*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Entradas etiquetadas como ‘Mariela Verónica Gagliardi’

Minientrada

¿Ponerse en los zapatos del otro?

Lo lindo de calzarse es pisar en cualquier lado (escrita y dirigida por Julián Rodríguez Rona) es una canción a la vida. Pero a la vida del planeta de los vivos, que estamos con los ojos abiertos deseosos de palpar con las manos la naturaleza, de respirar fragancias y de descansar sin justificaciones. De indagar por doquier y abrazar lo que sintamos como propio e imprescindible.

Esta dramaturgia es pura melodía a pesar de no convertirse en musical. Porque las palabras son dichas pero los cuerpos generan movimientos, como las notas y su ritmo. Porque pareciera ser un long play con varios tracks que se continúan, teniendo reminiscencias del amor, pero también del abuso, del trauma, de la soledad, de la angustia, del deseo y de tantas cuestiones que se nos pegan a los mortales sin saber cómo quitarlas de encima.

Esta obra de teatro es un placer. Como esas pociones mágicas que pretendemos beber para convertirnos en otros capaces de afrontar lo que no nos animamos.

Lo lindo de calzarse… brinda códigos para que los espectadores juguemos a ser parte de los diferentes microrrelatos. Porque esa es una de las principales aventuras en la que se embarcan los tres actores: en la de ser ellos mismos pero, también, otros. Al ponerse en los pies de “otro”, pueden intentar sentir como tal o distanciarse finalmente. El juego de roles que uno investiga (inconscientemente) cuando es chico y que, se “olvida”, en la valija de la niñez creyendo que es lo que corresponde hacer.

Cuando el río sube, la pasión los enamora pero, cuando baja, todo parece convertirse en un paisaje turbio y lleno de sensaciones tensas e imposibles de digerir.

La escenografía de cartones corrugados es un acierto gigante, que acompaña cada uno de los diálogos, el avance y retroceso, la posibilidad de ubicarnos en tiempo y espacio, de derribar obstáculos o de, simplemente, colocarlos en el lugar que correspondan.

Adoré la puesta en escena por ser tan sencilla y eficaz. Por permitirle a los artistas desplazarse libremente y sin tener que trasladar mobiliarios. La liviandad de los cartones les permite seguir danzando por donde sus cuerpos les pidan, por correr o avanzar en la dirección y a la velocidad que se sientan impulsados a hacerlo.

En cuanto a las interpretaciones, no puedo más que felicitar a todo el elenco, junto su autor/director que supieron otorgarle brillo a esta aventura por el Delta. Una aventura que comienza desde el principio de un viaje que no tiene fin, que se basa en contemplar el afuera y el adentro, en disfrutar de unos versos y del silencio mismo.

La cadencia de cada escena demuestra que cuando se tiene talento se pueden convertir las palabras en actos, las miradas en caricias y la música en poema.

Esta obra es gigante porque invita a la reflexión y al autoconocimiento (sin el cual es imposible de hallar la identificación). Los paisajes se construyen sonoramente y todo lo visual correrá por cuenta de cada imaginación. De hecho, me sorprendí gratamente. Por momentos observaba el agua moverse y unas olas que rompían contra el muelle.

Como pequeños cuentos que se entrelazan entre sí, en un punto de encuentro real o soñado. Como cuando uno cierra los ojos para recostarse sobre su pareja e imaginar el mundo o transformar la realidad.

Disfrutable de principio a fin, para sentir, relajarse, tensionarse y angustiarse. Porque estos sentires y otros estarán presentes como un abanico que se abre -a cada momento- para compartir una bocanada de aire fresco o brumoso.

Lo lindo de calzarse es estar dispuesto a atravesar diversos tipos de terrenos y quedar en pie, sin hundirse por completo. Nadando, reflotando y encontrar la manera de llegar a la superficie. Porque el amor es el único capaz de transformar una realidad en otra por más temporal que pueda desatarse.

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

El amor no tiene sexo

Contraseña10

Una historia situada años antes de la vuelta a la Democracia en Argentina, nos permite ver más de cerca el amor prohibido por la sociedad de entonces. Pero pasaron más de 30 años y todavía hay quienes se dan el “lujo” de sentenciar el amor ajeno, como si se pudiera elegir de quién enamorarse.

Contraseña, el musical” (con libro de José Tramontini y Sergio Trevisonno, dirigido por Maximiliano Lovrincevich) es una comedia que por momentos se torna trágica y dramática pero, siempre, conserva esa magia para entretener. Y esto no es casual. Porque durante la Dictadura militar se pretendía distraer la mirada y que las plumas obnubilen a todo transeúnte confundido.

La presente dramaturgia contiene un relato central y varios que se desglosan del mismo. Entonces nos encontramos con un joven que decide irse de su casa para vivir a pleno su sexualidad sin tener que soportar las presiones de sus padres o las conjeturas que estos pudieran transmitirle. Él se marcha y mira hacia adelante, buscando trabajo, vivienda y, cuando menos lo espera, el amor llama a su puerta. Exactamente como en los cuentos, solo que acá el príncipe le ayuda a encontrar su camino y no a darle todo servido en bandeja. Es amor y no caridad.

Fiestas privadas a las que se puede acceder con la clave correcta, una pensión que hospeda a todos los que no tienen casa propia, la cooperación de seres diferentes que se unen para que la vida les sea un poco más fácil y la presencia de las fuerzas represoras que disfrutan haciendo requisas, golpeando al más débil y asustando por el mero hecho de demostrar que es más fuerte quien posee las armas.

A su vez, se suman a estas problemáticas y situaciones, el deseo de una mujer que quiere triunfar como actriz y vedette, pero que comienza con el pie izquierdo. Justamente, por culpa de su “egoísmo” es que se desatarán bastantes conflictos que jamás imaginó.

Un musical para pensar y replantearse el hoy. Para poder empezar a hacerse cargo de las decisiones que se toman y no lavarse las manos ignorantemente. De hecho, es la oportunidad para que todos nos demos cuenta y asumamos que una acción está unida a otra y, así, sucesivamente.

Con respecto a la puesta en escena, están muy bien logrados los momentos y sensaciones, al igual que las caracterizaciones de los personajes, el vestuario y las letras de las canciones -las cuales permiten que nos ubiquemos en tiempo y espacio-.

En cuanto a la pareja encarnada por Emiliano de la Cuétara y Hernán L Cuevas; consiguen crear un clímax muy romántico, dejando en evidencia que para amar solo es necesario sentir y jugarse por lo que dicta el corazón. Cada vez que se produce un acercamiento entre ambos, tanto los nervios como la incertidumbre salen a la luz para demostrarles que solo es cuestión de arriesgarse.

Debo destacar a Romina Groppo por ser quien lleva adelante esta fascinante historia de amor, hilvanando situaciones de encuentros, de represión, de odio, de calidez y, por sobre todas las cosas, otorgando la oportunidad de ver más allá de cada uno. Es ella quien interpreta a la dueña de la pensión donde se suceden casi todas las escenas y diálogos. Es ella quien vocifera sus pasiones y pesares, su dolor y angustia, su soledad y compañía. Su caudal vocal es exquisito, sobrepasa fronteras y produce una satisfacción tan grande que permite olvidar por unos instantes la tormenta desatada por aquella trágica época. También brilla Yasmín Corti, quien protagoniza a una mujer con ansias por triunfar y conseguir su objetivo por encima y a pesar de todo.

Con el tango y otros ritmos sonando, las letras de cada canción irán revelando la sinuosidad del camino, la oscuridad imperante y la brillantez que se sucede luego de tanta batalla.

Ni los uniformados ni los represores ni nadie podrán quitarle a la humanidad su palpitación hacia el amor. El sentimiento más noble, seguramente, que todo mortal podrá sentir en su paso por este mundo (que aunque a veces parezca caerse a pedazos, siempre podrá reconstruirse).

Ficha Contraseña, el musical

Mariela Verónica Gagliardi

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Minientrada

¿Amar a pesar de todo? O la corrupción de los medios

Sombras de libertad1.jpg

Este año, causalmente, se están presentando muchos musicales con tinte político. No es casualidad sino una necesidad, imperiosa, por demostrar que no todo está perdido. La juventud es la encargada de impulsar cambios, de dar esperanza. Somos responsables todos, igualmente.

“Sombras de libertad” (con libro de Pablo E. Silva, música de Inbal Comedi y dirección de Wilfredo Parra) es una propuesta excelente, cautivante, apasionada, en la que las texturas musicales de pop, rock, murga y folclore se entremezclan conformando un mosaico cultural. No existe un argumento novedoso, no hace falta. Ya no hay inventos sino distintas maneras de mostrar, de convencer y de tener la motivación necesaria para no caer en la mediocridad ni brutalidad.

Adoré la función de esta obra. La volvería a ver una y mil veces más. Desde que empezó hasta que terminó estuve fascinada. Hablé toda la semana de ella. La recomendé, recordé detalles, impresiones, ideas, formatos, coreografías, voces, vestuarios y luces.

Es imposible no quedar absorto y feliz, sintiendo que estando del lado correcto, el universo conspirará a nuestro favor.

En este caso una campaña electoral podría llevar al Senador Antonio Robles como candidato a la presidencia. De hecho, es al único que conoceremos a lo largo de la historia. Porque no se trata de una trama donde exista una rivalidad entre políticos sino entre el cuarto poder y la política. Esto ya es materia conocida por todos, desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no es poco meritorio refrescar memorias.

Por ello es que Sombras de libertad es una conjunción de sentimientos a flor de piel que desbordan de un momento a otro. Porque la pasión es así. Porque el amor es así. Porque el poder obnubila y hace perder de foco a lo verdaderamente necesario para ser feliz.

Quizás un sillón presidencial sea el deseo de este candidato pero, el amor, no debería ser dejado a un lado. Pueden subsistir ambas cosas, al menos podrían. Pero Robles no consigue equilibrar ambas cosas y, de ahí en más, una sucesión de acontecimientos ingratos surgirán para quedarse.

La traición aparecerá de la mano de la persona menos pensada y su venganza será “entendida” aunque no aceptada por este devastado ser humano que tenía la fórmula perfecta para sacar a su país adelante.

Este musical es el claro ejemplo de que todos las personas necesitamos ser y no agachar la cabeza en pos del ideal ajeno. Se puede ser solidario pero no presidiario. Esta es justamente la confrontación que se puede vislumbrar desde el comienzo y por no ser oída, todo el panorama político prometedor se verá en picada.

Como una ilustración fotográfica perfecta, esta familia se hará ecos por distintos lugares públicos y privados, hasta que los bandos confronten y el más “vivo” se salga con la suya. Siempre existirá aquel que se lleve su tajada sin tener valores ni culpa. Lavándose las manos y formando parte de algo que ni siquiera podría comprender de verdad.

Mientras una familia se desmorona, una campaña en puja tendrá demasiados vaivenes y solamente subsistirá el más fuerte.

Cabe preguntar cómo un político podría sacar un país adelante durante años si no es capaz de escuchar siquiera a su esposa e hijo. Suena muy conocido este cuestionamiento. Es conocido, famoso diría. No solo se ve en la realidad real sino en miles de series y películas de todo el mundo.

Un sillón que queda holgado, que no es capaz de sostener a un idealista ni a un tirano.

