*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para 2014

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El tesoro femenino

Mujeres tenian que ser8

La historia puede resultar aburrida, entretenida, interesante o apasionante. Quien esté en el colegio, quizás la considere una tortura, un enlace de fechas y acontecimientos, guerras, muertes y más fechas para recordar sin sentido alguno. Quien elija estudiarla, aprehenderla y darle un lugar en su vida, seguramente, halle un tesoro.

«Mujeres tenían que ser» (basada en el libro de Felipe Pigna, con dramaturgia y dirección de Érika Halvorsen), expone a cuatro actrices de renombre (Alicia Berdazagar, Julia Calvo, Fabiana García Lago y Julieta Cayetina), quienes se encargan de reconstruir más de dos siglos de la historia argentina, imponiéndose en el escenario y haciendo valer a las heroínas que en varias ocasiones, se intentaron olvidar por diversos motivos.

Contar con las anécdotas del escritor, finamente escogidas por Érika, conforman una pieza teatral muy interesante. Por un lado, las intérpretes leen su guión, nos miran, intentan convencernos. Cada una es una mujer diferente, que cambia al instante por otra. Batallas, guerras, anécdotas, romances, datos precisos y cronológicos, desfilan sin cesar durante la obra. A la vez que una artista visual (Luz Peuscovich), desenvuelve su talento, proyectando: recortes de diarios, titulares que resuman etapas importantes de la historia, detalles femeninos, fondos de colores, diferentes texturas y un universo que además de ambientar, le otorgan a la pieza teatral una impronta distinguida.

Durante las Invasiones Inglesas, surge un episodio referido a Manuela Pedraza (llamada La Tucumana), quien estaba casada con un cabo y mató a un inglés, quitándole su fusil e interviniendo en la lucha. De esa manera, esta mujer fue nombrada Subteniente de Infantería.

Julieta Lanteri, fue la primera en votar en el año 1911 y, también, se postuló como candidata a diputada recibiendo 1363 votos (una gran cantidad, teniendo en cuenta que solo los hombres tenían, hasta el momento, derecho de emitir sufragio). Años más tarde, la precursora tuvo un “accidente automovilístico” por el que perdió su vida.

Son muchas las fechas, los sucesos y las personalidades femeninas olvidadas, tapadas, ocultadas e inclusive ultrajadas. El paso del tiempo, en este caso, demuestra que las mujeres no ocupamos el lugar que los hombres débiles pretendían, sino el que soñamos, el que anhelamos y somos capaces de sentir pasión por cada paso que damos en pos de lograr un triunfo. Y el triunfo no siempre va de la mano de ser reconocidas con estatuillas, nombres de calles y estatuas en fuentes de agua; sino en conseguir que los años no sean acumulación de días sino la oportunidad de cambiar lo que no está bien, de embellecer lo que está feo y de pintar de colores un país que sufrió y, aún, sigue sufriendo.

La dramaturgia llega a varias conclusiones y el remate final concientiza, quedando en el imaginario social el rostro y nombre de quien hace treinta años sigue adelante, con el mismo propósito que el inicial: conseguir que quienes no tienen completa su identidad, puedan llenar ese vacío con información real y verdadera. Sin ser engañados una vez más. Tal vez no todos corran la misma suerte pero con inquietudes de este nivel, todo se vuelve más esperanzador.

Ninguna dictadura voraz podrá quitarnos la esperanza, por más oscuro que se vuelva el panorama.

¿Quién hubiera imaginado que la presidencia sería ocupada por una mujer?

Y no pretendo hablar de ideologías políticas sino de la posibilidad de demostrar que el género o sexo no tienen absolutamente nada que ver con la inteligencia y la valentía de llevar adelante diferentes proyectos.

Quizás sea la era en que todo lo escondido salga a la luz y con esa iluminación se vayan despertando los dormidos, aquellos que prefieren la mentira para no sufrir. Aquellos que prefieren no enfrentarse a la verdad para seguir siendo ignorantes y cobardes.

