*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El tesoro femenino

Mujeres tenian que ser8

La historia puede resultar aburrida, entretenida, interesante o apasionante. Quien esté en el colegio, quizás la considere una tortura, un enlace de fechas y acontecimientos, guerras, muertes y más fechas para recordar sin sentido alguno. Quien elija estudiarla, aprehenderla y darle un lugar en su vida, seguramente, halle un tesoro.

«Mujeres tenían que ser» (basada en el libro de Felipe Pigna, con dramaturgia y dirección de Érika Halvorsen), expone a cuatro actrices de renombre (Alicia Berdazagar, Julia Calvo, Fabiana García Lago y Julieta Cayetina), quienes se encargan de reconstruir más de dos siglos de la historia argentina, imponiéndose en el escenario y haciendo valer a las heroínas que en varias ocasiones, se intentaron olvidar por diversos motivos.

Contar con las anécdotas del escritor, finamente escogidas por Érika, conforman una pieza teatral muy interesante. Por un lado, las intérpretes leen su guión, nos miran, intentan convencernos. Cada una es una mujer diferente, que cambia al instante por otra. Batallas, guerras, anécdotas, romances, datos precisos y cronológicos, desfilan sin cesar durante la obra. A la vez que una artista visual (Luz Peuscovich), desenvuelve su talento, proyectando: recortes de diarios, titulares que resuman etapas importantes de la historia, detalles femeninos, fondos de colores, diferentes texturas y un universo que además de ambientar, le otorgan a la pieza teatral una impronta distinguida.

Durante las Invasiones Inglesas, surge un episodio referido a Manuela Pedraza (llamada La Tucumana), quien estaba casada con un cabo y mató a un inglés, quitándole su fusil e interviniendo en la lucha. De esa manera, esta mujer fue nombrada Subteniente de Infantería.

Julieta Lanteri, fue la primera en votar en el año 1911 y, también, se postuló como candidata a diputada recibiendo 1363 votos (una gran cantidad, teniendo en cuenta que solo los hombres tenían, hasta el momento, derecho de emitir sufragio). Años más tarde, la precursora tuvo un “accidente automovilístico” por el que perdió su vida.

Son muchas las fechas, los sucesos y las personalidades femeninas olvidadas, tapadas, ocultadas e inclusive ultrajadas. El paso del tiempo, en este caso, demuestra que las mujeres no ocupamos el lugar que los hombres débiles pretendían, sino el que soñamos, el que anhelamos y somos capaces de sentir pasión por cada paso que damos en pos de lograr un triunfo. Y el triunfo no siempre va de la mano de ser reconocidas con estatuillas, nombres de calles y estatuas en fuentes de agua; sino en conseguir que los años no sean acumulación de días sino la oportunidad de cambiar lo que no está bien, de embellecer lo que está feo y de pintar de colores un país que sufrió y, aún, sigue sufriendo.

La dramaturgia llega a varias conclusiones y el remate final concientiza, quedando en el imaginario social el rostro y nombre de quien hace treinta años sigue adelante, con el mismo propósito que el inicial: conseguir que quienes no tienen completa su identidad, puedan llenar ese vacío con información real y verdadera. Sin ser engañados una vez más. Tal vez no todos corran la misma suerte pero con inquietudes de este nivel, todo se vuelve más esperanzador.

Ninguna dictadura voraz podrá quitarnos la esperanza, por más oscuro que se vuelva el panorama.

¿Quién hubiera imaginado que la presidencia sería ocupada por una mujer?

Y no pretendo hablar de ideologías políticas sino de la posibilidad de demostrar que el género o sexo no tienen absolutamente nada que ver con la inteligencia y la valentía de llevar adelante diferentes proyectos.

Quizás sea la era en que todo lo escondido salga a la luz y con esa iluminación se vayan despertando los dormidos, aquellos que prefieren la mentira para no sufrir. Aquellos que prefieren no enfrentarse a la verdad para seguir siendo ignorantes y cobardes.

