*** SEPTIEMBRE 2025 ***

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El amor y la soledad como problemáticas sociales

noches-blancas1

ficha-noches-blancasPodría introducir a la presente pieza artística mencionando que si te dicen que no debes hacer tal o cual cosa, lo más probable es que intentes todos los medios para rebelarte. Por lo tanto, si un hombre le dice a otro que no se enamore de él: dicho desenlace puede imaginarse de inmediato. La histeria entre humanos es tan añeja como podría suponerse y nadie estará en condiciones de arrojar la primera piedra.

Considero que las dramaturgias de Ariel Gurevich son un caso aislado, en el buen sentido de la palabra. Hay quienes nos fanatizamos y enamoramos de escritores que reflejan realidades añoradas, pretendidas y dentro de las que podríamos ser aún más felices que en las reinantes, deslizándonos en una cierta fantasía tan recreada como propia.

Noches blancas es su nueva obra y realmente brilla por donde se la mire, por donde se la sienta. Fiódor Dostoievski es su original autor y Ariel su nuevo discípulo argentino. Para quienes conocen el texto ruso podrán notar bastantes cambios pero, también, coincidirán en que la esencia se mantiene intacta. En que el personaje principal continúa tan solitario y encerrado en ambas versiones, soñando despierto con una realidad que no se anima a construir, observando como cual viejo a la gente, sus conductas y vidas, sin armarse una propia. Porque, lo que suele pasar es que resulta más sencillo decir sobre los otros que sobre uno mismo.

En la adaptación vigente, Gurevich decide colocar como escenario protagónico la casa del personaje principal, provocando aún más agobio y encierro que si se tratara de las calles de Petersburgo y aledaños -donde, al menos, podría respirarse un poco de aire fresco-. Al suceder todo entre cuatro paredes, la asfixia se potencia y la angustia crece de inmediato. A la vez que el mobiliario minimalista y blanco, ayudan a completar la ambientación precisa para ubicarnos en tiempo y espacio en que se irán desarrollando las acciones poéticas durante algunas extensas e inolvidables noches.

A la excelencia de Gurevich se suman los tres actores que se desenvuelven memorablemente, que atraen en todo momento y permiten que, en silencio, contemplemos tan bello trabajo artístico.

Dostoievski había centrado su historia en la vida de un hombre de 26 años que se comportaba como alguien muchísimo más grande, sin experiencia en el mundo y sin haber tenido algún tipo de roce con mujeres. Esto es un aspecto que lo hace relucir como un hombre ideal, un hombre que nunca cometerá excesos ni errores. Claro que, como se podrá notar, nada de eso pasará, ya que se enamorará de Nastenka, una adolescente que vive con su abuela ciega (atada, literalmente, a ella) y sin posibilidad aparente de tener vínculo con el afuera. Esta relación que surge espontáneamente en un muelle, no será exactamente igual a la que se origina en el relato teatral ya que son dos hombres (Nelson Rueda y Esteban Masturini) los que se sienten identificados y pasan sus veladas.

El rol de la mucama Matryona lo encarna Silvana Tomé, al igual que la caracterización de otros personajes femeninos con los que los espectadores podremos deleitarnos una y otra vez. Realmente, el ritmo del mambo, la salsa (y algunas otras melodías pegadizas) le otorgan un aire renovador, fresco y con una atmósfera en la que es posible relajar el cuerpo, moverlo hacia ambos lados y disfrutar el amor que en algún sitio podrá hallarse.

Una ficción, integrada por ficción, a la que se suman dos relatos atemporales. Un narrador que dice y desdice sus logros y fracasos, que se delinea de un modo a veces completamente distinto al que se puede ver.

Silvana Tomé con su gran excelencia vocal nos trae canciones que complementan las escenas y les da una bocanada de aire fresco, recordando que la pesadez no siempre tiene que ser semejante.

Como dice en un momento del libro, acerca del soñador: es «una criatura de género neutro». Entonces, la decisión de colocar a dos hombres que interpreten a la pareja (originalmente heterosexual) no modifica en absoluto la esencia, sino que los sigue conservando como utópicos.

«Era como si se hubieran olvidado de mí, como si fuera un extraño para todos». Y con este frase ya es posible sumergirse en la melancólica lectura en que los mortales se irán dando cuenta que la soledad es, tantas veces, una elección, mientras que existen varias modalidades de cambiar y no permitir que la soledad nos escoja.

