*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Una canción en un mundo de sordos

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¿El mundo es un lugar justo? (pregunta Sonia)

¿Qué pensamientos se pueden plasmar por escrito cuando un artista consigue rescatar la esencia y atmósfera necesaria para que una obra de teatro rusa se luzca en nuestra actualidad?

Francisco Lumermann es un creativo con su rol de actor, con sus dramaturgias y con la dirección impecable que lo caracteriza.

El primer acierto que tiene El amor es un bien es justamente la posibilidad de adaptar Tío Vania (de Anton Chéjov) a un público no necesariamente conocedor de literatura rusa, y, al mismo tiempo, darnos la oportunidad a quienes somos fieles seguidores de la misma a contemplar una excelente puesta en escena totalmente contemporánea.

Chejov escribió este obra dramática en cuatro actos en 1899 (en Rusia). Al año siguiente, la compañía del Teatro del Arte de Moscú (dirigida por Stanislavski) estrena una versión de esta historia.

Existen varios aspectos para analizar en esta adaptación realizada por Lumermann respecto de Tío Vania.

El lugar en que se ubican son diferentes: la versión original está situada en territorio ruso, en una hacienda aristocrática que pertenece a Serebriakov -padre de familia- y, en esta otra, ubicada en la ciudad de Carmen de Patagones (ciudad situada al Sur de Buenos Aires, a orillas del Río Negro el cual la separa de Viedma), en un hostel de barrio. Ambas viviendas están muy venidas a menos y van a ser parte protagónica de las tramas.

Por otro lado, la llegada de un médico también desatará enfrentamientos pero no por que se trate de una mala persona sino porque él sería totalmente diferente a estos personajes. Sabe lo que quiere, tiene convicciones -por más que los demás se burlen de éstas-, es visto como antagónico y, sin embargo, a todos atrae su personalidad.

Desde ya que no están todos los integrantes de la dramaturgia real pero sí quienes son más importantes: Tío Vania, llamado como Iván, su sobrina Sonia (hija de la hermana de Iván), Alejandro (el padre), su mujer Elena y Pablo, un médico y único huésped del hostel.

Se pueden mencionar algunos temas que surgen y desarrollan: el talento, la muerte, el amor, la soledad y las injusticias. No todo aparece mencionado explícitamente pero sí su simbología y vinculación con sus propias vidas.

Durante un primer acto podemos escuchar la voz de la joven Sonia que grita cantando sus sentires, acompañado por su tío. Tapados por un telón blanco, medio transparente, tras el que se encuentran ensayando para una fiesta muy importante a nivel local. Dicha celebración no es cualquier celebración sino la que se refiere a la Soberanía del pueblo de Carmen de Patagones que entre 1825 y 1828 tuvo que enfrentarse a Brasil ya que dicho país pretendía anexar a sus tierras a la actual Uruguay. Después de habérsele negado a Patagones refuerzos a nivel nacional, resiste la invasión consiguiendo que los propios vecinos salgan armados a defenderse, junto a un grupo de corsarios en el Cerro de la Caballada. Así, cada 7 de marzo, se lleva a cabo una fiesta que dura diez días y en la que se puede disfrutar de desfiles criollos, comidas, artesanías y varios números artísticos.

En esta obra, no es considerada más que una posibilidad para mostrar lo que se desea. Patagones, es utilizada para canalizar la oscuridad en la que se encuentran inmersos sus protagonistas. No hay forma de que sean felices porque, de existir manera, la depresión los seguiría hundiendo en el alcohol, los cigarrillos y las pastillas. Todos estos mecanismos son necesarios para que puedan evadirse de la realidad y seguir subsistiendo de algún modo.

Me parece muy acertada la escenografía de la que se vale la obra. Unas simples gradas que se unen o separan de acuerdo al momento que se esté llevando a cabo. Como si se tratara de una fotografía que quedó en el tiempo para ser recordada y nada más. Así están ellos, cada uno de ellos. De espaldas, de perfil, de frente, hablándonos a la cara, susurrando sus tristezas, angustias y penas.

Dos mujeres que se hablan con el corazón abierto, que intercambian sus ropas para sentirse diferentes y que, sin embargo, sus dolores son más profundos que cualquier comodidad o incomodid de vestuario.

El tío es la principal figura del drama. Él está abandonado, anhela compañía y cuando se enamora su amor no es correspondido. Sus días se vacilan entre las moscas reinantes y el deber que siente por priorizar a su sobrina. Esta es la única relación verdadera y sin secretos. Ambos seres son realmente encantadores para con el otro y su fidelidad les permite atravesar cualquier tipo de vicisitud.

Pero, existe otro problema que tiene que ver con la locación. El hostel no tiene más que a un inquilino y si bien las intenciones de Iván y Sonia no son malas, sus conflictos personales no les permiten afrontar la dura realidad en que se encuentra este negocio familiar.

El amor es un bien apunta, entre otras cosas, al poder económico y a aquellos miembros que se erigen como superiores por tener más que otros. En este caso, el padre de Sonia que juega de ingenuo hasta hacer estallar en palabras el motivo de su visita. Una visita que jamás será olvidada por quienes viven ahí y que, tal vez, con el tiempo haga que todo siga igual.

El amor es un bien tiene a cinco actores excelentes que interactúan entre sí tan espontáneamente que parecieran en verdad una familia.

José Escobar, un Tío más joven que el original, está abolido, no da más. No puede ni con su alma pero, de algún lado consigue fuerzas para no dejar desamparada a su querida sobrina. Una sobrina que podría progresar pero que la inacción del pueblo se transporta a sus venas para dejarla flotando en un brumoso aire. Aquellas partículas de nitrógeno y oxígeno que se contaminaron con el caso Junior, hundiendo a esta ciudad en el error de un alumno asesino.

Carmen de Patagones existe hace más de once años…

Elenco: Manuela Amosa, José Escobar, Diego Faturos, José María Marcos, Rosario Varela. Dramaturgia y dirección: Francisco Lumermann. Funciones: sábados 23 hs y domingos 17.30 hs. Moscú Teatro.

