*** Octubre 2017 ***

Entradas etiquetadas como ‘El Camarín de las musas’

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antiheroe-offEl sábado 7 de enero, re-estrena la obra de Patricio Abadi “Antihéroe off”, en el Camarín de las Musas. La misma está interpretada por él mismo y dirigida por Paula Marrón.

Es una excelente propuesta dramática que indaga sobre el vínculo de amor entre padre e hijo y cuánto es capaz de hacer el primero por el segundo.

https://saborateatro.com/2016/01/02/cuando-el-dinero-podria-comprar-la-felicidad/

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El peligro de ser vendedor

Extraño juguete1

Ficha Extraño jugueteUna historia que comienza no por su inicio es lo que da pie a una ambientación muy sexy en la que una serie de acciones se van desarrollando y teniendo lugar.

Extraño juguete (escrita por Susana Torres Molina) nos plantea un universo lleno de sentidos, permitiendo que nos apropiemos de los que deseemos. Un hombre, en esta ocasión, es el “objeto” y será éste sobre el que recaerán todos los deseos más carnales. Dos mujeres explorarán y se explorarán hasta considerar-se parte de un todo que está abierto a discusión, a la moral, a la ética al todo.

Entre risas, comicidad y drama, este objeto-hombre tendrá la oportunidad de hablar, de expresarse y de demostrar su gran talento actoral en escena.

Como si la ciencia viniera a buscar respuestas no dadas, o verdades no satisfechas. Esto es lo que se siente, todo de lo que se abstrae, lo recurrente y no saciado, lo que inoportuna a quien más lo grita.

¿Se puede pagar para ser complacida?

Nada de eso se podría asegurar. ¿Cómo dar certezas cuando no se las tiene en ningún plano de la vida?

Un espejo en el que sucede lo que se ve y no lo que se siente. Tres cuerpos que entran en acción, conducidos por el fervor, por la lógica, por lo que aparece y se disuelve en cuestión de instantes, de breves segundos.

De esto se trata la dramaturgia (dirigida por Carlos Belloso), de lo que intriga y no se devela siempre, de lo que se huele y no se asimila, de lo que no se comprende y continúa investigando. Ir en busca de resultados, de lo que se entremezcla con diferentes secuencias, de lo que se va quitando de una enorme caja que contiene a este juguete pago.

Por más que se trate de un experimento, la espontaneidad demuestra que es posible construir sobre una base pero sin seguir los rígidos lineamientos de un libreto. No me refiero a la improvisación sino a la sensación de que ésta tiene su importante lugar.

Una ficción que bien podría ser realidad y que al suceder esta mezcla, se fusionan ambos mundos permitiendo disfrutar dejando la argumentación a un lado, al menos por un rato.

Tres cuerpos cansados, extasiados, exhaustos, desprovistos de alma y entregados a la ciencia que explora sin cesar.

Cuando las justificaciones surgen, aparece su contrapartida ilusión de respirar una atmósfera entretenida que oscila entre el mundo del ocio y el laboral. Es constante esta ambivalencia planteada por la autora, quien no solo consigue proyectar vivencias sino otorgarlas en tono de humor negro.

Si lográramos olvidar la investigación imperante, podríamos observar a tres humanos en busca de saciar su apetito sexual, haciendo prevalecer la histeria y protagonismo para sobresalir a cualquier costo.

Por momentos los diálogos parecieran ser entre tres amigas que se intercambian chismes para llenar los silencios. Como una vorágine de palabras interpuestas -con, sin o con doble sentido. Ese es el ilusionismo de esta pieza artística: el lograr hallar modos de vivir sin someter a alguien a los caprichos.

¡Vender nunca fue tan insólito!

Mariela Verónica Gagliardi

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Una niña milagrosa

Ph: Sebastián Arpesella

Ph: Sebastián Arpesella

A veces uno quiere mucho ver una obra de teatro porque sabe que le va a encantar pero, también, corre el riesgo de ir con demasiadas expectativas a la función y no salir del todo satisfecho.