«Mujeres tenían que ser” es otra de las obras que Érika Halvorsen consigue lucir. Una vez más, con la sutileza que la caracteriza, narra con detalles una historia escrita y acontecida. Narra lo que prefiere que no quede solo en páginas sino transmitido, en vivo, a través de unas geniales actrices.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Patriotamente equivocado

Sueños americanos5

Es archi conocido el término sueño americano y, muy bien no se sabe el por qué, gran parte de la sociedad mundial quiere asemejarse a la cultura yanqui, copiando e imitando modelos impuestos a lo largo del tiempo.

Vestir como ellos, lucir como ellos, hablar como ellos, reír de cosas que no nos causan gracia porque es otra cultura y pretender ser lo que no somos.

Hace muchos años Michael Moore rompió con el esquema intocable norteamericano, realizando varios documentales sobre lo que significa reivindicar a dicha sociedad, sus costumbres, heroicidades y poder burlarse de lo que no le parece correcto -a pesar de haber nacido allí-.

Durante una hora, aproximadamente, Dennis Waisbrot -otro americano arrepentido- monta una obra no solo divertida sino profunda, que roza el grotesco, la comedia y el drama, llamada “American dreams and an elephant” (dirigida por Lía Briones).

Lo interesante de la obra es cómo está planteada y desarrollada: unos sketchs, totalmente diferentes unos de otros, llevan adelante la propuesta, utilizando al idioma inglés como lengua principal -subtitulando todas las conversaciones en una pantalla gigante- y, facilitándonos la comprensión.

Vale aclarar que el acento y fonética de ambos actores es perfecta y natural. Este punto les permite a los artistas, el poder interpretar y actuar de lleno sin otras preocupaciones.

Intercalando un sketch de otro, aparece ella: una cantante de jazz de los años 30, con su vestido de gala e imágenes de fondo que complementan sus cuadros musicales. Este es el sueño americano que dista mucho de la realidad, al menos de la realidad imperante en la actualidad mundial.

Para reír-nos, estas pequeñas historias permitirán que cada uno escoja la de su agrado ya que el único hilo conductor está basado en la ridiculización y no en el argumento central.

Sin dudas, la historia de un taxista argentino es la que más llega al público. Un trabajador que recurre a recursos clownescos para componer su personaje y burlarse del lugar donde vive. El país del norte, por donde desfilan una cantidad enorme de artistas -con mucho glamour- y estilo. Él ahí, conduciendo un auto, sin poder alcanzar la cima del “éxito”.

Y, haciendo foco en el título de la dramaturgia, un elefante es solo un accesorio para decorar el vacío superficial existente. Este hermoso peluche que ni siquiera es del color verdadero del animal con trompa, está apoyado en el piso, viaja en taxi y acompaña a quien lo toma. Como cualquier objeto.

“Agua, agua en todas partes y nada que beber” – fue uno de los mensajes más claros y concisos que resumen toda la idea del argumento. Una escenografía de cartulina que se derrumba con solo soplar, como un lobo feroz, que desgarra a los más débiles ilusionándolos sin sentido. Los fuertes no tienen necesidad de sumergirse en la nada para sentirse importantes o partícipes de algo artificial. Y se me viene a la cabeza The Truman Show, aquella película -protagonizada por Jim Carrey- que, lejos de ser simpática y divertida, toca un punto débil llamado identidad.

Si todos quieren ser iguales y lograr lo mismo, ¿dónde está la singularidad de cada uno?

Seguir la moda, vestirse iguales, hablar iguales, ser idénticos para sentirse parte de un todo irreal que con soplar se desvanece: como un castillo de arena.

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Una justificación a la culpa

Te voy a matar mama2

Después de idear varias maneras para terminar con ella, de pensar qué decirle y expresar todo su odio; piensa con el corazón.

«Te voy a matar mamá» (escrita por Eduardo Rovner y dirigida por Herminia Jensezian), se erige como una pieza teatral tragicómica, donde la mayoría del monólogo produce risas hasta conseguir un remate totalmente diferente y sorpresivo.

Quizás las teorías psicológicas puedan afirmar el deseo ferviente que tiene una hija por exterminar a su progenitora  pero, lo cierto, es que todas las mujeres no tenemos el mismo sueño.