El enemigo está más cerca de lo que se pueda creer, solo es cuestión de esperar y la catástrofe irrumpirá desde los noticieros hasta el programa más cholulo de la televisión.

“Justicia para todos, paz se respirará, hambre nunca más”… son algunas de las promesas del futuro presidente. ¿Quién no quisiera a un líder así? Que además es carismático, seguro y sonriente.

Mientras sus discursos y canciones nos van convenciendo para votarlo, la danza contemporánea arrastra sus pasos terrenalmente, por los aires, con convicción y fugacidad. Realmente, un ensamble muy comprometido con la temática, que se fusiona con el canto y la palabra. Que es parte de los discursos y narra sobre el escenario y a lo largo de la sala. Que se estira y encoge, que se despliega como arte hasta estallar en ira.

“No me ves”, le dicen acongojados y tristes su esposa e hijo al candidato, mientras éste continúa sumergido en las hojas que determinarán su futuro…

Los tres protagonistas (Pablo E. Silva, Inbal Comedi y Lautaro Aguilar) son un destello de luz, con voces distintas y que se proyectan al más allá, que se encarnan en los personajes que interpretan y no sobreactúan absolutamente nada. A este elenco se suma la secretaria de campaña del presidente (Lucía Krusemann) que deleita cada vez que entona sus melodías con una voz sensible y potente.

Amores y desamores, logros y fracasos, violencia y tensiones que cegan la verdadera esencia del ser humano.

“Nublado es el camino si en él no estás”, se escucha por ahí y lo oculto sale a la luz junto a la confianza eterna.

Ficha Sombras de libertad

Mariela Verónica Gagliardi

 

 

Minientrada

Juicio y castigo para los verdaderos culpables

Candy crush15

Cuando se terminan las vidas, hay que pedirle ayuda a amigos de las redes sociales. Caso contrario, habrá que esperar a que se renueven solas después de un determinado tiempo.

Caramelos y muchos colores, asociaciones de una formas con otras para explotar y niveles cada vez más complicados que consiguen cada vez más combinaciones para exterminar todas las golosinas.

El juego Candy Crush consiguió, desde hace años, crear una especie de fanatismo; el cual abarcó a distintas generaciones que se apoderaron de la pantalla durante horas, hasta conseguir pasar de nivel.

Debo asumir que al asistir a la función de “Candy Crush, la saga” (escrita por Florencia Aroldi y dirigida por Claudia Vargas) esperaba una historia ligada al videojuego intrínsecamente hablando. Pero, me sorprendió la creatividad para que los caramelos sean los protagonistas de un policial grotesco. Porque veremos actores en escena, representados por un color diferente. Ellos no saltarán ni se irán eliminando, sino que serán eliminados y por quienes menos pensaríamos (en este tipo de contexto humorístico).

Acusaciones dentro de una misma familia para descubrir al culpable que se atrevió a vaciar el tipo de caramelo más irresistible del mercado. Un caramelo con nombre en inglés que va y viene según las reglas del comercio. Un caramelo que es mucho más que eso. Que se convierte en el anzuelo perfecto para que quienes habitamos el tercer mundo, queramos tenerlo a costa de ponernos la venda que nos impide conocer el Imperialismo.

Una obra que mezcla comedia, policial y humor; para llevarnos de las narices hacia el territorio político-social del que, realmente, tenemos que hacernos cargo como pueblo.

Sí, podrá sonar exagerado lo que digo porque, quizás, los espectadores esperan golosinas con un packaging impecable. Pero, si buscan una banalidad vayan a buscarlo a otro lado. Este elenco trae consigo un juicio irrisorio, incoherente, inadmisible, del que no se sabrá quién es el culpable hasta que avance la dramaturgia. Porque las entre líneas están a merced de quien decida escuchar y capturarlas en el aire. Porque ningún diálogo será superfluo y todo tendrá una connotación política. Nada de dividir en bandos ni resaltar fanatismos. Lo realmente importante es quitarse el color que se lleve puesto y reconocer al veradero traidor, que lejos está de lo que pueda sospecharse en un comienzo.

Un juez, entonces, irá desplegando un artilugio de palabras y frases capciosas para que caiga quien tenga que caer.

¿Personas enfrentadas con personas?

¿Hasta cuándo el pueblo va a odiar al pueblo?

El aparato represor estará aunque no lo veamos. Sus estruendos sonarán por derredor y cada explosión será, finalmente, un “caramelo” menos.

¿A dónde irá a parar el juego?

¿Es realmente un juego eliminar color iguales?

Idénticos y opuestos caerán. Porque de eso se trata. Eso es lo que les sirva.

Mientras tanto, en el despacho seguirán las tratativas para descubrir quién robó un dulce para ver una película o quien deseaba tanto algo rico por el simple hecho de desearlo.

Grotesca nuestra realidad, lo que se está viviendo, lo que jamás pensamos volver a atravesar… pero, siempre, lo estético y superficial ganarán la batalla: la que los haga triunfar económicamente sin importar nada más.

En definitiva, ¿somos algo para ellos?

Mi respuesta es afirmativa porque no puede haber combate o guerra sin un sector a quien aniquilar. Entonces, la empresa King (de Inglaterra) pensó en todos nosotros para salir a flote, ganar acciones en la bolsa y volverse aún más millonaria que antes. Mientras tanto, sigo cuestionando si somos algo de verdad o meras piezas para su juego de batalla.

¿A quién le vamos a pedir vidas cuando terminen con las nuestras?

Mariela Verónica Gagliardi

 

Minientrada

Convertido en su dolor

Un clásico de Kafka como la Metamorfosis, permite tener fanáticos de su literatura, leer una y otra vez el libro a lo largo del tiempo, releer citas, recordar situaciones, diálogos y, conseguir, proyectarnos a través de las páginas. Por eso, el desafío que emprendió Mariano Taccagni en el año 2007 (lamentablemente no vi la versión de aquel entonces), fue un hito para el teatro musical. Podía triunfar o fracasar. Evidentemente, ya tenía el aura que sigue manteniendo, incluyendo en sus elencos a los artistas idóneos para cada uno de los personajes.

