*** Octubre 2017 ***

sade-una-velada-incomoda1

ficha-sadeSade, una velada incómoda (escrita por Nicolás Pérez Costa y Matías Puricelli, dirigida por éste último) es una invitación a lo más carnal del ser humano -representado en este caso por el conocido Marqués de Sade-.

Al escuchar o leer el nombre de fantasía que utilizaba Donatien Alphonse Francois, resulta imposible no asociarlo con el sexo salvaje, erótico y en el que el placer por el placer mismo llega a, tal vez, flagelar un cuerpo más de la cuenta. El sadomasoquismo pareciera seguir siendo, en algunas ocasiones, un tema tabú, mientras el ser humano continúa reprimiendo, tantas veces, su instinto animal.

¿Por qué ver esta versión de Sade?

Justamente porque está interpretada por un actor que brilla en todo lo que hace, desde danza, hasta acrobacia, hasta personajes tan intrincados como este. Porque verlo correr, desesperadamente, en su celda provoca nervios y sucede algo poco común: que el espectador se sienta completamente incómodo ya que en la sala más pequeña del Teatro Kairós no hay escenario, motivo por el cual está este penoso hombre rodando por doquier, encima del público, con sus ataques de ira, desesperado por recuperar esos instantes en que era feliz a su manera. Porque de eso se trata la felicidad y, sinceramente, resulta imposible juzgar aquello que a otro lo puede complacer.

Con un vestuario bien conservador y típico de su clase social (nobleza) sus pelos revueltos, sus gritos desesperados y su vida escandalosa es que él, en la función, pretenderá mostrarnos que no fue solo eso sino un hombre con deseos carnales que escribió muchísimas verdades que fueron volcadas en aquellos libros que saldrán volando en algún momento de la historia.

Lo acompaña Juan Pablo Guazzardi con una eximia interpretación que se complementa muy bien con la de Nicolás Pérez Costa. Así, ambos, componen la atmósfera necesaria para demostrarnos que ellos son el reflejo de muchos que aún no se animan a salir a la superficie.

Claro que la vida del Marqués no fue común, pero ¿por qué debería haberla sido?
Su extremismo lo llevó a la cárcel en varias oportunidades y falleció en el manicomio de Charenton en 1814. Preso de sus propias palabras, de sus poemas que lo apasionaban a cada rato y de su mujer que lo había abandonado al parecer.

Quizás muchos no recuerden que tuvo un papel muy importante durante la Revolución Francesa y que fue en esos momentos cuando se opuso a la pena de muerte, habiendo -de ese modo- interesado como sujeto de estudio a Simone de Beauvoir y Sartre.

Las escenas se repiten una y otra vez para quedarse fijadas, tenzmente en nuestras mentes y corazones. Sus obras relucen como arte puro y es que así se llega a tener muchísima pena por el desenlace de este hombre que fue lo que quiso y, tal vez, lo que pudo. Tal vez su valentía no le permitió tener su mente un poco más ordenada y, así, desafiar al cruel mundo que se le venía encima como un huracán de venganza.
En la actualidad, seguramente, Sade sería juzgado como violento y puesto en el banquito de los acusados. Pero, en la intimidad, ¿quién tiene derecho a definir lo que está bien o mal? ¿quién pone las reglas del “juego”?

Mientras los cuerpos femeninos son envueltos por la alfombra y arrojados quién sabe dónde, el relato desesperado continúa y los rostros de horror son vistos de un lado y otro. Puricelli lo ha conseguido: el aire apesadumbrado está presente, el maltrato está más vivo que nunca y el diablo en esta ocasión no habrá cumplido del todo con su poder.

Pero, ¿cuál fue el peor defecto de este francés?

Haber desafiado al poder de la nobleza, haber sido ateo y no haberse puesto el traje de hipócrita. Estos condimentos nunca tuvieron éxito y, menos aún, todos juntos.
Su estilo voraz, inteligente y pasional lo convirtieron en uno de los escritores más famosos del mundo y a partir del Siglo XX (en que sus textos pudieron, por fin, ser publicados) todos pudieron empezar a saber quién era en verdad hombre que desafió todo el statu quo para salirse con la suya. Si la palabra nobleza pudiera ser partida, diría que Sade tuvo más de noble que cualquier hombre distinguido de la alta sociedad.

Mariela Verónica Gagliardi

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