*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un enemigo del pueblo, De Henrik Ibsen

Un enemigo del pueblo«Un enemigo del pueblo» regresa al Complejo Teatral de Buenos Aires. Es la tercera vez que esta polémica pieza de Henrik Ibsen sube a sus escenarios, las anteriores, de 1972 y 2007, se basaron en la popular y más conocida versión que el dramaturgo estadounidense, Arthur Miller escribió en 1950. En esta nueva puesta en escena me basé exclusivamente en el texto original del autor noruego, en el cual este “librepensador” de finales del siglo XIX se cuestionaba asuntos que aún hoy siguen siendo controversiales. El tema central de la obra, el conflicto de intereses, de valores y de opiniones que separa a los personajes es de una actualidad sorprendente, lo que me permitió trasladarla a la Argentina de hoy, no en un contexto político real pero sí con nuestra idiosincrasia y lenguaje. En esta puesta de 2018 me propuse rescatar lo que considero que Ibsen se planteaba en 1882: no un conflicto entre buenos y malos, sino entre seres humanos, con sus contradicciones, sus miserias y sus virtudes. Seres reales, reconocibles, con los que podemos identificarnos y así conseguir, tal vez, que los espectadores salgan del teatro con más preguntas que respuestas. Lisandro Fiks

PREMIOS Y NOMINACIONES

Premio ACE, Mejor drama y/o comedia dramática, adaptación y traducción: Lisandro Fiks. GANADOR.

Premio ACE, Mejor actor protagónoco: Juan Leyrado. GANADOR.

Premio ACE, Mejor director drama y/o comedia dramática: Lisandro Fiks. NOMINACIÓN.

Premio ACE, Mejor música original: Lisandro Fiks. NOMINACIÓN.

ACE DE ORO 2019: Juan Leyrado.

Premio TEATRO DEL MUNDO, adaptación: Lisandro Fiks.

Premio TEATRO DEL MUNDO, traducción: Lisandro Fiks.

Premio ESTRELLA DE MAR, Mejor drama y/o comedia dramática. GANADORA.

Premio ESTRELLA DE MAR, Mejor actor protagónoco: Juan Leyrado. GANADOR.

Premio ESTRELLA DE MAR, Mejor actor secundario: Raúl Rizzo. NOMINACIÓN.

Premio ESTRELLA DE MAR, Mejor director: Lisandro Fiks. NOMINACIÓN.

PremioESTRELLA DE MAR, Mejor música original: Lisandro Fiks. NOMINACIÓN.

Premio JOSÉ MARIA VILCHES, MEJOR OBRA TEATRAL 2019.

PREMIO PROVINCIAL DE TEATRO 2019, Mejor obra nacional presentada en Córdoba.

AutoríaHenrik Ibsen

AdaptaciónLisandro Fiks

VersiónLisandro Fiks

TraducciónLisandro Fiks

ActúanRomina Fernandes, Juan Leyrado, Edgardo Moreira, Bruno Pedicone, Viviana Puerta, Raúl Rizzo

MúsicosLisandro Fiks, Emanuel kiki Gaggino, Santiago Martínez, Analía Rosenberg, Rodrigo Soko

VestuarioMicaela Sleigh

EscenografíaMicaela Sleigh

IluminaciónAgnese Lozupone

Música originalLisandro Fiks

Asistencia de iluminaciónMaria Cecilia Font Nine

Asistencia de vestuarioJosefina Minond

Asistencia de direcciónRosana Rodríguez, Daniela Sitnisky

DirecciónLisandro Fiks

Duración: 100 minutos

Clasificaciones: Teatro, Adultos

MULTITABARIS COMAFI

Av. Corrientes 831 – C.A.B.A.

Web: https://www.multiteatro.com.ar/teatros/3-multitabaris-comafi.aspx

Entradas desde: $ 900,00 – Domingo y Sábado – 19:30 hs

Entradas desde: $ 900,00 – Miércoles, Jueves y Viernes – 20:15 hs

Entradas desde: $ 900,00 – Sábado – 22:00 hs

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Patriarcado versus Matriarcado. ¿Dos caras de una misma moneda?

