*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Un atentado al corazón

Miranda10

El 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de Pan Am (compañía estadounidense) sufre un atentado, a partir del cual pierden la vida varias personas de diferentes nacionalidades. Esta noticia, es adaptada para la obra de teatro, informando que sucede en la ciudad de San Pedro.

Ni la vida se compra ni la muerte se compra. Ambas cosas, llegan cuando tienen que llegar, por más rezo o plegaria que hagamos. Ni un Santo ni una oración podrán devolver a quien ya no está o asumir realmente lo que toca cuando esa persona ya no esté presente para escucharnos.

«Miranda» (escrita y dirigida por Ulises Puigrós) no se centra en la muerte aunque sí logra abordarla de algún modo. La sala de Corrientes Azul parece ser el lugar escogido para confesiones tan reales como tristes en que, se diga lo que se diga, las lágrimas nos recorren.

Desde un comienzo, la iluminación tenue y la vestimenta sombría, contextualizan el ambiente: un velorio. Si bien hay un muerto -que jamás vemos-, las culpas, la discriminación y la violencia tienen su espacio para determinara quién es cada uno y qué pretende del otro.

Miranda es una diva glamorosa, actriz protagonista de la novela de la tarde, y un ser que tiene demasiado para decir. Como si las palabras no bastaran, ella está presente y, de a poco, logrará silenciar cada acto de maldad o ignorancia por parte de su familia.

Su hermano, su cuñada y su mamá formarán parte de la sociedad ochentosa que apenas lograba conocer sobre la homosexualidad y cada concepto tan lejano como exasperante. Miranda, por otro lado, argumentará e integrará a los menos escuchados, a ese pequeño sector que pareciera ser -aún actualmente- el más relegado y equivocado. Ridículamente, ya es momento de aceptar que no existe persona que tenga la razón, cada una tiene sus justificaciones y no siempre es necesario darlas. Quien más necesita entender es, seguramente, quien menos definida tenga su vida y quien más pena sienta de sí mismo.

Miranda es el reflejo del sufrimiento, del padecimiento, de la lucha diaria, de la grandeza, del orgullo de tener libertad y una alegría a su propio corazón. Ella no necesita condenar sino ser. No precisa de un manual de instrucciones ni de tener la posibilidad de hacerse notar. Ella, después de mucho tiempo, vuelve, regresa a su casa y es ahí cuando lo olvidado resucita.

Como si se tratara de un baúl lleno de polvo y telarañas, ella lo abre para hacerle notar a su familia lo mal que estuvo.

Admirarla es lo que resulta. Primero por la pantalla chica y después al verla en vivo.

Si siguen existiendo temáticas de género en el mundo artístico es porque las minorías necesitan ser tenidas en cuenta y precisan aprobación de alguna manera. Mínimamente para no sentir que su condición las convierte en minusválidas.

Un gran trabajo de Ulises Puiggrós que le quita el velo al misterio cuestionado por los más impertinentes sectores sociales, aquellos que se creen con derecho de ofender y, la cobardía, de no marchar por sus propias inquietudes.

Entonces, se pueden tener en cuenta -como una sucesión de hechos- varios aspectos: el motivo de la muerte de este padre, el regreso de su hija y el dolor del pasado.

Quién es quién resulta fundamental para observar «Miranda», una comedia dramática que demuestra la delgada línea entre el hoy y el mañana, entre una decisión bien tomada y una mal tomada.

No juzgar se convierte en la acción más solicitada para entender el argumento de esta dramaturgia. Cada uno vive como puede y hasta las declaraciones más rígidas e hirientes por parte de la viuda, son entendibles pero no justificables.

La gran actuación de Tati Martínez, conmueve, emociona y brinda tanto placer que es imposible no emocionarse. Con su embarazo, se desplaza en escena, juega a ser esposa y futura mamá a la vez que le confiesa a Miranda su malestar verdadero.

Como un estallido que irrumpe sin pedir permiso, así quedan marcados estos personajes, quienes interactuarán entre sí desde lo que fueron y, quizás, puedan dejar de ser.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Unidos, jamás serán vencidos

Los tres mosqueteros1

Miguel Cervantes con su Don Quijote de la Mancha impulsó a varios escritores y ensayistas a relatar diversas aventuras entre caballeros, atravesando lugares hostiles y teniendo que combatir para avanzar. En 1615 se publica el primer tomo y esta otra historia toma su esencia, humor y valentía para que triunfe la ideología y, por supuesto, el amor.

Francia es el lugar en que se desarrolla Los tres mosqueteros, una novela que se escribe dos siglos después que la anterior y dentro de la que se pueden analizar los lazos entre instituciones, entre el pueblo y entre ambos.

En 1617, Luis XIII logra acceder al poder ordenando que maten a Concino Concini y, luego, le pide a su madre que se exilie del país para poder poner en el trono a uno de su agrado: el duque de Luynes.

Unos años son atravesados por continuos enfrentamientos entre madre e hijo, enfrentamientos con ejércitos de por medio e inclusive una guerra civil. Cuando la paz, por fin, llega el rey hace lo posible para que se permita profesar la religión católica que había sido prohibida por los protestantes. Su apodo de El justo, se le otorga gracias al equilibrio que consigue establecer entre ricos y pobres.

Eran momentos en que la Iglesia y la Monarquía retenían el poder absoluto de la población, de las decisiones y del porvenir de un Estado. Así fue como la figura del cardenal Richelieu se torna relevante en la historia y esta dramaturgia de Los tres mosqueteros, una dramaturgia en que tres hombres luchan por sus ideales, arriesgan sus vidas y se unen para derribar el mal.

Esta puesta en escena (con libro y letras y dirección de Hernán Espinosa) está basada en la novela original de Los tres mosqueteros (Les trois mousquetaires) de Alexandre Dumas pero con varios tintes diferentes que la vuelven más dinámica y entretenida.