La talentosa actriz María Viau, consigue transitar diferentes emociones utilizando varios recursos cliché como basarse en revistas de Feng Shui, disponiendo los muebles y objetos en determinado lugar y haciendo de su casa un espacio adecuado para ella, con equilibrio.

De hecho, lo más cómico es su rostro padeciendo a su madre, recordándola, quejándose de ésta y hablándole sin tenerla presente.

Como todo relato de Rovner, su tinte original e inteligente están presentes y, cada fragmento, aborda un acontecimiento importante en su vida. Esa vida trabada emocionalmente por culpa de su madre.

Qué irrisorio resulta ser que la felicidad de una persona tenga que ver, inexorablemente, con la desaparición de otra. El progreso emocional no debería vincularse a un obstáculo humano sino al hacerse cargo de la mirada que se tiene sobre la vida en general.

La sencillez suele radicar en culpar a otro para no sufrir, pero, todo, absolutamente todo, decanta en algún momento. Para ese entonces, el presente se puede encargar de secar las lágrimas y de reconciliar los malos pensamientos con el padecimiento.

No existe judío en este mundo que no sea culposo. Es uno de los principales requisitos, quizás porque otras religiones utilicen procedimientos que sirvan para liberar la maldad ejecutada.

La verdad al desnudo, pidiendo piedad, odiando al punto del estremecimiento, considerando oportuno el momento para vengarse.

Es su madre, pero eso no parece importarle demasiado. Desde que su padre murió, la vida de ella, también. No logra flaquear, hasta llegado el final en que confiesa su dolor por la pérdida. Está sola, encerrada en cuatro paredes y el rememorar la hará mantenerse en pie.

Rovner dice al final unas palabras con la sensibilidad que lo caracteriza. De hecho, no sería posible que escriba de la forma que lo hace sin el latir de su corazón. Dichas palabras se remiten a la deleitosa interpretación de Viau: “Pocas veces, uno puede decir que lo que ve es más lindo que lo que imaginó. Esta es una de ellas”

Esta es una puesta en escena que permite observar la historia desde tres ángulos diferentes. Mientras ella comunica su vida, su intimidad y torturas; los minutos pasan lentamente para la joven y, rápidamente, para los espectadores. Fugazmente, podremos conmovernos y angustiarnos con la debilidad de esta joven. Su mirada se posará sobre un punto imaginario, para nosotros, y objetivo para ella. Será quien la engendró, lo más detestado y digno para quitar del camino.

Sobre una mesa, acostada en un fiaca, caminando, tramando el momento clave para acabar con ella y parándose en un lugar clave para retomar el hilo de la obra, recordando lo más vertiginoso de su pasado y pidiendo a gritos clemencia.

¿Justicia por mano propia?

Un guión excelente, junto a un elenco perfecto, hacen de esta pieza teatral una historia que no recae en ningún momento, que mantiene la tensión de forma constante, valiéndose de una dirección impecable.

A todo esto, ¿cuál sería el enfoque de su maldita madre? ¿Qué le diría, qué le respondería y cómo se sentiría si se atreviera a tocar a la puerta?

Una segunda parte podría existir entonces, dando lugar a la otra campana, a la otra versión para así, por fin, recrear una historia completa. Mientras tanto, deberemos asumir que la verdad o su verdad es la dicha. En definitiva, el dolor es dolor, la angustia es angustia y la felicidad es felicidad. Acertada o equivocadamente, los sentimientos surgen desde adentro.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Vuelta a las maravillas

Vuelta Canela9

Se sabe que un buen espectáculo, necesariamente, convoca a mucho público. En este caso, un domingo con tormenta fue el contexto para que solo niños valientes -acompañados de sus padres- acudan a la Sala Siranush y disfruten de su grupo Vuelta Canela. Pocas veces se puede ver un fenómeno como el que se produjo, durante el cual los chicos corrían, caminaban y hasta se trepaban a centímetros del escenario para estar muy cerca de sus ídolos. Si bien no faltaba oportunidad de que unos se quejen por otros que les tapaban, fue una fiesta impresionante la presentación de la nueva discografía.

