*** Agosto 2017 ***

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“Esa mala mujer”, en febrero

esa mala mujer

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Fiel a sus principios

Antígona Vélez

En el año 1951, Leopoldo Marechal escribe Antígona Vélez, basándose en la Antígona de Sófocles.

Si bien Marechal conserva vivo el argumento original, lo adapta a la época de la Conquista del Desierto en Argentina, una época en que miles de aborígenes fueron, no solo privados de sus derechos, sino exterminados de sus tierras.

El eje central de la dramaturgia, con dirección de Marcelo Silguero, consigue destacar los principales sentimientos de aquella mujer que sufría por el destino de su hermano, a quien se considera un traidor.

Justamente, en torno a la traición, surgirán los versos más sentidos y desgarradores de Antígona que dará su vida para que se haga justicia. Al menos lo que ella considera como justo.

Una solitaria y firme mujer (interpretada por Verena Smith) que da su alma, su corazón y cada una de sus palabras en honor a Ignacio, un hombre humano que tuvo valor para unirse a los Pampas y arriesgarlo todo. Mientras tanto, la Ley de una familia, hará hasta lo imposible para resaltar la grandeza del otro combatiente, hermano de Ignacio y Antígona, llamado Martín; a quien se enterró como un luchador de verdad.

Esta contraposición entre leal y desleal, traza el camino de toda esta historia surgida en el Siglo XIX, una narración que va acompañada por dos músicos que ambientan cada escena, para que el espectador sienta dolor, angustia y ese aire encantador de Antígona que es mujer, hermana y luchadora.

Con respecto a la muerte de ella, las vueltas de la vida hacen que Don Facundo (Diego Dinkel) la mande a asesinar, sin imaginar que su propio hijo, Lisandro (Javier Mirez), correría la misma desgracia. Ese desenlace lo hacen entender que la sangre no será en vano y que quienes cosechen en un futuro en esos campos, serán los nietos que nunca podrá en verdad tener.

Se puede contemplar una escenografía que fusiona lo autóctono con lo cool, valiéndose de efectos de llamas que prenden y apagan de acuerdo al relato en vivo. Y, en cuanto a la iluminación, consigue ser parte de la dramaturgia ya que no solo proyecta luz sino que sirve al momento de cambiar de una escena a otra, situándonos en las tierras desoladas para, luego, hacer caer la noche en que lo peor ocurre.

Esta pieza artística es una brillante adaptación en la que se destacan tanto Antígona como Lisandro, al igual que otros personajes secundarios entre los que se encuentran Carmen, hermana de Antígona, (Paula Viola) y una de las brujas (Vivi Campos).

Centrándonos en el origen de esta historia, la misma surge como un Mito en el que se encuentran: Antígona, su padre (Edipo Rey, recientemente fallecido), su madre (Yocasta) y hermanos (Eteócles, Polínice e Ismene). El argumento solo cambia los nombres de los protagonistas al igual que el motivo de las rivalidades, pero la esencia es exactamente la misma.

Ambos hermanos varones debían turnarse para estar en el trono un año cada uno; pero Eteócles no quiso cumplir con la regla y llamó a un ejército contra Tebas -el cual salió victorioso- y ambos hombres se mataron mutuamente.

Un hermano más valiente que el otro, que corre con distinta suerte, que la misma familia es la culpable de su muerte y, por una cuestión de poder, aparece el Rey Creonte -hermano de Yocasta y tío de estos guerreros- para ocupar el trono que estaba libre.

Esta fiel mujer a sus principios, al igual que Antígona Vélez, entierra a su hermano Polínice y luego se ahorca para no ser enterrada viva como se había previsto. Su amado, en este caso, Hemón (hijo de Creonte) se quita la vida y así finaliza el mito.

Es realmente increíble el poco peso que tiene en un sentido la familia y el gran peso que tiene en cuestión de fuerza y poder. Cómo quien quiere cumplir con una voluntad no es dejado y cómo quien desea abrirse camino por otro lado, es condenado.