El padre1

Ficha El padreNadie nace de un repollo pero hay quienes tienen la posibilidad de tener un padre presente y quienes se quedan con las ganas de poder disfrutarlo por diferentes circunstancias de la vida.

Hay quienes discuten, pelean y no le dan crédito en su familia por considerar que las decisiones las deben tomar otras personas. Por más irrisorio que suene esto, antes y ahora la figura de un padre ha sido y es boicoteada. El padre antes era el encargado de trabajar hasta el cansancio, hacer dinero y cumplir con todas las obligaciones. Sin embargo, la mujer, se dedicaba a tareas de la casa, a cuidar de los hijos y, tantas veces, a administrar el dinero ganado por su marido. ¿Que si la mujer estaba de acuerdo? Algunas quizás no, otras quizás sí y algunas tal vez ni siquiera se lo planteaban.

Sin caer en una dramaturgia sexista ni machista, El padre, la casa está que arde (es una adaptación de Fraden, del escritor sueco August Strindberg, dirigida por Marcelo Velázquez) es una delicia que se va digiriendo de a poco. Y digo, de a poco, porque a simple vista el texto podría ser atacado, por eso es ideal ingresar a la función en modo neutral para escuchar, mirar y observar (por sobre todas las cosas) de dónde viene este hombre, qué pretende conseguir y hacia dónde lo van llevando sus decisiones.

Haciendo un pequeño análisis sobre la vida de Strindberg, podemos decir que en el plano sentimental, tuvo una vida bastante sufrida, tuvo algunos intentos de suicidio, tenía un gran miedo a la soledad y la dificultad de adaptarse a la realidad real. Estos conflictos personales y tantos otros más le permiten soslayarse en la literatura y convertir sus desgracias en interesantísimas dramaturgias.

Lo que primero llama la atención es la escenografía, la cual está ubicada a lo largo del espacio y que le permite a los actores utilizarla como necesiten en todo momento. Ellos podrán caminar cual pasarela, usarla como mobiliario, escritorio y con diversas funciones, sin tener que cambiarla durante la dramaturgia.

Corría el año 1887 cuando el autor escribió este interesante e intrincado texto. Y, cabe cuestionar-se si algo ha cambiado en nuestros tiempos vigentes. Si la mirada de una mujer sobre su marido es otra, si la mirada de una sociedad completa acepta los cambios y qué lugar ocupa cada esposa en su hogar en la toma de decisiones. Porque es muy fácil y simplista colocar una figura con un rol determinado y pasar a otra cosa. Pero esa decisión tendrá consecuencias y la toma de una ideología que no podrá esfumarse.

Este padre es un ex Capitán del Ejército y pareciera, por momentos, no abandonar su uniforme ni su autoritarismo. Sin embargo, Laura (su mujer) no consigue ponerse de acuerdo con él sobre cómo educar a Bertha (hija de ambos) y, a partir de ese conflicto, todo lo que vendrá será catastrófico. Una manipulación tras otra recaerán en este hombre que terminará abatido, sin energía ni ganas de vivir. Y no es que haya que tenerle lástima o rendirle pleitesía pero su carácter lo ha metido en problemas difíciles de resolver con un chasquido de dedos. Él no será consciente de la ola de vicisitudes que se avecinarán y, cuando eso ocurra, ya nada podrá hacer para revertirlo.

Edgardo Moreira se sumerge desde el comienzo de la historia dramática en la piel de este ser, consigue interpretarlo de una manera formidable y en cuanto brotan lágrimas de sus ojos, el público se conmueve. No existe posibilidad de no emocionarse, de no sentir algo de pena por el lugar en que está ahora. Tanta lucha no le sirvió para ser escuchado. Y es que, tal vez, él no tenga ganas de equilibrar su matrimonio y solo quiera ganar: como en la guerra. La dupla que consigue con su nana (Ana María Castel) es tan tierna y sutil que dibuja una sonrisa en nuestros rostros. Sin embargo, este personaje irá mutando a lo largo de la historia y dará qué hablar su completa transformación.

En el siglo XIX se pretendía derribar al patriarcado, como ahora. Quizás como siempre.

