*** Noviembre 2017 ***

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Debe ser el humo, se estrena el jueves 11 de agosto

IMG_20160809_163438_991El jueves 11 de agosto a las 21 hs., se estrena en La Pausa Teatro –Av. Corrientes 4521-, Debe ser el humo, espectáculo dirigido por Romina Oslé que parte de una poética del absurdo que fusiona en esta puesta elementos de la vida cotidiana con imágenes oníricas.

Una casa, un cumpleaños, la necesidad de comida, todo sumergido en una realidad diversa.
Iván, Elena y Sonia comparten una cotidianidad tan pueril como inquietante. Tienen una lógica interna destinada a fallar: todo es terrible, todo está reglado. Las palabras y las acciones pueden ser desesperadamente contradictorias. El vínculo que los une no es reconocible, a la superficie sólo emerge la asfixia de tenerse cerca.
Ellos están reducidos al mínimo de la existencia, pero no lo admiten. Juegan para soportar el tiempo, festejan para romper lo circular; se encierran para no afrontar la realidad. ¿Qué es lo real? ¿Vamos a jugar?

PROPUESTA ESTÉTICA 
“Debe ser el humo” es una sucesión de situaciones y estados que se densifican en sus personajes. Los conflictos no se reconocen a través de lo dicho, sino a través de los cuerpos. Hay una fuerte presencia de lo musical como partitura de acción, que regula miradas, respiraciones y textos con el fin de provocar cambios abruptos en el ritmo y en las intensidades y así generar la ilusión de avance de la acción como fuerza contraria a la aparente futilidad de los textos. Es un absurdo con un atisbo de realismo extrañado o viceversa. Lo cotidiano y lo onírico conviven. La puesta juega con llevar la teatralidad al extremo de la convención ficcional a través de la ausencia completa de objetos y de la evidencia del artificio en la escenografía.


DEBE SER EL HUMO

Funciones: jueves 21 hs.
La Pausa Teatro – Av. Corrientes 4521
Entradas: $140 – En Alternativateatral.com en la boletería del teatro

Ficha artístico-técnica

Dramaturgia: Teo Ibarzábal, Ana Iglesias, Eva Leanza, Romina Oslé
Actúan: Teo Ibarzábal, Ana Iglesias, Eva Leanza
Vestuario: Eliana Itovich
Escenografía: Eliana Itovich
Diseño de luces: Fernando Raíces
Fotografía: Wilson Chang
Diseño gráfico: Juan Pablo Rodríguez
Asesoramiento en sonido: Pedro Donnerstag
Asistencia de dirección: Agustina Downes
Prensa: Luciana Zylberberg
Producción: LugarOtro Estudio Teatral
Dirección: Romina Oslé

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Volando con D´Arienzo

El aeroplano

El gran escritor, actor y director, Carlos Gorostiza; tiene una cantidad de obras en su historial. Una de ellas, que data de 1990 se titula “Aeroplanos” y, en esta oportunidad, Damián Canduci ha hecho una adaptación que rescata la esencia de la original pero que se denomina “El aeroplano”.

La dramaturgia pertenece al género de comedia y pretende revalorizar aquello que se suele dejar de lado. Habitualmente, la aparición de una enfermedad es lo que hace activar una atmósfera de alegría -la que tantas veces permanece debajo de una alfombra-.

Dos ancianos: Cristo (Luis Canduci) y Paco (Raúl Toriggia) que se debaten entre la vida y la muerte, deciden emprender un viaje (mental) a través de la música -en este caso del vals El Aeroplano, de Juan D´Arienzo-.

Con una propuesta íntima, cálida y de una duración ideal; podemos deleitarnos con diálogos convencionales y, muchas veces, olvidados.

Teniendo conocimiento de ambas obras (la original y esta adaptación), puedo esbozar algunas ideas fundamentales que hacen a la creación original de cada una. En principio, El Aeroplano se apoya, estrictamente, en la melancolía, en el pasado que supuestamente fue mejor, en vivenciar lo más solido y confidencial que aún estos amigos no se han dicho. La obra se compone de una sola escena que muestra un día completo entre ambos, una jornada realmente extenuante, colmada de entusiasmo, de palabras duras y otras bonitas, de bromas, de chistes y de una realidad que pretenden cambiar estando unidos para siempre.