En el año 442 A.C. se representó por primera vez la versión de Sófocles y puede notarse la contemporaneidad del tema. Quizás, actualmente, un “traidor” no sea penado tan extremamente pero sí existen infinitos ejemplos para dar cuenta del tipo de castigos a los que son sometidos quienes no obedecen lo que un superior (no siempre elegido por el pueblo) dictamina.

ficha Antígona Vélez

Mariela Verónica Gagliardi

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Prisión perpetua

Los hijos de Eva1

Los manicomios son lugares tan fríos y desesperanzadores que, en general, parecen figurar en extremos de un mapa, aislados de cualquier mente capitalista.

Ellos necesitan recibir ayuda para estar mejor, para sentirse mejor; pero los intereses de quienes ocupan puestos políticos parecen girar hacia otros lados, en busca de sus propios bienestares.

Es la tercera temporada de “Los hijos de Eva” (escrita y dirigida por Diego Doello) una obra que indagó sobre esta problemática social, en el terreno de la salud, rescatando aquellas cuestiones tan íntimas de los “enfermos” que pudieron esbozar en diálogos la cotidianidad del Borda, específicamente de un pabellón. La obra eligió al Auditorio Losada como espacio para seguir transmitiendo esta pieza teatral y social tan importante.

Juan (Ulises Puigrós) es el protagonista de esta historia, un joven que dice ser el hijo de Evita. Nadie se anima a cuestionárselo ni a decir lo contrario o su parecer. Él está conforme con su historia, sea esta verdad o mentira. Y de eso se trata estar encerrado, de encontrar el modo de llenar aquellos vacíos y heridas abiertas con recuerdos nuevos -sin importar su procedencia-.

La dramaturgia está llena de códigos vinculados a la comedia y al drama, motivo por el cual podrían convertirla en una u otra. En esta ocasión se entrelazan ambos géneros dada la veracidad de los hechos.

Si se deja de lado, por un momento, la realidad; el espectador puede disfrutar de relatos y diálogos muy entretenidos y originales. Sin embargo, la dosis de realidad es imposible descartar y esto provocará un viaje humanitario en que cada persona sentirá algo relacionado con su identidad.

Personajes que son personas, que están en un cuarto intentando sobrevivir, imaginando un aire puro y renovado, una rutina y un modo de ver la vida muy conformista pero necesario. Seres que buscan sorprenderse a sí mismos con palabras, gestos y conductas; que recrean el mundo externo en una pieza.

¿Pueden imaginar qué siente una persona que jamás ha conocido el afuera?

No por ser mejor un espacio que otro, sino por no poder comparar, por no saber qué ocurre del otro lado, por tener la imposibilidad de ver un noticiero, escuchar la radio, saber. Eso es lo que se le quita a uno, a varios, a todos los internos.

Ellos transmiten, están, cumplen con sus necesidades básicas y duermen temprano para que nada malo les pase. Aunque lo malo es lo que se oculta, lo que se tapa con todas las fuerzas como para no sufrir.

Ellos son tildados de locos para quitárselos de encima, para que no preocupen al resto de los mortales que precisan ver con otros ojos.

Quitados del camino y encerrados, ya no existe perturbación posible al sistema, a un sistema voraz, egoísta y feroz que aniquila a cualquier idealista.

Una caricia, una canción, un sector privilegiado, un abrazo, ese aroma a encanto que se transforma en apego necesario para no perecer en el intento. Lo más noble y cariñoso puede observarse a lo largo de “Los hijos de Eva”.

Evita o Eva. Cualquiera de ellas, la escogida por cada uno de ellos. Una más importante que la otra, más histórica o noble. Más real o imaginaria, como las historias, como las anécdotas, como el plato de sopa sin nutrientes y el mordisco a una manzana que rueda cual pelotita por el piso de una habitación -que día tras día revive, se llena de alegría y muere al apagarse la luz-.

Un sistema sanitario en debacle total, con personal médico totalmente inoperante es lo que se pretende mostrar -traspasando el escenario-. Quien sienta incomodidad al internalizar las escenas de la obra, podrá sentirse satisfecho y humano. La barrera o el límite o fragmentación entre actores y público, desaparece dándole paso a lo solidario.

