*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La increíble historia de la divinidad

Parrandera´s9

Ficha Parrandera´sY, como si el destino lo quisiera pero el clima no, una noche de tormenta ingresé al Teatro Polonia para presenciar una obra que me recordó a las películas de Tarantino. Respiré hondo de felicidad y agotamiento a la vez, por esquivar los baches de las veredas y, al mismo tiempo, encontrar una propuesta increíblemente atrapante que me cautivó en todo momento. Quise que durara más, no porque la trama lo requiriese sino por el afán de pretender una segunda parte, como si siguiera inmersa en un film norteamericano.

Laura Correa, la creadora de Parrandera´s, Epifanía de un rapto escribe y dirige de una manera impecable, excelente, con un vuelo más alto que el de cualquier Dios. A partir de este drama subraya lo que desea resaltar y mantiene el suspenso para sorprender con ocurrencias súper creativas.

Sentada en primera fila, contra la pared de costado, de repente tuve a uno de los actores ahí nomás. A unos centímetros. No había modo de escapar a la historia, a sus personajes. Fui partícipe al igual que el resto de los espectadores. Fuimos el público de la obra pero, por sobre todas las cosas, de lo que sucedía a cada rato. De un secuestro que en nada se parecía a los convencionales, de las cumbias famosas en inglés, de las metáforas y simbolismos que flotaban en el aire de esa habitación, de ese bar, de cada situación planteada y acontecida.

Qué decir de los actores que traspasan la ficción, que se inmiscuyen en sus personajes de principio a fin y que es posible deleitarse hasta con el más mínimo detalle.

Por momentos me detenía a observar a uno, mientras escuchaba al resto e iba cambiando mi foco como si estuviera mirando a través de un lente. El cine está presente con toda su magia, con los prototipos e identificaciones, con cada una de sus singularidades en que ocurren las escenas.

Cuando se menciona la parranda podemos imaginar fiesta, color, risas, alegría. Sin embargo, esta parranda es diferente. En ésta se puede ver a una estrella de la cumbia cual tal virgen que desea elevarse por lo alto y cumplir los deseos de todos sus seguidores.

Lydia Stevens, vestida de country, de brillos, de lo que se inspire para cada recital y pretendiendo ser lo que sus fans quieren. Su personaje (Raquel) nos enseña que el egoísmo no tiene por qué existir, que se puede brillar como respuesta al amor pretendido, que el glamour y las balas pueden combinarse a la perfección. Que una mordaza puede significar un antes y un después, que el deseo de unos pobres hombres que viven porque el aire es gratis, pueden ser felices adorando a una mujer de carne y hueso a la cual imaginan como divinidad.

Total, ¿qué importa la realidad real?

Pareciera que viven encerrados en un submundo creado a su antojo. En el que beben los tragos que quieren, pidiendo las canciones que desean, sorprendiéndose a cada paso y creyendo en los milagros cuando todo está perdido.

Porque un día cualquiera aparece el hermano de Raquel, para rescatarla. Para sacarla del lugar en el que permanece prófuga. Pero, todo cambia cuando descubre que, sin pensarlo, es capaz de dar singularmente.

Pareciera ser que su libertad, cuando la tenía, no le servía absolutamente para nada. En cambio, sus secuestradores le indicaron su camino en la vida y la satisfacción para ambas partes fue factible. Porque eso es tan difícil de hallar y, por lo visto, no es tan imposible de lograr cuando se tiene al descubierto el goce.

La tragedia está presente, el conflicto entre lo que se debe hacer, también. La sangre será consecuencia de ese choque de intereses y lo único que permanecerá en el éter será ese universo de sensaciones, de momentos, de instantes en que solo importaba la pulsión y nada más.

En cuanto a lo que conforma el espacio escénico, desde los primeros minutos de la dramaturgia ya es posible ingresar en el código planteado por su autora y, una vez que eso ocurre, solo se podrá disfrutar de la originalidad y la adrenalina.

Mientras tanto, la iluminación y los efectos desarrollados durante la trama nos permitirán estar también raptados por un rato. Porque si eso puede llegar a sentir cada espectador, considero que el éxito está asegurado.

Parrandera´s es una obra diferente, con un texto que va y viene a su antojo, en el que no es posible saber lo que sucederá y por eso es que la música nos invitará a desviar la atención para dar la bocanada final.

Cuando las promesas ya no sirven y el dinero ya no todo lo compra, el castillo de arena se derrumbará por completo para demostrar lo incierta que puede resultar la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Que el Señor te ayude

El sepelio1

Una misa, a través de la radio, nos envuelve desde el comienzo. Causa gracia, atención y una invitación al mundo del Señor.