Pero, aniquilar un sistema de antaño no significa derribar a quien tuvo el mando de determinadas decisiones. Debería ser poder compartir y, juntos enfrentar las adversidades. Pero esto hace temblequear al protagonista de Strindberg y que se sienta solo. A partir de esa soledad él pierde un poco la razón y todos sus miedos se apoderan de su cuerpo. Y cuando digo de su cuerpo no me refiero solo a la parte externa sino a su esencia, aquella que le permitió estar en pie y ser quien es hasta entonces.

Por eso, ¿es posible extinguir al patriarcado sin desmerecer la figura de papá?

¿Es posible vivir sin un padre? ¿Es posible que una madre haga lo que sea para convertirse en la sucesora de esa figura que tanto aborrece?

Habría que tener el cuidado suficiente como para no convertirse en espejo de lo que más se detesta. No sea que un día ese fantasma se apropie de las criaturas que parecían más celestiales y bondadosas.

Un elenco súper talentoso que se completa con Marcela Ferradás, Enrique Dumont, Luis Gasloli, Denise Gómez Rivero y Santiago Molina Cueli. Cada uno se complementa con el otro y por eso es que esta pieza artística agota localidades en cada una de sus funciones. Porque los actores desde ya tienen su trayectoria y porque conocer lo que un hombre piensa en su rol de padre es algo que no abunda en estos tiempos. Porque cada época tendrá sus hitos, complejidades y problemas a resolver; pero si más de un siglo después se sigue considerando que en una familia tiene que haber alguien que dirija esto sería lo más complicado de modificar, no al patriarcado en sí. Porque ningún ser humano merece ser desvalorizado para tomar su lugar o posición. Por eso, este Padre es la muestra intacta de lo que hombres y mujeres tenemos que destruir sin acabar con nosotros mismos. ¿Humanos contra humanos?

Mariela Verónica Gagliardi

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La sonrisa más macabra

La herencia de Eszter2

Ficha La herencia de EszterNo hace falta mencionar que los temas de bienes siempre crearán conflictos, de una parte o de otra. Más cuando se trata de una persona que ha fallecido y que no tiene voz presente para decir: ¡basta!, cuando todo esté a punto de descontrolarse por completo.

La herencia de Eszter (novela escrita por Sándor Márai, adaptada por María de las Mercedes Hernando, con la eximia dirección de Oscar Barney Finn) vuelve a confirmar cómo lo más inesperado puede apoderarse del más débil y cómo la ambición puede volverse más enfermiza que cualquier tipo de dolor real y verdadero. Una novela que se escribió en el año 1939 (comienzos de la Segunda Guerra Mundial) y con muchas luchas de clases, conflictos e intereses que harán convertir la quietud en un acto belicoso, hasta reposar en el más confortable «paraíso».

Un texto en el que será posible reposar en la más exquisita y apacible paz llevada adelante por el personaje de Eszter (Thelma Biral), quien le otorgará a la dramaturgia ese brillo especial que tiene una actriz de esta trayectoria y nivel como ella. Así será posible recorrer su casa y jardines de una manera relajada, pudiendo prestar atención a los extensos diálogos de Márai. Claro que una protagonista necesita de un elenco encantador como el que le tocó para hacer posible todo este éxito ya en su debut.

Pero, ¿por qué la presencia de Lajos (Víctor Laplace) hará sucumbir con su visita?

Pasaron dos décadas desde la última vez que se miraron a los ojos y jamás se comunicaron a lo largo de los años. Aunque parece que el tiempo podría ser tan relativo como un amor que no ha culminado o que jamás ha surgido como se merecía.

Aquí es entonces cuando surgen algunos interrogantes y conceptos. Por ejemplo: la valentía. ¿Podría haberse modificado el destino si Eszter recibía la supuesta carta que le envió Lajos? ¿Realmente esas palabras volcadas en un papel fueron robadas por su hermana para impedir el romance? ¿O Lajos pretende salirse con su cometido poniendo todas las cartas sobre la mesa sin tener algo de bondad en su accionar?