Cada tanto sonará el teléfono, aquel que les recordará que existe un mundo exterior integrado por responsabilidades y duros problemas por resolver.

Damián, consiguió hacer un recorte conmovedor de esta historia en que el café es tomado como bebida social, los caramelitos como endulzantes y un tocadiscos como principal instrumento musical de la casa. Una casa que sirve de hospedaje, de consuelo, portador de tantos recuerdos, trofeos, cuadros y aromas de antes.

Cristo y Paco fueron futbolistas, uno mejor que el otro, uno con diferentes intereses que el otro. Sin embargo, aquello que los unió y une fue el amor por la música, esa nostalgia que transmite el tango, esa melancolía, esa lágrima a punto de explotar en la mejilla.

En cuanto a la pieza artística original, tiene la particularidad de contener más humor gracias a las charlas telefónicas que entablan los personajes y los chistes que surgen a colación de éstas. Dichas menciones no están presentes en El aeroplano, aunque sí existen algunas conversaciones que sirven para comprender mejor la vida de estos hombres solitarios y unidos.

Otra diferencia notoria entre ambas puestas en escena es la que se refiere a la ambientación: originalmente, como Paco vive con Fito (su nieto) que es una estrella del rock, los instrumentos de él se contraponen a la estética del abuelo, consiguiendo que ambas generaciones se fusionen a la perfección. Pero, en esta versión, todas las pertenencias de Fito están ausentes. Esta decisión estética produce sensaciones diversas. Por un lado, tenemos esta relacion tan estrecha entre abuelo y nieto, además de la añoranza de su juventud. Y, por el otro lado, contamos solo con la esencia humana, con ese egoísmo que pretende dejar de serlo para darle lugar a lo verdaderamente importante.

Cristo, paradójicamente, nunca pisó un aeropuerto y todos sus viajes fueron a través de la imaginación. Aquella que pudo lograr gracias a las diminutas estampillas de todo el mundo. Paco, un hombre viajado, sí ha conocido lugares físicamente. Dos modos de trascender, de conocer, de aunarse como una sola persona. De elegir por sobre lo que sus familias pretenden. Dos ancianos que quieren vivir por sus propios medios, sin ser vigilados ni hostigados.

El aeroplano emociona hasta lo más profunda, produciendo una ternura suave, como una caricia al alma que se consigue con las melodías de Vayone, una artista que canta sobre el amor, sutilmente, y que deja espacio protagónico a estos viajeros emotivos.

ficha El aeroplano

Mariela Verónica Gagliardi

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Encuentro de dos mundos

Lunes abierto17

Superstición: Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Esta acepción figura en el diccionario de la Real Academia Española, sin embargo, también existen pruebas que demuestran cómo el no darle lugar a dicha creencia puede perjudicar el común desarrollo de la vida.

Ser supersticioso no es un pecado pero sí una barrera que impide ver la realidad real. Dicho esto, ¿quién no teme pasar por debajo de una escalera, rezar porque un gato negro no se cruce por delante, evitar viajar o casarse un día 13 o pedirle a quien sea que por romper un espejo no se tengan siete años de mala suerte?

“Lunes abierto” (escrita y dirigida por Ignacio Sánchez Mestre) protagonizada por Leo (Martín Piroyansky), es una obra que oscila entre el realismo mágico y la superstición. Desde un principio, la escenografía nos invita a adentrarnos en una peluquería común y corriente aunque, en breves momentos, sabremos que no es común nada de lo que pase allí dentro ni entre ellos.

Tiempo y espacio se fusionan, se entrelazan, se mezclan y pretenden confundir al espectador, no dándole certezas de lo que está ocurriendo ni de lo que vendrá. De este modo, la dramaturgia se convierte en un camino sinuoso en que la ciencia ficción se destaca.

Llevando a cabo un experimento que consiste en hacer crecer el pelo, se desatarán unas escenas muy delirantes en que se podrán disfrutar de las grandes actuaciones de estos talentosos artistas.

Verlo a Leo con pelo cada vez más largo, ya de por sí provoca la carcajada, una risa que desborda desde el público hasta el escenario. Y en cuanto este personaje comienza a elucubrar su teoría, todo se vuelve más absurdo.