Esta vez, diez años más tarde, sí tuve el placer de estar allí. En primera fila. Y quiero decir, que fue una experiencia única, inigualable. Porque Kafka forma parte de mi vida, porque sigo a Mariano en cada uno de sus trabajos artísticos y porque ver su emoción a lo largo del musical, ya de por sí me satisface por completo.

Pero, La metamorfosis convertida en música y en canciones, no es para cualquiera. Él supo conseguir ese equilibrio perfecto para no angustiar del todo ni que nos ahoguemos en pena a cada rato. En cuanto al slogan ¿quién serás al despertar?, éste nos invita a la reflexión, a tomar conciencia sobre los tiempos que corren, a asumir que cada uno es responsable de las decisiones y rumbos que tome para su vida y, por sobre todas las cosas, a no ser sumiso -porque eso trae aparejadas demasiadas consecuencias negativas-. Mientras uno le sirve a otros, esos otros se nutren de su vida, de su sangre, de sus tripas. Absolutamente de todo. Es, por cierto, su desvalorización lo que lo lleva a ser preso, a ponerse los barrotes y hacer que sus días estén en cuenta regresiva.

¿Su familia es culpable? ¿Su rutina laboral lo es también?

Posiblemente. Pero me atrevo a afirmar que él no supo aceptarse, conocerse y hacer su vida lejos de quienes lo estaban asfixiando y condenando a la muerte.

Una versión exquisita para acercarse a la literatura kafkiana y tomarle el gustito de a poco.

Me resulta imposible no sumergirme en una obra y escribir desde allí por más que haya quienes determinen que eso se llama fanatismo. Considero que ser fan es un tanto diferente a ser periodista pero si la pasión debe ser subrayada como fanatismo, bienvenida sea.

Una familia tipo que un día empieza a vivir diferente. A colorear el univereso de oscuridad, a conocer a un nuevo Gregorio Samsa, a impedir que el tiempo transcurra de ese modo y fracasando de golpe.

Un hombre que llego al hastío de su rutina, que se convierte en un insecto, en algo espantoso para sí mismo. Que no se tolera más y solo consigue tener voz a través del canto. Que desea ser otro pero no sabe cómo. Que todo muere a su alrededor, metafórica y humanamente hablando. Que no logra impedir la tortura que le ocasiona estar vivo, a pesar de que está seguro que el amor es su único aliado.

La perversión, el deseo, la pasión, la rigidez de su padre, las normas que no puede respetar más porque su cuerpo no le responde, unas extremidades que se quedan tiesas, perpetuas por siempre, que se mueven de a poco o nada, que vuelven a colocar su cuerpo en posición fetal. Y acá la angustia como espectadora me consume por completo. Sufro por su incapacidad de modificar-se.

Se ha quedado encerrado en una cárcel que construyó de a poco, que lo tortura pero que no consigue aniquilar. Sin embargo, este Samsa es más positivo que el del libro. Es más audaz, más humano y sensible. De hecho, es como si las hojas del libro cobraran un vuelo oportuno y consiguieran resaltar lo mejor de cada personaje. La relación con su hermana está lograda deleitosamente al igual que la de su padre.

Brillo en la oscuridad, templanza ante la tragedia y un equipo de actores que va unido de principio a fin. A esto se suma la música de Damián Mahler (que a sus diecisiete años ya tenía el don consigo), una dirección precisa a cargo de Ricardo Bangueses, la iluminación impecable, efectos, vestuario, producción y demás roles que se encargan de que este musical trascienda fronteras, concientice sobre el valor de la vida, nuestra vida, la única que nos toca al menos por ahora.

Ficha La metamorfosis

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

Patriarcado versus Matriarcado. ¿Dos caras de una misma moneda?

El padre1

Ficha El padreNadie nace de un repollo pero hay quienes tienen la posibilidad de tener un padre presente y quienes se quedan con las ganas de poder disfrutarlo por diferentes circunstancias de la vida.

Hay quienes discuten, pelean y no le dan crédito en su familia por considerar que las decisiones las deben tomar otras personas. Por más irrisorio que suene esto, antes y ahora la figura de un padre ha sido y es boicoteada. El padre antes era el encargado de trabajar hasta el cansancio, hacer dinero y cumplir con todas las obligaciones. Sin embargo, la mujer, se dedicaba a tareas de la casa, a cuidar de los hijos y, tantas veces, a administrar el dinero ganado por su marido. ¿Que si la mujer estaba de acuerdo? Algunas quizás no, otras quizás sí y algunas tal vez ni siquiera se lo planteaban.

Sin caer en una dramaturgia sexista ni machista, El padre, la casa está que arde (es una adaptación de Fraden, del escritor sueco August Strindberg, dirigida por Marcelo Velázquez) es una delicia que se va digiriendo de a poco. Y digo, de a poco, porque a simple vista el texto podría ser atacado, por eso es ideal ingresar a la función en modo neutral para escuchar, mirar y observar (por sobre todas las cosas) de dónde viene este hombre, qué pretende conseguir y hacia dónde lo van llevando sus decisiones.

Haciendo un pequeño análisis sobre la vida de Strindberg, podemos decir que en el plano sentimental, tuvo una vida bastante sufrida, tuvo algunos intentos de suicidio, tenía un gran miedo a la soledad y la dificultad de adaptarse a la realidad real. Estos conflictos personales y tantos otros más le permiten soslayarse en la literatura y convertir sus desgracias en interesantísimas dramaturgias.

