*** SEPTIEMBRE 2025 ***

Archivo para septiembre, 2013

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Las épocas cambian, el amor no

Amame a través de los años11

“Amame a través de los años” (con dirección general de Mónica Buscaglia y dirección musical de Santiago Otero Ramos) es una pieza sonora que integra canciones de amor.

Dos mujeres (Marisa Ini, Maia Contreras) y dos hombres (Marcelo de Paula, Walter Canella) coquetean, se miran. Luego, otra pareja hace lo mismo. Cada cual a su manera, sin vergüenza, mostrando lo más lindo de sí mismo.

Dan un repertorio muy amplio, todo abocado al romanticismo de diferentes décadas y ritmos. Por otro lado, todos los artistas se pueden lucir por igual ya que -por momentos oímos a un solista con coros de los tres cantantes- y, por otros momentos, los cuatro tienen el mismo protagonismo.

Este musical es sumamente entretenido y lo que merece un destaque es la adaptación de las letras -del idioma original que es el inglés, al castellano- que suenan espontáneas y parecen en Amame a través de los años5nuestra lengua. Esto es difícil de lograr y este espectáculo lo consiguió.

Por otro lado, el tinte humorístico es cálido y con la dosis justa como para mantener un ritmo estable a lo largo de la obra.

La propuesta de “Amame a través de los años” es literal: cuatro personas se encierran en una especie de máquina espacial que los lleva a distintas épocas (para las cuales están lookeados, siendo que cada cantante caracteriza a una determinada) y ritmos bien marcados.

Este viaje musical nos hace sonreír, lagrimear, recordar, sentir, anhelar y, por sobre todas las cosas, soñar.

La lista de canciones que suenan es realmente amplia: El amor es algo esplendoroso, Yo lo seguiré, Yo soy aquél, Quiéreme siempre, Zíngara, Pon tu cabeza en mi hombro, Mi hombre, Hay humo en tus ojos, Solo tú, Detente en nombre Amame a través de los años9del amor, Tú eres mi destino/Melodía desencadenada, Un gato en la oscuridad, Yo que no vivo, No me traes flores, La rosa, Sabés a dónde vas?, Por qué los tontos se enamoran?, No tengo nada, Dalila, Reacción en cadena, Tanto amor, Ya no hay forma de pedir perdón, No hay más lágrimas, Mix teléfonos: Lo harás-Hola-Llámame-Te llamé porque te amo, Como yo te amo, Aquí estoy, Todo lo que necesitas es amor.

Sin lugar a dudas, tal repertorio, sería imposible de ejecutar sin cantantes e intérpretes de nivel, junto a un director musical que los coordine. En este caso el director es también el pianista del musical, que interviene en pequeños fragmentos de la obra.

Mientras escuchaba cada canción iba hilando en mi cabeza ciertas conexiones como para deducir su orden, su sentido y la coherencia. Pude deducir que La rosa Amame a través de los años14es el tema que marca un quiebre en el musical ya que esta canción no solo toca el ámbito del amor sino de la soledad. Dice que lo más importante es el amor.

Todas las cursilerías, miraditas de reojo, hombritos y pasos seductores; tienen su momento hasta que La rosa hacer incursión en el escenario. Esta canción es la que dice: muy lindo el amor, pero abran los ojos, toquen tierra firme y, luego, sigan queriéndose. Es la que permite traer una dosis de realidad, cortando con el enamoramiento fugaz, para demostrar que lo que perdura con el tiempo es el amor. (…) “Aprenderé que amor es todo” (…) “y en la rosa vendrá tu amor”.

En cuanto a la escenografía, no solo tiene recreada una máquina (como les mencioné anteriormente) sino distintos tipos de luces y humo que permiten viajar más cómodo en esa nave que va lento o rápido de acuerdo a sus notas en el pentagrama.

Amame a través de los años7

¿Será posible amar a través de los años? ¿Qué es amar? ¿Qué es caminar juntos o volar juntos?

Este es un musical para descubrirlo.

Mariela Verónica Gagliardi

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“Los hechizados” de Héctor Levy-Daniel en NoAvestruz

Los hechizados

 Domingos a las 19hs.

