*** Septiembre 2019 ***

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Una muerte dulce

Las inolvidables1

Son muchas las cosas que se dicen cuando una persona se va de este mundo y, también, muchas las palabras que se callan.

De una u otra manera, es difícil saber a dónde van los muertos, qué sucede con su cuerpo y alma, si los volveremos a ver o ya todo se termina en algún momento.

Las inolvidables (escrita y dirigida por Irene Sexer, Silvina Sznajder y Demián Candal) rompe con la doctrina cultural de nuestra sociedad occidental y trae consigo una mirada que pocas veces se tiene en cuenta: la de sentir que una etapa culmina.

No sabemos, en general, seguir adelante sin traumas. No sabemos sonreír cuando sufrimos. No sabemos ¡tantas cosas! Nos creemos superiores a los animales, pero no comprendemos cosas básicas.

Pensamos en el dolor egoísta que tenemos en el corazón cuando alguien ya no forma parte de nuestra pero jamás nos recostamos a evaluar cómo se sentía la otra persona ni todo lo que tuvo que haber atravesado.

La presente obra de teatro es un joyita de oro. Eso y mucho más. Tiene todo lo que tiene que tener una dramaturgia: desde un texto eficaz que nos hace transitar por situaciones nostálgicas, alegres, tristes, sabrosas, de ensueño, picarescas; y todo con pasión. De esa pasión que tienen los artistas que se dedican a una profesión con el alma. Y es así como ambas actrices lo logran, realizando un canto a la vida y no a la muerte. Quienes aman con todo el cuerpo. Quienes danzan aún cuando no sea la coreografía más perfecta del mundo.

Las inolvidables marcan un antes y un después, hacen llorar, emocionar, aplaudir durante la obra y permitirnos soñar despiertos. Con un equipo técnico y artístico que permiten la perfección en escena, luces que se conjugan de un color u otro para que las artistas interpreten y unas canciones que están en completa sintonía con el decir y hacer.

Otro punto importante a destacar es la sutileza con la que nos hacen recorrer temas profundos, con mucha sintonía clownesca, vestuarios maravillosos e idénticos, sonrisas que desprenden amor y un compromiso por lo que hacen digno de quedar sellado en cada una de las butacas del teatro.

Adentrándonos en el argumento de la pieza artística, se trata de una historia en la que dos amigas rememoran sus shows, pero no solamente los más notorios sino aquellos en los que fallaron. Y esto lo hacen con el objetivo de ser auténticas con sus pasados.

La mentira, entonces, parece no formar parte de sus vidas y eso les da la oportunidad de aventurarse en diversas peripecias que, como público, observaremos y reiremos a la par. Pareciera ser una especie de mamushka de la que se desprende una historia, de otra historia, de otra historia y cada vez que parece acabar nos sorprende algo nuevo.

Todo tiene sentido y coherencia, de principio a fin, como la vida misma -si le prestamos atención-.

¿Morir juntas?

Parece ser la fórmula perfecta y elegida por las dos para ir de la mano hacia el pasado y presente que les dará la posibilidad de hacer un show inolvidable y en el que terminarán de alcanzar la fama; aquella que muchas veces se consigue al no estar más de pie.

“Ya ha pasado y ha dejado huellas en el olvido”, evocan en cierto momento de la obra, sonriendo a lo que fue y nunca más será. Ellas mismas aceptan, dejan fluir, y avanzan hacia un nuevo rumbo. ¿Miedo al destino? Parecen no tener.

No todo es llanto y pena, y ellas lo demuestran instante tras instante.

Desde un music hall, hasta el canto lírico y otros géneros musicales que desfilan por Las inolvidables haciendo lucir a  Irene Sexer y Silvina Sznajder, quienes confían en sí mismas, en lo que hacen, en lo que transmiten; y sin lo cual sería imposible que rompan con la cuarta pared.

Estamos todos juntos, nos abrazamos sin tocarnos, nos reímos a carcajadas y lloramos a la par… como en la vida y quizás también, como en la muerte.