En esta ocasión, no me pasó ninguna de esas dos opciones ya que hace meses deseaba acudir a La Pilarcita (escrita y dirigida por María Marull) y mi pluma no logra volcar en palabras la infinidad de sensaciones que capturaron mis cinco o seis sentidos durante la historia.

Desde ese día hasta ahora cuando hace excesivo calor, cuando se menciona a una divinidad, a un milagro, al amor en todas sus facetas, al verano, a una pelopincho, a una muñequita de trapo preciosa y al deseo: pienso en esta dramaturgia.

Y como las palabras no son más que letras que describen y ayudan a contextualizar, me veré obligada a hacerlo.

En un pueblito de la provincia de Corrientes una joven tiene un a su cargo un hospedaje para turistas muy precario. Pero, a pesar de contar con los servicios básicos es un lugar lleno de magia, nobleza y un aire agobiante que produce placer de estar allí.

Cuando una pareja se aloja en el hotel, todo parece tomar un rumbo diferente e impensado.

Dos generaciones se encuentran, se traslucen y retroalimentan sin casi ser consciente de ello. La dueña del hospedaje y su amiga son las encargadas de otorgarle muchísima suspicacia a la trama, permitiéndonos a ser partícipes de sus vivencias cotidianas, de sus sueños y de las ocurrencias que se encargan de marcar el camino de los huéspedes en medio de una ola de calor.

La transpiración se hace presente de una manera visible y mientras unos están acostumbrados y resignados a la falta de aire, otros vienen en busca de una solución a sus problemas, padeciendo las altas temperaturas.

Modos de vida diferentes, rutinas completamente distintas, deseos insatisfechos y el recurso narrativo utilizado por las hermanas Marull de hallar el modo de capturar la esencia de la juventud. Esos aromas que por más que no se huelan con el olfato, se perciben, quedan en el cerebro, son trasladados al resto del cuerpo y sellados en el corazón.

Un elenco formidable que interpreta desde la sutileza al personaje que le corresponde, sin exagerar absolutamente nada. Esta es la clave, justamente, para que podamos inmiscuirnos en la atmósfera y los códigos planteados por la autora. Hasta con el más mínimo detalle, es posible que imaginemos estar situados en dicha provincia, en ese instante, en esa noche en la que todo se convertirá.

Cuando unas melodías suenan desde una guitarra criolla, la música envuelve la sala, el abrigo sin pieles se descubre y los rumbos aparecen solos sin ser buscados en lo más mínimo.

De hecho, la desesperación es el motor que mueve al resto del engranaje de la presente historia que desborda melancolía, que permite una conexión inmediata entre el espacio escénico y los espectádores, que abre su patio al aire libre para plagarnos de fragancias inolvidables y pinta de colores un carnaval irrepetible para la vida de estos seres humanos tan pasionales.

¿Es posible vivir sin pasión?

Seguramente estos personajes no podrían ser quienes son sin esa llama que encienden a diario, que mueven de un extremo a otro, que envuelven de alegría hasta con una refrescada en la pileta, que saben combatir lo malo y transformarlo en amor y en esperanza.

Una interesante manera de narrar lo esencial y lo recurrente, permitiendo cuestionar -en todo momento- qué se busca. Los límites surgen solos y estas tres mujeres interactuarán como les nazca, desde la espontaneidad que las caracteriza. Sin preparar un speech ni establecer una formalidad de trato. Siendo quienes son, no temiéndole al qué dirán y llegando a homenajear año tras año a una niña (Pilar Zaracho) que murió por salvar a su muñequita. Este hecho ocurrió en 1917 y desde ahí en más el pueblo de Concepción de Yaguareté Corá (Corrientes) marcha hasta donde está el santuario -llenísimo de más muñecas que la gente le dona en símbolo de agradecimiento por cumplirle los deseos y milagros-.

Cada paso cargado de una energía enriquecedora, de esa fe inalterable, va fortaleciendo cada 8 de enero aún más la creencia sobre la niña de cuatro años. Por eso, una puntada con hilo durante toda la velada le otorgará a quien más lo precisa, un tesoro.

Y mientras los deseos se cumplen, el carnaval da rienda suelta a una fiesta paralela en la que el alcohol hará olvidar los malos momentos y las penas.