Teatro NoAvestruz | Humboldt 1855 | CABA
Localidades: $70 | Estudiantes y jubilados: $50

El domingo 22 de septiembre se estrena “Los hechizados”, pieza inspirada en el tema de la obra de John Ford: “Lástima que sea una puta”, de Héctor Levy-Daniel. El motivo de la obra es tomado como una especie de mito que recibe un tratamiento particular que reubica la cuestión de lo trágico en un contexto reconocible, el cual permite realizar asociaciones con una realidad histórico-social argentina y, por extensión, con una posible realidad actual. “Los hechizados” se presenta los domingos, a las 19hs, en NoAvestruz, Humboldt 1855.

Sinopsis

La acción transcurre en la pampa argentina. Juan y Ada son hermanos en una familia terrateniente y mantienen una apasionada relación incestuosa que logran ocultar durante años. Las prolongadas lluvias e inundaciones llevan al borde de la bancarrota a Franco, el padre de los dos, quien se ve obligado a malvender sus tierras para evitar la quiebra. Toranzo, un joven rico y ambicioso, es quien le ofrece comprar las tierras al valor que tenían antes de las lluvias, a cambio de que Franco le ceda a su hija en matrimonio. A pesar de la resistencia de Ada, Franco accede y salva el valor de sus tierras. Unas semanas después de las nupcias, Toranzo descubre algo que Ada había logrado mantener en secreto durante años. Con ayuda de su secretario Cipriano, Toranzo logra descubrir la verdad y trama una venganza contra los dos hermanos.

Sobre la obra

La escritura de la obra “Los hechizados” tuvo como objetivo retomar el tema del amor incestuoso trágico que está presente en la obra “Lástima que sea una puta”, de John Ford. La acción está instalada en el contexto de la pampa argentina. La nobleza está reemplazada por los terratenientes y las lluvias y la inundación de los campos sirven como el gran disparador de la acción trágica. La idea que motivó la escritura en este espacio y tiempo tuvo que ver sobre todo con trabajar en el marco de una tradición que hiciera familiar y reconocible tanto el curso de la acción como los personajes. Y al mismo tiempo se tuvo como objetivo provocar resonancias en el espectador acerca de nuestra propia realidad.

Ficha Artística-Técnica

Actúan: Maia FranciaPablo RazukMartín OrtizEnrique Papatino

César AndréSilvia Villazur

Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo

Diseño de iluminación: Ricardo Sica

Música original: Sergio Vainikoff

Diseño coreográfico: Teresa Duggan

Diseño gráfico: Marcelo Farías

Fotografía: Camila Levy-Daniel

Realización de escenografía: Verónica Grau

Prensa: Marisol Cambre

Asistente de dirección: Ramiro Delgado

Dramaturgia y dirección: Héctor Levy-Daniel

 

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La nostalgia nos convierte en prisioneros

El jardín de los cerezos2

Es invierno. Hace mucho frío y un conflicto se avecina…

“El jardín de los cerezos” (adaptada y dirigida por Nicolás Pérez Costa) es una puerta para conocer a la familia protagonista de una historia, llena de melancolía, tristeza, valores y diferencias sociales. Durante el año 1904, Anton Chejov escribe esta pieza teatral, la cual está basada en el declive de la aristocracia rusa y el ascenso de la clase más baja.

Durante las dos horas que dura la obra se puede ver reflejada la política -en la voz de cada uno de sus actores, quienes logran contarla de un modo ameno, prolijo y llevadero-.

La casa en que viven sus miembros, está por ser rematada y ese será el puntapié inicial del relato. Cómo lograrán mantenerla, como harán para que su pasado continúe vivo, recordado?

Un hombre, Ermolái Alexéievich Lopajin (Damián Iglesias), los asesora para que realicen un complejo vacacional, ignorando y pasando por alto el valor afectivo que tiene la propiedad. Él les intenta justificar lo poco que interesan los cerezos, ya que cada dos años dan su fruta y el resto del tiempo, nada.