Esta obra de teatro merece ser vista muchas veces para comprender el verdadero sentido de la vida, de la pasión y de todo lo que no estamos haciendo hoy. Quien sabe cuando llegue el momento de la despedida.

Funciones: Domingos, 18 hs
Teatro La Carpintería (Jean Jaures 858 - C.A.B.A.)

Mariela Verónica Gagliardi

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El deseo de ser libre

Por Miserere

Estuve ahí, viendo, sintiendo, escuchando, vibrando junto a cada diálogo de encuentro y rechazo.

Una remisería es el ambiente en que se desarrollan casi todas las acciones de la presente dramaturgia titulada “Por Miserere” (escrita y dirigida por Verónica Schneck).

Olí a cigarrillo, a pollo recién horneado, a ensalada rusa, a discusiones de Noche buena y a velorio incipiente. Pude abrazar en el aire esas sensaciones de antaño, esas frases dichas y nunca obsoletas, aquellos amores que no pueden ser y que, quizás, hoy ya sí.

Uno de los puntos a resaltar en esta obra de teatro es la lentitud, factor poco visto en la actualidad en nuestro país. Esa lentitud que nos permite ver gestos, disfrutarlos, inmiscuirnos en charlas cotidianas, en besos pasionales y en una familia compuesta por personas de diversos ámbitos y lugares.

Nuestra sociedad está acostumbrada a la rapidez que se escurre en segundos. Lo rápido y fugaz como escenario impuesto y que no siempre se consigue admirar ni disfrutar. Por eso, esta representación y puesta en escena, bajo la dirección de Verónica Schneck rompe con el orden establecido, para permitirnos deleitar cada escena y sentirla propia.

Otro de los aspectos muy interesantes de la historia tiene que ver con la búsqueda de cada personaje. Esto, que en un principio parece superfluo, luego se torna profundo e intrincado. Se podría analizar no solamente el interior de cada sujeto sino su frustración y deseo presente. Por ello es que al correr el reloj de modo natural es que puede percibirse cada parpadeo como real. No es necesario mirar el programa y recordar que estamos ante una ficción, esto es una verdadera joya del teatro. Es la manera ideal de dirigir a un grupo de actores para que representen emociones verídicas y puedan plasmarlas arriba sí de un escenario.

Fuimos testigos de la intimidad de un negocio familiar que abrió sus puertas para que podamos conocerlo. De una lucha constante por mantener el equilibrio a la vez que todo se desmorona.

El paso irrumpe sin pedir siquiera permiso o sin dar un aviso por más diminuto que sea. Como quien abre una puerta de golpe… así parecen aparecer las historias grandiosas de estos personajes que están muy vinculados por desgracia o a pesar de. La realidad real frente a nuestros rostros. Esto es posible gracias a un elenco de artistas que dejan todo en escena, que consiguen trascender la frontera y comunicarse desde el alma con su sentir.

Los códigos de duelo judaicos, el amante que pasa de un cuerpo a otro, los bailes que disfrazan la angustia en depresión y que juegan hasta caer la velada. Las risas capaces de hacernos creer que disfrutan de una vida miserable pero elegida en un punto. Asumida o no por momentos, tan visceral y delirante como abandonar una reunión íntima por el impulso de ir a hablar con linyeras en una plaza. Tan increíble como compartir una mesa navideña con quien no es creyente o comparable a las desgracias que pudieron ser digeridas en su momento y se tiran como platos contra la pared. Todo llega a sus máximos niveles de ira, no se disimula, no se esconde, no se colocan caretas para.

En cuanto a la escenografía, es increíblemente funcional ya que nos permite poder palpar dos espacios que conviven entre sí, entre los que ocurren escenas simultáneamente, además de otros lugares de la vivienda que son útiles para narrar otros episodios de la presente dramaturgia. Es posible prestar atención a todos los diálogos que ocurren en distintos planos, con unas voces más altas que otras, con el sonido del ventilador que se apaga para resaltar alguna frase importante y luego hacer callar lo poco trascendente.