Hace dos días murió el padre de D’Artagnan (Patricio Arellano), quien será el héroe y protagonista de la historia. Este adolescente desea formar parte de la Compañía de Mosqueteros del Rey (integrada por Athos, Porthos y Aramis) y, justamente, lleva consigo una carta de recomendación redactada por su progenitor que debe hacérsela llegar a Tréville para tal efecto.

A partir de esta noticia, son varias las luchas, enfrentamientos y muertes que ocurren, haciendo prevalecer antes que nada a la fidelidad. Estamos ante una historia que ocurrió hace cientos de años atrás y, sin embargo, existen varias cuestiones que ni siquiera en nuestros tiempos logran resolverse. Se trate de Francia, de un país europeo o de nuestra querida patria argentina.

El enfrentamiento entre personas y el egoísmo quizás nunca se extingan, aunque queda en cada uno unirse a sus semejantes o quedar marginado o puesto en la misma bolsa que quien “domina”.

¿Por qué es importantístimo este drama?

Entre algunos de los puntos más destacables está la amistad, ese vínculo que solo existe por amor y que es muchísimo más trascendente que el amor en una pareja. La amistad es la única relación que tiene su fundamento en la elección personal. No hay condicionamientos, posesiones ni ataduras. Esto es lo que les permite a los cuatro mosqueteros el recorrer Francia e Inglaterra, defender el trono de la Reina Ana, cuidarla ante todo tipo de adversidades, demostrar que la religión es una cosa y la institución otra muy diferente.

Mientras que el Cardenal Richelieu confirma que es el propio diablo, logramos observar las atrocidades que giran en torno a Dios y a la muerte. Este carismático mensajero del Señor está unido a Milady de Winter y el Conde de Rochefort, ambos detestables y detestados por el pueblo entero.

Más allá de la mágica puesta en escena, de los glamorosos vestuarios de época y de las canciones que abrazan a cada intérprete y a la historia misma; lo que reluce es el romanticismo. Encuentros y desencuentros nos llevan de la mano hacia un sendero plagado de sentimientos profundos, de pasados sepultados y de un presente prometedor para algunos.

Con respecto al contexto político real de Francia, dista en cuanto a la cronología pero lo impresindible está narrado tanto en la novela de Dumas como en esta versión adaptada por Espinosa. Por el lado de los protagonistas, también se respetan los del libro aunque no los vinculos establecidos entre ciertos personajes ni los modos en que mueren algunos de ellos.

Este musical acierta en modificar el libreto y adaptarlo a su favor, consiguiendo que el público este espectante y llorando hacia el final. Así, el factor sorpresa logra su cometido sin estar pendientes de la parte que vendrá.

Uno para todos y todos para uno es el emblema de estos mosqueteros tan humanos que no temen en sacar sus espadas y derribar a todo aquel que intente perturbar la paz y serenidad.

Mientras la música de Damián Mahler, ambiente cada escena y canción, la historia nos deja varios interrogantes, una puerta abierta y la certeza de que siempre que unamos fuerzas podremos conseguir aquello tan soñado. Podrá ser una sutileza o el mayor placer, aquel que nos hace pasar noches de insomnio, aquel que no nos permita cerrar los ojos porque, tal vez, ya lo hayamos conseguido.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Maestra de primera línea

La suplente25

Ser titular otorga una firmeza y poder que de otra manera no sería posible sentir ni palpitar en el cuerpo.

Tener la certeza de que un puesto es propio y no ajeno, saber que no podrá ser desplazado porque se cuenta con la autoridad para ocuparlo sin tener esa amenaza o incertidumbre.

“La suplente” (escrita y dirigida por Mariano Moro) es una obra de teatro tragicómica que viene a mencionar esos temores, esas sensaciones que se tiene al no tener el puesto de titular y luchar por un espacio de segunda categoría.

María Rosa Frega, interpreta Azucena Marchitte -una maestra que dará una clase muy especial- de la cual formaremos parte pero no como público sino como alumnos; motivo por el cual ocurrirán situaciones cómicas, dramáticas, inimaginables y súper creativas.

Esta docente, ahí, sola, ocupando un espacio escénico que tiene los detalles ornamentales necesarios como para recrear un aula tradicional de antes, con varios accesorios que le servirán a la actriz para montar diferentes cuadros.

La obra se viene llevando a cabo desde el 2001 y siempre fue un éxito, lo cual no es sencillo que ocurra dentro del teatro independiente porque llega un momento en que el público se agota y la cartelera artística de Buenos Aires, agobia y avasalla con sus propuestas.

Cantidad no es calidad y este es uno de los casos. No solamente la dramaturgia es excelente sino que la actuación de María Rosa nos deleita y conmueve durante toda la función. Si bien existen detalles que datan del año de su creación, casi la totalidad de la obra es atemporal.

Mariano Moro logra que redactar un texto bellísimo, inteligente, suspicaz y con el gran desafío de que solamente pueda resultar grandioso al hallar a la actriz indicada para llevarlo a cabo.

Considero que al leer la sinopsis de La suplente, no podrán entender la magnificencia de la dramaturgia. ¿Cuántas señoritas maestras vienen a reemplazar a otras y son burladas por la clase, por los niños?

Azucena tiene la certeza de que ella es mejor que la docente a la cual reemplaza, sin embargo, no puede decirle nada a la cara ni desenmascararla ya que se encuentra de luna de miel, disfrutando de unas regias vacaciones junto a su marido.

