*** Septiembre 2019 ***

Una casa, en medio de las montañas, en un pueblo chico pero con varios secretos silenciados y callados. “Juan”, es una obra de teatro (de Miguel Tabarovsky y dirigida por Rubén Hernández Miranda) que da escalofríos, de principio a fin. Es una historia llena de conflictos familiares y de reproches incesantes.

La narración comienza cuando el matrimonio compuesto por Ana (María Marta Viladesau) y Jaime (Eduardo Ezon), mantienen un diálogo cotidiano en la cocina -el único ambiente visible de la gran casa-, durante el cual ella le pide a él que cuele un jugo de naranja para Juan ya que no le gusta con semillas.Juan3

Lo sorprendente es que el tan mencionado Juan, no aparece en ningún momento en escena, no vemos su cuerpo, no lo escuchamos, no sabemos qué es lo que ocurre. ¿Este matrimonio alucina, está loco o nosotros estamos omitiendo algún dato relevante?

A esta escena le sucede una de las más importantes que es el retorno de Alberto (Rubén Hernández Miranda) -después de 35 años- al país y a la casa de sus padres.

Pero lo primero que cabe cuestionar es, ¿por qué regresa después de tanto tiempo, qué es lo que busca, que quiere?

Claro está que el vínculo con sus parientes, está roto por completo, no lo quieren, no sienten amor por él y si pudieran lo echarían de la casa. Solo es una visita incomprensible para todos menos para su madre que, a pesar de todo, sigue manteniéndole una especie de cariño.

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Desde ese instante en que ingresa por la puerta, los resentimientos, reproches y peores situaciones se van encarnando en el ambiente, en los corazones de cada uno y hasta -inclusive- en cada una de las paredes del hogar.

Las actuaciones son magníficas y cada rol está perfectamente desarrollado. Cada artista logra encarnar a su personaje tan realmente que el relato es creíble, sin ningún tipo de exageración que nos distraiga de la historia.

La escenografía, la música e iluminación, conforman una obra de arte digna de ser vista más de una vez.

Para quienes creen en las energías, las malas y buenas vibraciones son las encargadas de crear y recrear un sitio en ese “algo” tan especial.

¿Qué aire se respira en esta casa colmada de recuerdos y secretos? ¿Se puede realmente respirar sin sofocarse?

Otro de los personajes que aparece en la historia es Dora (Gloria de Luca), la hermana de Alberto, quien no hace más que ahogar sus penas y deseos en el alcohol. Todo el piso está decorado con las botellas que se van terminando, al igual que su propia vida. Ella es joven, tiene 42 años, pero lo único que intenta es sobrevivir con la familia que le tocó, con una tristeza que aflora en sus ojos y cuerpo. Juan4La llegada de su hermano, a quien apenas conoce y de quien guarda un vago recuerdo; le permite sacar a la luz varias situaciones conmovedoras de su pasado.

Dora, es soltera y solamente ha tenido aventuras pasajeras, pero sí quedó embarazada dos veces -y tuvo que abortar en ambas situaciones-. Este dato nos permite conocer un poco más su historia. Ella no es una persona fría sino todo lo contrario y en un momento específico de la obra le cuenta a Alberto que el Dr. Gottes le practicó las operaciones, que no podían permitir que ella tuviera hijos. El por qué no se sabe con exactitud pero de lo que sí estamos seguros es que ella es una vergüenza para su familia. Dora no nació borracha, pero las circunstancias de la vida hicieron que elija la vida o la muerte. Por su tipo de personalidad no se pudo decidir por ninguno de los dos extremos.

“Juan” sigue su curso y cada personaje es una ventana que se abre para Alberto, quien aún no sabemos a ciencia cierta cuál es la verdad que tanto persigue.

También podemos conocer a Carlos (Marcelo Castiglioni), su hermano menor, de unos 40 años, con quien jugaba antes al ajedrez pero a quien tampoco conoce demasiado. Carlos es un “ejemplo” para la familia, muy bueno, trabajador y pacífico. Él no hace nada que incomode a sus padres ni a nadie, e intenta mantener el statu quo reinante.

Mientras tanto, las luces oscuras por momentos y tenues por otros, nos van relatando si lo que está por venir es algo tenebroso o esperado.

Como se suele decir que en “pueblo chico hay infierno grande”, certificamos que es así. Pero para conocer la verdad y cada uno de los secretos ocultos por esta familia, tenemos que presentar a Pablo (Juan Carlos Muñoz) y el ya mencionado Dr. Gottes. Pueden preguntarse qué importancia tiene un médico en esta historia. Y les respondo que tanto éste como Pablo, un empleado de Jaime -bruto, memorioso y buena persona-, son fundamentales.

Por un lado el Dr. es quien le practicó ambos abortos a Dora. Puede ser que haya sido el único médico de la zona pero, también, es un miembro más de la familia por más que no tenga lazo sanguíneo con la misma. Su presencia nos da la sensación de peso fuerte, de jefe y de manipular cada una de las relaciones de su entorno.Juan

Y Pablo, un empleado medio retardado que, en su mundo de fantasías, intenta también sobrevivir a la locura reinante. No crean que su aporte pasa desapercibido. Él menciona unas palabras que hacen que Alberto llegue a descubrir algo muy importante. Quizás no lo que buscaba pero sí lo ayuda a cerrar un capítulo en su vida.

Hasta acá pueden darse un panorama de la situación que se vive a diario en ese pueblo, aislado del resto del progreso. Y ya que menciono esta palabra debo decirles que Alberto fue el único que al irse a vivir a Europa, estudió psicología y logró ser alguien, además de un humano. Él escapó hace 35 años y no sabemos bien el por qué. Pudo haber sido una guerra, alguna batalla real o mismo una disputa familiar. Su madre le dice en una ocasión que ella intentó salvar al más débil pero terminó salvándose él, el más fuerte. Entonces Alberto le contesta que el más débil (su hermano Adrián), no lo era y él tampoco es el más fuerte.

Esta encrucijada no logra resolverse con lo cual podemos suponer que Ana tiene poderes como para decidir la supervivencia de uno o de otro. También conocemos, por parte de Alberto, quien huyó en un tren para no morir, que está nadando en culpas que -quizás- de nada le sirvan.

Y al mencionar a su hermano Adrián, sigue la aparición de Laura. Ambos personajes no aparecen en escena pero sí son nombrados en varias oportunidades. Por un lado Adrián, que como les decía, murió –según palabras de Ana- por culpa de Alberto; y, por otro lado, Laura quien fue novia de Alberto y también falleció. Por la poca información que hay al respecto, se entiende que Laura podría haber sido salvada por Alberto pero él, con su afán de egoísta decidió asegurarse su propia existencia.

Retomando la llegada de nuestro personaje al pueblo, él solamente pretendía entender ciertas cosas y algo más. Ese algo más viene más adelante.

Al correr los días -Alberto solo se quedaría un mes en la casa-, la incomodidad aumenta a pasos agigantados. Lo primero que nota es cómo toda su familia se comunica con un ser imaginario a quien llama Juan. Él llegó al hogar hace 20 años, es escritor y publica sus notas en diarios y revistas. Pero, ¿quién es realmente y qué rol cumple en esta historia?

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Juan es una creación por parte de todos los integrantes de la casa -sumado el Dr. Gottes-, alguien en quien depositan su confianza, con quien entablan conversaciones, de quien están pendientes y a quien le pueden dar su corazón sin sentirse lastimados.

Juan es un ser simbólico que les dice lo que quieren oír, que lo llaman cuando lo necesitan, que nunca los abandonaría -como Alberto- y quien jamás los traicionaría.

Juan vendría a ser una especie de Dios para ellos y por ese motivo no lo podemos ver ni tocar.

Pero Alberto, por su racionalidad, no se logra comunicar con él y se desespera desde el principio. Por eso, sus padres estallan de ira, de incomprensión hacia su hijo y deciden que interceda el Dr.

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Al aparecer este médico tan “correcto”, lo seda y le promete que luego entenderá todo. Aunque una vez pasado el efecto anestésico, sigue con la misma nebulosa y no entiende qué pasa a su alrededor. Su hermana Dora le certifica que todos en el pueblo están locos. Pero, ¿cómo creerle a una persona que no está en sí en ningún momento?