Carmen, la dueña del negocio, continúa sufriendo por el abandono de su marido y Elvira parece solo comunicarse a través de acciones sin sonidos.

Todo parece tener una claridad que los convierte en investigadores, unos investigadores que indagan sobre el pasado y presente en enciclopedias antiguas. Sin lugar a dudas, la dramaturgia es de una excelencia suprema en que las palabras se conectan entre sí de un modo descabellante y, a su vez, justificado.

Un hombre que fue otro y que, ahora, debe recordar lo que nunca vivió. O tal vez sí, solo que su alma sería diferente y su cuerpo el mismo. Podría mencionar a la reencarnación como prueba para argumentar la vida de éste, pero no es algo que tenga un valor durante la historia.

Quien más calla y es tomada como muda, sorprende cuando se anima a hablar. Y no es poco lo que tiene para decir sino que, a partir de sus frases, todo podrá descubrirse al mismo tiempo que jugar con diferentes planos tridimensionales y artesanales.

Esta pieza teatral brinda el placer tradicional de una narración en que no es necesario desplegar tecnología. Ésta puede imaginarse y disfrutar de todo el potencial dejado en escena.

Viajar a un lugar en que supuestamente estará el ser amado o permanecer en el mismo sitio esperando que algo pase como para cambiar la rutina.

Un lunes abierto es extraño para el sector de peluquería. Primando lo raro, no es eventual que todo continúe como a diario sino que un conflicto se avecine.

El pasado retorna y una foto es una de las maneras de entender quién es quién o, al menos, quién quisiera ser cada uno.

¿Cómo superar los malos estragos, las decepciones y alcanzar los deseos más queridos?

Tres almas totalmente diferentes pero, evidentemente, unidas por la irracionalidad. Una irracionalidad que no los vuelve locos sino soñadores.

Un metalenguaje y una originalidad por conectar cada vocablo y conformar un universo nuevo e ideal para ellos mismos, aquel que los elevará por sobre la rutina y la incomprensión del resto de la humanidad.

Mirarse en un espejo y no gustarse, mirarse en otro espejo y observar fenómenos diferentes. Unir ideas y significados hasta encontrar la fórmula para aceptar lo que les toca.

Lunes abierto ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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La dulzura del reconocimiento

Crol4

Fusión de ritmos e instrumentos (guitarras, batería, bajo, piano y voz), suenan en el Teatro Estepario, ingresando en nuestros oídos y atravesando todos los sentidos.

Se dice que es el deporte más completo, aquel que los médicos indican para curar todo tipo de contracturas y para los enfermos del corazón. Dicho esto último, es necesario decir que si reanima el músculo más importante del cuerpo, indefectiblemente, sane todo tipo de penas, angustias y provoque tanta adrenalina como sea posible para sentir que los imposibles no existen.

La Sirena (Teresa Plans) y el Tiburón (Pedro Candioti) son los más nadadores de aguas abiertas homenajeados, principalmente, en esta ocasión. Una ocasión para la cual, los artistas, utilizan poemas, información de la realidad, canciones inventadas para este fin y una puesta en escena que se vale de una historia construida sobre la base acuática en que estos héroes son destacados.

“Crol” (escrita y dirigida por Verónica Schnek) indaga sobre la invención y origen del término, sobre un estilo de vida, sobre los esfuerzos físicos y mentales para alcanzar la meta de llegada sin rendirse ni que lo rindan, sobre esas patadas en al agua que hay dar para continuar la marcha -permitiendo que el cuerpo acarice las aguas dulces como el romance más grande que pueda existir entre dos seres-.

Fue la década del 50’ aquella que marcaría un antes y después para Teresa. Con tan solo diecinueve años, logró un raid diferente al primero, que le costaría su obligado abandono del deporte. Ella recorrió el trayecto desde Paraná hasta Coronda y, lo más triste fue que estuvo un día perdida, con tormenta y fuertes vientos, hasta que consiguió llegar a la orilla. Cabe aclarar que quien la impulsó a este hermosa aventura del nado fue Pedro Candioti -el otro gran ícono de la natación-. Nadador, de nadadores, vencedor de vencedores, el tiburón del Quillá.

