*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La existencia es agobiante

Un gesto común8

No existe persona en este mundo que sea totalmente diferente a las demás ni que pueda distinguirse en algo por sobre el resto, de manera objetiva. Salvo que tenga la oportunidad de expresar su conocimiento o sabiduría para dotar a los demás de algo único. Inclusive, quien habla con tanta tenacidad de algo es porque, indefectiblemente, se siente parte del tema.

«Un gesto común» (escrita por Santiago Loza y dirigida por Maruja Bustamante), se sitúa en un lugar desde el cual provoca incomodidad. ¿Quién podría estar tranquilo al tener enfrente a un criminal (Diego Martín Benedetto) que ni siquiera muestra arrepentimiento?

Si la noticia saliera por los medios de comunicación cada uno podría sentirse libre de juzgar, de señalar, de decir lo que hubiera hecho en el lugar de este joven desesperanzado y solitario…

Pero, Loza, sabe cómo implantar una temática de esta estirpe para conseguir un efecto en los espectadores. De hecho, durante la función, hice unos imperceptibles paneos con mi mirada y me sorprendí al notar las expresiones de cada uno. Estaban paralizados, sin llorar, sin sonreír. Inclusive, sentí una cierta pesadez por parte del público como si quisiera que terminara de una vez la historia.

Y es que no es sencillo escucharlo decir cómo llegó a asesinar, a sangre fría, a una señora que lo acosaba. Aunque, muy probablemente, este dato haya sido pasado por alto por la mayoría.

Estamos acostumbrados a oír casos sobre mujeres golpeadas, maltratadas y víctimas de todo tipo de violencia como para que un hombre pretenda llamar la atención. Este hombre me produjo escalofríos y no por haber matado sino por la desprotección que demostró haber tenido durante toda su vida. Incluso hasta su cuerpo parece ser peso para él. No sabe amar, abrazar, besar y lo que le pudiese dar algo de felicidad lo desprecia por no saber cómo manejarse.

Esta sensación no me abandonó hasta que la luz se apagó en la sala -del Abasto Social Club-, una sala recreada como lugar húmedo, desesperanzador, un sótano abandonado con lo necesario para subsistir. Una cama similar a la que vemos en una cárcel, una canilla y un caballete pequeño. En esos escasos metros, él respira sin poder sentir libertad y come aunque sus tripas no se lo permitan del todo.

La iluminación, también, es importante en esta pieza teatral en que los tubos de luces fluorescentes titilan, el foquito intenta encenderse y la penumbra está sujeta al hilo conductor de la historia.

Por otro lado se encuentran: su amigo (José Escobar) y su amiga (Iride Mockert). Ambos tienen en común a él. Ambos están enamorados de él y parece hasta ridículo que puedan sentir lo que sienten por alguien que tiene estar características tan frías y rígidas. Podría hasta afirmar que la distancia que pone, causa todo el rechazo posible.

Tres relatos que se van enfrentando, entrelazando y provocando algo en la otra persona. Como si se tratara de monólogos, éstos son dichos libremente hasta que se escuchan a sí mismos como voz reveladora. Podría decirse que es Dios, intentando iluminarlos o, simplemente, el interior de cada personaje que los sacude un poco para hacerlos reaccionar y vivir.

Durante un invierno, la palabra sangre los recorrerá en reiteradas ocasiones pero ninguno de los tres sentirá miedo o sorpresa. Ellos están en el lugar que están, son diferentes pero similares y no tienen intención de cambiar o abrirse.

Los cantos con acompañamiento de guitarra -por parte de Iride- representan la ironía y lo burdo que todo, inclusive hasta lo más escalofriante, puede resultar.

Un gesto común puede ser la debilidad que tienen por enfrentar aquello que los marcó tanto, en su pasado, como para convertirlos en seres desposeídos de bondad -que solo actúan de acuerdo al motor del egoísmo y de aquello que les hace bien- dejando de lado quién es la otra persona.

Los diálogos son cortados, fragmentados y solo se fusionan casi en el desenlace de la dramaturgia; uniéndolos artificialmente sin espontaneidad y desprovistos de alma.

Nuevamente Santiago Loza esboza en su guión lo reveladora que puede resultar la religión y cómo suele apoderarse de las personas que no tienen un camino por seguir, una meta por alcanzar y un deseo por el cual luchar.

Un gesto común fichaMariela Verónica Gagliardi

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Sensaciones inolvidables

Haya9

En la ciudad de Bolívar se esconde una historia real que María Laura Santos (la directora), se encargó de ficcionar, así como de guionar. Esta narración tiene ese aroma y gusto al interior, a que realmente ocurrió y que sus personajes son netamente intérpretes.

“Haya” es el título de la obra, así como de su protagonista (Paula Baldini), la cual tendrá la valentía de enfrentar momentos angustiantes pero que, sobre todo, aprenderá a acomodarse a diversas situaciones totalmente inesperadas en ese pueblo.