Mariela Verónica Gagliardi

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¡Con los niños no!

Y como no se pudrió... Blancanieves1

Lo más importante de una obra de teatro no es lo que dure en cuanto a minutos sino lo que transmita. En esta ocasión, 40 minutos son más que suficientes para desarrollar una realidad que preocupa en el mundo y compararla con la vida de una niña que sale de su cuento de hadas para hablar y decir aquello que siente. Como Alicia en el país de las maravillas, que se adentra en un paraíso soñado y, cuando despierta, vuelve a su rutina común y corriente. De hecho, no es casual que la autora de esta dramaturgia, Angélica Gonzáles (conocida como Angélica Liddell), parta de acontecimientos del cuento de Lewis Carroll y de su propia intimidad.

Y como no se pudrió… Blancanieves (dirigida por Paula Cancela) deja en evidencia la soledad que padece toda hija única cuando es pequeña, sobre todo, la necesidad de Angélica por tener una identidad más utópica como la de la historia de 1865 y cómo transcurrían sus días al lado de su padre militar (tal como puede vislumbrarse en la presente obra de teatro).

La escritora menciona que Las guerras son como las madrastras perversas. Todas quieren ser las más bellas. Todas se miran en el espejo de otra guerra. Y si reconocen a una víctima más bella que la propia guerra se encargan de perseguirla hasta aniquilarla. Desde aquí se parte y desde aquí se empieza a sufrir, para que nos hagamos cargo todos de que matar niños jamás está bien. Con los niños no se juega a matar, ni se les enseña a tomar un arma para que lo hagan.

Sin embargo, el retrato de Blancanieves en esta oportunidad transmite sadismo, mientras se pregunta a dónde fue a parar su inocencia. Si desde los doce años tuvo que defenderse como sea para sobrevivir, si esta vez la manzana no estaba envenenada sino la gente adulta y esos siete enanos que se transforman en seres perversos capaces de cometer las peores atrocidades.

Niños palestinos y de otros lugares del mundo peleando por no morir, participando de una guerra que no inventaron pero que están dispuestos a formar parte porque eso es lo que se les transmite. Niños armados, niños que dañan, niños mutilados y, a veces, sin poder ser enterrados.

Blancanieves (Manuela Fernández Vivian) renace como una joven combatiente que está junto a un soldado (Nicolás Barsoff) -quien le narra cuentos pero bastante diferentes a lo que eran los de siglos pasados-.

Piel de gallina, angustia, dolor irremediable, incertidumbre, lágrimas; un sinfín de sensaciones que se inmiscuyen en mi organismo por completo, gracias al talento irremediable de los actores, la banda sonora tan finamente creada y las escenas que se representan como si se tratara de un tema que no tiene un final feliz nunca.

Un balde de agua fría que tantas veces es necesario de sentir en el cuerpo de los espectadores, de la gente misma, de no sentir lo ajeno como ajeno sino como propio. Las fronteras existen pero no son parte de la realidad real, son límites puestos por quienes desconocen el amor y la paz.

Hagan lo que hagan, serán fusilados y ni bien cierren los ojos podrían convertirse en muertos. Las niñas, abusadas, violadas, torturadas, deseando no haber sido mujeres.

Como bestias salvajes, sin rumbo, deambulando como sus cansados y desnutridos cuerpos se lo permitan… sintiendo odio cuando solo deberían conocer la felicidad.

Esta vez el espejo reflejará todos los olores y vacíos que deja una guerra constante que jamás finaliza, que no tiene sentido verdadero sino el poder por poder. Esta vez Blancanieves se convierte en fea para ser ignorada por sus torturadores.

Manzanas esparcidas por el suelo, formando diferentes figuras, que guiarán solo al enemigo a encontrar más presas que aniquilar.

He calentado mi cuchillo con la sangre de otros niños. Y me ha gustado, ¡cabrones! ¡Me ha gustado! ¿Qué habéis hecho con mi bondad? – termina diciendo esta Blancanieves.

