*** Agosto 2017 ***

Los paraguas1

La dialéctica y el amor parecen encontrarse para fundirse, para esquivarse o, simplemente, para presentarse como verdaderos desconocidos.

Cómo se puede lograr sentir cuando todo sentimiento es traducido al lenguaje verbal. Esa necesidad imperiosa por subtitular cada acto, cada gesto, cada mirada y cada evación; coincidiendo en conceptos o estando totalmente en contra.

“Los paraguas son más caros cuando llueve” (escrita y dirigida por Héctor Trotta) nos presenta dos realidades posibles, llevadas a cabo por dos matrimonios que hacen hasta lo imposible para diferenciarse entre sí, como si asemejarse fuera un insulto.

En primera instancia, el nombre de la obra nos remite a un universo paralelo que no consigue identificarse sino hasta el final de la historia. No es posible sacar conclusiones apresuradas en esta dramaturgia ya que se trata de un viaje por la literatura poética francesa, el teatro y el placer por filosofar -a pesar de que las palabras no siempre tengan una lógica o justificación posible-.

Los paraguas no aparecen físicamente en escena, aunque la lluvia suele acompañar varios de los relatos acontecidos. La lluvia y la necesidad de poner en palabras el pensamiento, el sentimiento y la acción referencial; permiten que no existan dudas sobre la idea de esta pieza artística.

Mientras una misma melodía, junto a la iluminación, se encargan de marcar la separación de escenas, el drama y la comedia consiguen aunarse en un solo lugar.

Ana y Tomás forman una pareja aparentemente feliz, sin necesidad de volar hacia horizontes desconocidos ni de arriesgar más de la cuenta. Ella, escritora y enamorada del amor; se comienza a dar cuenta quien es cuando su matrimonio entra en crisis. Él, en cambio, es un dramaturgo no conocido, que no consigue transmitir en sus páginas algo demasiado interesante. De esta manera, los dos hacen lo que se supone que hay que hacer sin plantearse realmente si al actuar de ese modo están siendo o no felices.

Por otro lado, se encuentran Catalina y Víctor, quienes también están casados pero tienen una vida distinta a la de sus amigos. Ellos sí pretenden hacer lo que les gusta, recurriendo a su intelecto pero, también, permitiéndose ciertas cosas “no correctas” que los harán felices.

Así, la historia se va tornando dramática desde su comienzo, generando incomodidad en el espectador. Y por qué me refiero a la incomodidad. Justamente por los conceptos que se manejan: ¿qué es lo que está bien y qué es lo que está mal? ¿Hay que ser feliz a cualquier costo, es preferible hacer lo que corresponde postergando la felicidad? ¿Quién determina la línea entre el bien y el mal? ¿Hay que “obedecer” a alguien o a nosotros mismos? ¿Existe un juez moral?

En cuanto a las interpretaciones, se pueden observar a cuatro artistas que viajan junto al desafío de la propuesta desarrollada en esta dramaturgia, desplegando talento y pasión. La vestimenta y accesorios consiguen que sus personajes estén bien caracterizados, dándoles la posibilidad de demostrar cómo los estereotipos están cada vez más arraigados en una sociedad.

Los diálogos no son fluidos y hago hincapié en este aspecto porque supongo que esto creará un público que adore la dramaturgia y otro que no logre ingresar en los códigos establecidos por su autor. La fluidez, generalmente, la asociamos a la espontaneidad en los diálogos, al lenguaje más convencional llevado a cabo. Esto no sucede y resulta interesante que no suceda, porque la magia de la palabra florece en todo su esplendor. Sus cuatro personajes se sienten presos de lo que dicen, sin encontrar un silencio para reflexionar. Necesitan hablar y expresar de este modo cada palabra y acción.

Los paraguas2

Sentí la presencia de Trotta constantemente. Como si estuviera en vivo, imaginé un ensayo con público durante el cual pudo ejecutar cada directiva, corte y cambio. Como una hoja de ruta, cada escena tuvo su acotación y este es el valor agregado del dramaturgo.

Los personajes caminan, van, vienen, corren de lugar el sofá, los libros, las bebidas y los vasos; demostrando que los cambios no tienen que ser externos sino internos. Se puede modificar la orientación de un mueble pero si no se cambia la perspectiva difícilmente pueda tener sentido dicho cambio.

Hay que abrir el paraguas, como forma de protección, como escudo, como la manera de no sufrir.

Los paraguas son más caros cuando llueve, es una frase tan real como la vida. La oferta-demanda, la especulación económica trasladada al miedo, al amor, a la pasión y a la incertidumbre.

¿Qué ocurriría si permanecieran callados, observándose?

El alcohol pasa a ser como el agua, sin gusto, sin quemazón, sin ese espíritu que les otorga delirio. La rutina pasa a aburrirlos tanto como la vida y la vida misma se torna insoportablemente agobiante. Solo quienes se comportan más salvajemente, pueden atravesar esa frontera que marca la separación entre el bien y el mal. Hay buenos y malos, sedientos y voraces. Utópicos y vulgares.

El cáncer es mencionado durante varios momentos de la obra, como tumor difícil de extirpar. No hay personajes enfermos clínicamente pero si embriagados de egoísmo. ¿Está mal ser egoísta? Existe persona que pueda proclamarse no egoísta?

La apariencia se esconde en los corazones más ingenuos, ejerciendo una constante presión. La dramaturgia es una vertiginosa puesta en escena que tiene momentos esperados y un desenlace impensado.

Los paraguas son más caros cuando llueve y el amor se vuelve más atractivo cuando peligra su extinción. Los paraguas se identifican con el amor y la lluvia con el quiebre. El conflicto es lo único que los salva, otorgándoles la duda como opción para replantearse un antes y un después.

“Los paraguas son más caros cuando llueve” es una joya que brilla en la oscuridad, esa oscuridad que todos tenemos y no todos dejan asomar. Como si fuera una vergüenza desleal, proteger al ser amado pasa a ser la peor decisión que pueda tomar cualquier mortal. El individualismo es la conclusión a la que nos hace llegar su autor. La auto-evaluación, el auto-aprendizaje, el auto-conocimiento y la oportunidad de animarse a superar.

Los paraguas ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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