Todas las canciones que formaron parte del recital, pueden encontrarse en el nuevo disco Al vaivén, el cual hace un recorrido por lugares preciosos de la Argentina. Un nuevo material folklórico que atraviesa ritmos diversos como: chamamé, merengue, cumbia, rap, carnavalito y murga, entre algunos de los presentes.

Cucharadas abrió el espectáculo y, el universo culinario, se fue desplegando de a poco, hasta darnos ganas de poner en marcha alguna exquisita receta.

En un momento del show, Laura Asensio, cuenta que varios de los niños fueron creciendo con la música de ellos. Eso se puede observar haciendo un paneo visual de un extremo a otro. Así se pudo notar que las edades oscilaron entre los 2 y 10 años aproximadamente, sin contar a los adultos que nos inmiscuimos por algún rincón, o rodamos por el piso para transformarnos en diminutos.

Más allá de las melodías contagiosas y el gran abanico de ritmos, la actuación de Filomena (Nina Lenze), invadió de felicidad todo el recital. Con sus trenzas para arriba, su sonrisa inmutable y su delgado cuerpo, se trasladó por todo el escenario al mejor estilo clown, sin necesidad de recurrir a la palabra.

El listado de temas incluyó todo el disco: Cucharadas, Escurridizo, Al vaivén, Agua inquieta, Litoraleña, Reposera, Cuento del pez y la luna + Loussin yelav, Camino a Iruya, Pececita, Luna perlada, Bailarina, Lucecitas, Enrodados, Curva curva, Volá pajarito y, el bis infaltable de, Vuelta Canela.

Claro que cada niño y adulto tiene a su favorito canción y artista. Filomena parece ser la elegida por su actitud, carisma y despliegue en el escenario. Sus trenzas estáticas, le dan una gracia -junto a su calidez como persona-, difícil de pasar por alto.

Anacleta, anda en bicicleta, Serafín, anda en monopatín – es uno de los versos más cantados y recordados, como un sinfín de situaciones dentro de la misma canción; aunque, la más esperada por todos y celebrada con sonrisas es Lucecitas que andan por ahí, por acá por allá, por el otro lugar. Para esta canción, se sumaron artistas murgueros que le dieron un plus a la presentación del nuevo material. En otras interpretaciones, también, hubieron artistas invitados para convertir en fiesta Vuelta Canela.

Me gustaría preguntarles a los chicos de hoy, si tuvieron la oportunidad de conocer alguna luciérnaga y qué sensación les provocó. Desde pequeña que no me cruzo con alguna y da tristeza saber que solo en medio del campo o en la ruta podríamos cruzarnos con estos bichitos de luz tan simpáticos.

Mientras el acordeón, violín, guitarra, percusión, trombón, bajo, piano, clarinete, charango, ronroco, tuba, entre otros, sigan el compás del corazón, podrán existir: vaivenes, recetas de cocina, maneras graciosas de abrir una reposera, recorridos por el país inimaginables, memoria colectiva y amor para dar a los infantes.

Una vuelta por tantas sensaciones maravillosas, difíciles de transmitir con palabras. La tormenta de afuera no fue más que una limpieza y comienzo a cielo abierto, colorido, lleno de esperanzas.

Para apoyar a la cultura armenia, Loussin yelav (canción tradicional) fue el tema elegido para llevar adelante. Una letra preciosa que describe a la luna y dice: La luna se elevó sobre la cima de la colina. La cara de color rojo brillante ilumina la tierra (…) y tu rostro querido, redondo y de color rosa.

A no ser que se conozca este idioma, sería imposible conocer el significado de la canción, pero, sí, podemos tener la certeza de que menciona algo bello y romántico que todos tenemos la posibilidad de observar a la noche, estemos donde estemos.

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 Mariela Verónica Gagliardi

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Despreciable vida

La gaviota13

“Yo siento atracción por este lugar, por este lago, como una gaviota…” (Nina Mijailovna Zariéchnaia).