Mariela Verónica Gagliardi

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Compartiendo, todo se vuelve menos duro

Melodías de diván1

Bárbara y Verónica: ¿quién soy yo?

Elena: qué curiosidades tiene la vida, ¿no?

Verónica: a veces hacemos cosas imperdonables para seguir viviendo…

Elena: yo hice algo imperdonable.

Quién no habrá pasado por el consultorio de un psicoanalista para entender o ser ayudado durante algún proceso difícil de la vida o por el simple placer de saber cómo seguir en pie en este conflictivo mundo moderno.

Melodías de diván (escrita y dirigida por Gastón Marioni) sube a la cartelera porteña haciéndole frente a Rolón quien se encuentra a tan solo unas cuadras. Pero, esta historia interpretada solo por mujeres es pura ficción y no precisa exponer la intimidad de ningún paciente. Entre canciones románticas, melancólicas y nostálgicas es como los boletos más reconocidos vox populi llegan a un espacio colmado de una atmósfera cálida y con aroma a fresa.

La dulzura de cinco artistas que muestran el interior de cinco personajes encantadores que, si bien están estancadas, logran descubrirse unas a otras hasta hallar una verdad que las modificará para siempre.

Melodías de diván es, sin lugar a dudas, la privacidad sin velo que se erige como provocación a quienes no se animan a sentir.

Cada una tiene un trauma o algo que resolver y, evocando fragmentos de canciones es la manera que encuentran para canalizar sus angustias.

Lejos de ser un musical frívolo y que pretenda sorprender y envolver en pura adrenalina, Gastón Marioni deslumbra con los diálogos creados junto a su compañero, el talentoso Hernán Matorra en el piano -ubicándose en un espacio también íntimo-.

Con Arráncame la vida (interpretada por Graciela Pal) se abre esta velada realmente sutil, que tiene una estética y vestuario preciosos, una iluminación que intimida a quien tiene la palabra y evita a quien debe silenciarse. Así, los temas surgen como un volcán en erupción hasta que la lava corre más rápido que la luz.

Nada, Quizás, quizás, quizás y A mi manera; son algunas de las canciones que entre bolero y tango se turnan para llenar el espacio de sus propios sentires, aquellos que se identificarán, seguramente, con nosotros y nos veremos reflejados en autores tan reconocidos por el ambiente musical.

Pero, ¿qué es lo innovador y suspicaz de esta propuesta artística?

El modo de construir historias independientes y, luego, unirlas de tal forma que nunca parecieran haber sido muchas sino una sola. Como Woody Allen con sus guiones, Marioni tiene esa misma destreza para presentar a un personaje como por ejemplo el de la periodista Raquel Antolínez, (Ana Padilla), al instante a las divas Elena Da Ruggiero (Graciela Pal) y Sara Fingerman (Roxana Randón); y el de dos profesionales de la salud mental: Verónica Schultz (Julia Zenko) y Bárbara Urquiza (Magalí Sánchez Alleno), sin que podamos comprender qué vínculo o relación las une, qué es lo que las hace tan particulares o esenciales en esta dramaturgia. Pero, en breves momentos, se entiende el hilo conductor y la finura con que se van contextualizando los discursos de cada una.

Existen muchísimas obras, vigentes, que encaran la temática de psicólogo-paciente o de terapia grupal sin profesional -por diferentes motivos-. Lo cautivante aquí es que la figura del licenciado no es la de un mero erudito perfecto que tiene que dar cátedra de sus conocimientos académicos sino la de una psicóloga que, además, es persona y como tal sufre, ama, odia y se desespera cuando no puede resolver aquello que tanto la aqueja.

El universo de Melodías de diván es claro y confuso, como cualquier vida que ingresa a un sitio para salir modificada. Como las palabras dichas en voz alta para lograr cambios en los demás y no un mero descargo. Así, una ex diva sufre y deambula, literalmente hablando, otra cantante sin voz no quiere asumir que hace play back, la periodista toma nota de todo -encauzando lo que tanto la aqueja- y dos contenedoras sociales rebalsan cuando asumen lo que les toca.

Cinco vidas únicas que se conocen, que comparten un día de terapia grupal y, a partir de allí, salen siendo otras. Intentando ayudarse unas a otras y sintiendo pena de lo que le toca vivir a cada una.

Mientras un show es preparado, los ensayos de La Gaviota se suceden en el aire y todo lo proyectado se posterga por el presente, aquel presente que determina un antes y un después en el camino de estas valientes que triunfan en la mejor empresa: la personal.

Si no se quién sos, ¿cómo voy a saber quién soy yo?

Elenco: Magalí Sánchez Alleno, Roxana Randón, Graciela Pal, Ana Padilla, Julia Zenko. Libro: Gastón Marioni. Arreglos musicales: Hernán Matorra. Dirección musical: Hernán Matorra. Puesta en escena y dirección general: Gastón Marioni. Las funciones son los martes 20.45 hs. Teatro Picadilly.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un espectáculo a la francesa

Vaudeville

Un espectáculo se compone de la función, de la previa y, también, del final en que los artistas son saludados por todos. No siempre sucede lo mismo ni se siente lo mismo, lógicamente.

Si utilizara un término, éste sería: alegría. Durante los minutos anteriores a que abrieran las puertas de la Sala 1 del Teatro La Comedia se podían ver sonrisas. Para un lado y para el otro, felicidad, unos hablando con otros y ansiando que comience la obra.

Así, el clamor se hizo presente, deseamos que nunca terminara la noche para seguir teniendo presente a este elenco, realmente, impecable de Zapping Vaudeville.

Muchísimas figuras del mundo artístico estuvieron, ovacionaron y fue una verdadera fiesta en que todo adulto mantuvo vivo su corazón.

¿Por qué se produce este fenómeno tan bestial?