Lo que primero llama la atención es la escenografía, la cual está ubicada a lo largo del espacio y que le permite a los actores utilizarla como necesiten en todo momento. Ellos podrán caminar cual pasarela, usarla como mobiliario, escritorio y con diversas funciones, sin tener que cambiarla durante la dramaturgia.

Corría el año 1887 cuando el autor escribió este interesante e intrincado texto. Y, cabe cuestionar-se si algo ha cambiado en nuestros tiempos vigentes. Si la mirada de una mujer sobre su marido es otra, si la mirada de una sociedad completa acepta los cambios y qué lugar ocupa cada esposa en su hogar en la toma de decisiones. Porque es muy fácil y simplista colocar una figura con un rol determinado y pasar a otra cosa. Pero esa decisión tendrá consecuencias y la toma de una ideología que no podrá esfumarse.

Este padre es un ex Capitán del Ejército y pareciera, por momentos, no abandonar su uniforme ni su autoritarismo. Sin embargo, Laura (su mujer) no consigue ponerse de acuerdo con él sobre cómo educar a Bertha (hija de ambos) y, a partir de ese conflicto, todo lo que vendrá será catastrófico. Una manipulación tras otra recaerán en este hombre que terminará abatido, sin energía ni ganas de vivir. Y no es que haya que tenerle lástima o rendirle pleitesía pero su carácter lo ha metido en problemas difíciles de resolver con un chasquido de dedos. Él no será consciente de la ola de vicisitudes que se avecinarán y, cuando eso ocurra, ya nada podrá hacer para revertirlo.

Edgardo Moreira se sumerge desde el comienzo de la historia dramática en la piel de este ser, consigue interpretarlo de una manera formidable y en cuanto brotan lágrimas de sus ojos, el público se conmueve. No existe posibilidad de no emocionarse, de no sentir algo de pena por el lugar en que está ahora. Tanta lucha no le sirvió para ser escuchado. Y es que, tal vez, él no tenga ganas de equilibrar su matrimonio y solo quiera ganar: como en la guerra. La dupla que consigue con su nana (Ana María Castel) es tan tierna y sutil que dibuja una sonrisa en nuestros rostros. Sin embargo, este personaje irá mutando a lo largo de la historia y dará qué hablar su completa transformación.

En el siglo XIX se pretendía derribar al patriarcado, como ahora. Quizás como siempre.

Pero, aniquilar un sistema de antaño no significa derribar a quien tuvo el mando de determinadas decisiones. Debería ser poder compartir y, juntos enfrentar las adversidades. Pero esto hace temblequear al protagonista de Strindberg y que se sienta solo. A partir de esa soledad él pierde un poco la razón y todos sus miedos se apoderan de su cuerpo. Y cuando digo de su cuerpo no me refiero solo a la parte externa sino a su esencia, aquella que le permitió estar en pie y ser quien es hasta entonces.

Por eso, ¿es posible extinguir al patriarcado sin desmerecer la figura de papá?

¿Es posible vivir sin un padre? ¿Es posible que una madre haga lo que sea para convertirse en la sucesora de esa figura que tanto aborrece?

Habría que tener el cuidado suficiente como para no convertirse en espejo de lo que más se detesta. No sea que un día ese fantasma se apropie de las criaturas que parecían más celestiales y bondadosas.

Un elenco súper talentoso que se completa con Marcela Ferradás, Enrique Dumont, Luis Gasloli, Denise Gómez Rivero y Santiago Molina Cueli. Cada uno se complementa con el otro y por eso es que esta pieza artística agota localidades en cada una de sus funciones. Porque los actores desde ya tienen su trayectoria y porque conocer lo que un hombre piensa en su rol de padre es algo que no abunda en estos tiempos. Porque cada época tendrá sus hitos, complejidades y problemas a resolver; pero si más de un siglo después se sigue considerando que en una familia tiene que haber alguien que dirija esto sería lo más complicado de modificar, no al patriarcado en sí. Porque ningún ser humano merece ser desvalorizado para tomar su lugar o posición. Por eso, este Padre es la muestra intacta de lo que hombres y mujeres tenemos que destruir sin acabar con nosotros mismos. ¿Humanos contra humanos?

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

Un Hado Padrino que sí ayuda a ser feliz

Desprincesadas37

Las princesas y sus reinados están extinguiéndose, por suerte. Aquellas épocas en que había que ser “perfecta” físicamente, ya no es lo más aceptado por la sociedad, aunque la moda es un tanto retrógrada y, aún, se empeña por mostrar la anorexia en sus pasarelas.

“Desprincesada” (escrita y dirigida por Luján Zalazar) apunta a algo más profundo: a descubrir, internamente, qué quiere cada mujer en su vida e ir por ello. Parece algo trillado este mensaje pero siempre que una teoría sirva para reforzar un objetivo, no será simplemente slogan sino aprendizaje.

Para el caso, podemos notar cómo un vestuario se pone de “moda” y muchísimas mujeres lucen iguales, idénticas. Ya nada las diferencia. Sin embargo, están aquellas que quieren, que queremos, ser quienes somos y lucir lo que nos guste.

La princesa Victoria (Carolina Domenech), que así ya nace, tiene todo el derecho del mundo de construir su propio reinado que, quizás, se encuentre en el centro de una plaza o siendo hippie o descubriendo al amor en el sitio menos pensado. Pero, esta princesa, se despoja de sus ropas caras y elegantes para ser ayudada por el más carismático Hado Padrino (Alejandro Paker), quien la llenará a esta jovencita de mucha ilusión, algo que no sabía que existía hasta el momento.

