*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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Patriarcado versus Matriarcado. ¿Dos caras de una misma moneda?

El padre1

Ficha El padreNadie nace de un repollo pero hay quienes tienen la posibilidad de tener un padre presente y quienes se quedan con las ganas de poder disfrutarlo por diferentes circunstancias de la vida.

Hay quienes discuten, pelean y no le dan crédito en su familia por considerar que las decisiones las deben tomar otras personas. Por más irrisorio que suene esto, antes y ahora la figura de un padre ha sido y es boicoteada. El padre antes era el encargado de trabajar hasta el cansancio, hacer dinero y cumplir con todas las obligaciones. Sin embargo, la mujer, se dedicaba a tareas de la casa, a cuidar de los hijos y, tantas veces, a administrar el dinero ganado por su marido. ¿Que si la mujer estaba de acuerdo? Algunas quizás no, otras quizás sí y algunas tal vez ni siquiera se lo planteaban.

Sin caer en una dramaturgia sexista ni machista, El padre, la casa está que arde (es una adaptación de Fraden, del escritor sueco August Strindberg, dirigida por Marcelo Velázquez) es una delicia que se va digiriendo de a poco. Y digo, de a poco, porque a simple vista el texto podría ser atacado, por eso es ideal ingresar a la función en modo neutral para escuchar, mirar y observar (por sobre todas las cosas) de dónde viene este hombre, qué pretende conseguir y hacia dónde lo van llevando sus decisiones.

Haciendo un pequeño análisis sobre la vida de Strindberg, podemos decir que en el plano sentimental, tuvo una vida bastante sufrida, tuvo algunos intentos de suicidio, tenía un gran miedo a la soledad y la dificultad de adaptarse a la realidad real. Estos conflictos personales y tantos otros más le permiten soslayarse en la literatura y convertir sus desgracias en interesantísimas dramaturgias.

Lo que primero llama la atención es la escenografía, la cual está ubicada a lo largo del espacio y que le permite a los actores utilizarla como necesiten en todo momento. Ellos podrán caminar cual pasarela, usarla como mobiliario, escritorio y con diversas funciones, sin tener que cambiarla durante la dramaturgia.

Corría el año 1887 cuando el autor escribió este interesante e intrincado texto. Y, cabe cuestionar-se si algo ha cambiado en nuestros tiempos vigentes. Si la mirada de una mujer sobre su marido es otra, si la mirada de una sociedad completa acepta los cambios y qué lugar ocupa cada esposa en su hogar en la toma de decisiones. Porque es muy fácil y simplista colocar una figura con un rol determinado y pasar a otra cosa. Pero esa decisión tendrá consecuencias y la toma de una ideología que no podrá esfumarse.

Este padre es un ex Capitán del Ejército y pareciera, por momentos, no abandonar su uniforme ni su autoritarismo. Sin embargo, Laura (su mujer) no consigue ponerse de acuerdo con él sobre cómo educar a Bertha (hija de ambos) y, a partir de ese conflicto, todo lo que vendrá será catastrófico. Una manipulación tras otra recaerán en este hombre que terminará abatido, sin energía ni ganas de vivir. Y no es que haya que tenerle lástima o rendirle pleitesía pero su carácter lo ha metido en problemas difíciles de resolver con un chasquido de dedos. Él no será consciente de la ola de vicisitudes que se avecinarán y, cuando eso ocurra, ya nada podrá hacer para revertirlo.

Edgardo Moreira se sumerge desde el comienzo de la historia dramática en la piel de este ser, consigue interpretarlo de una manera formidable y en cuanto brotan lágrimas de sus ojos, el público se conmueve. No existe posibilidad de no emocionarse, de no sentir algo de pena por el lugar en que está ahora. Tanta lucha no le sirvió para ser escuchado. Y es que, tal vez, él no tenga ganas de equilibrar su matrimonio y solo quiera ganar: como en la guerra. La dupla que consigue con su nana (Ana María Castel) es tan tierna y sutil que dibuja una sonrisa en nuestros rostros. Sin embargo, este personaje irá mutando a lo largo de la historia y dará qué hablar su completa transformación.

En el siglo XIX se pretendía derribar al patriarcado, como ahora. Quizás como siempre.

Pero, aniquilar un sistema de antaño no significa derribar a quien tuvo el mando de determinadas decisiones. Debería ser poder compartir y, juntos enfrentar las adversidades. Pero esto hace temblequear al protagonista de Strindberg y que se sienta solo. A partir de esa soledad él pierde un poco la razón y todos sus miedos se apoderan de su cuerpo. Y cuando digo de su cuerpo no me refiero solo a la parte externa sino a su esencia, aquella que le permitió estar en pie y ser quien es hasta entonces.

Por eso, ¿es posible extinguir al patriarcado sin desmerecer la figura de papá?

¿Es posible vivir sin un padre? ¿Es posible que una madre haga lo que sea para convertirse en la sucesora de esa figura que tanto aborrece?

Habría que tener el cuidado suficiente como para no convertirse en espejo de lo que más se detesta. No sea que un día ese fantasma se apropie de las criaturas que parecían más celestiales y bondadosas.

Un elenco súper talentoso que se completa con Marcela Ferradás, Enrique Dumont, Luis Gasloli, Denise Gómez Rivero y Santiago Molina Cueli. Cada uno se complementa con el otro y por eso es que esta pieza artística agota localidades en cada una de sus funciones. Porque los actores desde ya tienen su trayectoria y porque conocer lo que un hombre piensa en su rol de padre es algo que no abunda en estos tiempos. Porque cada época tendrá sus hitos, complejidades y problemas a resolver; pero si más de un siglo después se sigue considerando que en una familia tiene que haber alguien que dirija esto sería lo más complicado de modificar, no al patriarcado en sí. Porque ningún ser humano merece ser desvalorizado para tomar su lugar o posición. Por eso, este Padre es la muestra intacta de lo que hombres y mujeres tenemos que destruir sin acabar con nosotros mismos. ¿Humanos contra humanos?

