*** Agosto 2017 ***

Ph: Christian Inglize

Ph: Christian Inglize

Ficha Sola no eres nadieCuando se la ve en escena, es ella sola con su alma, luciendo un hermoso vestido -súper femenino- que le otorga más emotividad a todo su monólogo. Con sus ademanes de mujer, sentadita o acostada, recuerda varios momentos de su pasado, su historia y cada detalle que la vuelven única e irrepetible.

Porque Sola no eres nadie es un retrato íntimo, muy bien dramatizado por Mariano Mazzei, con la dirección impecable de Ana Alvarado y la pluma de Natalia Villamil. Un retrato que se vuelve acción, emoción y pura vida en una vida que no siente demasiado aire puro.

Con respecto al argumento, es simple pero verdaderamente preciso y con la grandeza que trae toda historia que pretende hacer sobresalir a quien la narra, sorprender a quien la observa y conseguir realzar cuestiones de antes y de ahora que tanto duelen. Sí, porque el juzgar de la clase alta respecto de la clase baja es intolerable. Porque una empleada doméstica no tiene por que ser estigmatizada y toda elección sexual debe ser respetada. Entonces, estos tres puntos son los encargados de hacer brillar a Mazzei en escena, sin necesitar más que un objeto en el cual sentarse o recostarse a dormir por un ratito. El teatro de principio a fin puede sentirse y vibrarse en este unipersonal, en el cual cada personaje citado es imaginado en nuestras mentes y corazones. Amamos y odiamos a lo largo de la dramaturgia. Una narración que desearíamos se extienda para saber más de ella y sus peripecias, de sus aciertos y desaciertos, de su vida inmiscuida en otros hogares que tanto les faltaba para ser considerados como tales.

Ella es simplemente una princesa sin su castillo, una mujer sin su príncipe, una persona increíble que dotó de alegría la existencia de otros y que desearía haber sido el centro de alguien.

Sedienta de amor, cuenta cada detalle para compartir sus penas con nosotros -como si estuviera en un cuarto abierto-, sus confidentes sin voz. Porque ella no precisa comentarios sino un hombre en el que llorar, unos brazos que la abracen y una caricia que la disipe de tanto dolor.

¿Cómo soportó tanto, durante tanto tiempo?

Como el pesar que se lleva cual mochila al hombro, o cartera amplia, deseando encontrar el próximo paraje en el que descansar por un largo rato. Deambulando, haciendo que los días transcurran y permitiéndose sentir al lado de quien se lo permita.

Mientras sus ojos espejados lagrimean y se llenan de melancolía, ella sueña despierta y es puro corazón lo que revive.

Con un título realmente fuerte, conciso y atrevido, Natalia Villamil demuestra cómo se construye un drama, cómo se lleva adelante y cómo se transita junto al acontecer evocado por su protagonista.

Mariela Verónica Gagliardi

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