*** Junio 2017 ***

Haya9

En la ciudad de Bolívar se esconde una historia real que María Laura Santos (la directora), se encargó de ficcionar, así como de guionar. Esta narración tiene ese aroma y gusto al interior, a que realmente ocurrió y que sus personajes son netamente intérpretes.

“Haya” es el título de la obra, así como de su protagonista (Paula Baldini), la cual tendrá la valentía de enfrentar momentos angustiantes pero que, sobre todo, aprenderá a acomodarse a diversas situaciones totalmente inesperadas en ese pueblo.

Como una pequeña pero gran historia, el eje central girará entorno a lo emotivo. Las sensaciones serán unas y al
cabo de un rato, otras. Las personas que irá conociendo Haya no serán convencionales sino todo lo contrario. Ni Haya7siquiera tendrán nombres que coincidan con sus géneros y este punto hará reflexionar sobre el sexismo.

Esta pieza teatral nos remite a aquello tan puro como el amor, en todas sus vertientes.

Un espacio recreado con objetos que nos ubican en tiempo y espacio, al mismo tiempo que la iluminación y música, serán los encargados de permitirnos lagrimear, buscar en nuestro interior, en ese rinconcito colmado de recuerdos inolvidables.

“Haya” pertenece al género testimonial y de eso no hay dudas. Pero, Haya no es solamente una mujer en un pueblo. Haya es una mujer en busca de su identidad, de sus ancestros, de la soledad y de la compañía que surge de modo espontáneo.

Es imposible no emocionarse. Todos hemos tenido pérdidas de seres queridos y la muerte en nuestra sociedad continúa siendo una energía tan oscura como la bruma, de lo que no se puede hablar demasiado sin estallar en llanto.

¿Qué significa el término haya?

Puede ser un verbo o sustantivo, según como se utilice. La palabra hace referencia a una acción o árbol. Dos cosas tan diferentes una de otra.
Aunque no es el fin de la obra ninguna de estas dos en particular, sí me atrevo a involucrarlas como parte del relato.

La Paloma es el sitio en el que se desarrolla casi toda la historia, en paralelismo a un hotel llamado Goitías -muy cerca de allí- atendido por un hombre demasiado particular, con un costado melancólico-romántico.

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Cada momento que transcurra será inolvidable para la protagonista y para nosotros como público. Ella podría ser cualquiera de los espectadores que se sumerge en una aventura impensada, pero que le resultará placentera.

Desde que se ingresa a la sala del teatro, se ve un letrero luminoso, ubicándonos en un lugar determinado. Ese será el punto de partida y, gracias a éste, se desarrollará lo siguiente.

Haya nos cuenta un mito sobre las hermanas caballo. Estas hermanas son de pocas palabras, parecen niñas aunque ya no lo son, parecen haber vivido demasiado tiempo alejadas de la gente y cada palabra escuchada les producirá un estímulo diferente, permitiéndoles bailar, cantar y ser felices nuevamente.

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¿Qué puede sentir una persona ante una gran pérdida?

Silencio, no saber qué decir, no poder hablar.

Como si la voz fuese la encargada de reproducir tristeza y dolor. Qué acostumbrados estamos a tener que emitir sonido con la boca, dejando de lado al resto del cuerpo que muchas veces se expresa más nitidamente.

Qué sucede con las personas que deciden formar su propia vida lejos de la ciudad, de un mundo simultáneo pero en muchos casos demasiado dañino para ser recorrido?

Ser “anti-social”, ¿está mal? No querer seguir al rebaño de ovejas y tener otros valores, ¿es incorrecto? ¿Por qué la única verdad es la escogida por la mayoría, en varias ocasiones porque ya es lo más cómodo y ya transitado por otros?

La música de los Guns and Roses surge en cierto momento de la dramaturgia con la canción Paradise City y el factor Haya6sorpresa vuelve a apoderarse de nosotros.

¿Quién podría imaginar que un grupo de música internacional formaría parte de tan profunda obra?

Una ciudad paradisíaca con movimientos de caballos, danzando el rock and roll tan mágica como poderosamente podría verse en escena.

Probablemente los actores intenten buscar aquellos niños que fueron, los aromas de la casa de sus abuelos, el olor a pasto recién cortado y cada comida servida en las mesas de los domingos.

Seguramente si pudieron llegar a esa columna vertebral seguirán llenando las butacas como hasta ahora, enterneciendo, provocándo risas y dándonos la oportunidad de volver por un rato a la infancia, esa etapa en que solo existían los juegos.

Ficha técnica Haya

 Mariela Verónica Gagliardi

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