Mariela Verónica Gagliardi

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Un Hado Padrino que sí ayuda a ser feliz

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Las princesas y sus reinados están extinguiéndose, por suerte. Aquellas épocas en que había que ser “perfecta” físicamente, ya no es lo más aceptado por la sociedad, aunque la moda es un tanto retrógrada y, aún, se empeña por mostrar la anorexia en sus pasarelas.

“Desprincesada” (escrita y dirigida por Luján Zalazar) apunta a algo más profundo: a descubrir, internamente, qué quiere cada mujer en su vida e ir por ello. Parece algo trillado este mensaje pero siempre que una teoría sirva para reforzar un objetivo, no será simplemente slogan sino aprendizaje.

Para el caso, podemos notar cómo un vestuario se pone de “moda” y muchísimas mujeres lucen iguales, idénticas. Ya nada las diferencia. Sin embargo, están aquellas que quieren, que queremos, ser quienes somos y lucir lo que nos guste.

La princesa Victoria (Carolina Domenech), que así ya nace, tiene todo el derecho del mundo de construir su propio reinado que, quizás, se encuentre en el centro de una plaza o siendo hippie o descubriendo al amor en el sitio menos pensado. Pero, esta princesa, se despoja de sus ropas caras y elegantes para ser ayudada por el más carismático Hado Padrino (Alejandro Paker), quien la llenará a esta jovencita de mucha ilusión, algo que no sabía que existía hasta el momento.

Desprincesada es una historia para aquellas niñas y adolescentes, que no son el estereotipo de mujeres perfectas, que no encuentran cómo hacerle frente al mundo cruel que tantas veces se presenta ante ellas. Entonces, esta historia comprometida decide otorgarle el valor necesario a quienes lo precisen y, como si fuera poco, está integrada por un elenco con personajes muy disímiles entre los que cada espectador se podrá Desprincesadas29identificar. El atractivo visual que presenta es mágico y le permite al argumento hacer énfasis en las cuestiones más trascendentes. A esto se suman los cambios de vestuario, la excelente escenografía (a cargo de Francisco Paciullo) e iluminación en distintos colores que hacen de este gran cuento una historia de vida; para luego ubicarnos en el espacio. Así, todo se vuelve más bonito, más relajado y la aventura de ser yo (como se denomina la bajada del título de esta presente historia) con mayor naturalidad.

Los colores y canciones que se pueden percibir durante la función no decoran sino acompañan y narran un antes y un después. Esta historia no tiene un argumento nuevo sino singular, porque cada mirada lo es, al igual que cada una de los terrestres.

Porque desde infantes venimos escuchando y viendo a aquellas niñas que, siendo ricas o pobres, siempre terminan casadas y con el hombre perfecto. Pero, ya es momento de ponerle un stop a esos futuros trazados por Siglos tan lejanos y dejar que cada una elija su destino, no que camine por el sendero ya trazado por sus ancestros.

Desde el comienzo, la Reina Madre Elizabeth (Ana Acosta) y el Rey Padre Maldazzar (Hernán Jimemez) se distinguen. Son ellos los encargados de abrir las puertas del castillo para que veamos sus interiores, para saber de qué se trata estar entre esas paredes tan Desprincesadas13rígidas y conservadoras día tras día. Al parecer, no son solo los padres de Victoria los empecinados con continuar la dinastía sino el temor que sienten por el Ente Poderoso (Christian Sancho), quien vestido de negro y luchando por derrumbar la luz, los envuelve con su gran capa de terror. Este rol le queda muy bien a Sancho y así, la línea divisoria entre el bien y el mal, entre lo que tiene que ser y lo que queremos que sea.

Podría afirmar que la llegada de Paker a escena desdobla la historia en dos. Existe un antes y un después muy notorio. Su talento y composición del personaje le otorgan, como siempre, un plus a las obras musicales. Por ello, su aparición le brinda más fuerza a los relatos, más seguridad a los protagonistas y el vuelo que cobra Desprincesada es el esperado. A su excelencia se suma la de una pequeña de doce años, Barita (Annie Milco), que con su vocecita (y digo vocecita por su ternura, porque realmente es una gran voz) cautiva la sala. Quien hace de su hermano Uli (Simón Hempe) consigue resaltar y la Hada Madrina (Sofía del Tuffo), también, logra unirse a este colectivo de artistas impecables.

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Quedé emocionada y conmovida con un trío a cargo de: Paker, Hempe y Milco. Sus voces, al unísono, demostraron cómo tres generaciones pueden fusionarse tan pero tan bien cuando se tiene ese don en el alma. Se llevaron muchísimos aplausos porque la emoción es algo que sale por cada uno de los poros de la piel hasta convertirla en magia. No esa magia de los cuentos de hadas con el final feliz, sino aquella otra magia que surge cuando se busca la alegría, esa sonrisa que tantas veces se pierde y que es posible recuperar con casi nada. Simplemente poniéndole el cuerpo a la vida.

Mariela Verónica Gagliardi

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Ser feliz aquí y ahora

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Ficha MalauiQue un viaje por el mundo hace cambiar a las personas y madurar, ver la vida de otra manera, con otros ojos. Son justificaciones para emprender una travesía…

Malaui es un musical (con libro y dirección de Jorge Camisay, coreografías de Rodo Santamarina, y dirección vocal a cargo de Belén Di Iorio) que tiene varios mensajes por descubrir. Como el mundo, pero mirado más de cerca, bien cerca, como haciendo una introspección en el lugar, sin necesidad de cargar las maletas y subir a un avión.

