*** ENERO 2023 ***

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Nadie está a salvo

La prueba de lo contrario2

Un pueblito escondido, en las afueras de la ciudad, es el foco a través del cual girará la historia dramática, que durará poco más de una hora.

Como en todo lugar pequeño, cada vecino se conoce con el de al lado, aunque no siempre se tenga la certeza de lo que se sabe sobre el mismo. En base a esto, también, se hará referencia en «La preuve du contraire» -traducida al castellano como «La prueba de lo contrario» (escrita por Olivier Chiacchiari y dirigida por Melina Marcow)-, con una puesta en escena muy atrapante y el timming que la hará posible.

En cuanto a las casas, las mismas estarán representadas por unas prácticas e interesantes estructuras de madera, que se irán rotando según lo que se quiera contar. Ese avance y retroceso, también estará conectado con los diálogos de los actores, quienes demostrarán lo verosímil que puede resultar una historia. Indefectiblemente, el vestuario, complementará y realzará la dramaturgia, haciendo lucir a los actores una ropa y calzado muy característicos de la zona rural que se hace referencia, al igual que a la estación del año escogida.

Pero, vayamos analizando por partes. Por un lado, lo principal, es el nombre, el título. Sin conocer la trama, es imposible sacar conjeturas. Sí es cierto que a los pocos minutos de conocerla, sabemos que se refiere a lo legal, a juntar pruebas para algo determinado.

De repente notamos cómo el protagonista (Marcos Ferrante) está tranquilo en su casa hasta que le tocan a la puerta. Son cinco La prueba de lo contrario3vecinos, armados, (Javier Pedersoli, Fernanda Pérez Bodria, Eduardo Iácono, Natalia Olabe y Martín Speroni) que buscan algo muy específico de él: su complicidad. Aunque él no entiende qué es lo que pasa, ni en qué puede ayudar, termina aceptando -ya que no le dejan otra alternativa-. Desde un primer momento le comentan que están buscando a Teo y necesitan hallarlo urgentemente. Diez hipótesis serán las encargadas de ir mareando y sacando de las casillas al protagonista.

Lo irónico es que este buen hombre es una víctima y a quien se desea unir a todo el sistema orgánico, implacable y -por lo visto- efectivo, que fueron armando sin siquiera proponérselo. Se dice que la unión hace la fuerza y en esta dramaturgia se ve reflejado como uno de los puntos más destacados por el guión.

En segundo lugar: ¿quién es Teo? Cada vecino dará su declaración según el punto que más lo favorezca pero dicha declaración no será en un tribunal sino en la casa donde se irán sucediendo las escenas -pruebas- una y otra vez.

Justamente, el modo de narrar, no permite que el espectador se pierda -ya que se trata de tener cuenta mucha información en poco tiempo- y que aproveche al máximo la historia. Me sentí una detective, intentando juntar pistas para dilucidar el conflicto. Y es que no es tan sencillo saber cuál es.

Teo es el joven buscado por estas personas pero le adjudican una violación. Este hecho no se logra demostrar que sea cierto, pero cada uno intentará -desde su lugar- desdecir la versión del otro para que no salga a la luz el íntimo secreto de cada uno. Y acá llegamos a la resolución del caso: la vergüenza que sienten todos por lo que fueron haciendo en sus vidas y cómo intentaron tapar con un dedo la sombra más oscura.

La narración es perfecta e intrigante, de principio a fin. Pueden existir varias lecturas por parte del público. En lo que a mí respecta, encontré dos desenlaces. El más visible sería la muerte de un inocente que se intentó usar para tapar las calumnias e injurias adjudicadas a su persona. El otro final, más espiritual y filosófico, sería: la posibilidad de combatir, extinguiendo las palabras que perjudiquen y suplantándolas por aquellas que cierren correctamente, como para no dejar expuesta a la versión oficial.

La prueba de lo contrario1

Es que «La prueba de lo contrario» se apoya en la lengua, en la palabra, en el cómo, en la reiteración, en la repetición y en la.posibilidad de encontar la manera de sustituir lo que estorbe.

Teniendo en cuenta todo esto, claramente Teo, no era un joven distinguido sino alguien a quien se le arrebató la vida en un abrir y cerrar de ojos.

Este vecino, irá recibiendo la visita de estos victimarios que lo intimarán hasta inculcarle sus valores, sus modos de pensar y sus razonamientos. Está en él decidir y elegir a quién creerle y está en él desenredar las versiones para armar su propio rompecabezas… deberá hacerlo rápido como para no perder la razón y su cordura.

Una noche a las 20 horas, irá narrando Teo, -el mismo que momentos después pedirá ayuda-. Quizás nadie lo escuche o, tal vez, a nadie le importe.

Esa noche marcará un antes y un después en la vida de los integrantes del pueblito. Ellos tendrán la posibilidad de arrepentirse, aunque parece prevalecer en sus interiores el egoísmo. Ese sentimiento tan impuro e ingrato que los sellará como lo que son: seres incapaces de amar al prójimo.

Cabe aclarar que en un momento de la obra, la empresa que brinda la electricidad decidió cortarla. Este corte dejó a la sala en una oscuridad absoluta, quedando como un efecto a drede, y, al retomar con unas luces pequeñas de emergencia, la historia se sintió más íntima, permitiendo que disfrutemos, aún más, de La prueba.