Se trata de un elenco, conformado por siete artistas, que demuestran su talento en escena, su vocación, su gracia y su empatía con el espectador.

Qué importante resulta que, por momentos, la línea que divide al escenario de la plata se esfume para dar lugar a esa fusión en que todos somos uno, en que la alegría se apodera para hacerla estallar una y otra vez.

Cómo un género que no siempre es valorizado, puede volverse un estallido mágico de atracciones imposibles de ignorar.

Vaudeville es una palabra de origen francés, a su vez un lugar geográfico en Francia llamado Vau de Vire (Valle de Vire) que es un valle situado en la frontera de Normandía. A raíz del surgimiento de canciones populares en dicho sitio es que se las conoce como Voix de Vire (voz de Vire).

Tanto en este país europeo como en Estados Unidos, existió el teatro de variedad, solo que de diferente modo.

En lo que respecta a este espectáculo, puede considerarse de la rama surgida en Francia ya que se hace mención al idioma, canto y demás sutilezas a lo largo de los números presentados. En el Siglo XVIII se hace conocido este gran fenómeno, con varias coincidencias respecto al circo y a su estilo de vida. Un género en el que se pueden observar segmentos de música, danza, teatro cómico y una vestimenta que acompaña, perfectamente, lo acontecido.

Dos excéntricos presentadores y artistas, Carlos Guedes y Christian Barbieri (autores de esta magnífica obra) deslumbran, constantemente, a lo largo del espectáculo en que los números serán para todo público. Para un público sagaz y con ganas de pasar gratos momentos en que la realidad será mostrada de modo absurdo, irónico y con códigos de humor negro.

Así, desfilarán por el escenario hasta aquel personaje nefasto y repudiado de la historia mundial, un títere de mano que dirá lo que otros no se animen, una bailarina que, grotescamente, pretenderá llamar la atención, otra que se disfrazará de oso para defender sus derechos; y un sinfín de cuadros realmente asombrosos y dignos de ser vistos y aplaudidos.

El slogan de la obra es: 50 artistas en escena, en la gira murieron 43 y los que quedan tienen que reemplazarlos. Desde aquí parten y, así, es como termina resultando efectiva la propuesta y el fortato de comedia que se le pretende dar al vaudeville. Cómo reemplazar a tantos, siendo tan pocos, no pareciéndose físicamente a quienes ya no están ni teniendo las destrezas que los otros tenían. Acá reside el trampolín para recorrer ese camino lleno de aventuras en que la ridiculización, ajena y propia, se convierte en un verdadero paraíso de risas.

Los mariachis mexicanos hacen también su paso, caracterizados con todo el vestuario tradicional y con unos bigotes realmente gigantes que tapan la mitad de sus caras. Música, en vivo, con instrumentos tradicionales y reciclados -los cuales otorgan melodías distintas-. Plumas decorando a la femme fatal y ensalzándola como si se tratara de una diva. Humor por doquier y una plata que deja de existir y nos traslada a un ambiente al aire libre en el que todos estamos al mismo nivel, en el que no existen las diferencias y en el que podemos ovacionar por la calidad que brindan en cada sketch, fabricado tan artesanalmente como con amor.

Como si se tratara de una formación, cada uno de ellos es un vagón y, juntos, desfilan por todos lados, ansiando no parar nunca y llevando alegría cantada a toda persona que se atreva a sumarse a este tren que siempre viaja con butacas libres.

Idea y libro: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Elenco: Carlos Guedes, Christian Barbieri, Giuliana Nieto, Lula Rosenthal, Clara Quarneti, Zulma Zucca, Melina Saavedra. Orquestaciones originales: Joseph Chaparro. Letras canciones originales: Matías Canony. Coreografía y dirección general: Carlos Guedes y Christian Barbieri. Funciones: lunes 21 hs. Teatro La Comedia.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una explosión de sinceridad

Noche de paz

Existen familias que ansían la llegada de las fiestas católicas y, otras tantas (cada vez más) que esperan pasarlas por alto de una vez por todas. Casi siempre generando conflictos o, tal vez, acercando las diferencias es que el 24 de diciembre podría eliminarse del calendario y que la armonía se apodere de cada uno.

Pareciera ser que el arbolito, sus regalos y cada tradición alrededor de esta celebración, es considerada una ridiculez junto a su comida pesada y calórica de norteamérica -trasladada a nuestras tierras en que las temperaturas van en aumento-.

Noche de paz (escrita por Juan Ignacio Bruzzo, con música original de Damián Mahler y dirigida por Damián Iglesias) es un reflejo de este sentimiento que se expresa en obra de teatro musical, generando la pronta identificación con los espectadores.

¿Qué sucede con los miembros de la familia que no se invitan para el festejo, los secretos que se ocultan, las rispideces que pretenden ser disimuladas y la poca o nada de tolerancia que se suceden horas antes al brindis por un nuevo día?

Esta comedia tienen tintes de humor negro, que permiten acercar al absurdo en su máxima potencia. De hecho, a lo largo de la dramaturgia, se hace constante hincapié en éste, explicando -de manera explícita- qué es absurdo y qué es ironía. Como para que no queden dudas del significado que quiere darse a entender.

Ni noche de paz ni noche de amor. Nada de eso ocurrirá. La comedia estará dividida en dos escenarios: el montado con mobiliario y decoración en que la Noche Buena se esperará y, el otro, generado simplemente al cerrar el cortinado del teatro para que la brecha entre una sensación y otra sea marcada y logra tenazmente.