Porque todos los problemas, situaciones inconclusas, asombros, miradas y conocimientos no se obtienen contemplando paisajes y diferentes culturas sino observándonos.

Malaui es un país al sureste de África, sin salida al mar, colonizado por Gran Bretaña (y manteniendo el poder durante 73 años). ¿Por qué viajar hasta allá? ¿Para qué?

Curiosamente, las canciones de esta obra son de Coldplay (una de las bandas inglesas más famosas de la actualidad). Una banda que aún no había surgido para el momento del imperio, para ocupar tierras que no les pertenecían. Así y todo, la música tiene el don de no poseer fronteras ni de poblar odio, sino de atraer o no a quienes la consuman.

Tres amigos (Mauricio Camuglia, Landriel Oviedo y Diego Crevacuore) se unen para disfrutar de unas vacaciones en Malaui y alrededores, por tiempo casi indefinido. Entonces, este trío tendrá el protagonismo del show, llevando adelante su canto y baile, mostrando su talento y, a su vez, dejando lugar al resto del elenco para que también lo haga.

A lo largo del viaje, como en toda convivencia, surgirán: roces, discusiones, descubrimientos y nuevos placeres. Este viaje les hará reconocer que la felicidad (Daniela Santi) siempre estuvo delante de ellos (sobre todo de uno de ellos).

Todas las canciones conocidas (Paradise, Yellow, Clocks, The scientist, Fix you) están en el repertorio del musical, además de algunas que se suman a la historia. Por ello, podremos cantar por lo bajo, seguir las melodías y sentirnos más cerca de Malaui.

Es una comedia ideal para niños y adolescentes (no por eso no disfrutable por los adultos). Con algunos actores que sobresalen por sobre otros (tanto en caudal de voz como interpretaciones), al igual que en el caso de dos bailarinas que se comen el escenario desde que aparecen.

Vos sos el paraíso”, le dice en cierto momento el protagonista a la felicidad (vestida de blanco y una sonrisa infinita). Claro que él no daba por sentado que la mujer que había conocido era algo mucho más que eso.

Uno de los aspectos más interesantes de la historia es cómo el autor enlaza las canciones con un significado simbólico y, así, se va conformando el gran cuento de la vida. Porque podrían ser adultos, ancianos. Pero todos vamos en busca de lo mismo, solo que en ciertas ocasiones tomamos decisiones y rumbos diferentes.

Malaui es atractivo por donde se lo mire, porque podemos disfrutar de un escenario que cambia de tonalidad en cada uno de sus cuadros musicales, con efectos de humo y lumínicos que harán más llamativo el espectáculo, más cambios de vestuario constantes; permitiendo que todo el conjunto produzca un abanico de sentimientos en vivo tanto por parte de los artistas como del público.

Lo más notorio es el énfasis que pone cada uno de los artistas por permanecer radiante, feliz, con una naturalidad especial y única. Ellos están orgullosos de lo que montaron y eso traspasa las tablas.

Es difícil observar a tantos artistas, mirarles los ojos, las extremidades, los pasos, la voz, la interpretación, el andar, la soltura. Y más y más. Pero, en un momento, descubrí a dos talentosas (Cecilia Cavallero y Agustina Pelaez) que tenían ese plus llamado talento innato. Sus miradas eran distintas, brillaban, se posaban en un horizonte sentido y transferían su actuación con tan solo estar y permanecer paradas.

Si no encontrás tu destino, estás algo perdido, no sabés quién sos ni cuál es tu misión en este mundo; sin dudas que Malaui es la propuesta para vos. Pero, si amás Coldplay y todo el universo melódico de esta banda, también es una gran posibilidad de que te acerques a verla.

Dibujos que conformar situaciones, hechos, momentos y que se deshacen como los imprevistos. Como la vida misma.

Mariela Verónica Gagliardi

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La belleza de un poema y la esencia del amor

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac, nació en París el 6 de marzo de 1619. En la actualidad es recordado, entre otras cosas, por la obra del dramaturgo Edmond Rostand, que se basa en la vida de este ilustre poeta y soldado. La obra siempre fue exitosa y fue llevada, incluso, al cine (por ejemplo, en los años noventa, teniendo como protagonista a Gerdad Depardieu).

Qué buscaba este revolucionario, qué persiguen los enamorados, hacia dónde van cuando sienten que todo está perdido para sus corazones.

El amor. Qué tema más heroico, controversial e inevitable en la vida de todos los humanos.

La Compañía Criolla vuelve a deleitarnos con otra de sus propuestas escénicas, de la que toma el clásico de Cyrano de Bergerac para convertirlo en una versión más nativa para niños (y adultos, como siempre).

Así es como Cyrano de más acá (escrita y dirigida por Emiliano Dionisi) se traslada de Francia a Buenos Aires, con un estreno a sala llena en el Teatro Cervantes. La nueva comedia musical dará mucho de qué hablar y cautivará a todas las familias que pongan un pie en la calle Libertad.

Estoy convencida de que hacer un espectáculo para niños es muchísimo más intrincado que uno para adultos, sin desmerecer a nadie. Permitir que un infante se interese por el arte, que escuche y vea una historia (que, tal vez, anteriormente leyó o le leyeron) es algo increíble. Único. Por eso es que la cultura no es un plato sobrante sino principal, junto con la educación.

¿Por qué es importante la historia de este poeta sii hubo tantos hombres inteligentes, que enamoraron y cautivaron?

Cyrano tuvo el don de ser leal a sus valores, poniendo en primer lugar su amistad con Cristian y evitando romperle el corazón.