La complicidad es el factor más importante, aquel que despierta una sonrisa en el que estaba triste y una frase alentadora cuando sea oportuno. Claro que todas las desgracias no pueden evitarse ni todos pueden lidiar con esos fantasmas tan fuertes, aquellos que son capaces de convertir un juego en tortura.

Los hijos de Eva ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Ni San Cayetano se salva

El pan de la locura12

Es uno de los rubros que más se ve en un barrio, en un pueblo y en una ciudad. De diversos estilos y categorías, permitiendo que los clientes disfruten de ese aroma tan característico. Pero, ¿qué pasa cuando el negocio no está en condiciones, bajo ningún punto de vista y da lo mismo satisfacer que perjudicar?

La obra de teatro El pan de la locura (escrita por Carlos Gorostiza en 1958), muestra muy al estilo del autor cómo se puede atravesar una crisis. En principio parece ser algo cotidiano, la rutina que pesa, que abruma, que aburre; aunque luego se conocerá el real motivo de esta panadería, la ambición y ceguera de su dueño, el dolor por ocultar los sentimientos y una enorme cantidad de ejemplos que pueden notarse gracias a las caracterizaciones de sus personajes.

Mientras el pan es amasado por un inmigrante italiano que entretiene con sus agradables anécdotas, sus compañeros intentan jugar como niños -olvidándose del lugar en que trabajan-.

Justamente, la abstracción, es lo que los mantiene a salvo, permitiéndoles sonreír aunque solo sea por unos instantes.

La actuación de Matías Montaldo se disfruta desde que aparece en escena hasta que todo concluye. Emociona tanto su rol como profesionalismo, realizando uno de los personajes más difíciles de lograr e interpretándolo en todo momento sin perder rasgos durante el desarrollo.

Del resto del elenco también pueden destacarse unos más que otros (como ocurre con Soledad Andrián, Marcelo Ferreyra y José Manuel Mancera pero, tal vez, se trate de un gusto personal según los estereotipos creados.

En cuanto al eje central de la historia, se trata de una noticia que provoca la ira del más poderoso y la libertad del resto. Es gracias a un nuevo empleado que se conoce sobre una enfermedad que está alcanzando cada vez a más personas pero que se ignora su origen, entre otras cosas.

La locura es temida, desplazada, tapada e inclusive ultrajada por los más conflictivos. Una harina contaminada que no producirá malestar sino demencia, dolor físico y la muerte.

Son varios los pretextos que van surgiendo a lo largo de la dramaturgia y es muy interesante la complicidad que se produce entre una y otra persona.

Idefectiblemente, no pude dejar de acordarme de El puente y unir conceptos fundamentales entre ambas historias. Es increíble y estremecedor cómo la quietud puede ser corrompida por la voz externa. Cómo se le da entidad a cualquiera, cómo es necesario creer en algo o en alguien para sentir seguridad de algún modo.

Es esto lo que ocurre en El pan de la locura: la rutina los mantiene como rebaños sin que puedan cuestionar al sistema. Sin embargo, el padecimiento ajeno va creando conciencia en ellos y despiertan, de a poco, de esa quietud inmensa en que permanecían.

Ellos, son tildados como sujetos no pensantes, ignorando que en verdad tienen demasiado para decir y que cuando eso ocurra podrá ser demasiado tarde para quien los subestimó.

Con respecto a la escenografía y puesta en escena, realmente, logran recrear el espacio físico como una panadería de verdad. Utilizan mercadería real, utensilios y determinados objetos que están relacionados con el rubro. Sin lugar a dudas, la harina, es el elemento que nos permite sumergirnos en esta comedia dramática en la cual es imposible sentirse ajeno. Por el lado del vestuario, es el tradicional blanco del rubro, utilizando, además, ropa de calle normal en ciertos momentos de la historia.

