*** Julio 2017 ***

Un tren a Toay1

Y, de repente, las luces se encienden y los vemos a ellos. A seis amigos, que no sabemos que lo son hasta adentrada la historia. Unos personajes que utilizan la técnica de clown para narrar sus aventuras, vicisitudes, enamoramientos, alegrías y la magia de la vida desde el brote de una flor.

Utilizando metáforas simbólicas, vistiéndose con muchos colores y dándole la palabra a un narrador -que también interviene en la dramaturgia- es como está representada “Un tren a Toay” (del grupo Luna Roja).

Por momentos podemos tildar a esta obra de un disparate total, y es que ocurre en gran porcentaje y se apodera de cada uno de estos seres que son niños y adultos, que no quieren crecer para no perder esa sonrisa tan típica y feliz que se tiene, espontáneamente, de pequeño. Cuando todo es sencillo, cuando un viaje puede ser lo más maravilloso y fugaz, cuando un miedo no es un fantasma sino algo específico y cuando el más allá es el próximo juego.

Estos amigos van hacia una isla llamada La Cuarteada y, después de haber sido pisada por ellos, nunca volverá a ser la misma.

Como asociados por sus ideales, estos jóvenes planean una fuerte revolución y será a partir de una gran estrategia como invadiran este pedazo de tierra rodeado de agua, sin imaginar la cantidad de historias que tendrán para recordar.

Una isla que parece estar en un lugar muy lejano y, sin embargo, está situada en la provincia de La Pampa. Toay significa (en lengua ranquel) vuelta o rodeo y fue fundada en 1894. Al estar rodeada de abundante agua, se consideró un lugar propicio para que se desarrollen varios servicios, la comunicación, el comercio y el transporte de toda la región. Es interesante resaltar el origen de esta ciudad que pretendía ser la capital de la provincia y, por una ambiciosa jugada por parte de Tomas Mason (quien da origen a Santa Rosa, a 10 km de dicho lugar) es que, se dice, intercambió las aguas de ambos lugares (siendo que la mejor era la de Toay).

Un lugar muy bonito -según las descripciones e interpretaciones artísticas de sus personajes- que cuenta con poderes sobrenaturales, que convierte a los humanos en seres con más locura que la habitual y en el que el delirio los ayuda a crear sus días de la manera más divertida.

Unidos, separados, siendo ellos mismos, paseando de la mano, enamorándose, soñando con volver a verse algún día, haciendo que un navegante descubra la belleza de lo que, en definitiva, existe en el interior de cada uno: el amor.

Cosiendo capas de colores para vender, siendo asaltada por sus propios amigos, recreando el mundo convencional y real en un cuento donde la maldad es solo ficción y los gestos forjan un porvenir. Un futuro lleno de flores, plantas, fragancias. Un jardín con una pequeña cerca que puede ser traspasada por cualquiera que se agache y la abra, o por cualquiera que la salte ambiciosamente.

Ese tren que viaja hacia un sitio no conocido por el común de la gente, que provoca intriga, que deberá ser el escenario propicio para tramar el hechizo de tocar todo lo que se quiere convertir en algo más interesante.

Tranquilamente, puede entenderse la revolución planteada como justicia por lo que no pudo ser y debería haber sido. Un agua cristalina que fue absorbida por la capital de La Pampa, que merecía ser el ícono histórico de la región y no un territorio no invocado popularmente.

Quizás, para dar fe de esto, debamos recorrer aquel sendero que nos conduzca hacia este paraíso en que todo es posible.

ficha Un tren a Toay

Mariela Verónica Gagliardi

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