Para quienes no conocen la trama, les cuento que durante el periodo Barroco, en Francia, existió este ser tan particular que logró mezclar sus ideas libertinas con la escritura y su espontaneidad. Él estuvo durante toda su vida enamorado de su prima Roxane, la cual jamás se habría fijado en su persona. En primer lugar por su parentesco y, en segundo lugar, porque estaba obnubilada por el atractivo físico de Cristian. Claro que esa visión cambia, a lo largo del tiempo, cuando deja de ser superficial y conoce lo que es el romanticismo.

Cyrano de más acá tiene esa impronta fresca que con frases modernas, de nuestra época y lugar, captan incluso al menos leído. Cyrano es feo, tiene una nariz muy grande pero, sin embargo, es el hombre más deseado por todas las mujeres. Incluso por Roxane, sin ella saberlo aún.

La dramaturgia se sostiene a lo largo del tiempo y de cada una de las cartas que Cyrano le redacta a su prima, con la firma de Cristian. De esta manera, los dos logran enamorarla, aunque ella tarda toda su vida en saberlo. Recién cuando su primo está por morir, recita una de sus cartas (de memoria) y, así, ella descubre la verdad. Para ese entonces, Cristian (el que creía su gran amor) ya había fallecido, décadas atrás, en la Guerra de los 30 años.

Entonces, cabe preguntarnos, qué habría sido de estos mortales si se hubieran amado libremente, a pesar de todo y más allá de todo.

Quisiera hacer mención a la puesta en escena que es realmente grandiosa, que consigue situarnos en los dos lugares en que se desarrolla la acción, en la iluminación que persigue cada uno de los cuadros de cada situación (porque verlos interpretar a estos actores se torna visible, palpable, real e imposible de olvidar), en la música en vivo que, como siempre, suma un plus y en la perfecta dirección de Dionisi.

Considero que Roberto Peloni es el Cyrano más bello que pudiéramos tener y que consigue tomar la esencia del francés, persiguiendo su misión (al menos la única que se atreve a explorar). Julia Garris es la muestra de femenidad absoluta que pretende ser fiel a su sentir durante toda la vida. Talo Silveyra enaltece, como siempre, ese don para expresar ternura y es así como este trío conmueve desde que aparece en escena hasta que se cierra el telón. Estos talentosos son acompañados por Horacio San Yar, otro excelente actor que lleva adelante la complejidad de interpretar a varios personajes y de hilvanar los hitos de esta gran historia, también uniéndose a la tribu maravillosa.

Me emocioné, lloré, reí, vibré, me conmoví y recordé cada una de las obras que vi de esta compañía. Por eso es que resulta imposible no recomendar una y otra vez.

Mientras sigan existiendo elencos de esta magnitud es que el teatro será infinito, el arte podrá seguir desplegando sus alas y la inocencia de los niños ser conservada como tal.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un espejo que muestra oscuridad

Intrusión1.jpg

Ficha IntrusiónSomos humanos y, por lo general, pretendemos tener todo bajo control, organizado, planificado, estructurado… Cuando eso no ocurre, nos desesperamos por saber qué pasará, por qué las cosas se escapan a nuestra mente y quedamos en un desconcierto profundo.

La obra de teatro Intrusión (adaptación de Intrusión, escrita por Frédéric Sonntag y dirigida por Leonardo Saggese), es una propuesta interesantísima para conocer, porque se puede observar cómo con el correr de los días dos parejas (compuestas por: Johanna Aravena, Leandro Lombardi, Matías Rossomando y Gabriela Seminara) comienzan a transformarse por completo. Como si el encierro en que se encuentran les hiciera descubrir un mundo ignorado hasta entonces: el de la introspección.

¿Quiénes son, qué buscan, qué pretenden al irse de viaje por tiempo indefinido a una casa perdida por ahí, en el medio de la nada?

No será un Gran Hermano pero sí un primer paso a darse cuenta que juzgar no es una herramienta para crecer y evolucionar sino todo lo contrario.

Intrusión es un drama y es terror a la vez. Una conjugación exquisita para quedar absorto y en suspenso durante cada escena que se sucede. Por eso es que no habrá momentos para reír sino situaciones para sentirse reflejados, intrigas que quizás no se resuelvan o, tal vez, un desenlace que abra más interrogantes que certezas.

Intrusión es una historia para devorar de principio a fin, con un compromiso actoral por parte de la protagonista (Clara Pino) que conmueve muchísimo. En la destreza de esta actriz se puede observar una composición del personaje en la que se pone en juego tanto la parte corporal como artística. Ella, tiene la gran responsabilidad de transmitir sin hablar. De atravesar el espacio escénico, atrozmente. Sus ojos, su desconcierto, su imagen, su dulzura y cada uno de sus dotes podrán convertirse en todo lo opuesto de un instante a otro. No puedo más que remarcar y enaltecer su interpretación ya que la esencia de esta obra se centra en los sentimientos y para ello es preciso tener un nivel muy alto de actuación.

En lo que respecta a la escenografía, la misma está compuesta por todo lo necesario para ubicarnos en tiempo y espacio, al igual que la iluminación que marca el paso de las horas. Y, en lo que se refiere a la dramaturgia, está presente la pluma francesa para detenerse en el gesto más singular y avanzar desde allí.

Permanecer en el silencio no es para cualquiera y por ello el contraste con el resto de los personajes verborrágicos que precisan de la palabra para comunicarse, para discutir y para aislarse inclusive.

Imagino esta puesta en blanco y negro, sin música, sin luces que cambien, solo con una blanca y tenue. Imagino a este ser humano que va transformándose -como lo muestra la obra- en, quizás, lo más temido para los inquilinos.