Por Miserere está en cada detalle y eso es fascinante. El sonido del agua de un baño tan real como la vida misma, como una respiración alterada y el amor que no consigue explayarse por quienes sufren de manera exhausta.

Por Miserere, en referencia a una plaza, a una zona, a un barrio y a una vida que se va desmoronando a medida que transcurre la noche, las horas y el cúmulo de sensaciones se comprimen y descomprimen de un instante a otro. Todo sucede en menos de 24 horas. Como le puede ocurrir a cada uno de nosotros y por eso merece la pena asistir mínimamente a una función de esta obra. Para reencontrarnos con nosotros, para sentirnos identificados y para poder entender que no estamos solos en esta búsqueda.

Cada mortal necesita un cable a tierra y lo persigue como le sale, como puede y como lo dejan.

Solo la libertad es para los pájaros, el resto es un poco de ella.

Dramaturgia:Verónica Schneck
Actúan: Roberta Blázquez Calo, Daniel Di Cocco, Juan Manuel Maciel, 
Pablo Peverelli, Amelia Pugliese, Viviana Resnik
Escenografía: Laura Echegoyen 
Iluminación: Ricardo Sica
Asistencia de dirección: María Pastur
Dirección: Verónica Schneck
Teatro La Carpintería
Funciones: Viernes 22.30 hs

Mariela Verónica Gagliardi

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Patriarcado versus Matriarcado. ¿Dos caras de una misma moneda?

El padre1

Ficha El padreNadie nace de un repollo pero hay quienes tienen la posibilidad de tener un padre presente y quienes se quedan con las ganas de poder disfrutarlo por diferentes circunstancias de la vida.

Hay quienes discuten, pelean y no le dan crédito en su familia por considerar que las decisiones las deben tomar otras personas. Por más irrisorio que suene esto, antes y ahora la figura de un padre ha sido y es boicoteada. El padre antes era el encargado de trabajar hasta el cansancio, hacer dinero y cumplir con todas las obligaciones. Sin embargo, la mujer, se dedicaba a tareas de la casa, a cuidar de los hijos y, tantas veces, a administrar el dinero ganado por su marido. ¿Que si la mujer estaba de acuerdo? Algunas quizás no, otras quizás sí y algunas tal vez ni siquiera se lo planteaban.

Sin caer en una dramaturgia sexista ni machista, El padre, la casa está que arde (es una adaptación de Fraden, del escritor sueco August Strindberg, dirigida por Marcelo Velázquez) es una delicia que se va digiriendo de a poco. Y digo, de a poco, porque a simple vista el texto podría ser atacado, por eso es ideal ingresar a la función en modo neutral para escuchar, mirar y observar (por sobre todas las cosas) de dónde viene este hombre, qué pretende conseguir y hacia dónde lo van llevando sus decisiones.

Haciendo un pequeño análisis sobre la vida de Strindberg, podemos decir que en el plano sentimental, tuvo una vida bastante sufrida, tuvo algunos intentos de suicidio, tenía un gran miedo a la soledad y la dificultad de adaptarse a la realidad real. Estos conflictos personales y tantos otros más le permiten soslayarse en la literatura y convertir sus desgracias en interesantísimas dramaturgias.

Lo que primero llama la atención es la escenografía, la cual está ubicada a lo largo del espacio y que le permite a los actores utilizarla como necesiten en todo momento. Ellos podrán caminar cual pasarela, usarla como mobiliario, escritorio y con diversas funciones, sin tener que cambiarla durante la dramaturgia.

Corría el año 1887 cuando el autor escribió este interesante e intrincado texto. Y, cabe cuestionar-se si algo ha cambiado en nuestros tiempos vigentes. Si la mirada de una mujer sobre su marido es otra, si la mirada de una sociedad completa acepta los cambios y qué lugar ocupa cada esposa en su hogar en la toma de decisiones. Porque es muy fácil y simplista colocar una figura con un rol determinado y pasar a otra cosa. Pero esa decisión tendrá consecuencias y la toma de una ideología que no podrá esfumarse.