Azucena está despechada, envidiosa, se viste como mujer grande, con el pelo recogido, tirante y diciendo las palabras supuestamente correctas. Aunque al no estar presente su competencia, llega un momento de la ficción en que se anima a decirnos todo lo que sufre y, evidentemente, cómo le gustaría mostrarse frente a la sociedad. Para esto se disfraza e interpreta a: Sor Juana Inés de la Cruz, Salomé, Fedra, Tosca, Quevedo y Cervantes, citando a algunos de los personajes más representativos de la historia.

Toda la trama es una pieza artesanal en que frases, versos y acontecimientos son conjugados de tal modo que se puede disfrutar de la literatura en todo su esplendor, de la ópera y de una docente que se descubre como persona y mujer.

Cada expresión que esboza la convierte en esa persona que desearía ser. Pero no deseando ser otro ser, sino ella misma. Transformando su mentalidad, dejándola a la misma en reposo, para sentir abiertamente su esencia. Claro que la energía contenida se expresa de una manera no tan equilibrada pero, al menos, somos su sostén, sus alumnos -aquellos que desea tener para siempre-, sus confidentes y quienes seguramente desearía que ataquemos a la titular.

Con respecto a la titular, no significa que pretenda ser como ella sino lograr ciertas cosas que ésta sí pudo.

Todo su odio es desmedido, atroz, exagerado y poco redituable para su equilibrio mental, un desequilibrio que es mostrado a través de la palabra, la actuación y la danza -en que se satirizan determinadas canciones relacionadas con el hilo conductor principal-.

Sin embargo, gracias a esta primera clase (probablemente la última), logre hacer un click en su vida y cambie ciertos parámetros y rutinas para siempre.

Mientras la interacción con el público se establece como un lenguaje más, la unión de distintos autores se presenta para justificar un estilo de pensamiento y la experiencia de utilizar al teatro como herramienta de comunicación ideológica, suspicazmente -demostrando que una dramaturgia es capaz de contener diferentes lenguajes expresivos para abordar temáticas sociales interesantes, en crisis y ejemplificar a través de esta flor que, marchitándose, envejecía minutos tras minuto.

La suplente fichaMariela Verónica Gagliardi

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La verdad sale a la luz

Bajo terapia6

Cuando una persona abusa de los derechos de otra, no puede ser considerada humana, sino torturadora, débil y cobarde. Por lo general, la propia víctima la defiende asumiendo todo tipo de culpa necesaria como para que su vida no se derrumbe por completo -sin poder ver cómo la misma ya no existe hace tiempo-.

Bajo terapia (escrita por Matías Del Federico y dirigida por Daniel Veronese) es una comedia que entrelaza al humor con el drama de una manera eficaz, gracias al elenco de actores con que cuenta.

Al ingresar en la sala en que hacen psiconanálisis, tres parejas se encuentran entre sí, no pudiendo comprender el motivo por el cual ni siquiera está presente la terapeuta. A un costado hallan diez sobres con consignas a desarrollar.

Preguntas sin respuestas se plantean desde un comienzo y cada uno deberá aportar su granito de arena para que esta sesión grupal, un tanto atípica, surta efecto.

¿Cómo ayudar al otro o a otra pareja cuando los propios conflictos no se asumen ni se resuelven?

Una serie televisiva muy conocida podrá relacionarse con la parte argumental, con el modo en que se lleva adelante la historia y con la propuesta en sí.

Entre risas y llantos, la vida de uno de los integrantes será salvada y el culpable de su desdicha pagará las consecuencias.

Más allá del desenlace, es interesante la interpretación de cada personaje, la conjunción de los mismos, la posibilidad de presenciar una terapia en vivo -al mejor estilo de cámara gesell-, notando cómo tres parejas que no se conocían anteriormente, intentan darle pautas, una mirada objetiva y la opinión sobre sus vidas.

Abrirse y narrar la intimidad no es sencillo, sobre todo cuando la oscuridad es tan grande como para taparla con una mano o un silencio supuestamente oportuno.

Como piezas de dominó, van cayendo una tras otra, hasta hacernos ver varias lecturas posibles para analizar: desde la más simple -basada en un juego- hasta la más compleja en que las miserias más grandes pueden ser exteriorizadas. ¿Es posible romper el secreto profesional? ¿Cuál sería el límite, esa delgada línea, entre el deber ético y el moral?

¿Ficción o realidad?

De esto se trata Bajo terapia, de un atrapante juego de dialéctica en que el primero en pisar el palito será puesto en evidencia.

Se puede juzgar cada teoría, señalar lo inadecuado o disfrutar, simplemente, de una comedia entretenida como espectador pasivo.

Bajo terapia demuestra que la vida es un juego en el cual cada pieza desempeña un rol fundamental, comprobando cómo la palabra hasta de un desconocido cobra valor y logra desentramar los peores momentos de la vida cotidiana.

Mientras el whisky circula por la sala, las botellas se vacían y solo es posible sacarse la máscara. De esa manera quien no tenía valor, lo cobra y puede enfrentar a ese monstruo tan voraz y temido. El suicidio es dejado de lado para valorarse y dejar de valorar a quien no lo merece.

Todo tipo de trastornos obsesivos, conductas psicóticas y paranoides se ponen sobre la mesa; con lo cual todo parece real. Y, justamente, simula ser real por la gran identificación que se produce con los espectadores. Sería algo así como preguntarle a cada uno determinadas cosas para saber que la mayoría padece algún trauma, trastorno o conducta poco sana.

Un grupo de actores sensacionales, dentro de un espacio escénico moderno, sencillo y con lo necesario para que la dramaturgia se desarrolle espontáneamente.

Al tratarse de seis artistas famosos es posible acostumbrarse a los roles que suelen interpretar, pero no está mal sino que el Teatro Metropolitan lleno completamente, justifican cómo el trasladar la televisión a las tablas suele ser exitoso, sobre todo en temporada de verano en que la gente busca distraerse con propuestas divertidas.