El ser humano necesita sentirse reflejado en otro. Aquí, entonces, ocurre lo contrario. No se sabe de dónde viene esta criatura “celestial”, ni qué pretende, ni por qué los eligió a ellos. Ni siquiera se sabe si existe o es parte de la imaginación de todos. De la necesidad, imperiosa, por crear a alguien distinto y utilizarlo para superarse día tras día.

Mientras tanto, el horror surgirá y todas las miserias del hombre saldrán a la luz. Esa luz que no siempre se tiene ni se pretende tener. En medio de la nada, entonces, aparecerá alguien que los hará reflexionar como nunca antes pensaron. La brutalidad, el exceso y el extremismo los convertirá en quienes son.

Mariela Verónica Gagliardi

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Maneras para dejar de ser superficial o el más allá ingobernable

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A veces no se puede encasillar a una obra en un género específico ni mencionar un argumento, rígidamente, ni decir que la historia empieza y culmina en un determinado momento y con una finalidad precisa.

Casa Linguee (escrita y dirigida por Christian García) permite jugar entre lo real y ficticio al mismo tiempo, así como comprometer al espectador e involucrarlo en cuestiones sociales y políticas a la vez. Su impecable dirección, convierten esta pieza artística en un tributo a la muerte.

Esta obra de teatro que cuenta con un elenco de actores numeroso y formidable, sorprende de principio a fin. Permite especular, pensar, reflexionar, ir y venir en el tiempo, volver a posicionarnos sobre temáticas de la sociedad no resueltas en nuestros días (incómodas), sentir la muerte de cerca y al mismo tiempo tan pero tan lejana. Porque Casa Linguee es un servicio funerario pero que no huele a tal, sino todo lo contrario, ya que la historia está fragmentada en dos partes: una con mucho humor y dispuesta a generar la risa fácil, así como la siguiente muy dramática y punzante.

Al ingresar en la sala del Teatro Abasto, puede notarse una proximidad con el espacio escénico y un detrás de escena aún más amplio que el primero. Se trata de que estemos ahí, observando, intentando escuchar el murmullo de todo lo que hablan en su intimidad, de sus angustias, de sus penas, de cada uno de los problemas que traen sin resolver. Total, no necesitan sonreír ni pasarla bien sino acompañar a familias que acaban de perder a un ser querido, que están afectadas, dolidas, en una nuble con relámpagos. Y allí están estos empleados atípicos que solo se parecen en sus vestimentas negras, en su palidez, pero nada más.

Están unidos por la desdicha, por un recuerdo atroz, por rememorar a Evita Perón y su pérdida. Pero no se menciona su vida, no se habla de quién fue. Solo se la nombra. Y nada más.

Casa Linguee es una construcción en movimiento, da la sensación de una vivienda que se está construyendo por sus cimientos, que en algún momento colocará sus tejas pero aún no. No es el momento. Con esto no quiero dar lugar a incertidumbres argumentales sino a la sensación vertiginosa que provoca el no tener certezas sobre qué camino pretende recorrerse durante la obra.

Pude captar dos lecturas posibles pero podrían existir varias más.

Porque existe un protagonista (Lucas Crespi), un hombre que llega al lugar en busca de empleo y se encuentra con esto. Con esto que es lo contrario a la vida. Que solo le mencionan algunas cosas, pero nada más. Y él, mientras, intenta recopilar información observando, preguntando. Él es un espectador más podría decirse, como nosotros. Solo que tiene la gran oportunidad de participar activamente. De hecho es el personaje más cautivante y notorio a lo largo de la historia. Nos hace reír a carcajadas, sentir compasión, tristeza, dolor, desesperanza. Él está solo, a pesar de estar acompañado y podría estar muerto. Aunque, una visión más simplista podría realmente acercarnos a una casa fúnebre a la que acude un joven a pedir empleo, y nada más. Si jugáramos a seguir especulando con el argumento también se podría decir que él simboliza a los que no tienen voz, a los que piensan diferente y no son aceptados, a los que se ven obligados a pertenecer o morir en el intento de seguir su camino solitario.

Muy pronto los personajes tendrán voz propia, oiremos sus monólogos y diálogos superpuestos, sus maquillajes pálidos y sus actuaciones frente al nuevo difunto. Un difunto que jamás conoceremos. Pero eso es lo de menos.

Comedia y drama a la vez. Luz y oscuridad. Melodías que pretenden surgir y la posibilidad de mencionar a la cumbia para traer la alegría a tanta desdicha. Ellos son una familia ficticia que participa en el día más trágico de otra familia. Cada día de otra. Acompañando, doblegando el dolor, sufriendo a la par. Porque para eso contratan a la empresa. Para eso la buscan.

Pero, no se respira un aire turbio sino la fragancia a formol que nunca aparece, el procedimiento que hacen rutinariamente y que debe aprender el nuevo. Este nuevo que no sabe de qué se trata todo, que carga su bandeja de mozo y se le cae de repente. Que pretende servir en un evento que jamás comienza y que no tendrá lugar en este relato. Mientras sus lágrimas se derraman, incesantemente, podemos tomar conciencia de la frivolidad, de la calidez de un abrazo (de su importancia).

Casa Linguee es la posibilidad de reconciliarnos con la muerte, con los que ya no están, con las despedidas eternas y con la oportunidad de interpretar a quienes queramos. Porque en algún momento la pintura se correrá y dejará ver la simpleza de cada uno de ellos, de los que componen este trabajo tan singular, tan burocrático, tan congelado y tan necesario por tantos humanos que aún no entienden de qué se trata la vida.

Cuando alguien ya no está, no hay maquillaje que pueda traerlo de nuevo ni pena que pueda hacerse más bonita.