La luz, tenue, más bien sepia, logra trasladarnos a esos años en que la Argentina intentaba conseguir una estabilidad política y económica, sin conseguirlo demasiado.

Todos tenemos cosas para replantearnos día tras día, pero ellos tiene al menos una oportunidad para cambiar sus rumbos, para desvincularse de un engranaje que en nada los beneficiaba y para poder ser parte de un nuevo modelo impulsado por ellos mismos.

Fueron muchos los cuerpos que cayeron tras el envenenamiento en Francia. Quizás por su lejanía costaba creer que en este barrio porteño ocurriera algo semejante. Ni la corrupción ni el egoísmo ni la burocracia pudieron salirse con la suya.

Tras los enmascarados estaba oculta la miseria, tan perversa como cierta y tan real como inesperada.

El pan de la locura ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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Que primen los ideales

Conquistadoras

Las obras escritas por Susana Hornos son deliciosamente inteligentes, colmadas de diversos sentimientos y totalmente desgarradoras. Esta nueva propuesta, llamada “Conquistadoras” (dirigida por Julia Calvo), le permite a Susana indagar en un género que, hasta el momento, no había tenido posibilidad de traer a un escenario pero sí explorar para su profesión: el humor.

En “Conquistadoras” puede verse a dos mujeres enfrentadas, a dos países tan parecidos pero opuestos a la vez, a una argentina viviendo en España y a una española residiendo en Argentina. A la guionista y su amiga Carolina Calema, una gran actriz e intérprete.

Dos mujeres fuertes pero sensibles a la vez, con ganas de luchar por un país mejor pero dándose cuenta -de a poco- que lo único importante es la causa y no el lugar que se habita, que las diferencias históricas no tienen por qué ser el paramente de construcción vigente y que repetir tradiciones no siempre conduce a buen puerto.

Desde la llegada de Cristóbal Colón a América, descubriendo lo ya descubierto por los Vikingos, hasta las políticas migratorias de Europa fueron provocando un gran descontento y discriminación en Argentina, antes y ahora. El boca en boca ha sido fuente de desconocimiento o información errónea. Respecto a España, seguramente sus habitantes se sintieron del mismo modo al intentar vivir aquí, sin quizás tener un trabajo asegurado. Las políticas son diferentes pero a veces otros factores anímicos son iguales sin importar la raza, la religión o el color de piel. La desolación, la angustia y la incertidumbre son sentimientos que debe atravesar cualquier inmigrante.

Al ver a las dos actrices en escena, se trasluce eso, justamente. Dos amigas enfrentadas por el pasado geográfico, sin darse una tregua. Un ring las pone a prueba y, juntas, deberán ir encontrando la manera de perdonar o de derribar a la otra. Si eligen lo primero, estarían escogiendo el camino de la evolución y aprendizaje. Si, en cambio, optan por lo segundo, repetirían la historia escrita por Colón y sucesivos hombres que solo buscaban ganar poder y tierras.

Mucho no ha cambiado el panorama en cuanto a los conflictos mundiales. Están los que ante una crisis abandonan su país de procedencia para probar suerte en otro o los que se aferran a su tierra natal y pelean día tras día. Es tan personal la decisión que nadie podría criticarla.

Lo que ahora importa es que España y Argentina están más cerca que nunca. Sus experiencias se van cruzando como si se tratara de una embarcación que navega en busca de propósitos. Argentina sufrió una desgarradora crisis en el 2001 y cuando todo parecía estar perdido, años más tarde se superó. España, parecía ser intocable y ejemplo de colonia, cuando hace rato que está atravesando una dura batalla que seguramente supere en algún momento.

Como dos espejos, cada una se mira en el suyo y se los intercambian para mirarse en el de la otra. La dura pelea que debe tener a diario cada inmigrante para habitar un suelo que no le pertenece. El propio tampoco le pertenece pero lleva un tiempo descubrirlo y asimilarlo. Todos nacemos en un sitio que no escogimos jamás. Solo con el correr de la vida podemos elegir el nuestro, aquel que nuestro corazón mira, observa y ama.

