*** Noviembre 2017 ***

Antihéroe off

ficha Antihéroe off“Para poder alcanzar la sensibilidad del espectador en todas sus caras, preconizamos un espectáculo giratorio, que en vez de transformar la escena y la sala en dos mundos cerrados, sin posible comunicación, extienda sus resplandores visuales y sonoros sobre la masa entera de los espectadores” (Artaud, Antonin, 1938, El teatro y su doble).

Existen momentos en la vida en que todo pareciera ser una nebulosa tan grande como infinita a la vez. Desde ese nubarrón pesado, denso y angustiante es que Remo se para ante un público que oficiará de confidente -para guardar sus intimidades más preciosas y sufridas-.

De esta manera, Patricio Abadi, escribe e interpreta a un padre y actor que pretende escapar de la realidad componiendo diferentes personajes, los cuales se combinan de un modo humorístico, existencialista y satírico. Una fusión, realmente, conmovedora en la que el artista es superado por su presente y futuro, luchando por reunir el dinero necesario y viajar hacia Inglaterra a reencontrarse con su pequeño hijo. Toda la puesta en escena girará en torno a su niño a quien no ve hace tiempo.

¿Cuántos padres como Remo existirán y quisiéramos que existan para que el mundo sea más noble y espiritual?

Remo, como una sencilla acepción relacionada al movimiento, al avance, a querer llegar a ese puerto en que se encuentra su amor más grande, fruto de la esperanza.

Así es la historia de este luchador en Antihéroe off y que se embiste como una criatura sufrida, noble y sincera. Un verdadero héroe que solo precisa confiar en sí mismo y proyectar un futuro colmado de fortunas -no solo económicas sino sentimentales-. Allí, desde un sitio que oscila entre la desesperación, la angustia, la depresión, las botellas de alcohol, los sueños y cada uno de los recuerdos; está Remo. Pretendiendo estar, permanecer y avanzar si saber bien cómo. Sin referentes a quien copiar o pedirle ayuda, sin una familia, con personajes que compone desde antaño -pero que no tiene la oportunidad de mostrar en vivo-, con la grandeza obtenida por tanto sufrimiento y por el estar en pie cuando su corazón está derrotado absolutamente. ¿Cómo dar cuando ya no se tiene?

De repente, una voz infantil se escucha desde un grabador de juguete y la piel se me eriza completamente. En este momento del unipersonal se produce un quiebre en que el humor es dejado de lado y ya no puede disimularse el dolor que invade a este hombre que rememora sus comienzos en los escenarios, su primer profesor de teatro y las páginas leídas de autores excepcionales que lo formaron profesionalmente. Todo, ¿para qué?

Pareciera ser que él no quiso ser actor sino huír de sus penas, ponerse el traje de Hamlet pero hablar con otra voz, combinar el delirio con el clasicismo y la oportunidad con el deseo.

Abadi es un talentoso que deja todo en el escenario, que suda como boxeador y sufre como padre, que baila como Freddy Mercury pero llora como niño, que lucha como un águila pero cae como un pichoncito de su nido incluso antes de nacer, que implora al universo su existencia y no obtiene las respuestas que busca, que quisiera estar simplemente con su hijo a quien ama desde lo más profundo pero que no tiene el dinero para un pasaje, ni la oportunidad de actuar en Londres ni un hombro en que apoyarse para descansar.

Y, de repente, una tortuga camina lentamente simbolizando a Artaud y su teatro absurdo. Simplificando la complejidad del hombre y explicando la esencia de la existencia humana.

Chuker, el poeta edulcorado es aquel personaje que descontractura la presión del artista-hombre, que lo encauza y permite reír en medio de tanta pena.

Resulta increíble el don que tiene Patricio Abadi para manejar cada uno de los clímax por los que transita la obra, metiéndose a cada espectador en el bolsillo y andando por momentos risueños al principio y dramáticos (plenamente) hacia el final.

Con respecto a la iluminación, a la música y efectos, todo está a merced del espectáculo otorgándole los detalles necesarios para que Remo se concentre y transmita cada uno de sus sentires, despreocupándose por el entorno. A su vez, los objetos que aparecen le sirven para citar e ir componiendo cada partecita de su ser, cada detalle de su relato y cada lágrima contenida.

“El corazón tiene razones que la razón no entiende” (Pascal, Blaise), afirma en cierto instante y así consigue asumir ciertas elecciones del pasado que lo ubicaron donde hoy está parado, frenado y obstaculizado -en cierta forma- por él mismo.

Y, como si el telón cayera ferozmente de golpe, se acentúa diciendo que el actor “tan cerca de la basura como de la eternidad” (Kantor, Tadeusz).

Mariela Verónica Gagliardi

 

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Comentarios en: "Cuando el dinero podría comprar la felicidad" (1)

  1. […] Sabor a Teatro: “Resulta increíble el don que tiene Patricio Abadi para manejar cada uno de los clímax por los que transita la obra, metiéndose a cada espectador en el bolsillo y andando por momentos risueños al principio y dramáticos (plenamente) hacia el final.” Mariela gagliardi https://saborateatro.com/2016/01/02/cuando-el-dinero-podria-comprar-la-felicidad/ […]

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