Mariela Verónica Gagliardi

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Un impulso al cambio desde lo más profundo

Presidio3

Ficha PresidioEs difícil decir que Presidio sea una obra de teatro o una performance o teatro físico; porque es eso pero muchísimo más. Es la posibilidad de sentir a flor de piel y, mejor dicho, en carne viva. La movilización interna me conmovió de pies a cabeza, me sacudió como se hace con una bolsa de boxeo y salí volando metafóricamente. Para escribir la nota tenía las palabras pero desordenadas. Y tuve que dejar aquietar las aguas. Quizás para quien no sufrió, sea una simple tarea de concentración y nada más. Pero, para quienes tenemos una estrecha unión con el argumento de Presidio, esto se vuelva un poco más complejo.

Esta propuesta nos ubica en un espacio cerrado, delimitado, cercado físicamente y en dentro del que ocurren infinidad de escenas que narran situaciones de la vida real. Y no significa que los espectadores tienen que ser seres que atravesaron traumas, sino que tienen que estar comprometidos con el dolor ajeno, con los vacíos enajenados, con el abandono, con la opresión, con el abuso, con.

No es una muestra de pintura donde se observa algo bonito sino una expresión artística completamente. Porque son cuerpos entrenados para transmitir lo que sus palabras callan, y porque cuando los labios se mueven es para decir lo que sus cuerpos, agotados, ya están cansados de emitir. Porque las frases reiterativas se entremezclan desde lo más bajito hasta estallar en lo más alto de una cúspide, allá a lo lejos. Porque por más que uno se esmere en interpretar lo escuchado, no siempre se podrá y ese es la primera herramienta a tener en cuenta. No tratar de comprender con los oídos sino con el cuerpo.

Cuando las extremidades se gastan, los cuerpos se desvanecen hasta volver a erguirse y tomar las fuerzas necesarias para caminar, correr, danzar o morir.

Lo que está bien o está mal no parece ser juzgado sino mostrado. De ahí que el público se encargue de sacar sus propias conclusiones.

Iluminación, música, objetos y voces se coordinan desde lo más íntimo hasta lo más profundo. Es perfecto lo que ocurre aunque no lo que sucede. De repente podrá notarse la figura de un padre que se va, que no está presente. Y esta desgarradora escena desde su ausencia hasta su retorno no es posible digerir fácilmente. Al menos no para quienes hayamos sido abandonados, para quienes sintamos que ese lugar en la mesa nunca más será ocupado.

Escenas de sexo implícito podrán verse al igual que otras muy fuertes en las que el sentido no es erotizar sino expresar lo que, con palabras, queda pequeño. Un abuso dicho no es igual a mostrado en acción. Y ese es el foco de Presidio (escrita y dirigida por Lucio Bazzalo), un cuadrado del que surgen, como fotografías continuadas, un montón de situaciones para contemplar detalladamente. Los excelentes actores serán los encargados de montar cada escena, encarnando varios personajes a lo largo de la puesta..

Sin embargo, cabe preguntarles por qué están presos si no se ven barrotes, ni cadenas ni una obstrucción a su libertad. Y es que de eso se tratan las micro historias, de la psicología de cada persona que está privada de su completa libertad hasta que decida hacerse cargo de su pasado, de su realidad y de su vida para elegir cambiarla por completo. Al menos, modificar lo que ya ocurrió y que está ocupando un lugar traumático sin tener un verdadero sentido. Como si la respiración se les cortara al rememorar lo que otros hicieron y ya no fuese posible construir algo bonito. Presidio, por ello, demuestra que sí es sensato tener esta terapia de shock para reciclar y avanzar en pos de mostrar un libertinaje despojado de traumas: en el que los cuerpos vibren, amen y odien solo cuando así lo sientan. No cuando una fuerza opresora los obligue ni cuando el más poderoso los haga ver un mundo oscuro y lleno de maldad.

Presidio es un torbellino de ideas para procesar en la intimidad, para meditar sobre sí mismo y no para dar la vuelta de página para evadir el sufrimiento.

Desde que presencié esta propuesta puedo decir que soy más feliz que antes y que me siento modificada por completo.

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Mariela Verónica Gagliardi

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La ausente alegría de vivir

Iracunda tristeza10

Existen historias que indagan en lo más oscuro del ser humano, que se empeñan por escarbar bien profundo hasta destrozar a sus supervivientes. Esta es una de ellas y por eso es que resulta difícil deglutir mientras se la presencia.

Iracunda tristeza (escrita por Gilda Bona y dirigida por Silvia Hilario) presenta un texto lineal, con reiteraciones, con la intencionalidad de victimizar a sus protagonistas y colocarlos en ese lugar del que jamás podrán salir. Dos seres abandonados, relegados por sí mismos, conformistas y patéticos. Uno podría aprender del otro, sin embargo, los traumas presentes y pasados los hacen cometer los mismos errores, llorar sin demasiada angustia y soñar con masticar alimentos de otros hogares.

Mientras una mucama realiza los quehaceres domésticos, le trasladará a su amo absolutamente toda su tristeza y quién es en verdad. Claro que existe tanta oscuridad en el relato que quien más deprimido parecía, termina siendo el más astuto.Y se me viene a la mente la tolerancia. Aquella palabra tan excluida y difícil de poner en práctica. Porque Iracunda tristeza debería ser una ventana para observarnos, para sentir melancolía en un día de otoño y no el temor a la soledad o a lo que no resultó. No existe un final feliz ni una vuelta de tuerca. Es lo que es y nada más.

Como esos viejitos que observan la vida pasar y la gente caminar. Como si sus vidas se hubiesen extinguido sin asumir que les queda más por atravesar y disfrutar.