Este padre es un ex Capitán del Ejército y pareciera, por momentos, no abandonar su uniforme ni su autoritarismo. Sin embargo, Laura (su mujer) no consigue ponerse de acuerdo con él sobre cómo educar a Bertha (hija de ambos) y, a partir de ese conflicto, todo lo que vendrá será catastrófico. Una manipulación tras otra recaerán en este hombre que terminará abatido, sin energía ni ganas de vivir. Y no es que haya que tenerle lástima o rendirle pleitesía pero su carácter lo ha metido en problemas difíciles de resolver con un chasquido de dedos. Él no será consciente de la ola de vicisitudes que se avecinarán y, cuando eso ocurra, ya nada podrá hacer para revertirlo.

Edgardo Moreira se sumerge desde el comienzo de la historia dramática en la piel de este ser, consigue interpretarlo de una manera formidable y en cuanto brotan lágrimas de sus ojos, el público se conmueve. No existe posibilidad de no emocionarse, de no sentir algo de pena por el lugar en que está ahora. Tanta lucha no le sirvió para ser escuchado. Y es que, tal vez, él no tenga ganas de equilibrar su matrimonio y solo quiera ganar: como en la guerra. La dupla que consigue con su nana (Ana María Castel) es tan tierna y sutil que dibuja una sonrisa en nuestros rostros. Sin embargo, este personaje irá mutando a lo largo de la historia y dará qué hablar su completa transformación.

En el siglo XIX se pretendía derribar al patriarcado, como ahora. Quizás como siempre.

Pero, aniquilar un sistema de antaño no significa derribar a quien tuvo el mando de determinadas decisiones. Debería ser poder compartir y, juntos enfrentar las adversidades. Pero esto hace temblequear al protagonista de Strindberg y que se sienta solo. A partir de esa soledad él pierde un poco la razón y todos sus miedos se apoderan de su cuerpo. Y cuando digo de su cuerpo no me refiero solo a la parte externa sino a su esencia, aquella que le permitió estar en pie y ser quien es hasta entonces.

Por eso, ¿es posible extinguir al patriarcado sin desmerecer la figura de papá?

¿Es posible vivir sin un padre? ¿Es posible que una madre haga lo que sea para convertirse en la sucesora de esa figura que tanto aborrece?

Habría que tener el cuidado suficiente como para no convertirse en espejo de lo que más se detesta. No sea que un día ese fantasma se apropie de las criaturas que parecían más celestiales y bondadosas.

Un elenco súper talentoso que se completa con Marcela Ferradás, Enrique Dumont, Luis Gasloli, Denise Gómez Rivero y Santiago Molina Cueli. Cada uno se complementa con el otro y por eso es que esta pieza artística agota localidades en cada una de sus funciones. Porque los actores desde ya tienen su trayectoria y porque conocer lo que un hombre piensa en su rol de padre es algo que no abunda en estos tiempos. Porque cada época tendrá sus hitos, complejidades y problemas a resolver; pero si más de un siglo después se sigue considerando que en una familia tiene que haber alguien que dirija esto sería lo más complicado de modificar, no al patriarcado en sí. Porque ningún ser humano merece ser desvalorizado para tomar su lugar o posición. Por eso, este Padre es la muestra intacta de lo que hombres y mujeres tenemos que destruir sin acabar con nosotros mismos. ¿Humanos contra humanos?

Mariela Verónica Gagliardi

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¿Y si empezara la vida de nuevo?

mis tres hermanas

PH: Cristian Holzmann

Ficha Mis tres hermanasLos clásicos pueden seguir siendo clásicos, o cambiar ciertas cuestiones para adaptarse a una época y situación determinadas. Los conservadores podrán escandalizarse y quienes sean algo más abiertos, tendrán la posibilidad de sorprenderse ante dicha eventualidad.