Este espacio no vale como objeto sino como cuna por la cual han pasado varias generaciones. El jardín no es cualquier jardín. Es lo que fue, lo que paralizó a esta familia, lo que hizo que jamás continuaran sus vidas con un propósito o fin motivador. Las personas que habitaron esta casa, pudieron mudarse, regresar y deshacerse de su vivienda -por más lágrimas que corrieran por sus rostros-; ya que sus días son semejantes, rutinarios y estáticos.Héctor Giovine y Rita Terranova en El jardin de los cerezos

Dentro de las mismas paredes conviven los ricos junto a sus sirvientes. Tal como suele suceder entre las clases acomodadas, sus siervos son los mismos a lo largo de la vida, quienes conocen los secretos de la familia, sus pormenores y cada una de sus frustraciones.

Liubov Andréievna Ranévskaya (Rita Terranova), tiene dos hijas: Ania (Renata Marrone) y, la otra adoptiva, Varia (Iara Martina). La señora, quien regresa de París para estar al tanto del futuro de la residencia y sus espacios verdes, comienza a tomar conciencia de varios aspectos y, éstos, transforman pequeñas partes de su temperamento. Por otro lado, su único hermano: Leonid Andréievich Gáyev (Héctor Giovine), intentará -pero no muy convincentemente- evitar el remate de la casa.

Ania, es una muchacha joven que está terminando sus estudios y la inocencia la caracteriza. Ella es una de las figuras más evocadas a lo largo de la narración ya que a partir de su juventud se puede notar cómo es posible lograr un cambio en la familia o en su vida, de a poco; rompiendo con el statu quo reinante. Por otro lado, Duniasha (Cecilia Barlesi) demuestra sus dotes para interpretar su personaje a la perfección. Ella es delicada, cuidadosa, sabe transmitir lo que siente y piensa, sin temor alguno.

También, se puede hacer énfasis en Firs (Leonardo Odierna), realiza una interpretación excepcional como sirviente de esta familia. Todos saben que existe pero no lo tienen en cuenta mucho que digamos. Es que como muchas veces ocurre, la vejez produce el alejamiento de las personas de menos edad. Él dice que no está viejo, que “hace mucho tiempo que vivo”.

Son varios los personajes que se van sucediendo durante la obra pero merecen -sin menospreciar a los demás- un destaque, algunos de ellos.

Semión Panteléievich Epijódov (Agustín Pérez Costa) es otro de los que resaltan por su actuación y composición. Este personaje es muy interesante y es el enamorado de Duanisha. A su vez, Agustín interpreta a un borracho que nos hace reír durante toda la función. Éste es torpe, se cae, desafina al cantar, toca la guitarra y en medio de tanto “talento” intenta seducir.

En cuanto a la institutriz de la familia, Charlotte Ivánovna (Valeria Ruggiero), esboza “tener tantas ganas de hablar y no tener con quién”. Esta mujer esbelta y distinguida, habla lo justo y necesario. Solo decide emitir palabra en el momento preciso. Pero cuando su voz se escucha, se nota su disconformismo para con la familia.

Las muertes son contempladas, los recuerdos, encendidos; pero no hay un factor que los entusiasme como para cambiar y realizar un giro interesante.

El blanco otorgado a los vestuarios y escenografía, demuestra que la riqueza está presente pero a punto de ser abandonada. Ellos no hacen nada para conservar su casa y jardín. Lo dejan ir, como a sus propias vidas. Así es como notamos que la resignación es otro de los puntos a destacar en cada uno de estos personajes.

Liubov acepta la perdida de la casa porque asume haber pecado. Dice haber derrochado mucho dinero. Además, las tragedias seguidas de muertes, aparecen una y otra vez. Como la de su hijo, quien se ahogo y ella, sin poder aguantar tanto dolor, se fue a vivir a Europa. Como si la distancia lograra cicatrizar tremenda herida. Pero así es como se maneja esta familia: haciendo valer su condición de aristocracia.El jardin de los cerezos3

El único que, posiblemente, salve las tierras familiares, es Leonid. Un préstamo sería la única posibilidad y, en torno a este, girará gran parte de la obra.