Los objetos simbólicos (como una gorra, la estatuilla de un perro, una cadenita, un alfiler de gancho, entre otros) se encargan de ir delineando todo aquello que tendrá notoriedad en Noches blancas de Gurevich. Y, lo más interesante de todo es que la soledad es combatida con soledad, el amor con romanticismo y la elección justa cuando se pretenda. En cuanto al autor ruso, su rostro es proyectado, sus días en prisión (por contradecir a un zar) recordados y la angustia de aquella soledad tan desahuciada, sentida como si jamás se hubiera podido compensar.

En lo que se refiere al aspecto romántico y amoroso, a lo largo de toda la historia se pueden ver presentes. Un abrazo, una palabra, una frase alentadora y el deambular de aquellas almas solitarias que se creen perdidas y absortas pero que, aún, encontrarán la forma de encontrarse y encontrar -así y solo así- la esperanza de vivir más libremente, sin depender de un otro para ser feliz y conectándose con el mundo como se pretenda.

La fantasía es espejo de la sombra, se escucha decir en cierto momento de la obra y esta frase, al igual que tantas otras, quedarán flotando en el éter para que nos las apropiemos y podamos ponerlas en juego en el momento exacto.

En cuanto al ritmo del relato, existen momentos en que se verbalizan las acciones opuestas a las llevadas a cabo, y, por otros, el silencio se apodera de ellos, cautivándolos. Es la poesía que engalana e hila los conceptos de la historia en que el humano es desposeído de todo lo material para mirarse por dentro. La filosofía también se suma al relato y al lugar que ocupa cada ser en el mundo.

De repente el texto de Dostoievski se siente bien cercano, muy cercano, con nombres de acá, con sensaciones de acá y cuestionamientos de todas partes que casi siempre seguirán siendo los mismos. La soledad no es un problema, el problema es como se lleve.

Mariela Verónica Gagliardi

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Por culpa de un frijol

Into the woods1

La historia del ogro Shrek marcó un antes y un después en el modo de contar los clásicos infantiles y en la manera de interpretar a sus personajes -buscándoles una vuelta de tuerca más real en nuestros tiempos vigentes-.

En esta oportunidad, Dentro del bosque (Into the woods) es una comedia musical oriunda de Broadway (con libro de James Lapine y letra y música de Stephen Sondheim) que se estrenó en dicha ciudad en el año 1987. A nuestro país llegó recién hace en el 2013 y ganó varios premios y nominaciones.

Dentro del bosque es un juego alrededor de la vida de Caperucita Roja y Cenicienta, dos jóvenes que no son ingenuas ni crédulas sino que cobran vida de mujeres con deseos y sentimientos fuera del típico mundo de las hadas. Ellas no perdonan ni tienen alma de tontas, son humanas. A ellas se unen la princesa Rapunzel y Jack de las semillas mágicas.

Cabe resaltar la excelente adaptación que hizo Marcelo Kotliar y los arreglos musicales de Gonzalo Botí que, junto a la dirección general de Nicolás Roberto, permiten que esta historia parezca argentinísima sin dificultad en el doblaje como tantas veces ocurre.

El humor negro es el punto más fuerte de toda la trama que consigue que lo originalmente trágico se vuelva carcajada. Así es como un hechizo llevado a cabo por una bruja le impide a un matrimonio vecino tener un hijo, mejor dicho que la mujer quede embarazada. A raíz de dicho impedimiento, la bruja les indica cómo romper con esto, lo cual no será demasiado sencillo pero posible en el mundo ficcional que en que se adentran.

Una escenografía integrada por cajas de cartón es lo que decora al bosque, el cual no es necesario indicar con árboles ni demasiados objetos ya que los personajes se encargan de hilvanar cada acontecimiento con sus canciones y diálogos. Dos talentosos músicos acompañan la dramaturgia y hacen posible que los códigos de este universo sea mágico.

Dentro del bosque a caminar y a mi abuelita visitar – dice Caperucita. Y ya sabemos el cuento original, aunque no tiene por qué ocurrir exactamente lo mismo. En esta oportunidad la niña no sufre como la del cuento ni su temperamento es el mismo. De hecho, bastante opuesto, lo que despierta las carcajadas continuas en el público.

