*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El silencio es de oro

Casi Tennessee

Habiendo transcurrido cuarenta años de la depresión económica, en 1973 se estrena en Estados Unidos una película que se basa en el dinero pero desde una arista diferente. The Sting, traducida como El golpe (escrita por David S. Ward, con música de Scott Joplin, dirigida por George Roy Hill y con las destacadas actuaciones de Paul Newman, Robert Redford y Robert Shaw). El argumento gira entorno a tres amigos estafadores que preparan un gran plan. Ellos creen tenerlo todo encaminado hasta que uno de ellos es asesinado y los otros dos deberán salir adelante intentando vengar la muerte del fallecido.

The entertainer (1902) suena en Casi Tennessee, en el departamento lujoso donde sucederán los fragmentos de tres obras que Edgardo Dib ha escogido para homenajear, detallar y narrar quién era este autor. Su esencia, su inventiva, su creatividad, en manos del santafesino que todo lo que toca lo exalta y dota de magia. De una suspicacia distintiva, de esos detalles que no son meros objetos sino la simbología y dialéctica de la que se valía Tennessee Williams al escribir cada uno de sus textos.

Mientras suena entonces esa melodía de Joplin, las amigas se preparan para ir al cine. Ellas están entusiasmadas por ver a sus ídolos: a Paul y a Robert. Muy firmemente se refieren a ellos, como si se tratara de conocidos o amigos. Sus deseos se ven mezclados con la pasión, con esa ambientación romántica que prepara al espectador a sumergirse en un universo perfecto y relajado, para luego crear la tensión del estadounidense y de Dib.

Tanto Ana Padilla como Mónica Buscaglia desarrollan e interpretan sus personajes inspiradas y con todo el compromiso que las caracteriza. Desde los cambios de vestuario hasta sus composiciones corporales las hacen actuar de la artista que corresponda en cuestión de segundos.

Lo que no se dice esboza la relación entre Cornelia Scott y su secretaria Grace Lancaster, quien trabaja para su ama hace diez años (según el texto original, quince). Como símbolo de reconocimiento, Cornelia decora la casa con una docena de rosas (nueve se ven colgando del cielo raso y una en un florero para que Grace la vea pronto). La riqueza de Cornelia no le sirve para ser feliz, sino todo lo contrario. Ella está obsesionada con conseguir la presidencia de Las hijas de la confederación, una asociación donde todas sus afiliadas son mujeres grandes y, según palabras de la propia Grace, las más jóvenes son dos (una de ellas su ama de sesenta años). Todos los diálogos se desenvuelven con idas y venidas sobre dicha temática, a la vez que un teléfono interrumpe constantemente. La reiteración de esta situación, en diferentes escenas, vuelve más atractiva la dramaturgia y dan ganas de conocer más sobre estas mujeres, sobre sus vidas y qué hay detrás de tantas palabras.

Blanche y Stella (hermanas en Un tranvía llamado deseo) aparecen, también, en esta obra para exaltar su vínculo, el embarazo perdido de Stella, el padecimiento que sufre hace tiempo, el secreto de Blanche, el misterio que se huele en el aire sin dejar continuar la vida. Esa vida que solo parece continuar al escuchar el sonido del tranvía, el cual pasa por sobre el techo de la vivienda, para recordarles que hay un exterior que sigue mientras el sufrimiento las aqueja.

Por último, El zoo de cristal, otro de los grandes éxitos de Tennessee, está presente en algunas escenas de la historia que se fragmenta en estos tres clásicos para, luego, unirse como si no existieran las diferencias.

Mientras Amanda Wingfield sigue interrumpiendo las vidas ajenas, Casi Tennessee consigue trasladarnos a diferentes relatos, que en esta ocasión son representados por Ana y Mónica, dos actrices completas, con una vastaexperiencia en las artes escénicas y que llegan para dar todo lo mejor de sí.

Mujeres sufridas, melancólicas, con trabas emocionales, físicas y con esa delicadeza que implantó en sus trabajos Williams y que Dib se encargó de respetar.

Casi Tennessee es una obra que no se puede catalogar ni en el género de comedia ni de drama. Es ambas y, como se solía decir, perteneciente al género gótico sureño (basado en elementos sobrenaturales y extraños que sirven para la argumentación). De no existir los cambios de vestuarios e iluminación, podría sentirse que es una única dramaturgia que modifica a sus personajes de tal modo, hasta convertirlos en lo mejor o en lo peor de sí mismos.