Dramaturgia: Angélica Liddell. Elenco: Manuela Fernández Vivian y Nicolás Barsoff. Música original: Tomás Gallego. Dirección general: Paula Cancela. Funciones: viernes 23 hs. Teatro El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Camino a la gloria

Eso que vos y yo llamamos plenitud

Lo que no se dice, no existe. Lo que se tapa, se esfuma. Lo que existe, perdura en la memoria, en ese inconsciente que se ama y odia en determinados momentos de la vida.

Nadie sabe cuándo le llegará el día ni qué sentirá en esa intrigante situación en que la muerte se avecina. Siempre de negro, buscando a su próxima víctima, se unen en un camino que desorienta a los que quedan de este lado.

Existen tantas historias, cuentos, narraciones, poesías, poemas, ensayos, crónicas y demás escritos acerca de la parca que la originalidad se deja a un lado. Es entonces cuando los personajes tienen que convencer al lector, a su público, de sorprender dejando una huella eficaz para diferenciarse de los demás relatos.

La intriga que gira entorno a la muerte provoca pánico en algunos y deseos en otros. A veces se conjugan y otras se aniquilan.

Eso que vos y yo llamamos plenitud (escrita y dirigida por Mauro Molina) atraviesa ese sendero de luz y oscuridad para hacernos entender -con palabras y sensaciones- que nada es tan bueno ni tan malo como parece.

Protagonizada por la talentosísima María Viau -quien interpreta a una mujer que se encuentra en coma hace cinco años- y un gran elenco, esta obra de teatro dramática toca los puntos necesarios para despertarnos a todos: a quienes estamos despiertos de verdad y a quienes duermen de reojo.

La ambientación de hospital está lograda perfectamente, tanto por la parte de mobiliario y ornamentación, como por el médico y enfermera que “cuidan” a la padeciente. En verdad no sé si tildarla de padeciente porque sufre -porque de hecho no sufre físicamente- o porque nadie tiene la valentía para desconectarla y dejarla ir -para que no sufra, ahora sí, la rutina ridícula de conversaciones entre estos profesionales de la salud que bien podrían ser cocineros o vigiladores de un zoológico.

Ella, ahí, tendida en la cama con los ojos cerrados, consiguiendo la pesadez y liviandad de un cuerpo extenuado y sin vitalidad. Claro que su ritmo cardíaco se acelera al escuchar las palabras de su marido (Javier Pedersoli), quien la visita cada vez menos y quien tiene para darle algunas noticias. Cuando eso ocurre, ella parece sumergirse en un mundo metafórico y subrealista en el que se convierte en su heroína favorita, consiguiendo todo lo que se propone.

Justamente, la dramaturgia establece los códigos necesarios para comprender cuándo se narra un universo real o ficticio, hasta que confluyen y disuelven.

Valiéndose de proyecciones visuales, encargadas de detallar cómo era la vida de esta pareja, quién era cada uno y qué lugares ocupaban; para, luego, retomar el presente que tanto duele y aqueja.

Eso que vos y yo llamamos plenitud, también, hace su bajada de línea en cuanto a la eutanasia. No la menciona como tal, pero sí recrea un universo poético y explícito en que el cuerpo de ella llora a gritos por esa liberación. Ella no esta muerta, pero no despierta. No está viva aunque su corazón late a diario.

Todo en nuestra sociedad, con el peso que aún conserva la Iglesia, se vuelve tremendo y siempre la palabra asesinato prevalece a toda argumentación lógica. La moral, como si una religión pudiera dar cátedra de esto, pareciera ser la respuesta a toda hipótesis. Entonces, pregunto al universo entero: ¿por qué nadie titubea, en general, cuando tiene que darle la inyección a su “mascota” para evitarle más sufrimiento en vida? ¿porque es un ser inferior o porque no se tiene culpa al decidir sobre un animal?

Una persona se siente plena, todos de hecho nos sentimos plenos, cuando somos felices. ¿Y cómo puede ser feliz una persona que está en posición horizontal sin moverse en absoluto, sin mirar el sol, sin compartir una charla o nadar en el mar?

Cada quien tendrá más o menos motivación en su vida pero, nadie, puede negar esto.

Una rata (Mauricio Borzone), como simbolismo de tantas cosas que se le podrían atribuir, es su compañía, es a quien llama en sueños y despierta sin poder hacerlo vocalmente.

