artística y por un trabajo que merece la pena ser visto y observado en cada uno de sus detalles más de una vez. Porque cuando una dramaturgia se convierte en ARTE, ya nada importa.

Todo el elenco, desde el texto hasta la dirección impecable, conforman una pieza artística cautivante, sensible, con humor negro en el momento justo y la destreza de cada uno de estos artistas.

Hoy pensaba: en esta vida, en cada obra que actué María Viau, sé fehacientemente que quedaré maravillada. Y, en esta oportunidad, los artistas que la acompañan son de su misma magnitud. De la misma sintonía. Ellos no actúan, ninguno. Interpretan a los poderosos y a los débiles, a quienes tienen el dinero y a quienes están despojados de éste. A lo público y lo privado. Al arte versus el capitalismo. A lo que no da ganancia en dinero y debería ser cerrado. ¿Por qué? ¿En qué nos convertimos como sociedad? Hay quienes siguen creyendo que la cultura es un postre y no una materia obligada para poder, no solo sobrevivir, sino ser cada vez más humanos. Pero HUMANOS.

Una furia patria nos presenta un Museo de teatro que hace tiempo no es visitado. Por diferentes motivos, quizás. No se sabe ni se pregunta. Esta sociedad prefiere el silencio absurdo. Muchas esperanzas se han perdido, pero los empleados de esta institución, necesitan seguir trabajando a pesar de no cobrar el sueldo hace meses. Necesitan estar inmersos en la cultura, sentirla, tocarla, hablar de ella, recordar lo que significa un patrimonio cultural, para qué existe.

Porque la cultura puede ser explicada e interpretada de diversos modos, como la vida. Pero, no es un negocio. Para eso están los supermercados y los kioscos. El arte es arte. Es un arma de defensa ante los provocadores que vienen a llevarse todo. Ante los destructores que demuelen lo que no vende… hasta que queda ese vacío imposible de llenar. Desde ese momento la agonía aparece. Estos personajes parecen extinguirse como las piezas del Museo. Ellos se alimentan de cultura, de este lugar, de lo que fueron construyendo con el tiempo. Pero ya nadie ingresa, solo el mal. Solo una persona que trae un comunicado negativo.

La puesta en escena es muy atractiva y atrapa de principio a fin. Son varios los objetos que aparecen y absolutamente todos son utilizados para narrar esta historia que incluye otras. Como una mamushka que nos permite conocer, de a poco, a dónde nos conduce el mensaje. Es entonces cuando las proyecciones audiovisuales se van llevando adelante, en vivo, filmando in situ y permitiendo observar toda la construcción del relato. Mientras algunas escenas se suceden en la sala principal, otras lo hacen desde bambalinas. Como si estuviéramos viendo, por instantes, una película. Esta herramienta produce adrenalina e incluso los volúmenes están bien manejados como para que podamos cerrar los ojos y saber de dónde proviene el sonido y la voz.

Una furia patria es un pedido de auxilio a gritos pero creativamente. Argumentando dónde estamos parados y qué podría ocurrir si se toma una decisión o la opuesta. Por eso es que los que estén en contra de la cultura, deberían asistir a al menos una función para poder estar convencidos de por qué motivo se ubican de ese lado oscuro en que no ganan sino pierden. Porque en la vida el dinero no todo lo compra y menos la felicidad.

Construir es la fórmula perfecta de esta gran historia que sorprende, gratamente. El género absurdo, la comida y el drama están instaurados y se van cruzando en todo momento. Porque hay ciertas cosas que conviene decirlas como son y, otras, que conviene protagonizarlas más humorísticamente para quienes creen que lo diferente debe ser anulado o matado, puedan pensarlo racional y humanamente. Para que los geonocidios de los setenta no se repitan y no existan “desapariciones” convenientes.

¡Si tenemos Patria, debemos defenderla!

Mariela Verónica Gagliardi

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Vuelve «El pacto», de Stephen Dolginoff

elpacto

VUELVE EL CASO QUE CONMMOCIONÓ A LOS AÑOS ´20.

“EL PACTO”

UN CRIMEN MUSICAL

¿HASTA DONDE SOMOS CAPACES DE LLEGAR POR AMOR?