Desprincesada es una historia para aquellas niñas y adolescentes, que no son el estereotipo de mujeres perfectas, que no encuentran cómo hacerle frente al mundo cruel que tantas veces se presenta ante ellas. Entonces, esta historia comprometida decide otorgarle el valor necesario a quienes lo precisen y, como si fuera poco, está integrada por un elenco con personajes muy disímiles entre los que cada espectador se podrá Desprincesadas29identificar. El atractivo visual que presenta es mágico y le permite al argumento hacer énfasis en las cuestiones más trascendentes. A esto se suman los cambios de vestuario, la excelente escenografía (a cargo de Francisco Paciullo) e iluminación en distintos colores que hacen de este gran cuento una historia de vida; para luego ubicarnos en el espacio. Así, todo se vuelve más bonito, más relajado y la aventura de ser yo (como se denomina la bajada del título de esta presente historia) con mayor naturalidad.

Los colores y canciones que se pueden percibir durante la función no decoran sino acompañan y narran un antes y un después. Esta historia no tiene un argumento nuevo sino singular, porque cada mirada lo es, al igual que cada una de los terrestres.

Porque desde infantes venimos escuchando y viendo a aquellas niñas que, siendo ricas o pobres, siempre terminan casadas y con el hombre perfecto. Pero, ya es momento de ponerle un stop a esos futuros trazados por Siglos tan lejanos y dejar que cada una elija su destino, no que camine por el sendero ya trazado por sus ancestros.

Desde el comienzo, la Reina Madre Elizabeth (Ana Acosta) y el Rey Padre Maldazzar (Hernán Jimemez) se distinguen. Son ellos los encargados de abrir las puertas del castillo para que veamos sus interiores, para saber de qué se trata estar entre esas paredes tan Desprincesadas13rígidas y conservadoras día tras día. Al parecer, no son solo los padres de Victoria los empecinados con continuar la dinastía sino el temor que sienten por el Ente Poderoso (Christian Sancho), quien vestido de negro y luchando por derrumbar la luz, los envuelve con su gran capa de terror. Este rol le queda muy bien a Sancho y así, la línea divisoria entre el bien y el mal, entre lo que tiene que ser y lo que queremos que sea.

Podría afirmar que la llegada de Paker a escena desdobla la historia en dos. Existe un antes y un después muy notorio. Su talento y composición del personaje le otorgan, como siempre, un plus a las obras musicales. Por ello, su aparición le brinda más fuerza a los relatos, más seguridad a los protagonistas y el vuelo que cobra Desprincesada es el esperado. A su excelencia se suma la de una pequeña de doce años, Barita (Annie Milco), que con su vocecita (y digo vocecita por su ternura, porque realmente es una gran voz) cautiva la sala. Quien hace de su hermano Uli (Simón Hempe) consigue resaltar y la Hada Madrina (Sofía del Tuffo), también, logra unirse a este colectivo de artistas impecables.

Desprincesadas44

Quedé emocionada y conmovida con un trío a cargo de: Paker, Hempe y Milco. Sus voces, al unísono, demostraron cómo tres generaciones pueden fusionarse tan pero tan bien cuando se tiene ese don en el alma. Se llevaron muchísimos aplausos porque la emoción es algo que sale por cada uno de los poros de la piel hasta convertirla en magia. No esa magia de los cuentos de hadas con el final feliz, sino aquella otra magia que surge cuando se busca la alegría, esa sonrisa que tantas veces se pierde y que es posible recuperar con casi nada. Simplemente poniéndole el cuerpo a la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

Ser feliz aquí y ahora

Malaui1

Ficha MalauiQue un viaje por el mundo hace cambiar a las personas y madurar, ver la vida de otra manera, con otros ojos. Son justificaciones para emprender una travesía…

Malaui es un musical (con libro y dirección de Jorge Camisay, coreografías de Rodo Santamarina, y dirección vocal a cargo de Belén Di Iorio) que tiene varios mensajes por descubrir. Como el mundo, pero mirado más de cerca, bien cerca, como haciendo una introspección en el lugar, sin necesidad de cargar las maletas y subir a un avión.

Porque todos los problemas, situaciones inconclusas, asombros, miradas y conocimientos no se obtienen contemplando paisajes y diferentes culturas sino observándonos.

Malaui es un país al sureste de África, sin salida al mar, colonizado por Gran Bretaña (y manteniendo el poder durante 73 años). ¿Por qué viajar hasta allá? ¿Para qué?

Curiosamente, las canciones de esta obra son de Coldplay (una de las bandas inglesas más famosas de la actualidad). Una banda que aún no había surgido para el momento del imperio, para ocupar tierras que no les pertenecían. Así y todo, la música tiene el don de no poseer fronteras ni de poblar odio, sino de atraer o no a quienes la consuman.

Tres amigos (Mauricio Camuglia, Landriel Oviedo y Diego Crevacuore) se unen para disfrutar de unas vacaciones en Malaui y alrededores, por tiempo casi indefinido. Entonces, este trío tendrá el protagonismo del show, llevando adelante su canto y baile, mostrando su talento y, a su vez, dejando lugar al resto del elenco para que también lo haga.

A lo largo del viaje, como en toda convivencia, surgirán: roces, discusiones, descubrimientos y nuevos placeres. Este viaje les hará reconocer que la felicidad (Daniela Santi) siempre estuvo delante de ellos (sobre todo de uno de ellos).

Todas las canciones conocidas (Paradise, Yellow, Clocks, The scientist, Fix you) están en el repertorio del musical, además de algunas que se suman a la historia. Por ello, podremos cantar por lo bajo, seguir las melodías y sentirnos más cerca de Malaui.

Es una comedia ideal para niños y adolescentes (no por eso no disfrutable por los adultos). Con algunos actores que sobresalen por sobre otros (tanto en caudal de voz como interpretaciones), al igual que en el caso de dos bailarinas que se comen el escenario desde que aparecen.