«Mujeres tenían que ser” es otra de las obras que Érika Halvorsen consigue lucir. Una vez más, con la sutileza que la caracteriza, narra con detalles una historia escrita y acontecida. Narra lo que prefiere que no quede solo en páginas sino transmitido, en vivo, a través de unas geniales actrices.

Mujeres tenian que ser ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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EL HÉROE DE LA HISTORIETA

Allí, donde todo es posible, donde lo único que importa es la aventura.

Talo Silveyra, representa a un niño de 11 años, el típico nene pollerudo y que sueña con conquistar a la chica más linda del barrio. Él, juega con sus amigos de la cuadra, sanamente, con alegría, con ganas de ser alguien que no es: alguien con poder. Por eso es que se convierte en Misterix, aquel héroe tan deseado por todos, que no le tiene miedo a nada y que se las sabe todas.

Los vestuarios y la escenografía se logran perfectamente para esa época. Exactamente transcurre el año 1958, es verano y el carnaval está en sus vísperas.

Esta obra, pertenece a Mauricio Kartun quien la escribió y representó por primera vez en 1980. Desde ese momento, ininterrumpidamente, siempre un grupo de teatro la representó; lo cual llena de orgullo a su creador. Él mismo, al pensar en la idea, no sabía si iba a ser bien tomado por el público que los integrantes sean cuatro adultos, encarnando a niños. Dudar tal vez le sirvió para darse cuenta que fue un éxito su elección.

Y en este caso, la dirección de Virginia Lombardo en «Chau Misterix», nos lleva a escena a estos actores fenomenales, con vasta trayectoria en el mundo artístico y de las tablas. El lenguaje y los modismos que utlizan son los originales (sumados algunos de la actualidad pero bien escogidos) y, realmente, es muy agradable presenciar una historia tan bien contada, con palabras tan dulces y  la típica ingenuidad de la infancia.

A lo largo de una hora, deben cambiar sus ropas y personajes en cuestión de segundos. Corren, bailan, saltan, se tiran al piso, aman, lloran, gritan, viven. Como los chicos de un barrio que tienen todo por delante y por conocer. Sin desperdeciar nada.

Así es como, a través de un paralelismo entre la «ficción» y la «realidad», conocemos los dos mundos. Por un lado, el de un grupo de niños que disfrutan de sus tardes, juntos, creciendo, intercambiando información y transitando la edad del pavo. Y por el otro: el de los personajes que cada uno quisiera ser.

Cabe aclarar, que el rumbo de la historia la guía Misterix, con sus ideas y ocurrencias. Los demás amigos, se suman a su cuento, al mejor estilo de un sueño.

Tamara Garzón, es la amiga de Talo Silveira, la buenita, la burlada por todos y la que se siente fea. Inés Palombo es la heroína, que con su personalidad arrasadora, conquista al héroe y a su amigo, Esteban Coletti. Este último, compite con su rival por el cariño de la rubia descampanante y superada. Ambos niños deberán pelear por el cariño de esta niña, invitándola a ver un eclipse. ¿Cuál de los dos lo hará primero? Ella, ¿a quién aceptará?

Pero, volviendo a la «realidad» de la obra, un evento muy importante se avecina y es el de una fiesta con baile, en la que se elegirá el
mejor disfraz. ¿Quién ganará el concurso?

Y en el planeta fantástico ¿cómo será pertenecer a un mágico relato de cómic? Misterix, ¿podrá demostrar que es el mejor?

Ficha técnica:

Música: Mariano Cossa.

Escenario y vestuario: Mery Vidal y Lucio Tirao.

Diseño de sexo, violencia y fantasía: Federico Howard.

Iluminación: Jorge Merzari.

Diseño gráfico: Martín Guerrero.

Fotografía: Mauro Franceschetti.

Asistente de dirección: Vicky Lagos.

Meritorios y voz en off: Martín Otaño y Javier Nadra.

Teatro El Tinglado.

Viernes 23.30 hs. Localidades: $60.

Mariela Verónica Gagliardi