 Teatro BORDER, Godoy Cruz 1838 (Palermo)

 Con LEANDRO BASSANO y PEDRO VELÁZQUEZ

 PIANO: GASPAR SCABUZZO

LIBRO: STEPHEN DOLGINOFF

DIRECCIÓN: DIEGO ÁVALOS

https://saborateatro.com/2016/10/11/pistas-que-vengan-la-frustracion/

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Sintonizando diferentes galaxias

Hay artistas que soslayan el espacio escénico y convierten una obra en vida. No son muchos los que se animan a innovar, a crear otro código y convertirse, tal vez, en un espectáculo para público específico.

Arriesgar vendría a ser la primera palabra que se me viene a la mente cada vez que veo una propuesta de Gustavo Friedenberg.
Gobernar es poblar es el título de su nueva puesta de danza-teatro, la cual demuestra (irónicamente) una de las primeras órdenes de Dios en la Biblia: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla” (Génesis).

Friedenberg consigue plasmar un universo estético maravilloso en el que la tecnología lumínica, el canto autóctono, la música y la danza se confluyen en un mismo centro. Como si se tratara de un lenguaje único (a pesar de ser muchas veces diverso). Esto es lo que el creador (y no me refiero al Dios Jehová, sino a Gustavo) subraya con énfasis en cada paso de baile, en cada movimiento controversial y diferente, en cada refrán semejante y en cada grito durante el parto. Porque una criatura, otra, otra y cada vez más poblaron. Pero, ¿a qué apunta la vida? Somos muchos, demasiados, cada vez más. Y no hay arca de Noé que venga a salvar a unos sí y a desechar a otros. Acá se salva y sobrevive el que piensa, el que siente, el que solo danza más allá de todo y el que perece observando más allá de nada. Todos se salvan y no hay exterminio ni dolor más que el de sufrir cuando toque.

Un elenco formidable compuesto por seis actores (uno de ellos acompañará con un eximio bombo legüero), bajo la dirección de uno de los más revolucionarios directores de esta disciplina que combina a las artes escénicas con la danza.

Distintas generaciones, distintos sexos y sexualidades sin discriminación alguna, sin xenofobia: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Con esto se refería a los dos sexos que debían sobrevivir en la eternidad: femenino y masculino. El resto quedaría fuera de su mundo y eliminado de un golpe. Por suerte y gracias a la naturaleza, cada quien siente y, a partir de ese sentir, elige. Sin condicionantes sin hechizos ni amenazas. La culpa no es nadie y es de todos. Porque el mito que considere que poblar el universo es reproducirse sin frenesí es porque no se detuvo a pensar cuál es su propósito en la Tierra.

Y, dejando a un lado la religión, Friedenberg se basa específicamente en esta performance en la máxima de Juan Bautista Alberdi que se fundamenta en bases políticas. Gobernar es poblar con respecto a educar, a crear ciudadanos libres y civilizados. Esto según la mirada hacia Norteamérica que no siempre se corresponde con la de nuestra patria. O, en verdad, casi nunca, sobre todo en nuestros tiempos. Por eso, en referencia a “embrutecer” se toma como protagonista a una mujer aborigen que, lejos de ser incapaz de progresar, le termina enseñando a toda persona que se cruza por el camino de qué se vale el amor, la vida, el sentimiento y las raíces. Porque copiar no es el legado de esta pieza artística, sino utilizar lo propio para convertirlo en piedra preciosa. No es necesario, entonces, bajo la dialéctica del autor; traer población de afuera y erudita para poblar a su antojo el correr de los días.

Puede, sin embargo, ingresar quien lo desee y compartir su sabiduría (no en cuestión de talento) con los demás. Porque un verdadero país debería haber sido pensado así y no pretendiendo y aniquilando. La conformación de una Nación es puesta en duda, sus fundamentos políticos también y el legado de sus fundadores, ¿por qué no?

Acá gobierna el artista, el que justifica su vida a partir y a través de las ideas creativas. El que domina sin proponérselo y el que manipula sin saberlo.

¿Vamos a hacer una coreo?

No. Vamos a aprender a convivir dentro de una. A copiar los pasos del clásico si atraen o a mimetizarnos con los de contemporáneo si es más natural al cuerpo. Vamos a cantar en otra lengua o a continuar con la propia. Porque no hay quien dictamine una sentencia ni realce al “mejor”.

Habrá quien olvide embarazarse o quien lo haga por costumbre. ¿Quién podrá juzgar?