Vos sos el paraíso”, le dice en cierto momento el protagonista a la felicidad (vestida de blanco y una sonrisa infinita). Claro que él no daba por sentado que la mujer que había conocido era algo mucho más que eso.

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es cómo el autor enlaza las canciones con un significado simbólico y, así, se va conformando el gran cuento de la vida. Porque podrían ser adultos, ancianos. Pero todos vamos en busca de lo mismo, solo que en ciertas ocasiones tomamos decisiones y rumbos diferentes.

Malaui es atractivo por donde se lo mire, porque podemos disfrutar de un escenario que cambia de tonalidad en cada uno de sus cuadros musicales, con efectos de humo y lumínicos que harán más llamativo el espectáculo, más cambios de vestuario constantes; permitiendo que todo el conjunto produzca un abanico de sentimientos en vivo tanto por parte de los artistas como del público.

Lo más notorio es el énfasis que pone cada uno de los artistas por permanecer radiante, feliz, con una naturalidad especial y única. Ellos están orgullosos de lo que montaron y eso traspasa las tablas.

Es difícil observar a tantos artistas, mirarles los ojos, las extremidades, los pasos, la voz, la interpretación, el andar, la soltura. Y más y más. Pero, en un momento, descubrí a dos talentosas (Cecilia Cavallero y Agustina Pelaez) que tenían ese plus llamado talento innato. Sus miradas eran distintas, brillaban, se posaban en un horizonte sentido y transferían su actuación con tan solo estar y permanecer paradas.

Si no encontrás tu destino, estás algo perdido, no sabés quién sos ni cuál es tu misión en este mundo; sin dudas que Malaui es la propuesta para vos. Pero, si amás Coldplay y todo el universo melódico de esta banda, también es una gran posibilidad de que te acerques a verla.

Dibujos que conformar situaciones, hechos, momentos y que se deshacen como los imprevistos. Como la vida misma.

Mariela Verónica Gagliardi

Minientrada

La belleza de un poema y la esencia del amor

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, nació en París el 6 de marzo de 1619. En la actualidad es recordado, entre otras cosas, por la obra del dramaturgo Edmond Rostand, que se basa en la vida de este ilustre poeta y soldado. La obra siempre fue exitosa y fue llevada, incluso, al cine (por ejemplo, en los años noventa, teniendo como protagonista a Gerdad Depardieu).

Qué buscaba este revolucionario, qué persiguen los enamorados, hacia dónde van cuando sienten que todo está perdido para sus corazones.

El amor. Qué tema más heroico, controversial e inevitable en la vida de todos los humanos.

La Compañía Criolla vuelve a deleitarnos con otra de sus propuestas escénicas, de la que toma el clásico de Cyrano de Bergerac para convertirlo en una versión más nativa para niños (y adultos, como siempre).

Así es como Cyrano de más acá (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) se traslada de Francia a Buenos Aires, con un estreno a sala llena en el Teatro Cervantes. La nueva comedia musical dará mucho de qué hablar y cautivará a todas las familias que pongan un pie en la calle Libertad.

Estoy convencida de que hacer un espectáculo para niños es muchísimo más intrincado que uno para adultos, sin desmerecer a nadie. Permitir que un infante se interese por el arte, que escuche y vea una historia (que, tal vez, anteriormente leyó o le leyeron) es algo increíble. Único. Por eso es que la cultura no es un plato sobrante sino principal, junto con la educación.

¿Por qué es importante la historia de este poeta sii hubo tantos hombres inteligentes, que enamoraron y cautivaron?

Cyrano tuvo el don de ser leal a sus valores, poniendo en primer lugar su amistad con Cristian y evitando romperle el corazón.

Para quienes no conocen la trama, les cuento que durante el periodo Barroco, en Francia, existió este ser tan particular que logró mezclar sus ideas libertinas con la escritura y su espontaneidad. Él estuvo durante toda su vida enamorado de su prima Roxane, la cual jamás se habría fijado en su persona. En primer lugar por su parentesco y, en segundo lugar, porque estaba obnubilada por el atractivo físico de Cristian. Claro que esa visión cambia, a lo largo del tiempo, cuando deja de ser superficial y conoce lo que es el romanticismo.

Cyrano de más acá tiene esa impronta fresca que con frases modernas, de nuestra época y lugar, captan incluso al menos leído. Cyrano es feo, tiene una nariz muy grande pero, sin embargo, es el hombre más deseado por todas las mujeres. Incluso por Roxane, sin ella saberlo aún.

La dramaturgia se sostiene a lo largo del tiempo y de cada una de las cartas que Cyrano le redacta a su prima, con la firma de Cristian. De esta manera, los dos logran enamorarla, aunque ella tarda toda su vida en saberlo. Recién cuando su primo está por morir, recita una de sus cartas (de memoria) y, así, ella descubre la verdad. Para ese entonces, Cristian (el que creía su gran amor) ya había fallecido, décadas atrás, en la Guerra de los 30 años.

Entonces, cabe preguntarnos, qué habría sido de estos mortales si se hubieran amado libremente, a pesar de todo y más allá de todo.

Quisiera hacer mención a la puesta en escena que es realmente grandiosa, que consigue situarnos en los dos lugares en que se desarrolla la acción, en la iluminación que persigue cada uno de los cuadros de cada situación (porque verlos interpretar a estos actores se torna visible, palpable, real e imposible de olvidar), en la música en vivo que, como siempre, suma un plus y en la perfecta dirección de Dionisi.