En la casa de Santino, quien querrá presentar a su nueva novia Paloma, ocurrirán todas las discusiones típicas de una cena de esa especie. La paz se verá abruptamente interrumpida por un acontecimiento que dará espacio a lo que se quiere contar en esta historia. Serán dos los personajes que más resalten en la obra, por sus antítesis y talentos: Diego Bros y Ana Victoria De Vincentiis. Sin desmerecer el trabajo del resto del elenco, quien se encarga de contextualizar cada escena e intervenir oportunamente, son estos dos artistas los que cobran un vuelo diferente. Un Diego Bros que interpreta a tres personajes y que el más homenajeado es el de la madre de familia; despertando las carcajadas, constantes, y la originalidad de cada uno de sus movimientos. Por momentos recordé a Mrs. Doubtfire (film interpretado por Robin Williams), donde el protagonista consigue manipular los lazos familiares para conseguir sus objetivos. En la película una de sus metas era recuperar la relación con sus hijos que, a raíz de su separación, se vio afectada. Si bien en Noche de paz no es la misma situación, sí existe una estrecha semejanza en que los vínculos se ven afectados por malos entendidos y personalidades que chocan.

Con respecto al personaje encarnado por De Vincentiis, no es sorpresa que canta y vocaliza de una manera emocionante, lo cual es difícil de hallar en comedias musicales; pero considero que es necesario hacerlo en cada nota referida a su participación.

Noche de paz es una propuesta para pasarla bien, escuchar buena música y letras totalmente entretenidas para descontracturarse un jueves. En cuanto a la duración de la pieza artística, es de un poco más de una hora, tiempo exacto como para que la historia no sea redundante y todos tengan su momento de esplendor. Entre diálogos picantes, una trama redonda y mucho carisma actoral, Noche de paz llega a su desenlace en que sorprende con el toque final. Como una percusión que se fusiona con villancicos y campañitas para demostrar la ironía de toda hipocresía navideña.

La mesa está servida y que pase lo que tenga que pasar.

Dramaturgia: Juan Ignacio Bruzzo. Música original: Damián Mahler. Elenco: Ana Acosta, Sebastián Holz, Diego Bros, Patricio Witis, Ana Victoria De Vincentiis, Martín Repetto, Joan Ramis, Federico Aquilano, Florencia Spinelli. Dirección: Damián Iglesias. Funciones: jueves 21 hs. Teatro Del Globo.

Mariela Verónica Gagliardi

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La imposibilidad de decir te amo

Werther157

Jules Massenet (1842-1912) es un compositor francés muy distinguido, del Siglo XIX, pero que no contó en su momento -como solía ocurrir en aquella época- con la aprobación del público, a nivel masivo.

Sus piezas musicales denotan una sensibilidad extrema, que lo exhiben como una figura romántica de antes y de ahora.

En cuanto a sus óperas, algunas de las que ha escrito son: La coupe du roi de Thulé (1866), Le Grand-Tante (1867), Manon (1884), Le Cid (1885), Esclarmonde (1889), Werther (1892) y Thaïs (1894).

La presente pieza artística, que abre sus puertas en el Teatro Avenida, es Werther. Una historia que se basa en el amor, en el suicidio y en las familias conservadoras.

Inspirada en la novela epistolar de Johann Wolfgang von Goethe, titulada Los sufrimientos del joven Werther (basada en la desventura sufrida por el autor, cuando en 1772 conoció a Charlotte Buff, casada con un funcionario de apellido Kestner, y se enamoró de ella. Si bien al tiempo formó pareja con otra mujer, sus penas fueron puestas en páginas), permitió que Édouard Blau, Paul Millet y Georges Hartmann le otorguen un vuelo diferente (aunque conservando sus principios y esencia original) ya que cuando Massenet decidió sumergirse en las páginas de Goethe, habían transcurrido alrededor de cien años desde su escritura.

Este drama lírico en cuatro actos, describe una época en que la Iglesia, la sociedad burguesa y el amor imposible; se cruzaban para enfrentarse, diluirse y traicionarse. El romanticismo como camino, como ruta a seguir, a transitar en el 1800 trayendo al joven Werther para demostrar cómo la rigidez de las instituciones (Iglesia Católica, Familia) permitían el descontento de personas como él, no siempre hallando un final feliz.

¿Por qué es imprescindible la vida de este enamoradizo y utópico hombre?

Justamente porque sin llegar a ser un “rebelde” se deja guiar por su corazón, persiguiendo a Charlotte quien está por casarse con Albert, aún sin amarlo. Los matrimonios por conveniencia, las promesas, el sufrimiento y las condenas propias e impuestas, son algunos de los rasgos que delineaban la vida tradicional del romanticismo. Trasladado de Alemania a Francia, el escenario se vuelve aún más conmovedor, tierno y con la ilusión de que la tragedia no sea como la versión alemana. Si bien, sabemos que los dramas pincelados por franceses son indispensables al momento de narrar una pieza lírica.

No existen demasiadas vueltas en esta historia. El argumento gira entorno a este amor no correspondido socialmente (ya que ellos se aman) y a los mandatos familiares que se imponen sobre cualquier sentimiento noble.

La sencillez de la trama es lo que permite que disfrutemos de las voces tan bien proyectadas por sus protagonistas, por el coro de Buenos Aires Lírica y el acompañamiento imprescindible de la Orquesta (dirigida en esta oportunidad por Pedro Pablo Prudencio).

Como suelo decir, humildemente, ingresar a una ópera es sumergirse en un universo completo en que se fusionan, a la perfección, las artes escogidas para desplegar en escena. Por tres horas, el mundo externo para borrarse para darle lugar a un cuento en que el vestuario, la música, el canto y las actuaciones nos harán vivir un momento único.

En cuanto a la difusión de la obra de Goethe, los jóvenes europeos solían vestirse como el personaje, copiarlo (lamentablemente en cuanto a su última acción) y ser considerada por Napoleón Bonaparte como uno de los trabajos más importantes en el continente (de hecho solía llevar siempre una copia consigo).

Durante el Primer Acto, que tiene lugar en la casa del Burgomaestre (Cristian De Marco), quien comienza a deleitar con la introducción de la historia -la cual es cedidad después de la gran apertura a cargo de la orquesta-. Este Bajo realmente es excelente y su interpretación y vestuario lo convierten en verdadero anciano que le enseña a los niños unos villancicos para la Navidad que está pronta a llegar. La alegría de estos pequeños se reluce en sus rostros que alegran, una y otra vez, las situaciones dramáticas.