Cuando dos naciones se unen (en este caso, dos estilos contrapuestos), se examinan por fuera y se funden en un solo plano. Se mimetizan, al fin y al cabo. Porque la socialización es primaria y las bases son el firmamento más fuerte y conmovedor de Gobernar es poblar.

Máscaras, expresiones, juguetes inflables, otros reales. Todos conforman este universo poético en el que la única poesía es la forma de expresar y sentir. ¡Como si fuera fácil!

A la vez que la Vía Láctea da comienzo y fin a la humanidad, cada espectador se llevará un sentimiento. Y digo uno porque dependerá del compromiso que mantenga durante la función.

Mariela Verónica Gagliardi

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Todas las voces del corazón

La piel de Elisa1

Ficha La piel de ElisaCarole Fréchette es la autora canadiense del libro La peau d´Elisa, 1998 (La piel de Elisa), una recopilación de historias de amor que ya se ha montado como obra en diferentes países desde entonces. Sus líneas irradian luz por donde se las mire. Porque a quién no le gusta que le cuenten historias (verdaderas o ficticias).

Desde que nacemos somos oyentes y, tantas veces, al crecer vamos perdiendo la magia de sorprendernos hasta con un aroma determinado.

La piel de Elisa (protagonizada por Dana Basso y Lisandro Penelas, dirigida por Silvina Katz) me sedujo de entrada y me sentí cautivada por completo. La obra se desarrolla en el bar del Espacio Callejón y esto es un acierto. Porque qué mejor escenografía que la real y algunos detalles preciosos que acompañarán a cada una de las mesas en que reposarán los espectadores durante la tardecita. Porque este horario de las 19 hs también otorga una calidez oportuna ya que el tránsito en la calle es distinto, el transeúnte no corre sino camina, el acelere de la ciudad se modifica y es el momento de dejarnos llevar.

Elisa todo lo siente, todo lo cuestiona, todo lo abraza y escoge. Porque ella es una mujer que vive apasionadamente y que tiene algunas preocupaciones (como el paso del tiempo). Podríamos preguntarle por qué le preocupa tanto este factor si es tan hermosa. Ella ha llegado a la adultez con la sabiduría innata del sentir. Su piel es su primer sentido y por eso pretende que permanezca intacta, joven, sin arrugas, suave. Por eso cuestiona cómo está y se queda más tranquila cuando las respuestas del público son positivas. Porque Elisa vive atormentada pero también ilusionada con todo lo que puede narrar.

Un caudal enorme de historias que no parecen extinguirse jamás, que son contadas en primera persona y, con ello, se acercan aún más al espectador (el cual interviene desde la mirada hasta la escritura).

Parece, por momentos, ser un cuento ficticio hasta que la realidad real se apodera de los diálogos y la verosimilitud nos abraza.

Realmente es una puesta en escena romántica, tierna y poderosa, en la que el amor recupera su primer lugar ya sea narrando en la voz de un hombre o de una mujer. Porque a ella la acompaña un caballero muy atento y expectante, fascinado en el silencio por su manera de ser. Hasta que habla y con ello sus palabras se entrecruzan con las de Elisa, o las de Sigfried, o las de Jan, o las de Edmond, entre otras.

De repente, sentí que no estaba ni en un bar ni en un bar dentro de un teatro ni en la mismísima Capital, sino en un film de otro país. Como extra, al igual que todos los demás espectadores que -fascinados- aguardaban más información sobre cada uno de los personajes y relatos que citaban los actores encarnados en piel. Porque el principal estímulo para entrar en el código de esta obra es abrirse y no juzgar ni interpretar: escuchar con los sentidos y relajarse desde el ingreso a la sala decorada con esa luz tenue que permite inmiscuirse en los microrrelatos que se van sucediendo espontáneamente.

Es una digna puesta donde queda demostrado que la madurez no es sinónimo de vejez sino de sabiduría, de engrandecimiento, de riqueza sentimental y de un grito desesperado hacia el amor.

A la vez que un violoncello (a cargo de Miguel Gomiz) musicaliza toda la función, el romanticismo surge para quedarse y las cuerdas del instrumento se mimetizan con las vocales, con los movimientos corporales y con todos los desplazamientos, por el lugar, que plantean las mini obras.

