*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El amor encerrado en un potrero

Una zambita cruel8

Un caballo humanizado (Patricio Witis), el cual vive encerrado en un potrero, sin relacionarse demasiado con sus amos.

En medio de los típicos roces familiares -entre una hija (Celeste Sanazi) y su padre (Mariano Muente)-, surge una historia de amor que no llega a desarrollarse.

Los artistas tienen la convicción de cantar y trasladan la trama a las voces campestres y autóctonas.

Las guitarras suenan -marcando el ritmo, compás y sensaciones- desde la escena y desde fuera de ella.

No existen demasiados contratiempos, prevaleciendo el amor que no pudo ser y Una zambita cruel3el encierro emocional de los
personajes como barrera al despertar de sus emociones.

En cuanto al título de la obra, considero que no es necesario justificar, constantemente, el mismo a través de la palabra. Sus cuerpos expresan y la música confirma a éstas.

Tal vez, sea una cuestión estética el modo de narrar y el recurso poético utilizado.

La sala del Teatro Garganta estaba colmada, todas las mesas de madera tenían un aroma especial rural. Ese perfume a antaño que suele ser difícil recrear y transmitir.

De repente, uno de los actores llamado Lucas (Julián Rubino), esboza en su canción: «Voy sin saber a dónde voy, voy despidiendo lo que soy» y, luego, se incorpora a la obra para seguir sorprendiendo con su estilo moderno y popular, al son de la zamba.

Al principio no se sabe quién es quién, pero el relato principal no apunta a descubrirlo, sino a convencerse de cuáles son las cuestiones trascendentes en la vida de un ser vivo y a luchar por los valores que considere importantes.

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La música ambienta, entretiene… los diálogos conforman cada escena pero, si imaginaramos, una zamba bailada de principio a fin; sería el resumen de esta obra.

Por otro lado, el personaje de Soledad (Celeste Sanazi), la prima de Lucas, pretende ser el hilo conductor de las tragedias que se van sucediendo, pero podemos -de algún modo- tomar al caballo como personaje principal o, inclusive, al propio guión.

Eso es lo más interesante en «Desde mis ojos»: la posibilidad de elegir el camino a seguir y el sentirse libre, sin tener que esforzarse por entender. El entendimiento es visible, con diálogos no rebuscados, gracias a lo cual el espectador puede Una zambita cruel15disfrutar y dejarse llevar por los estímulos de la pieza teatral.

Una estancia, un caballo, una familia y una serie de letras musicales que conforman esta propuesta.

Otro punto a resaltar es que cada intérprete puede lucirse, siendo todos protagonistas. También, la manera en que van alternándose los pensamientos del caballo con las escenas familiares, para lograr un par impacto distinto en una historia de amor.

«En la quietud del monte una brisa cambia todo» – dice el animal en cierto momento. El tenia sus pesares y dolor muy ocultos, tan ocultos que cuando quiso expresarlos no supo medir la fuerza. No era un animal salvaje pero sí en cautiverio, totalmente abandonado y despreciado.

La poesía está presente en todo momento, intentando desmarañar los problemas. A su vez, un guitarrista fuera de las tablas, ameniza a lo largo de la narración, otorgándole mayor vida al relato campestre.

Al finalizar la obra, me puse a pensar sobre el maltrato animal. Sobre la eutanasia, sacrificios, veganismo. Y es que, como les decía anteriormente, cada persona establecerá un lazo con aquel aspecto que le signifique más.

Si un caballo pudiese hablar con palabras, ¿qué esbozaría?

Una zambita cruel6

La violencia es violencia. Hacia una persona o animal. Entonces, por qué justificar uno más que el otro? Hasta donde llega el ego del hombre como para considerarse superior a otro ser vivo?

«La muerte es puramente animal», afirma el caballo. Quizás ese sea su argumento para no sentir culpable.

La historia avanza y cada conflicto se resuelve. Mientras tanto la música cobra protagonismo:

«Nunca supe cómo cantar esta zambita cruel».

¿Puede considerarse cruel un animal? Este actúa por instinto. Pero su instinto no siempre le marca lo correcto, solo lo que sus sentidos irracionales le confirman que debe hacer.

ficha artístico-técnica Desde mis ojos

 Mariela Verónica Gagliardi

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Un golpe al corazón

Delfina (Moyra Agrelo) y Catalina (Soledad Galarce) disfrutan de la vida de una manera muy superficial y snob. Ellas se dedican a diseñar ropa y creen que se pueden llevar el mundo por delante por tener dinero y status.

Un taller de costura, nos abre sus puertas. Allí, podemos observar suciedad, desprolijidad, y una estética que induce al abandono.