Un médico (Gabriel Yamil) y una enfermera (Valeria Tercia) que son tan bien estereotipados que creo que cualquiera de nosotros preferiría auto exterminarse antes que subsistir al lado de ellos. Y un marido culposo que acciona de un modo tal que puede ser juzgado, condenado o querido. En realidad, las tres cosas. De hecho la Iglesia menciona hasta que la muerte los separe.

¿Una persona en coma está viva o muerta?

¿Un bebé es bebé cuando nace o cuando se produce la fecundación?

La moralidad de una institución que ha intervenido en dictaduras militares y que ha visto derramar demasiada sangre, no debería poder tener la última palabra. Nuestro país ya no es creyente. Precisa creer en algo o en alguien. Quizás si existieran nuevas políticas en manos de políticos comprometidos y no culposos, estos temas tan importantes e imprescindibles podrían encauzarse bien y resolverse. ¿Por qué otro puede definir nuestros días y nosotros mismos esperar un milagro cuando, quizás, nunca ocurra?

¿El milagro sería despertar y continuar como el día del accidente?

¿El tiempo acaso se congeló para esperar ese milagro tan deseado?

Desconectame – se escucha decir una y otra vez. Desconectame…

Dramaturgia, puesta en escena y dirección: Mauro Molina. Elenco: María Viau, Javier Pedersoli, Valeria Tercia, Gabriel Yamil y Mauricio Borzone. Funciones: Jueves 21:30 hs. El Camarín de las Musas.

Mariela Verónica Gagliardi

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Nadie está a salvo

La prueba de lo contrario2

Un pueblito escondido, en las afueras de la ciudad, es el foco a través del cual girará la historia dramática, que durará poco más de una hora.

Como en todo lugar pequeño, cada vecino se conoce con el de al lado, aunque no siempre se tenga la certeza de lo que se sabe sobre el mismo. En base a esto, también, se hará referencia en “La preuve du contraire” -traducida al castellano como “La prueba de lo contrario” (escrita por Olivier Chiacchiari y dirigida por Melina Marcow)-, con una puesta en escena muy atrapante y el timming que la hará posible.

En cuanto a las casas, las mismas estarán representadas por unas prácticas e interesantes estructuras de madera, que se irán rotando según lo que se quiera contar. Ese avance y retroceso, también estará conectado con los diálogos de los actores, quienes demostrarán lo verosímil que puede resultar una historia. Indefectiblemente, el vestuario, complementará y realzará la dramaturgia, haciendo lucir a los actores una ropa y calzado muy característicos de la zona rural que se hace referencia, al igual que a la estación del año escogida.

Pero, vayamos analizando por partes. Por un lado, lo principal, es el nombre, el título. Sin conocer la trama, es imposible sacar conjeturas. Sí es cierto que a los pocos minutos de conocerla, sabemos que se refiere a lo legal, a juntar pruebas para algo determinado.

De repente notamos cómo el protagonista (Marcos Ferrante) está tranquilo en su casa hasta que le tocan a la puerta. Son cinco La prueba de lo contrario3vecinos, armados, (Javier Pedersoli, Fernanda Pérez Bodria, Eduardo Iácono, Natalia Olabe y Martín Speroni) que buscan algo muy específico de él: su complicidad. Aunque él no entiende qué es lo que pasa, ni en qué puede ayudar, termina aceptando -ya que no le dejan otra alternativa-. Desde un primer momento le comentan que están buscando a Teo y necesitan hallarlo urgentemente. Diez hipótesis serán las encargadas de ir mareando y sacando de las casillas al protagonista.

Lo irónico es que este buen hombre es una víctima y a quien se desea unir a todo el sistema orgánico, implacable y -por lo visto- efectivo, que fueron armando sin siquiera proponérselo. Se dice que la unión hace la fuerza y en esta dramaturgia se ve reflejado como uno de los puntos más destacados por el guión.

En segundo lugar: ¿quién es Teo? Cada vecino dará su declaración según el punto que más lo favorezca pero dicha declaración no será en un tribunal sino en la casa donde se irán sucediendo las escenas -pruebas- una y otra vez.