Mis 3 hermanas. Sombra y reflejo (escrita por Marcelo Savignone e inspirada en Tres hermanas de Chéjov) se siente como si transcurriera ahora, no en la actualidad sino ya mismo y, sin embargo, está ubicada temporariamente en la década del 70´. Es entonces cuando la propuesta de Savignone se vuelve más estremecedora y provocadora, permitiendo tomar conciencia sobre la dictadura militar y sus vestigios aún presentes en estos tiempos.

Existen varios factores que enaltecen a esta obra de teatro. Una de ellas, la que más me interesó fue el conseguir poner en escena a dos grupos de mujeres (las adolescentes y las adultas) para poder jugar con los tiempos muy fluidamente. Se sabe que los cambios de vestuario, por más rápidos que sean, no siempre consiguen continuar con el timing exigido por un relato. Entonces, en esta ocasión, las seis actrices tienen la soltura necesaria como para ir y venir las veces que la historia lo requiera, unirse ambas generaciones, abrazarse para compartir el sufrimiento, el olvido y aquella añoranza que aún no pudieron alcanzar de abandonar el pueblo en que vivían para irse a la ciudad en busca de algo más.

Y haciendo referencia al timing, se suman la música y escenografía a esta puesta maravillosa y conmovedora en que dicha escenografía está a disposición de los actores, quienes se encargan de conforar una ambientación u otra.
Respecto a la historia original, ésta es respetada en su esencia, así como el antagonismo en las personalidades de estas mujeres que, en un punto, pueden convergir y mostrarse idénticas. Es entonces cuando lo opuesto se vuelve parte del todo y se construye desde ahí.

Una podrá ser más seria y estructurada (Olga), más risueña y feliz (Irina) o más soñadora (María). De lo que se puede estar seguro es que los tiempos pasados para ellas no fueron ni serán mejores que los actuales y, probablemente, jamás alcancen otra dimensión distinta a las que conocieron y vivieron hasta el momento. Ellas son las mismas, por ende, no existirá un panorama demasiado transformado en dicho aspecto.

La escena del pasado es la misma que la del presente y esto es lo que justifica y desde donde se argumenta que no han evolucionado más que en los años cumplidos… como reflejo y metáfora de ello es que se celebra el cumpleaños de Irina (antes y ahora), se baila una coreografía en la que se avanza y retroce, se cuentan anécdotas y se produce la llega de Andrés (el único hermano). El personaje de Andrés es el único que representado por un mismo actor, (que es nada más ni nada menos que por Marcelo Savignone) y esto podría ser justificado desde el punto de vista dramatúrgico: es el que menos ha cambiado con el tiempo. Sus equivocaciones y aciertos son exactamente iguales cuando vivían juntos que ahora.

Todo el dispositivo lumínico cumple un papel muy importante a lo largo de toda la obra ya que la tonalidad roja será para marcar el pasado (en que se narran anécdotas, por ejemplo), un pasado que pretendía ser dejado atrás, realmente, para alcanzar la meta de mudarse.

Si bien todos los actores se lucen, cabe resaltar a Sofía González Gil que desde observarla tendida en su cama cucheta, hasta oírla cantar e interpretar a María produce tanto que consigue suspirar el aire abrumador de su niñez y convertirlo en melodías. También es excelente la labor de Belén Santos, quien realiza una performance increíble con Irina, llena de nostalgia, alegría y exprimiendo al máximo su talento.

Mientras los rituales se repiten, incansablemente, el encierro, la locura, el engaño y la desesperación se van apoderando de estos seres que no alcanzan otra dimensión más que la que les “toca”. Como reflejo de una sociedad que no aprende, de un país (Argentina) que no asimila los errores para convertirlos en sabiduría y amor. Para eso es que surge, a mi modo de sentir, Mis 3 hermanas. Como una sombra oscura que confunde a los más ignorantes, no permitiendo construir desde la bondad y el corazón.

Mariela Verónica Gagliardi

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