Justamente, fue él quien en 1939, permaneció cien horas en el río y consiguien su mejor marca a lo largo de su carrera. A él también tuvieron que sacarlo del agua, en este casos sus amigos, temerosos de perder a este gran deportista.

En cuanto al crol, tiene su origen en los aborígenes, quienes idearon un estilo similar al ya conocido por todos y, luego, los ingleses se lo apropiaron denominándolo crawl (reptar). Siendo uno de los estilos más conocidos y simples a la hora de avanzar, les permite a los deportistas conseguir equilibrar velocidad y resistencia. Nada como los indios que han decidido crol, esboza y resume, en un momento, el estribillo de una canción.

“Crol” es un conjunto de hazañas, anécdotas y recortes escogidos -muy selectivamente- para empapelar la obra de estos personajes. De ellos y del resto de los nadadores que no alcanzaron la fama pero que amaron y aman el río -arriesgando sus vidas por esta gran pasión-.

Una voz femenina como motor de búsqueda y coros masculinos, acompañan las diapositivas, en blanco y negro, buscan cuerpos para proyectarse, para imprimirse y allí quedarse quietos; para que las voces relaten con melodías.

Por momentos pareciera ser un recital con temática de nado y, por otros, una obra de teatro busca narrar desde otro lugar -construyendo con diferentes matices y herramientas la heroicidad de los más humildes personajes-.

Contando con objetos bien específicos como un locker gris, un megáfono, una pecera que se vale de contexto acuático, gorros y mallas de natación; la dramaturgia se desarrolla espontáneamente, con goce por parte de los protagonistas y variados géneros musicales que van in crescendo con la historia.

“Crol” es folklore de nuestra patria, una base del pasado para construcción del presente, un homenaje a la trayectoria y a todo aquel que se anime a sumergirse sin tener certeza de llegar, la valentía de unos pocos por demostrarse a sí mismos un sueño hecho realidad.

La tibieza y la desolación, tantos sentimientos contrapuestos que intentan confundir o hacer tropezar, para luego conservar a quien, de verdad, lo desea.

Una pieza de teatro musical con estilo propio que, seguramente, trascenderá como La Sirena y El Tiburón.

Crol ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Ciclo en busca de un personaje: Casares y Borges

Presenta

 CICLO EN BUSCA DE UN PERSONAJE

Los miércoles 7 y 21 de noviembre a las 19.30 hs en la Casa de la Cultura del FNA (Rufino de Elizalde 2831) Silvia Hopenhaynpresentará nuevos encuentros de En busca de un personajesu ciclo de literatura.

Este ciclo invita al público a un encuentro con los personajes de la literatura argentina. ¿De dónde surgen? ¿Por qué han trascendido? ¿En qué nos representan? ¿Qué aportan a la lengua, a nuestra cultura? ¿Qué los vuelve inmortales y a la vez que convivan con nosotros a diario? ¿Qué nos atrae o repele de ellos?

Hopenhayn intentará encontrar en estos personajes de ficción algunas claves de nuestra más íntima identidad, de la mano de escritores invitados y también de la participación del público.

Miércoles 7

Morel, el personaje de Adolfo Bioy Casares

Participan: Pablo de Santis y Diego Golombek 

Miércoles 21

Pierre Menard, el personaje de Jorge Luis Borges

Participan: Jorge Monteleone y Carlos Gamerro


Todas las actividades de la Casa de la Cultura (Rufino de Elizalde 2831, CABA) se realizan con entrada libre y gratuita.

 

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Musicalmente aprenderás

NoAvestruz, nos abrió las puertas para disfrutar del espectáculo “Lalá y el toque toque”, el cual además de convocar a muchos niños, llevó de cola a los adultos. ¿Como acompañantes de los más pequeños? Dejemos abierto el interrogante porque, a decir verdad, los grandes sabían a la perfección todas las letras de las canciones, aplaudían en el momento preciso, jugaban cuando los artistas lo proponían…

Y claro, “Lalá” se recomienda a partir de los 3 años, así que función a función, debe ocurrir que los padres les propongan a sus hijos, ir a ver la obra, y no a la inversa.