Bajo terapia y bajo juramento, todo saldrá a la luz, hasta que la misma sea apagada.

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Mariela Verónica Gagliardi

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«El manto de hiel», una película de Gustavo Corrado

el manto de hielCuando todos los hombres dejen de necesitar, constantemente, objetos para vivir, cuando asuman que tan sólo respirar es ya de por sí un tesoro; podrán comprender el argumento de esta película. Una película que se desarrolla de forma lenta, como el caminar apaciguado, sin sorpresas al principio más que la soledad de un hombre de ciudad que debe permanecer en un lugar desértico durante un tiempo.

El manto de hiel (un film de Gustavo Corrado) no genera expectativas al principio. Centrándose en los planos detalles, toma una figura y, luego, pasa a un plano panorámico como es el paisaje alucinante de San Juan. La naturaleza invade, atrapa y la pequeña comunidad que habita la zona en una misma locación, tiene su rutina diaria sin sobresaltos.

Pero, qué puede ofrecer un sitio rodeado de bellos colores con personas estancadas, sin ganas de «progresar»?

Reflexionar. Hacer reflexionar al público-espectador, inmiscuyéndose en su inconsciente sin pedir permiso.

Existe la posibilidad de aburrirse, esperando ver acción como en una película yanqui o, participar activamente de esta propuesta, cosa poco habitual en el cine argentino. Corrado se centró en un lugar paradisíaco, sin precisar demasiados actores -ni de extras- para contar una historia, optando por lo pequeño y precioso de la vida.

A unos kilómetros se encuentra el Valle de la Luna, un mágico espacio, que vibra por sí solo y que el recorrerlo debe causar increíbles sensaciones, físicas y mentales. Saber que se puede ser testigo de la historia desde la era en que los dinosaurios luchaban por no extinguirse, que allí, sepultados, están sus restos óseos.

Después de millones de años, la humanidad se conformó como tal para no respetar el pasado, sino para «superarlo», sintiéndose más que cualquier otro ser viviente, sin importarle los medios para conseguir su fin.

Teniendo en cuenta esto, El manto de hiel, existe para recordarnos quiénes somos, dónde está nuestro origen y cable a tierra. Actualmente, la invasión y saturación de información, la tecnología, la poca conexión con uno mismo produce enfermedades. El odio por el prójimo es una de ellas, la bronca otra y la intolerancia verbal la más preocupante. Como resultado, los organismos de salud deben curar con medicinas aquello que en realidad se debe sanar con el propio perdón.

En medio de animales embalsamados, de la extirpación de bilis a éstos y a humanos, consiguen un pigmento tan rojo que les permite pintar cuadros precisos.

Estar en medio de la nada y sentirse alguien es una tarea muy difícil. Es lo que cada persona debería proponerse como meta para su vida. Puedo imaginar, por un instante, trasladar a uno de sus habitantes a la ciudad porteña y verlo sumergido en la tragedia del olvido.

Quisiera saber dónde se encuentra la felicidad para el común de la gente intentando separarla de lo material. Sería posible?

Por otro lado, cómo conseguir el desarraigo de un sitio tan inhóspito cuando lo real se conectó con el ser para siempre?

Mientras los temblores de la tierra aparecen y desaparecen, en breves segundos, un beso puede curar heridas y las alucinaciones fallecer en el intento.

Como un embudo, San Juan los capturó, los envolvió y nunca volverán a sus raíces. No sabemos si nacieron ahí o si tuvieron un accidente que los condujo. Lo único importante es que cada paso será una huella e indicio para otra generación que, seguramente, tendrá intenciones de investigar todo como lo hizo Iván (William Prosiuk).

Así será como individuos tan diferentes entre sí se complementarán y sentirán una familia, comportándose como tal y haciendo primar el egoísmo de uno por sobre el de los demás, celebrando, brindando, comiendo y tratando de exterminar al diferente para conservar el orden.

Las actuaciones están muy bien personificadas y es impecable el desarrollo de cada uno durante el film. Es como si hubieran sido escogidos con un telescopio, buscando hasta el detalle más ínfimo. Solo así puede lograrse un producto tan homogéneo y eficaz.

Todos los secretos no saldrán a la luz y el maletín negro albergará el misterio más grande. Algo que deberá imaginarse o interpretarse según el hilo de la historia. El pasado permanecerá oculto, querrá ser profanado y un aire diferente evadir la intriga.

Un temblor hará desaparecer y, al mismo tiempo, cuidar lo más noble. Solo la naturaleza combatirá sin que un arma deba intervenir.

El manto empieza y termina de la misma manera, cambiando su destino en los brazos del amor. Un amor que puede ser el que se ve o uno anterior. De lo que se puede estar seguro es que ignorando no se olvida ni progresa.

el manto de hiel ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Senel Paz – autor de «Fresa y chocolate»

El escritor cubano, Senel Paz, destacado autor de cuentos y novelas -que viajaron por el mundo- reconocido y premiado por su cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo -que permitió ser adaptada para el film Fresa y chocolate (1994)-, estuvo presente en la obra Fresa y chocolate (dirigida por Leonardo Gavriloff), sentado como uno más, aplaudiendo como uno más y emocionándose como todos los presentes.

¿Cómo lograste adaptar esta obra, pasados veinte años del estreno de la película?

La historia original es literaria. Lo primero que yo escribí fue un libro de cuentos y antes de que se hiciera la película en Cuba se hicieron adaptaciones teatrales por otros actores. Y a mí me gustaban pero había como mucho respecto por el texto narrativo y yo decidí hacer una adaptación porque tenía la libertad de hacer re-escritura, de desarrollar más los personajes. Estos personajes míos, el modo mío de trabajar aparece en otras obras mías, en otras películas mías y lo podían seguir desarrollando. Y también la experiencia de la película, me dejó muchas experiencias humanas, de gente que me contaba lo que había significado para ella la película. Tantos Davices como Diegos. Y me di cuenta de que se podían decir más cosas de la obra y que yo, como autor, lo podía hacer crecer.