Justamente, el modo de narrar, no permite que el espectador se pierda -ya que se trata de tener cuenta mucha información en poco tiempo- y que aproveche al máximo la historia. Me sentí una detective, intentando juntar pistas para dilucidar el conflicto. Y es que no es tan sencillo saber cuál es.

Teo es el joven buscado por estas personas pero le adjudican una violación. Este hecho no se logra demostrar que sea cierto, pero cada uno intentará -desde su lugar- desdecir la versión del otro para que no salga a la luz el íntimo secreto de cada uno. Y acá llegamos a la resolución del caso: la vergüenza que sienten todos por lo que fueron haciendo en sus vidas y cómo intentaron tapar con un dedo la sombra más oscura.

La narración es perfecta e intrigante, de principio a fin. Pueden existir varias lecturas por parte del público. En lo que a mí respecta, encontré dos desenlaces. El más visible sería la muerte de un inocente que se intentó usar para tapar las calumnias e injurias adjudicadas a su persona. El otro final, más espiritual y filosófico, sería: la posibilidad de combatir, extinguiendo las palabras que perjudiquen y suplantándolas por aquellas que cierren correctamente, como para no dejar expuesta a la versión oficial.

La prueba de lo contrario1

Es que “La prueba de lo contrario” se apoya en la lengua, en la palabra, en el cómo, en la reiteración, en la repetición y en la.posibilidad de encontar la manera de sustituir lo que estorbe.

Teniendo en cuenta todo esto, claramente Teo, no era un joven distinguido sino alguien a quien se le arrebató la vida en un abrir y cerrar de ojos.

Este vecino, irá recibiendo la visita de estos victimarios que lo intimarán hasta inculcarle sus valores, sus modos de pensar y sus razonamientos. Está en él decidir y elegir a quién creerle y está en él desenredar las versiones para armar su propio rompecabezas… deberá hacerlo rápido como para no perder la razón y su cordura.

Una noche a las 20 horas, irá narrando Teo, -el mismo que momentos después pedirá ayuda-. Quizás nadie lo escuche o, tal vez, a nadie le importe.

Esa noche marcará un antes y un después en la vida de los integrantes del pueblito. Ellos tendrán la posibilidad de arrepentirse, aunque parece prevalecer en sus interiores el egoísmo. Ese sentimiento tan impuro e ingrato que los sellará como lo que son: seres incapaces de amar al prójimo.

Cabe aclarar que en un momento de la obra, la empresa que brinda la electricidad decidió cortarla. Este corte dejó a la sala en una oscuridad absoluta, quedando como un efecto a drede, y, al retomar con unas luces pequeñas de emergencia, la historia se sintió más íntima, permitiendo que disfrutemos, aún más, de La prueba.

Mariela Verónica Gagliardi

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Amar como animales y pelear como tales

Hay una canción muy conocida de Bersuit Vergarabat que dice así: “coger no es amor, es mucho mejor”.

Los humanos estamos acostumbrados a separar el acto sexual del amor, cuando en realidad no hay motivo para hacerlo. Se puede coger sin amar a la persona o, también, amándola. No es condición sine qua non.

Vos, ¿disfrutás carnalmente como una fiera?

¿Puede un animal ser egoísta, provocador, perverso y disfrutarlo? ¿Puede un humano sentir y dejarse llevar sin evaluar en todo momento si conviene o no lo que su instinto le dicta?

La piedad y los animales nos presenta a una pareja conformada por: Marisa (Paula Morales)  – una actriz en ascenso – y Roy (William Prociuk) – un pintor muy apasionado por su carrera -. Si bien están casados, no son muy felices que digamos. Él necesita satisfacer sus deseos sexuales con otra mujer y comienza a tener encuentros ocasionales con Laura (Thelma Fardín), – una modelo muy sexy y que sabe lo que quiere -. Sus dos amores, son totalmente opuestos y complementarios en su vida. Cabe entonces preguntarse si está mal lo que él hace.