No acostumbro leer demasiado la sinopsis de una obra para no verme condicionada en la escritura. Creo, fervientemente, que quienes lo hacen pierden espontaneidad, sentimientos y creación en una propia conclusión.

Quise que «El sepelio» (escrita y dirigida por Heidi Steinhardt) me sorprenda por completo, y así lo hizo. Muy lejos de caer en la obviedad de la muerte, ella configuro unos diálogos fantásticos, llenos de comicidad, humor negro y alegría. Nadie, me incluyo, podía parar de reír y comentar con una palabra -a la persona que tenia al lado- lo que estaba viendo.

Todos, nos sentimos con ese placer único de ver en escena a grandes actores, acompañados por un dirección excelente. No siempre funciona que el creador de una pieza artística pueda dirigir tan bien su propia obra. En este caso Heidi logra el objetivo de mimetizar una historia profunda, sobre la que predomina el humor, pero también la tragedia.

Un escenario muy cargado, con detalles que fueron induciendo, de a poco, a lo fundamental del relato. Por un lado, una mesa que da cuenta de lo importante que es la religión para Zulema (Cristina Maresca). Al centro, una mesa con dulces para apaciguar la amargura de la vida. Hacia el otro lateral, un mueble que no se utilizará más que para sostén de otros objetos.

No hace falta, ni es necesario, que muera alguien para hablar sobre el tema. No hace falta enterrar a un difunto para que surjan determinadas conversaciones.

En esta oportunidad, una madre -ex maestra de colegio-, cita a sus tres hijos: Coyi (Diego Rinaldi), Pedro (Guido Silvestein) y Alfredo (Ariel Mele); para hablarles sobre una cuestión que la tiene preocupada. Pero, en torno a esto, ellos irán sacando de adentro suyo la bronca que tienen hacia ella, siendo que esta madre les dio todo a lo largo de la vida.

Tuve mucha bronca al sentir que no le valoraban nada a esta mujer tan luchadora, que tuvo que hacerse cargo, sola, de sus hijos pequeños. Ella es buena, al igual que sus hijos pero, a lo largo de los años han construido una relación sin respeto en la cual es válido decir lo que sea, aunque con esas palabras se lastime o hiera.

Producto de la necesidad o desesperación, y por comodidad; cada uno de ellos fomentó la dependencia sin evaluar, siquiera por un momento, cuánto los destruiría como familia. Ya son adultos y en vez de valorar a su mamá, la critican y no les interesa estar a su lado.

Ella, por otro lado, tampoco disfruta de sus hijos, a quienes considera fracasados por determinadas evocaciones que va haciendo a lo largo de la dramaturgia.

Este es el claro ejemplo de que se ríe para no llorar. Cuando me di cuenta de que estaba alegrándome, a carcajadas, tomé conciencia de la situación. Son cuatro personajes muy ciclotímicos, que están descriptos de forma exagerada y no tanto.

Un desayuno con una mesa llena de cosas ricas puede ser el plato principal a la angustia. Ninguno de los hombres se comportará como tal sino como niños que no han crecido ni madurado.

¿Puede ser el dinero lo único que los una? Ella no es rica, ni tiene demasiado pero la sola suposición de que es una persona grande, quizás, les dé la esperanza de quedarse con algo.

¿Existe la posibilidad de que sea ella la que trame un plan?

Durante el avance de la historia se oscilara entre estas dos cuestiones, lo que harán que la pieza teatral sea atrapante en todo momento.

Lo más evidente puede resultar menos real y viceversa.

Zulema es una mujer desesperada que antepondrá sus intereses ante todo. Tres hijos, supuestos herederos, que se confabularán en contra de su progenitora por no conseguir lo que desean.

¿Qué desean?

Sus rostros solo reflejan maldad, egoísmo, odio, pena y asco por los demás, resentimiento. Solo se unen para sentirse con más fuerzas y derribar al más débil. Lo que jamás se imaginan es que la persona más débil los necesita y que cualquier indicio que crean tener, los hará equivocarse.

Quizás nunca se enteren de la verdad pero, lo interesante, es ver el desenlace y ese teléfono que será el objeto fundamental para el mismo.

«El sepelio» los lleva de viaje a un territorio oscuro, gris, pesado y tenebroso, donde tendrán que enterrar el pasado para siempre o elegir con qué quedarse.

El sepelio ficha

Mariela Verónica Gagliardi