Pero cuando las amigas llegan con su glamour al local, esperando encontrar algo igual o similar a su clase social, les agarra un ataque de furia a cada una. El lugar está clausurado con las fajas de seguridad, impidiéndoles el paso. Pero se acuerdan que tienen un amigo abogado y rompen dicha faja.

Como dos volcanes en erupción, comienzan a dar unos discursos cargados de exceso de conchetaje, el cual desborda hasta el ridículo, para demostrarnos que esta obra llamada Baja costura, apunta hacia otra dirección.

Las dos chicas, llenas de energía, irrumpen con sus vestidos dorados y todo al tono, en el taller que les contaba, y se deprimen. No saben qué hacer. No encuentran a su empleada – quien trabaja en negro para ellas – y hoy era el día en que debía finalizar un pedido para poder llevárselo a un cliente importante. Ellas son dos inútiles que quieren simular no serlo y, en cambio, vivir de otros. Explotar a otros.

Delfina parece fría y calculadora, pero a Catalina parece afectarle todo. Al cabo de unas horas, los papeles se revierten y nos demuestran que son humanas con sentimientos, los cuales van más allá del vestuario que se compren o hagan.

La situación de que su única empleada las haya dejado clavadas, fue un puñal en el corazón. No entienden cómo les pudo hacer eso y suponen que se la llevaron presa. Luego de confirmar que está en su casa y, enojada con sus amas, las chicas saben que no podrán contar más con ella.

Pero como enseñanza y, como suele pasar siempre que se obra mal, las amigas deben aunar sus fuerzas y coser ellas mismas. Las máquinas son muy antiguas y tienen que aprender a usarlas lo más rápido posible para llegar a tiempo con la entrega.

Como la frase bien conocida «no se me van a caer los anillos», no les queda otra alternativa que quitarse sus trajes ostentosos y colocarse guardapolvos – los cuales tienen escritos unas palabras alusivas al grupo Alameda que se encarga de militar y luchar contra el trabajo en negro-. De ahí en más, Baja costura, pega un giro de 360° y conocemos las facetas de las glamorosas, ahora pobres.

Unos videoclips, muy entretenidos,  hechos con animaciones de ropa y fotos, van ambientando lo que sucede en el taller.

Después de reírnos por los monólogos y diálogos disparatados de las actrices, una dosis de realidad cae ante nuestros ojos. La puesta en escena que había comenzado, y seguido, chistosamente, burlándose de los que menos tienen; pasa a ser un balde de agua fría.

El reducto, sin ventanas, donde se come, duerme y va al baño, se empieza a apoderar de ellas, como un monstruo. Pierden noción del tiempo, del espacio y se sienten perdidas. No saben si llegarán a entregar el trabajo prometido o si les conviene abandonar todo y salir corriendo. Pero no. No pueden escapar porque ahora no son más de la clase alta sino que fueron contratadas en negro.

¿Cómo ocurrió esto?

La obra no nos muestra ningún contrato firmado, a ningún capataz. Nada.

Sucede que el paralelismo nos hace pasar de un escenario a otro para, justamente, conocer la otra realidad. La de los explotados y sufridos empleados, generalmente oriundos de otros países o lugares.

Unos fragmentos de videos extraídos, de diversas investigaciones televisivas, nos dan a conocer varios testimonios de trabajadores contratados en pésimas condiciones y tratados peor que a animales.

La ductilidad de la obra, también divide en dos al lugar de trabajo (imaginariamente o por efecto de las luces), para mostrarnos dos momentos históricos trágicos, durante los cuales se incendiarios dos talleres: uno en Nueva York en el año 1911 y el otro en el barrio de Flores, en el año 2006. No fueron accidentes sino negligencias ya que estos lugares suelen ser cerrados con llave por los jefes para que sus empleados no salgan ni pierdan tiempo, no tienen ventilaciones ni tampoco posibilidad de pedir auxilio.

Así, podemos entender por qué el nombre de la obra de teatro. Es una alta costura la de las protagonistas pero una Baja costura el mensaje y propósito de la misma.

Se cae muy bajo al maltratar a la gente, al no considerar a las personas como tales y no asumir que todos tenemos los mismos derechos. El que menos tiene dinero no es menos que el que lo tiene. La grandeza no se cuenta sino que se refleja en los actos, en las miradas, en la gentileza y en el don de ponerse en el lugar del otro.

Las risas se disipan al llegar un llanto, como en la vida misma. Si abrimos nuestro corazón y nos dejamos llevar, podremos transitar por distintas emociones maravillosas y difíciles de transmitir con palabras.

 

Mariela Verónica Gagliardi