Qué sería del amor sin los enamorados y de la pasión sin el deseo. Qué sería de las almas -que deambulan buscando algo que las haga sentir llenas y colmadas de esperanzas- sin el encanto de quienes miran, observan y pretenden poseer.

La libertad es la enemiga del egoísmo, ese sentimiento tan absurdo y dañino, que tantas veces se relaciona con el amor puro.

Esta versión de “La gaviota” (Ánton Chéjov), expone a una familia, con sus defectos más que virtudes, tomando las partes más relevantes de la historia al igual que de sus personajes. Los clásicos, a veces, suelen ser reiterativos, sin embargo, Pyr Zenergam consigue resaltar la esencia de cada relato haciendo de esta gaviota un ave dulce, tierna y fiel a sus pensamientos.

Ser la protagonista, desplegando las alas de ingenuidad a lo largo de diálogos existencialistas, no es sencillo. Demostrar ambición sin vanidad, tampoco lo es. Por eso, Paula Rivas, consigue emocionar con su sonrisa nerviosa, con sus pequeños movimientos y cada uno de sus interrogantes hacia el escritor Boris Alexeievich Trigorin -a quien considera ha alcanzado la fama gracias a sus libros-. “¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo? He abandonado la universidad en el tercer curso por circunstancias, como suele decirse, ajenas a la redacción; soy un hombre sin talento y sin un centavo”.

Casi todos los personajes originales están presentes en esta adaptación tan bella. Los cuatros actos son separados por la atenuación de las luces y esa fusión con negro que logra descansar la vista unos instantes hasta retomar la dramaturgia.

En cuanto a la escenografía, los bancos de jardín tan tradicionales y una suerte de escenario donde se desarrolla el libreto de Konstantín Gavrilóvich Trepliov para que su bella dama interprete. Dicha interpretación producirá la ira de Irina Nikolaievna Arkádina, la madre de Trepliov, quien es actriz y no permite que otro sobresalga con su labor.

Los temas que se abordan en mayor medida son: el egoísmo y el poder. Ambos van de la mano ya que, causalmente, quien se muestra poco solidario es quien tiene lo segundo. Resulta extraordinaria la interacción entre los personajes y el manto de piedad resultante de ésta.

Sin precisar de una gran decoración, los pensamientos son esbozados en voz alta, los deseos y la oportunidad de mostrarse tan cual es, también. Mientras la violencia verbal llega a la cima, el desapego emocional pretende mostrarse como fuerza bruta y la traición traspasar fronteras inimaginables.

Ninguno es feliz con su pareja pero ninguno es capaz de dejar el agua correr para que la beba otro. El capricho se desarrolla como disfrazado de amor y éste no existe, verdaderamente, en las vidas de estas personas. No por conformismo continúan por el camino sino por cobardía y temor.

La gaviota, encerrada en su casa y custodiada por su padre y madrastra, intenta recobrar el aire del cielo para volar hacia donde su corazón se lo indique. Una frase que resume la vida de Nina es la dicha por Trepliov: “A ella le es tan difícil salir de su casa como salir de la cárcel”. Paradójicamente se siente lo que no es capaz de ser, por diversos motivos y factores. Por la vida que le tocó vivir y de la que aún no es capaz de alejarse.

Además de los temas existencialistas desarrollados durante la obra, el teatro ocupa un espacio importantísimo como canalizador de energías. Trepliov, intentando convertirse en un escritor, sin recibir el apoyo de alguien aunque sea, se atreve a afrontar teorías novedosas para la época. Él considera que al teatro le “hacen falta nuevas formas y si no se encuentran, mejor es nada”. Claro que lo que se refiere el joven es a algo revelador y que como todo proyecto nuevo, provoca oposición de parte de los conservadores. En este caso, de su madre. Pero, quien demuestra interés por el tema desarrollado es el Doctor Dorn al decir: “Es posible que me haya vuelto loco, pero la obra me ha gustado. Tiene un algo. Cuando esa muchacha hablaba de la soledad y luego, cuando han aparecido los ojos rojos del diablo, me temblaban las manos de emoción”. Tal vez, el hecho de la medicina como ciencia dura, haga que lo singular y sensible despierten su atención.