Pero, comencemos el itinerario musical: Osvaldo Belmonte (Piano y Dirección Musical), Juan Martín Damiani (Percusión), Roberto Seitz (Contrabajo), María Florencia Prieto (Violín) Jorge Caruso (Banjo); hicieron sonar de a poco sus instrumentos. De repente, las partituras empezaron a volar, como por una fuerte ráfaga de “El viento” (Pepe Iglesias “El Zorro”) y allí Karina Antonelli (Voz), apareció.

El repertorio de las canciones es para infantes ya que les enseña a rimar, a deducir antónimos de determinadas palabras, mezclan música clásica, tango y rumba con ritmos más pegadizos para niños.

Mientras Osvaldo, hacía sonar el teclado, le pedía a su musa inspiradora “Esmeralda rascame la espalda”utilizando distintas frases pegadizas, entrenidas y que rimaban entre sí como para ser asimiladas al instante. También disfrutamos “Toque toque”, el tema que nos dice que si no queremos bailarlo no lo hagamos.

Uno de los momentos más lindos fue cuando Karina, invitó a los niños a hacer una ronda, mientras recitaban las melodías, como para lograr empatía con el público.

A través, entonces, de distintos matices musicales, nos fueron transmitiendo una historia de amor, en la cual ella y el pianista se enamoraron.

Con respecto a la puesta en escena, fue sencilla y delicada. Uno de los objetos a los que más se remitieró la pareja fue, en distintas ocasiones, a una antigua radio. ¿Qué sonaba? Una voz (a modo de estrategia publicitaria) para entusiasmar a los niños a que compren los discos del grupo. Fue una buena forma de hacerles conocer que a la salida de la sala podrían adquirirlo si así lo deseaban.

“Lalá” es un producto perfecto, trabajado, seleccionado en cada uno de sus temas y canciones. Eso es lo que atrae también al público. No hay dubitaciones ni improvisación. ¿Esto es positivo o negativo? Depende del gusto de cada uno, muy en particular. A decir verdad, “Lalá y el toque toque”, parece un espectáculo trasladado de la televisión a las tablas. Solamente le faltarían algunos muñecos o personas disfrazadas y estaríamos en presencia de un programa de la pantalla chica.

Cuando tocaron “La bailarina”, Karina le cantó a una marioneta blanca y a nosotros, muy dulcemente. Dicha bailarina, en manos de su ama, fue mostrando los pasos de ballet e introduciéndonos en un mundo de fantasía.

Pero, otra gran instancia de la tarde surgió cuando llegó la canción “El monito” (Pepe Iglesias “El Zorro”) ya que en diversas estrofas tuvieron que niños y grandes, hacer estatuas y movimientos, guiados por la cantante. Si te equivocabas, eras reprendido por ella, así que no fue tarea sencilla copiar paso a paso.

Uno de los chicos, casi desde el principio de la función quería la canción de la polenta, pero con el calor que hacía, la banda no tenía demasiadas ganas de interpretarla. Finalmente, le dieron el gusto y por más gotas de sudor que tuvieron, entonaron “Y la fuerza que tiene” (Pepe Iglesias “El Zorro”).

Nadie pudo quejarse de nada, ya que complacieron los caprichos de cada uno. Hasta uno de los niños, en un momento corrió a tocar el piano de Osvaldo.

Hubo entusiasmo, alegría y ganas de volver por segunda, tercera o vaya a saber uno, quizás cuarta vez.

Quedan cuatro funciones más, para que aprendas las canciones y conozcas a este gran grupo de concertistas. ¿Te lo vas a perder?

Equipo

Escenografía: Valeria Abuin

Diseño sonoro: Nicolás Diab

Voz para locución de radio: Eugenia Alonso

Vestuario: Ana Algranatti

Iluminación: David Seiras

Coreografía: Ana Padilla

Dirección de títeres: Daniela Calbi

Diseño gráfico: Eduardo “Bochi” Tunni

Prensa: Luciana Zylberberg

Producción: Lalá y Gonzalo Guevara

Asistencia General: Graciela Gallelli

Dirección: Karina Antonelli y Luciana Zylberberg

Mariela Verónica Gagliardi

 

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