También Cenicienta ha tenido algunas transformaciones y ya no es la ilusa que se conforma con casarse con el Príncipe y vivir en un palacio con sirvientes por doquier. Tampoco sus hermanastras son las brujas malvadas sino que presentan algunas particularidades que las colocan en un lugar en que los espectadores las ovacionan a lo largo de toda la obra.

La música cumple un papel fundamental, luciendo y dejando lucir a los actores que van tejiendo la trama narrativa; acentuando la comicidad y las partes relevantes de cada escena al igual que los silencios.

Cada artista consigue lucirse en el escenario con su matiz de voz. Algunos resaltan más que otros o gustan más que otros como suele ocurrir y está bien que así sea. En definitiva se trata de una historia en la que están presentes muchos personajes conocidos por todos desde siempre y, ahora, escuchar sus voces, sus deseos y vidas es como revivirlos en un instante.

Quiero ir al baile del Príncipe – quiere, dice y desea Cenicienta pero nunca imaginó lo que significaría este evento ni que el príncipe azul no existe ni siquiera en esta historia, al menos no como lo conocemos.

La vaca de Jack, Aigüish (I Wish), sufre una metamorfosis hasta conseguir hablar y darse a entender, sin que sigan abusándose de su condición de animal. El panadero y su esposa estarán muy entretenidos consiguiendo todo lo que la bruja les pidió para que el conjuro se disuelva. Rapunzel irá perdiendo su larga cabellera por caprichos ajenos. Se suceden muchos acontecimientos, unos más importantes que otros, otros más llamativos que aquellos; dejando que -como siempre- el amor y la paz sea lo que prime en un cuento infantil. Esta historia absurda, en su manera de llevarla adelante, tiene un desenlace inesperado en que el Reino sigue con quienes deciden embarcarse en un camino más feliz y menos dañino para el resto. Al fin de cuentas se trata de hacer el bien sin mirar a quién.

Caperucita canta que es divertido ser mayor aunque creo que no. Y los hechos le demuestran que es preferible que siga siendo una niña y que los adultos se encarguen de reconstruir el mundo que se resquebraja a pedazos por decisiones inadecuadas. Causalmente, Jack parece tener la culpa del caos reinante por plantar semillas y que crezca la enorme planta de frijoles. Pero otros personajes también se consideran responsables y darán su sensación sobre el tema.

Ya no hay más luna, ya no hay más luz – menciona la Bruja. Aunque nada es eterno y ya el sol volverá como siempre lo hizo. Solo tendrán que encontrar el camino correcto que los conduzca hacia él.

Cada quien en su lugar, juzgando a los demás, hechándose la culpa, y sintiendo desidia al ver cómo quedó todo después de tanto egoísmo. Reconstruir el Reino entre todos… entre todos los que queden demostrando que siempre alguien te acompaña. Solos no estarán. Nadie lo estará.

Elenco: Lucila Gandolfo, Mariano Muente, Florencia Róvere, Walter Canella, María Hernandez, Federico Coates, Patricio Witis, Silvana Tomé, Romina Casella, Hugo Queija, Clara Daray, Mario Angelomé.

Funciones: martes 20:30 hs. Paseo La Plaza (Sala Pablo Picasso).

Mariela Verónica Gagliardi

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Vivan las diferencias

Los fabulosos Buu

El mundo color de rosa y el mundo de la oscuridad, se enfrentan como fieles enemigos. Todo lo mágico, lo delicado y “perfecto” aparecen en uno de los personajes, mientras el resto se encuentra en las penumbras más tenebrosas.

Una familia, de apellido Buu, protagoniza esta entretenida historia que lleva el título de Los fabulosos Buu (con idea de Barby Ostrovsky, escrita por Gastón Marioni, dirigida por Rubén Viani y con música de Hernán Matorra), en que todo lo que se creía de una manera se da vuelta. Sí, como el mundo del revés.

Cada teoría esbozada se cuestiona para, luego, analizarla y cambiarla. No existe lo correcto o incorrecto, el bien o el mal. Solo los supuestos cobran protagonismo para replicar diferentes pareceres.

¿Quién no ha visto Los locos Adams sin sentir fascinación por los personajes, por su estilo de vida y, seguramente, creyó que la locura era otra cosa? Los Buu (Silvana Tomé, Alfredo Allende y Meme Mateo) son adorables, atípicos y convierten lo espantoso en divino.