Mariela Verónica Gagliardi

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Amar como animales y pelear como tales

Hay una canción muy conocida de Bersuit Vergarabat que dice así: «coger no es amor, es mucho mejor».

Los humanos estamos acostumbrados a separar el acto sexual del amor, cuando en realidad no hay motivo para hacerlo. Se puede coger sin amar a la persona o, también, amándola. No es condición sine qua non.

Vos, ¿disfrutás carnalmente como una fiera?

¿Puede un animal ser egoísta, provocador, perverso y disfrutarlo? ¿Puede un humano sentir y dejarse llevar sin evaluar en todo momento si conviene o no lo que su instinto le dicta?

La piedad y los animales nos presenta a una pareja conformada por: Marisa (Paula Morales)  – una actriz en ascenso – y Roy (William Prociuk) – un pintor muy apasionado por su carrera -. Si bien están casados, no son muy felices que digamos. Él necesita satisfacer sus deseos sexuales con otra mujer y comienza a tener encuentros ocasionales con Laura (Thelma Fardín), – una modelo muy sexy y que sabe lo que quiere -. Sus dos amores, son totalmente opuestos y complementarios en su vida. Cabe entonces preguntarse si está mal lo que él hace.

Pero, ¿qué relación guarda la piedad con esta obra de teatro? Miguel Ángel, en el siglo XV, realizó una escultura llamada la Piedad florentina, la cual consta de cuatro personajes: el Cristo muerto, sostenido por la Virgen, María Magdalena y Nicodemo. Si bien no se toca el tema religioso en ningún momento, está claro que la piedad se observa y se siente como la compasión que un humano puede sentir por otro.

Su director Fernando Ferrer, recrea, de esta forma, un conflicto relacionado con el amor y con la soledad, más allá de estar acompañados. Es muy interesante escuchar los diálogos entre los protagonistas, totalmente reales y abrumadores. Da la sensación de estar mirando una serie de televisión, donde cada movimiento sutil significa un todo.

Si tenemos en cuenta, la idea principal de la obra, nos refleja cómo Marisa, por hacerse la open mind, termina bebiendo de su propia medicina. Ella, un día, tiene la idea de que su marido tenga una amante, pero no se da cuenta que esa idea no es la indicada para su vida. A partir de ese momento, sus celos irán aumentando hasta un punto ya enfermizo.

Pero, ella, opta por no quedarse atrás y también tener una relación ocasional con otro hombre que termina siendo el mejor amigo de su marido, Fred (Ezequiel Tronconi) – su socio y representante -. Esta situación parece no afectarle al pintor famoso ya que por lo que más se preocupa es por estar bien. Él siente con el corazón, con su cuerpo, con su piel y sus órganos, como los animales. No siente remordimiento por nada y placer por todo, desde su amante hasta de beber un buen vino tinto.

En una oportunidad, se le ocurre a Roy, hacer una reunión con los cuatro integrantes. Cree que de esa manera se va a poder sacar alguna conclusión positiva con respecto a los vínculos establecidos por ellos de forma natural, pero no se imagina que la catástrofe está por avecinarse.

Durante el encuentro, los cuatro comienzan a mostrar su intimidad al desnudo y eso provoca choques entre unos y otros, a nivel dialéctico y físico. Lo burdo, lo versátil y lo fugaz comienzan a tomar las riendas en el escenario. Lo que en un principio fue importante, deja de serlo. Lo no valorado, surge como valorado. Lo central en la vida de estos personajes se extingue de un minuto para otro y cobra importancia aquello más simple, llamado cariño.

Aunque la trama tenga gags para hacernos reír, lo fundamental en La piedad y los animales es acompañar los vaivenes de los personajes de una manera entretenida pero con una visión específica sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Podrán tener la profesión que sea, pero lo que vale en la vida de ellos es el amor, desde sus cimientos.

¿Se tratará de humanizarse un poco más o de ser más animales cuando lo sintamos? Si el humano surgió del animal, ¿por qué no puede conservar ese instinto en todo momento? ¿Puede ser el animal más humano que el hombre?

Los amantes de esta obra que parecen ser desvalorizados, justamente por su condición, demuestran su excelente profesionalismo y talento a lo largo de la puesta en escena. Sus actuaciones nos dejan boquiabiertos, tienen muchas técnicas de teatro como mirar al público, hacer ademanes, gestualizar, proyectar la voz para que se entienda lo que dicen, entre otras cosas.

Una felicitación muy especial para Thelma Fardín y Ezequiel Tronconi, quienes dejaron sus huellas en el escenario.

Por el lado de los protagonistas, también se esmeraron mucho y se nota que tuvieron un gran proceso de aprendizaje. Pudimos ver a una Paula Morales haciendo un papel muy diferente a los que le tocaban, generalmente, en la televisión. Y, William Prociuk, se podría resumir que fue el hilo conductor de cada pasaje y cambio de rumbo en las escenas.

Con respecto a la iluminación del espectáculo, cumplió un rol importante ya que al descender la misma, marcaba una separación entre un acto y otro.

Esta obra nos hace reflexionar, muy intensa y minuciosamente, en nuestro interior, qué es lo que anhelamos y cómo conseguirlo, tratando de no dañar a quien queremos o sabiendo disculparnos si nos es imposible evitarlo.

Por último, les haré una pregunta profunda: ¿tienen piedad los animales o tienen piedad los humanos?

Descubrílo junto a ellos, en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960 – C.A.B.A).

Mariela Verónica Gagliardi

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