La desvalorización llega a su punto cúlmine y la degradación verbal de uno hacia otro, también. Así, Chéjov, demuestra cómo los lazos humanos son tan complejos como incoherentes. Cómo una madre es capaz de hacer primar sus ideales, destrozando el corazón de su hijo, anulándole sus sueños y poniéndoselo en contra cada vez más.

Arte y placer, en un momento, son comparados, asemejados y distinguidos por parte de Nina -quien le habla al escritor Trigorin-: “yo me figuro que para quien ha experimentado el placer de la creación artística, los demás placeres ya no cuentan”.

Así como los personajes no se sienten amados de verdad, tampoco se ven como los describen de afuera. Trigorin, por ser un escritor ruso, despierta la atención de los dos jóvenes en escena, aunque él, disfruta más de la pesca que de dedicarse a la literatura.

A la vez que las estructuras mentales son liberadas, lo real hace su aparición sin necesidad de escudos o máscaras. Quien convence de a poco a todos sobre cómo vivir es Piotr Nikolaievich Sorin, el hermano de Irina, quien interpreta sabiamente al bien, componiendo un personaje encantador.

Cada prenda y accesorio utilizado, permiten recrear este clásico y disfrutar de dos horas de reflexiones.

“Si alguna vez necesitas de mi vida, ven y tómala” (Nina).

Mariela Verónica Gagliardi

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«Silban las balas», de la compañía Bolsas en el viento

Silban las balas

Estreno viernes 03 de octubre

Una vibrante historia donde la música y el humor atraviesan la tragedia de la guerra. Un espectáculo en el que excéntricos personajes logran que la belleza, la risa y la emoción jueguen con las zonas más oscuras del ser humano.

Silban las balas es el primer espectáculo de la compañía Bolsas en el viento, en el que se imagina un pequeño país invadido por una fuerza extranjera. A través del lenguaje de las máscaras, el clown y con música en vivo, la obra muestra la manera en que los pacíficos habitantes de esa nación se organizan frente a la única opción que les queda: defenderse.

Ficha técnica:

Elenco: Lourdes Herrera, Mariana Mayoraz, Mauro González y Rodrigo Frascara.

Música original y dirección musical: Ian Shifres.

Música en vivo: Lucía Katz y Lucía Martínez.

Escenografía: Emilia Pérez Quinteros.

Coordinación y realización escenográfica: Lucía Garramuño.

Vestuario: Emilia Pérez Quinteros y Martina Cravea.

Diseño gráfico: Marcelo Sapoznik.

Fotografía: Fred Presmitta.

Colaboración coreográfica: Coti Cibils.

Diseño de iluminación: Alejandro Velázquez.

Máscaras: Iriarte.

Voz en off: Emilio Tanus.

Asistencia de dirección: Matías Katz y Fernando Vitale.

Producción ejecutiva: Lala Buceviciene.

Prensa: Hernán Salcedo.

Dirección: Marcos Arano.

Funciones: viernes, 23.30 hs.

Teatro Payró (San Martín 766 – C.A.B.A.)

Entrada: $100 (estudiantes y jubilados: $50)

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Cada cual atiende su juego

Casa adentro3

Cada familia es un mundo, se suele decir.

De las puertas para adentro, nunca se sabe lo que pasa.

Los códigos y estilos de vida, varían tanto como la tonalidad de un vestuario.

“Casa adentro” (de María Colaneri y dirigida por Paola Luttini), es una desafiante historia que intenta develar aquellos misterios tan íntimos como vulnerables.

Antes de que comenzara la obra, el mayordomo de la familia cantaba She (de Charles Aznavour), ese tema de amor tan trágico. Sorprendentemente, la trama no tenía absolutamente nada que ver con dichos versos, lo cual logró desconcertar. Mientras un guitarrista acompañaba, las luces disminuían su claridad para dar paso a la dramaturgia.

Es simple hacer foco en la historia, ya que se trata de un padre (Mariano Singer) que vive con sus hijos (Josefina Pittelli y Mathías Muñoz Percat) y un mayordomo (Guillermo Jáuregui). Hasta acá nada revelador, hasta que una “enfermera” (Romina Moretto) aparece en la morada. Punto y aparte.