También está presente el simbolismo de progreso junto a Piotr Serguéievich Trofímov (Juan Guilera). Él es un estudiante de menos de treinta años, muy inteligente. Este personaje, también, es interesante ya que sus diálogos estarán relacionados a la actualidad del país y sus condiciones. Piotr menciona a la clase obrera y a la correspondiente servidumbre, en contraposición a la alta sociedad. “En la vida real solo hay vulgaridad”. No causalmente es Piotr quien se acerca más a Anita e intenta hacerle ver la realidad por la que está pasando el país en su totalidad. Él, se anima a decirle que su propia familia tiene esclavos en la casa. Ella no se enoja, pero su personalidad no se toma muy en serio las cosas; aunque sí esto hace que comience a decidir por sí misma.

Las luces cambian sus colores, según el estado de la situación que se esté representando. La música clásica -a cargo de Nazarena Mastronardi-, acompañan cada cambio de acto en el escenario. También, los artistas cuentan con sonidos y música a lo largo de la historia, que los ayudan a sumergirse, mejor aún, en la época narrada.

“El jardín de los cerezos” es un clásico que en esta versión logra lucirse y demostrar que con buenos actores es posible narrar una pieza teatral lenta, con un ritmo un poco más ágil.

Mariela Verónica Gagliardi

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Envejecer como ciruela

La edad de la ciruela3

Una casa aloja a mujeres muy diferentes entre sí, pero con un mismo objeto: huir de esas paredes que las tienen como presas de sus pensamientos y ataduras mentales.

Celina (Elina Catini) – la hermana mayor- y Eleonora (Sofía Balda) son hermanas y, juntas, recrean los recuerdos de su infancia, las anécdotas de tías, abuelas y la muerte –posterior- de su amada madre.

La primera soñaba con ser hombre de más grande y la otra se resguardaba en los brazos de su hermana, haciéndose la “tonta” para no sufrir ni crecer.

Al comenzar la obra “La edad de la ciruela” (de Arístides Vargas y dirigida por Mercedes Fraile), Eleonora le escribe a Celina, contándole, dolorosamente, que la madre (Victoria Ruscio) ha fallecido. Este hecho que parece ser un trauma, en las dos mujeres se transmite como una melancolía constructiva. Ellas logran crear desde el dolor, anhelando –de algún modo- volver a ese tiempo pasado en que jugaban con ratas, escondiéndolas en armarios, sin tenerles miedo ni asco, riéndose, conservando esa ingenuidad de la infancia.

La edad de la ciruela2

El autor de la pieza teatral, realiza un guión basado en la época de la dictadura, durante la cual su hermano fue detenido en Santa Fe. Para ese entonces, el modo que encontraron de sobrevivir fue, justamente, la escritura como conexión entre ellos. Arístides, siempre, encuentra el modo de darle un tinte humorístico a las tragedias sobre las que crea y ficciona.

Las escrituras van y vienen, las respuestas a interrogantes son las encargadas de unir cada parte de “La edad de la ciruela”, convirtiéndola en un todo con varios mensajes claros y concisos.

Esta obra es un aroma a vino, representado por esta fruta tan bella –comparada con la vejez humana, con ese deterioro físico del cuerpo y ese olor asqueroso a putrefacción-.

“La edad de la ciruela” es un cuerpo que desea sobrevivir, siendo siempre joven, sin arrugas, sin calvarios, sin nada malo y, por supuesto, con una inmensa alegría.

Estas dos hermanas recuerdan a sus abuelas, a su madre, a su tía, a su criada y a todo el entorno que las vio crecer en edad.

La importancia de saber cuándo esta fruta esta apta para ser bebida o para utilizar como vinagre, parece haber sido tema de conversación, trascendente, en la abuela María y su hermana Gumersinda. También, una preocupación, el no quedarse solas para vestir santos y encontrar un hombre que las acompañe en sus vidas, sin importar quién.

Por otro lado, la muerte, es una preocupación central en esta historia. La muerte vista como un lugar lleno de preguntas, de intrigas, de no sufrimiento. Celina, afirma, que su madre logró morirse, que no se murió –de casualidad- como les pasa a otras personas. Este logro, parece ser deseado también por sus hijas, de algún modo.