Esta puesta en escena, esos discos de Pat Boone reproducidos, esos libros investigados y esa máquina de escribir; seguramente seguirán activos. Nunca se sabrá por cuánto porque en esta vida certezas son las que faltan.

Al tiempo que el enojo crece y se apaga, la crítica resucita para hablar mal del de al lado, para tildar a los judíos de avaros. Nada nuevo. Siempre es mejor juzgar que pedir. Aunque la peor avaricia de esta mujer es su manera de ser, tan deplorable y esquizofrénica. Tan apesadumbrada y extinguida. Una muerta en vida.

Ella está contratada para cuidar pero precisa cuidados de todo tipo. Llama la atención su rigidez ya que no da el ejemplo en nada. Tiende la cama en la cual se desvanece y camina taciturna como suplicando cariño, aquel que tal vez nunca tuvo.

Me gustó mucho la escenografía, ese ventanal que permite ver el efecto de lluvia incesante y todo el mobiliario para adentrarnos en el hogar de este escritor en ruina.

Las interpretaciones de Gabriel Nicola y Marta Pomponio son bastante naturales y resulta muy agradable el desempeño del actor, quien consigue transmitir su sentir en todo momento, sin pretender ser otro, sino desnudándose hasta su punto más vulnerable.

Cuando el espiral sigue girando es momento de que la catarsis frene y tome otro rumbo o que la historia concluya. Un fin para un nuevo comienzo que podría ser el del título del libro que está por escribirse o tal vez la promesa de, que jamás llegará.

No hay demasiado para analizar ya que todo está expuesto en unos diálogos que se repiten constantemente. Muchos de nosotros podrán atar cabos y pensar en situaciones de la vida real o en personas que actúen de este modo ante determinadas circunstancias. Pase lo que pase la lluvia no cesará y quizás el mayor consuelo sea visualizar a alguien que esté más atravesado por la fatiga de vivir en el cuerpo equivocado.

Desgarradoras frases que pretenden expresar en palabras todos sus tormentos. Como si el mundo pudiera dejar de girar para que el primer infeliz se baje.

Mariela Verónica Gagliardi

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La cultura nos pertenece

La furia patria1

Ficha La furia patriaA veces quisiera decir tantas cosas pero prefiero callar. No por cobardía sino porque ya se ha dicho todo lo que siento y acotar más significaría reiterar.

Estamos en tiempos difíciles, turbios diría. Duros, muy duros y terribles, donde algunos parecen entender y otros vivir en Disney. Yo ya no entiendo nada. Ya no sé qué tormenta podrá venir mañana y por eso prefiero refugiarme en el arte que es la única esperanza y salvación que tenemos los artistas para permanecer ilesos a tanta crueldad.

Encontrar obras de teatro como “La furia patria” (escrita por el dramaturgo Andrés Binetti y dirigida por Mauro Molina) es hallar la cura momentánea para la angustia, es poder emocionarnos por actuaciones de tanta calidad artística y por un trabajo que merece la pena ser visto y observado en cada uno de sus detalles más de una vez. Porque cuando una dramaturgia se convierte en ARTE, ya nada importa.

Todo el elenco, desde el texto hasta la dirección impecable, conforman una pieza artística cautivante, sensible, con humor negro en el momento justo y la destreza de cada uno de estos artistas.

Hoy pensaba: en esta vida, en cada obra que actué María Viau, sé fehacientemente que quedaré maravillada. Y, en esta oportunidad, los artistas que la acompañan son de su misma magnitud. De la misma sintonía. Ellos no actúan, ninguno. Interpretan a los poderosos y a los débiles, a quienes tienen el dinero y a quienes están despojados de éste. A lo público y lo privado. Al arte versus el capitalismo. A lo que no da ganancia en dinero y debería ser cerrado. ¿Por qué? ¿En qué nos convertimos como sociedad? Hay quienes siguen creyendo que la cultura es un postre y no una materia obligada para poder, no solo sobrevivir, sino ser cada vez más humanos. Pero HUMANOS.

Una furia patria nos presenta un Museo de teatro que hace tiempo no es visitado. Por diferentes motivos, quizás. No se sabe ni se pregunta. Esta sociedad prefiere el silencio absurdo. Muchas esperanzas se han perdido, pero los empleados de esta institución, necesitan seguir trabajando a pesar de no cobrar el sueldo hace meses. Necesitan estar inmersos en la cultura, sentirla, tocarla, hablar de ella, recordar lo que significa un patrimonio cultural, para qué existe.

Porque la cultura puede ser explicada e interpretada de diversos modos, como la vida. Pero, no es un negocio. Para eso están los supermercados y los kioscos. El arte es arte. Es un arma de defensa ante los provocadores que vienen a llevarse todo. Ante los destructores que demuelen lo que no vende… hasta que queda ese vacío imposible de llenar. Desde ese momento la agonía aparece. Estos personajes parecen extinguirse como las piezas del Museo. Ellos se alimentan de cultura, de este lugar, de lo que fueron construyendo con el tiempo. Pero ya nadie ingresa, solo el mal. Solo una persona que trae un comunicado negativo.

La puesta en escena es muy atractiva y atrapa de principio a fin. Son varios los objetos que aparecen y absolutamente todos son utilizados para narrar esta historia que incluye otras. Como una mamushka que nos permite conocer, de a poco, a dónde nos conduce el mensaje. Es entonces cuando las proyecciones audiovisuales se van llevando adelante, en vivo, filmando in situ y permitiendo observar toda la construcción del relato. Mientras algunas escenas se suceden en la sala principal, otras lo hacen desde bambalinas. Como si estuviéramos viendo, por instantes, una película. Esta herramienta produce adrenalina e incluso los volúmenes están bien manejados como para que podamos cerrar los ojos y saber de dónde proviene el sonido y la voz.