Pero, ¿qué relación guarda la piedad con esta obra de teatro? Miguel Ángel, en el siglo XV, realizó una escultura llamada la Piedad florentina, la cual consta de cuatro personajes: el Cristo muerto, sostenido por la Virgen, María Magdalena y Nicodemo. Si bien no se toca el tema religioso en ningún momento, está claro que la piedad se observa y se siente como la compasión que un humano puede sentir por otro.

Su director Fernando Ferrer, recrea, de esta forma, un conflicto relacionado con el amor y con la soledad, más allá de estar acompañados. Es muy interesante escuchar los diálogos entre los protagonistas, totalmente reales y abrumadores. Da la sensación de estar mirando una serie de televisión, donde cada movimiento sutil significa un todo.

Si tenemos en cuenta, la idea principal de la obra, nos refleja cómo Marisa, por hacerse la open mind, termina bebiendo de su propia medicina. Ella, un día, tiene la idea de que su marido tenga una amante, pero no se da cuenta que esa idea no es la indicada para su vida. A partir de ese momento, sus celos irán aumentando hasta un punto ya enfermizo.

Pero, ella, opta por no quedarse atrás y también tener una relación ocasional con otro hombre que termina siendo el mejor amigo de su marido, Fred (Ezequiel Tronconi) – su socio y representante -. Esta situación parece no afectarle al pintor famoso ya que por lo que más se preocupa es por estar bien. Él siente con el corazón, con su cuerpo, con su piel y sus órganos, como los animales. No siente remordimiento por nada y placer por todo, desde su amante hasta de beber un buen vino tinto.

En una oportunidad, se le ocurre a Roy, hacer una reunión con los cuatro integrantes. Cree que de esa manera se va a poder sacar alguna conclusión positiva con respecto a los vínculos establecidos por ellos de forma natural, pero no se imagina que la catástrofe está por avecinarse.

Durante el encuentro, los cuatro comienzan a mostrar su intimidad al desnudo y eso provoca choques entre unos y otros, a nivel dialéctico y físico. Lo burdo, lo versátil y lo fugaz comienzan a tomar las riendas en el escenario. Lo que en un principio fue importante, deja de serlo. Lo no valorado, surge como valorado. Lo central en la vida de estos personajes se extingue de un minuto para otro y cobra importancia aquello más simple, llamado cariño.

Aunque la trama tenga gags para hacernos reír, lo fundamental en La piedad y los animales es acompañar los vaivenes de los personajes de una manera entretenida pero con una visión específica sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Podrán tener la profesión que sea, pero lo que vale en la vida de ellos es el amor, desde sus cimientos.

¿Se tratará de humanizarse un poco más o de ser más animales cuando lo sintamos? Si el humano surgió del animal, ¿por qué no puede conservar ese instinto en todo momento? ¿Puede ser el animal más humano que el hombre?

Los amantes de esta obra que parecen ser desvalorizados, justamente por su condición, demuestran su excelente profesionalismo y talento a lo largo de la puesta en escena. Sus actuaciones nos dejan boquiabiertos, tienen muchas técnicas de teatro como mirar al público, hacer ademanes, gestualizar, proyectar la voz para que se entienda lo que dicen, entre otras cosas.

Una felicitación muy especial para Thelma Fardín y Ezequiel Tronconi, quienes dejaron sus huellas en el escenario.

Por el lado de los protagonistas, también se esmeraron mucho y se nota que tuvieron un gran proceso de aprendizaje. Pudimos ver a una Paula Morales haciendo un papel muy diferente a los que le tocaban, generalmente, en la televisión. Y, William Prociuk, se podría resumir que fue el hilo conductor de cada pasaje y cambio de rumbo en las escenas.

Con respecto a la iluminación del espectáculo, cumplió un rol importante ya que al descender la misma, marcaba una separación entre un acto y otro.

Esta obra nos hace reflexionar, muy intensa y minuciosamente, en nuestro interior, qué es lo que anhelamos y cómo conseguirlo, tratando de no dañar a quien queremos o sabiendo disculparnos si nos es imposible evitarlo.

Por último, les haré una pregunta profunda: ¿tienen piedad los animales o tienen piedad los humanos?

Descubrílo junto a ellos, en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960 – C.A.B.A).

Mariela Verónica Gagliardi

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