Desde su llegada, la casa cobra vida, se plaga de colores e intenta romper barreras. Angustia, realmente, todo. Un chico autista, en silla de ruedas. Su hermana, un tanto retrasada, débil. Y un padre autoritario, violento y ausente como tal.

Las acciones que transcurren son reiterativas, estructuradas y marcadas por el reloj del mayordomo. No existen otras secuencias que llamen la atención, hasta que la enfermera pretende llenar de vitalidad las cuatro paredes asfixiantes.

Una familia que no ve la luz, que no conoce el exterior y que se recluta por miedo a sufrir y no ser parte de la sociedad. En un momento, el padre apela a la lástima, diciendo que el diferente se queda afuera. Él es distinto al estereotipo ya que su maldad lo absorbe, lo hace cometer actos de los que no se arrepiente, llegando a su punto más álgido, desesperándose e intentando mantener una cordura inexistente.

El señorito, con la mirada desorbitada, mirando a la nada misma, aplaudiendo, riendo, actuando e interpelando a la confianza del público. La señorita, deambulando y haciendo la rutina básica de comer, dormir y dejar pasar el tiempo. Ese tiempo marcado por un reloj de bolsillo. Una casa que se rige por los minutos y segundos, sin necesidad de hacerlo. Tres individuos, incapaces de ver la luz del sol, de hacer su propia vida y de ser buenas personas.

Como una sentencia, ellos están presos, no tienen sueños, deseos ni forma de hacer el bien. La manera que encuentran de transgredir, es siendo crueles y enfermos mentalmente. Asombra cómo ocurre el desenlace y son simplemente unos pocos momentos hacia el final los que ayudan a tener dos historias posibles. Los más melancólicos se quedarán analizando la primera y los amantes del suspenso y terror psicológico, la segunda.

Increíble el aroma a verduras recién cortadas para la cena o familiar, pudiendo ingresar en un universo de códigos diferentes donde el olfato ocupa un lugar importante.

Esto puede notarse en la cocina, en el pañal del niño, en la putrefacción del lugar que imaginamos gracias a los diálogos y la posibilidad de ser parte de una historia íntima, bien de cerca, teniendo a los artistas entre nosotros, sin el escenario que los mantiene alejados e imposibles de observar.

“Casa adentro” es un ejemplo de tantas otras casas, de tantas otras familias o clanes. Quizás sorprenda o impacte la crueldad, el morbo y la desesperanza. Pero, seguramente, conozcamos más de un caso similar o con algunos tintes de esta obra.

Durante una hora, un sinfín de situaciones similares se desarrollaron y no hubo modo de acallarlas. La realidad ficticia protagonizó una pieza teatral diferente, con buenas actuaciones, donde cada intérprete tiene la posibilidad de desarrollar su papel y el factor sorpresa como regalo.

Que un final cambie todo, no es fácil de conseguir. «Casa adentro», lo logra gracias a la buena complementación entre directora y dramaturga. Dicha unión no consigue más que lo que buscan todas las obras de teatro: dejar una huella diferente, un mensaje concreto, la posibilidad de hacer pensar al espectador y de convertirse en una historia con introducción, nudo y desenlace.

Detrás de las paredes existe un mundo diferente al que vemos afuera. La escenografía no pretende impresionarnos sino conformar los actos determinados, utilizando aquel objeto preciso que ya describa el contexto.

Mientras las bellas voces quedan flameando en al aire, las canciones se repiten, los individuos enloquecen y los actores llegan a su fin.

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Mariela Verónica Gagliardi

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Te voy a matar mamá, de Eduardo Rovner

Te voy a matar mamá

TE VOY A MATAR MAMÁ

¿nunca lo pensaste?

De Eduardo Rovner
Dirección: Herminia Jensezian

ESTRENO 5 DE OCTUBRE

Domingos 18:30 hs

Tadron Teatro
Niceto Vega 4802 (Esq. Armenia) C.A.B.A.
Reservas: 4777-7976
o por www.alternativateatral.com

Entradas: $90. Estudiantes y jubilados: $70
Duración del espectáculo: 55 min.