Una furia patria es un pedido de auxilio a gritos pero creativamente. Argumentando dónde estamos parados y qué podría ocurrir si se toma una decisión o la opuesta. Por eso es que los que estén en contra de la cultura, deberían asistir a al menos una función para poder estar convencidos de por qué motivo se ubican de ese lado oscuro en que no ganan sino pierden. Porque en la vida el dinero no todo lo compra y menos la felicidad.

Construir es la fórmula perfecta de esta gran historia que sorprende, gratamente. El género absurdo, la comida y el drama están instaurados y se van cruzando en todo momento. Porque hay ciertas cosas que conviene decirlas como son y, otras, que conviene protagonizarlas más humorísticamente para quienes creen que lo diferente debe ser anulado o matado, puedan pensarlo racional y humanamente. Para que los geonocidios de los setenta no se repitan y no existan “desapariciones” convenientes.

¡Si tenemos Patria, debemos defenderla!

Mariela Verónica Gagliardi

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Sintonizando diferentes galaxias

Hay artistas que soslayan el espacio escénico y convierten una obra en vida. No son muchos los que se animan a innovar, a crear otro código y convertirse, tal vez, en un espectáculo para público específico.

Arriesgar vendría a ser la primera palabra que se me viene a la mente cada vez que veo una propuesta de Gustavo Friedenberg.
Gobernar es poblar es el título de su nueva puesta de danza-teatro, la cual demuestra (irónicamente) una de las primeras órdenes de Dios en la Biblia: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla” (Génesis).

Friedenberg consigue plasmar un universo estético maravilloso en el que la tecnología lumínica, el canto autóctono, la música y la danza se confluyen en un mismo centro. Como si se tratara de un lenguaje único (a pesar de ser muchas veces diverso). Esto es lo que el creador (y no me refiero al Dios Jehová, sino a Gustavo) subraya con énfasis en cada paso de baile, en cada movimiento controversial y diferente, en cada refrán semejante y en cada grito durante el parto. Porque una criatura, otra, otra y cada vez más poblaron. Pero, ¿a qué apunta la vida? Somos muchos, demasiados, cada vez más. Y no hay arca de Noé que venga a salvar a unos sí y a desechar a otros. Acá se salva y sobrevive el que piensa, el que siente, el que solo danza más allá de todo y el que perece observando más allá de nada. Todos se salvan y no hay exterminio ni dolor más que el de sufrir cuando toque.

Un elenco formidable compuesto por seis actores (uno de ellos acompañará con un eximio bombo legüero), bajo la dirección de uno de los más revolucionarios directores de esta disciplina que combina a las artes escénicas con la danza.

Distintas generaciones, distintos sexos y sexualidades sin discriminación alguna, sin xenofobia: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Con esto se refería a los dos sexos que debían sobrevivir en la eternidad: femenino y masculino. El resto quedaría fuera de su mundo y eliminado de un golpe. Por suerte y gracias a la naturaleza, cada quien siente y, a partir de ese sentir, elige. Sin condicionantes sin hechizos ni amenazas. La culpa no es nadie y es de todos. Porque el mito que considere que poblar el universo es reproducirse sin frenesí es porque no se detuvo a pensar cuál es su propósito en la Tierra.

Y, dejando a un lado la religión, Friedenberg se basa específicamente en esta performance en la máxima de Juan Bautista Alberdi que se fundamenta en bases políticas. Gobernar es poblar con respecto a educar, a crear ciudadanos libres y civilizados. Esto según la mirada hacia Norteamérica que no siempre se corresponde con la de nuestra patria. O, en verdad, casi nunca, sobre todo en nuestros tiempos. Por eso, en referencia a “embrutecer” se toma como protagonista a una mujer aborigen que, lejos de ser incapaz de progresar, le termina enseñando a toda persona que se cruza por el camino de qué se vale el amor, la vida, el sentimiento y las raíces. Porque copiar no es el legado de esta pieza artística, sino utilizar lo propio para convertirlo en piedra preciosa. No es necesario, entonces, bajo la dialéctica del autor; traer población de afuera y erudita para poblar a su antojo el correr de los días.

Puede, sin embargo, ingresar quien lo desee y compartir su sabiduría (no en cuestión de talento) con los demás. Porque un verdadero país debería haber sido pensado así y no pretendiendo y aniquilando. La conformación de una Nación es puesta en duda, sus fundamentos políticos también y el legado de sus fundadores, ¿por qué no?

Acá gobierna el artista, el que justifica su vida a partir y a través de las ideas creativas. El que domina sin proponérselo y el que manipula sin saberlo.

¿Vamos a hacer una coreo?

No. Vamos a aprender a convivir dentro de una. A copiar los pasos del clásico si atraen o a mimetizarnos con los de contemporáneo si es más natural al cuerpo. Vamos a cantar en otra lengua o a continuar con la propia. Porque no hay quien dictamine una sentencia ni realce al “mejor”.

Habrá quien olvide embarazarse o quien lo haga por costumbre. ¿Quién podrá juzgar?

Cuando dos naciones se unen (en este caso, dos estilos contrapuestos), se examinan por fuera y se funden en un solo plano. Se mimetizan, al fin y al cabo. Porque la socialización es primaria y las bases son el firmamento más fuerte y conmovedor de Gobernar es poblar.

Máscaras, expresiones, juguetes inflables, otros reales. Todos conforman este universo poético en el que la única poesía es la forma de expresar y sentir. ¡Como si fuera fácil!

A la vez que la Vía Láctea da comienzo y fin a la humanidad, cada espectador se llevará un sentimiento. Y digo uno porque dependerá del compromiso que mantenga durante la función.

Mariela Verónica Gagliardi

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