*** Noviembre 2017 ***

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Entrevista a Adrián Canale, director de La vida brutal

Adrian Canale

Es Director, Docente, Actor y muchísimo más. Egresado de la EMAD, siempre estuvo en ejercicio de sus profesiones artística y tienen en su curriculum decenas de obras.

Puedo mencionar entre algunas de las últimas: Nuestros hijos, El orden de las cosas, La gran noche y la actual obra La vida brutal.

¿Por qué una versión de La gaviota? ¿Cómo surge?

Los por qué se sostienen, principalmente, desde el deseo de profundizar un texto poético y muy conmovedor que sirviera, a su vez, de entrenamiento y capacitación para un grupo de alumnos de 3er año. La obra surge como trabajo de egreso del grupo de 3er año de la Escuela de formación actoral Pedro Escudero del Municipio de Morón.

La vida brutal es una apología a?

Si tomamos como referencia el significado del término, apología es el discurso que se realiza en defensa o alabanza de algo o alguien. Nada mas alejado de la escritura chejoviana y también de lo que se intenta en “La vida brutal”. Nada para defender o alabar. Simplemente mostrar, de manera sencilla y cruda a la vez, el mundo interno y de relaciones de unos seres un poco desesperados y tristes, que no pueden amar a quien quisieran y que no pueden ser amados por quienes desearían.

¿Cómo fue el desarrollo e investigación de esta obra de teatro?

Trabajamos la adaptación sobre la obra original de Chéjov y, también, sobre la versión que hizo Daniel Veronese: “Los hijos se han dormido”. A partir de ambos textos y haciendo a la vez una nueva versión, tomando en cuenta las necesidades del grupo, armamos “La vida brutal”. En cuanto a la actuación, intentamos que sea lo más austera y sencilla posible, sin sobreactuados y remarcaciones, profundizando sobre los vínculos humanos.

¿Qué fue lo que quisiste rescatar principalmente de Chéjov?

Rescatar la sencillez con que describe las relaciones entre las personas y los deseos insatisfechos de las personas. La profundidad de su poesía y su humanismo visceral y, sin prejuicios, sobre el alma humana. Su mirada piadosa sobre todo.

¿Cómo fue el proceso creativo de la obra?

Se trabajó muy particularmente en el estilo de actuación y su relación con el espacio, ya que la obra se realiza en una casa pequeña, en donde el público está muy cerca y la relación actor-espectador es muy íntima. Esto permite, a su vez, una intensidad potente y, a la vez, contenida. Con respecto al espacio, la obra tiene la posibilidad de adaptarse a distintos espacios…

¿Qué similitudes podrías hallar entre una época tan lejana en que se escribió la gaviota y la actual?

Lo que es universal en Chéjov es la mirada piadosa y delicada del alma humana. Su visión de las relaciones se mantiene en el tiempo, ya que en todas las épocas el amor, el dolor, la imposibilidad de mantener las relaciones, el deseo de reconocimiento; son temas que nos atraviesan. No son temas coyunturales, sino permanentes de todas las personas.

¿Qué expectativas tienen para el festival LATE?

Las expectativas son las de siempre: poder mostrar el trabajo a la mayor cantidad de gente posible, la creación de los artistas de la zona y establecer contacto con nuevos públicos.

¿Qué es lo esencial de la puesta en escena?

Transmitir la emotividad de lo que pasa en escena. Hacer un puente entre lo que le pasa en escena a los actores y lo que le sucede al público con esos temas tan actuales.
¿Con qué se va a encontrar el espectador?

Con un teatro vivo y presente. Sostenido, principalmente, por la actuación y la cercanía del público con los actores.

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Una cena frente al mar

Mar del Plata, noche lluviosa, con viento pero sin frío. La costa, las playas de La Perla y las luces que tiñen el paisaje de un suave anaranjado. El ruido del mar, fuerte, está picado y suena su furia. Nueve y veinticinco, entro al Hostel Alta Esperanza y pregunto por el altillo. Cordialmente me asignan un lugar, en la mesa, al lado de la recepción y me avisan que en breve subimos todos juntos.

Me seco la cara, me saco la campera y me siento. Ya hay otros espectadores en la misma que yo. Enseguida viene una actriz y nos lleva para arriba, subimos las escaleras, saludamos a algún turista y nos invitan a pasar. Adentro, dos mesas en cruz, sillas alrededor, botellas, vasos, platitos con la picada servida.

Los actores y las actrices abren las botellas, nos sirven, y empieza la función. Todo transcurre en la normalidad de una cena entre gente que no se conoce. Bajo una luz marina es un acontecimiento teatral, es lo más alejado a una obra tradicional, que al menos yo, he visto. ¿Me alcanzas un pancito? Gracias.

Una cena frente al mar

Inspirada en cuentos y poemas de Raymond Craver, escritor contemporáneo, sus textos, de carácter fragmentario, causan una fuerte impresión en los lectores y una endeble conmoción, imagínense en los espectadores de una función.

Los textos son narrados y actuados de a uno, de a dos, incluso hasta de a tres personajes, que se levantan de sus sillas, se cambian de lugar, hasta representan a más de un personaje en cuestión de minutos. Todo depende de lo que cuente el guión. Los afortunados que asistimos (no porque seamos pocos sino porque la capacidad es limitada) disfrutamos de la comida, del vino y entre nosotros, también se da una suerte de relación.