Además, es puramente emocional. O sea, tiene muchísimo de lo que es la literatura, poemas, música, todo muy finamente escogido. Es espectacular. Mucha inteligencia pero, sobre todo, lo que emociona, es toda la carga, justamente, emotiva.

A mí también me atrae mucho el género dramático y quisiera conquistarlo. Nunca escribí, todavía, una obra que nazca en teatro. Mi obra se adapta mucho, pero no he escrito directamente para teatro y quiero hacerlo.

Te va a salir espectacular, desde ya.

El teatro me encanta.

Mira toda la sala llena que tuviste.

Sí. Ha sido una función maravillosa para mí. Yo la vi como si no la conociera.

¿Y, qué es lo que te llevás de estos actores?

Están muy bien la verdad. El trabajo del director y de ellos… ahí descansa la obra. Yo la vi como si no la conociera. Me divertí, me emocioné, se me atragantó, a veces, la garganta. Y me gustó mucho el trabajo escénico así tan limpio, con tan pocos elementos. Me pareció muy inteligente, la verdad. La obra está muy respetada no solo en su texto sino en su espíritu. Esta pieza tiene ya veinte montajes en distintos lugares.

¿Siempre en Latinoamérica?

No. Se montó también en Estados Unidos y una versión en Alemania.

Qué fuerte debe haber sido en Alemania, me imagino.

Sí. No la puede ver lamentablemente.

Quizás mejor, ¿o no?

Sí (risas).

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La impotencia clandestina

Potestad2

Un hombre (Jorge Lorenzo) presenta un día en su vida inolvidable. Un día que marcará, lamentablemente, su destino y el de su familia.

Durante sesenta minutos, seremos testigos de la desaparición de su joven hija llamada Adriana y del dolor que siente como padre.

“Potestad” de Eduardo Pavlovsky (dirigida por Christian Forteza) es un reflejo de cómo, de un instante a otro, puede -todo-, tomar un giro rotundo sin anestesia. Potestad, terminológicamente hablando, se refiere al poder, al derecho y al deber. A la necesidad, imperiosa, de determinar quién es el titiritero y de qué manera debe manejar los hilos para su provecho.

Desde un comienzo lo vemos al actor inquieto, haciendo una serie de movimientos repetitivos y coherentes con los que, luego, nos narrará. Él nos muestra cuál es su silla, qué lugar ocupa en su casa y en la vida. Qué rol, en definitiva, cumple en su familia. Después, nos da a conocer las características de su esposa y la fría relación que tienen hace tiempo. Lo mal y desolado que se siente, sobre todo, un día domingo como el que transcurre en la obra. Por último, le toca el turno a su hija. La única mujer de la casa que logra pintarle una sonrisa y la única que le da afecto.

En ese contexto se desarrolla la pieza teatral hasta que, lo reiterativo desaparece y se hace presente el monstruo camuflado, que roba lo que cree que necesita solo por deshacer lo que no sabe construir.

Potestad se divide en dos partes, de este modo: primero, en la que conocemos los detalles de cada personaje y, luego, en la que estamos frente al conflicto. Esta división Potestad1me pareció impactante en cuanto al efecto que provoca dicho modo de contar la historia.

Al hacer hincapié en lo corporal -propio y ajeno-, indefectiblemente, los espectadores nos enfocamos en eso. Pero la liviandad del comienzo termina en una angustia que nos va cerrando de a poquito la garganta. No sabemos a dónde conducirá su puesta en escena, su descripción ni su problema matrimonial. Pero la inflexión en su voz nos permite, de a poco, entrar en el mundo de la dictadura. Ese espacio en que todo es oscuro y rojo. Incoherente y triste. Opaco  y doloroso.

Jorge Lorenzo representa a un padre que perdió a su hija para siempre. Un padre, como tantos otros, que nunca más pudo abrazar a su pequeña. Un ser que nunca pudo comprender el por qué. Que nunca tuvo la posibilidad de conocer a los autores del hecho y que jamás pudo decirles algo.

Su hija se convirtió en un fantasma sin nombre. En una estudiante que, seguramente, por pensar diferente, fue preferible eliminar.

¿Cómo es la potestad de un padre a quien se le quita este poder, a quien se le impide ser quien es?

El delirio y la paranoia se hacen presentes en su mente y la de su mujer, quienes no podrán deshacerse de ambas patologías sin caer en una tragedia.

Ese delirio que le hace realizar -en su propio cerebro- el mismo tipo de crimen que cometieron los militares. De esta manera, la obra tiene un doble mensaje: la impotencia que siente una persona al perder al amor de su vida y, por otro lado, las consecuencias que se desencadenan de ese infortunio.

Ficha artístico-técnica Potestad

Mariela Verónica Gagliardi

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No todo lo que brilla es oro

Muerte, dolor, pasión, amor, odio, talento, temor, maldad, dulzura… si esto no es un drama… el drama no existe.

Al llegar al Teatro El Cubo, me acomodé en la butaca que me correspondía, pero decidí preguntar si podía presenciar la función desde la primera fila. Menos mal que me dijeron que sí y menos mal que se me ocurrió preguntar.

Estar ahí, tan cerca del escenario me transportó a una novela –bien hecha- de la televisión. “Las relaciones peligrosas”, cuando comienza su relato, no se sabe a ciencia cierta, por qué camino nos va a conducir. Es pura intriga y eso es lo que atrapa al espectador.