Como una pequeña pero gran historia, el eje central girará entorno a lo emotivo. Las sensaciones serán unas y al
cabo de un rato, otras. Las personas que irá conociendo Haya no serán convencionales sino todo lo contrario. Ni Haya7siquiera tendrán nombres que coincidan con sus géneros y este punto hará reflexionar sobre el sexismo.

Esta pieza teatral nos remite a aquello tan puro como el amor, en todas sus vertientes.

Un espacio recreado con objetos que nos ubican en tiempo y espacio, al mismo tiempo que la iluminación y música, serán los encargados de permitirnos lagrimear, buscar en nuestro interior, en ese rinconcito colmado de recuerdos inolvidables.

“Haya” pertenece al género testimonial y de eso no hay dudas. Pero, Haya no es solamente una mujer en un pueblo. Haya es una mujer en busca de su identidad, de sus ancestros, de la soledad y de la compañía que surge de modo espontáneo.

Es imposible no emocionarse. Todos hemos tenido pérdidas de seres queridos y la muerte en nuestra sociedad continúa siendo una energía tan oscura como la bruma, de lo que no se puede hablar demasiado sin estallar en llanto.

¿Qué significa el término haya?

Puede ser un verbo o sustantivo, según como se utilice. La palabra hace referencia a una acción o árbol. Dos cosas tan diferentes una de otra.
Aunque no es el fin de la obra ninguna de estas dos en particular, sí me atrevo a involucrarlas como parte del relato.

La Paloma es el sitio en el que se desarrolla casi toda la historia, en paralelismo a un hotel llamado Goitías -muy cerca de allí- atendido por un hombre demasiado particular, con un costado melancólico-romántico.

Haya5

Cada momento que transcurra será inolvidable para la protagonista y para nosotros como público. Ella podría ser cualquiera de los espectadores que se sumerge en una aventura impensada, pero que le resultará placentera.

Desde que se ingresa a la sala del teatro, se ve un letrero luminoso, ubicándonos en un lugar determinado. Ese será el punto de partida y, gracias a éste, se desarrollará lo siguiente.

Haya nos cuenta un mito sobre las hermanas caballo. Estas hermanas son de pocas palabras, parecen niñas aunque ya no lo son, parecen haber vivido demasiado tiempo alejadas de la gente y cada palabra escuchada les producirá un estímulo diferente, permitiéndoles bailar, cantar y ser felices nuevamente.

Haya3

¿Qué puede sentir una persona ante una gran pérdida?

Silencio, no saber qué decir, no poder hablar.

Como si la voz fuese la encargada de reproducir tristeza y dolor. Qué acostumbrados estamos a tener que emitir sonido con la boca, dejando de lado al resto del cuerpo que muchas veces se expresa más nitidamente.

Qué sucede con las personas que deciden formar su propia vida lejos de la ciudad, de un mundo simultáneo pero en muchos casos demasiado dañino para ser recorrido?

Ser “anti-social”, ¿está mal? No querer seguir al rebaño de ovejas y tener otros valores, ¿es incorrecto? ¿Por qué la única verdad es la escogida por la mayoría, en varias ocasiones porque ya es lo más cómodo y ya transitado por otros?

La música de los Guns and Roses surge en cierto momento de la dramaturgia con la canción Paradise City y el factor Haya6sorpresa vuelve a apoderarse de nosotros.

¿Quién podría imaginar que un grupo de música internacional formaría parte de tan profunda obra?

Una ciudad paradisíaca con movimientos de caballos, danzando el rock and roll tan mágica como poderosamente podría verse en escena.

Probablemente los actores intenten buscar aquellos niños que fueron, los aromas de la casa de sus abuelos, el olor a pasto recién cortado y cada comida servida en las mesas de los domingos.

Seguramente si pudieron llegar a esa columna vertebral seguirán llenando las butacas como hasta ahora, enterneciendo, provocándo risas y dándonos la oportunidad de volver por un rato a la infancia, esa etapa en que solo existían los juegos.

Ficha técnica Haya

 Mariela Verónica Gagliardi

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Ficha técnico artística

Dramaturgia: Susana Hornos, Zaida Rico / Actúan: Arantza Alonso Peralta, Morgane Amalia, Lucía Andreotta, Marta Cuenca, Clara Díaz,Ruth Palleja / Vestuario: Néstor Burgos / Iluminación: Mariano Arrigoni / Caracterización: Néstor Burgos / Diseño de escenografía: Alejandro Mateo / Realización de escenografia: Chinthia Chomsky / Música original: Gonzalo Morales / Fotografía: Akira Patiño / Diseño gráfico: Sergio Calvo / Prensa: Marisol Cambre / Producción ejecutiva: Pablo Silva / Coreografía: Antonio Luppi
Dirección: Susana Hornos, Zaida Rico / Teatro Payró (San Martín 766 – C.A.B.A) / Las funciones son los viernes a las 21 hs. Última función 30/11 / Localidades $30 y $60 / Duración: 60 minutos.