Este drama es realmente exquisito y si bien el ritmo de los relatos es bastante lento, dichas pausas permiten que el disfrute sea aún más profundo. En tiempos en que todo «debe» resolverse con un chasquido de dedos, es importante que existan piezas artísticas puestas en escena con estas características y que la ambientación signifique parte del argumento y la fusión con el mismo.

Quienes conozcan la novela sabrán que el hilo conductor está puesto sobre Eszter y Lajos, pero en el pasado. Es cierto que la historia se narra en presente pero es un presente gastado y con aroma a viejo, como huelen aquellas cosas no resueltas. Así, esta pobre mujer transcurre sus días en calma pero sin ningún sobresalto, junto a una amiga de siempre. Posiblemente, ninguna de las dos imaginó cómo terminarían ni por qué.

Aunque Eszter no es una persona que tenga en mente combatir a su ex amor ni mucho menos contradecirlo. Su nobleza la convierte en un ser apacible y con una sonrisa tan inmensa como el jardín que disfruta, contemplando cada una de sus flores y árboles. Por momentos pareciéramos estar en El jardín de los cerezos (Chéjov), en que la naturaleza y su gran casa entran en disputa familiar. Es cierto que resulta, a veces, hasta absurdo pensar por qué sus huéspedes debieran «abandonar» el lugar en el que viven porque otro así lo dictamina.

Colores verdes, la vegetación inundando las lágrimas de las soñadoras y encrudeciendo a los más astutos y mordaces. Con unas interpretaciones que completan la fascinante trama, puede vislumbrarse cómo los personajes secundarios no son más que eslabones fundamentales para ir armando, a medida que avanza la obra, un perfecto tapiz.

La perfección que puede notarse en el vocabulario, en los modismos, en el lenguaje protocolar, en el vestuario épico y conservador, en un escenario estático como el lento avance de la historia política en que fue escrita la novela de Sándor Márai. Un contexto que vale la pena conocer y explayarse. El dramaturgo también fue poeta y vivió en lo que actualmente se conoce como Eslovaquia (anteriormente, Hungría). Su vida no fue fácil y su manera combativa de defender sus ideales lo expuso de pies a cabeza. Así lo deseó y así lo llevó adelante. Pero eran tiempos del nazismo y su entereza para expresarse al líder de este movimiento lo hizo enfermar de tal manera hasta terminar con su propia vida. Huyendo de su país hacia 1948 (ya que el ejército soviético había invadido su tierra natal), estuvo viviendo en Italia y Estados Unidos (entre algunos de los lugares por los que transitó). Él se consideraba burgués, pero no como se lo suele entender vulgarmente, sino como un estilo de vida, como un modo de hacerle frente a la misma y de pelear por propósitos.

Lo irónico de todo esto fue que una vez fallecido, cayó el Muro de Berlín y, posiblemente, su historia hubiera sido muy distinta de haberlo podido vaticinar.

Entonces es como al ver la figura de Lajos, un hombre completamente carismático, también podemos ver a Hitler. Y no quiero decir con esto que se trate del movimiento nazi, sino de una actitud hacia la sociedad (que es, de algún modo, la propia familia o lo que queda de ésta). Un líder que es apoyado por una mayoría, una mayoría que ignora -quizás- cómo la confianza puede ser utilizada y convertida en la peor pesadilla.

Mariela Verónica Gagliardi

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Te aplasto como insecto

El invernadero9

El escritor Harold Printer escribió hacia fines de los años cincuenta, El Invernadero, época en que se desató la Revolución Húngara (1956), un movimiento revolucionario que tuvo lugar contra el gobierno del país y de las políticas impuestas desde la URSS. Lo que estaba en juego era la retirada de las fuerzas soviéticas del territorio de Hungría y el gran poder que ejercía el Politburó contra la revolución.

Recién treinta años después se crea la Tercera República Húngara y cada 23 de octubre se conmemora por lo ocurrido en 1956.

Dentro de este contexto es que Pinter idea su dramaturgia The Hothouse (El Invernadero), una comedia policial con tintes de farsa y absurdo.

Resulta imposible no dejarse seducir por la propuesta dirigida por Agustín Alezzo e integrada por un elenco de actores maravillosos que mantienen, fielmente, la estética inglesa de aquél entonces.