Esta obra de teatro y musical, basada en una novela homónima de Pierre Choderlos De Laclos, nos demuestra cómo es posible hacer teatro de verdad, con todos los condimentos necesarios para lograr un éxito y, las ganas de recomendar y volver, cuando sea jueves, a la sala.

La historia, ambientada en Francia, durante el Siglo XVIII, nos presenta a Romina Groppo (Isabelle de Merteuil) y a Christian Alladio (Sebastian de Valmont), quienes deciden hacer una apuesta malévola y perversa: Sebastian de Valmont tendrá que seducir a Gabriela Bevacqua (Marie de Tourvel) –engañando ella a su marido- y a cambio de esto, Isabelle de Merteuil, deberá acceder a los caprichos carnales de Valmont.

Este trato, celebrado de palabra, sin papel mediante y con la oscuridad, transmite miedo y desconcierto.

Marie de Tourvel es una mujer fiel, buena y decente. Al menos trata de aparentarlo. Por otro lado, Isabelle de Merteuil vendría a ser la malvada de la historia, manipulando a la gente a su antojo, sin piedad ni escarmiento.

No podía faltar una dulce adolescente de 15 años, Ayelén Varela (Cecil Volanges), enamorada de su profesor de piano, Carlos Pérez Banega (Raphael Danceny). Pero, a pesar de que su amor es correspondido, inocentemente se escriben cartas románticas que nunca alcanzan a demostrarse, con actos, en la realidad. Dichas cartas son llevadas y traídas por Renzo Morelli (Azolan), el mensajero, quien parece un simple caballero, sin voz ni voto.

Raphael, daría todo por Cecil, pero ella está a punto de comprometerse con un hombre rico de la sociedad, para salvar de la pobreza a su madre, Karina Sáez (Madame de Volanges). Claro que Cecil, no desea contraer matrimonio sino fugarse con su amado.

Toda la utopía y enamoramiento entre Raphael y Cecil, comienza a disolverse cuando su madrina, Isabelle de Merteuil, descubre las correspondencias. A partir de ese momento decide llegar a un acuerdo con su sobrina, prometiéndole no develar el secreto a su madre.

Cecil, confía, como una niña en la palabra de su madrina, pero no conoce su lado macabro y especulativo. Isabelle, un día, le cuenta a su madre toda la verdad, recomendándole que pase una temporada en casa de Tiki Lovera (Madame de Rosemonde), amiga de ella. Madame, las recibe a madre e hija, muy cálidamente y las hospeda durante unas semanas.

Esas semanas serán claves para el conflicto de la obra. Durante esos días se conocerá todo lo que, hasta el momento, se desconocía.

Pero, ¿quién es Sebastian de Valmont? ¿Cuál es el poder que tiene y qué es lo que oculta tras su rostro desafiante y pasional? ¿Logrará alcanzar su objetivo y romper un matrimonio?

Cecil, ¿qué relación y parentesco tiene con Sebastian? ¿Lo descubrirá en algún momento, lo sospechará? Su madre, ¿qué secreto pasado guarda?

¿Ganarán los buenos o los malos de la historia? ¿Los que parecen buenos, realmente lo son? Y, los malos, ¿podrán volverse aún más perversos, sin límite alguno?

Como todo relato, siempre hay un conflicto reinante, pero “Las relaciones peligrosas” honran su título, existiendo más de uno. Las tragedias que se acontecen, te dejan con la boca abierta. No podés creer lo que ocurre hasta que te convencés e hilás diálogo con diálogo.

Esta es una obra para no distraerse en ningún momento. Si lo hacés, puede ser que después no encuentres al culpable, puede ser que no encuentres la esencia ni los valores.

Justamente éstos últimos, los valores, son las piezas fundamentales de la puesta en escena. Por más que pertenezcas a una clase alta, el dinero no compra tu decencia y los ojos de la sociedad, pueden taparse y ocultar el verdadero odio y perversidad cometidos por algunos protagonistas de la historia.

¿Qué está bien y qué está mal en una sociedad del año 1.700? Una sociedad dominada por el hombre y, donde la mujer, está obligada a sentir en silencio, callando todo lo que le sucede.

Los colores en la vestimenta de los personajes, no solo son estéticos sino simbólicos. El blanco en Cecil y Marie, marcan la pureza y transparencia. En cambio, el negro, en el resto de los personajes connotan oscuridad, turbiedad en sus personalidades, manchas de maldad en algún punto.

Esta novela se denomina epistolar ya que su trama gira en torno a cartas escritas entre algunos de los personajes: entre Cecil y su profesor, entre Marie y su marido a quien no se conoce en la obra, entre Isabelle de Merteuil y Sebastian de Valmont. Si bien cada redacción es importante -para el nudo de la historia-; recién en el desenlace se sabe el papel fundamental que cumplen las cartas entre los dos protagonistas perversos de “Las relaciones peligrosas”.

Entonces cabe preguntarse, qué es lo peligroso. ¿Cuáles son los vínculos que corren peligro? ¿Existe realmente el peligro en esta intrigante historia francesa? ¿El peligro será un hecho puntual llevado a la acción o la palabra misma?

De lo que podemos estar seguros es que una relación por la fuerza -física- no perdura en el tiempo.

En tiempos donde la tecnología e internet suplantan un manuscrito -redactado con pluma y tinta-, es increíble poder permanecer expectantes casi dos horas, atrapados por palabras, intenciones, sensaciones, miradas y actos. Todo lo sutil y cada huella, quieren decir algo. Pero no es un “algo” pasajero, sino una pista que unida a la siguiente, nos permitirán saber el significado de cada texto, de cada diálogo y de cada relación, justamente.