La obra por su autor Eduardo Rovner:
Una hija… una espera… Allí está ella aguardando a su madre para matarla. En un diálogo imaginario le reprocha todo lo que hizo… y lo que dejó de hacer. Falta de cariño y sobreportección. Demasiada libertad y cadenas que no dejan crecer. Así, contradictoriamente, y buscando la razón en la sinrazón, desarrolla argumentos para justificar su decisión de realizar ese crimen. Y bucea en mil y un modos para llevara cabo su cometido.
A partir de un humor hilarante y momentos de gran emotividad, el texto hurga en los sentimientos menos racionales de esa relación madre-hija. Amor, odio, culpa, competencia, celos, envidia, necesidad de afecto, carencias… Todo sucede entre esa madre y esa hija. Como en la vida misma, como en cada uno de los vínculos humanos de los que formamos parte. Todo tan simple y tan complejo. Tan desopilante y tan dramático. Las dos caras de una misma moneda. El espectador se sentirá identificado y, desde el rechazo o la aprobación, se verá, reflejado en un espejo increíblemente divertido.

Intérprete: María Viau
Autor: Eduardo Rovner
Diseño de espacio, iluminación y vestuario: Herminia Jensezian
Tema musical: Juan Manuel Bevacqua
Diseño Gráfico: Pablo González
Fotografías y trailer: Tato Borounian
Ilustración: Laura Laspiur
Prensa: Ayni Comunicación
Producción Ejecutiva: Pablo Mascareño
Puesta en Escena y Dirección General: Herminia Jensezian
Producción General: Tadron Teatro

 

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Las hambrientas, de Pablo Iglesias

Hambrientas

¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar para saciar nuestros deseos?

Funciones: sábados a las 20:30 hs

Sala: Abasto Social Club, Yatay 666

Elenco: Camila Palacios, Martín Rey, Valeria Actis.

 

Diseño de luces: Ricardo Sica.

Diseño gráfico: Gonzalo Martínez & Estudio Papier

Música Original: Leandro Iglesias.

Asistente de dirección: Nadia Albarracín

Dramaturgia y Dirección: Pablo Iglesias.

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Los malditos, sobre textos de Roberto Arlt

Los malditosTragicomedia basada en «La fiesta del hierro» y otros textos de Roberto Arlt.
Viernes y Sábados 22.30 horas en el Centro Cultural de la Cooperación.

Descripción
La acción transcurre en la casa del Sr Gurt, un rico fabricante de armas. Julio, su hijo, ha tomado fotografías que comprometen a Mariana, su madrastra, y se propone darlas a conocer durante los festejos de un nuevo aniversario de la Fábrica de Cañones. Así, se desata una oscura trama de sobornos, presiones y engaños, al límite. Pasiones descarnadas que culminarán en un final de fiesta violento y trágico; digno de un porvenir cruel y deshumanizado, como intuyó Arlt en toda su obra: el egoísmo, la sordidez, la ferocidad del alma humana.

Ficha técnico artística
Sobre textos de: Roberto Arlt.
Versión: Adrián Blanco, José Páez.
Actúan: Nayi Awada, Atina del Valle, Jorge Diez, Sol Janik, Marcela Jove, Francisco Oriol, Julio Pallares, Claudio Pazos, Hilario Quinteros.
Dirección: Adrián Blanco.

Fotos: Sol Janik
Vestuario: Marta Albertinazzi.
Escenografía: Marcelo Valiente.
Música: Carlos Ledrag.
Diseño sonoro: José Paez.
Prensa: Silvina Pizarro.
Asistencia de dirección y producción: Marina Kryzczuk.
Asitencia de vestuario: Analía Morales.
Diseño gráfico: Juan Miceli.
Producción. Adriana Pizzino.

Funciones: todos los viernes y sábados 22.30 horas en el Centro Cultural de la Cooperación, sala Solidaridad (Av. Corrientes 1543 – C.A.B.A.)