Eleonora, en cambio, siente cierta preocupación, al sentir la casa vacía, ya sin ninguna persona mayor que ella.

La metáfora es fundamental en esta obra, ya que sin ella sería cuasi imposible entender cada uno de los fragmentos relatados. Cuando Eleonora, en un momento menciona que todas las mujeres de la familia intentaron irse, como fugándose y cada una intentó que sea de un modo particular. Como el caso de la tía Adriática que lo hizo literalmente, pero que nunca se murió del todo. Siempre vuelve al hogar y entabla alguna conversación con Blanquita -la sirvienta-.La edad de la ciruela1

Otro de los puntos a resaltar en la obra es el que se refiere a la detención del tiempo. Ese tiempo que se suele denominar como veloz, es frenado por las dos hermanas -quienes jugando- logran su cometido. A partir de entonces se suceden varias situaciones cómicas como el hecho de que Blanquita no puede quitarse un vaso que se le quedó atorado en la mano, ya que las horas no pasan y el día es siempre el mismo.

¿Pueden imaginar, por unos minutos, cómo se daría una situación de estas características en  la vida real?

¿Cómo se podrían resolver conflictos, conversaciones, cotidianeidades, si el tiempo no se sucediera?

Muchas veces pudimos tener la necesidad de retroceder o de avanzar pero, ¿cómo sería suspender las agujas del reloj?

El tiempo se burla, pasa, transcurre, hace envejecer a la gente.

Retomando el eje del principio de la obra, en que Francisca – la madre de las chicas- muere, también tenemos la oportunidad de conocer momentos de su vida de joven, junto a sus dos hermanas, sus charlas, consejos y situaciones picarescas que hacen reír y emocionar.

Las apariencias se pueden notar de la mano de Victoria –hija de María-, cuando sin saber tocar el violín, hace “como si” supiera, teniendo de fondo a un músico que hace sonar el instrumento.

Blanquita (Pilar Calvo) es la que tiene más noción de la realidad, que sin parafrasear, dice: “La vida es una sola y si no la vivimos estamos jodidos”. Ella es quien estuvo al lado e inmersa en cada uno de los momentos de esas mujeres, tan diferentes a ella. Nunca tuvo su dinero ni su posición social pero, sin embargo, logró ver más allá de las miserias humanas y del “qué dirán”. Ella era así como se la veía, sin máscaras, simple. Callaba sus decires pero los gritaba por momentos.

Las protagonistas desarrollan con muchísimo talento los personajes presentes y pasados, cambiando de uno a otro en cuestión de segundos. Los demás roles están bien caracterizados por los artistas, en cuestión de vestuarios y voces. Esto ayuda a sumergirnos en esta bella y cuidada pieza teatral, la cual se convierte con el pasar del tiempo, en algo mágico. No llega a ser un objeto, aunque quisiéramos que lo fuera para poder conservarlo y quedarnos calmos.

Claro que la verdad que cierra dicha historia, la tiene Celina en cuanto le dice a su hermana que la nada está en los pensamientos.

Uno puede imaginar lo que desee y ser protagonista de lo que quiera. Quizás, de esta manera, pueda convertir las fantasías en hechos reales.

Tal vez, sin imaginación, el tiempo siga su curso –monótonamente- como el de estas mujeres que nunca se sintieron importantes ni fundamentales ni para ellas ni para su entorno. Ellas sobrevivieron recordando lo que fue.

Mariela Verónica Gagliardi

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Libertad Lamarque, recreada por Solita

Nada del amor me produce envidia

Soledad Silveyra, encarna el papel de una modista de barrio, muy emprendedora y talentosa.

Comienza a hablar de las cuerdas vocales y de un amor no correspondido. Luego, el tema de las cuerdas vocales lo enlaza con Libertad Lamarque, a la cual siempre la pensó como un ángel.

Una pequeña escenografía en perspectiva y con una simple silla, son el marco que acompañan a Soledad Silveyra durante todo su relato.

La iluminación en el piso con una amplia gama de colores, va variando.