Existen muchos momentos interesantes y desafiantes durante la obra. Como si fueran pequeños sketchs, ambas actrices representan momentos importantes y trascendentes de la historia de los dos países que luego se entrelazan con las escenas sobre el ring. En cuestión de segundos, logran interpretar a dos amigas para luego mostrar sus lados oscuros.

Vestidas como luchadoras, con zapatillas de boxeadoras y unas chalinas hermosas; demuestran que se puede tener estilo para enfrentarse. Sus ojos estarán vendados hasta que tengan que verse las caras y recordar sus pasados.

La dirección de Julia Calvo es impecable y las tres artistas logran lucirse. Se trata de su primera función, lo que las dota de adrenalina y esas sensaciones inexplicables para ellas y nosotros como público. Y sí, somos fervientes televidentes frente a un programa en que se debatirá sobre el bien y el mal, sobre lo que corresponde y lo que no, sobre el deber ser y sobre el amor.

La voz en off masculina, da la posibilidad de transitar esos fragmentos del programa y la votación se definirá en momentos.

¿España o Argentina?

¿Conquistar un país o tus propios sueños?

Miércoles y sábados 20 hs. Auditorio Losada (Av. Corrientes 1551 – C.A.B.A.). Hasta el 11 de octubre.

Mariela Verónica Gagliardi

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Entrevista a Senel Paz – autor de “Fresa y chocolate”

El escritor cubano, Senel Paz, destacado autor de cuentos y novelas -que viajaron por el mundo- reconocido y premiado por su cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo -que permitió ser adaptada para el film Fresa y chocolate (1994)-, estuvo presente en la obra Fresa y chocolate (dirigida por Leonardo Gavriloff), sentado como uno más, aplaudiendo como uno más y emocionándose como todos los presentes.

¿Cómo lograste adaptar esta obra, pasados veinte años del estreno de la película?

La historia original es literaria. Lo primero que yo escribí fue un libro de cuentos y antes de que se hiciera la película en Cuba se hicieron adaptaciones teatrales por otros actores. Y a mí me gustaban pero había como mucho respecto por el texto narrativo y yo decidí hacer una adaptación porque tenía la libertad de hacer re-escritura, de desarrollar más los personajes. Estos personajes míos, el modo mío de trabajar aparece en otras obras mías, en otras películas mías y lo podían seguir desarrollando. Y también la experiencia de la película, me dejó muchas experiencias humanas, de gente que me contaba lo que había significado para ella la película. Tantos Davices como Diegos. Y me di cuenta de que se podían decir más cosas de la obra y que yo, como autor, lo podía hacer crecer.

Además, es puramente emocional. O sea, tiene muchísimo de lo que es la literatura, poemas, música, todo muy finamente escogido. Es espectacular. Mucha inteligencia pero, sobre todo, lo que emociona, es toda la carga, justamente, emotiva.

A mí también me atrae mucho el género dramático y quisiera conquistarlo. Nunca escribí, todavía, una obra que nazca en teatro. Mi obra se adapta mucho, pero no he escrito directamente para teatro y quiero hacerlo.

Te va a salir espectacular, desde ya.

El teatro me encanta.

Mira toda la sala llena que tuviste.

Sí. Ha sido una función maravillosa para mí. Yo la vi como si no la conociera.

¿Y, qué es lo que te llevás de estos actores?

Están muy bien la verdad. El trabajo del director y de ellos… ahí descansa la obra. Yo la vi como si no la conociera. Me divertí, me emocioné, se me atragantó, a veces, la garganta. Y me gustó mucho el trabajo escénico así tan limpio, con tan pocos elementos. Me pareció muy inteligente, la verdad. La obra está muy respetada no solo en su texto sino en su espíritu. Esta pieza tiene ya veinte montajes en distintos lugares.

¿Siempre en Latinoamérica?

No. Se montó también en Estados Unidos y una versión en Alemania.

Qué fuerte debe haber sido en Alemania, me imagino.

Sí. No la puede ver lamentablemente.

Quizás mejor, ¿o no?

Sí (risas).

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