Considero que Roberto Peloni es el Cyrano más bello que pudiéramos tener y que consigue tomar la esencia del francés, persiguiendo su misión (al menos la única que se atreve a explorar). Julia Garris es la muestra de femenidad absoluta que pretende ser fiel a su sentir durante toda la vida. Talo Silveyra enaltece, como siempre, ese don para expresar ternura y es así como este trío conmueve desde que aparece en escena hasta que se cierra el telón. Estos talentosos son acompañados por Horacio San Yar, otro excelente actor que lleva adelante la complejidad de interpretar a varios personajes y de hilvanar los hitos de esta gran historia, también uniéndose a la tribu maravillosa.

Me emocioné, lloré, reí, vibré, me conmoví y recordé cada una de las obras que vi de esta compañía. Por eso es que resulta imposible no recomendar una y otra vez.

Mientras sigan existiendo elencos de esta magnitud es que el teatro será infinito, el arte podrá seguir desplegando sus alas y la inocencia de los niños ser conservada como tal.

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Minientrada

Maneras para dejar de ser superficial o el más allá ingobernable

Casa Linguee14

A veces no se puede encasillar a una obra en un género específico ni mencionar un argumento, rígidamente, ni decir que la historia empieza y culmina en un determinado momento y con una finalidad precisa.

Casa Linguee (escrita y dirigida por Christian García) permite jugar entre lo real y ficticio al mismo tiempo, así como comprometer al espectador e involucrarlo en cuestiones sociales y políticas a la vez. Su impecable dirección, convierten esta pieza artística en un tributo a la muerte.

Esta obra de teatro que cuenta con un elenco de actores numeroso y formidable, sorprende de principio a fin. Permite especular, pensar, reflexionar, ir y venir en el tiempo, volver a posicionarnos sobre temáticas de la sociedad no resueltas en nuestros días (incómodas), sentir la muerte de cerca y al mismo tiempo tan pero tan lejana. Porque Casa Linguee es un servicio funerario pero que no huele a tal, sino todo lo contrario, ya que la historia está fragmentada en dos partes: una con mucho humor y dispuesta a generar la risa fácil, así como la siguiente muy dramática y punzante.

Al ingresar en la sala del Teatro Abasto, puede notarse una proximidad con el espacio escénico y un detrás de escena aún más amplio que el primero. Se trata de que estemos ahí, observando, intentando escuchar el murmullo de todo lo que hablan en su intimidad, de sus angustias, de sus penas, de cada uno de los problemas que traen sin resolver. Total, no necesitan sonreír ni pasarla bien sino acompañar a familias que acaban de perder a un ser querido, que están afectadas, dolidas, en una nuble con relámpagos. Y allí están estos empleados atípicos que solo se parecen en sus vestimentas negras, en su palidez, pero nada más.

Están unidos por la desdicha, por un recuerdo atroz, por rememorar a Evita Perón y su pérdida. Pero no se menciona su vida, no se habla de quién fue. Solo se la nombra. Y nada más.

Casa Linguee es una construcción en movimiento, da la sensación de una vivienda que se está construyendo por sus cimientos, que en algún momento colocará sus tejas pero aún no. No es el momento. Con esto no quiero dar lugar a incertidumbres argumentales sino a la sensación vertiginosa que provoca el no tener certezas sobre qué camino pretende recorrerse durante la obra.

Pude captar dos lecturas posibles pero podrían existir varias más.

Porque existe un protagonista (Lucas Crespi), un hombre que llega al lugar en busca de empleo y se encuentra con esto. Con esto que es lo contrario a la vida. Que solo le mencionan algunas cosas, pero nada más. Y él, mientras, intenta recopilar información observando, preguntando. Él es un espectador más podría decirse, como nosotros. Solo que tiene la gran oportunidad de participar activamente. De hecho es el personaje más cautivante y notorio a lo largo de la historia. Nos hace reír a carcajadas, sentir compasión, tristeza, dolor, desesperanza. Él está solo, a pesar de estar acompañado y podría estar muerto. Aunque, una visión más simplista podría realmente acercarnos a una casa fúnebre a la que acude un joven a pedir empleo, y nada más. Si jugáramos a seguir especulando con el argumento también se podría decir que él simboliza a los que no tienen voz, a los que piensan diferente y no son aceptados, a los que se ven obligados a pertenecer o morir en el intento de seguir su camino solitario.

Muy pronto los personajes tendrán voz propia, oiremos sus monólogos y diálogos superpuestos, sus maquillajes pálidos y sus actuaciones frente al nuevo difunto. Un difunto que jamás conoceremos. Pero eso es lo de menos.

Comedia y drama a la vez. Luz y oscuridad. Melodías que pretenden surgir y la posibilidad de mencionar a la cumbia para traer la alegría a tanta desdicha. Ellos son una familia ficticia que participa en el día más trágico de otra familia. Cada día de otra. Acompañando, doblegando el dolor, sufriendo a la par. Porque para eso contratan a la empresa. Para eso la buscan.

Pero, no se respira un aire turbio sino la fragancia a formol que nunca aparece, el procedimiento que hacen rutinariamente y que debe aprender el nuevo. Este nuevo que no sabe de qué se trata todo, que carga su bandeja de mozo y se le cae de repente. Que pretende servir en un evento que jamás comienza y que no tendrá lugar en este relato. Mientras sus lágrimas se derraman, incesantemente, podemos tomar conciencia de la frivolidad, de la calidez de un abrazo (de su importancia).

Casa Linguee es la posibilidad de reconciliarnos con la muerte, con los que ya no están, con las despedidas eternas y con la oportunidad de interpretar a quienes queramos. Porque en algún momento la pintura se correrá y dejará ver la simpleza de cada uno de ellos, de los que componen este trabajo tan singular, tan burocrático, tan congelado y tan necesario por tantos humanos que aún no entienden de qué se trata la vida.

Cuando alguien ya no está, no hay maquillaje que pueda traerlo de nuevo ni pena que pueda hacerse más bonita.

Mariela Verónica Gagliardi

El pase de diapositivas requiere JavaScript.