El director de un centro de salud mental, protagonizado por Edgardo Moreira, es quien irá hilvanando su parecer intrincado e implantando la duda sobre cada certeza supuesta de los demás empleados del lugar. Es así como la historia se convertirá en un juego detectivesco en que los espectadores serán los encargados de encontrar el motivo de existencia de esta institución, por qué los internos llevan número en vez de nombre, a qué se debe tanta intriga y por qué los discursos se vuelven más importantes que las acciones.

Sin lugar a dudas que existen dos conflictos a partir de los cuales girarán las dudas: la muerte del paciente 6457 y el nacimiento de un bebé. Estos hechos estarán en boca de los que habitan este sitio tan frío y cobarde a la vez. Y, por qué utilizo esta última palabra. Justamente porque si no existiera dicha institución física, le sería imposible al hombre (y con hombre abarco a aquel que le toque tomar el poder en el momento indicado) imponerse ante los demás.

Si bien el organismo parece ser de salud mental por las charlas que se definen durante la obra, lo cierto es que no se dice de modo explícito (creo que no hace falta hacerlo tampoco ya que diversos mecanismos de tortura dan cuenta de ello).

El Invernadero podría bien ser el escenario revolucionario sito en Hungría y los directivos, aquellos rusos que reprimían física y psicológicamente a quienes luchaban por sus derechos y un país libre de toda invasión externa. Los sin nombre, serían los desprovistos de derechos que pretendían aunque sea permanecer vivos y salvos. Pero, cómo salir ilesos de un mecanismo represivo tan eficaz que dominaba con la acción más que con la palabra, aunque en la mano de Pinter, es la palabra, la encargada de desvalidar la acción -haciendo énfasis en lo absurdo que resulta aniquilar al otro sin tener argumentos racionales para hacerlo-.

Y cuando no se encuentra la manera de luchar de igual a igual, se mata o reprime de la peor manera, dejando a la víctima desprovista de defensa. Este abuso de autoridad se ve plasmado, íntegramente, a lo largo de toda la historia y resulta agobiante cómo la lingüística puede anular el pensamiento ajeno, así como también -si se lo desea- el acudir a la tortura física.

En cuanto la luz blanca se esfuma, la roja alumbra a un pobre interno a quien se lo intenta vaciar hasta matándole su propia alma. Convertido en un mero robot que dice y responde como los “otros” quieren, es que su corazón se duerme para siempre. Así transcurre esta puesta en escena al igual que la vida de cualquier mortal.

Si el poder pudiera distribuirse -como la riqueza que jamás se reparte-, en partes iguales, esta obra no tendría su motivo de existencia ni tendría la obligación de educar a través del diálogo y del humor.

Porque todo lo que duele no fortalece, a veces extermina como si los humanos fuesen insectos devenidos en plaga. Y como la plaga se denomina con tal nombre, deja de interesar.

El Invernadero jamás pasará desapercibido porque se ubica en un lugar intrincado, en que se puede debatir y a partir del cual ganará no el mejor sino el que se atreva a tener más sangre en sus manos, dejando de lado la culpa. Qué replanteo podría tener una persona que solo siente con la cabeza y con el interés insoslayable de poseer lo que otro tiene, sin importar las consecuencias.

El Invernadero no es una moda y por ello podría seguir en cartelera de por vida. Porque no tiene imperfecciones, porque todos los artistas tienen su momento de protagonismo y porque quien podría ser el culpable es solo para distraer la atención de aquellos dormidos por el sistema.

La corrupción, la seducción y el poder coercitivo; desfilan incesantemente hasta que ocurre la desgracia.

Elenco: Edgardo Moreira, Nicolás Dominici, Georgina Rey, Sebastián Baracco, Federico Tombetti, Bernardo Forteza y Jorge Noya. Escenografía y vestuario: Marta Albertinazzi. Sonido y música original: Mirko Mescia. Asistencia de dirección: Martin Ventimiglia. Dirección: Agustin Alezzo. El Camarín de las musas. Funciones: viernes 21 hs, sábado 19 hs.

Mariela Verónica Gagliardi