Para poder seguir viajando junto a ellos, descubriendo paisajes, hombres, mujeres, soledades, vacíos y la eficaz herramienta de poder crecer bebiendo nuevas anécdotas para no quedarse sediento de un mañana anti rutinario. Para vivir otras vidas a pesar de contar solo con una.

Porque la Piel de Elisa es una cita obligada para los amantes del arte de narrar y porque cuando se encuentra un elenco tan comprometido y talentoso no queda más alternativa que recomendarlo.

Mariela Verónica Gagliardi

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Rutina veraniega en riesgo

Lucro cesante1

Ficha Lucro cesanteLucro Cesante (escrita por Ana Katz y dirigida por Lucía Baya Casal) no es una clase de economía ni mucho menos. Es la historia de tres amigas que demuestra cómo es posible ganar o perder en cuestión de segundos, de una decisión errónea o de un capricho innecesario.

A partir de esta comedia humorística, podremos presenciar unas vacaciones a la Costa, terminan siendo mucho más que diversión (la cual casi nunca alcanzan a sentir), que unas olas saltadas o que una zambullida tomadas de las manos. Estos días alejadas de su familia las harán crecer y saber qué es lo que en verdad quieren, que objetivos persiguen y cómo podrán revertir su presente por el más profundo deseo.

Un pozo en común que no resulta, un pasaje en colectivo no devuelto, unas ollas lavadas con mucho detergente hasta conseguir ese pastiche pegajoso difícil de enjuagar -como sus rostros por las mañanas y esos días rutinarios que se reiteran apesadumbradamente sin creer en un cambio-.

Ellas llegan a la casa alquilada pero nadie las recibe, nadie les abre la puerta y los artilugios que tramarán a lo largo de las horas les harán descubrir que todo es más fácil de lo que suponen. Una llave que puede darles acceso a buenos momentos compartidos pero que no son capaces de afrontar. Las tripas que crujen de hambre pero que, sin embargo, logran engañar con charlas estiradas y un mar no visitado. Mientras tanto, el humor las salvará como un guardavidas y les entregará la poción necesaria de valentía para que asuman el control de sus vidas y disfruten como se merecen.

Lo más increíble de la obra es que me sentí identificada con tantas situaciones, conversaciones e incluso con el vestuario que parecía estar incluida en la propuesta. De hecho, a supongo que a casi todos los espectadores les habrá ocurrido lo mismo. Los años 80´ y 90´ estaban plasmados en escena, con esos remerones gastados, los bronceadores naranja, el off siempre presente y los turrones que cuando no te arrancaban una muela te saciaban el apetito por un rato. El equipo de música con cassette de cinta, una diversidad de canciones que les devolvían el aliento cuando la tensión se avecinaba y las reposaras de caño que nunca fueron cómodas pero que, sin embargo, decoraban cada verano.

Me llamó la atención que no fueran al mar, que no lo tocaran, que se resistieran a sentirlo en sus cuerpos. Pero, claro, necesitaban tiempo, conexión con ellas mismas y con el grupo.

Con respecto a los personajes, cada personaje es único, entretenido y colmado de ocurrencias que no solo despertarán la curiosidad nuestra sino de ellas mismas. La tradicional e impoluta que necesita dar explicaciones de todos sus actos, la transgresora y la culposa.

Pedir perdón no siempre será necesario pero así lo considerarán. Criticar será imperdonable por un minuto y, al siguiente, lo más común. Porque son humanas, jóvenes y llenas de vitalidad.

Se decepcionarán ante un beso o un no beso, se ilusionarán con un recuerdo caluroso y planearán su próximo viaje, el cual, seguramente, será un nuevo aprendizaje, un nuevo sinceramiento y un olvido de la hipocresía. Porque lo festivo de las vacaciones donde se supone que hay que reír, montar una casa en la playa y chapotear sin parar; no se verá en Lucro cesante. Por mucho que cueste creer, estas amigas le darán un vuelco abrupto a sus vidas, donde el día se volverá noche en un abrir y cerrar de ojos… mientras las aguas abiertas aguardan su llegada.

Tres actuaciones impecables de la que sobresale la excelencia de Carolina Saade; con un texto atrapante y una dirección fina y precisa. Con los detalles necesarios para que las luces y ritmo se conjugue a la perfección y cada escena sea única. Así da gusto pasar un domingo de otoño, rememorando nuestro interior, sintiendo con el corazón y descubriendo junto a éste nuestro futuro. No el que los demás pretenden sino el que nosotros anhelamos.

