*** Octubre 2017 ***

El hombre de la mancha24

Cuando un clásico tiene tantos años se corre el riesgo de hacer una copia o adaptación más, sin sobresalir ni distinguirse. Pero, cuando se tiene pasión por el teatro y una larga trayectoria, pasa a ser un desafío.

Así fue como la sala del Maipo explotó de público, haciendo que una noche de verano porteña se convierta en pura fiesta, en ansiedad y adrenalina.

“El hombre de la mancha” (adaptada y protagonizada por Pepe Cibrián) nos trae una versión del Don Quijote muy particular. Se trata de una comedia musical que rescata la esencia del libro de Cervantes, permitiendo que estén presentes todos aquellos ingredientes necesarios para que la obra se disfrute de principio a fin.

Pepe Cibrián encarna a tres personajes (Don Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra y Alonso Quijano) con una diferenciación tan sutil y definida como para que quien no haya leído la historia de Don Quijote de la Mancha no se sienta desplazado.

Este es uno de los puntos esenciales de la dramaturgia: el tener en cuenta aquellos fragmentos que son fundamentales para los que no han tenido oportunidad o interés en las páginas escritas en aquel 1604.

Lejos de las travesías, aventuras y odiseas sufridas y disfrutadas por Don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza, esta historia ilustra los momentos más románticos, tristes y melancólicos. Centra sus propósitos en el sueño de trasladar todo lo que leyó en algún momento de su vida, en la ironía de convertirse de hombre común en caballero. Y hace hincapié en esto, una y otra vez. Necesita que alguien, sin importar quien, le de este honor para combatir, luchar y salir victorioso aún en enfrentamientos ridículos o poco inteligentes.

Una historia que se va relatando en vivo, eligiendo a los actores principales de la misma, decidiendo la escena que vendrá, narrando, hablando en prosa y cantando aquellos versos que ilustran la vida de una persona. En este caso de Alonso Quijano, aunque podría tratarse de otro soñador, de otro hombre que desea conocer a su Dulcinea y que tiene el don de ver lo más relegado y criticado como oro puro.

No interesa quien sea quien, sino lo que él quiera y pretenda.

Otro rasgo fundamental es la impronta moderna que se le otorga a la puesta en escena. Sabemos que el contexto no es actual, sin embargo, la frescura de sus personajes y las voces en cada canto y pesar, invaden a El hombre de la Mancha de sabiduría poética, de esplendor, de magia y de verdades tan recurrentes ahora como antes.

Y es posible, inclusive, identificarse con esa necesidad de copiar de alguien, de “ser alguien”, de distinguirse por sobre los demás y de trasladar la etapa barroca a los lugares más discriminados, al deseo de hacerle ver al mundo la ridiculez de ponerse un uniforme y portar un arma.

Junto a él, aparece la gran figura de Raúl Lavié interpretando a Sancho Panza, un amigo que lo venera, alaba y respeta más que a un Dios. Y, como si fuera poco, Cecilia Milone deleita con su Dulcinea, atrapando a cuanto hombre se cruce en su camino.

No solo estas tres figuras principales cautivan con sus actuaciones y cantos, sino el resto del elenco que es tan importante en cada una de las escenas, transformando este clásico en pura comicidad, en códigos nuestros y, apropiándonos, de alguna manera de Don Quijote, un Don Quijote que no se traslada en caballo, que sufre como cualquier mortal, que delira y ve lo que quiere ver.

Si bien la exageración de esta novela permite disfrutar cada una de las hazañas representadas, celebro el modo que eligió Cibrián para demostrar, con humildad, un mensaje de paz.

Claro que se trata de una gran puesta en escena, con una orquesta excelente (dirigida por Ángel Mahler), pero el mensaje de paz está presente, atraviesa cada uno de los textos y permite que nos demos cuenta que somos diferentes aunque semejantes, diferentes aunque similares, opuestos pero humanos.

Dulcinea es la pieza fundamental en esta dramaturgia, aquella que permite aunar fuerzas para derrotar el mal, para ser sinceros, para dar y seguir soñando.

Don Quijote tendrá visiones ingeniosas pero no está loco. Desea armar su propia historia, como todos de alguna manera; demostrando que para ello es necesario desplegar la imaginación y no juzgarse. ¿Qué importa si un gigante es confundido con el viento? ¿Acaso los humanos no rotulamos constantemente todo lo que vemos, todo lo que nos cuentan, todo lo que pensamos? Las asociaciones libres no llenan el alma de respuestas.

El hombre de la Mancha es un hombre más, como quiso, como pudo. Murió como cualquier otro pero tuvo la oportunidad de ser el protagonista de su vida.

El hombre de la mancha ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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