Todo lo que narra es a modo de anécdotas: las mujeres embarazadas que le piden vestidos de novia y ella, que intenta, disimularles las pancitas; son algunas de las tramas que más se destacan a lo largo de la historia del taller.

Ella se siente como la confidente de las futuras mamás y ese secreto sabrá guardarlo al igual que tantos otros.

También, toca asuntos como el de la muerte, mencionando lo difícil que es. “Quieren agarrar un vaso de agua y no pueden”.

Pero, al instante, retoma su discurso protagónico que es el del mundo de la modista. Su mundo.

“Un buen vestido de novia tiene que tener muchas capas para que el marido vaya sacando de a una por vez, hasta llegar al centro”.

Ella es pura y religiosa. Todas las canciones de amor le parecen iguales y está resentida con éste y su contexto.

“Un amor sin hombre es el amor de las costureras”, reflexiona en un momento del unipersonal. Es que la soledad y el vacío que siente son enormes. No desea, desde ya, permanecer sin un compañero; pero tampoco modifica algo en su vida o toma otra actitud como para encontrarlo o conocerlo.Nada del amor me produce envidia1

Con respecto a la música, solo está presente en unos breves momentos de la obra, lo que permite focalizar especialmente en las palabras, reflexiones y confidencias de la protagonista.

Por fin, se sincera diciéndonos: “Qué papel mas triste me ha tocado en esta farsa”. La mentira de cubrir con telas las personalidades de cada una de sus clientas y la oportunidad de “disfrazarlas” a su gusto y preferencia.

Ella, podía sentirse otra persona, en la piel de cada una de esas mujeres -importantes o no- que le dieron el lugar de sentirse otra, aunque sea por momentos.

Y tal como les mencioné en un principio a Lamarque, ella fue su referente, su ídola. Es impresionante cómo la actriz logra transmitir un papel lleno de magia, humildad, solidaridad y ternura. Su trayectoria la deja ser y mostrarse como aquella muchacha de clase trabajadora, solitaria y con tanto cariño para dar.

Lo cierto es que el guión de Santiago Loza está basado en la supuesta anécdota, tan conocida, sobre la cachetada que Libertad le habría pegado a Evita. Ambas damas, tan diferentes una de la otra, habrían sido rivales políticas y sociales.

La diseñadora, nos cuenta el día que le hizo el vestido a Libertad Lamarque. Los hilos de la tela, la suavidad de la misma y que, seguramente, provenía de oriente, de algún lugar poco conocido.

La emociona mucho esa situación y creía imposible poder confeccionar ese vestido.

Su mirada -decía en cuanto a la cantante- era diferente, tenía elegancia y era pequeña de estatura. Fue a la persona que más le gustó vestir y no es para menos su sentimiento.

Las luces en el taller de costura, marcan las transiciones, de un fragmento a otro, de la historia.

Nada del amor me produce envidia2

Creía que era el hecho más importante que le había pasado en la vida, pero un día llegó Evita a la casa de ella. Quería comprarle el vestido que Lamarque aún no se había llevado.

La primera dama le estrechó la mano, no le quiso dar un beso. A ella le pareció rara la reacción. Pero, no la verdad es que no le pareció humana.

La mujer del presidente Perón, pretendía tener el poder hasta en la compra de un vestido que había sido diseñado para otra. No tenía códigos ni modales.

Hay dos clases de personas: las que deciden y las que acatan (afirma la modista). Ella dice pertenecer al segundo tipo.  Pero cuando llegó el momento de optar a quien darle el vestido, tuvo que incluirse en el primer grupo. Recién ahí fue cuando logró soltarse, cantar, bailar, ser feliz.

Así fue como se dejó la prenda para ella. La lució y se sintió -por primera vez- una reina. Hasta que ocurrió una desgracia.

La narración podría ser para el medio radial, ya que es posible imaginar cada parte, sensación y trama, dicha por la gran intérprete.

El guionista y Alejandro Tantanián, lograron conformar un dúo excepcional. “Nada del amor me produce envidia”, se apodera de Soledad Silveyra y el libreto recorre cada una de sus venas para convertirla en lo ideado por Santiago Loza.

Fotografías: Ernesto Donegana.

Mariela Verónica Gagliardi