*** Octubre 2017 ***

Sueños americanos5

Es archi conocido el término sueño americano y, muy bien no se sabe el por qué, gran parte de la sociedad mundial quiere asemejarse a la cultura yanqui, copiando e imitando modelos impuestos a lo largo del tiempo.

Vestir como ellos, lucir como ellos, hablar como ellos, reír de cosas que no nos causan gracia porque es otra cultura y pretender ser lo que no somos.

Hace muchos años Michael Moore rompió con el esquema intocable norteamericano, realizando varios documentales sobre lo que significa reivindicar a dicha sociedad, sus costumbres, heroicidades y poder burlarse de lo que no le parece correcto -a pesar de haber nacido allí-.

Durante una hora, aproximadamente, Dennis Waisbrot -otro americano arrepentido- monta una obra no solo divertida sino profunda, que roza el grotesco, la comedia y el drama, llamada “American dreams and an elephant” (dirigida por Lía Briones).

Lo interesante de la obra es cómo está planteada y desarrollada: unos sketchs, totalmente diferentes unos de otros, llevan adelante la propuesta, utilizando al idioma inglés como lengua principal -subtitulando todas las conversaciones en una pantalla gigante- y, facilitándonos la comprensión.

Vale aclarar que el acento y fonética de ambos actores es perfecta y natural. Este punto les permite a los artistas, el poder interpretar y actuar de lleno sin otras preocupaciones.

Intercalando un sketch de otro, aparece ella: una cantante de jazz de los años 30, con su vestido de gala e imágenes de fondo que complementan sus cuadros musicales. Este es el sueño americano que dista mucho de la realidad, al menos de la realidad imperante en la actualidad mundial.

Para reír-nos, estas pequeñas historias permitirán que cada uno escoja la de su agrado ya que el único hilo conductor está basado en la ridiculización y no en el argumento central.

Sin dudas, la historia de un taxista argentino es la que más llega al público. Un trabajador que recurre a recursos clownescos para componer su personaje y burlarse del lugar donde vive. El país del norte, por donde desfilan una cantidad enorme de artistas -con mucho glamour- y estilo. Él ahí, conduciendo un auto, sin poder alcanzar la cima del “éxito”.

Y, haciendo foco en el título de la dramaturgia, un elefante es solo un accesorio para decorar el vacío superficial existente. Este hermoso peluche que ni siquiera es del color verdadero del animal con trompa, está apoyado en el piso, viaja en taxi y acompaña a quien lo toma. Como cualquier objeto.

“Agua, agua en todas partes y nada que beber” – fue uno de los mensajes más claros y concisos que resumen toda la idea del argumento. Una escenografía de cartulina que se derrumba con solo soplar, como un lobo feroz, que desgarra a los más débiles ilusionándolos sin sentido. Los fuertes no tienen necesidad de sumergirse en la nada para sentirse importantes o partícipes de algo artificial. Y se me viene a la cabeza The Truman Show, aquella película -protagonizada por Jim Carrey- que, lejos de ser simpática y divertida, toca un punto débil llamado identidad.

Si todos quieren ser iguales y lograr lo mismo, ¿dónde está la singularidad de cada uno?

Seguir la moda, vestirse iguales, hablar iguales, ser idénticos para sentirse parte de un todo irreal que con soplar se desvanece: como un castillo de arena.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: