*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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La aventura de crear

Un jardín en el desierto15

Hace un año vi la obra “Un jardín en el desierto” (escrita por Lucía Lloydi y Victoria Baldomir, dirigida por Gabriel Páez). Hoy, nuevamente, quise estar presente para observar las reformas hechas para este infantil tan encantador.

Durante las vacaciones, todas las propuestas tratan de captar a los niños y provocarles entusiasmo. Lamentablemente, es tan amplio el abanico que no es posible que los pequeños presencien todo.

¿Qué decir de estas dos actrices que no haya mencionado en la nota anterior?

Ellas saben actuar, interpretar, tienen talento y esa magia en sus cuerpos que les permiten conocer las intrigas infantiles.

Lucía Lloydi y Victoria Baldomir conforman un dúo picaresco y sagaz. Juntas, emprenden un viaje al desierto pero olvidan llevar algo muy importante: agua. Sin ésta creen morir de sed, pero, aún no tienen necesidad de tomar líquido porque su gran aventura las distraerá hasta lograr su objetivo.

Juntas, estas hermanas, conocerán paisajes diferentes, intentarán sembrar y ver crecer un magnífico jardín. Para ello Un jardín en el desierto12deberán pasar frío, acampar y soñar despiertas.

De repente una niña de alrededor de cinco años le dijo a su mamá: en el desierto no hace frío.

La inocencia de la edad, las preguntas sin maldad y las acotaciones; conforman un mágico universo.

Eran las 15 hs y la sala llena convirtió el jardín deseado en una realidad imperante.

La nueva versión incluye proyecciones audiovisuales, efectos sonoros en vivo y cambios más coloridos en la escenografía. El conjunto de estos cambios produce un mayor dinamismo del relato y que los niños presten más atención. El año pasado también me gustó mucho pero quizás no estaba dirigida a los más pequeños.

Vale aclarar que, anteriormente, trabajaban sin director y actualmente incorporaron a uno, motivo por el cual pueden focalizarse en sus roles relajadamente.

Qué importante es poder delegar tareas en otro artista. Ahora ellas caminan holgadas, concentrándose en lo suyo sin por eso desvalorizar el trabajo anterior que a mí me encantó. Fueron dos ópticas prácticamente iguales en cuanto al guión e idea original, en dos espacios completamente diferentes. El público también fue diverso ya que, en esta ocasión, los infantes fueron mucho más pequeños.

Un jardín en el desierto1

Cada tanto miraba hacia atrás, sin distraer, para mirar a la chica (Stella Birchmeyer) que, sutilmente, tomaba un objeto u otro para sonorizar. No se le escapó ninguna escena y su cara de entusiasmo le permitió sentirse un personaje más en el desierto. Ella es como la acompañante que no debe fallar pero lejos está de tensionarse. Las tres componen una historia preciosa, reflexionando sobre diversas situaciones y personas. Cumpliendo uno de los trabajos más felices y placenteros en la vida del hombre: sembrar y ver, luego, el resultado.

Este dúo dinámico pedirá al cielo que llueva cuanto antes para que todo florezca. Tanto rogar, no será en vano.

Los adultos fuimos al desierto con ellos y me encantaría ver la segunda parte de esta obra que considero un clásico infantil.

Y para toda la familia. Para soñar, para saber que es posible narrar sin insultos, logrando empatía y difundiendo el mensaje de amor para crecer sanamente.

Mariela Verónica Gagliardi

ficha artístico-técnica Un jardín en el desierto

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ES POSIBLE CONSEGUIR LO QUE BUSCAMOS

A partir de una idea, que surge en sus cabecitas, dos grupos de amigos desean recorrer un mundo de fantasía y habitarlo.

Lili (Mercedes Torre) es una joven que, dulcemente, intenta lograr su sueño junto a su amiga, Marinette (Victoria Baldomir).

Ellas, con una valija enorme le preguntan a un joven llamado Moc (Andrés Caminos), cómo llegar a la Calle 16. Él les da unas indicaciones totalmente rebuscadas para encontrar el lugar y, su amigo, Poc (Gadiel Sztryk) es el que le informa que también soñaron con dicho espacio, y se encaminan para el maravilloso sitio. Ellos, tienen exactamente la misma valija que sus contrincantes (hasta ese momento) pero de otro color.

¿Quieren saber que hay dentro de ambas valijas? Simplemente dos objetos iguales que les servirán para comunicarse entre sí.

¿A dónde los conducirán tantas coincidencias?

El conflicto aparece cuando ambos pares empiezan a hacer un reconocimiento de su mundo ideal y se dan cuenta que, por egoísmo, no pueden estar todos allí. ¿Cuál es la solución que encuentran? Justamente hacerle una trampa al bando contrario y lograr que se vaya. Primero se intentan asustar con máscaras que simulan ser monstruos, pero la cuestión es que se les ocurren las mismas ideas.

¿Ficción o realidad?

Hasta que a una de las chicas se le prende la lamparita y decide contratar a un vendedor para que ponga a su nombre el terreno. El tema es que como es un lugar imaginario es imposible lograr el cometido y la escritura.

¿Cómo conseguirán «adueñarse» de lo que quieren?

Los actores van acompañando toda la trama de esta historia con repertorios musicales especialmente dedicados a los caprichos, al egoísmo y, finalmente, al amor.

La inocencia del relato, la magia en la música y las actuaciones – al estilo teatro 100% – nos llevan de la mano por este paraíso, llamado «El mundo es mío».

¿Será posible adueñarse de un lugar imaginario? ¿Cómo conseguirán disfrutar los cuatro protagonistas, sin pelearse?

El mensaje que nos da esta obra de teatro es que, ser solidario con los demás nos aporta cosas positivas y, aprender a compartir, es lo más lindo que hay. Sobre todo cuando surge el enamoramiento.

Los textos son de Luis María Pescetti.

Se recomienda asistir a partir de los 4 años de edad.

Podés ver la obra los domingos a las 16 hs.

Teatro El Tinglado – Mario Bravo 948.

Duración: una hora.

Precio de las localidades: $50.