Hoy me levanté con el pie derecho – menciona la madre de Mía al comenzar su día. Y todos los parámetros y supuestos se tiran a la papelera de reciclaje.

Mal día, se dice al hablar por teléfono, y las carcajadas surgen sin parar hasta el final.

Cada frase y cada estructura se convierten en lo opuesto, valiéndose de la originalidad y creatividad.

¿Cómo podría ser que un monstruo no asuste y una cara bonita sí?

Hay gustos para todos y elecciones para todos.

Los fabulosos Buu es una pieza artística que tiene el honor de contar con una dramaturgia excelente, que despierta a aquellas mentes cerradas y a los corazones estructurados, haciéndoles conocer que no solo existe un mundo posible sino al menos dos y que se puede ignorar uno pero no invalidarlo. Como herramienta fundamental de esta comedia se encuentra la música, a cargo de Hernán Matorra, que le otorga dinamismo y acción a la trama; al igual que la dirección impecable y precisa de Rubén Viani.

Esta familia, compuesta por un matrimonio y su hija, vive feliz hasta que ésta última descubre que existe otra realidad posible y con la que se quiere vincular. Así, comienzan los conflictos que irán, de a poco, solucionándose.

Ante lo desconocido es común que exista una especie de miedo o temor. Sería como conocer a una sociedad con costumbres y valores opuestos a los nuestros, o con diferentes concepciones sobre la vida o el universo.

Luna (Sofía Pachano) es la niña bien, delicada, vestida con colores femeninos y dotada de una gracia absoluta para lo artístico. Frente a ella, su nueva compañera de colegio, Mía (Meme Mateo), quien contrasta y es capaz de mostrar cómo ser una monstrua puede llegar a ser lo más lindo y actractivo en cuanto a belleza.

Villa Espanto vs. Bella Vista, dos ciudades con particularidades que se enfrentan y unen para nutrirse y aprehenderse.

Toda certeza es esparcida para crear, en conjunto, un nuevo lugar donde pueden convivir los lindos, los feos, los aceptados, los rechazados, los que afinan y los que desafinan. Hay pocas cosas que no se pueden cambiar y esta es una de las enseñanzas en las que se apoya la dramaturgia.

A Mía le atrae lo desconocido y, como toda niña, no tendrá temor en andar por el camino prohibido y descubrir, por sus propios medios, si su familia es un ejemplo a copiar o si prefiere otro distinto.

El encargado de resaltar los valores de ambas compañeras de curso será el profesor de arte (Sebastián Pajoni), un docente, también, no convencional, que logra maravillarse ante la vida y enseñando aquello que no está en los libros sino en lo cotidiano.

Como si fuera una poción mágica, este grupo de talentosos, viene a ocupar el escenario desde un lugar diferente en que lo normal asusta y lo anormal atrae.

Muchas veces pienso que tenemos una sociedad bastante dormida y que, si todos, hiciéramos arte, el mundo estaría pintado de colores, como un arco iris. Como eso no ocurre, el resultado es una sociedad que juzga al que se sale de los estereotipos de belleza, de moda, de normalidad…

Entre coreografías, cantos y diálogos, Los fabulosos Buu consigue lucirse y permitir que quienes no sean convencionales tengan su espacio para sentir comodidad y relajarse -al menos durante una hora-.

Qué lindo y cuán gratificante sería para nuestra cultura el poder dar sin esperar recibir, y el hacer sin pretender.

Como copias idénticas, todos y todas quieren parecerse -de pies a cabeza- y no ser señalados con el dedo. Quizás, el primer cambio para ser como los Buu se base en no esperar la aprobación ajena sino en tener confianza en cada paso que demos. Solo así se podría esperar una integración del resto, de esa masa que se cree intocable y que tiene mucho caminar por aprender de familias como esta. Un maquillaje asombroso, una careta o una pluma en la cabeza. ¿Qué importa lo que se luzca?

Casi todo puede adquirirse, solo es cuestión de soltar y soltarse.

Elenco: Sofia Pachano, Silvana Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende, Sebastian Pajoni. Música: Hernán Matorra. Idea y coreografía: Barby Ostrovsky . Dramaturgia: Gastón Marioni. Dirección general: Rubén Viani. Teatro 25 de Mayo (Triunvirato 4444 – C.A.B.A.).. Funciones de martes a domingos, 16 hs y 18 hs.

Mariela Verónica Gagliardi