Mientras el Tenor que encarna a Werther (Gustavo López Manzitti) comienza a contar sus vivencias y augurios, deseamos que Charlotte le sea correspondida al menos un momento. No existen demasiadas palabras para describir a este artista que se lleva la ovación del público y la compasión por su nostalgia en carne viva. Una verdadera obra maestra se produce y las melodías ayudan a nuestra imaginación, a una imaginación que conoce cada situación venidera y que no puede hacer absolutamente nada para evitarla más que desearla.

Al ingresar Charlotte, se produce un quiebre importante entre las canciones navideñas y la melancolía de Werther. La mezzosoprano hace su aparición y la femineidad que la caracteriza, le permite desplegar desde su ternura absoluta hasta su vocalización que consigue crear diversos climax a lo largo de la dramaturgia.

También ingresan a la casa, Sophie, (la Soprano Laura Sangiorgio, quien generó momentos inolvidables y con una magia escénica increíble) y, al instante, el prometido de Charlotte, Albert, (el Barítono Norberto Marcos Barítono). Ya están todos los protagonistas juntos como para hacer rodar la historia. Una historia que tendrá un final diferente a la original escrita por Goethe y que, seguramente, le gustará más a los espectadores.

Un despliegue conmovedor, una puesta en escena a cargo de Crystal Manich, increíblemente pintada de diversos colores según la escena a desarrollarse (gracias a la iluminación de Rubén Conde y la escenografía de Noelía González Svoboda), el vestuario épico dotado hasta con el mínimo detalle (diseñado por Lucía Marmorek) y un grupo de talentosos cantantes que saben vocalizar no solo con sus cuerdas vocales sino con sus cuerpos, unos cuerpos que hablan, que silencian miedos, que callan verdades y que cuando llega el desenlace ya no pueden evitar.

Dirección musical: Pedro-Pablo Prudencio. Puesta en escena: Crystal Manich. Diseño de escenografía: Noelia González Svoboda. Diseño de vestuario: Lucía Marmorek. Diseño de iluminación: Rubén Conde. Dirección de coro: Juan Casasbellas. Dirección de coro de niños Petites Coeurs: Rosana Bravo. Funciones: 31 de julio, 2 6 y 8 de agosto.

Mariela Verónica Gagliardi

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Vivan las diferencias

Los fabulosos Buu

El mundo color de rosa y el mundo de la oscuridad, se enfrentan como fieles enemigos. Todo lo mágico, lo delicado y “perfecto” aparecen en uno de los personajes, mientras el resto se encuentra en las penumbras más tenebrosas.

Una familia, de apellido Buu, protagoniza esta entretenida historia que lleva el título de Los fabulosos Buu (con idea de Barby Ostrovsky, escrita por Gastón Marioni, dirigida por Rubén Viani y con música de Hernán Matorra), en que todo lo que se creía de una manera se da vuelta. Sí, como el mundo del revés.

Cada teoría esbozada se cuestiona para, luego, analizarla y cambiarla. No existe lo correcto o incorrecto, el bien o el mal. Solo los supuestos cobran protagonismo para replicar diferentes pareceres.

¿Quién no ha visto Los locos Adams sin sentir fascinación por los personajes, por su estilo de vida y, seguramente, creyó que la locura era otra cosa? Los Buu (Silvana Tomé, Alfredo Allende y Meme Mateo) son adorables, atípicos y convierten lo espantoso en divino.

Hoy me levanté con el pie derecho – menciona la madre de Mía al comenzar su día. Y todos los parámetros y supuestos se tiran a la papelera de reciclaje.

Mal día, se dice al hablar por teléfono, y las carcajadas surgen sin parar hasta el final.

Cada frase y cada estructura se convierten en lo opuesto, valiéndose de la originalidad y creatividad.

¿Cómo podría ser que un monstruo no asuste y una cara bonita sí?

Hay gustos para todos y elecciones para todos.

Los fabulosos Buu es una pieza artística que tiene el honor de contar con una dramaturgia excelente, que despierta a aquellas mentes cerradas y a los corazones estructurados, haciéndoles conocer que no solo existe un mundo posible sino al menos dos y que se puede ignorar uno pero no invalidarlo. Como herramienta fundamental de esta comedia se encuentra la música, a cargo de Hernán Matorra, que le otorga dinamismo y acción a la trama; al igual que la dirección impecable y precisa de Rubén Viani.

Esta familia, compuesta por un matrimonio y su hija, vive feliz hasta que ésta última descubre que existe otra realidad posible y con la que se quiere vincular. Así, comienzan los conflictos que irán, de a poco, solucionándose.

Ante lo desconocido es común que exista una especie de miedo o temor. Sería como conocer a una sociedad con costumbres y valores opuestos a los nuestros, o con diferentes concepciones sobre la vida o el universo.

Luna (Sofía Pachano) es la niña bien, delicada, vestida con colores femeninos y dotada de una gracia absoluta para lo artístico. Frente a ella, su nueva compañera de colegio, Mía (Meme Mateo), quien contrasta y es capaz de mostrar cómo ser una monstrua puede llegar a ser lo más lindo y actractivo en cuanto a belleza.

Villa Espanto vs. Bella Vista, dos ciudades con particularidades que se enfrentan y unen para nutrirse y aprehenderse.

Toda certeza es esparcida para crear, en conjunto, un nuevo lugar donde pueden convivir los lindos, los feos, los aceptados, los rechazados, los que afinan y los que desafinan. Hay pocas cosas que no se pueden cambiar y esta es una de las enseñanzas en las que se apoya la dramaturgia.

A Mía le atrae lo desconocido y, como toda niña, no tendrá temor en andar por el camino prohibido y descubrir, por sus propios medios, si su familia es un ejemplo a copiar o si prefiere otro distinto.