Mientras una de las actrices nos lee una carta, el espectador que está sentado al lado mío, pincha un quesito y lo saborea. La actriz no se inmuta, sigue, el de enfrente se sirve más vino, le acerco mi vaso, me sirve. Una cena frente al mar2De repente, podemos encontrarnos con que alguno o alguna del público presente, intervenga entre los actores. Se presta a que suceda, estamos totalmente interpelados por este grupo de siete locos.

En el desarrollo de la obra, con textos poéticos, preciosas reflexiones la mayoría, nos encontraremos además con pasajes risueños, historias de amor, de despecho, también hay subidas de tono, hay desenlaces inesperados. Alcohólicos en recuperación, madres e hijos.

Una obra anclada en la aparente cotidianeidad de una cena. Difícil saber con que va uno a encontrarse, y esto va para ambos lados, para los actores y para el público. Salud y buen provecho.

Esta obra volverá a repetirse durante el verano pero aún no están definidas las fechas ni los espacios, ya que es una obra con características particulares, y es que puede ser cómodamente transportable. Para más información sobre fechas, entrar en la fan page de Facebook: Bajo una luz marina.

Actrices: Claudia Mosso, Claudia Gonzáles, Paola Belfiore, Rosie Albarez.

Actores: Maxi Mena, Fabio Herrera, Gabriel Celaya.

Director: Adrián Canale

Melisa Morini

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Un rinconcito de arena y sal en el mundo

Una pequeña playa privada, propia, individual, un pedacito de arena en este caos. De escenografía, un armario mágico. Cuando las puertas se abren, podemos observar que cuelgan unos cuantos trajes, vestidos multicolores, tapados de piel, pañuelos, tules, anteojos, fotos y hasta una botella de alcohol.

Despacito, va despertando entre los trajes y queriendo salir del ropero, La dueña del mar. Un cuerpo anónimo que se refugia en su espacio salado, de viento, lluvia y mareas. Un cuerpo anónimo que tiene la particularidad de ocuparse del mundo, como si fuera cosa sencilla. Observar el mar, a cualquier hora, a todas las horas, a las seis de la mañana, cuando todavía no hay nadie, cuando por la costa solo vemos un perro flaco, ella se tiñe de olas, se transforma en mar por dentro y al fin sabe lo que quiere.

La obra remarca una estética puramente marplatense. En las puertas del armario se puede ver un collage de fotos antiguas de Mar del Plata, clásicas, de familias disfrutando las vacaciones en “La feliz”. Barcos en el puerto, algunas más modernas, de surf y castillitos de arena.

La dueña del mar se saca el vestido, se queda en traje de baño turquesa enterizo, se mimetiza con la playa, se pone las antiparras y bucea. Agarra la reposera y el sombrero y se sienta con los pies en el agua a mirar el cielo. Pide ayuda, nadie responde. Ella tendrá que poder sola.

Cuando se hace de noche, la dueña del mar se acuesta en su colchón de arena y se tapa con sus prendas. Se baña con la lluvia y se ilumina con la luz intermitente del faro en miniatura que guarda en el ropero. Recoge sus zapatos que son algas, sus ropas que son restos de botes abandonados, pescados muertos en la orilla, y dice chau, le pide a un “él”, habla con el pasado, con caracoles, con el amor, andate, andate y no vuelvas. Ella ya eligió lo que quería.

Idea y dramaturgia: Adrián Canale y Paola Belfiore

Actúa: Paola Belfiore

Asistente de dirección y producción: Claudia González

Vestuario: Mónica Arrech

Escenografía: Mariano Rafael Campero

Diseño de luces: Adrián Canale

Operación de luces y sonido: Marina García y Mariano Marrama

Dirección: Adrián Canale

La obra se presentó el domingo a las 20 hs.

El Club del Teatro (Rivadavia 3422 – Mar del Plata).

 Melisa Morini

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Sólo un recuerdo

¿Cómo creés que reaccionarías si te dijeran que has muerto? ¿Y si te dijeran, además, que debes llevarte un solo recuerdo? ¿Cuál elegirías? Es la pregunta que resuena entre estas personas que se encuentran, casualmente,  en un pasaje  hacia el Después.

En este escenario poco convencional, donde las cuatro plateas encierran de forma circular a estos actores, que quedan reducidos al medio, se piensan y se rememoran momentos. Felices como un primer amor, tristes como una mirada de preocupación, divertidos como una tarde de infancia con amigos.

En la oficina de filmación hacia la eternidad, los recuerdos se recrean con el fin de que duren para siempre. Cada uno de los muertos debe elegir uno para descansar en paz y abandonar ese limbo donde son interceptados, para quedarse con ese pequeño instante escogido y abandonar definitivamente la tierra.

Una obra para reflexionar, para corrernos el velo de la cotidianeidad y la firmeza de tocar el suelo, para permitirnos pensar en el momento de renunciar a la existencia, y analizar cómo ha sido nuestra vida.

Después es el quinto espectáculo creado a partir de los seminarios de teatro dictados por Paola Belfiore y Adrián Canale. Con un elenco de diez actores en escena: Mónica Arrech, Mónica Astuno, María Dondero, Claudia Gonzalez, Fabio Herrera, Cecilia Martín, Oscar Miño, Matías Olivera, Daniela  Pau y Paula San Martín. Vuelve a repetirse el domingo 16 de septiembre a las 20 hs en El Club del Teatro.

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