Lucro cesante es más ganancia que pérdida, es un cúmulo de recuerdos que se nos avecinarán de golpe como una ola gigante difícil de frenar o esquivar.

Funciones: Domingos, 19 hs. No Avestruz

Mariela Verónica Gagliardi

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Una dura pero mágica vida

Don´t stop me now - 19 de abril 2017

Ficha Don´t stop me nowEs difícil hablar de alguien que ya no está en este mundo. Más cuando su música y trayectoria marcaron un antes y un después, indefectiblemente. Siempre lamenté no haber podido ir a uno de sus recitales, vibrar en la sintonía de su universo, de sus melodías y agradecerle por su talento inigualable.

Considero que fue el líder del mejor grupo internacional en lo que respecta al rock.

Mariano Zito y Sebastián Prada se aventuran a recorrer la vida de Freddie Mercury (Farrokh Bulsara, su verdadero nombre), sus vínculos amorosos, la relación con su madre, su adicción a las drogas y la música como verdadero cable a tierra.

Porque verlo padecer no es la intención de este musical, titulado Don´t stop me now (con dirección de Sebastián Prada) sino acercarnos a sus canciones, a una historia entretejida a través de las mismas y a sus shows que lo despertaban, mágicamente, ante cualquier adversidad.

Porque un artista es artista en la enfermedad, en el padecimiento, en los mejores y en los peores momentos de su existencia. Y este fue un claro ejemplo de ello.

El primer acierto de este espectáculo es no realizar un tributo. A partir de aquí, todo lo venidero es increíble. Mariano Zito no imita al artista sino que le otorga un propio sello, una impronta personal a través de la cual consigue contar la vida de Mercury, cantando. Porque no hacen falta más palabras que las del artista.

La sala de café concert del Maipo Kabaret se vistió para la ocasión y tanto Zito como Maia Contreras y Melanie Lorenzo pudieron tener todo el espacio a su merced. De esta forma, no existieron mejores o peores ubicaciones para presenciar el espectáculo ya que éste giró en derredor.

Observando la historia familiar, la tensión entre Freddie y su madre, el romance con su mujer y, por momentos, a la banda de músicos (muy power y talentosa) en el escenario; me llevé conmigo la visión de Queen a partir de sus autores.

Con un repertorio de más de 14 canciones, entre las que escuchamos: I want to break free, Under pressure, It´s a kind of magic, Play the game, Save me, Somebody to love, Hard life, entre algunas de las más representativas de la historia (a la que se suman otras tantas más y la que da lugar al título del musical), fue posible tararear o cantar por lo bajo, acompañando a los músicos.

Una noche única e íntima que nos unió en tiempo y espacio durante una hora. Que nos demostró dónde está el límite entre sufrir y disfrutar, entre encontrar el verdadero amor y jugar a esquivar los prejuicios sociales. Porque una adicción, en este caso representada por la droga, quizás responda a la desesperanza. Conseguir que una sustancia, un algo externo, salve y devuelva la paz tan añorada.

Si bien el show plantea un enfrentamiento entre sus deseos, en verdad su vida real giró en torno a su carrera musical y lo demás. Y, me atrevo a decir lo demás, porque cuando sintió que sus días estaban contados no luchó sino que se dio por satisfecho. ¿Qué más podría lograr después de tanto?

Con respecto al presente espectáculo es interesante la manera en que se aborda, en la que la sincronización y agilidad de los tiempos consiguen hilvanar las melodías más exitosas y conocidas, convirtiéndolas en un solo tema. No existen baches ni silencios sino una continuidad perfecta que da la sensación de estar inmersos en una única canción integrada por pequeñas partes. Tres interpretaciones comprometidas, que permiten conformar este recital biográfico y único que dará que hablar.

Una voz diferente, oriunda de África, con un estilo particular que consiguió cautivar a millones de fanáticos en todo el mundo. Aquí, una voz natal que tiene su impronta, que no imita sino que pisa fuerte, que recorre la pista, las tablas, acompañado por luces azules, naranjas (y de varias tonalidades más), el mobiliario y las miradas del público, llevándose los mejores aplausos que pudiera tener.