Los ocho actores, tienen un desempeño excepcional. Como en una novela, existen los actores principales que son marcados por el relato, pero a mi parecer todos son imprescindibles en la obra. El que puede tener menos libreto para hablar, lo compensa con actuación en silencio. Esto también es un arte en el escenario, el notar cómo cuando uno se está destacando con la voz, el resto permanece en uno de los ambientes de la casa en que se divide la puesta en escena. Serían necesarios más ojos para captar cada movimiento de cada uno de estos artistas.

También es un placer escuchar sonar un piano, en vivo, de las manos de Cecil y Raphael.

En cuanto a la escenografía, ésta es perfecta para la época en que acontece la obra, de un estilo muy fino y distinguido. Si bien en el Siglo XVIII se hablaba de otra manera mucho más formal que en la actualidad, el guión está muy bien adaptado ya que consigue un equilibrio entre la época pasada y la vigente.

La iluminación va ambientando cada parte del escenario en que sucede aquello a lo que debemos prestar atención. Actúa exactamente paralela a como lo haría una cámara filmadora en la televisión. Las luces son las encargadas de decirnos qué es lo importante y en qué momento.

Retomando, por último, al escritor Pierre Choderlos De Laclos, es relevante conocer algo acerca de su vida para comprender el por qué de su novela. Él comenzó como militar, creyendo que era su verdadera vocación, cuando al pasar unos años empezó a redactar «Las amistades peligrosas» (muchas veces traducida como el título de la obra). Con el correr del tiempo, se volcó más a la escritura y en ella pudo plasmar sus frustraciones militares, la humillación por parte de la aristocracia y el rechazo de las mujeres que anhelaba en su momento.

Además de narrar sus propias vivencias, encarnadas en personajes, también se puede mencionar el contexto del país francés de esa época, la frialdad de la clase más alta y la necesidad de aparentar situaciones para «no hacer algo mal».

Quizás, de lo que no se dieron cuenta, los que tienen el poder -y dinero-, es que el pecar de inocente es peor que mostrar la verdadera faceta.

Mariela Verónica Gagliardi

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Ser adolescente y casi adulto

Después de la edad del pavo, ingresamos en otra etapa aún más conflictiva y no demasiado feliz.

Durante más o menos 10 años, sino más, transitamos un camino donde notamos cambios físicos y psicológicos. Nos sentimos solos, abandonados por la familia, creemos que nadie nos entiende, que somos los primeros en pasar por la adolescencia, periodo en el que, justamente, adolescemos de muchas cosas (quizás la más importante sea la falta de comprensión).

«Cómo te explico» (Dirigida por Gustavo Salgado), nos muestra a un grupo de jóvenes en la escuela secundaria, que intentan revelarse contra el sistema educativo vigente.

El Director y guionista nos presenta una obra con mucha magia y espíritu, con aroma a triunfo desde el alma.

Zunny es una bailarina de danzas clásicas (Carolina Frogley) que abre la escena. Sus pasos perfectos van marcando su amor por el baile y el camino elegido para seguir adelante.

Una maestra (Mónica Divella), muy tradicional y exigente, que pretende que sus alumnos no asimilen conocimiento sino que aprendan de memoria los textos, muy bien caracterizada y con los ademanes precisos – y hasta un cántico obligado a repetir por los chicos. También hará de la madre de Marisa, desconcertada por la vestimenta que pretende lucir su hija y la niñez que por momentos desea abandonar, pero por temor aún no puede.

La diosa del colegio, perseguida por todos sus compañeros, es protagonizada por Patricia Fishman (Marisa), quien tiene un rol muy dulce ya que no intenta sobresalir por sobre sus amigos sino que trata a todos correctamente. Ella está enamorada de Cacho (Pablo Maltese) y viven un romance idílico, hasta que tienen que tomar una decisión importante y, a partir de la misma, todo podrá modificarse.

Daniel (Lalo Ramos), quien logra a través de su personaje mudo, mostrar todos sus dotes actorales y desenvolverse como si no tuviera voz de verdad. Él, con su simpatía y encanto será compinche con Marisa y, juntos, reirán y compartirán aventuras de niños. Quizás las últimas de este proceso infante.

Patricia (Candelaria Lua), la cheta del barrio, intentará mostrarse como una mujer diferente y distinguida. Junto a ella, estará su prima yanqui (Jimena González), quien atraerá las miradas de todos los adolescentes por ser más «rapidita» que las demás chicas de su edad.

Gustavo (Guillermo Borello), el traga del aula y preferido por la docente, aprenderá la lección tan de memoria que la olvidará al otro día por completo.

Acompañan cada sketch, un trío de músicos que no actúan como separadores de las escenas, sino como relatores – a través de sus canciones – de las mismas.

En cuanto al vestuario, el mismo caracteriza a la década de los 80′, una época muy especial en la que se sentía de otra forma y el amor no era cosa fugitiva.

Juntos, se divertirán, sufrirán por amor, por desolación y aprenderán a crecer.

Pero, ¿qué particularidad tiene esta historia?

Que está llena de gags muy particulares, que marcan el ritmo de la comedia. ¿Se acuerdan esa época en que uno iba al teatro, al cine o encendía la televisión y estaba lleno de cómicos donde no podías hacer más que disfrutar?

Bueno, exactamente eso sucede en Cómo te explico. Pero con una sumatoria de sensaciones, imposibles de transmitir con palabras. Hay que abrir el corazón y escuchar los latidos de estos grandes actores que nos contarán sus vidas personales, sus sueños y qué quieren lograr.

¿Cómo te explico que el teatro necesita de pasión para contar una historia, un nudo y un desenlace? ¿Cómo te explico que se te va a poner la piel de gallina con cada uno de los relatos y te vas a identificar con alguno?

Dramaturgia y Dirección: Gustavo Salgado

Asistente de Dirección: Carolina Correa

Músicos

Guitarra: Emiliano Salinas

Percusión: Germán Salinas

Cantante: Jimena González

Vestuario: Pablo Maltese

La cita es los jueves a las 21.30 hs en el Teatro El Tinglado.