Lo que también saca de las casillas a Alberto es el constante reproche que le hace el Dr. Gottes. Lo instiga preguntándole por qué no regresó antes a la casa, por qué tardó tanto. Y parece ser que no hay una respuesta concisa, solo silencios.

Parece ser que Alberto no necesitaba de sus raíces, sino todo lo contrario. Los interrogantes siguen con signos de preguntas así que él opta por convocar una reunión familiar. En dicho momento, el Dr. se sienta en el único sillón de la casa, marcando la diferencia de mando y le sorprende a Alberto cómo nada lo inmuta.

Pero Pablo, el que parecía tan tontito, menciona que hace unos 42 años, vino un señor a la casa… En ese momento, Dora se le aproxima pidiéndole que se calle y que deje de decir pavadas. Todas las palabras coherentes y verdaderas son matadas con gritos y violencia. Pero lo dicho por él ya no se pudo borrar. El Dr., probablemente, sea el padre de los hijos de Ana y su amante durante mucho tiempo. Claro que esto avergüenza a Ana y por eso es que aclara que no era lo que ella creía. Aunque lo hecho, hecho está y tampoco se puede volver el tiempo atrás.

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Con respecto a Laura, también Alberto necesita saber datos de ella y para eso se comunica con Alicia, con quien tuvo una relación hacía tiempo. Ella aparece con un diario que supuestamente le robó a Laura pero el mismo no está escrito. Alberto intenta convencerse que sí y cree las palabras esbozadas por su ex amante. Y, ¿qué le reprocha Alicia a Alberto? Justamente haber terminado con ella y, en cambio, haber estado con Laura sin jugarse por ella. Aquí notamos cómo el último personaje, también, nos convence de la mala persona que es y del amor propio -si se puede llamar así- que siempre se tuvo. Dicho amor o egocentrismo, de nada le sirvió ya que, solo, no podía seguir viviendo.

Seguramente retornó con su familia para quedarse con la casa, con su parte -ya que sus padres eran ancianos-, pero Jaime le confirma que todo es suyo y que no va a venir a llevarse nada. Esto es simplemente una especulación ya que no se puede 100% confirmar que sea así. Por su perfil, no sorprendería que el retorno esté ligado a lo económico.

Aunque la historia no es lineal en ningún momento y hay que ir uniendo escena con escena, lo cual no es sencillo en absoluto.

Pero “Juan”, nos permite conocer en los últimos minutos que la casa no es una casa cualquiera. Es un lugar que fueron creando entre todos y también arruinando entre todos. Tal es así que al culminar la obra no hay sobreviviente en la misma y, Alberto, que se logra despedir de su familia, nunca llega a tomar el avión.

¿Será que la existencia de él ya estaba definida? ¿Será que al conocer todos los misterios ocultos, su vida ya no tenía un camino que seguir más que el de la muerte o desaparición?

Dora también tiene un final triste pero consecuente con sus actos, aunque “impulsada” por Alberto, quien en vez de ayudarla la termina hundiendo.

La propia casa absorbe a sus integrantes como si fuesen fantasmas, aunque podríamos decir que si hay un espíritu ese es Juan.

Alberto pudo haber imaginado cada diálogo con su familia para darle un cierre a su vida -siendo que todos estaban muertos hacía tiempo- como menciona la locución de Juan al cierre de la historia o, quizás, Juan es un simple invento, como les decía anteriormente.

Al no ser una historia con principio y fin, convencional; se puede dejar volar la imaginación y sacar conjeturas con lógica.

Hay dos frases que nos sintetizan el sentido que el autor le quiso dar a la obra. Una es la esbozada por Alberto: “convivimos con la verdad de los otros”. Y la dicha por Dora: “No vemos lo que queremos y lo que queremos no lo vemos, está ahí”.

Esta historia es muy fuerte y, en lo personal, les recomendaría no sacar conclusiones apresuradas.

ficha técnica Juan

Mariela Verónica Gagliardi

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