El encargado de resaltar los valores de ambas compañeras de curso será el profesor de arte (Sebastián Pajoni), un docente, también, no convencional, que logra maravillarse ante la vida y enseñando aquello que no está en los libros sino en lo cotidiano.

Como si fuera una poción mágica, este grupo de talentosos, viene a ocupar el escenario desde un lugar diferente en que lo normal asusta y lo anormal atrae.

Muchas veces pienso que tenemos una sociedad bastante dormida y que, si todos, hiciéramos arte, el mundo estaría pintado de colores, como un arco iris. Como eso no ocurre, el resultado es una sociedad que juzga al que se sale de los estereotipos de belleza, de moda, de normalidad…

Entre coreografías, cantos y diálogos, Los fabulosos Buu consigue lucirse y permitir que quienes no sean convencionales tengan su espacio para sentir comodidad y relajarse -al menos durante una hora-.

Qué lindo y cuán gratificante sería para nuestra cultura el poder dar sin esperar recibir, y el hacer sin pretender.

Como copias idénticas, todos y todas quieren parecerse -de pies a cabeza- y no ser señalados con el dedo. Quizás, el primer cambio para ser como los Buu se base en no esperar la aprobación ajena sino en tener confianza en cada paso que demos. Solo así se podría esperar una integración del resto, de esa masa que se cree intocable y que tiene mucho caminar por aprender de familias como esta. Un maquillaje asombroso, una careta o una pluma en la cabeza. ¿Qué importa lo que se luzca?

Casi todo puede adquirirse, solo es cuestión de soltar y soltarse.

Elenco: Sofia Pachano, Silvana Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende, Sebastian Pajoni. Música: Hernán Matorra. Idea y coreografía: Barby Ostrovsky . Dramaturgia: Gastón Marioni. Dirección general: Rubén Viani. Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444 – C.A.B.A.).. Funciones de martes a domingos, 16 hs y 18 hs.

Mariela Verónica Gagliardi

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Existe un mundo sin wifi

Desenchufados

Es cierto que los tiempos cambian, pero, no necesariamente el pasado fue mejor. Los años hacen que, a la distancia, lo de antes se convierta en un ilusionismo en que lo malo desaparece y le da lugar a lo bueno. Como si el paso del tiempo se esfumara y disolviera aquellos pesares o disgustos.

Quienes nacimos antes podremos hacer un balance, en cuanto a entretenimientos, que las generaciones de ahora no podrán.

Recuerdo que en mi niñez si me nombran el juego de la payana, me sonaba a retrógrado y aburrido. Al igual que a un chico contemporáneo si se le menciona cuán divertido puede resultar jugar a la pelota en la vereda irá corriendo con su videojuego último modelo.

Lo que en su momento fue furor (recuerdo la mascota tamagochi a la que había que atender como si fuera un bebé) ya no lo es. Las comunicaciones se enfriaron en líneas generales, hablar por teléfono fijo casi no se estila y verse, es a través de una pantalla de videocámara.

Esta era en que la tecnología ha hecho sus avances, la especie humana dejó de comportarse como tal, para asemejarse más a un aparato.

¿Cuántos niños, hoy en día, redactan cartas y las envían por correo?

No soy tan antigua y, sin embargo, la Times New Roman es conocida y adoptada por todos, sin existir diferencias en cuanto a caligrafía. ¿Cartas de amor?

Si hasta las escuelas incorporaron, de a poco, la computación para no dejar a nadie al margen, permitiendo escribir en computadoras portátiles.

Todo en su justa medida. Una cosa es incluir y otra diferente provocar adicción o trastornos de dependencia.

Wifi Fest, La fiesta desenchufada (de la Compañía Desenchufados) es una suerte de cable a tierra, una mirada introspectiva y un tirón de orejas para los adultos presentes que -muchas veces- prefieren darles una tablet a sus hijos para sacárselos de encima.

A partir de un corte de luz, un grupo de amigos tiene que rebuscárselas para divertirse, prescindiendo de internet. Recordando que existen los libros de papel, se leen unos a otros diferentes historias, inventan personajes y convierten una tarde en pura música.

Además de ser una obra muy entretenida y llena de color, los artistas apoyan sus destrezas en la percusión -utilizando objetos reciclables como tachos de residuos, bidones de agua, ollas y coladores, entre algunos de los que aparecen en escena-.

Valiéndose de la imaginación, un ruido lo convierten en sonido y, de a poco, los juegos se van desarrollando hasta llamar la atención de todos los espectadores.

El único aspecto que quisiera subrayar es que no se canta en vivo, lo cual es notorio porque sí hablan durante las escenas y existe una gran diferencia vocal entre sonidos grabados e interpretados en el momento. Existen, de hecho, varios elencos que, por diversas razones, eligen hacer playback.

Dejando de lado esto, considero que es una propuesta que le enseña a toda la familia cómo entretenerse ante situaciones inesperadas, permitiendo disfrutar sin depender de la tecnología.

Agradables melodías acompañan el desarrollo de esta dramaturgia que hace participar al público en un momento determinado, siguiendo las instrucciones del grupo.

Marta Mediavilla es quien más sobresale en esta fiesta con una sonrisa contagiosa. Su carisma es inigualable y su arte se evidencia hasta en el modo de tomar los palillos de percusión.

El estallido final se da con la aparición de las boleadoras que se lucen con algunas figuras sencillas pero que provocan impacto visual.

Wifi Fest es una alternativa al zonambulismo cibernético y un aprendizaje musical económico. Ahora muchos niños irán corriendo a agarrar las ollas de la cocina o el cesto de basura sin pedir permiso. Todo en su justo equilibrio y, ¡las Essen no las toquen!

Guión y dirección artística: Ariadna Faerstein, Flor Yadid. Composición musical: Lucas Fridman. Elenco: Gastón Urbano, Marta Mediavilla, Martin Goldber, Brico Spoliansky, Melina Peregal, Tini Santamaria, Nacho Zabala.