Las localidades cuestan $60.

Mariela Verónica Gagliardi

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Sed de Poder

“Mecanismos de erosión para la tempestad de Shakespeare”, está basada en la obra de teatro “La tempestad” de dicho autor.

Esta puesta en escena, dirigida por Francisco Esteban Grassi, nos invita a recorrer las distintas maneras de Poder. Sabemos que el ser humano necesita de éste para, la mayoría de las veces, sentir confianza en sí mismo. En la antigüedad era muy común tener súbditos o esclavos, no solamente para delegar tareas sino para depositar humillaciones en alguien. Actualmente, el hombre modificó la forma de esclavizar a otros seres, pero aún no se abolió.

La simbología se hace presente, a cada instante, durante todo el drama representado por los actores: Romina Almaluez, Juan José Barocelli, Natalia de Elia y Francisco Grassi.

Una fuerte tormenta acaba de desatarse y, después de distintos métodos para frenarla, el barco en el que viaja una tripulación, naufraga. Pocos son los sobrevivientes que logran llegar a la Isla de Nápoles.

¿Qué significa la tormenta o tempestad? Nos sugiere, sin lugar a dudas: violencia, odio, agresión y sed de venganza.

En cuanto a la Isla, ¿qué importancia tiene dicho lugar? Justamente, el escenario rodeado de aguas, demuestra la vulnerabilidad del hombre y cómo está apto para sobrevivir, aún cuando tema por su vida y lo crea imposible.

Unos fenómenos mágicos se desencadenan continuamente, como si fuesen un conjunto de códigos o un lenguaje, conocido por un solo habitante de la isla. A su vez, la música cobra un papel protagónico, en todo momento, ya que tiene relación con esa metafísica desplegada.

Para comprender mejor de qué se trata, Ariel, es protagonizada por una mujer que es la encargada de llevar adelante todo lo que Próspero le ordene y pida. Ella, es una especie de divinidad, que responde solamente a su amo.

Retomando el sitio de la isla, muchos estudiosos de los textos de Shakespeare, suponen que dicho lugar no es un invento sino que se trataría de las Bermudas ya que en el siglo XVII, naufragó un barco inglés (Sea Venture), haciendo que los sobrevivientes tengan que habitar la isla.

Próspero (antiguo duque de Milán y exiliado de sus tierras) vive en una isla desierta junto a su hija Miranda (campesina). Ambos tienen una mala relación entre sí, ya que él decidió vengarse de una traición pasada. Ella no entiende por qué debe vengarse pero sí descubre que fue el culpable del naufragio. Cáliban (sirviente e hijo de la hechicera Sicorax), intenta satisfacer constantemente a su amo pero comete el error de dejar huellas y, a partir de ellas, los sobrevivientes del naufragio, descubren la isla y su magia.

Por otro lado, Ferdinando (un Noble caballero e hijo del Rey Alonso) se enamora de Miranda y decide, para estar junto a ella, convertirse en esclavo de su padre. La pareja tendrá una sola opción para seguir amándose, que será elegida por Próspero: el casamiento. Así es como Ferdinando abandona su clase social para continuar junto a su mujer, para siempre.

Pero, actualmente, al Rey de Nápoles (Alonso) se le hace muy difícil continuar en su trono ya que su hermano (Sebastián) junto a su mujer (Antonia, hermana de Próspero), planean destituirlo, matándolo. Francesca (la sirvienta), es la única alma bondadosa que se puede sentir en ese mundo tan vacío y tenebroso, lleno de poder.

Además, aparecen otros personajes llamados Tríncula y Estéfano (un borracho empedernido), que intentarán encontrar las pistas para llegar a un tesoro oculto en la isla. Para tal fin deberán ganarse la confianza de Cáliban que los guiaría para tal objetivo. Se preguntarán cómo conoce tal tesoro. Porque las tierras eran de él y un hechicero se las robó, dejándolo sin nada. Para intentar recuperar lo que es suyo, deberá conseguir aliados. ¿Lo conseguirá?

El modo en el que Próspero decide conservar su calma interior, es asombroso. Más allá de los miles de años que tienen los textos originales, el mensaje sigue siendo el mismo: el perdón y la paz.

En cuanto a las roles desenvueltos por los actores, son excelentes. Logran cambiar de un instante a otro, sus personajes y vestuarios, a la perfección.

Se podría denominar una obra de teatro prodigio porque no existe el error humano.

En cuanto a la iluminación y el sonido, ambos cumplen un papel importantísimo ya que los cambios de escenas se determinan por las distintas tonalidades y sus gamas, al igual que la presencia de los espíritus son tenidos en cuenta por la música.

La tempestad, ese torbellino que todos llevamos dentro pero que cuando aprendemos, sabiamente, a domesticar, nos volvemos civilizados y Personas humildes.

Ficha técnica:

Dramaturgia: Francisco Grassi.

Dirección: Francisco Grassi.

Elenco: Romina Almaluez, Juan José Barocelli, Natalia de Elia y Francisco Grassi.

Coach actoral: Nicolás Barsoff.

Música: Alejandro Attwell.

Iluminación: Luciana Jarez.

Escenografía: Duilio Della Pittima.

Vestuario: Juan José Barocelli y María Mazza.

Prensa & Difusión: Mariano Casas Di Nardo.

Teatro: El Excéntrico de la 18, Lerma 420, C.A.B.A. – Argentina.
Funciones: Sábados a las 22:30hs.

Reservas: 4772-6092 / 4775-1438. Costo de entrada $60. (Descuento para estudiantes y jubilados $40).

Finalización: 27 de octubre.

Mariela Verónica Gagliardi