El detalle final: la muerte de Paul Newman en el 2008, motivo por el cual se cita a esta fecha y no como un hito histórico sino como modo de insertad lo contemporáneo en lo moderno. La vida de dos mujeres solas que debatían sobre él como si se tratara de un pariente cercano. El deseo infinito por ser parte de su vida, y el desenlace que cobra vital importancia.

Dramaturgia y dirección: Edgardo Dib. Elenco: Ana Padilla, Mónica Buscaglia. Las funciones son los domingos 18 hs. Teatro El Kafka.

Mariela Verónica Gagliardi

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Los deseos, a veces, se cumplen

Un tren llamado deseo16

Todos recordarán el clásico de Tennessee Williams titulado «Un tranvía llamado deseo», en que Blanche Du Bois interpreta a una mujer de la alta sociedad. Sin embargo, esta obra dirigida por Gabriela Izcovich, solamente toma a la protagonista para comenzar a narrar una historia sumamente diferente a la original.

No suele ocurrir que la escenografía de una obra sea perfecta e ideal, sin tener que recurrir al armado de la misma. Una estación de tren, que aún funciona como tal, con un servicio por día y varias formaciones cargueras; hacen activar sus vapores con el sonido tradicional que da llegada o partida de un ferrocarril.

Blanche, simplemente, empieza a actuar con su personaje original. Sin embargo, a medida que pasan los minutos, los pasajeros comienzan a llegar al andén del que llegaría en algún momento la formación.

Estos actores, realizaron la obra a partir de una improvisación llevada a cabo durante el seminario tomado con Izcovich. Justamente, se huele ese aroma a historia construida según lineamientos establecidos por el grupo y el típico aire relajado de improvisación.

Fue increíble ver cómo la estación de Azul se iba llenando de espectadores, teniendo que agregarse sillas por doquier e inclusive ciertas personas más audaces se sentaron en los andenes de enfrente para ver la dramaturgia cual escenario.

La historia no es una historia con principio y fin. Es una sucesión de historias que se van entrelazando, inteligentemente, entre sí; convirtiendo «Un tren llamado deseo» en una de las obras más aplaudidas en lo que va del Festival Cervantino de Azul.

Se pudo ver cómo una señora que había sido abandonada por su marido, lo esperaba. También, el reencuentro entre un padre y su hija; una historia de amor que parecía no tener un desenlace feliz; una mujer ebria que dice verdades a todos; una gitana que adivina la suerte de los que se atreven a preguntarle; entre algunas de las acontecidas.

Ni siquiera la música le falta a esta gran historia, la cual toma al tango como género preferido y le permite a uno de los actores lucirse con la guitarra.

No solo los diálogos son interesantes, sino que provocan la risa constante del público hasta terminar en carcajadas. También, cabe resaltar el modo en que se construyen conversaciones hilando letras de tangos para decir lo justo y preciso.

Como si fuera poco, una espectacular luna llena está allí arriba, generando un clima más romántico aún.

Cada intérprete tiene su momento para lucirse y es genial que un grupo tan heterogéneo en cuanto a edades, pueda conseguir armar un producto artístico de este nivel, siendo que la directora no estuvo durante unos meses en Azul como para guiarlos en persona. De esta manera, se demuestra cómo cuando hay ganas, talento y vocación; es posible lograr hasta la concreción de un sueño.

El tren nunca llega pero le trae suerte a la pareja de enamorados que nunca se imaginó poder terminar así. Todo dependía de ellos, sin embargo, no siempre ocurre lo que es obvio que ocurra.

Quizás hubiera sido más sencillo que hagan una versión basada fielmente en la pieza artística de Williams, sin embargo, estos artistas tomaron su seminario y crearon su propia dramaturgia, la cual merece ser vista por los amantes del teatro, a la vez que por toda la familia.

Se me viene a la cabeza Woody Allen, en cuanto al modo de narrar una historia. En cuanto a la manera en que se van entrelazando los personajes -que en un comienzo están totalmente desvinculados y, luego, tienen un trasfondo en común o inclusive se conocen del pasado-. La originalidad, despierta al público y los aplausos se convierten en canción.

La melancolía está flotando, constantemente, para que alguien o varios se la apropien. Ese dejo de tristeza los acompaña a todos como base, pero, de alguna manera una espectadora que termina siendo actriz, convierte el desenlace en algo totalmente inesperado.

¿Una realidad ficticia montada como obra para luego ser boicoteada?

Si bien sabemos que estamos en presencia de una ficción, las historias, supuestamente, eran reales. Aunque, todo se disuelve para demostrar cómo ser buen actor es manipular verdades o mentiras y cuando el público las compra, tergiversarlas para su propio antojo.

Un tren llamado deseo ficha

Mariela Verónica Gagliardi

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