A su vez, estamos allí, presentes, homenajeando a nuestro ídolo, recordándolo y sintiendo que mientras existan artistas contemporáneos como los creadores de este show, seguiremos teniendo la oportunidad de sentir por nuestras venas que Queen está vivo más que nunca.

Mariela Verónica Gagliardi

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Recordando con humor

 

El elogio de la risa

PH: Alejandra López

Gastón Marioni logra llevarnos de viaje por un recorrido muy sensible e inteligente en el que Juan Leyrado será la cara visible del amor.

Supuse que El elogio de la risa trataría sobre el humor en su sentido más específico. Sin embargo, me encontré frente a un unipersonal profundo en que un hombre narra su vida pasada y presente junto a su enamorada.

¿Se puede vivir sin reír?

¿Es acaso posible subsistir a momentos trágicos y situaciones angustiantes sin la magia del humor?

Porque acá no se trata de burlarnos de un hecho sino de recordar lo vivido junto a quien más amamos. Y qué mejor modo de hacerlo que sonriendo en vez de desesperarnos.

Juan Leyrado, entonces, interpreta a Antonio quien recuerda sus pasos por la actuación, su debut y despedida tan “triunfales”. Sus momentos más placenteros y ridículos cuando pretendía pasar desapercibido, las ocurrencias de su esposa, los cumpleaños en que los confites y adornitos eran los protagonistas, esa crema y dulce de leche que provocaban más un empacho que el disfrute por sí mismo pero que jamás podían faltar. Las mesas y sobremesas que lo hacían permanecer absorto, el ridículo presente nuevamente, el amor ante todo y las distintas etapas de una pareja.

El blanco de la escenografía transmite una página por completar, esas hojas que su mujer le pedía que escribiera para no olvidar ningún detalle, las palabras mágicas que componían una totalidad de circunstancias y la alegría que debía existir cuando todo aburrimiento parecía apoderarse de los invitados. Pero, el blanco también simboliza la pérdida de memoria, esas nebulosas que surgen e impregnan en la vejez, esos huecos que desesperan y, sin embargo, pueden ser ocupados por un beso o una caricia. Porque el olvido real es el de la ausencia y no el de un nombre o acontecimiento.

En una sala de espera de geriátrico es que ocurrirá un antes y un después. Una lectura de un libro que abrirá el corazón de todos los espectadores y devolverá a Antonio el alma al cuerpo. Porque la soledad y el paso del tiempo son difíciles de sobrellevar.

Dos personajes compuestos, el de la juventud y el de la sabiduría. Porque eso es lo que Marioni pretende transmitir: que los años no juntan polvillo sino conocimientos y que tanto la sexualidad como el amor se van transformando por completo.

A nada hay que tenerle miedo, sino a lo no realizado.

El elogio de la risa es la posibilidad de observar al mundo con otros ojos, de completar con sentimientos lo vivido y de no culpar a nadie de lo acontecido.

¡No existe remordimiento ni resentimiento en la vida de este hombre y eso da una felicidad enorme!

Ni el despecho ni las lágrimas de cocodrilo se hacen presentes y solo hay lugar para la melancolía. Porque se trata de una biografía en formato de cuento en que los tiempos se acercarán y alejarán a antojo de su autor. Y así debe ser, para que los monólogos no se hagan eternos y la música acompañe lo narrado por su único intérprete.

Una torta, un ramo de flores y la más bonita historia de amor que existirá por siempre. Porque está escrita en sus corazones y estos no tienen enfermedades sino que laten en diferentes notas para que el olvido jamás llegue.

Si de nombres se trata, el autor propone un repensar de los padecimientos, de sus títulos, de lo ridículos que suenan los nombres de ciertas enfermedades y de su sinsentido al nombrarlas. Para qué decir de qué se sufre si existen tantos motivos lindos para celebrar la vida. Y a esto apunta la historia presente. Lo que se tenga que tener se tendrá, lo padecerá el cuerpo pero el ánimo es lo fundamental para respirar y reír aún cuando se crea que no es posible conseguirlo.

El elogio de la risa es la libertad que todos tenemos para sentir que la vida es hoy. Por más que nos lleve poco o mucho, siempre hay que soñar con los brazos abiertos y dejar ir cuando así se presente.

Una obra para lagrimear y honrar el amor.

Una obra para amar desmedidamente y descubrir qué se desea desde lo más profundo del alma.

Mariela Verónica Gagliardi