Mariela Verónica Gagliardi

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Saltando más que nunca

Adriana7

Los niños no deberían conocer de problemas legales ni de cuestiones internas entre autores, intérpretes, etcétera. Pero, lo cierto es que hace varios años que la conductora infantil Adriana, no puede cantar la canción del Sapo Pepe. Sí, aquella que convirtió al anfibio verde en protagonista de fiestas, cumpleaños y celebraciones de los más chiquitos. Ese sapo que era un sapo y que la conductora, con su calidez y don de artista tocó con la varita mágica.

Por tal motivo, Adriana consiguió dotar a un nuevo animalito, que tiene las mismas características que el original, y bautizarlo como Poing Poing. De hecho, este nombre le da la característica de saltarín y, todos, realmente todos, relacionamos a ambos personajes con Pepe. Si bien Pepe fue privado de su libertad escénica -junto a la carismática Adriana-, su reemplazo no se nota entre niños y adultos.

Un Teatro Astral, lleno totalmente, hospeda a muchísimas familias que están felices de llevar a los chiquitos como excuso para presenciar este espectáculo. Es un show de colores, con muchos personajes atractivos y simpáticos que irán preparando el cumpleaños del Sapo Poing Poing. Timoteo, Lolo, Michu, Pimpón, Armando, Cholito, Lulú y Pepa serán los encargados de homenajear a su amigo y, hasta que llegue ese momento tan ansiado, nos irán divirtiendo con diversas canciones y coreografías.

Entre cumbias y diversos ritmos musicales, cada personaje tendrá su momento para darse a conocer, lo que permite aunar al público (consiguiendo nuevos seguidores y pintándoles sonrisas a los mismos de siempre).

¿Los adultos? Sí, realmente fascinados, moviéndose y cantando todos los estribillos. Participando en todo cuanto Adriana proponía. Es que cuando un show está bien hecho, con mucho amor y dedicación, sucede esto. Máxima felicidad de todos, y mientras estoy en el palco observo a una pareja de abuelitos que junto a su nieta, están contentos, admirando todo.

Lugar para el que miro, encuentro acción y clima festivo.

Entre tantas gamas de colores, formas, escenografías y estilos rítmicos, todo se desarrolla placenteramente.

Mientras tanto, envidias infundadas y mercenarias pretenden apropiarse del fruto de trabajo de esta educadora que no solo hace pasar un grato momento sino enseñar valores, tantas veces olvidados o perdidos en nuestra sociedad.

Las cartas documentos, los reclamos y todo daño a la imagen de Adriana, jamás podrán quitarle su lugar. Sabemos que la justicia no siempre es justa, pero quién más que los chicos para defender a la indiscutible madre de Pepe.

Mientras su papá, toca una canción en el teclado, ella lo acompaña cantándola y la celebración de Poing Poing no tarda en llegar.

Una verdadera fiesta que alegra a todos los corazones.

El sapo de los chicos salta en su lugar,

salta hacia delante,

salta para atrás.

Salta de costado,

para los dos lados,

este baile sí te va a gustar.

Mariela Verónica Gagliardi

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Los ochenta del musical

Sr. Imaginación

Hay espectáculos para niños que, muchas veces, pretenden replicar ciertos programas televisivos o películas de Disney, montando obras de bajo presupuesto y, dejando relucir que no se puede aspirar a aquello que no se tiene con qué. Y haciendo hincapié en este cuestión, no me refiero solamente a un tema económico sino al despliegue y creatividad que debe tener una obra para lo más chiquitos, a quienes se sigue subestimando.

Estas vacaciones de invierno, las princesas volvieron a escena y, por suerte, varios productores y directores apostaron por explorar diferentes historias que despierten en los niños la curiosidad y las ganas por encontrarse a sí mismos en momentos de aburrimiento total.

Sr. Imaginación (escrita y dirigida por Pablo Gorlero) es una excelente propuesta para compartir en familia. Y, por qué digo esto. Porque es uno de los periodistas de teatro que más conoce de musicales y que consiguió armar su propio espectáculo rescatando las canciones que escuchábamos -nosotros los adultos- de pequeños.

Así, María Elena Walsh, Gabi, Fofó y Miliki, Pipo Pescador, Julieta Magaña, el Topo Gigio, Enrique y Ana, Flavia Palmiero, Cantaniño, entre algunos de los que suenan en escena; permitirán que la cultura no se ahogue en aguas turbias y comerciales.

Elis (Elis García), Magalí (Magalí Sánchez Alleno) y Florencia (Florencia Benítez) son hermanas y tienen dos problemas: uno es que se tienen que mudar y, la otra, que al crecer olvidar ciertas cosas importantes.

Los recuerdos no tardarán en llegar y cada juguete, objeto y canción las trasladarán a aquellos años en que la magia se apoderaba de sus risas. Para ello una voz del más allá (Sr. Imaginación) las guiará por un sendero de luz en el que deberán confiar en sí mismas para encontrar su corazoncito infantil, aquel que las hará saltar nuevamente a la soga, al elástico, encontrar un cassette, la pepona gigante y llegar a la conclusión de que en verdad la música es la única encargada de despertarles esa melancolía por el pasado en que fueron tan felices y puedan recuperar lo que creían olvidado.

Durante el recorrido por este mundo mágico y asombro también tendrán la oportunidad de conocer a un superhéroe que es más bien un antihéroe, aunque luce como el primero con su capa. Él es Pablo Graib, quien se unirá a las tres jóvenes para entonar los versos más bonitos de la infancia. Quizás, los niños de ahora no tengan la posibilidad de conocerlos en su totalidad (eso dependerá de sus padres y entorno), entonces esta obra cobra, aún, más importancia ya que les permite escuchar una música que en los 80´ y 90´ desfilaba por todos los hogares, siendo la protagonista de nuestros primeros pasos en la vida.

Canciones para dormir, para saltar, para conocerse, para ser feliz. Canciones para todo y todos. Canciones populares y creadas para artistas de verdad que buscaban quedar en el imaginario social y colectivo. Canciones que buscaban unirnos y enseñarnos dónde se encontraba la felicidad. Canciones sin insultos ni degradaciones, ni bajezas.

Toda la historia sigue su recorrido hacia el pasado, enamorándose, conociéndose, jugando y representando situaciones hasta que aparece Aberdinangus (Facundo Magrane), un peculiar y encantador personaje que les recuerda un aspecto importante de la vida: el de no discrminar al diferente.

Juntos, con un vestuario lleno de colores -estilo vintage-, con una puesta en escena también en diferentes tonalidades y una iluminación que, en conjunto, cumple un papel fundamental en la obra; se consigue un producto novedoso, atractivo y en el que los artistas incluyen a los niños, haciéndolos partícipes del espectáculo. ¡Y qué importante que es esto! Que bailen juntos, que se conozcan, que bajen del escenario para cortar, al menos por un momento, la distancia que los separa.

Los cinco actores del musical tienen realmente destreza para las tres disciplinas y esto tiene un valor agregado. Cantan en vivo, bailan en vivo y actúan en vivo. Así debe ser una comedia musical que pretende ser mencionada como tal.

Gorlero merece una felicitación por llevar al Teatro Astral este colectivo de melodías que todo adulto de al menos treinta años conoce y desea, al menos durante una tarde, revivir.

Mariela Verónica Gagliardi

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Una confesión como justicia social

Boy Scout

El psicólogo noruego, Dan Olweus, a principios de los años setenta, comenzó a investigar acerca del acoso y violencia en los colegios. Fue el primero en utilizar el término bullying, ya famoso en nuestros tiempos. El significado está relacionado con pasar por encima a una persona sin tratarla como tal, despojándola de todo tipo de derechos. Bull (toro en inglés) hace alusión a dicha conducta que afecta a un gran porcentaje de adolescentes dentro del ámbito escolar.

Dennis Smith, un talentoso artista, utiliza tres palabras escogidas específicamente: aceptación, concreción y rechazo; para definirlas individual y grupalmente. Así, se produce la apertura al mundo de los sueños y de la realidad cruda que estalla de golpe sin pedir permiso.

Una ambientación, realizada con sogas y nudos, nos traslada a un bosque en que este personaje podrá defender su postura, conocer lo supuestamente correcto y elegir lo que más desea sin que nada le importe. O al menos, intentando que no le importe demasiado.

«BoyScout» es el nombre de esta comedia musical que tiene varios aspectos dramáticos y cómicos en su relato. Es que, desde ya, no causa gracia lo que dice sino el cómo. Dejando demostrada su ductilidad para componer a quien desee, desde la escritura hasta la acción del personaje; este pobre joven oscilará entre la vida y la muerte de manera constante.

Valiéndose de dos fuertes discursos anacrónicos, en los que se conoce su pasado en dos momentos totalmente diferentes; es él quien debe tener la fortaleza para decidir si quiere aprender a armar el tradicional nudo de ahorque o si pretende usarlo para un fin determinado.

Como si se tratara de una clase, los conceptos teóricos acompañan las escenas, una y otra vez; pretendiendo contar con nuestro apoyo por más que ahora es un adulto y ya no lo necesite.

El diferente es aislado, adoctrinado, utilizado. Su alma es violada, por más que no se la toque físicamente. Así, la personalidad de un niño es enajenada, sintiéndose vacía, sin sentido.

«BoyScout» es un trabajo brillante en el que las canciones forman parte del argumento y cada letra oficia de hilo conductor entre sus pesares más antiguos y los más llevaderos.

Un joven que fue invitado a formar parte de lo que se veía como perfecto, aquel campamento en que muchos niños conviven en carpas, en comunidad, aprendiendo cosas “útiles” y siguiendo a un líder que los conduce y enseña.

Bajo ese panorama, él creció, sufrió y, cuando no pudo más, decidió. Porque no estaba acostumbrado a decidir, sino a aceptar lo que otros decidían y eso no significa que el que calla otorga. Él no hablaba por temor, por vergüenza, por no saber cómo hacerse escuchar ni para qué gritarle al mundo -o al menos a sus familiares- lo que sentía.

Este niño es el autor, actor y director. Este niño es cada uno de los incomprendidos, de los que sienten otra sexualidad o despertar, aquellos que no quieren tener la necesidad de justificar lo que desean porque un grupo es ignorante y morboso.

Un carisma envolvente que estruja mi corazón cuando siento su dolor, cuando siento que su relato es el de muchos más que no se animan, cuando tantos adormecidos son silenciados y abusados, cuando las palabras sobran y empiezan a vibrar las melodías.

Cuando el pensamiento queda en reposo para que corra, desesperado, a un lugar aislado del campamento y encuentre el modo de no sentir pudor por lo que le pasa, por no sufrir la miseria ajena.

Consiguiendo emocionar y estremecer a todo espectador, invitándonos a conocer una historia íntima, sencilla y atrapante, con muchos matices que permiten transitar los climas y ambientes descriptos, puntillosamente, por el siempre listo de vestimenta camuflada.

Ese camuflaje que le permitió esconderse y esconder cada uno de sus secretos que en verdad eran sus pesares. Dicho pesares que se convirtieron en conflictos por no ser aceptado. Y sí, creo que un adulto puede luchar, realmente, contra viento y marea; pero un chico precisa de apoyo.

Oscureciendo los momentos que son más privados y llenando de blancos los que merecen más exposición; es que transita esta pieza artística arbolada sin árboles, en que los simbolismos tienen un peso fundamental y en que cada detalle sirve para componer BoyScout. Esta historia es un ejemplo de cómo no hay que vivir o, mínimamente, qué cosas hay tener en cuenta para elegir con el corazón sin sentir que éste se equivoca.

Esta obra se presentó el miércoles 15 de julio, dentro del marco del 11° Festival de Teatro de Rafaela.

Mariela Verónica Gagliardi